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Este documento se comparte en tres partes : la primera (pregunta n°1 hasta 79), la segunda (n°80 hasta 159), la tercera (n°160 hasta 247).
 
 
 
 
 

CAPÍTULO IV – LO QUE DICEN LA BIBLIA Y EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA ACERCA DE LA HOMOSEXUALIDAD :

 

80 – ¿ Qué dice la Biblia acerca de la homosexualidad ?

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No hay casi nada que llevarse a la boca. Ya, la Biblia nunca usa la palabra. Sólo aborda los actos que hoy llaman « homosexuales » (pederastia, sodomía, relaciones adúlteras fuera del matrimonio y del horizonte procreador, etc.) para condenarlos con firmeza. Hablando claro, la Biblia habla muy poco de homosexualidad : entrega un mensaje de Esperanza mucho más importante que el de la moral sexual. ¡ Tiene otras preocupaciones (la pobreza, el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, las injusticias humanas, los ataques del demonio, la Salvación) que la vida sentimental y genital del « ciudadano de a pie », en realidad ! Sin embargo, para aquellos que todavía quieren ir y comprobar en el texto, los únicos pasajes que tratan de estos actos « homosexuales » son Génesis 19, 4-11 ; Levíticos 18, 22, 20, 13, y Jueces 19, 22-30 ; 1 Samuel 18-20 ; Romanos 1, 26 ; 1 Cor 6, 9 ; y 1 Timoteo 1, 10.

He aquí fragmentos (cito la Biblia de Jerusalén) : « No te acostarás con varón como con mujer; es abominación. » (Lv 18, 22) ; « Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación : morirán sin remedio ; su sangre caerá sobre ellos. » (Lv 20, 13) ; « ¡ No os engañéis ! ¿ No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el Reino de Dios. » (1 Cor 6, 9-11) ; « Por eso los entregó Dios a pasiones infames ; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza ; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío. » (Rom 1, 26-27)

Es de notar que entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, Jesús, es decir el Amor encarnado, ha venido a visitarnos y ha dejado huella. No para abolir o edulcorar la condena a muerte por actos homosexuales pronunciada en el Levítico y en el Génesis (cf. véase el episodio de Sodoma y Gomorra), sino para humanizarla, añadirle Caridad, perdón, Salvación y a veces sanación, distinguir entre la falta grave de impureza y la persona que la comete. Es el acto genital en sí que se condena. No la orientación sexual. Con la llegada del Salvador, la Salvación sobrepasa la lógica factual y contable de los actos, del mérito, de la buena conducta, para unirse a la de la fe, del don gratis, de la redención, del reconocimiento de la buena voluntad y de la pureza de intención. Jesús salva especialmente al pecador que reconoce necesitar de Él, y no él que sigue académicamente las leyes y el código de conducta del Antiguo Testamento, y que por eso estima que no necesita a nadie, ni incluso amar a su Creador, para ser salvado. El sitio de la colaboración, del consentimiento, de la consulta, del ajuste, del encuentro, desplaza sensiblemente el enfoque cristiano que ofrece la Biblia sobre la homosexualidad. El temor es inspirado. La confianza también. ¿ Qué más se puede esperar que eso ?

Por último, san Pablo establece el vínculo muy relevante entre la homosexualidad y la idolatría, conexión que yo compruebo con frecuencia en el mundo homosexual actual, muy aficionado al fetichismo y a los objetos. En la idolatría homosexual, el ser humano comienza a adorar narcisistamente a la criatura que es, y sobre todo a sus duplicaciones, sus reificaciones, sus imágenes sublimadas, a expensas del Creador. La denegación sacrílega de la diferencia Creador-criaturas agrava la transgresión/inversión mimética de la diferencia de sexos. La homosexualidad practicada, a ojos de san Pablo, se convierte en la principal manifestación de la impiedad.
 

81 – ¿ Hay puntos en común entre la homosexualidad y el Islam ?

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En el contenido sobre la homosexualidad entre la Biblia y el Corán, muy poco. Sin embargo, en cuanto a las realidades de la práctica islámica y de la práctica homosexual, y en cuanto al enfoque pastoral de la Iglesia Católica respecto a los musulmanes y a las personas homosexuales, existen muchos puntos comunes. Recordémoslo : la Humanidad y el Amor que Ésta puede vivir gracias a Jesús y a María se basan en la acogida de la diferencia de sexos y en la acogida de la diferencia Creador-criaturas (= la Iglesia Católica). Por lo tanto, el Islam y la homosexualidad convergen en la medida en que ambos rechazan conjuntamente y cada uno a su manera esas dos diferencias fundadoras de identidad y de Amor que son la diferencia de sexos y la diferencia Creador-criaturas. Por ello se explica, como acabo de decirlo, una similitud de acercamiento, de pastoral, de evangelización, hacia las personas musulmanes y homosexuales. Al igual que la Buena Nueva que la Iglesia Católica tiene que anunciar al pueblo islámico es el amor a los musulmanes y no la « cruda verdad sobre el Islam », de la misma manera la Buena Nueva sobre la homosexualidad es el amor a las personas homosexuales y no la « verdad seca sobre la orientación y la práctica homosexuales ». Aún cuando no existe Caridad sin Verdad. Aún cuando la identificación del Islam o del acto homosexual (ambos a menudo está relacionados : basta con permanecer en tierra musulmana para comprobarlo) con signos de presencia satánica es imprescindible para amar verdaderamente a las personas.
 

82 – ¿ Habla Jesús de homosexualidad ?

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No, nunca la mencionó. Jamás. Sin embargo, Él siempre ha defendido el matrimonio de amor entre el hombre y la mujer, como una imagen fidedigna de su Amor, y también ha hecho referencia a la existencia de aquellos que se han hecho eunucos (célibes) « por los Hombres » (Mateo 19, 8-12), a saber los asqueados/los impotentes del matrimonio y las víctimas de violación, lo que concierne en realidad a una gran mayoría de las personas homosexuales.

Algunos espíritus puristas, protestante o fariseos, que leen la Biblia y las palabras de Cristo al pie de la letra, podrían entonces alegar que « si Cristo no ha hablado de homosexualidad, entonces no es necesario hablar de esta en absoluto », e incluso que el uso de una palabra de la neolengua como « homosexualidad » es una « herejía » y una « corrupción al modernismo ».

En el otro extremo, algunos espíritus progresistas gays friendly, tanto supersticiosos y puntillosos como los primeros, también podrían exclamar que la falta de precisión de Jesús acerca de la homosexualidad equivaldría a una validación tácita suya : « ¡ Genial ! ¡ Quién no dice palabra consiente ! Se puede interpretar lo que se quiere detrás de Su silencio… ¡ incluso el amor homosexual ! » Lo pintan como si Jesús invitara alegramente a la improvisación, a la innovación, a la adaptación de sus preceptos a las « nuevas relaciones » y a las « nuevas familias » de hoy, en definitiva, a la INCULTURACIÓN misericordiosa. ¡ En nombre de su Encarnación y de su Presencia real invisible, además! #ComoHacerLeDecirAJesusCualquierCosa

A ambos bandos – cada uno fundamentalista en su estilo – contestaré cuatro cosillas. Es sin duda porque los sucesores de Jesús y de Pedro usaron el término « homosexualidad » por lo que nosotros también podemos permitirnos (¡ y lo debemos !) su empleo. Luego, como explica el padre francés Guy Pagès de manera muy divertida y sin embargo impactante, ¡ « no es porque Jesús no pidió explícitamente a los Hombres que se cepillaran los dientes por lo que no deben hacerlo » ! Por otra parte, dado que efectivamente Jesús en la Biblia no alude a nuestros problemas y a nuestros pecados con sus nombres contemporáneos (en ningún Evangelio se trata de clonaje, de procreación con asistencia médica, de vientres de alquiler, de preservativos o de « matrimonio homosexual », por ejemplo), esto no significa que Él no nos ha dado lo Esencial (= Su Persona y Sus mandamientos) al respecto, de manera a la vez codificada y sin embargo muy adaptada a nuestro presente. Por último, el hecho de que Jesús no hable de homosexualidad demuestra que para Él, lo que prevalece, son las personas y el Amor que Él siente por cada una, y no las fantasías que ellas sienten, ni su percepción erótica, ni la gente que las atrae sexualmente, ni sus actos pecaminosos ni sus méritos.
 

83 – ¿ Fueron los discípulos de Jesús homosexuales ?

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Tal vez los discípulos de Jesús hayan podido sentir una atracción sexual y amorosa acerca de Jesús. Y no me extrañaría. Ellos eran hombres. Algunos de ellos, eunucos por el Reino. Además, los doce discípulos tenían frente a ellos EL Canon de Belleza y de Amor por excelencia. Sin tener una mente sucia, podemos tanto mejor imaginar que algunos fueron tentados de abrazarlo, de tocarlo, de hacerle el amor, de derretirse en Él (¡ es la razón por la que creo que hay tantos sacerdotes que se sienten homos !), y por defecto, de « hacerse el amor » o « darse un gustito » entre ellos. De ello sólo nos enteraremos en el Cielo.

Sin embargo, siento decepcionar a los pocos activistas « cristianos » homosexuales deseosos de atribuir a David y Jonatán o a la relación de amistad desinteresada entre Juan y Jesús, su intento de justificación del « amor amistoso espiritual y casto que superaría la diferencia de sexos ». Se están olvidando demasiado deprisa que la sola y única homosexualidad que fue practicada por los Doce no vino de san Juan (ni siquiera de forma implícita cuando se estrechó contra el pecho de su Maestro durante la Santa Cena), sino de Judas, el discípulo que amó demasiado a Jesús, que trató de apoderarse de Su cuerpo, que Lo abrazó con un beso ambiguo, que Lo idolatró como Superhombre político en vez de adorarlo, que Lo vendió a los medios y a los políticos, no sólo por el dinero (como lo hace creer la leyenda), no sólo para derribarlo, no por crueldad consciente, sino para ayudarle a conquistar el mundo, por pasión celosa y devoradora homosexual, por fascinación narcisista. Entonces, que se calmen los exégetas pro-gays
 

84 – ¿ Y era Jesús homosexual ?

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Quizás escandalice a algunos, pero yo creo que Él lo era. Ni en actos ni en deseos ni en fantasías, por supuesto, porque Él es la continencia perfecta, la pureza de pensamientos por excelencia, pero lo fue en tentaciones, en sentidos, y también de fama. Por una simple razón : Él ha cargado sobre sí el pecado del mundo y ha aceptado experimentar, comprender en su carne humana, todas las tentaciones (« Dios le hizo pecado por nosotros. » 2 Co 5, 21)… incluyendo la tentación de seducción homosexual, de atracción hacia la gente de su sexo. Esto es logico : Él es todo Amor. Durante su estancia terrestre, su fuerza de Amor desbordante y omnipotente, Él tuvo que controlarla continuamente, canalizarla, ajustarla, para dejar la libertad y la distancia justa con sus hermanos, mientras que, debido a su naturaleza divina y amante, Él tenía muchísimas razones para perder el control, envolver a todo el mundo en Él, manifestar su Amor no sólo a las mujeres sino también a los varones, a toda la Humanidad. ¡ Tiene mucha energía, ternura, amor, Encarnación, deseo de sobra, este Jesús ! Además, es hermoso como nadie, y tuvo que regular constantemente su poder de atracción, los efectos (a veces excesivos) de su carisma, no abusar de ellos.

Sí. Creo que Jesús es la persona homosexual más santa que existe. Y es un gran consuelo para mí saber que Él conoce mi condición, que sufrió (y sigue sufriendo) más que yo, que se me adelantó en mi lucha contra mi atracción hacia las personas del mismo sexo, que tuvo, a causa de su identidad como Amor, que combatir aún más su tendencia natural a amar a ambos sexos. Adivinando lo que Él vive, no estoy tentado a decirme que Cristo no entiende mi angustia específica, a pensar que, al vivir la continencia, yo sería un caso aislado, un pionero de una nueva vía de santidad, un precursor que cumpliría una hazaña en un terreno que Jesús no conocería. Al contrario. Todo lo que vivo en términos de dolores de homosexualidad, Jesús lo ha vivido mucho antes, y multiplicado por mil. Aunque las palabras « homofobia y « homosexualidad » no existían en su época, los deseos y los actos carnales entre personas del mismo sexo eran completamente conocidos (son tan viejos como el mundo). En el Antiguo Testamento o en las palabras de san Pablo, se habla de los depravados, de los afeminados, de los pederastas que practican la sodomía y actos « antinaturales ». Durante su vida pública y comunitaria con sus discípulos, Jesús soportó necesariamente los ataques, las presunciones, los rumores y las humillaciones que las personas homosexuales conocen desde el patio de recreo hasta su vida adulta (« ¡ Sólo hombres con hombres ! ¡ Ni una mujer entre ellos ! Es sospechoso… » ; « Además, Él siempre ha sido soltero, sin hijos. Y no parece haber tenido una historia con una mujer. Entonces, no puedes esperar que honestamente crea que Él no sea un poco… bueno, yo me entiendo… »). Incluso el relato de su Pasión no nos ahorra las burlas emasculantes de aquellos que Lo crucificaron.

Jesús experimenta mejor que nadie los sufrimientos y las tentaciones de la comunidad homosexual. Y es para mí un gran consuelo saberlo. No en la medida en que yo haría una proyección homoerótica excesiva, malsana, anacrónica y finalmente narcisista (no iré hasta el extremo de hacer de Él una marica, eh), sino porque Jesús ha conocido todos los pecados, todas las peores tentaciones y reputaciones. Los actos homófobos que nosotros, las personas homosexuales, a veces podemos vivir, incluso los más infamantes (traiciones amorosas, mal de amores, caricaturas degradantes, sodomía, violación, tortura de las partes íntimas del cuerpo, etc.), estoy seguro de que Jesús los vivió en su carne y en su corazón. Santa Faustina, al ver los malos tratos que sufrió Jesús durante su flagelación, cuenta que Él recibió puñetazos por parte de los sacerdotes, religiosos y laicos, y que ello la había sorprendido. Para nosotros, esto debe ser un gran signo de Esperanza que nos ayuda a aguantarlo todo. Porque es Él quien lo lleva todo, y lo más pesado.
 

85 – Si Jesús nunca habló de homosexualidad en la Biblia, pues todo lo que se ha tejido al respecto de ella por otras personas ¿ es puramente subjetivo, cultural y falso ?

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Todas las omisiones de Jesús en la Biblia no son olvidos de su parte ni prohibiciones, ni trampas, ni un motivo para desacreditarlo Él, pero son al contrario, por una parte las pruebas de que Él nos ha entregado lo Esencial (no « todo » desde un punto de vista estrictamente humano, pero « Todo » desde la perspectiva de la eternidad, de la Verdad, de su Persona y de nuestras necesidades) y por otra parte que nos deja libres y capaces de utilizar nuestro sentido común escuchando la Biblia y las inspiraciones del Espíritu Santo transcritas en el Catecismo de la Iglesia Católica.

En cuanto a la homosexualidad, no porque Jesús no ha hablado explícitamente de ella no se habría posicionado claramente a su respecto, mediante un camino argumentativo más universal y menos centrado en una práctica genital minoritaria. Lo que Jesús profiere sobre el matrimonio, la sexualidad, y la sacralidad de la pareja hombre-mujer es inequívoco. Su silencio sobre la homosexualidad, por tanto, no es un verdadero silencio ¡ pero un silencio verdadero ! Por ejemplo, en la Biblia, como lo indicaba más arriba, no se aclara en ninguna parte la necesidad de cepillarse los dientes : sin embargo, ¡ no por eso nosotros debemos dejar de hacerlo ! Tampoco se hace mención alguna a la maternidad subrogada (GPA) : sin embargo, no resulta muy difícil vincular esta práctica abominable con las prohibiciones promulgadas en el Decálogo, empezando con « Honra a tu padre y a tu madre » « No robarás ». Pues bien, lo mismo en cuanto a la homosexualidad : Hay que relucir particularmente la mala fe para no hacer el paralelo entre la realidad de la homosexualidad y la condena crística del adulterio.

Teniendo cuidado de no atribuir a Jesús intenciones y discursos que Él no tiene (interpretación literal de la Biblia, anacronismos debidos a la decontextualización, etc.), o por el contrario de ahogar la fuerza de la Palabra de Dios (relativismo, sobrevaloración de los contextos bíblicos para luego devaluar su contemporaneidad, etc.), sólo podemos caer en la cuenta de que la gran diferencia entre la Palabra Bíblica y nuestro presente radica en la distinción entre la homosexualidad-actos y la homosexualidad-tendencia-y-persona. Pero dado que el Catecismo ha cerrado plenamente esa brecha histórica, ¡ no hay excusa para desobedecer a la Biblia y a la Iglesia !
 

86 – ¿ La Iglesia no le da demasiado fuerte hablando de abominación ?

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« No te acostarás con varón como con mujer ; es abominación. » (Lv 18, 22) ; « Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación : morirán sin remedio ; su sangre caerá sobre ellos. » (Lv 20, 13) De paso, hay que señalar sin embargo que el versículo del Levítico tan a menudo citado « No te acostarás con varón como con mujer » va precedido por otro que dice « No tomarás para tu harén mujer junto con su hermana » (Lv 18, 18), dando a entender que sería lícito tener un harén… pero bueno…

Sí. Acerca de lo que hoy llamamos « homosexualidad », la Iglesia va con fuerza, igual que Moisés en el Antiguo Testamento » antes de la llegada de la Justicia amante de Jesús, Justicia que no anula sino que cumple plenamente la Ley judía. A mi parecer, tenemos que acoger tanto la verbalización severa y perentoria del mal – es decir la asignación de la palabra « abominación » a actos que la merecen – como la clemencia de Jesús hacia los que lo cometen.

De hecho, aprendemos mucho meditando la actitud de Cristo para con el pecado de adulterio, que se aproxima mucho del pecado de la homosexualidad. Porque si seguimos únicamente la lectura literal del Antiguo Testamento, tanto como la del LevíticoSi un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adultéra », Lv 20, 10) y del libro del profeta Ezequiel (« Convóquese contra las adúlteras una asamblea para entregarlas al terror y al pillaje, y la asamblea las matará a pedradas y las acribillará a golpes de espada ; matarán a sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus casas. », Ez 23, 47), ¡ podríamos pensar que los católicos están autorizados a desatarse francamente y a lapidar a los culpables adulterinos por « abominación » ! Pero Jesús, Él, distingue el mérito y la Justicia : « Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen : ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿ Tú qué dices ?’ Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo : ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.’ E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo : ‘Mujer, ¿ dónde están ? ¿ Nadie te ha condenado ?’ Ella respondió : ‘Nadie, Señor.’ Jesús le dijo : ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.’ » (Juan 8, 1-11)

Este episodio bíblico podría aplicarse perfectamente al día de hoy y a la homosexualidad. Seguro que personas ponen/pondrían a prueba a Jesús, para ver si actuaría con Verdad, obediencia y lealtad a su Padre, a su Iglesia, a su tradición de sabiduría ancestral, frente a la « abominación » de la homosexualidad, o si por el contrario sería el Apóstol de la ruptura, de la apertura laxista, del rechazo del anacronismo y de la aplicación literal levítica. De hecho, Él no es ni el uno ni el otro. O más bien, ¡ es ambos ! Jesús reconcilia los dos bandos que casi todo el mundo opone y en los que Lo quieren encerrar, unificándolos por su persona y su amor.

En otro lugar en la Biblia, Él hasta explica y disculpa la dureza/permisividad de los mandamientos de Moisés por los pecados de sus coetáneos, más rápidos en tomar la justicia por sus manos y en culpar a los demás que en convertir su propio corazón al amor y a la eliminación de sus propios pecados : « Unos fariseos dicen a Jesús : ‘Pues ¿ por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla ?’ Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres ; pero al principio no fue así. » (Mateo 19, 8)

Igual en cuanto a los actos y las « parejas » homosexuales, creo que Jesús es muy capaz a la vez de justificar/disculpar a Moisés (o a san Pablo, o la denominación « abominación » del libro del Levítico, o incluso la definición mordaz « actos homosexuales intrínsecamente desordenados » del Catecismo de la Iglesia Católica) y al mismo tiempo de apelar a la renuncia de Su castigo divino o al rechazo de la instrumentalización de la Justicia divina por los Hombres. Es capaz de reconocer el pecado en Verdad, y de liberar al pecador por Su Misericordia y Su ordenanza/exigencia para con él. ¡ Qué habilidoso, este Jesús!

Entonces, a imitación de Jesús, podemos amar como Él ama, sin obsesionarse histéricamente sobre la palabra « abominación », que posee un contexto de enunciación que le es propio. Yo, por mi parte, cuando veo a dos hombres que se besan, o incluso que se acuestan juntos, no saco la pistola, no me da asco, no desenvaino mi crucifijo o mi diente de ajo o mi agua bendita, y no se me ocurre gritar « ¡¡ Abominacióóóóón !! ». « La firma del mal, es su vacío o su insignificancia », al parecer. Y no hay duda de que en mi acostubramiento a la violencia homosexual, haya una forma de perversión inconsciente que me lleva a un relativismo cultural perjudicial que me anestesia y me inmuniza sin mi conocimiento. Ne me estoy poniendo excusas. Pero la visión de algunas « parejas » homosexuales amigas que no se exponen y que viven juntas desde hace bastante tiempo, que hasta son enternecedoras de espontaneidad (a veces las veo que ríen y que juegan como dos adolescentes) no me pone los nervios de punta, no me da urticaria. Por eso yo estoy lejos de encontrar a la « pareja » homosexual repugnante, « abominable », y entiendo intelectualmente a la gente atea/agnóstica que considera a los católicos y a los protestantes como fundamentalistas a quienes les falta un tornillo a nivel de su sexualidad porque se matarían por creer lo que enuncia la Biblia sobre los riesgos de damnación incurridos por las personas que practican su homosexualidad.

Por otra parte, puedo y podemos, nosotros católicos, todavía hacer nuestro – al menos mentalmente – el lenguaje del Antiguo Testamento o de san Pablo, porque la expulsión de la diferencia de sexos – diferencia que es la base de toda humanidad y de todo amor – es violenta y abominable. « Abominatio » en latín significa « que repele con horror como un mal augurio ». Cuando a veces soy testigo de hechos abominables y de una violencia inaudita que ocurren en el marco de la práctica homo-bisexual (violaciones, robos, asesinatos, guerras, dictaduras, pedofilia, infanticidio, homofobia, ambiente homosexual, suicidios, depresión, melancolía, tortura, humillación, decadencia, etc.), entiendo mejor cuánto la Iglesia está en lo cierto al hablar de « abominación ». La violación que han vivido más de 100 amigos homosexuales míos, es una abominación. ¡ No es un eufemismo ! La Iglesia es la única que dice lo que pasa, que llama las cosas por su nombre, que denuncia en alto el sufrimiento y las violencias que a menudo es la homosexualidad activa, se interesa por la felicidad y la Salvación de las personas. Por otra parte, la abominación que es el acto homosexual resulta mejorada por un lado por su carácter oculto y amoroso, por otro por su combinación con el satanismo (cf. véase los códigos « Amante diabólico » y « Sentirse como el diablo » de mi Diccionario de Símbolos homosexuales, y también la novela autobiográfica El Último Papa (1996) del padre Malachi Martin que demuestra con seriedad la « conexión de hecho entre la actividad homosexual y el satanismo ritualista » p. 533).

El diablo es astuto. Para ocultar su crimen abominable, va a inspirarlo y justificarlo en nombre de su intención de luchar contra. En otras palabras, en vez de hacer el bien que resolvería todos sus problemas, a semejanza de los malos sindicalistas que se quejan y crean los problemas para justificar mejor su agresividad y la necesidad « imperiosa » de su propia acción, él creará los problemas que pretenderá resolver/atenuar (los atenúa a veces con éxito, además, ¡ por lo que tiene con qué hacerse pasar concretamente por Dios !), teniendo luego la audacia genial de presentárnoslos como más buenos y más verdaderos que el Bien mismo, e incluso de hacer pasar el Bien por el diablo. En cuanto a la homosexualidad en particular, escuche su retahíla de excusas baratas, de instrucciones paradójicas, que disfraza el Bien de mal y el mal de Bien : « El verdadero problema no radica en la homosexualidad, sino sólo en el hecho de que no se la promueve socialmente y que no se la considera positivamente. » (En la práctica, la homofobia es la práctica homosexual y « la identidad homosexual », es decir, la expulsión y el miedo a la diferencia de sexos) ; « ¡ El amor homo, es realmente amor, porque no es una opción, es sexual y es sincero ! » (Mientras que la falta de libertad no es amor ; que la homosexualidad no es la sexualidad ya que expulsa la sexualidad que es la diferencia de sexos ; y que la sinceridad no es necesariamente la Verdad) ; « Hay que aceptar las diferencias y luchar contra las discriminaciones : ¡ los homosexuales lo saben mucho ! » (En la práctica, las personas homosexuales no se han aceptado a sí mismas, inclusive en su diferencia sexual ; y cuando practican su homosexualidad, son ellas las que rechazan y discriminan a la diferencia de sexos y a los demás) ; « La dignidad humana requiere que se repare la Asistencia médica a la procreación (PMA) y la maternidad subrogada (GPA) por el derecho para todos a usarlas. ¡ Piensen en los niños criados por parejas homosexuales en caso de fallecimiento de uno de sus padres, y que han de ser protegidos ! » (En la práctica, la dignidad humana radica en no tratar de « tener » artificialmente niños, amputándolos no necesariamente de su genealogía sino al menos del vínculo vital de amor entre sus dos padres biológicos) ; « ¡ Las personas homosexuales deben poder ofrecer su sangre ! ¡ Es un escándalo ! » (Mientras que el verdadero escándalo, es la práctica de su homosexualidad, su explotación del sufrimiento de los pobres y su colaboración con los males que aguantan) ; « Las personas transgénero y transexuales deben ser autorizadas a ver en sus documentos de identidad o pasaporte el género de su mente, de sus sentimientos. ¡ No se respeta su identidad profunda ! » (Básicamente, las que negaron e incluso destruyeron con el bisturí su identidad, son estas mismas personas trans…) ; etc.

En lugar de no hacer la tontería, el mal propone hacerla en nombre de las soluciones que él piensa luego establecer para borrarla. En lugar de no hacer el mal, el diablo atrae en el sendero de sus malas acciones las consecuencias irreparables que requieren una « indispensable » asistencia, o bien involucra a seres humanos a quien da a luz artificialmente y que son moralmente inatacables (porque no han elegido nacer, porque no pueden ser abandonados, ni ser eliminados : su vida sigue siendo sagrada). Satanás secuestra a la Vida (Jesús). Incluso acaba por disfrazarse de Ella y por hacerse pasar por un mejor ejemplo de bondad que lo supuestamente « peor » que lo rodearía y que de hecho ha creado entre bastidores. Para ilustrar esto, le voy a citar el testimonio de una amiga que casi está excusando lo inexcusable (siempre apoyándose tácitamente en la heterosexualidad, esta parodia demoníaca de la diferencia de sexos) : « Conozco a dos amigas en ‘pareja’ que tienen 3 hijos. Una tiene dos hijos resultantes de una Asistencia médica a la procreación en España con dos donantes anónimos, la otra obtuvo un hijo con el mismo procedimiento. Ambas mujeres han criado juntas a los 3 niños desde siempre, se casaron civilmente y cada una ha comenzado un proceso de adopción para adoptar el niño o los niños de la cónyugue (sabiendo que ya estaban en pareja cuando vivieron sus embarazos). Cuando el procedimiento se realizó correctamente, honestamente yo estaba feliz por ellas, porque en caso de fallecimiento de una de los dos, los tres críos que ahora tienen los dos apellidos, vivirán con la segunda sin ser separados. Además los niños son bautizados. Creo que, permaneciendo fiel a sus convicciones, uno no debe rechazar a las personas, ni a los adultos ni a los niños : Dios nos ha querido a cada uno desde toda la eternidad 🙂 Ahora bien, obviamente, estas dos mujeres barren de un manotazo toda referencia a las futuras interrogaciones de los niños en cuanto a sus orígenes, la búsqueda del padre, la filiación… Sólo tenemos que esperar que en esas circunstancias los hijos estén equilibrados… Dicho esto, a mi parecer, hay mucho que decir a las parejas heterosexuales que recurren también a la Asistencia médica a la procreación con donantes anónimos para obtener sus niños a quienes esconden sus orígenes, e incluso que dan su consentimiento para una ‘reducción embrionaria’ si todos los fetos crecen. Se acepta socialmente mejor a aquellas parejas porque exteriormente sus manipulaciones con embriones no se ven en la plaza pública, mientras que los niños de las parejas homos, por su parte, corren y gritan al menos tanto como los de las parejas heterosexuales. »

La abominación de la homosexualidad, en mi opinión, se encuentra mucho más en el hecho de que la práctica homosexual hace pasar lo Bueno por lo malo y lo malo por lo Bueno (¡ concluyendo que ni el Bien ni el mal existirían !), que en la sola infertilidad « antinatural » de sus aventuras sexuales y en la sola penetración anal. En la homosexualidad activa existe un miedo – y a veces una denegación – del Hombre y de Dios, que es una abominación, aunque no nos demos cuenta en el momento, y aún cuando del mal pueda surgir algo bueno. Y recordar esto no significa en absoluto que las personas homosexuales – incluyendo a las que practican su homosexualidad – sean abominables y humanamente condenables. Dios ya se encargará de ello. Nosotros, sólo tenemos el deber de avisar, de aliviar, y de transmitir Su Palabra de Vida y de Amor.
 

87 – ¿ Es el juicio contra la ex ministra francesa Christine Boutin (quien dijo que la homosexualidad es una abominación) merecido ?

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Tras la salida de Christine Boutin en la revista Charles publicada en marzo del 2014 (« Nunca he condenado a un homosexual. Jamás. Esto no es posible. La homosexualidad es una abominación. No la persona. »), salida que la lleva a los tribunales (la primera comparecencia tuvo lugar a finales de noviembre de 2015), hay varios niveles que distinguir : el contenido, y las respuestas prácticas dadas a este contenido.

Estaría mintiendo si dijera, en cuanto a las palabras atribuidas o empleadas por Christine Boutin, que no ha habido desliz objetivo. Desliz que no se debe a la utilización de la palabra « abominación » (contrariamente a lo que pretenden todas las críticas ; ese término « abominación » toma por otra parte toda su dimensión cuando comenzamos a estudiar los numerosos vínculos entre violación y deseo homosexual), sino a la imprecisión y al uso de la palabra « homosexualidad » (que puede referirse tanto al « deseo », como al « acto », o a la « persona » que siente este deseo, o a la « pareja-acto », o a la « pareja-personas » : ¡ cinco realidades muy distintas ! de las cuales sólo dos – el « acto » y la « pareja-acto » – abarca el término « abominación ») así como la sustantivación esencialista e inconscientemente homófoba del adjetivo « homosexual » (= « un homosexual ») que da a entender que una persona sería su orientación sexual. El uso sin análisis del término « homosexualidad » es una verdadera torpeza. Y compaginada con una naturalización del deseo homosexual y luego con una palabra tan impresionante como « abominación », ¡ se convierte en un simulacro de coraje y en la enunciación catastrófica de un simulacro de « Verdad » divina ! Sí, la metedura de pata es monumental. Pero es de Christine al 1%.

El otro derrape objetivo, debido a una ignorancia del expediente Heterosexualidad y a una extrapolación biblista imprudente/inconsciente, es que Christine Boutin pensó invocar la Biblia, cuando en realidad su citación no tiene nada de bíblico : jamás el Levítico ni san Pablo han alegado que la homosexualidad sería una abominación (sólo hablan de los actos adúlteros, libertinos, de los comportamientos y actitudes de corrupción o de idolatría, pero nunca de « homosexualidad » como tal). Asignar a la Biblia esta palabra nos revela muy bien la trampa de los neologismos « homosexualidad » y « heterosexualidad ». Ello nos puede ayudar en adelante para no usarlos en absoluto, o bien, si los utilizamos, para aclararlos de manera particularmente explícita. Estos conceptos no aguantan las aproximaciones, y aquellas hoy en día desgraciadamente no perdonan.

Si queda claro que ha habido aproximaciones, la respuesta penal dada al discurso Christine Boutin sobre la homosexualidad no sólo es desproporcionada sino preocupante para todos nosotros (y no únicamente para la persona directamente afectada). Simbólica y concretamente, el hecho de que tal juicio, atentado sobre la base de una torpeza verbal y sobre la vaguedad de una palabra – « homosexualidad » – que no puede ser imputada a una sola persona si aquella tuviera que ser seriamente castigada (¡ Serían más bien a los científicos que crearon a finales del siglo XIX la bipolaridad identitarista y sentimentalista « los homos-los heteros » quienes debieran estar sentados en el banquillo de los acusados ! ¡ y con ellos, toda la sociedad civil, que ha confundido la diferencia de sexos con la heterosexualidad !) y no atentado sobre la base de un crimen real, de un delito punible, de un rechazo de personas, pueda existir hoy en Francia y dar lugar a acciones judiciales, a un acoso moral épico y a la extorsión de dinero, es simplemente asombroso, de locura, extremadamente inquietante para el estado de nuestra « democracia ». Y esto ilustra perfectamente la profunda corrupción ideológica (por los sentimientos y por las fantasías) en la que la Justicia francesa se está hundiendo ahora mismo.

En mi opinión, el juicio Boutin, es super violento. No por lo que dijo esta política. Sino por la falta de fundamento de su condena, y por la violencia con la que esta ausencia de fundamento es maquillada/instrumentalizada por los árbitros del « debate » sobre la homosexualidad vestidos de toga negra. Este juicio es una señal altamente simbólica que nuestro continente europeo ha entrado en una dictadura neonazi. Mi uso del término « neonazi » provocará sin duda el sarcasmo y la indignación entre los que identifican erróneamente toda referencia al nazismo que no viene de ellos con una peligrosa y grotesca « Ley de Godwin » … pero no me importa, me reafirmo en esa opinión : si antes el nazismo histórico llevaba el vocablo « nacional socialismo » (los socialistas y los comunistas bien tendrían que recordarlo, dicho sea de paso…), el « internacional socialismo » que por hoy se nos impone mundialmente podría absolutamente merecer la denominación « neonazismo ». En mi opinión, el procedimiento contra Christine Boutin tendría que armar, a causa de la injusticia y de la renuncia intelectual que traduce, un escándalo tan atómico como antaño en Francia con el Caso Dreyfus. Desgraciadamente, los defensores de Christine Boutin, y en mayor medida los denunciantes de la armada gay friendly mundial opuesta a la homofobia, son muy pocos, muy timoratos y demasiado ignorantes sobre la heterosexualidad para constituir un ejército de oposición digno de una batalla discursiva en los medios de comunicación y en la Hemiciclo político. Ellos esperan que la situación se estanque y se arregle por el silencio. Error de cálculo.

Aunque la acusada desee actualmente apelar, asistimos con este juicio a una inversión completa de los valores, a una justicia a dos velocidades. Son los que, debido a sus prácticas o a su nivel intelectual y moral, tendrían lógicamente que estar tras las rejas o con un psiquiatra o fuera de los cargos de responsabilidad o de regreso al cole, quienes ahora gobiernan el mundo y condenan a los justos. Me enteré de cómo sucedió la comparencia. Fue una acumulación de vicios sustanciales de forma y de violaciones de la Verdad. La violencia psicológica era increíble. La sala de audiencia estaba en su mayoría llena de activistas homosexuales y LGBT. Entre los jueces que tenían que deliberar, casi todos eran homosexuales activos o militantes pro-matrimonio-gay (¡ hermosa imparcialidad !) : al menos dos de ellos, sin lugar a duda. Además, se enfurecían y anotaban nerviosamente todas las palabras sobre la homosexualidad que mencionaba la ex-ministra. ¡ El punto culminante de su « confesión sacrílega » fue cuando la Sra Boutin dijo que tenía – lo que es verdad además – « amigos homosexuales » ! Esa fue la gota que derramó el vaso. La amistad hacia las personas homosexuales se convirtió a los oídos de los jueces LGBT en el súmmum de la « prueba de homofobia » (al igual que la mención de la existencia del « buen amigo magrebí » se interpreta tradicionalmente como la coartada n°1 de la « ignominia de la Ultraderecha »).

Según me contaron fielmente después, el juicio Boutin fue una sesión kafkiana digna del dibujo animado Disney « Alicia en el País de las Maravillas » o del aplausimetro entre Jesús y Barrabás. Una escena de tortura. No exagero. Los dados estaban trucados ; el linchamiento y la condena, ya fijados con antelación. Los sentimientos y los deseos de venganza prevalecieron sobre los hechos reprochados, sobre el respeto a las personas, sobre el sentido común. Christine Boutin, después de su juicio, tomó varios días para recuperarse físicamente cuan psicológicamente agotador fue la prueba. ¡ Y eso que ella no es la última de las mujeres resistentes ! ¡ Encima, tiene experiencia en la arena mediática y política ! Pero la escalada de persecuciones anticristianas « educadas » y de la Gran Apostasía – de la cual habló hace poco el Papa Francisco – sube varios metros con este oscuro procedimiento penal.

Y lo más triste de ello, es que Christine Boutin ni siquiera es ayudada por su propia gente. ¡ Todo lo contrario ! Su juicio fue completamente silenciado en los medios cristianos. Por ser desarmados y perezosos en cuanto al análisis de la homosexualidad y de la heterosexualidad, los católicos en general no son justos con la antigua ministra. Lo que es peor : echan más leña al fuego. En vez de aullar con los lobos gays friendly anticlericales y de juzgarla por « falta de Caridad cristiana » (como si ella hubiera dicho que « las personas homosexuales eran una abominación »… lo cual no es cierto, al menos a nivel de las intenciones), en lugar de reaccionar en términos de imágenes por no abordar el fondo (« No, pero francamente, ¡ Boutin nos da una mala imagen ! ¡ Su problema, es la comunicación ! »), sería mejor que reflexionen un poco y que la apoyen. En lugar de ver la distinción entre persona homosexual y acto homosexual como un recordatorio de la Divina Misericordia (« La homosexualidad es una abominación. Pero no la persona. »), en lugar de reconocer con admiración el coraje que le fue necesario a Christine Boutin para denunciar la violencia de los actos homosexuales (… pero aún falta que los creyentes sean claros respecto a esta cuestión… ¡ lo que queda por demostrar !), se lo meten a golpes. Y los pocos activistas católicos que intentan levantarla no lo hacen bien : la apoyan por principio (no de corazón), simplemente porque la atacan, o en nombre de su franqueza, en el fondo por las intenciones, por la victimización que pueden sacar de ella (« ¡ El discurso de Boutin es cierto, ya que es bíblico, inflexible y que molesta ! ¡ Vivimos bajo una terrible dictadura ideológica !) y no por la Verdad ni las buenas razones.

Oigo a algunos que están justificando la división absurda entre el espacio público y el espacio religioso, o que están dándoles la razón a los receptores en lugar del emisor so pretexto de que éste sería y hablaría « católico ». « La trampa en la que cayó Christine Boutin, como muchos clérigos, es de haber creído que el lenguaje bíblico se puede utilizar en un contexto distinto al de la Iglesia (¡ sobre todo frente a personas totalmente ignorantes al respecto !) » Aún en este caso, sigo afirmando que el problema no ha sido el uso del vocabulario bíblico (ni la palabra « abominación ») ni el hecho de que esta jerga sea supuestamente « antisocial » o « políticamente incompatible ». Pretender lo contrario es esquizofrenia de católicos catófobos (es decir, de católicos que no se aceptan, y que no asumen la dimensión social de su fe). El lenguaje bíblico puede ser perfectamente político y eficaz. ¡ Ese no es el punto ! La trampa en que cayó Christine Boutin sólo radica en la palabra « homosexualidad ». Señora Boutin, lo siento mucho por los pésimos amigos católicos que tiene. Y bravo por su coraje, a pesar de que, si hablamos con rigor, y acerca del expediente de la homosexualidad, aquel coraje todavía no es cierto.
 

88 – ¿ San Pablo era homófobo ?

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Una noche, después de la misa de las 10 en el Sagrado Corazón en Montmartre (París), un chico de 26 años en la asamblea me conoció y quiso dar un paseo conmigo en mi camino de vuelta. Su nombre era Pablo. Cuando me dijo como se llamaba, expresé en seguida mi favoritismo por su santo patrono. Y me sorprendió que el mozo hiciera un moín de disgusto, confesando que él prefería con mucho la claridad y la suavidad de un san Juan sobre la imparcialidad de san Pablo (se atrevió a describir a su patrono con un poco de humor como « el Lenin de la Iglesia »).

Por mi parte, me encanta san Pablo (al igual que san Juan Bautista y san Antonio de Padua). Es un poco « el » profeta de primeras. Incluso más que san Pedro o san Juan, creo yo. No sólo porque sin él nadie tendría la fe católica hoy en día (es realmente el Apóstol de la Resurrección, del catolicismo moderno y postmoderno, bajo la dirección del Espíritu Santo), sino porque además es el único en haber soltado 36 000 verdades por segundo, en haber entregado un código moral sólido, hitos concretos sobre la sexualidad, una versión remasterizada y coronada de Caridad de los Diez Mandamientos recibidos por Moisés, en haber denunciado con vehemencia los males de nuestro tiempo y la Victoria de Jesús sobre ellos, sin temor a nombrar las realidades desagradables que estamos viviendo y a mostrarse como un pobre pecador y un criminal (él mismo dijo que era « el aborto de Dios »). El ex Saúl no se limitó a declarar la Verdad positiva revelada : la modernizó y la adaptó, para demostrarnos que Jesús habla a través de nuestra vida, nuestras pruebas y nuestros pecados de ahora. ¡ Los escritos de san Pablo son mejores que el telediario (y menos simbólico y codificado que el Apocalipsis de san Juan) ! ¡ Es transmisión en directo ! Pablo, cuando tiene algo que decir, ¡ no tiene pelos en la lengua ! Puede parecer descarado, malo, humillante, sucio, despellejado, incorrecto, bruto, descortés, vulgar, « no muy católico », sin Caridad… pero, total, es verdadero y está lleno de una Caridad nueva, La de una Verdad que traspasa la muerte, nuestra Cruz, nuestros aguijones, para trascenderlos de luz. No es casual que la famosa « imagen » paulina del aguijón haya dado a algunos que pensar que san Paul hablaba de una tendencia homosexual arraigada en él. ¿ Por qué no, después de todo ? El aguijón es la espina universal del pecado de Adán. Si puede ayudar a universalizar la homosexualidad sin justificar aquella, me parece honesta y acertada, esta analogía entre el aguijón y el pecado homosexual.

Sabe usted, de todo lo poco que se ha dicho en la Iglesia sobre el tema, prefiero a san Pablo, ya que es el único que, desde los tiempos remotos del Levítico, no se dejó impresionar por la « homosexualidad » (en aquella época, los actos que la palabra abarca no se llamaban así, pero bueno…). Después de él, santo Tomás de Aquino también contribuyó a aclarar el problema del homoerotismo. Pero el gran valiente, bien es Pablo. Por esta razón, y aunque él no diga nada positivo de ella (de ahí su fama de haber sido el hombre quien introdujo la homofobia y la misoginia en la Biblia y en la Iglesia…), no sólo no es homófobo (salvo obviamente por su naturaleza humana universalmente pecadora), sino que probablemente es el menos homófobo de todos los apóstoles de Cristo. No se acobardó para hablar de homosexualidad o de las personas homosexuales, para amarlas hasta el punto de arriesgarse a anunciarles el color de sus pecados por un lado, y por otro el precio de su Salvación personalizada. Es la prueba bíblica más bella contra la homofobia. Él siempre seguirá siendo un ejemplo para mí.

Por último, para acabar sobre san Pablo, yo diría que muy a menudo, dado que nosotros solemos truncar demasiado las frases bíblicas o aislar las palabras paulinas intransigentes sobre la « homosexualidad » de su conclusión, evacuamos la Buena Nueva que en el fondo encierran. De hecho, en 1 Corintios 6, 9-10, muchos creyentes sólo escuchan la primera frase, y no la segunda ni la tercera, mientras que aquellas son importantísimas : « ¿ No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios ? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. »

Aquí, Pablo hace igual que Jesús con los ricos : en primer lugar, Cristo despotrica contra ellos y declara que humana y lógicamente, ninguno de ellos podrá entrar en el Paraíso (hasta el punto de que su discípulos le preguntan, asustados : « Entonces, ¿ quien podrá salvarse ? » Marcos 10, 25-27)… para finalmente explicar que la contabilidad humana de la Salvación obedece al régimen insondable de Su alivio misericordioso de la deuda. En resumidas cuentas, « objetivamente, no tienes ni el dinero ni el mérito para entrar… pero viene bien : ¡ yo soy el que completa, incluso más allá de tus actos, de sus deudas, de su miseria ! ¡ Porque te quiero ! » San Pablo actúa igual con las personas homosexuales y adúlteras : primero, marca la pauta, muestra la fuerte probabilidad de sentencia irrevocable ; y luego, explica que Dios nos ama más allá de nuestros actos gravísimos que tan sólo merecen objetivamente el infierno. Verdad + Ungüento. Es un método de Guerrero, por cierto. Pero se contenta con imitar a su Maestro Jesús en determinados momentos, y con sacar las conclusiones de su propia caída de caballo en el camino de Damasco.
 

89 – ¿ Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad ?

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Es bastante conciso. Sólo hay tres párrafos, que tienen el mérito de ser claros, amantes, y suficientes para justificar la continencia, aunque me parezcan aún incompletos y perfectibles. Aquí los escribo tal y como están. Artículo 2357 : « La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. » Artículo 2358 : « Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición. » Artículo 2359 : « Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana. »

Nada que quitar de lo que ya está escrito con todas sus letras, además bajo la inspiración del Papa Benedicto XVI, que en mi opinión es el más sabio en hablar sobre los temas de moral sexual. El Catecismo de la Iglesia Católica, a pesar de su aparente aridez y radicalidad, está en lo justo. Y por eso tenemos que mantenernos firmes contra las corrientes reformistas que quieren retocarlo de una forma que se aparta de la continencia. Últimamente, la Conferencia de los Bautizados de Francia, con el apoyo del diario « católico » La Croix (La Cruz en español), intentó un cuartelazo « revolucionario » gay friendly, una reforma del texto que, so pretexto de Caridad, desea silenciar la Verdad de la virginidad de Cristo. Por cierto, este movimiento disidente, por sí sólo, suena tanto como una payasada – una aparente minoría en la Iglesia – que parece excesivo alarmarse de ello y darle credibilidad. Pero yo no iría tan rápido en la devaluación del fenómeno progresista. Porque actualmente, muchos católicos fervientes, sacerdotes, obispos, cardenales, aunque se opongan a la práctica homosexual y más generalmente a las reformas doctrinales de la Iglesia que se parecen vagamente al relativismo modernista, defienden la continencia más intuitiva/dócil/arbitraria/académicamente y por obediencia ciega que por convicción y experiencia íntima de corazón, o bien como una práctica universal que separan de la homosexualidad por temor a esencializar/justificar esa última. Por lo tanto es muy probable que el peligro de reescritura del CEC y de eliminación de la convocatoria a la continencia para las personas duraderamente homosexuales, provenga no de los progresistas, como se podría pensar, ¡ pero de los conservadores ! Ya, la palabra « continencia » no aparece explícitamente en el texto. Y además, durante el último Sínodo, los cardenales tradicionalistas ni siquiera tuvieron el coraje de defenderla en los casos (la homosexualidad duradera y las « segundas » nupcias) que la requieren. Entonces el equilibrio de Verdad-Caridad del Catecismo es mucho más febril de lo que se piensa. ¡ Los efectos de anuncio de La Croix sólo son un preámbulo, en comparación !
 

90 – ¿ Qué es lo que no encaja con el discurso del Catecismo de Iglesia Católica sobre la homosexualidad ?

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A mi parecer, aunque no haya nada falso en lo que ya se ha escrito, hay tres elisiones que son importantes y que desgraciadamente alteran el buen esbozo que se ha iniciado.

La primera elisión, es que no se ha nombrado el mal. No se entiende el adjetivo « desordenados », no se sabe lo que abarca el término « actos homosexuales », no se comprende a qué realidad remite « la Cruz », no se entiende la sacralización de la « complementariedad de los sexos » (y de hecho, el filósofo francés Fabrice Hadjadj y yo recusamos esta idea de « complementariedad » entre el hombre y la mujer, como si la unión de los sexos fuera natural, evidente, impuesta, automática, química, fácil). Mientras la Iglesia no especifique todo lo que Ella induce detrás de la palabra « actos » (y que, en mi opinión, va más allá del simple tacto o de la penetración, pero que se cruza con el terreno de los sentimientos, de las intenciones, de la creencia, de la concupiscencia, con el pecado), mientras Ella no diga claramente que « el amor homo no es Amor », mientras Ella no designe la heterosexualidad como el diablo disfrazado de diferencia de sexos, nunca su discurso será completo y verdadero sobre la homosexualidad, yo creo.

La segunda elisión equívoca en el Catecismo (aunque parezca anódina, y que muchos sacerdotes la relativicen y la justifiquen so pretexto que sería implícitamente evidente) atañe a la imprecisión en torno a la palabra « castidad ». De hecho, la ambigüedad se origina en gran medida en la yuxtaposición/separación entre el capítulo sobre la homosexualidad y el sobre el adulterio, y entonces en la convocatoria no facultativa al celibato para las personas duraderamente homosexuales. Cuando mis detractores me afirman que « la Iglesia dice sin rodeos que la castidad es la virtud que toma la forma de la continencia para los solteros », es cierto, pero – y esto es una debilidad del Catecismo – la Iglesia disocia (incluso textualmente, en la división de capítulos) el celibato (o el adulterio) de la homosexualidad. ¡ Ahí está precisamente el problema ! El CEC no indica en absoluto que las personas duraderamente homosexuales no tienen otra opción que el celibato continente si quieren responder fielmente al llamamiento de la Iglesia. ¡ Incluso la mención de « amistad desinteresada » es interpretada por algunos católicos como una invitación/una autorización excepcional de vivir una « amistad particular en pareja casta » ! Así que los que, al leer el capítulo del CEC sobre la homosexualidad y la llamada a vivir en castidad, desean oír lo que quieren en la palabra « castidad » (incluso la pareja platónica, incluso la « fidelidad a Dios »), lo pueden, apoyándose además en un Catecismo « levemente » cortado del montaje. Algunos sacerdotes ya sustituyen mentalmente « celibato » por el término « castidad », pensando que de esa manera no tendrán que imponerlo/nombrarlo francamente frente a las personas duraderamente homosexuales, so pretexto de que el celibato se induciría más tarde en el capítulo sobre el adulterio. Pero la Iglesia nunca ha exhortado a las personas homosexuales al celibato al alentarlas simplemente a la castidad : ¡ eso es lo que falta y es un verdadero problema ! La castidad es una virtud universal. El celibato continente, su forma específica para las personas duraderamente homosexuales, o para las personas separadas o divorciadas que se han vuelto a « casar », o para los célibes consagrados. Hay que distinguir el contenido y la forma, para luego mostrar su aleación y su libre complementariedad. ¡ De lo contrario, los católicos y no-católicos están hecho un lío, sobreinterpretan lo que leen sin distancia, y siempre encuentran la manera de oír lo que quieren !… ¡ en particular lo que la castidad no es !

La tercera elisión que tanto falta en el discurso del Catecismo sobre la homosexualidad, es la ausencia de propuesta de un Gran Camino específico para las personas duraderamente homosexuales, la falta de una vocación en vez de un acompañamiento, la carencia de una Buena Nueva alegre y audaz y universal en lugar de un autocontrol para « convivir » con su tendencia homosexual (que reprimir), un reciclaje-donación de la homosexualidad en lugar de una espiritualización colectiva íntima y de una comunión privada e introvertida entre su Cruz homosexual y la Cruz de Cristo. Lo peor es que nuestro Papa Francisco tendría completamente madera y la labia natural de anunciar este camino concreto, grande y feliz a las personas homosexuales. Pero se lo impidieron durante el Sínodo 2015 sobre la Familia.
 

91 – ¿ Qué agregar al discurso eclesial sobre la homosexualidad ya que se ha dicho todo?

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Sin duda no se ha dicho todo. Ya sólo mirando cuánto les cuesta a nuestros prelados católicos actuales simplemente nombrar el mal, recordar que los actos homosexuales son pecados mortales y avisarnos (a nosotros, las personas homosexuales) del riesgo que corremos para toda la eternidad, ¡ yo sin duda no puedo hacer creer en la supuesta « exhaustividad » del discurso bíblico y eclesial sobre la homosexualidad !

Durante la segunda parte del Sínodo sobre la Familia (del 5 al 25 de octubre de 2015), cierto número de católicos acudieron a mí en privado y me preguntaron, más o menos amablemente : « ¿ Cuál es el cambio que queréis, exactamente ? La Revolución que esperáis no llegará. ¡ Mejor que os adaptéis ! ». Digo « más o menos amablemente » porque, a menudo, a nosotros, personas homosexuales creyentes, nos ven como regateadores llorones y siempre insatisfechos que hacemos nuestro caprichito egocéntrico (« narcisista ») sin ver que ya tenemos la solución que reclamamos a grito pelado en nuestro propio plato : es sólo que no aceptaríamos humildemente la soledad radical de la Cruz universal que nos propone la Iglesia y que nos gustaría que Ella la viviera en nuestro lugar.

En cuanto a mis expectativas, voy a intentar contestar la pregunta. Y para entenderlas, uno ya debe ser capaz de reconocer el carácter incompleto y las deficiencias del discurso eclesial actual sobre el tema de la homosexualidad, y no sólo atenerse al discurso (sin duda verdadero desde un punto de vista eterno, desde un punto de vista espiritual, pero…) incompleto desde un punto de vista temporal, desde el punto de vista de la Caridad. Nos ahorraría los « ¡ Todo ya está marcado en la Biblia ! ¡ Todo está resumido en la vida de Cristo ! ¡ Todo está claramente indicado en el Catecismo ! ¿¿ Qué más queréis ?? »

Al parecer, el Catecismo de la Iglesia Católica ya lo habría dicho todo sobre la homosexualidad. Estamos de acuerdo. La forma concreta de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales es, a priori, la misma que la que se pide a las personas consagradas en el sacerdocio, a los solteros, a las personas separadas o divorciadas que se han vuelto a casar, a los viudos, a los niños, en fin, a todos los que son no se han casado dentro de la diferencia de sexos. Simplemente, es un error hacernos creer que a través del uso del término « castidad », que se refiere a una virtud universal, las personas fuera del matrimonio podrían vivir las formas de la castidad de la pareja casada (genitalidad, sentimentalidad, procreación), o incluso la castidad oficialmente consagrada de los sacerdotes (porque las personas duraderamente homosexuales no tienen acceso al sacerdocio, al sacramento del orden). Entonces nosotros, personas homosexuales, nos encontramos frente a un gran vacío vocacional, un gran vacío de propuestas, porque nuestro hándicap impide a la mayoría de nosotros tener acceso a los dos únicos caminos de vida llenos indicados por la Iglesia. Todavía no sabemos a dónde ir concretamente para ser felices y fieles en Iglesia. También resulta engañarnos sobre la Cruz decirnos que, si somos personas duraderamente homosexuales, podremos seguir la Iglesia permaneciendo en « pareja » o soñando con componer una con una persona del mismo sexo, o viviendo un celibato sin otro marco eclesial que « la hermandad, la amistad y la castidad ». La forma concreta de la santidad, de la felicidad llena y de la castidad para las personas duraderamente homosexuales lleva un nombre : celibato continente (perspectiva personal), hermandad santa (perspectiva mundial). No por subrayarlo hago un particularismo cerrado.

Por otra parte, existe un falta real de palabra eclesial sobre la homosexualidad en cuanto a aquella forma de celibato específico. Ustedes lo pueden comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica… : sólo se trata de « castidad » (la referencia a la continencia aparece más adelante, en el capítulo sobre las situaciones fuera del matrimonio… pero no en el capítulo sobre la homosexualidad, aunque, por supuesto, ya debería ser inducida.) Pero concreta, literal y verbalmente, y en el corazón de la gente (incluyendo la gente de Iglesia), se deja sin forma la castidad de las personas duraderamente homosexuales, se la abandona a lo implícito, se la relega a la amistad (término muy ambiguo para nuestro tiempo) desinteresada y a la Cruz de Cristo. Eso es insuficiente. De momento, es un camino vocacional todavía muy borroso que dibuja la Iglesia, un camino cuyas modalidades (el celibato para las personas duraderamente homosexuales ; el matrimonio hombre-mujer para las personas cuya homosexualidad es poco profunda) no son ni descritas con precisión (nadie en la Iglesia habla aún de celibato, de continencia), ni felices (nadie habla de don entero de su persona y de su homosexualidad a los demás, de don de su homosexualidad a los demás y a la Iglesia), ni santas (por ahora, los discursos proponen el control y la extinción de la tendencia – « Tú no eres sólo eso » ; no su reciclaje ni su ofrenda), ni vocacionales (no se preve consagración en un futuro próximo, no se propone grandes proyectos : sólo un « conformarse » con discreción). Así que hay una Buena Nueva que anunciar sobre la homosexualidad, a pesar de que Benedicto XVI ya describió y orientó las cosas al 80%. Lo importante, es hacerlo bien, y que la audacia sea evangélica. No mundana. Por último, hay una verdadera herida mundial que sanar con el análisis y la denuncia de la heterosexualidad. Porque la mayor parte del sentimiento de injusticia y de frustración sentido por las personas homosexuales, creyentes o no, es ese silencio cómplice de la Iglesia que no denuncia la violencia de la heterosexualidad.

Total, si fuera por mí, 1) me parece, de hecho, que por lo general, la Iglesia no va y no debe aparentemente cambiar casi nada de lo que ya ha dicho muy bien sobre la homosexualidad en el Catecismo, y entonces ne tiene que prometernos un Potosí ; 2) le faltan sin embargo en Su discurso 3-4 palabras nuevas y valiosas : a) una palabra amarga y tajante sobre « el amor homosexual » (decir que no es amor, y explicar por qué ; aludir a la violencia y a la insatisfacción de esas « amistades amorosas » confusas ; decir que el « amor homosexual » no sólo es un mal objetivo sino que también es un « pecado mortal »… lo que a pesar de todo no predestina a todas las personas homosexuales que practican activamente su homosexualidad a la maldición eterna), b) una palabra exigente sobre el marco concreto de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales (atreverse a hablar del celibato, de la continencia, ¡ anunciar el color y el material de la Cruz !), c) y sobre todo una palabra positiva y proponente (atreverse a hablar de la Alegría en la continencia – ¡ que es muy distinta de la abstinencia ! -, atreverse a hablar de la vocación a la santidad específica a la condición homosexual, atreverse a hablar sin rodeos de consagración y de fundación de una cofradía eclesial específica, atreverse a hablar de evangelización dentro del marco de la homosexualidad, atreverse a hablar de don completo de su homosexualidad al mundo, en suma, ¡ atreverse a proponer GRANDE, ALEGRE y SANTO !).

Creo que si sólo fuera por el Papa Francisco, por su carácter espontáneo y su entusiasmo profético, en un principio, hubiera sido del tipo que agrega al mensaje prudente y sabio de Benedicto XVI ese gran valor añadido de la ofrenda mundial de la homosexualidad, de la Alegría acogedora que abarca a toda la persona homosexual y anima a toda la plenitud de su persona, ese impulso un poco loco pero confiado de la propuesta GRANDE y FELIZ de la santidad dentro de la homosexualidad no-practicada. Hubiera estado dispuesto para dar el paso. Pero se entiende tan mal el tema de la homosexualidad en la Iglesia (por lo general, no se fían de ello, lo dan por no-sujeto), la gente de Iglesia está tan lejos de comprender el poder de denuncia de la heterosexualidad (¡ sin renunciar a explicar aquella en detalle !), los clérigos están tan congelados por salirse del camino y por tener un discurso que podría ser demasiado complaciente o mal entendido o juzgado « demasiado positivo para ser honesto e inspirado », que la sobriedad parece imponerse. Francisco prefiere comprarse una confianza y una legitimidad papal barata escondiéndose detrás de un discurso familialista sin duda hermoso pero estático y austero, fuera de lugar.

En cuanto a la homosexualidad, el entusiasmo del Papa Francisco ha sido enfriado y apagado desde el principio del Sínodo. ¡ Seguro que le habrán tirado seriamente de las orejas un poco antes ! « Su Santidad, no anuncie nada realmente nuevo sobre el tema. No tome riesgos innecesarios y no ortodoxos. No suene las trompetas. No haga promesas. No haga alarde de un entusiasmo paterno y fraterno demasiado sospechoso… » Para evitar los golpes de efecto y las falsas esperanzas. A priori, eso tranquiliza a todos, favorece la « Unidad », reafirma un fundamento y una fidelidad doctrinal reconfortantes. Con aires de cautela. Pero el corazón, la alegría de la Buena Nueva, la locura de la confianza, la fuerza que dan la exigencia y la Verdad, la propuesta grande, no están. Falta de atrevimiento, lenguaje estereotipado y ensimismamiento, ninguna tarjeta de invitación personalizada para saber dónde está el sitio concreto de las personas homos en el banquete de la Iglesia, miedo a la homosexualidad y a dirigirse a las personas homosexuales con otro discurso académico que « No eres sólo eso. », « La Iglesia te ama y no te juzga. », « Estás llamado a la castidad y la caridad. » (es decir : « Vuele dentro de cinco años. Nos pondremos en contacto contigo. Dejad de reclamar, y obedeced más bien al amor universal de la Iglesia por vosotros. Y ante todo, ¡ cerrad el pico ! »). Podríamos pensar que tal statu quo no es grave, que la Iglesia ya ha sobrevivido durante años con aquellos no-dichos sin que plantee muchos problemas. Pero es olvidar que el mundo tiene sed y está estallando en este momento de manera inusualmente violenta a causa de la homosexualidad y de la heterosexualidad. Y que no Se lo perdonará.
 
 

92 – ¿ Es la homosexualidad un pecado ?

Esquema pro-gays y libertario

Esquema pro-gays y libertario


 

Depende de qué hablamos. Si se asocia « homosexualidad » a la persona que siente un deseo homosexual, obviamente no es un pecado. El pecado no se hizo carne. Y no somos las heridas y el mal que llevamos o que hacemos a veces (véase el episodio del ciego de nacimiento en la Biblia, Juan 9, 1-41). Si, detrás de « homosexualidad », se induce el acto homosexual o la « pareja homo-acto », entonces, sí, se trata de mal (= expulsión de la diferencia de sexos en el amor) y de pecado (= exclusión de Dios y de la Iglesia que son a la imagen de la diferencia de sexos). Si la palabra « homosexualidad » se refiere a la tendencia homosexual no-actuada pero parcialmente encarnada y principalmente impuesta, entonces, hablamos del « signo de pecado », de una « herencia del pecado original », de una herida y e un miedo, que sigue siendo un mal objetivo, pero que no adquiere el estatuto de pecado.

Un pecado presupone un mal concluido por una conciencia y una clara voluntad de este mal, y/o por una decisión firme de cortarse de Dios (cf. véase la diferencia entre el mal-falta y el mal-pecado desarrollada por el padre Verlinde ; también podría referirme a la sutil distinción que hizo el obispo francés Monseñor Lalanne sobre la pedofilia, y que se les escapó a muchos católicos). Respecto a la homosexualidad como tendencia, ya que no parece ser una elección, no se la puede clasificar con los pecados. Sin embargo, no por eso deja de ser un signo de pecado, ya que incluso esta orientación sexual es el legado de una decisión libre del diablo y de Adán. La tendencia homosexual no se impone al 100%. En la manera de sentirla, de vivirla, e incluso como herencia del pecado original y como permiso de Dios que ésta pueda existir temporal/permanentemente en el ser humano, la tendencia homosexual es prueba de libertad, de una decisión, de una voluntad (aunque esta voluntad no parezca humana, o parezca inexistente ya que es muy reducida en el ser humano).

Si seguimos la lógica – tambaleante en mi opinión – del padre francés Guillaume Tanoüarn que se expresó hace poco en el blog católico Le Rouge et le Noir sobre el mal, el impulso homoerótico se podría poner en la categoría de los « males por naturaleza » : « Hay dos clases de males, que requieren dos explicaciones diferentes : el mal por naturaleza y el mal por falta. El mal de naturaleza, son los fracasos de la naturaleza : terremotos, tsunamis, enfermedad, muerte, etc. El mal por falta abarca todos los fallos de la libertad humana. Es menester distinguir estas dos aspectos, porque la libertad humana no tiene absolutamente nada que ver con los maremotos. Cuando los cristianos expeditivos me dicen que han aprendido en la Biblia que la libertad siempre es la causa del mal, suelo contestar : ‘Va a darles gusto a las víctimas de los tsunamis’. » No creo que la libertad humana no tenga nada que ver siquiera con los maremotos (yo mismo había planteado la cuestión del pecado a un sacerdote exorcista a propósito de todos los cataclismos humanos donde la libertad parecía ser ausente – enfermedades, accidentes, terremotos, abortos naturales, etc. – y él me había hablado de las « herencias del pecado original », o sea de los « signos de pecado »).

Si la libertad (humana y divina) es ausente de los terremotos, entonces ¿¿¿ qué están haciendo estos « apóstoles del azar/de la predestinación accidental » del pecado original, de la Comunión de los santos, de la libertad otorgada a los ángeles y a Adán, de la capacidad del ser humano para reaccionar ante el mal (por muy disminuida que sea) ??? Igual cuando algunos argumentan que los bebés, e incluso los embriones, no serían libres ni responsables. ¡ Siento no estar de acuerdo ! Suena como el discurso eugenésico de los promotores del aborto, que defienden que la existencia de un ser se mediría en función de su grado de sensibilidad, de reacción y de conciencia. Es exactamente el mismo problema respecto al reconocimiento de la libertad en las pruebas que el Hombre puede conocer (agresiones, violaciones, asesinatos, guerras, muerte de los inocentes, etc.). Los católicos que creen que los « males por naturaleza » no son el resultado de una decisión libre, de una voluntad (divina y humana), y, que a veces, en el caso de las catástrofes o eventos que parecen imponerse al individuo, no podría surgir de ellos ninguna libertad, se olvidan de que toda vida humana es el fruto de un deseo, de una voluntad, de una responsabilidad, de una libertad, de una confluencia de decisiones. Esta vida humana lleva todo eso en sí misma – ¡ el Hombre ES libertad, por naturaleza y por Gracia ! – aunque aquella libertad sea ínfima e inconsciente al principio de su formación. Si ella no tiene su propia libertad (que a veces se reduce al mínimo), al menos lleva la libertad y la elección de otro. El granito de mostaza que es la Palabra/el sueño que Dios sembró en cada uno de nosotros. Todo ser humano – inclusive un bebé o una persona en estado de coma o una mujer inocente violada o un viejo postrado en su cama – es LIBRE porque aguanta la libertad y la voluntad de otras personas, porque reacciona y tiene una conciencia (despierta o no) debido a que es Hijo de Dios.

¡ Estos pensadores « católicos » que reducen la responsabilidad o la libertad o el pecado al estado de conciencia y de acción del ser humano parecen incapaces de pensar el mal en términos de herencia divina, de Comunión de los Santos, de Encarnación crística, de Proyecto divino que supera al hombre ! Critican el hecho de que los relativistas progresistas traduzcan la Misericordia en « ausencia de pecado » que ésta no es, y crean que el único pecado sería creer que el pecado existe… Pero ellos mismos cometen el mismo error relativista de quitar toda libertad y todo pecado al Hombre so pretexto de que el exceso de libertad sería nefasto, o que la Verdad prevaldría sobre la Caridad, o que la singularidad del ser humano primaría sobre la Salvación colectiva, o que el mal y el bien serían principalmente decisiones humanas o al contrario decisiones únicamente sobrenaturales. ¡ Son sacerdotes y creyentes obsesionados por el antropocentrismo o el trascendentalismo !

Para volver a la homosexualidad y resumir un poco, creo que aún cuando la orientación homosexual no es una elección o un fenómeno deseoso siempre consciente, sigue siendo un signo de pecado como deseo, y se convierte en un pecado como creencia en la práctica del acto homosexual y como acto homosexual efectivo. Insisto en la cuestión de la libertad que ES la tendencia homosexual, aunque convenga a la persona que siente una atracción erótica hacia las personas de su sexo decirse que, puesto que se la han impuesto, aquella orientación sería un accidente, un sinsentido, una fatalidad, una esencia, un determinismo, una maldición pecaminosa, una tara, un llamamiento natural no-negociable a pecar si ella quiere seguir siendo lógica con aquel proceso deseoso impuesto. El mal, aunque impuesto, es una libertad que se ha expresado. Expresado mal, lo reconozco, ¡ pero expresado igual ! El hecho de saberlo es un cambio enorme, sin que se vea. La toma de conciencia de que nuestra tendencia homosexual es una herencia de una decisión mala que nos ha precedido, nos puede involucrar – nosotros personas homosexuales – aún más en la lucha para combatirla, liberarse/despegarse de ella, y darse cuenta de que podemos – en cierta medida – hacer algo con ella, y sobre todo de que Dios también puede hacer libremente lo que Él quiere de ella. Eso nos convierte en actores – y no títeres – de nuestros sentimientos homosexuales. En fin, es muy importante reconocer la tendencia homosexual impuesta como una libertad y un signo de pecado.
 

93 – ¿ Es el acto homosexual un pecado venial o un pecado mortal ?

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¿ Es la homosexualidad activa un pecado mortal y lleva al infierno ? En el momento de redactar esta respuesta y la siguiente (n°94), me doy cuenta de lo esencial/primordial que son, en comparación con las 245 otras. Porque casi nadie nos dice la verdad sobre el vínculo entre la homosexualidad y la Salvación (bajo pretextos que tienen buena presencia, ¡ además ! : « Es Dios quien juzgará, ¡ no nosotros ! Seamos humildes y misericordiosos con las personas homosexuales. »), mientras que el destino eterno de nuestra alma – no vamos a mentirnos – es sin embargo lo único que nos interesa, ¡ incluso aquí en este mundo ! Homosexualidad o no, ¡ no cambia nada ! « Si los hombres supieran lo que es la eternidad, decía la niñita Jacinta de Fátima, harían todo lo posible para cambiar de vida »… Nuestra vida es corta. ¡ Pero larga es la eternidad ! ¡ Así que es mejor ser conscientes del alcance de nuestras acciones terrestres y de la urgencia a prepararnos, a convertirnos al Amor de Dios !

Podemos seguir mucho tiempo andando por las ramas en cuanto a la « persona homosexual » y a la « orientación homosexual », participando año tras año en itinerarios de acompañamiento « Homosexualidad » en Paray-le-monial o en otro lugar, aguantando el mismo rollo : « La Iglesia te ama, te escucha, no te juzga, Jesús está aquí y te convoca a ser santo (¿ una taza de té ?) » ¡ Yo mismo hubiera podido esconderme detrás de la diversidad de las 247 preguntas para esquivar discretamente el tema de la Salvación y del infierno ! ¡ Pero no ! Hay que reconocer que este es el más importante.

Nosotras, personas homosexuales, en « pareja » o no, tentadas a serlo o no, NECESITAMOS SABER lo que incurrimos si alguna vez practicamos (de manera más o menos precavida de la gravedad y de las consecuencias celestes) la homosexualidad en la tierra. Necesitamos conocer los riesgos reales. ¡ Nuestra alma, nuestra Salvación eterna (o no) están en juego ! Y Jesús nos dijo todo lo que sabía, nos dio lo esencial de las respuestas, inspiró especialmente a los Padres de la Iglesia, reveló realidades del más allá a sus profetas. Muchas personas homosexuales creyentes y practicantes, necesitan ser guiadas, prevenidas. No amenazadas, ¡ pero bastante cerca ! Ya que viven en la incertidumbre total, o incluso en una unión de hecho larga que parece difícil de romper. « Es muy amable que nos vengan con aquel lindo cuento ‘Soy sacerdote y no os juzgo’ o ‘Pedid al Espíritu Santo’. ¡ Pero no son ustedes quienes toman el riesgo de la maldición ! ¿ No se supone que son Jesús, que son pastores ? » me soltó con razón una amiga lesbiana con respecto al silencio eclesial acerca de la Espada de Damocles que pende sobre nosotras, personas homosexuales. Por supuesto que no será después de nuestra muerte que podremos verdaderamente influir en nuestra Salvación ! ¡ La Salvación, es ahora o nunca !

La Iglesia dice que no puede certificar que tal o cual está en el infierno, en el purgatorio o en el paraíso, a excepción de los santos (con el justo pretexto de que no puede predecir que fulano « irá » o « no irá » al infierno). Y, de hecho, sólo Dios es Juez Supremo ; además, tampoco sabemos lo que pasa en el secreto del corazón de cada uno en el momento de su muerte. Sin embargo, la Iglesia Católica, debido a su tradición y a la Revelación que ha recibido, puede conocer los riesgos, prevenir los riesgos de una práctica como la práctica homosexual. ¡ Y ha de hacerlo !

¿ Uno va al infierno si practica la homosexualidad ? ¿ Por qué es grave practicar un acto homosexual (incluso un beso respetuoso y sincero) ? He buscado elementos de respuesta en Internet, acerca de mis amigos, por parte de los sacerdotes, de los exorcistas, de los obispos, de los cardenales, del Papa. Pero, a decir verdad, desgraciadamente no encontré casi nada. Simplemente un discurso evasivo centrado en la Misericordia (mientras que no existe Amor verdadero sin Justicia y sin Verdad), o de lo contrario un discurso lapidario que reduce a las personas pecadoras a la naturaleza pecaminosa de sus actos malos que, bíblicamente, las condenan sin rodeos a la maldición (mientras que la persona nunca es sus actos, ¡ por muy graves que sean !).

En primer lugar vamos a examinar la diferencia entre los pecados veniales y los pecados mortales. La naturaleza de todo pecado es sencilla : es una ofensa a Dios, por un pensamiento, una palabra, un acto o una omisión que ha herido a « los más pequeños de los hermanos de Jesús » y quienes son Jesús. La diferencia entre el pecado mortal y el pecado venial, es que el primero nos aparta de la Gracia divina mientras que el segundo « sólo » nos aleja de ella. El primero nos separa de Dios, mientras que el segundo nos debilita. Una de las principales diferencias entre ellos también son los sacramentos para pulverizarlos : el primero requiere el Sacramento del Perdón para ser redimido mientras que el otro es rescatado por el Sacramento de la Eucaristía (en resumen, mortal = Confesión ; y venial = Comunión). ¿ Dónde está la línea entre el uno y el otro ? Es difícil decirlo, porque, en general, el primero lleva al segundo. Y la mayoría de las veces, se trata de un proceso largo y continuo. Es la acumulación de pequeños pecados veniales que conducen a la ruptura con Dios. ¡ Así que mejor no tomarse los pecados veniales a la ligera !

El pecado es una idolatría, un incumplimiento al amor verdadero para con Dios y el prójimo, incumplimiento cuya causa radica en un apego desordenado y perverso a ciertos bienes. De este modo es « amor de sí hasta el desprecio de Dios », para tomar una expresión grata a san Agustín. Ahora es menester distinguir los pecados según su gravedad, ya que todos los pecados no producen los mismos efectos en el alma humana. Tal como lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC § 1861) : « El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno ; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. » ; « El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere. » Para que un pecado sea mortal, nos dice el Catecismo, « se requieren tres condiciones » (CEC § 1857). Es pecado mortal : 1) lo que tiene como objeto una materia grave, 2) y que, además, es cometido con pleno conocimiento, 3) y deliberado consentimiento.

Al releer una vez más Veritatis Splendor (1993) de Juan Pablo II, se distinguen muy bien lo que es un pecado venial y mortal. « Se comete, en efecto, un pecado mortal cuando el hombre, sabiéndolo y queriéndolo, elige, por el motivo que sea, algo gravemente desordenado. ». Para que haya un pecado mortal, « hay que evaluar la gravedad del pecado observando el grado de compromiso de la libertad de la persona que comete un acto en lugar de la ‘materia’ de este acto » (idem). En teología moral así como en la práctica pastoral, bien se sabe que existen casos en los que un acto, grave debido a su materia, no es un pecado mortal, porque falta el pleno conocimiento y el consentimiento deliberado de la persona que lo comete.

La diferencia entre los pecados mortales de Pedro y de Judas, es que el primero reconoció su pecado y a pesar de todo se dejó amar por Dios ; el segundo se encerró en su falta y se negó a convertir, a dejarse perdonar. El pecado no es la falta cometida o la mala acción, sino un deseo de separarse de Dios a pesar de la falta o de la mala acción cometida.

Sentir la homosexualidad no es un pecado (pero un signo de pecado). Sin embargo, practicar la homosexualidad es una revuelta contra lo que Dios ha previsto en cuanto a la sexualidad como prueba de Su Presencia, a saber la acogida de la diferencia vital de la Humanidad : la diferencia de sexos coronada por Su Amor y Su Espíritu. Sólo la relación de amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio, o la relación del célibe consagrado a Jesús en el sacerdocio y la oblatura, responde al plan de Dios. La Palabra de Dios sobre el acto genital y amoroso sin sexualidad (sin diferencia de sexos) es clara. San Pablo zanja con toda la fuerza necesaria… y por eso muchas « parejas » homos católicas o muchos católicos gays friendly están enojados con él : ¡ no hay que ofender al « buen católico homo » que vive en « pareja », en nombre de una supuesta libertad evangélica ! Según ellos, puesto que Jesús no habla explícitamente de la « pareja » homo, Él no la condenaría… No dudan en mandar a paseo a los católicos íntegros con su « Plan de Dios », Plan que en realidad no es el suyo sino El de la Iglesia revelada por Dios, declarándoles que parlotean. La petición de la Iglesia Católica actual de no respaldar las uniones civiles homosexuales bajo ninguna forma todavía no se escucha, incluso por aquellos que se reivindican mediáticamente « católicos y leales al Papa hasta el martirio ». Esto te deja pasmado.

La práctica homo es una falta grave, un pecado mortal (aunque siempre haya todavía una confusión en torno a este último concepto, ya que el pecado mortal no conduce sistemáticamente a la condenación eterna). Al igual que en el caso de los asesinatos, el grado de conciencia es un factor agravante o atenuante (por ejemplo, los niños-soldados). Sin embargo, según la Iglesia, la práctica homosexual no ingresa a menudo en la categoría del pecado contra el Espíritu. Dado que para perpetrarlo, hay que tener la voluntad total de éste. La voluntad plena está en parte alienada por el eros que provoca la libido. Y para muchas personas de tendencia homosexual desinformadas y sin educación/cultura sobre la fe y la continencia, la transgresión se vuelve casi inevitable. No obstante, hay falta pero no pecado contra el Espíritu. Y respecto al grado de la falta, el confesor es quien tiene que evaluarlo según la naturaleza de la relación sexual, así como los líderes de la Iglesia que han de definirlo. Muchas personas homosexuales se « emparejan » por flaqueza y fragilidad sin saber lo que están haciendo… Es la razón por la cual sólo Dios puede juzgar la libertad y la intencionalidad de cada uno. Pero sin embargo, debemos mantener la enseñanza de la Iglesia, precisamente para no incitar a la falta, y porque el acto en sí va en contra de la Creación y de la sabiduría del Padre.

En cuanto al pecado mortal, tiene que haber las tres condiciones mencionadas más arriba (CEC § 1857). Cabe preguntarse si en todos los casos de « materia grave », incluyendo así la práctica homosexual, están reunidas las otras condiciones… En este caso, parece ser una cuestión de conciencia personal, y por esa razón, no podemos decir que de facto un acto homo o una « unión/concubinato » homosexual sea un pecado mortal. Se tendría, por supuesto, que desarrollar esta respuesta, pero, en cualquier caso, no sacarle nada al hecho de que la práctica homosexual es « materia grave »… sin sobrevalorar tampoco dicha materia grave a costa de la relación personal de cada cual con sus acciones, por « mortalmente pecaminosas » que sean.

El protestante, por ejemplo, a causa de su lectura literal y crispada de la Biblia, sólo se va a enfocar en la materia del pecado, que le ha sido presentada como grave y mortal por san Pablo o por otros pasajes de la Biblia (el Génesis y y el Levítico), y no en el grado de conciencia de la persona que lo comete. « En el libro del Génesis, el juicio por el fuego de Sodoma y Gomorra es claro : ‘El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande ; y su pecado gravísimo.’ (Gn 18, 20) En el Levítico, la condena es inequívoca : ‘Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación : morirán sin remedio ; su sangre caerá sobre ellos.’ (Lv 20, 13) En el Nuevo Testamento igualmente queda claro : ‘Por eso los entregó Dios a pasiones infames ; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza ; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.’ (Rom 1, 26-27) Jesús compara los pecados de Cafarnaún con los pecados de Sodoma, aunque ambas ciudades tengan que pagar el precio de los suyos : ‘Y tú, Cafarnaúm, ¿ hasta el cielo te vas a encumbrar ? ¡ Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.’ (Mateo 11, 23-24) San Pablo tampoco duda en predecir que los afeminados no irán al Paraíso : ‘¿ No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios ? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.’ (1 Cor 6, 9-10). » Y en su paranoia, este mismo protestante va a asestar que ¡ todos los que edulcoran lo que para él es « el pecado mortal » son relativistas peligrosos que no escuchan la Biblia, son pecadores y blasfemadores ! : « ¡¡ La masturbación es un pecado mortal !! ¡¡ La homosexualidad es un pecado mortal !! ¡¡ Tener relaciones sexuales para el placer compartido e incluso para expresar una amistad, un apego, un amor, e incluso con una A mayúscula, es un pecado mortal a partir del momento en que ello no sucede entre personas casadas de sexo diferente y en la perspectiva de la procreación !! etcétera. » La realidad es mucho más compleja y matizada. Ningún pecado mortal lleva a la maldición eterna. Sólo el endurecimiento del corazón frente al pecado mortal conduce a ella.

No es la práctica homo (un pecado mortal) que conduce al infierno, pero el hecho de ir en contra de su conciencia y en contra de la enunciación que es un pecado mortal, que se convierte en un pecado mortal. El que conoce la Verdad está más expuesto a la Salvación si obedece, pero también más expuesto a la maldición si desobedece. Porque la gravedad de la falta es proporcional al grado de conciencia. ¡ Por ejemplo, para el Papa, comer un pastel de chocolate entre dos comidas durante el Cuaresma es una falta mucho más grave que para un niño ! Para un tipo como yo, que tiene una idea de las consecuencias de la homosexualidad en la otra vida, y que tiene carga de almas por su testimonio, voy a pagar el pato más que los demás si alguna vez acabo por « emparejarme ». Para muchas otras personas homos, la práctica homo no es un pecado mortal, pero para mi situación, si salgo con un hombre, se convierte en un pecado mortal (joder, ¿¿ por qué he escrito yo libros y he abierto la boca ??^^)

Pequeña digresión sobre la homosexualidad y el Sacramento de reconciliación : si se practica la homosexualidad, no es posible recibir la absolución en el confesionario. No porque el acto homo en sí no podría ser perdonado, sino porque, si no hay arrepentimiento o cambio de modo de vida, si no hay finalmente renuncia a la estructura de pecado, la Gracia no puede actuar ni entrar en el corazón. Sólo la contricción y el deseo de no volver a pecar hacen posible la absolución. Por ejemplo, un asesino a sueldo que quisiera obtener el perdón lo podría : a condición de dejar su « trabajo ». Respecto a las personas homosexuales, nosotros podemos confesarnos si dejamos de estar en « pareja » homo y tenemos el verdadero deseo de no repetir los mismos errores, si estamos dispuestos a cambiar nuestra manera de vivir. Dicho esto, incluso en el caso de que no nos la administran, es posible para nosotros dialogar con el cura y pedir una bendición individual, al igual que las personas no-bautizadas.

En lugar de descalabrar grandes palabras para asustar a cualquier creyente (sobre todo si es homosexual) – « pecado mortal » o « Infierno » -, me gustaría hacer hincapié en una cosa fundamental para los pocos fariseos protestantes o católicos puntillosos que son muy buenos para culparnos con toda una artillería de extractos de la Biblia irrefutables, pero poco preocupados, en términos de pecado, por la cuestión de la libertad : la injusticia que es la tendencia homosexual (duradera) en una persona que, con toda probabilidad, no la ha elegido, y que la condena de por vida, si realmente quiere ser fiel a Dios, a quedarse sola y a renunciar a la ternura de la pareja. Sí. Es una injusticia flagrante. Aún cuando esa persona se entregue a esta tendencia, y que entonces, nos encontremos ante una elección y una falta objetiva por su parte, ya que el rechazo de la diferencia de sexos es un rechazo a Dios, lo que equivale al adulterio. El hecho de que la orientación homosexual no sea inicialmente una elección no borra el pecado ni el desorden que es la práctica homosexual (no por sentirse uno homosexual, está obligado a entregarse a su inclinación : el acto homosexual sigue siendo una opción libre). Pero, en todo caso, ello reduce considerablemente el grado y la gravedad del pecado cuando se practica la homosexualidad.

Sí. Hay que recordarlo con fuerza y sin revuelta o victimización. La homosexualidad sufrida como condición existencial constituye una verdadera injusticia. Cuando uno es varón, enamorarse de una mujer y ser sensible al encanto femenino, todo aquello está profundamente vinculado con una sexualidad sana, abierta a la diferencia sexual y para nada pecaminosa en sí. Pero para un hombre supuestamente « homosexual de nacimiento » (terminología que hay que matizar, por supuesto), la falta de atracción hacia la diferencia de sexos, transformada en homosexualidad con los años, es un enorme hándicap porque lo ata a una sexualidad pervertida (en el sentido propio) y potencialmente pecaminosa una vez que la avalizan la concupiscencia, la creencia (amorosa), la práctica, la voluntad individual. ¡ Ustedes deberían compadecer con todo su corazón por nosotros, hombres incapaces de acoger la diferencia de sexos y de ser felices en una relación de pareja, en vez de predecirnos un infierno y de enfocarse en la gravedad de nuestros actos ! Ustedes creyentes tendrían que ponerse en nuestro lugar (como trata de hacerlo torpemente el Papa Francisco pidiéndonos perdón), porque también resulta muy difícil oír que nuestra práctica amorosa homosexual es grave, abominable, intrínsecamente desordenada, pasible de infierno, cuando en realidad, por experiencia, no parece haber pérdida de la vida, violencia, egoísmo, gran desorden, ni siempre reivindicaciones políticas en nuestras uniones (por ejemplo, algunas « parejas » homos discretas y respetuosas tienen la decencia y la conciencia de no pedir la Unión Civil, el matrimonio, la adopción, la asistencia médica a la procreación, la maternidad subrogada, o los sacramentos religiosos a los cuales no tienen derecho). Peor que esto : es casi inaudible ver que mandan a las personas homosexuales activas al infierno cuando las uniones que a veces formamos están compuestas de dos hombres súper majos juntos y sociables con los demás, cariñosos, que se respaldan mutuamente en las pruebas (enfermedad, luto, paro, tristeza, exclusión, homofobia…) como en las alegrías (humor, complicidad, compromiso social, dedicación a los pobres, vida espiritual y religiosa, etc.). ¡ La factura que los neo-fariseos presentan contra los practicantes de la homosexualidad parece increíblemente elevada ! Entiendo que muchos de nosotros, personas homosexuales en « pareja » o deseosas de estarlo, o también amigos de parejas homos, dejen la Iglesia dando un portazo, que les entren ganas de practicar igual la homosexualidad dada la aparente desproporción del castigo divino que se les promete con respecto a lo que están experimentando y sintiendo. « ¿ Pero qué mal estamos haciendo ? De momento, por más que busque lo que no va en mi relación con Fulano, no veo. En realidad, ¡ es pura felicidad compartida, risas, placer, diálogos profundos, ternura, certeza de ser amado tal como somos ! Total, ¡ una gozada ! Es agradable. Y es la primera vez que me pasa. ¡ Simplemente, no veo qué tiene de malo lo que vivimos ! No somos nosotros los pervertidos. ¡ La perversidad sólo está en los ojos de los que nos desean perversos ! » Por cierto, se tiene que matizar este tipo de discurso. Porque de hecho, la realidad de la « pareja » homosexual, incluso estable, es mucho menos idílica con el tiempo, y se compone de una superposición progresiva de capas de pecados que, en definitiva, se vuelven una carga gravemente pesada. Y es cierto, el hecho de « sentirse bien o mucho mejor » no significa que no estemos pecando. Sin embargo, en nombre de los numerosos espejismos de bienestar y de « amor » euforizante que a veces nos entrañan cuando practicamos la homosexualidad, PIEDAD, joder. ¡ PIEDAD ! ¡ Porque en el momento de su muerte, nuestro desánimo de ser amados por Dios podría volverse contra ustedes en pecado mortal ! « Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. » (Juan 8, 7)

La naturaleza grave y pecaminosa de la práctica homosexual, aunque esté escrita con todas sus letras en la Biblia (bueno… eso aún está por ver, porque tan sólo se trata de sodomía, de pederastia, pero no de homosexualidad ni de las « parejas » estables), no pertenece al campo de la evidencia. Por ejemplo, cuando yo me enamoro de un hombre del cual ya sé muy bien que tengo que alejarme (no sucede todos los días, pero puede suceder), me doy cuenta de que mi resistencia cuelga de un hilo. Mis amigos católicos tratan de hacerme entrar en razón, con los mejores argumentos del mundo : « Sabes muy bien a dónde te llevará eso… » (y yo contesto : « ¡ Pues precisamente no ! Ni humanamente lo sé. ¡ Ni en el Cielo ! ¡ Y cuando le pregunto a la gente de Iglesia, apenas se posicionan y me envían a mis escritos ! ») ; « Saldrás con él. Vais a instalaros juntos. ¿ Y qué ? ¿ Para qué vida y con qué horizonte ? » (y yo respondo : « No lo sé. ¡ Pero esa no es razón para no experimentarlo ! ») ; « Pero todos los espejismos del amor homo, los has escrito y estudiado… » (y yo contesto : « ¿ Y qué ? Es muy probable que haya escrito muchas verdades pero a pesar de todo ensombrecido excesivamente el panorama, enfocándome sólo en la gran mayoría de las parejas que no funcionan. Mis escritos no son el Evangelio, que yo sepa. Y además, ni siquiera los apoyan los sacerdotes y el Papa. Por otra parte, el hecho de que yo sea casi mi única referencia demuestra que mis palabras no son tan justas. Normalmente, mi modelo debería ser la Iglesia y tendría que recibir la palabra de Verdad de su parte ¡ y no de mí mismo ! Si no, tal vez incluso me encuentro en una ilusión de obediencia… ») ; « ¿ Y la coherencia de tu recorrido ? » (y yo contesto : « ¡ Uno puede ser coherente en el error o en la estupidez ! ») ; « Ya lo sé. Es difícil. Es sobrehumano. Pero si te embarcas en esta historia con el tío ese, traicionarás de todos modos. Traicionarás tu condición masculina, traicionarás lo que escribes desde hace años, traicionarás a tus compañeros que todavía se enzarzan en esta pobre vida de mierda. » (y yo contesto : « ¿ Qué ? ¿ Traicionaría mi masculinidad ? ¡ Aquella homosexualidad se encuentra también en el Hombre, el verdadero ! Y luego traicionar lo que escribí, mientras que ni siquiera está apoyado y validado por los clérigos, ello significa que ¡ no es tan cierto y tan ajustado a la Iglesia ! La lealtad a mis escritos, no quiere decir nada : sólo los imbéciles no cambian de opinión o que son su propia referencia… ») ; « Bueno. Pero lo que has escrito sobre el tema es justo y necesario. No das testimonio de tu propio mensaje, sino del que te fue entregado por tu Padre. Los clérigos que dicen otra cosa que este mensaje traicionan a los que los escuchan y traicionan a su Maestro. Me dan lástima. » (y yo contesto : « ¿ Cómo sabes que eso me fue entregado por el Padre ? No hay nada para indicarlo. Hasta yo no puedo certificarlo. ¿ Cómo sabes que tengo razón y que no he sido demasiado duro en mis escritos ? Incluso el Papa no me confirma. ») ; « Porque las ovejas reconocen la voz del pastor. » (y yo contesto : « ¿ Quién te dijo que es la voz del pastor que he oído ? El Papa y los Cardenales no tienen esta voz que llevo. Ni siquiera Jesús ») ; « Conozco a mis ovejas y ellas me conocen. Cuando oigo la voz de otro, también lo noto. Puede suceder que siga la otra voz, por desgracia, pero incluso en estos casos, sé que no es la del pastor. » (y yo contesto : « Todo esto es puramente subjetivo (al menos sobre la homosexualidad y al discurso que se atribuye a la Iglesia, a Jesús e incluso a la Biblia, al respecto). El ‘Pastor’, la ‘Cruz’, el ‘plan de Dios’, la ‘Biblia’, ‘Dios’, a menudo es la voz de nuestro subconsciente, a la que solemos atribuir lo que nos da la gana ! ») ; « No. Es subjetivo y objetivo. No puramente subjetivo. » (y yo contesto : « He dicho ‘sobre la homosexualidad’. No me refería a la Biblia ni a la Palabra revelada en general… ») ; « Yo lo digo también para la homosexualidad. Hay una parte subjetiva y una parte objetiva. No somos ni animales guiados únicamente por su instinto ni ángeles que ya han recibido la plenitud de la revelación. » (y yo contesto : « Es verdad, somos hombres encarnados. Y yo, lo que vivo con Fulanito, te puedo asegurar que ¡ es toda una encarnación, y que aquella tiene un sabor celestial ! ») ; « No lo pongo en duda. Pero hay cosas que tienen buen gusto y que son malas. » (y yo contesto : « Y otras que son buenas. ») ; « Sí. Quizás esperes una forma de permiso de la Iglesia para salir con él. De hecho, la Iglesia no puede darte su bendición para decirte : ‘Adelante, puedes salir con él’. Por todos sus medios, Ella puede y debe ayudarte a que no lo hagas. Si, a pesar de todo, decides hacerlo, Ella puede y debe darte la misericordia y el perdón de Dios, si Se lo pides. Sé que es difícil. Lo sé realmente. No estoy diciendo aquí sólo ‘palabras piadosas’. » (y yo contesto : « No espero ningún permiso. Apenas una indulgencia. Un favor. Una derogación. O más bien una universalización de la condena por pecado mortal a todos los casos de heterosexualidad. ») ; « La indulgencia viene con el perdón después de que se perpetró un daño. Yo me atengo con el hecho de que uno sólo puede volver a casarse después de la disolución de su matrimonio. Por lo demás, no voy a cometer un mal justificándolo después por imprecisiones del Papa o por el comportamiento malo de numerosos clérigos. » (y yo contesto : Nada) ; etcétera. Este rea un extracto de las conversaciones apasionantes que tuve con mis verdaderos amigos que son verdaderos guardianes de mi alma. Pero incluso los mejores argumentos del mundo no logran borrar la complejidad de la tentación homosexual.

Cuando uno se ve atrapado en el torbellino de las pasiones y lo afectivo, es extremadamente difícil para él acoger el discurso sobre la gravedad/maldición respecto a la homosexualidad. Ya que en el acto, experimenta un bienestar embriagador y enloquecedor, una turbación agradable y « real », los efectos físicos de la excitación, de la sinceridad y de las fantasías, la fiebre de la ausencia del otro, incluso a veces la fuerza de los abrazos y de una amistad fuera de lo común. Como perfectamente dice la Biblia, cuando nos enamoramos homosexualmente, nos entusiasmamos, nos « abrasamos en deseos los unos por los otros ». La imagen del fuego de las pasiones cuadra perfectamente. Hay que tenerlo en cuenta cuando se corre el riesgo de hablar del Juicio Final reservado para una persona homosexual practicante (practicante en ambos sentidos de la palabra : homosexual y católicamente).

El otro problema importante – además del sentimiento y de la conciencia individuales – que se plantea a una persona que vive una homosexualidad activa, para que tome la medida de la gravedad del acto homosexual, dificultad que le ahorra una gran parte del rigor de su juicio por maldición eterna, es la ausencia de Verdad del discurso eclesial entorno a la práctica homosexual. La posición de la Iglesia acerca de la Salvación a propósito de la homosexualidad es muy poco difundida hoy en día, incluso por parte de los clérigos. Pese a que la homosexualidad activa plantee exactamente el mismo caso de conciencia que la cuestión del « sexo antes del matrimonio » o del celibato continente de las almas consagradas : los silencios eclesiásticos de ciertos sacerdotes que hacen creer que « los esfuerzos de los novios que aguantan su continencia serían vanos/anticuados », o que « la continencia sacerdotal es de geometría variable » son exasperantes. La Iglesia considera que el hecho de vivir en pareja fuera del matrimonio, más aún en « pareja » homosexual, es una falta mortal. Así que si hay pleno consentimiento y conocimiento pleno, ello resulta ser un pecado mortal. Algunos hombres de Iglesia son culpables de sus silencios o de sus incentivos a la banalización del pecado de adulterio, de concubinato, de homosexualidad.

Por lo tanto, esta condena del acto homosexual al infierno atañe a muchas más personas de lo que pensamos. Es un electrochoque mundial, eclesial. También tiene que ver con todas las parejas mujer-hombre que tienen relaciones amorosas fuera del matrimonio… o sea por lo menos la mitad de la Humanidad, por no decir casi toda la Humanidad. Porque incluso las personas casadas están lejos de su matrimonio. « Pocos matrimonios son válidos » soltó últimamente el Papa Francisco (¡ observación mordaz pero muy justa !). La situación de una persona que vive en « pareja » homosexual estable es, en mi opinión, la misma que si un amigo suyo, que era infeliz en su matrimonio, le anunciara que finalmente ha encontrado a otra mujer estupenda con quien rehace su vida y tiene hijos maravillosos. Aunque no haya obedecido a la Iglesia y que es muy probable que su matrimonio no sea reconocido como nulo, usted estará inevitablemente conmovido por su « humildad en la desobediencia », será tentado de relativizar su adulterio, y el matrimonio religioso en general. Muchos de ustedes, católicos y sacerdotes, prefieren verlo « feliz (en el adulterio) » que « infeliz por obediencia (en su solo, único y válido matrimonio) ». ¡ Es lógico !

Supongamos que en este momento estoy enamorado de un chico con el que todavía no he salido. Tengo la impresión de estar en la situación de este hombre infelizmente casado que finalmente se encuentra con la mujer de su vida pero que, por fidelidad al sacramento del matrimonio, no puede/no puede ser adulterio. Salvo que a diferencia de este hombre casado, además, yo no he hecho ningún voto de castidad o de fidelidad oficialmente reconocida por la Iglesia (La cual todavía no se ha pronunciado sobre la forma concreta de aquella castidad ; por lo tanto, no traiciono a nadie), yo no elegí ser homo (al contrario del matrimonio que es una elección ; por lo tanto, no traiciono a nadie), yo no puedo beneficiarme de una demanda por anulación de matrimonio (ni por anulación de homosexualidad ; por lo que no tengo ningún margen de error, a diferencia del hombre casado), y yo tengo como única barrera la palabra perentoria y poco clara de la Biblia sobre la homosexualidad (porque Jesús no habla de homosexualidad). Estupendo. Qué bárbaro. ¡ Les agradezco muchísimo !

En el caso de la homosexualidad activa, ni siquiera es sólo la no-conformidad al matrimonio que nos (personas homosexuales) coloca en posición de pecado mortal. ¡ Sino que ya es el simple hecho de salir juntas ! ¡ Nosotras, ni tenemos derecho a ligar, a los derrapes antes del matrimonio ! Ni siquiera tenemos el derecho, con nuestro « enamorado », a tocarnos, a besarnos en la boca, incluso cuando los sentimientos son correspondidos y que hay respeto mutuo. Aún cuando nuestra « unión » no tendría mucho que ver con las caricaturas de « parejas » homos libertinas y apagadas.

Frente a todas las parejas no-casadas, a los concubinos, a las parejitas católicas que se acostaron antes del matrimonio, a las parejas hombre-mujer infelizmente casadas que incluso se permiten los abusos en el marco del matrimonio, a los célibes consagrados que han elegido su condición, siento realmente que nosotras, las personas homosexuales, desde el momento en que practicamos nuestra homosexualidad, pagamos en la tierra (y quizás incluso en el Cielo) el alto precio por nuestros actos pecaminosos cuando todos los demás disfrutan terrestremente de la fachada de la diferencia sexual y del sacramento del perdón para practicar actos tan mortales como el nuestro ¡ y del cual se pueden lavar en la confesión ! Reconozcan que este desfase de tratamientos, ¡ resulta muy difícil de digerir !

Todo esto no excusa la gravedad de la homosexualidad activa. Pero demuestra que su gravedad debe ser universalizada/nivelada con la heterosexualidad, y que la gente de Iglesia tendría que nombrar el mal : la homosexualidad activa (no las personas homosexuales, ni siquiera activas), la heterosexualidad (no las parejas hombre-mujer que se aman), y el Islam (no lo musulmanes). Desgraciadamente, no lo hacen. No se atreven a exponer por un lado que el Islam es malo y satánico, que la práctica de la homosexualidad es mala y satánica, que la heterosexualidad es mala y satánica, y por otro lado que las personas musulmanas convertidas, las personas homosexuales continentes, las personas prostitutas y criminales arrepentidas, nos llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Este no-dicho, esta sofocación de la Buena Nueva, plantean un auténtico problema. La no-verbalización del mal y del pecado (= el hecho de no afirmar que el adulterio – y no las personas adúlteras o prostitutas – es satánico, que la práctica homosexual – y no las personas homosexuales incluso activas – es satánico, que Islam – y no las personas musulmanes – es satánico) es tanto un pecado mortal como el pecado mortal. « ¡ Pobre de mí si no proclamo el Evangelio ! » exclama san Pablo (1 Co 9, 16).

Por ejemplo, les remito a los pasajes de la exhortación papal Amoris Laetitia que dejan lugar a dudas en cuanto al hecho de que el adulterio es un pecado. Es exactamente lo mismo para la « pareja » homosexual, que algunos clérigos bien podrían clasificar (algunos ya lo hacen) en la categoría de las « situaciones de fragilidad que no se deben juzgar », de las uniones « imperfectas respecto al ideal completo del matrimonio, pero para acompañar y para respaldar igual », de las « configuraciones amorosas que no se deben nombrar, pero que reflejan una fidelidad probada, un don de sí generoso, un compromiso cristiano, la conciencia de la irregularidad de su propia situación y de una mayor dificultad para dar marcha atrás sin sentir en conciencia que se cometen nuevos errores (en el caso de los niños que están metidos en la estructura del pecado) ».

En cuanto a la homosexualidad activa, lo que más debería preocuparnos, es que la Iglesia oficial actual no se centra en absoluto sobre el acceso a los sacramentos. Tiende a sustituir el término « pecado » por el – más evasivo y menos alarmante – de « desorden ». También omite recordar que todos los que se encuentran en una situación llamada « irregular » han ingresado en una estructura de pecado mortal que los amenaza considerablemente de ser privados de la Gracia santificante del Cielo. La nueva enseñanza « doctrinal » en materia de la homosexualidad se podría resumir de este modo : en determinadas circunstancias (no-elección de su orientación sexual, conciencia de hacer el mal, reconocimiento de estar en una situación irregular, sinceridad y voluntad de seguir a Cristo a pesar de todo, fecundidad de la asistencia recíproca, no-proselitismo político, responsabilidad acerca de los niños « descendientes » de estas « parejas »…), la homosexualidad activa ya no sería un pecado. En resumidas cuentas, se difunde una mentira : que las personas que viven en la homosexualidad practicada no cometerían pecado grave permaneciendo en éste, que la naturaleza del acto homosexual intrínsecamente malo sería modulada y edulcorada por su circunstancia y su grado de conciencia. Se « disculpa » en nombre de la sinceridad y de la compasión. Se acalla la Verdad en nombre del acompañamiento y del no-juicio de las personas. Cuando en realidad la homosexualidad, incluso cumplida por buenos motivos y que produce beneficios reales, incluso que abarca a personas humanas para amar y que no tenemos que juzgar, sigue siendo pecado. Ni siquiera es posible argumentar que la unión homosexual « cumpliría, en parte, y por analogía, el ideal del amor conyugal o divina » (el famoso « Amor de amistad » llamado Philia en griego).
 

94 – ¿ Iré al infierno si soy homosexual ?

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San Alfonso María de Liguori, doctor de la Iglesia, no andaba por las ramas : « La mayoría de las almas van al infierno a causa de los pecados sexuales : lo que es más, no dudo en decir que los que se condenan van al infierno o bien por ese único pecado o al menos no sin éste. » (Teología Moral de San Alfonso María de Liguori, libro 3, n°413). También podemos leer con interés el sermón del Santo Cura de Ars sobre la impureza, que apunta en la misma dirección…

Para tener una respuesta adecuada sobre el riesgo de condenación por la práctica homosexual, y para no contar tonterías, me he dirigido a un sacerdote exorcista del Sur de Francia, quien me dijo lo siguiente : « La homosexualidad practicada no es un caso de condenación, no es un objeto de condenación. Es la falta de conversión, de arrepentimiento, como para el adulterio, que lleva a la condenación. En tal caso En tal caso, el alma está en estado de pecado mortal. Pero a parte de eso, la homosexualidad activa no es un pecado mortal. El único pecado mortal es apartarse voluntariamente de Jesús. Además, cabe destacar que hay pecados mucho más graves que la homosexualidad : el orgullo, el egoísmo, la alienación, la violencia, el escándalo que aferra a los más pequeños y los más débiles, la desesperación… : todo esto está por encima de la homosexualidad activa. Hay una gradación entre los pecados. Sin embargo todos pueden llevarnos a la condenación, pero todos no nos conducen sistemáticamente a ella. Una persona homosexual orgullosa irá a la condenación ; una persona homosexual humilde (que ha aceptado la soberanía de Dios) no irá. Al borde de la muerte, siempre hay una purificación posible, aunque uno esté en la práctica homosexual. Hasta la muerte la purificación es posible. Reconocerlo no es una excusa para no empezar desde ahora a no pecar. Un pecado sustancial que acarrea la condenación ipso facto, no existe como tal. Lo más importante, es la posición de la persona al final de su vida con respecto a su pecado. La gran pregunta es : ‘¿ Está Dios en primer lugar ?’ Es la actitud del alma en relación con el acto pecaminoso que convierte el pecado en irremisible o no. Siempre pecamos FRENTE A, EN RELACIÓN CON (por ejemplo, el pecado contra el Espíritu). El pecado no está en el acto en sí, sino en la respuesta de cada uno. Es el Rechazo de la Ley de Dios. Es la oposición a Jesús. Sabiendo que el pecado más grave, que no será perdonado, es el pecado contra el Espíritu. La homosexualidad se une a todos los casos de pecados sexuales. No es un pecado aparte. Es similar al adulterio. Para una persona homosexual, no hay ninguna otra perspectiva que la abstinencia, para librarse del pecado »

Nadie puede decir que alguien está en el infierno a causa de sus actos. Es la propia alma y justo antes de separarse de su cuerpo, la cual, al permitir que el amor de Jesús la ame o al rechazar (y ello, para siempre) este amor, decidirá su destino eterno. Lo cierto es que todos seremos juzgados, todos somos pecadores (¡ incluso los santos !), y el perdón nos estará siempre esperando. Más concretamente, si yo estoy enamorado de un hombre y me junto con él, a pesar de que sé que la situación no es ideal y que ello me priva de algunos sacramentos, y hasta de la Salvación, seré juzgado, pero no necesariamente condenado. Es difícil escribirlo, pero es verdad. Volvamos a leer la primera carta de san Juan : « en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todo. » (1 Juan 3, 20) La mayoría de las veces, las personas homosexuales no han escogido su tendencia sexual ; entre ellas están aquellos y aquellas que comparten nuestra fe y que están invitados a vivir la continencia, no siempre fácil de mantener. Para ellos, el Sacramento de la Reconciliación es una buena vía de sanación interior, aunque el camino sea difícil para llegar a una sexualidad apaciguada y a una castidad ofrecida, oblativa. Los que no comparten nuestra fe y que no saben que la Iglesia propone procesos interiores y sacramentales no son excluidos de la Salvación universal ofrecida por Cristo. La privación de la visión de Dios – que es el infierno – está destinada sólo a aquellos que pecan contra el Espíritu, nos dijo Cristo. Es decir, a aquellos que no reconocerán sus faltas objetivas y que se empeñarán en negar el perdón de Dios por aquellas. La homosexualidad activa en sí es un comportamiento que rechaza la alteridad, pues que rechaza a Dios, el Gran Otro por excelencia. Pero una vez muertos, frente a Él, siempre tendremos la oportunidad de arrepentirnos amargamente por nuestras malas acciones, de ser abrumados por la felicidad de ser amados a pesar de ellas, y tendremos la posibilidad de ser librados del pecado original, lo que nos permitirá elegir a Dios con plena libertad, porque Lo conoceremos. Aún así, mis palabras no son una incitación a la depravación. Porque también creo que según nuestras acciones y nuestro grado de conciencia del pecado, seremos en el mejor de los casos un dedal o una gran vasija al llegar arriba (nuestro punto en común, ¡ es que seremos todos desbordantes !), en el peor de los casos almas que sufrirán mucho.

Maria Simma, mística austriaca (1905-2004) conocida por sus entrevistas con almas del purgatorio que venían a visitarla, mencionó las consecuencias celestes de la práctica homosexual. Sus declaraciones son tan disuasorias como imponentes : « Las almas que practicaban perversiones, por ejemplo sexuales, no son perdidas, sino que tienen que sufrir mucho para purificarse. En todas las perversiones está presente la acción del Maligno. Especialmente en la homosexualidad. Aconsejo a las personas afectadas por la homosexualidad que recen mucho para obtener la fuerza de apartarse de ella. Hay que rezar especialmente al Arcángel San Miguel, porque es él por excelencia quien lucha contra el Maligno. Perdemos definitivamente nuestra alma y vamos al infierno cuando no queremos ir hacia Dios. Cuando decimos a sabiendas ‘¡ No quiero !’ Sólo van al infierno los que deciden ir. No es Dios quien manda al infierno. ¡ Muy al contrario ! »

Para explicarles humildemente lo que he entendido de la diferencia entre el pecado venial y el pecado mortal, o más bien de las consecuencias eternas y celestiales de éstos, descubrí ayer mismo durante la misa del domingo 24 de julio del 2016 una imagen sencilla : la de la puerta. En resumen, yo creo que Jesús nos dice que, para ser salvados y entrar en su Reino, tenemos que pasar por Él que es la Puerta y acoger su amor : « Llamen a la puerta y les abrirán. » (Lucas 11, 1-13) El que, en el momento de su muerte, tendrá la humildad para llamar a la puerta de Jesús (o de María, quien es, ella también y de otra manera, la « Puerta del Cielo »), reconociéndose como pecador, verá su pecado venial perdonado, y hasta el acto terrestre que le hubiera valido las consecuencias del pecado mortal convertirse en pecado venial y a continuación en Gracia excepcional. El Buen Ladrón crucificado junto a Jesús, que seguramente mató a gente, pero a quien, debido a que reconoce su pecado mortal y se dirige a Cristo implorando su piedad, se le promete un sitio con Él en el Paraíso, constituye una prueba vibrante. En otras palabras, no es primero la naturaleza del acto grave realizado sino más bien la relación de amor con Jesús que será evaluada y decisiva durante nuestro Juicio. ¡ Hay sacerdotes condenados, monjas condenadas, criminales salvados ! personas que practicaron su homosexualidad hasta su muerte y aparentemente sin pesares, quienes se encuentran en el purgatorio, o sea ¡ pronto en el Paraíso ! Estoy seguro de ello.

Sin embargo, distinguiría tres perfiles de almas que cometieron pecados veniales o mortales en la tierra (eso no es lo que importa, aunque la naturaleza del pecado cuenta, por supuesto), y que desgraciada y probablemente se exponen a retribuirse la condenación eterna :

1 – Las que, por orgullo, se negarán a considerarse pecadoras y a llamar a la puerta. « En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador ; Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo ; entrará y saldrá y encontrará pasto. » (Juan 10, 1-9)

2 – Las que entrarán a la fuerza en la sala de la boda, después de haber robado su insignia « Invitados de Jesús (muchos clérigos y personas que se presentan como « católicos »), pero que finalmente no habrán amado a Jesús en la tierra, que no habrán cumplido actos de amor y de Caridad, que no habrán blanqueado sus ropas en la Sangre del Cordero (la Cruz o la Puerta, es el mismo), que no habrán renunciado a sí mismas, que habrán ingresado el Paraíso por una escalera secreta sin pasar por la Puerta. « El Maestro dice a sus siervos : ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice : ‘Amigo, ¿ cómo has entrado aquí sin traje de boda ?’ El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes : ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera ; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.’ »

3 – Las que llamarán a la puerta demasiado tarde, pese a que estaban al tanto de la hora del cierre. « Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo : ‘¡ Señor, ábrenos !’ Y os responderá : ‘No sé de dónde sois.’ » (Lucas 13, 25) ; « No todo el que me diga : ‘¡ Señor, Señor !’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día : ‘Señor, Señor, ¿ no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros ?’ Y entonces les declararé : « ¡ Jamás os conocí ; apartaos de mí, agentes de iniquidad !’ Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca.’ » (Mateo 7, 21-24) En pocas palabras, las almas que no habrán amado (a Jesús) en la tierra (« En el atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor », nos dice san Juan de la Cruz). Habrá por parte de Cristo una clemencia y un tiempo de Misericordia elásticos, que nosotros, Humanos, no sospechamos, como lo explica el padre Pascal Ide para ilustrar la extensibilidad del Juicio Final : « Amigos suyos le invitan a comer. Para llegar a su casa, usted se encamina. Atraído por un sendero bucólico, se detiene, da un paseo… y llega tarde. También tiene la posibilidad de volver atrás y de no cumplir con la invitación ; esto es mucho más grave. En el primer caso, la falta sólo afecta la forma, es venial : en el segundo, le hace perder el objetivo : y este objetivo, es Dios mismo, quien es la Vida y quien da vida ; por eso se la llama ‘mortal’ a esta segunda falta. El pecado mortal priva al alma de la vida divina – no el pecado venial. » (Pascal Ide y Luc Adrian, Los 7 pecados capitales).

Para todas las almas distintas de las tres categorías a las que he tratado de pintar más arriba, o para las que habrán amado todo su vida, o para las que habrán amado in extremis (los famosos « obreros de la última hora »), ellas recibirán el mismo salario que los trabajadores de la primera hora, y la entrada en el Reino. Esto no significa que las obras terrestres no contarán ni que sólo su fe pesará, como se lo imaginan los protestantes. Pero será su relación a sus actos, por muy graves que sean, así como su humildad para reconocerlos como malos, su humildad para llamar a la puerta de Cristo y para reconocerlo como su Salvador, quienes las salvarán. « Jesús les dijo : ‘En verdad se lo digo : en el camino al Reino de los Cielos, los publicanos y las prostitutas andan mejor que ustedes. Porque Juan el Bautista vino a abrirles el camino derecho, y ustedes no le creyeron, mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron. Ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le creyeron. […] Jesús agregó : ‘¿ No han leído cierta Escritura ? Dice así : La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio ; ésa fue la obra del Señor y nos dejó maravillados.’ Ahora yo les digo a ustedes : ‘Se les quitará el Reino de los Cielos, y será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.’ » (Mateo 21, 32, 42-43)

Por un lado, Dios nos toma lo suficiente en serio como para juzgar nuestras acciones, por otro, la Salvación se nos ofrece por Gracia y no depende tanto de nuestros méritos o nuestras acciones (… o incluso de una justicia « lógica y humana » que retribuiría a estos últimos) como de nuestra relación con estas acciones y con Jesús. La regla es la misma para todos : siempre hay una posibilidad de perdón, incluso para los peores crímenes del mundo. En cuanto a las estructuras de pecado (concubinato, homosexualidad activa, adicciones, crímenes, etc.), para obtener el perdón, hace falta al menos una actitud de humildad : « Dios mío, es verdad, he elegido el pecado contra Usted por flaqueza y nada sino Su Santa Misericordia justifica mi elección. » En vez del orgullito mediocre de la excusa, del determinismo, del contexto, etc., que niega el mal en bloque. El problema no es tanto ser un pecador y pecar sino reconocerse como pecador y hacerlo todo para no pecar – lo que, en el absoluto, nos resulta imposible.

La elección del infierno es efectiva desde el momento de la muerte. La elección del Paraíso, también, es instantánea. ¡ No hay recuperaciones ! ¡ Hay que saberlo ! Sin embargo, una vez adoptada esta decisión irrevocable, la entrada en el Paraíso, por su parte, puede ser más progresiva y « larga ». La libertad de elección entre el infierno o el Paraíso se efectúa en nuestra vida porque procede de la fe (implícita o explícita). No hay ninguna opción final después de la muerte. En otras palabras, no hay segunda oportunidad. Y el purgatorio no es una « segunda oportunidad » : las personas que van al purgatorio ya han elegido el Cielo durante su vida terrestre… incluso si su alma necesitará una purificación antes de entrar en la Bienaventuranza completa. En la muerte, el alma humana ya no puede escoger. La Salvación se ofrece a todos, pero es mi respuesta libre en el momento de mi paso hacia la muerte que me dispone a acogerLa, o por el contrario a « condenarme inmediatamente para siempre » (CEC § 1022). Si no invoco el perdón de Cristo y Lo rechazo en el momento de la agonía/de la muerte, seré privado del purgatorio y/o dal Cielo. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal se bajan inmediatamente después de la muerte al infierno. ¡ Quedémonos con estas palabras !

Después de nuestra muerte, no podemos cambiar lo que hicimos. Porque Todo está al descubierto. El único margen de « actuación » que nos queda una vez que nuestra alma se ha separado de nuestro cuerpo, es que podemos sea aceptar y expiar nuestras faltas/pecados terrestres, sea por orgullo negarnos a expiar nuestros errores/pecados. Ya no podremos amar : ¡ Nuestro único amor será Cristo ! Nuestra única decisión o amor, será aceptar de ser amado (o no), de amar como Dios nos ama (o no). Y el pecado contra el Espíritu, el que no será perdonado, es éste : como ha escrito con razón el padre Jean-Michel Garrigues, « no somos condenados porque nos hemos negado a amar, de lo contrario lo seríamos todos. Somos condenados porque nos hemos negado a ser amados. Esto es el pecado contra el Espíritu ». Jesús nos pone ante la Verdad de nuestra vida y de lo que hemos hecho en la tierra. Después del instante de nuestra muerte, no somos libres y no tenemos ningún poder de decisión y de acción : tan sólo un poder de recepción de amor, es decir de consentimiento o de renuncia : durante este cara a cara con Jesús y con nuestro Libro de Vida, Jesús concede a veces su Misericordia y nos permite, si aceptamos recibir su amor, que ingresemos al purgatorio y a su Reino. Por otra parte, en el purgatorio, los grandes religiosos dotados de carismas se ponen de acuerdo para asegurar que hay tres principales « grados » o « espacios » de recepción para las almas que habían decidido en la tierra de unirse a Dios : 1) El Gran Purgatorio, donde suelen ir por lo general todos los grandes pecadores, los que hubieran tenido que ser condenados sin la intervención de la Misericordia de Dios que les permite que se conviertan a sus últimos momentos, los que no han podido « reparar » un poco los desórdenes de su vida ya en esta tierra… ¡ En este Gran Purgatorio, ningún favor de oraciones, ningún voto o ninguna misa pueden llegar hasta ellos !… Sólo la gran Misericordia los saca de aquí, ¡ cuando Dios lo considera justo ! 2) ¡ En el segundo purgatorio, llegadas a esta etapa, las almas se benefician de misas y de oraciones celebradas en su honor, para aliviarlas y liberarlas ! 3) El Purgatorio de espera, tercera etapa de purificación, las almas ya no aguantan el dolor del fuego, sino que están en una paz que tortura sólo su intenso anhelo de ver a Dios mientras que siguen siendo alejadas de Él.

En la tierra, expresar sus pecados (a un sacerdote en una confesión), ya es ser perdonado. No expresar y no reconocer sus pecados (y después de la muerte, no ser capaz de oírlos de la boca de Jesús), eso es lo que podríamos llamar el « pecado contra el Espíritu ». El verdadero pecado no es cometer el mal sino más bien el hecho de no reconocerlo. El pecado mortal, es un pecado que pone en peligro mi vida espiritual : rechazo la Palabra de Dios. La invocación o la contrición del que se sabe pecador son más importantes para Jesús que la de « Señor Perfecto » que se cree impecable y autónomo, y que por lo tanto se arriesga a la condenación eterna.

Para terminar este capítulo – objetivamente angustioso – con una nota positiva y de Esperanza que sólo puede alentarnos a creer en el Amor de Dios por cada persona humana (incluyendo a la persona homosexual voluntariamente activa en la homosexualidad) y en la promesa de Salvación para esa misma persona, destacaría un par de pistas soleadas.

Primero, respecto a la condenación de Sodoma contada en en el Génesis, ciudad donde la actividad homo-bisexual estaba en su apogeo (hoy, podríamos encontrar el análogo con San Francisco, en Estados Unidos), cualquier persona homosexual que me lee debería sentirse involucrada, mediante su mortificación y el sacrificio de su homosexualidad a la continencia, en la Salvación de sus otros hermanos homosexuales. Sólo hacen falta diez de nosotros (¡ cifra genésica simbólica que indica aquí una pequeña minoría !) para invertir esta tendencia. ¡ Venga, nos empujamos unos a otros ! « Marcharon desde allí aquellos individuos camino de Sodoma, en tanto que Abraham permanecía parado delante de Yahveh. Abordóle Abraham y dijo : ‘¿ Así que vas a borrar al justo con el malvado ? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿ Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro ? Tú no puedes hacer tal cosa : dejar morir al justo con el malvado, y que corran parejas el uno con el otro. Tú no puedes. El juez de toda la tierra ¿ va a fallar una injusticia ?’ Dijo Yahveh : ‘Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos en la ciudad perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos.’ Replicó Abraham : ‘¡ Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza ! Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿ Destruirías por los cinco a toda la ciudad ?’ Dijo : ‘No la destruiré, si encuentro allí a 45.’ Insistió todavía : ‘Supón que se encuentran allí cuarenta.’ Respondió : ‘Tampoco lo haría, en atención de esos cuarenta.’ Insistió : ‘No se enfade mi Señor si le digo : ‘Tal vez se encuentren allí treinta.’ Respondió : ‘No lo haré si encuentro allí a esos treinta.’ Díjole : ‘¡ Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor ! ¿ Y si se hallaren allí veinte ?’ Respondió : ‘Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.’ Insistió : ‘Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez : ‘¿ Y si se encuentran allí diez ?’ Dijo : ‘Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez.’ » (Génesis 18, 20-32) Tengamos las santas narices y la insistencia educada de Abraham. Quién sabe, tal vez nuestra pureza ablande a Jesús.

Luego, ¿ cómo evitar la condenación (y esta pregunta se aplica tanto a las personas homosexuales activas como a las personas no-homosexuales) ? Entrenándose a la vida interior. El que habrá tenido una intimidad con Cristo y la Virgen María durante toda su vida terrestre se ha preparado para formular su gran « Sí » a Jesús al borde de su muerte, y es probable que no será condenado. El padre francés François Labadens nos explica muy bien que « es a lo largo de la vida cuando nuestra libertad se puede expresar. A partir de nuestra muerte, esta libertad se mantiene en su última determinación. Señalemos que una vida en la que el hombre desea vivir de la Misericordia de Dios tendrá la buena costumbre (la virtud) para decantarse por Dios también a la hora de su muerte. Resulta más complicado para el que retuvo la Misericordia de Dios en cada momento de su vida. Más complicado, pero no imposible : ‘Entre el parapeto del puente y el arroyo, hay tiempo para una conversión’, recordaba el santo Cura de Ars a una mujer que se preocupaba por la Salvación del alma de su marido que se había echado mortalmente desde un puente. Y el ‘Ave María’ acaba con ‘Ora por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte’… Así que no estamos solos en el combate final de nuestra vida terrestre. »

Por otra parte, san Luis-María Grignion de Montfort (1673-1716) decía que el que reza todos los días a María no puede condenarse. Dom Juan Bautista Chautard, por su parte, insiste en su libro El Alma de todo apostolado para decir que « nuestra vida en el Cielo será a la imagen de nuestra vida de oración ». Realmente tenemos que considerar nuestra estancia en la tierra como un entrenamiento para acostumbrarnos a dejar a Jesús que entre en nosotros : « Los que rezan hacen más por el mundo que los que combaten, y si el mundo va de mal en peor, es que hay más batallas que oración. » Creo que no hace falta ni decir… La oración es el aceite de nuestras lámparas que nos permitirá, en el momento del Juicio Final, no ser atrapados (a diferencia de las cinco vírgenes insensatas de la parábola, sin embargo advertidas de la amenaza de la condenación : Mateo 25, 1-13). Ahora con respecto a las remisiones de pena post mortem, si bien es cierto que las personas que murieron en (estado de) pecado mortal y que no pudieron/quisieron reparar sus daños durante su vida (mujer quien abortó, hombre quien robó mucho a los pobres o mató a gente, persona quien se suicidó, etc.) ya no pueden actuar en el Cielo, sin embargo, nosotros, los seres humanos aún libres de actuar por nuestra Salvación, gracias a la Comunión de los Santos, somos capaces de tener una acción práctica sobre nuestros propios pecados (la Confesión, la Comunión Eucarística, los actos de Caridad, la indulgencia plenaria durante un Año Santo…) y una acción retroactiva de los pecados mortales pasados de los demás. El padre Verlinde cita a Santo Tomás de Aquino sobre este tema, haciendo hincapié en la virtud de Esperanza : « Podemos esperar por otro la vida eterna. » Y las almas de los difuntos que Cristo habrá rescatado milagrosamente podrán interceder por nosotros una vez que surja nuestra muerte, en el sentido de « atestiguar ». Por lo tanto, la oración terrestre por las almas del purgatorio es fundamental ; tenemos que aprovechar este Año de la Misericordia (fecha límite : noviembre del 2016) para pedir indulgencias plenarias por tal o cual persona fallecida de la cual sabemos que no murió en paz ni en olor de santidad. ¡ Las personas homosexuales en primera línea ! Incluyendo aquellas que murieron en la década de los 80. Parar Dios, mil años son como un día.

Por lo tanto, para las personas homosexuales que me leen, también es urgente, si nos encontramos en una situación de gran tentación amorosa, o si estamos todavía en la práctica homosexual (es decir, en « pareja »), darnos cuenta de la gravedad de nuestro pecado, y empeñarnos en la preparación de nuestro Cielo en lugar de centrarnos en los placeres terrestres muy amargos y efímeros. El sacrificio o la revolución copernicana que se nos pide para esta anticipación celeste puede parecernos insuperable. Pero agarrémonos a la promesa de Salvación de Cristo : « Yo os aseguro : nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno : ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. » (Marcos 10, 28-30) Yo añadiría : « … ¡ y haya dejado a un novio, a un flechazo, a un polvo o un plan sexual/ternura ! »

Último consejo. El peligro de hacer de la obediencia a Jesús un ídolo que oculta incluso a Jesús mismo es grande para nosotros los católicos. Cuidado de no hacer de la obediencia, de la fidelidad, de la Verdad, de la pureza, el ídolo que esconde el objeto (o más bien al Ser) de esta obediencia, fidelidad, Verdad y pureza : Jesús. Compruebo que algunos católicos, por temor al relativismo ambiental, a la permisividad generalizada, por temor a una Misericordia malinterpretada y a la recuperación de la palabra « amor » que sirve para todo, en suma por temor a Dios y por falta de fe, pero también por deseo de hacer demasiado bien, caen en el fariseísmo intransigente que ubica la fidelidad a Jesús, la Ley de Jesús, la obediencia a Jesús, la Verdad de Jesús, muy por encima de Jesús mismo, las palabras y los hechos muy por encima de las personas, la Justicia muy por encima de la Misericordia, la naturaleza del pecado mortal muy por encima de lo que Jesús y el pecador pueden hacer. Para ellos, acto de pecado mortal terrestre = condenación inmediata en la hora de la muerte ; pecado mortal con contrición = pecado mortal sin contrición. Reducen a la persona a lo que hizo, y consideran sus circunstancias atenuantes o contradicciones como malas excusas, mala fe, y pruebas de su insospechable perversidad. Ellos tienen como guía el miedo, y no la confianza. Y muy a menudo en su mente, estar tentado y caer en la tentación son sinónimos. Ellos juzgan con dureza a las personas imaginándose que dejan humildemente a Jesús hablar a través de ellos, valiéndose de Él y creyéndose muy rectos, muy valientes (por haber advertido a sus hermanos), muy obedientes, muy guardianes de la Santa Doctrina, muy ortodoxos, muy papales (¡ más que el Papa !), muy perseguidos y muy mártires en su intransigencia. Se han olvidado de Jesús-Amor, olvidado de que Él anunció que algunos criminales, prostitutas y muchos pecadores, van por delante de nosotros en el Cielo, se han olvidado de que Jesús quiso « Misericordia, que no sacrificio » (Mateo 9, 13), de que declaró que no seremos juzgados ni al mérito ni por nuestras acciones pero por el amor que hemos depositado en Él, aunque Él también insistió para decir que el que obedece y guarda fielmente sus Mandamientos, y los pone por obra Lo ama verdaderamente y es solo salvado.

Como lo señala con toda la razón una amiga, « el único pecado que separa totalmente de Dios, es el orgullo. ¿ Nuestras debilidades, nuestros pulsiones, nuestras caídas… ? Jesús dio su vida por todo aquello. ¿ Por qué ceder a los impulsos homosexuales sería un pecado más ‘mortal’ que el adulterio o el asesinato ? David, o el buen ladrón, no se han ‘condenado’. » Espero que mis palabras alumbren a una gran cantidad de personas homosexuales preocupadas por su situación, a menudo ansiosas por seguir a Cristo pero que aún no están en regla. Su preocupación va mucho más allá del simple hecho de obtener el derecho a tal sacramento o no, o de estar privadas del bautismo, de la confesión y de la Eucaristía : es la de su Salvación eterna. Algunas están convencidas de ir al infierno. Entonces, sí, hay que decirlo : no es la práctica homo la que lleva al infierno, aún cuando siga siendo un pecado mortal, grave, que amenaza del infierno y las expone seriamente a ello.
 

95 – ¿ Seré perdido si practico la homosexualidad ?

No le voy a mentir. El riesgo es real. La homosexualidad forma parte de las tentaciones que los demonios tienden a nuestra alma el día de nuestra muerte, en uno de los « peajes aéreos » – también llamados « telonías » en términos técnicos – hacia el purgatorio. Aconsejo a usted que escuche la conferencia (en francés) del Padre Verlinde, titulado « La hora del combate espiritual » al respecto. Los padres de la Iglesia nos advierten contra las consecuencias celestiales y eternas de nuestra práctica homosexual terrestre. Algunas personas a quienes mantuvieron gracias a los avances técnicos en muerte clínica y quienes fueron a las puertas del purgatorio, han visto acá el infierno y además confirman el sitio infernal de la homosexualidad en la lista de las causas de la caída eterna.

Eso, es la cara preocupante y angustiosa de la homosexualidad. Y es fundamental ser consciente de ella y advertir a las almas terrestres que no la conocen. Pero es más fructífero y convincente, en mi opinión, recordar después que la recepción del sacramento de la reconciliación borra nuestros pecados terrestres sobre nuestro Libro de Vida del purgatorio. Además, me doy cuenta, en mis conversaciones con mis amigos homosexuales creyentes, e incluso con amantes potenciales, cuánto la mera referencia a la otra vida, al purgatorio, a la Vida después de la muerte, a la Salvación eterna, nos ayuda a descentrarnos, a proyectarnos, a volver a la tierra, a hacernos responsables, a concienciarnos del impacto de nuestras acciones en el largo plazo, a calmar nuestra fiebre del momento. Por ejemplo, frente a alguien que nos gusta homosexualmente y a quien gustamos, a menudo estamos demasiado perturbados en el momento para ser capaces de pensar, de querer o de reaccionar lo mejor posible. Cuanto más la atracción es recíproca, más difícil es el combate para no besarse, para contenerse, para permanecer en la continencia, para no hacerse ilusiones en « pareja ». Pero cuando nos planteamos juntos la cuestión de la Salvación, no como una espada de Damocles encima de nuestras cabezas ni como una chantaje espiritual culpabilizador, sino más bien como un regalo de Eternidad que anhelamos por el otro, una nueva fuerza calurosa de retención se puede manifestar en nosotros. El mensaje de amistad fraterna tiene más posibilidades de llegar al corazón de nuestro amigo homo cuando le decimos « No saldré contigo porque tu Salvación tiene valor para mí. No quiero que nos perdamos y que tu alma no acceda a la Eternidad a causa de mí » que cuando nos hacemos la Diva perturbada, la virgen asustada atormentada por sus propias contradicciones internas (¡ y sobre todo que sueña con sucumbir a ellas !). Realmente creo que frente a las tentaciones concretas, nosotras, personas homosexuales católicas, tenemos que volver a incorporar toda una pedagogía de Salvación. Aquella nos puede ayudar muchísimo.
 

96 – El diablo, Dios … ¿ todo eso puede tener sentido para las personas homosexuales ?

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¡ Mucho más de lo que usted piensa ! Las personas homosexuales, a través de su deseo homosexual y a veces de su práctica amorosa y genital, suelen estar en la primera línea de vanguardia en el conocimiento de Dios (el deseo homosexual es el signo de una vocación temprana para el Reino sin sexuación y sin matrimonio humano) y en el conocimiento del diablo (ya que la práctica homosexual, al igual que la práctica demoníaca, expulsa la diferencia de sexos y nos enfrenta entonces cara a cara con Satanás). ¡ No exagero ! No son pocos, los amigos homosexuales que me contaron en voz baja su estancia en las saunas y las bacanales oscuras de los establecimientos de sexo o de SM homosexuales : incluso antes de su conversión al catolicismo, ya durante sus retozos sexuales con desconocidos ellos distinguían sombras inquietantes que rondaban a su alrededor. ¡ Esos fenónemos paranormales hasta los asustaron ! ¡ Como si su conciencia de actuar mal no los dejara en paz ! Y muchísimas personas homosexuales, especialmente las que proclaman a los cuatro vientos que no creen en Dios ni el diablo, son extremadamente supersticiosas, se creen Dios o el diablo, y describen su(s) amante(s) como el demonio en persona, incluso en sus propias obras artísticas que se proponen de valorar y de banalizar el « amor » homo.

Es un craso error pensar por un lado que las personas homosexuales rechazarían/ignorarían lo sobrenatural porque se pretenden ateas o anti-Iglesia-Institución ; por otro lado, que los demonios no tendrían fe : los demonios saben perfectamente que Dios, Jesús y el Espíritu Santo existen, y quién es Lucifer ; la diferencia es que han decidido no amarlos. Por lo tanto, la gente está equivocada si se imagina que nosotras, las personas homosexuales, no somos receptivas a la evangelización, o impenetrables a todo discurso trascendental. La realidad del combate espiritual entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, ¡ la conocemos casi desde la cuna ! No es una lengua extranjera para nosotras.
 

97 – ¿ Por qué Dios permitió que yo sea homosexual ? o que algunos sean permanentemente homosexuales ?

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Dios no es el autor del mal, aunque Él creó a los ángeles quienes, libremente, y para un tercio de ellos, Le engañaron y se hicieron definitivamente demoníacos. Lo mismo ocurre con las heridas y los males humanos. No es culpa suya. Sólo su Amor permite que el mal exista. Pero Él no lo crea. El misterio del silencio, de la discreción y del aparente no intervencionismo de Dios frente al pecado y a los signos de pecados en la vida de los Hombres está relacionado con un misterio de libertad y de Amor. San Pablo lo llama el « misterio de la iniquidad » (2 Tesalonicenses 2, 7-8). Si Dios sanara directamente a todos, si hubiera dejado evidente su existencia, si hubiera quitado a los seres humanos su capacidad de pecar y si los hubiera librado de todo mal, estos últimos no serían libres ni amados por Él, ya no serían partes interesadas con Él en Su victorioso combate contra el mal. Por lo tanto, Dios no ha querido que las personas homosexuales sean homosexuales, es decir poseídas por un miedo a la diferencia de sexos, diferencia buena que Él creó para ellas. Sin embargo, si acepta que aquel miedo a la diferencia sexual sumerja a algunas personas a veces durante una vida entera en la tierra, es por un lado para dejar a las personas atenazadas por la homosexualidad la iniciativa personal de combatirla, y por otra parte para que algunas de ellas hagan la experiencia alegre e inesperada de la liberación espectacular que Él va a cumplir en ellas. Lo que sí sé (ya que Él nos lo dijo por Jesús), es que si Dios permite que el mal actúe o perdure en la vida de los hombres, aún así nunca nos hace sufrir más de lo que podemos aguantar, y Él pedirá muy poco a los que fueron muy probados en la tierra o que no han elegido los males que tienen que soportar (Lucas 12, 48). Por ejemplo, cuando los fariseos le preguntan a Jesús por qué al ciego de nacimiento le tocó un mal/un hándicap que no ha elegido, Jesús contesta que este mal impuesto es una herencia de pecado y no un pecado (sólo el pecado presupone una voluntad), y que la herencia de pecado que es la discapacidad física (pero se puede también hacer la analogía con la orientación homosexual) es permitida y hecha presente « para que las obras de Dios se manifiesten en la persona » (Juan 9, 2) que Él va a curar (o no, en un tiempo humano).
 

98 – ¿ Tiene algunos buenos consejos de lectura acerca de la homosexualidad ? ¿ Qué películas sobre la homosexualidad no se pueden perder ?

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Sí. Recomiendo por un lado las obras de Xavier Lacroix (L’Amour du semblable, El Amor del Semejante), del padre Xavier Thévenot (Mon fils est homosexuel, Mi hijo es homosexual), del padre Tony Anatrella (Le Règne de Narcisse, El Reino de Narciso) y de la hermana Sor Véronique Margron, por otro los escritos que hablan de alguna manera de homosexualidad, sea porque fueron redactados por una persona homosexual, sea porque pretenden tratar del tema y en general justificarlo. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista de la Verdad (no hablo desde el punto de vista del gusto personal ni de la comodidad de lectura), no hay obras malas : sólo hay maneras malas (o buenas) de leerlas. Cada libro es interesante, hasta las novelas baratas, a partir del momento en que sabemos cosechar lo mejor de este (incluso la estupidez, la chorrada, la violencia o la mentira, dan testimonio por su debilidad, y en negativo, de lo bello y de lo verdadero). Tan es así cuando el libro en cuestión tiene la pretensión de justificar una utopía como la « identidad » homo o el « amor » homo… porque cuanto más un libro es ideológico o impregnado de fantasías, más el retorno del inconsciente reprimido es precisamente legible y sobrepasa a su autor (incluso un autor intelectual honesto y dotado de un innegable talento de cuentista).

Por eso encuentro todos los libros sobre la homosexualidad interesantes, significativos, dignos de interés, apasionantes, y trato de hojear todo lo que cae en mis manos. Desde el momento en que se trata de homosexualidad, ¡ yo soy un hombre feliz ! Sin embargo, si usted me pide de jerarquizarlos por escala de preferencia, he aprendido mucho leyendo, por ejemplo, El Beso de la Mujer-Araña de Manuel Puig, La Invención de la Heterosexualidad de Jonathan Katz, El Amor casi perfecto de Cathy Bernheim, Al amigo que no me salvó la vida de Hervé Guibert, Rosa y Negro de Frédéric Martel, La Mala Vida de Frédéric Mitterrand, Género equivocado y La Vida dura de Paula Dumont, Acabar con Eddy Bellegueule de Édouard Louis, La Desobediencia de Naomi Alderman, La Niña en las escaleras de Louise Welsh, Eva Perón de Copi, El Corazón dividido de Michel Tremblay, El Histericón de Christophe Bigot, Ricos, crueles y maquillados de Hervé Claude, La Mirona prohibida de Nina Bouraoui, Una Melancolía árabe de Abdellah Taïa, El Arroyo de los monos de Jean-Claude Brialy, Mi Teatro en cuerpo y alma de Denis Daniel, Impotens Deus de Michel Bellin, Un Chico de Italia de Philippe Besson, Alegría parisina de Benoît Duteurtre, Diario del ladrón de Jean Genet, Los Falsificadores de André Gide, El Pozo de la Soledad de Marguerite Radclyffe Hall, Matilda, me encontré con ella en un tren de Cy Jung, Confesiones de una Máscara de Yukio Mishima, El Amante de mi padre de Albert Russo, etc.

Ahora respecto a las películas y los documentales, vería de nuevo con mucho gusto « Los Chicos de la banda » de William Friedkin, « Reflejos de un ojo dorado » de John Huston, « El Hombre herido » de Patrice Chéreau, « La Gata con dos cabezas » de Jacques Nolot, « Tesis » de Alejandro Amenábar, « De repente el verano » de Joseph Mankiewicz, « Azul, blanco, rosa » de Yves Jeuland, « Chica Calendario Obsesión » de Olivier Megaton, « The Celluloïd Closet » de Rob Epstein et Jeffrey Friedman, « C.R.A.Z.Y. » de Jean-Marc Vallée, « Extraños en un tren » de Alfred Hitchcock, « Krámpack » de Cesc Gay, « La Mala Educación » de Pedro Almodóvar, « Nuestras vidas felices » de Jacques Maillot, « Guillaume y los chicos, ¡ a la mesa ! » de Guillaume Gallienne, « Cabaret » de Bob Fosse, « Tengo algo que deciros » de Ferzan Ozpetek, « Orfeo » de Jean Cocteau, « Los Chicos terribles » de Jean-Pierre Melville, « Ocho Mujeres » de François Ozon, « Todos están locas » de Gabriel Aghion, « The Rocky Horror Show » de Jim Sharman, « Los Juncos salvajes » de André Téchiné, « Rosa la Rosa : Prostituta » de Paul Vecchiali, « Salò o los 120 días de Sodoma » y « Teorema » de Pier Paolo Pasolini, « Obsesión » de Luchino Visconti, « Trilogía en Nueva York » de Paul Bogart, « Un Tranvía llamado Deseo » de Elia Kazan, « Victor Victoria » de Blake Edwards, « La mejor manera de caminar » de Claude Miller, « The Imitation Game » de Morten Tyldum, etc.

Confieso que las películas más provechosas para formarse de manera eficaz sobre la homosexualidad, para protegerse contra la propaganda gay friendly y darse cuenta del engaño del « amor » homo, son paradójicamente las que son más desestabilizadoras para nosotros (incluso para las personas no homosexuales), las más verosímiles (pero no realistas), hermosas, apenas caricaturescas, total, las que dan verdaderamente ganas de enamorarse homosexualmente (o al menos de creer en ello para los demás). Pienso por ejemplo en las películas « No quiero volver solito » de Daniel Ribeiro, « Broderskab » de Nicolo Donato, « Sólo una cuestión de amor » de Christian Faure, « Pride » de Mateo Warchus, « Brokeback Mountain » de Ang Lee, « Jongens » de Mischa Camp, « Desambiguación » de Andrew Haigh, « Contracorriente » de Javier Fuentes-León, « Carol » de Todd Haynes, « Love Is Strange » de Ira Sachs, « Elena » de Nicole Conn, « La Burbuja » de Eytan Fox, etc. Aunque su visionado nos pone a casi todos en peligro en el momento, nos hará más fuertes. Porque quien puede resistir al chantaje emocional de la comedia romántica/dramática pro-gay será luego prácticamente inquebrantable cuando se presente la verdadera tentación homosexual. Es triste decirlo, pero a menudo, los seres humanos caen en la práctica homosexual sólo a causa de un cine bien hecho. Y hoy, los cineastas tienen los medios para naturalizar/sentimentalizar de manera convincente y burguesa-bohemia sus fantasías sentimentales más irrealistas y más brutales.
 
 

CAPÍTULO V – EL POSICIONAMIENTO DE LA IGLESIA-INSTITUCIÓN AL RESPECTO DE LA HOMOSEXUALIDAD :

 

99 – Bajo la Inquisición, me parece que la Iglesia quemó a sodomitas, ¿ no ?

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A finales de la Edad Media, la Inquisición (1231-1834) fue precisamente un tribunal creado por los pobres y los delincuentes pudieran gozar de una cobertura legal menos arbitraria y menos sanguinaria que la justicia civil (señorial). Es una obra de Caridad que aspiraba a que las penas después de los delitos (llamados « herejías », con respecto a Dios) sean sometidas a reglas, justificadas por una investigación (traducción de la palabra latina inquisitio), templadas por la perspectiva de la contrición y de la reparación, e incluso a menudo declaradas nulas. Por eso no es nada casual que la dirección de este tribunal haya sido encomendada a las órdenes mendicantes : sobre todo los Dominicos y un poco los Franciscanos. Por lo que la Inquisición no es la maquina de persecuciones, de torturas y de ejecuciones en masa, retratada por los anticlericales de la época postmoderna : « Pese a la imaginería tradicional difundida por los protestantes ingleses y los filósofos franceses que hicieron de la Inquisición española un horror absoluto, recordamos que sus víctimas se cuentan por unos pocos miles en un período de tres siglos… » (el historiador Jean Sévillia) ; « La Revolución Francesa causó más muertos en un mes en nombre del ateísmo que la Inquisición en nombre de Dios durante toda la Edad Media y en toda Europa… » (Pierre Chaunu) Se registran, en el período más activo de la Inquisición (porque en realidad, hubo très inquisiciones : la Inquisición medieval, española y romana) muy pocas torturas. Y raras fueron las penas capitales.

Después de haber estudiado a fondo la Inquisición durante mi año de preparación para el concurso de profesor de español en Francia (tema impuesto en el programa), me enteré de que, contrariamente a la leyenda negra contemporánea que asigna anacrónicamente « homofobia transhistórica a aquel período histórico, muy pocos casos de autos de fe (ejecuciones públicas y hogueras) por « sodomía » (así se llamaban a los actos homosexuales en aquellos tiempos) se llevaron a cabo. Se cuentan con los dedos de una mano. La condena por lo que ahora se llama la « homosexualidad tomaba más bien la forma de la « disuasión », de la « advertencia », del « deber divino » y de la « medida preventiva » que la forma de medidas concretas. En parte debido a la ignorancia social de la mera existencia de este tipo de prácticas. Por otra parte, en aquellos tiempos, no existía ninguna cobertura mediática ni promoción televisiva de la homosexualidad. Y los que persiguían la práctica sodomita eran lo suficiente sensatos y piadosos para evitar la publicidad de una ejecución pública.

Por otra parte, en aquella época, la homosexualidad no era considerada en absoluto desde su punto de vista deseoso, identitario o amoroso, sino sólo desde su perspectiva bíblica y tomista como un acto « antinatural » de sodomía. Hay que entender que la homosexualidad en aquel entonces no es castigada en sí misma si no se compagina con un crimen que, por su parte, merecía sentencia. Jean-Claude Guillebaud señala que el mayor número de condenas por sodomía o pederastia tenían que ver en realidad con casos de pedofilia. Argumentar que « la Iglesia persiguió a los homosexuales durante la Inquisición » no tiene sentido. Lo única cosa que podemos decir, es que unos miembros religiosos de un tribunal eclesiástico se vieron obligados a juzgar a varones que practicaban actos sodomitas – y a menudo pedófilos – por « herejía » porque estos mismos actos eran objetivamente violentos. Bajo la palabra « herejía », hay que oír « escándalos sexuales », « violaciones », « delitos », y no simplemente « hecho que no complace a la Iglesia » y que, ni que decir tiene, « Le disgustaría supersticiosa/inútil/patológicamente ».

Por último, los defensores contemporáneos de la homosexualidad identitaria, sentimental y activa (los « neo-inquisidores », así los podríamos llamar) se congratulan de que el delito de sodomía haya sido oficialmente abolido en 1791. Sin embargo, la « muerte de la pena de muerte » por sodomía abre el camino a otra forma de sentencia de muerte, esta vez más insidiosa, ya que mata a la persona, a la personalidad, al cuerpo sexuado, a los deseos, a la humanidad, al alma, al amor, a personas que sienten y/o practican la homosexualidad. Con la abolición de la homosexualidad como pecado y luego como delito y trastorno psíquico (des-psiquiatrización), nuestro mundo ha pasado gradualmente de la visión de un acto prohibido a un personaje poco a poco identificable con sus sensaciones y su comportamiento : la naturalización esencialista y sentimentalista de la orientación sexual (heterosexualidad y homosexualidad ; y desde un punto de vista penal, la homofobia). ¿ Qué es mejor ? ¿ El juicio ajustado a Dios, o la falta de juicio, que resulta ser una justicia desencarnada y sometida a las fantasías/las pulsiones/los sentimientos/los comportamientos egocéntricos de los Humanos ? Corriendo el riesgo de parecer un anticuado completo, creo que la Inquisición, comparada con el genocidio humano que es la propaganda narcisista de la « salida del armario » (coming out), la propaganda amorosa de la Unión Civil, la propaganda infanticidia del « matrimonio para todos », y la propaganda preventiva/represiva « contra la homofobia », fue una buena época…
 

100 – ¿ Y qué del Papa Francisco ? ¿ No ha conseguido alguna audiencia con Él ?

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No. Nunca. Y no lo intento. Sin embargo, ¡ le puedo asegurar que muchos me animan ! Cuando, hace dos años, la pequeña delegación de personas homosexuales continentes a la que pertenecía y que hizo el viaje hasta Roma, encabezada por Monseñor Rey (obispo de la ciudad francesa de Toulon), trató de conseguir una cita con el Papa, el círculo de cardenales impidió el encuentro, considerando nuestro grupo como « militante ». Uno de los asesores más allegados al Papa incluso tuvo el cinismo de pedirnos que quedáramos discretos para que Francisco no fuera informado de nuestra visita porque, soltó, « ¡ lo peor de todo, es que ese tipo de iniciativas podría gustarle mucho ! ». No insistimos. Además, yo era el único de mi grupo en poder asumir públicamente una visibilidad homosexual ; y los sacerdotes de mi grupo tampoco eran belicistas… Así que el combate se había perdido desde el principio. No es grave. Tal vez nos veamos en el Cielo. ¡ Y será muchísimo mejor !

Además, si sólo se trata de sacar un selfie con el Santo Padre, para el encuentro simbólico de cinco minutos, para un apretón de manos, me importa un bledo. Estoy tan harto del arribismo de las figuras públicas francesas que no tienen nada que decirle y nada que proponerle para hacerle progresar, excepto su histeria de groupies católicas, sus fórmulas convenidas de deferencia espiritual obsequiosas (« Su Santísimo Padre, cuente con nuestras oraciones. »), y su último libro o disco (para que él haga indirectamente la promoción), que la perspectiva de un posible encuentro con el Sumo Pontífice apenas me agrada. Sería como poner mi cabeza en el agujero de un decorado fijo, posar como el enano de « Amélie Poulain » o prostituirme religiosamente : el Papa-sponsor, ¡ es un concepto que me da asco ! ¿ Por qué, mientras que el Santo Padre sabe perfectamente que, en el programa de los últimos tiempos, Francia ocupará un sitio clave y central, casi sólo le presentan de momento a los católicos burgueses-bohemios franceses (de derechas y sobre todo izquierdistas) y le impiden el acceso a la Verdad de las profecías sobre Francia ? Esto me alucina.

Si alguna vez tuviera que quedar con el Papa, no es un encuentro que quisiera. ¡ Es literalmente una sesión de trabajo, una clase ! Nada más y nada menos. Y créame, hay muchísimo que hacer. Sólo la Verdad me interesa. Ahora he llegado hasta tal punto que me negaría a encontrarme con Francisco aunque me lo pidiera… ¡ excepto, claro, si fuese para trabajar a fondo 48 horas sobre el dossier de la heterosexualidad, entre las cuatro paredes de una biblioteca, sin ninguna cámara ni foto ! Son muchas condiciones por reunir. Así que la probabilidad que se organice esa reunión un día es muy reducida. Además, en el Vaticano, la franja eclesial gay o gay friendly (véase la pregunta n°125) está pisando el freno para que no se puede hacer. Por último, si alguna vez – por un milagro del Espíritu Santo – me encuentre un día frente a él, creo que ni siquiera se lo diría a usted. Y me siento capaz de mantener este secreto. Las cosas más bellas se viven en el secreto. Siempre.
 

101 – ¿ Es el Papa bastante firme, claro y preparado, al respecto de la homosexualidad ?

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A mi parecer, no. Aunque podría decirse que él ha proporcionado lo esencial con su famoso « (Si alguien es homosexual y busca al Señor con buena voluntad,) ¿ quién soy yo para juzgar ? » en el avión de vuelta de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Brasil en 2013 y de Armenia en 2016 : la enunciación del amor incondicional de Jesús por toda persona humana, independientemente de su orientación homosexual. Pero esta respuesta papal, además de ser súper ambigua ya que incita a confundir buena intención y hechos, o bien juicio de las personas (injustificable) y juicio de los actos (imprescindible), no enuncia nada sólido y verdadero respecto al « cómo acoger concretamente a las personas homosexuales », « qué exigir de ellas », « qué proponerles como camino vocacional ». El Papa Francisco todavía no habla de la orientación homosexual en términos explícitos, puesto que centra su oposición a aquella en la supuesta dicotomía entre « el homosexual activista » y « el homosexual fuera del ambiente ». Por ejemplo, cuando concluye en el avión : « El problema no es esa tendencia. El problema, es hacer de aquella un cabildeo/lobby », es falso. La tendencia homosexual, aunque no-activa, ya es un problema, como miedo (a la diferencia de sexos) y como herida (de la identidad y de la afectividad). La naturaleza pecaminosa del impulso homosexual no sólo radica en el hecho de que se haga visible, se politice, ni incluso que se actualice. ¿ Por qué tiene miedo a condenar el deseo homosexual ? ¡ Este deseo no es en absoluto la persona que lo siente ! Si lo tememos, es que todavía confundimos deseo y persona, o acto y persona… ¡ así que entramos en un proceso de homofobia, de miedo y de justificación de este miedo ! El argumentario público del Papa sobre la homosexualidad no está todavía a punto (debido seguramente a un entorno malo), y corre el riesgo de crear desastres. Por ejemplo, si Virginie Tellenne (alias Frigide Barjot) casi logró imputar al Santo Padre la Unión Civil el 29 de febrero de 2016, no sólo es culpa de la groupie activista : es que había también una brecha en la que ella pudo meterse. Aparentemente, el Papa Francisco tampoco le puso límites a Nicolas Sarkozy durante su entrevista del 21 de marzo, ya que este último sigue defiendo frente a las cámaras de televisión la Unión Civil, la heterosexualidad y el « amor homosexual », y trata de sobornar a los católicos con las palabras « Esperanza », « valores humanos », « Verdad » y « Misericordia ». Creo que al Papa le caería muy bien clases sobre la heterosexualidad.
 

102 – ¿ Es el Papa el Anticristo ?

Foto-montaje

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No creo. A pesar de lo que opinan los sedevacantistas que demonizan el Concilio Vaticano II y todos los pastores que lo rechazaron, François es un papa elegido por el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nunca se equivoca. Sin embargo, que sea infalible, que sea bien aconsejado, que no mete la pata, que no traicione al Señor tres veces (no es casualidad que san Malaquías le haya asignado en 1595 el apodo « Pedro el Romano », si bien su profecía da en el blanco !), que domine el tema de la heterosexualidad, ¡ no hay nada menos seguro ! Es un unificador y un pastor más que un teólogo. Y en los tiempos revueltos que vivimos, me parece ideal. Pero su falta de conocimiento sobre algunas cuestiones va hacerle/hacernos daño. Lo único que tengo más o menos seguro a su respecto, es que lo quiero ; ¡ y que no es homo ! Ahora bien, tiene que dejar de ser gay friendly so pretexto de ser misericordioso.

En cuanto a los que lo designan como impostor o Anticristo, más les vale que tengan cuidado con su alma porque se están acercando al peor de los pecados mortales : el pecado contra el Espíritu Santo. Peor aún que la desobediencia jerárquica. « Chi mangia Papa… » dice el proverbio italiano : ¡ Quien se come al Papa… muere !
 

103 – ¿ Cómo usted reacciona frente a la exhortación post-sinodal del Papa ?

Escondido detrás de la Sagrada Familia chapada de oro

Escondido detrás de la Sagrada Familia chapada de oro


 

Mal. Aunque ya sé que la tibieza de este documento contribuirá de todos modos a los designios de Dios, así que no me preocupo más de lo debido por ese tiro en la oscuridad. Digo simplemente « ¡ Uno más ! ». Y sólo tengo ganas de preguntarle al Papa « Franciscus, quo Vadis ? ». Tan sólo en el tema de la homosexualidad, su discurso patina completamente. Como una presentadora de tele, hace esperar (« He tomado en consideración » = Le escribimos), trata de contemporizar las expectativas mientras tranquiliza (« Os quiero, os acojo, camino a vuestro lado, aquí estoy ») y usa aforismos supuestamente empáticos (cf. véase el capítulo « situaciones complejas »), supuestamente enérgicos y proponentes (por ejemplo, los obstáculos son llamados « desafíos », « cuestiones complejas », « perspectivas pastorales » : falta « reto » y se cierra por completo el círculo publicitario…). Junto a esta jactancia « misericordiosa » un poco catastrófica, algunos cardenales mediáticos, para quedar bien públicamente, intentan aportar su modesta contribución tapando verbalmente los agujeros por un entusiasmo fingido (« Es denso » ; « Es verdaderamente novedoso » ; « ¡ Es maravilloso ! » ; « Es algo concreto », etc.) y rivalizando en fórmulas de comunicación insípidas (ejemplos : « desplazar nuestro enfoque », « caminar », « cambiar de perspectiva », « redinamizar la Esperanza y la vitalidad de nuestras parroquias en las periferias », « proponer la inclusion », etc.) que dan ganas de partirse de risa. Yo declaro oficialmente – y da igual si corro el riesgo de la cárcel y de la tortura por eso – que « ¡ el camino, es para hoy ! ».

En este nuevo documento, el Papa nos vuelve a decir lo que ya sabíamos (la acogida de la persona, el respeto, el no-juicio, la propuesta de acompañamiento, la reafirmación del apoyo de la Iglesia) : concretamente, todavía no sabemos qué forma toma todo eso… Nos promete novedad (« un entusiasmo nuevo a través de una pastoral renovada », un Dicasterio) : acerca de la homosexualidad, sólo oigo un discurso trillado o una burda copia de Benedicto XVI.

Francisco se contenta con recitar el desacuerdo radical de la Curia respecto a las Uniones Civiles, a los actos homosexuales, a las « parejas » homosexuales, y sobre todo a las reivindicaciones políticas y sentimentales del supuesto « lobby gay », haciendo hincapié en que estas presiones son « inacceptables » (« No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo. »). En concreto, ¿ por qué « es inacceptable » ? ¿ Por qué « no existe ningún fundamento » ? No lo sabremos. Los cardenales y el Papa de momento no son capaces de decir por qué tiene razón (cuando en teoría tiene razón : ¡ yo se lo confirmo !).

Se oye entre líneas al Papa que relega la homosexualidad a la categoría de « detalle de la persona », de « no-tema » o de « sujeto-anexo », que disocia la persona homosexual de su tendencia (ejemplo : « independientemente de su tendencia »), lo que es a la vez justo (ya que cada persona homosexual es ante todo un ser humano y un Hijo de Dios) y falso en la medida en que, en un tiempo terrestre humano, la tendencia y la persona son a veces extremadamente entrelazadas. El Catecismo señala precisamente que la tendencia homosexual puede ser « profundamente arraigada ». Una vez más, se marea la perdiz del mal homosexual.

Acerca de los caminos vocacionales, el Papa todavía no propone nada concreto a las personas duraderamente homosexuales (aunque se atreva inmediatamente después a citar a Mateo 5, 37 : « Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’ »). Se contenta con proponer un « acompañamiento » y no una vocación/una vida/una consagración. Se limita a remitir a las personas homosexuales a la « castidad », el concepto turbio y molido a la moda, defendido particularmente por Courage, y detrás del cual una multitud de asociaciones « homos-cristianas » y un montón de católicos regulares irán a incorporarle la posibilidad de vivir en « pareja homo ». Pero las formas prácticas de aquella « pastoral de la castidad », de eso no habla. « La asistencia necesaria para comprender y cumplir plenamente la voluntad de Dios en su vida », sigue siendo una promesa en el aire.

El Papa reafirma su oposición a la homofobia (que no nombra así, porque según él, esta palabra ya es « peligrosamente ideológica » : maldita ignorancia y maldito miedo…) : condena « particularmente toda forma de agresión y de violencia ». Viene bien : yo también, estoy en contra de la guerra ; y el mal, es malo, uf, caca. Concretamente, la homofobia no es nombrada (hasta el término no lo es !) ; sus mecanismos, su significado, sus formas, las soluciones que se pueden encontrar para combatirla, ¡ todo eso pasa completamente a la escotilla ! El Papa se contenta con decir que está en contra, mirándonos directamente a los ojos, con un aire arrepentido cinematográficamente trabajado. Parloteo. « Pedro, ¿ me amas ? Pedro, ¿ me amas ? Pedro, ¿ me quieres realmente ? » (Juan 21, 1-19)

Comprobamos que no ha comprendido la homosexualidad y la heterosexualidad – y que además lo aconsejan muy mal al respecto – sólo al ver que está francamente fuera de tema en cuanto al Género. Vuelve a utilizar literalmente la jerga pobre de la neolengua maniquea, victimista, histérica y metafórica de los militantes católicos pro-Vida. Son frases vacías aprendidas de memoria. No se ha percatado que el verdadero Género era la heterosexualidad (es decir el diablo disfrazado de diferencias de sexos).

No, señores Cardenales y Santísimo Padre, el Género no es « malo » por ser acusado de « ideología » (¿ De qué ideología hablan ustedes, además ? Nunca la nombran, cuando en realidad se llama « heterosexualidad ». Y la fe católica también es una ideología, en cierto modo ; y puesto que aquella se encarna en Jesús, se convierte entonces en buena y « no-ideológica »). No, el Género no es malo por reflejar un « pensamiento único » (¿ De qué pensamiento único ustedes hablan ? Cristo y sus dogmas eclesiales también son de alguna manera un pensamiento único, pero un pensamiento único humanizado, unificador, universal y bueno). No, el Género no es malo por tomar una forma institucional internacional organizada, que ustedes llaman « condicionamiento », « grupos de presión » (prestan mucha atención a no utilizar el término inglés « lobby », para evitar de pactar con el modernismo) « organismos internacionales » que arbitran la « ayuda financiera a favor de los países pobres » (se nota que la censura homofóbica y el chantaje sentimental anti-occidental del Cardenal Sarah han dejado huella). La Iglesia también es una organismo internacional, institucional, que recauda dinero, que constituye un grupo de presión (y una presión santa : ¡ la del Anuncio del Amor de Jesús !), que « determina la educación de los niños ». ¡ El problema que plantea el Género no es éste ! No, no se puede reducir el Gender a una « ideología que niega la diferencia y la reciprocidad natural entre un hombre y una mujer » y « que propone una sociedad sin diferencias de sexos destruyendo los fundamentos antropológicos de la familia » ! Por un lado porque los defensores del Género – ¡ quienes en su mayoría ni siquiera saben que se llama así ! – no se oponen siempre a las parejas hombre-mujer que se aman ni a las familias tradicionales naturales (tan sólo pretenden añadir a estos últimos nuevos modelos « identitarios », « sentimentales », « conyugales », « familiares » y « sociales » : ¡ no caricaturemos sus intenciones !), por otro lado porque el Género idolatra – tanto como trata más o menos conscientemente de destruir – la diferencia de sexos : incluso se apasiona histéricamente por la diferencia sexual hasta defender modelos cinematográficos de hipervirilidad y de hiperfeminidad ; es tan rabiosamente natalista, pro-matrimonio, vitalista, humanista (hasta volverse a veces transhumanista) como los movimientos pro-Vida. Así que con el Gender, al contrario de lo que pretende la exhortación, ¡ no hay nada que ver con una calquiera « negación de la diferencia sexual », ni con un deseo deliberado de pulverización de la diferencia sexual, de pulverización de la familia, de « la Vida » y del « Humano » ! ¡ Se equivocan de objetivo y no han comprendido las buenas intenciones/las trampas de la heterosexualidad ! ¡ Despiértense ! La « reciprocidad entre el hombre y la mujer » no tiene nada de « natural », a diferencia de lo que escriben : sólo es naturalo-divina (me adhiero por completo al filósofo francés Fabrice Hadjadj cuando dice, al igual que yo pero de otra manera, que la promoción – muy común entre los católicos – de la « complementariedad de los sexos » es un tópico ideológico muy peligroso que quita la necesaria parte de riesgos, de fallos, de Cruz, de libertad, a la unión de amor entre el hombre y la mujer). La diferencia de sexos no es un bien en sí : llega a ser lo mejor una vez coronada por el Amor y por Cristo.

Para resumir lo que pienso de Amoris Laetitia : a primera vista, y teniendo en cuenta el entusiasmo excesivo de algunos sacerdotes y cardenales – mucho más preocupados por su carrera y por su visibilidad mediática que por la denuncia de una jactancia eclesial -, esta exhortación papal bienintencionada, si bien no puedo decir que no entrega ciertas verdades, me parece ser una trampa para burgueses o una trampa para burgueses-bohemios-católicos, dichos burgueses bohemios que consienten en desempeñar para una semana el papel de imbéciles felices. Lo siento, pero yo no entro en la « alegría por sí misma ». Sólo puedo entrar en la Alegría de la Verdad, la Alegría por la Cruz resurreccional, la Alegría que verbalizar con firmeza el mal y el combate, la Alegría grave de Cristo. Las otras alegrías – performativas, extáticas, fotográficas, intencionales, eufóricas, publicitarias – me hartan. En la palabra « Misericordia », hay « miserias ». Y de momento, la gente de Iglesia no las nombra. Por lo tanto no creo en sus meras declaraciones piadosas de « Misericordia ».
 

104 – ¿ Le parece una buena cosa que el tema sea tratado por encima o dejado de lado por la Curia ?

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No. Este no es un buen cálculo estratégico. E incluso es muy alarmante. Porque la creencia en el « amor » homo, es decir el amor sin diferencia sexual, es el meollo de todos los problemas mundiales, y también la piedra que bloquea el flujo de la sangre, de la razón y de la fe, en el corazón y la cabeza de muchos de nuestros contemporáneos. Les guste o no a quienes me tachan de « monomaniaco » porque insisto en la centralidad simbólica de la homosexualidad en las crisis sociales profundas que estamos pasando a escala planetaria. Al darnos cuenta del sitio desmesurado que la bipolaridad heterosexual-homosexual (y su espantapájaros disuasivo – la « homofobia » – juntado con el espantapájaros del « machismo » respecto al feminismo, y el espantapájaros de « racismo » respecto al humanitarismo sin fronteras) ocupa desde dos siglos en el mapa mediático-político-jurídico y las esferas de decisión, podemos ver que es un error de enfoque – por parte de la gente de Iglesia – haber descuidado la dimensión universal – y santa si y sólo si se vive ésta en la continencia – de la homosexualidad. Porque todo el mundo se ve afectado por la homosexualidad ya que la Humanidad entera tiene que ver con la diferencia de sexos… y con el rechazo de ella a través de la homosexualidad.

Por increíble y excesivo que esto suene, parece ser que, como consecuencia de un libertinaje generalizado y de una creciente pérdida de la fe por una parte, bajo la influencia de los medios de comunicación y de la globalización de las legislaciones políticas internacionales por otra parte, el mapeo geopolítico mundial obedece y se organiza principalmente sobre la homosexualidad para la formación, el posicionamiento, el fortalecimiento, el endurecimiento y la clasificación de los bloques que están compitiendo en esta Tercera Guerra mundial que nos ocupa. En el pensamiento global (ya no me atrevo a decir « occidental »), todo lo que no es matrimonio gay = antidemocrático. Lo compruebo de manera notable por ejemplo a través de la enemistad masiva de los países liberales contra Vladimir Putin (aunque personalmente estoy muy lejos de ser un aficionado del personaje y de su política). ¿ Ustedes se creen que este desamor rusófobo se basa al principio en la península de Crimea, en Ucrania, en el miedo al Imperio soviético, en los vestigios de la Guerra Fría, en el intervencionismo en Siria ? No. Esto se debe principalmente al famoso desacuerdo de Rusia para con los derechos LGBT y con Conchita Wurst (el rey transformista de la Eurovisión y del Parlamento Europeo). ¡ No hay que buscarle très pies al gato ! Igual cuando veo la « unidad » artificial y sin embargo concreta que experimentaron en mayo del 2015 los 50 estados de los Estados Unidos alrededor de la legalización del « matrimonio gay », la inmensa presión (económica, afectiva, legislativa) que se ejerce sobre todos los países europeos para que se pongan al tono arco iris. Italia, el único Pueblo europeo que resistía contra la Unión Civil, también tuvo que ceder. Por último, al comprobar el peso social considerable que acarrea la oposición al « matrimonio homosexual » en la vida de una persona que se atreve a decir públicamente « no » a este último (y, en general, que es católica), al observar las consecuencias radicales que pesan sobre la carrera de un hombre político que no se doblega a los mandamientos del pensamiento único gay friendly, yo me doy cuenta cuánto la homosexualidad, que en un principio tan sólo es un particularismo deseoso minoritario y secundario, desempeña el papel de árbitro mundial, de cinta rosada que separa los pueblos. Ella solita dibuja en la mente de los habitantes de la tierra los supuestos « bando del Bien » y « bando malo ». La homosexualidad se ha convertido en el Eje moral y beligerante del mundo. Tenemos que aceptarlo y actuar en consecuencia.

Algo más : la única Institución todavía fuerte que se opone a la propaganda bisexualista y pro-gay, la última plaza fuerte de resistencia que queda incluso cuando los países más católicos del mundo ya no logran mantener su soberanía nacional (Colombia acaba de aprobar el « matrimonio homosexual »), es la Iglesia Católica. Aquella será entonces señalada como la « mala excepción » por suprimir, junto a los países considerados como anticuados y totalitarios. Curiosamente, los libertarios nunca La han atacado en cuanto a su oposición al aborto, a la pena de muerte, a la eutanasia, por graves que sean esos crímenes. Es la incomprensión de los masas ateas con respecto a las diferencias de sexos (el celibato de los sacerdotes, el sitio de las mujeres en la Iglesia, el preservativo, la comunión para los divorciados vueltos a casar, y sobre todo la homosexualidad…) en la que se cristalizan las mayores aspiraciones de venganza de los enemigos de la Iglesia. No lo puedo evitar. Hay que tener en cuenta la realidad intencional y fantasmática de ciertos hechos y leyes.
 

105 – ¿ Por qué es la homosexualidad más peligrosa para la Iglesia Católica que incluso el aborto, los preservativos, el adulterio, el divorcio, la pedofilia ?

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Debido a que la mayoría de los católicos todavía no sabe cómo ni por qué oponerse abiertamente a la Unión Civil y al « amor » homosexual mientras que para los otros temas que usted menciona, saben mucho mejor defenderse, y tienen menos miedo. El otra problema es que la mayoría de los católicos se cree que la heterosexualidad es la diferencia de sexos – o al menos no la denuncian – por lo que caen inconscientemente en el sistema al que creen sinceramente oponerse. De momento, no conozco a un católico (aparte de mí) que no tenga miedo a parecer un tonto al atacarse a la heterosexualidad y al mito del « amor homosexual ». ¡ Todos ellos están muertos de miedo o no entienden el atractivo ! Más que el divorcio o la procreación con asistencia médica/los vientres de alquiler, la homosexualidad tiene el poder de confundir la mente de los clérigos, de los fieles católicos demasiado conservadores o al contrario demasiado permisivos, para que acepten pensar que el ser humano pueden ser capaz de amor « con o sin la diferencia de sexos », cuando en realidad la diferencia de sexos no es para nada opcional en el Amor. Del mismo modo, ¡ no tienen ningún problema en que el hombre y la mujer sean sustituidos por « los heterosexuales » y « los homosexuales » !

Hasta ahora, y últimamente, atacan al Clero católico con los temas del aborto y de la pedofilia, temas que dividen poco a los católicos y a los sacerdotes entre ellos (por suerte). De hecho, veo a pocos darse una paliza o discutir sobre la maternidad subrogada, el aborto, la bondad del Papa hacia los migrantes, e incluso el celibato de los sacerdotes, el sitio de las mujeres en la Iglesia, y también la prohibición de la comunión eucarística para los divorciados vueltos a casar. Los católicos son relativamente unidos con respecto a todas estas cuestiones. Pero más doloroso es el tema de la homosexualidad, que escinde realmente DENTRO de la Iglesia, ¡ y hasta en la Iglesia « de arriba » !

A menudo cuento esta historia que me pasó hace casi diez años, y que sigue siendo lamentablemente de actualidad. Una noche en que yo me encontraba en una velada organizada por mi grupo de profesionales jóvenes en Savigny-sur-Orge (suburbios de París), en 2007, decidimos charlar de los « puntos dogmáticos y pastorales de la Iglesia Católica que nos molestaban o nos cuestionaban ». Durante este debate improvisado, nos pusimos juntos de acuerdo sobre todos los temas sociales más espinosos… todos excepto uno : ¡ la homosexualidad ! Qué casualidad…

Me doy cuenta de que la homosexualidad es ahora el debate que más divide a las asambleas, a las comunidades eclesiales e incluso a las órdenes religiosas. ¡ Y los debates del « matrimonio igualitario » no nos han ayudado en nada ! Por lo general, en la Iglesia, los católicos que pretenden ser « heteros » tienen miedo a meter la pata, a herir o a quedar por « homófobos »/« homosexuales reprimidos » si tratan superficialmente la cuestión homosexual ; o, por el contrario, fingen asumir plenamente su homofobia a través de una radicalidad forzada que se pretende biblista, erudita, moral, politizado, « sin concesiones », « totalmente heterosexual y orgulloso de serlo ». En cuanto a los creyentes que saben que son « homos », por lo general, ellos pasan desapercibidos para no ser identificados ; o bien empiezan a defender un homosexualidad « casta y espiritual » con una confianza demasiado segura y agresiva para basarse en una verdadera reflexión de fondo sobre el deseo homosexual. Pocos filegreses parecen tener realmente una idea o una opinión precisa respecto a la homosexualidad. Y sin embargo, ya están cansados y enojados de oír la palabra, ¡ como si sólo se hubiera hablado de homosexualidad durante las Manifestaciones Para Todos (lo que resulta ser totalmente falso, de hecho) y que sería el momento de pasar página ! La mayoría de ellos no sabe todavía qué pensar de ésta y prefiere callarse para construirse su propia convicción, o ahogar su « opinión » sobre la homosexualidad mediante el debate politizado « ¿ A favor o en contra del ‘matrimonio para todos’ y sus consecuencias ? », mediante la proyección sobre otras urgencias sociales (la ecología, Siria, el islamismo, el transhumanismo, la Misericordia…) y otras Cruzadas quiméricas (« Ampliación del ámbito de la lucha », así lo llaman… ). Se nos acabó la suerte…

Hasta los líderes de las grandes religiones tienen un discurso todavía demasiado vago y torpe sobre la homosexualidad. Están cansados antes de haberla estudiado. Para que les dejen en paz, se contentan con decir que están « a favor » o « más bien contra », sin buscar a entender por qué o a justificarse de ello. De todas las cuestiones difíciles que estaban en el orden del día durante el Sínodo sobre la Familia (noviembre 2014-noviembre 2015), es la única patata caliente que el Papa y los cardenales escondieron para finalmente no tocarla. ¡ Incluso el dossier de los divorciados vueltos a casar les asustó menos (aunque la respuesta a este tema quedó también deficiente) !

Por eso creo que la homosexualidad constituye más que nunca un peligro importante para la Iglesia, ya que es el único mal humano que se beneficia del triple embalaje del miedo, de la indiferencia y de la adhesión íntima del corazón, ¡ embalaje que no sólo envuelve a las sociedades modernas, sino también a muchas personas de Iglesia atrincheradas en su defensa de la heterosexualidad y en una religiosidad descristianizada, desconectada de las realidades de su tiempo ! Creo que la homosexualidad es el mar de fondo del tsunami espiritual que amenaza mucho más la barca de Pedro que las ondas que son la eutanasia, el clonaje, el transhumanismo, la manipulación genética, la destrucción del ecosistema planetario, la pedofilia, el aborto, los anticonceptivos, los divorcios, el paro, la acogida de los extranjeros derivados de la inmigración masiva, el terrorismo yihadista, las persecuciones contra los cristianos, aunque – estamos de acuerdo – estas ondas sean ya fuertes presagios de un anti-papismo galopante, de un anticlericalismo inquietante, de una deshumanización y de una voluntad homicida-deicida innegables, de un naufragio humanitario inminente. Pero, ya que estamos, entre esponjar (que siempre parece ser « útil », pero no esencial) a diestra y siniestra para atender lo mas urgente, se irá más rápido para hacer bajar el nivel del agua identificar el lugar del escape. Y para mí, este punto de fuga es evidente : es la creencia mundial en la bipolaridad heterosexualidad-homosexualidad, bipolaridad que pretende sustituirse a la diferencia de sexos y a la Iglesia Católica.
 

106 – ¿ Puede la homosexualidad arruinar a la Iglesia católica ?

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Tiene esa facultad. Eso está claro (Si no fuese el caso, el Cardenal holandés Eijk no propondría actualmente y con urgencia una Encíclica sobre el Género). Ella no lo hará porque, como he dicho en la introducción de este artículo, y sobre todo como nos lo prometió Jesucristo, « las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia » (Mateo 16, 18). Pero lo podría. Sí. Mire usted los desastres que provoca actualmente en las Iglesias protestantes (evangélicas como tradicionales). El año pasado, por sí sola, la homosexualidad casi hundió definitivamente la Iglesia Anglicana de Inglaterra, que todavía está luchando para recuperarse. Hoy es el turno de la Iglesia Luterana de Noruega de dar la voz de alarma. Otros ejemplos: Mire cómo la homosexualidad destruye toda la carrera política de un Nicolas Sarkozy, que no tiene nada del principiante inexperimentado (hizo falta que defendiera un « matrimonio homosexual » y « matrimonio heterosexual » para que se acabara para él) y cómo está amenazando seriamente el camino eclesial hasta ahora ejemplar y sólido del Cardenal francés Barbarin. Es fulminante.

La homosexualidad, una vez practicada y/o considerada como una identidad humana real y como un amor auténtico, se convierte verdaderamente en la pequeña bacteria que no parece gran cosa, pero que arruina un país, una justicia nacional, un equilibrio mundial, y que podría arruinar una Iglesia. Por la sencilla razón de que, al ser justificada la homosexualidad (legalmente, popularmente, mediáticamente), es la diferencia sexual, fundamento de toda humanidad y de toda paz social, que resulta ser rechazada también. Todos los países que aprobaron el « matrimonio gay » se hunden tarde o temprano en una crisis económica y una guerra civil sin precedentes. Tampoco hay que extrañarse de ello : el equilibrio mundial se basa en la acogida de la diferencia sexual y de la Iglesia.

El diablo, que aborrece la diferencia de sexos que no posee, y que odia a la Iglesia de La que huyó, se alegra de la creciente falta de fe planetaria en cuanto a la diferencia de sexos y a la Iglesia Católica. Y en este momento, los medios de comunicación y la mayoría de nuestros contemporáneos le obedecen, ya que están cada vez más tentados a deshacerse de todo marco corporal, institucional y religioso que supuestamente « obstaculizaría » sus libertades y les privaría de su derechos a ser lo que ellos quieren. Al sentir que la homosexualidad es el talón de Aquiles eclesial (tanto discursivamente como prácticamente), comienzan a divertirse con la Iglesia respecto a la homosexualidad, con la certeza de que es gracias a ella podrían aniquilarLa.
 

107 – ¿ Hay un riesgo de cisma ?

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¿ A causa de la homosexualidad ? Claro. El riesgo de cisma, es decir de ruptura dentro de la Iglesia Católica, tiene hoy su punto álgido. En estos momentos, los medios masivos de comunicación están constituyendo sus expedientes para demandar a las pocas personalidades mediáticas que tuvieron el valor de oponerse públicamente al « matrimonio gay ». Se coordinan con algunos políticos, pero también con algunos prelados dentro de la Iglesia, y con muchos fieles católicos a quienes impresionan, para publicar de forma conjunta y simultánea los escándalos sexuales y homosexuales más jugosos que armarán más jaleo juntos. Los cañones de los pro-gays están listos para disparar en cualquier momento. Stefanini o Charamsa (cf. véase la pregunta n°124) fueron intentos. Pero sólo constituían el entremés. Ahora, están utilizando la división – desconocida por el gran público o imperceptible en los artículos periodísticos corrientes – entre las Iglesias protestantes y la Iglesia romana, para crear confusión entre las dos y la desconfianza para con la segunda. Lanzan películas claramente anticlericales pero que pillan por sorpresa a los católicos, y que se dan la apariencia de investigaciones ulteriores profundizadas. Multiplican los efectos de anuncio contundentes en cuanto a la acogida de la homosexualidad en la Iglesia, y hasta de la práctica de la homosexualidad en la Iglesia, creando así la confusión en su seno.

Los medios de comunicación ya están intentando enfrentar a las diócesis, a los episcopados, a los cardenales y al Papa, los unos con los otros. Y dado que el discurso de la Iglesia oficial sobre la homosexualidad siguió siendo hasta ahora muy vago, simple y/o cobarde, los gacetilleros empiezan a divertirse llevando a los católicos de un lado (el progresismo) de sus mentiras al otro (conservadurismo), retándolos en su propia ignorancia y contradicciones. Y la mayoría de los creyentes, que están bastante arraigados en la realidad y en la oración, que están asustados/hartos del concierto mediático difamatorio y blasfematorio contra ellos en torno a un tema que abominan, son tentados a protegerse retractándose de sí mismos y de sus propios líderes religiosos, incluso cuando aquellos tienen razón. Su reciente cambio de chaqueta contra el obispo francés de Pontoise, Monseñor Lalanne, a propósito de su discurso radiofónico sin embargo justo sobre la pedofilia, demuestra claramente la gran sumisión a los medios de la que son capaces. Más preocupados por el qué dirán que por la Verdad o por las personas y los hechos reales, muchos católicos actuales se están preparando para hacer pasar a los valientes por cobardes, y a los cobardes por valientes. ¡ Por lo tanto, se está armando un impresionante lío dentro de la Familia cristiana !

Abro un pequeño paréntesis que ilustra perfectamente la confusión y la división internas que crea el no-posicionamiento de los católicos respecto a la homosexualidad, a la Unión Civil, a la heterosexualidad, y al « amor homo ». Se tiene que vigilar atentamente (como un síntoma eclesial más que como el chispazo concreto del cisma, seamos claros) la voz que trae una mujer como Virginie Tellenne (también conocida como « Frigide Barjot »), y que dista de representar un pensamiento minoritario dentro de la Iglesia Católica. Este último 11 de abril 2016, la antigua musa de la Manif Para Todos anuncia en Sur Radio que a través de su exhortación Amoris Laetitia, « El Papa Francisco reconoce de alguna manera la existencia de las uniones homosexuales, porque no es un matrimonio ». Puesto que es astuta, ella todavía sabe detenerse en el límite moral que el Magisterio le impone, aunque se nota que ella se acerca a la frontera de la justificación de las « parejas » homos, y trata de llevar a toda la Iglesia – a quien piensa representar – en su impulso de bendición de las uniones homosexuales y de transgresión de la diferencia de sexos/de la Iglesia. Se le puede reprochar muchas cosas a Frigide Barjot, pero no su intuición para oler antes que todos lo que centrará la atención en un futuro cercano. Y ahora, como de casualidad, ella le está dando vueltas a la homosexualidad (concretamente, ella no sabe más que otros sobre el tema… pero bueno, al menos, lo hace creer y la gente se lo traga), ella sigue utilizando la vaguedad de la exhortación papal para por un lado hacer decir al Santo Padre una « apertura » que ella sólo desea (= la Unión Civil y el reconocimiento del « amor homosexual »), por el otro lado adelantar a todos (por la derecha) para ofrecerse un nuevo foro mediático. La columnista se basa entre otras cosas en el hecho de que la imposibilidad de comparación entre las parejas casadas y las « parejas » homos, promulgada por el Papa Francisco en Amoris Laetitia, no significaría para nada que él hubiera declarado la invalidez de las uniones homos, muy al contrario : « ¡ Comparación no siempre valdría contradicción ni oposición o denuncia ! »… Eso sí que está bien jugado con las palabras… para interpretarlas como ella quiere. Frigide Barjot trunca al Papa en el texto. Pero no es la única. Si los católicos modernistas y/o tradicionalistas se permiten este capricho, no sólo es culpa suyo : también es que se los deja hacer y a veces se les anima a hacerlo. Ese es el drama de la cobardía de los discípulos justo antes de la Pasión de su Maestro.
 

108 – ¿ Por qué es urgente que la Curia se cuide de la homosexualidad y no huye del tema ?

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Porque la heterosexualidad es la principal piedra angular ideológica de la persecución actual y futura contra la Iglesia. Aunque humanamente ya es demasiado tarde para evitar algunos desastres y matanzas, y para explicar a la gente conceptos complejos como la heterosexualidad y la homosexualidad, nunca es demasiado tarde para decirlo. Nunca es demasiado tarde con el tiempo de Dios, de todos modos. Ya llega la hora en que nos van a sostener, con pruebas audiovisuales que lo corroboren, que son el celibato de los sacerdotes y su homosexualidad reprimida que crean la pedofilia y las violaciones. Que es Dios el peligro y la coartada perversa del « violador con sotana » homosexual/pedófilo. Que donde hay oposición a la homosexualidad y al « matrimonio homosexual » se ubica la peor intolerancia, la peor maldad, la peor superstición, lo peor hipocresía clerical y eclesial, la peor herejía contra el Humanismo JE SUIS CHARLIE. Ya son alegaciones que se oyen claramente en la película « Spotlight ». Nuestros acusadores se basan obviamente en un sustrato de realidad, pero la mayor parte de sus acusaciones sólo son fantasía. Incluso se desinteresan por las coartadas orales de su promoción de la homosexualidad : los actos pedófilos, los homicidios, las violaciones, las víctimas reales de éstos, no les importan. Ni siquiera denuncian lo que denuncian. Todo lo que les importa, es que se celebre la homosexualidad tanto como se la banalice, y que se elimine la Iglesia Católica. Y punto. Esta lógica estúpida y mala es particularmente visible a través del Asunto Barbarin (del cual voy a hablar con más detalle de las preguntas 131 a 133) : en esta sombría historia lionesa, no cabe duda alguna de que los talibanes del progresismo ponen en el dedo de Philippe Barbarin su oposición pública al « matrimonio gay » más que hechos demostrados de negación de pedofilia por su parte. Y, por desgracia, estos ataques, por muy infundados que eran, casi han conseguido lo que querían, porque el cardenal de hecho ha tenido miedo a hablar de homosexualidad y de heterosexualidad. Por lo tanto, los medios masivos de comunicación y los activistas LGBT usan aquella brecha de homofobia que existe en él, a pesar de todas las excusas que se le encuentra y de las teorías conspirativas que se traban al rededor de él para transformarlo en chivo expiatorio sagrado, para cortarle la cabeza.
 

109 – ¿ La han « jodido » los obispos en cuanto al « matrimonio homosexual » ?

 

Monseñor Di Falco, en nombre de la "Misericordia", apoya la asociación pro-gays francesa El Refugio

Monseñor Di Falco, en nombre de la « Misericordia », apoya la asociación pro-gays francesa El Refugio, en enero del 2016


 

Sí y no.

No, porque todo contribuye al Bien, incluso la flaqueza del mal : « Dios permite el mal, porque Él es bastante poderoso como sacar el bien del propio mal. » escribe San Agustín. Por lo tanto, es el plan de Dios que todas las traiciones episcopales respecto a la homosexualidad sucedan. ¡ Los obispos de Francia, aunque « están jodidos » objetivamente, no « están jodidos » desde el punto de vista sobrenatural ni eterno !

No, porque en nuestras acciones, por muy justas que sean, podemos ver dos movimientos paradójicos, que yo mismo conocí durante la batalla contra la Ley del matrimonio igualitario : me opuse al « matrimonio gay », creo que bien y públicamente ; pero no tomaron en cuenta mi voz, debido a mi fe (los ateos no la han aguantado) y debido a mi homosexualidad (la mayoría de los católicos no la han aguantado, mis hermanos homosexuales tampoco). Así que apariencias me acusan : concreta y divinamente, he actuado bien… pero humanamente, todo apunta a que me he « jodido » y a que no he actuado. Ocurre exactamente lo mismo a los obispos, creo : algunos han reaccionado y actuado para oponerse al « matrimonio para todos » y a la homosexualidad… pero su acción fue cancelada/criticada tanto por los ateos (que les dijeron que no tenían que meterse en los asuntos sociales y políticos) como por los fieles católicos (que querían sentirse como ellos, o que siguieron el espíritu esquizofrénico del mundo, que separa el espacio espiritual del espacio social), y también por sus compañeros obispos y su jerarquía. Por ejemplo vi a obispos que trataron de abrir valientes caminos mediáticos y políticos (Monseñor Barbarin, Monseñor Rey, Monseñor Aillet, Monseñor Brouwet, etc.). Sin embargo, aquellos fueron fracasos porque eran a veces torpes, no eran llevados por personas homosexuales, y sobre todo porque fueron abortados tanto por fuera como por dentro de la Iglesia. Hay que dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Algunos obispos desempeñaron bien su papel, y los que les dicen que han fallado suelen ser los mismos que les impidieron actuar.

Sin embargo, si queremos ser honestos, es evidente que la gran mayoría de los obispos y cardenales careció de ánimo durante los « debates » sobre el « matrimonio igualitario » en Francia, temió por su fama, sus bienes inmuebles, su carrera, no se pronunció sobre la homosexualidad y no transmitió el mensaje de la Iglesia sobre la homosexualidad, esperó a que pasara la tormenta. Sí. Hay que reconocerlo. Casi todos « la han jodido ». Al igual que los discípulos de Jesús la habían « jodido » antes y después de la Resurrección de su Maestro. Casi todos se han aprovechado vilmente de la brecha creciente entre la Iglesia y el Estado (brecha excavada por la Masonería laicista de la Ilustración), o de la separación artificial entre el matrimonio civil y el matrimonio religioso, o de la distinción entre el Clero y los laicos, o de la hipócrita diferenciación entre la Unión Civil y el « matrimonio para todos », o de la confusión diabólica entre la heterosexualidad y la diferencia de sexos, o de la muy discutible separación entre la Iglesia occidental y la Iglesia oriental, para esconder la cabeza en la arena y justificar su censura sobre la homosexualidad. Por ejemplo, muchos obispos africanos rechazan el « matrimonio gay », y también el tratamiento y la consideración de la homosexualidad, en nombre del relativismo cultural y de la « perversión occidental ». Muchos obispos (Monseñor Aupetit, Monseñor Di Falco, etc.) apoyan el llamado « mal menor » que sería la Unión Civil para evitar el mal del « matrimonio para todos », sin entender que estas dos leyes son equivalentes. Hasta sé de obispos – Monseñor Dagens – que desalentaron a sus sacerdotes y religiosos a que se opusieran al « matrimonio gay » y les prohibieron que fueran a manifestar. ¡ Y sin duda los hay que son francamente pro-matrimonio-gay en secreto (Monseñor Robert McElroy, Monseñor Vicent Long, etc.) ! Si hay una desagradable realidad de Iglesia que la homosexualidad revela y que el fenómeno mundial del « matrimonio gay » ha revelado, es la inercia del Episcopado francés (pero también mundial). Es muy triste. Y es general.
 

110 – ¿ Debemos alegrarnos de esta cobardía ?

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Sí. Porque si los obispos y cardenales llegan a desinteresarse por el « matrimonio gay », a tirar la toalla y a ignorar la homosexualidad/heterosexualidad – es decir la diferencia de sexos, el celibato continente, la Presencia Eucarística, que son la esencia misma de la Iglesia terrestre -, esto significa que para la Iglesia Universal, la fase de la corrupción, de divisiones internas, de apertura del Mar Rojo, de separación entre el buen grano y la cizaña, de Pasión crística, de persecuciones, de sufrimientos, de pérdida de los bienes materiales y de los honores terrestres, de despojamiento, de purificación por la Sangre sagrada de Cristo, es inminente. El extravío de los obispos, de los cardenales, e incluso la ceguera temporaria de del Papa Francisco (que en mi opinión es el último Papa), me alegran ya que incluso su cobardía contribuirá a la Salvación de la Iglesia, anuncia la proximidad del saneamiento de toda la Iglesia. Todavía no hemos caído al nivel más bajo, pero nos acercamos. Si la gente de Iglesia son capaces de dejar de lado la diferencia sexual (¡ con el pretexto de defender el matrimonio y la familia, además ! ¡ con el pretexto de « nunca ceder », lo que es el colmo !), esto significa que el tiempo del Advenimiento de Jesús y de la Parusía llega rápido. Por último, la Iglesia pronto volverá a ser lo que su vocación original le pide : pobre. La pobreza de la Iglesia, que durará mil años (es decir la eternidad, en un lenguaje simbólico) fue anunciada por santa Bernadette Soubirous, de Lourdes. ¡ Ojalá ese tiempo llegue !
 

111 – ¿ Con qué personalidad eclesial y mediática podemos contar ?

Monseñor Omella-Omella, obispo de Barcelona, gran amigo de mi padre... y del Papa Francisco

El único obispo español que me apoya : Monseñor Omella-Omella, arzobispo de Barcelona, gran amigo de mi padre… y también del Papa Francisco. ¡ Qué gracia esta foto !


 

¡ En cuanto a la cuestión de la moral sexual, parece ser en Francia que los obispos cojonudos y en quienes confiar son los que llevan un apellido que se termina con el sonido [ε] (por ejemplo Castet, Aillet, Rey, Brouwet, Germay…) ! Estoy de broma. En realidad, no tengo ninguna lista predefinida y sería absurdo elaborarla. Todo ser humano puede pasar de ser cobarde a fiable, o de fiable a cobarde. Incluido yo. ¡ Y sobre todo las personas eclesiales ! Además, en esta lucha contra la heterosexualidad y la homosexualidad, tenemos sin duda aliados escondidos, orantes enmascarados que nos sostienen en el silencio de un monasterio o en el medio del remolino de su ministerio de sacerdote, de religioso, de obispo, de cardenal, de Papa. Incluso últimamente, descubrí un apoyo episcopal que no había sospechado : Monseñor Ginoux, obispo de Montauban (una ciudad del sur de Francia), que me invitó él mismo para una conferencia sobre la Misericordia. Así que en materia de fe, no se puede estar seguro de nada. ¡ Solamente no dudar de la presencia eterna de Jesús y María !

¡ La homosexualidad es un tema tan arriesgado e impopular que, sin pretender saberlo todo, tengo una idea relativamente clara de los obispos con los cuales, en mi opinión, se puede contar a ciegas ! Sin lugar a dudas, tuve el soporte « extraoficial » por algunos (Monseñor Sherrer, Monseñor de Moulins-Beaufort, Monseñor Rey, Monseñor de Dinechin, Monseñor Batut, Monseñor Legrez, Monseñor Le Gal, Monseñor Chauvet, Monseñor Macaire, Monseñor Morerod, etc.). Y les agradezco. Pero la mayoría de las veces, es tímidamente, por accidente, en secreto. Algunos fueron a comprar ellos mismos mis libros en librería. Otros estaban presentes en mis conferencias, o me ayudaron a darlas (o sea se contentaron con poner su sello…). Pero se aseguraron de pasar desapercibidos, al margen de todo bombo mediático y de todo riesgo de recuperación (Con la garra que les echaba Frigide Barjot y que les amenazaba, además, tenían una buena razón para asustarse, dicho sea de paso…). Ellos me bendijeron desde lejos. A veces copiaron lo que había escrito, sin por ello animarme.

Sólo un obispo en Francia (es aterrador para la Iglesia, sólo pensar en ello…) me asumió públicamente, se atrevió a aparecer oficialmente en un cartel conmigo, arriesgó su persona y su fama para defender el mensaje de la Iglesia sobre la homosexualidad : es el obispo de Tarbes-Lourdes, Monseñor Brouwet. Un gran caballero discreto, humilde, gran orante, a la escucha, que parece mala apuesta, pero que es un gran intuitivo y que obra – al igual que Monseñor Rey – por la « Nueva Evangelización ». Cuanto más conozco todos los movimientos y comunidades eclesiales, entre ellos los más valientes y arriesgados tales como Madre de Misericordia o el Cenacolo, más descubro que el pastor discreto que les dio impulso y los guió, es Monseñor Brouwet.
 

Monseñor Brouwet y yo

Monseñor Brouwet y yo


 

En España, lo mismo : sólo hay un obispo que no le tiene miedo a la homosexualidad, a la homofobia, ni a mi testimonio : es Monseñor Omella-Omella, arzobispo de Barcelona, en Cataluña (y antiguo obispo de La Rioja). No dudó en escribir el prólogo de mi libro La homosexualidad en Verdad que sale ahora en España y América Latina.

En cuanto a Italia, fray Marie-Olivier (hermano francés de la comunidad de san Juan, en Bolonia) así como el padre Giovanni Ferrara (en Padua) son los únicos que se tiraron al agua conmigo en los medios. No son (todavía) obispos, ¡ pero en cualquier caso tienen las espaldas para ello !

¡ Así que ya ve, todo esto constituye un pequeño promedio, con respecto al Episcopado en su conjunto ! Ello es a la vez grandioso – porque el brillo de las lucecitas resalta aún más en la oscuridad – y muy preocupante para el futuro cercano de la Iglesia terrestre…

Al nivel esta vez estrictamente político-religioso, sólo he encontrado apoyo, alivio y Verdad, con el político Xavier Lemoine, alcalde de la ciudad de Montfermeil.
 

112 – ¿Cómo explica usted que la película « Spotlight » (Premio Óscar de la Mejor Película en Hollywood en 2016) haya sido aclamada por el mundo mediático católico, mientras que es una película claramente anticlerical ?

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Hay varias razones, a mi parecer. La primera, es que los periodistas católicos están muertos de mieditis : dado que se sienten amenazados (y con razón, sobre todo ahora), piensan que más vale adoptar un discurso laudatorio y mantener un perfil bajo respecto a los verdaderos problemas (aunque se impogan caricaturizarlos y fingir considerarlos repitiendo evidencias : « La pedofilia, está maaaaal. Estamos del lado de las víctimas ») en lugar de enfrentarse con ellos. Además, nadie les sospechará que aullen/que se entusiasmen con los lobos. Más sospechoso, sin embargo, será el crítico que correrá el riesgo del matiz, el riesgo de poner en tela de juicio las buenas intenciones de una película, el riesgo de la Verdad.

Segunda razón de la apatía mediática de los medios de comunicación cristianos en cuanto a « Spotlight : Crímenes del Vaticano » : el espíritu de extravío y de ignorancia, enviado al mundo para los Novísimos por el Señor, y que yo llamo el boboismo. Este espíritu ha conquistado al conjunto de los periodistas « católicos », casi todos sumados al « matrimonio gay » o por lo menos a la Unión Civil y al « amor homosexual ». Hay en ellos un fondo (y hasta un pozo) de anticlericalismo, un deseo secreto de marginalidad y de desobediencia para con la Iglesia-católica-Institución. Cuando hablo de límite y de pereza intelectuales, no exagero. Nuestros periodistas actuales ya no saben analizar una película o una obra de teatro : últimamente hemos podido comprobarlo de nuevo con la película « La Resurrección de Cristo » o también con la obra de teatro francesa Los Votos del Corazón. Ya no saben decir lo que ven ni darle sentido. Se atienen a sus gustitos (« Me ha gustado/no me gustó »), sus pequeñas sensaciones (« Lloré/Me reí/Me indigna »), al qué dirán, a las intenciones atribuidas a el trabajo, al tema de la obra, a su apariencia externa, a la superficie. Hablan de todo excepto de la propia película ni del significado de lo que se muestra : lo contrario del enfoque jesuita que se plantea a su vez la pregunta básica del « ¿ De qué estamos hablando ? ¿ Y cómo ? ¿ Y al servicio de qué moral ? ».

Tercera razón : Los medios de comunicación católicos y los portavoces del catolicismo mediático (especialmente los sacerdotes treintañeros) se quedaron mudos frente al anticlericalismo de « Spotlight » http://www.araigneedudesert.fr/le-veritable-drame-que-devoile-a-son-insu-le-film-spotlight/ para sentirse de onda y seguir guays (Queda siempre bien aplaudir el Óscar de la mejor película en Hollywood y por lo general los titulares), para ganar dinero y poder, para alcanzar un puesto o guardar su sitio en las altas esferas de los medios masivos de comunicación conocidos por ser inaccesibles a los católicos. Se rebajan a la mundanidad e incluso algunos están dispuestos a ser violentos. Recuerdo, por ejemplo, el colapso televisivo muy destacado del padre Pierre-Hervé Grosjean en la cadena francesa Canal +, que fue aplaudido por todos los católicos, mientras que este último se empeñó en desatar su culpa de « católico avergonzado de serlo » (… contra el pecho de sus colegas sacerdotes pedófilos) y en difundir un mensaje que no era en absoluto evangélico : Jesús nunca vino en prioridad por las víctimas. Vino sobre todo por sus perseguidores.

Cuarta razón (sin duda la más preocupante) : los medios católicos no han criticado « Spotlight » porque la Iglesia de hoy ya no tiene aparato crítico y es cada vez menos amada por sus « fieles ». De hecho, el verdadero drama que revela sin saberlo esta película ideológicamente oscarizada, no es la negación eclesial de las violaciones pedófilas : es que la Iglesia Católica ya casi no tiene aparato crítico ni salvaguardias sacerdotales, intelectuales y periodísticos para defenderLa. Los católicos ya no necesitan que lo ataquen : para anticipar los golpes, muchos están dispuestos a autoflagelarse, y especialmente a unirse a la muchedumbre atea para escupir sobre sus hermanos católicos pecadores. Misericordia nula. Es un antitestimonio terrible.

Por último, la quinta razón del silencio absoluto de los medios cristianos en relación con la pedofilia y la película « Spotlight » : apoyan en secreto el « amor homosexual », cubren los divorcios y la práctica homosexual, creen cada vez menos en la Presencia Real de Jesús-Eucaristía y en el celibato continente, y no aman verdaderamente a la Iglesia-Institución.

En resumidas cuentas, el Caso « Spotlight », sin querer, dio a conocer el avance espectacular de la Gran Apostasía dentro de la Iglesia.
 

113 – ¿ Es la Iglesia cercana al ambiente LGBT (Lesbianas, Gays, Trans, Bi) ?

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Claro. Muchos sacerdotes, cardenales, fieles católicos, periodistas, defienden la práctica amorosa de sus amigos homosexuales. Y una minoría de ellos están en una práctica sea homosexual, sea pedófila, ¡ o ambas ! Su tibieza o su desconfianza, e incluso su odio contra mí, lo demuestran. Y los pocos prelados que no son complacientes acerca de la homosexualidad, se unen más de lo que creen con el ambiente LGBT manteniéndolo a distancia : la ruptura o el rechazo visceral son mecanismos de fusión y de mimetismo inconscientes con el objeto rechazado.

La proximidad eclesial con « ambiente pro-gay » es tanto más peligrosa para la Iglesia cuanto que es ignorada tanto por los católicos como por los medios masivos de comunicación, a pesar de que aquellos medios de comunicación la esperan con ansiedad para finalmente hundir a la Iglesia, mientras que la mayoría de los católicos prefieren todavía quedarse en la negación paranoica y victimizadora en vez de agarrar el toro por los cuernos (« ¡ Si nos atacan, será necesariamente porque están equivocados y que se trata de una conspiración contra nosotros ! ¡ Así que vamos a negar en bloque todo lo que está relacionado con el tema ! »). Si los casos de acusación de pedofilia en la Iglesia ya son impresionantes, no son nada comparados con los asuntos de homosexualidad que llegan galopando y que se visten de pedofilia para neutralizar cualquier resistencia clerical. Por la sencilla razón de que los dos temas a veces se entrelazan en la realidad, y sobre todo de que los sacerdotes homosexuales que practican su homosexualidad o que la han practicado son mucho más numerosos que los que han practicado la pedofilia. La aversión hacia la pedofilia es unánime, incluso para aquellos que lo cometen ; mientras que socialmente, la homosexualidad, que involucra a dos adultos « consentidores », es menos considerada como una violación… por lo tanto es mucho más fácilmente tolerada : un mayor número de sacerdotes católicos la permiten.

La otra razón por la que la proximidad entre la homosexualidad y el ambiente LGBT no va a ser identificada por los católicos y por la mayoría de sus religiosos, es que es extremadamente fácil de chantajear a un sacerdote que ha practicado la homosexualidad : los amantes, incluso ocasionales, y cuyo número a veces puede ser revisado al alza, conocen su poder para destruir una carrera y una reputación ; ¡ y los periodistas están también dispuestos a ofrecer su micrófono a los denunciantes ! De la homosexualidad no se habla (incluso en el Vaticano), no se sabe argumentar el por qué hay que estar en contra (aunque no se la practique y que no se la experimente). ¡ Así que esta resulta ser un regalo para los acusadores ! En este silencio eclesial respecto a los casos de vicios homosexuales que implican el Clero, la cronología y el estatuto religiosos cuentan muchísimo. De hecho, si no se ha tratado de la homosexualidad antes del sacerdocio (¡ aún más cuando el sacerdote resulta ser homosexual y que ha habido algunos pasos al acto por su parte !), resulta extremadamente difícil, comprometedor, arriesgado, escandaloso, tratar de ésta más tarde. Y si además la homosexualidad es abordada públicamente por el cura a quien luego acusan por actos concretos que contradicen sus palabras pronunciadas, entonces el éxito del chantaje al silencio está sellado para siempre. Como laico consagrado, reconozco que el hecho de tomar la palabra sobre la homosexualidad antes del sacerdocio, o bien después de haber cometido actos homosexuales y de luego haberse atenido concretamente a renunciar a ellos, es un lujo tanto como una garantía de ser inatacable. Por ejemplo, en mi caso, mis amantes están tras de mí y el sacerdocio delante de mí, así que ya no tengo nada que temer. En el caso contrario de que los amantes homos se encuentran delante y el sacerdocio detrás, el chantaje amistoso, el cargo eclesiástico, y aún más la práctica homosexual clandestina, son casi seguros de actuar como cerrojos temibles : la homosexualidad y el « medio homosexual » sólo tienen que comerse lenta y seguramente a su víctima eclesial enredada en parte por su propia telaraña, y salirse con la suya. Esto es lo que está sucediendo actualmente.
 

114 – ¿ Frente a los ataques infligidos actualmente a la Iglesia, no le parece a usted que nos encontramos más bien con una ideología mucho más amplia que intenta destruir todos los límites (¿ por qué obsesionarse únicamente en la homosexualidad ?)?

Su pregunta no significa nada. Lo que me importa, es el nombre de esta ideología y la forma en que funciona. Y esta ideología, que ustedes demonizan crispándose/histerizándose/victimizándose sobre palabras-esloganes amenazantes (« lobby LGBT », « Género », « ideología totalitaria », « reproducción asistida », « maternidad subrogada », « abrogación », « transhumanismo », etc.) que esconden detrás de conceptos supuestamente católicos gelatinosos tranquilizadores (« lo Humano », « la Vida », « la Familia », « el Niño », « la Misericordia », « los valores », « la Esperanza », « la ecología integral », « los límites », etc.), no es en realidad más que la heterosexualidad : la diferencia de sexos forzada, bisexualizada y negada.
 

115 – ¿ Por qué muchos sacerdotes son gays friendly ?

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Se hacen gays friendly por miedo (a parecer homófobos y a ser impopulares a ojos de sus feligreses y del mundo), por ignorancia y pereza intelectual (por ejemplo, piensan que la homosexualidad es un tema secundario en comparación con otros problemas sociales), por incredulidad (hay sacerdotes que no quieren creer en el mal ni en su existencia o en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía), y más dramáticamente por práctica homosexual o justificación de ésta a través de una confusión recurrente entre sexualidad y genitalidad, o bien entre diferencia de sexos y genitalidad. En pocas palabras, ellos creen en el « amor homosexual » sea porque lo practican a escondidas o valoran a amigos homosexuales en « pareja », sea porque son (en su cuerpo o en su corazón) adulterios con una mujer/varias mujeres y con el espíritu del mundo. Dado que por lo general, los que desprecian el matrimonio tradicional y el sacerdocio se convierten en gays friendly para maquillar/justificar su rebelión.

Y en estos casos, aquellos sacerdotes gays friendly desobedientes, a veces demasiado tradicionalistas y rígidos para ser honrados, otras veces demasiado laxistas o a favor de la solución intermedia para ser justos, se atribuyen a través de la homosexualidad una santidad (caridad) a bajo coste, una buena onda burguesa-bohemia, una originalidad-marginalidad respecto a la Iglesia-Institución. De vez en cuando rivalizan en mala fe, por ejemplo defendiendo la Unión Civil mientras condenan los vientres de alquiler (cuando en realidad son una sola ley), distinguiendo excesivamente los « actos homosexuales » (que condenan porque su Iglesia se lo pide y que ellos están obligados a cumplir con ello « por obediencia »… y sobre todo por su fama sacerdotal) y las « parejas homosexuales » (que serían mucho menos graves, e incluso aceptables), organizando bendiciones privadas de algunas « parejas » homos de su parroquia (suelen hacer este tipo de silogismos baratos : « Puesto que Dios bendice todo amor humano, y que yo tengo el deber como sacerdote de ser el signo concreto de este Amor, voy a ser el Cristo de las periferias, aunque tenga que desbordar un poco fuera de las fronteras. Santas desviaciones del auténtico discípulo… » ; « Dios se encarnó. Tengo que respetar todas Sus encarnaciones, incluso las que ofenden mi conciencia de cura vencido por la modernidad o bien la buena conciencia de mi Iglesia homófoba. No es bueno que el hombre esté solo. »).

Al leer estas líneas, muchos sacerdotes actuales no se sentirán afectados por mis palabras, porque les viene bien cargar la permisividad sacerdotal a los sacerdotes sesentaiochistas o izquierdistas o obreros que a veces se han pronunciado abiertamente a favor de la homosexualidad (pienso en el Abbé Pierre, el padre Guy Gilbert, en Francia). ¡ Pero la de sacerdotes de hoy que, sin ser izquierdistas o curas obreros, son moderados o tradicionalistas o burgueses-bohemios o anarquistas de extrema derecha, desaprueban igualmente el mensaje entero y exigente de la Iglesia sobre la homosexualidad y no lo transmiten ! Estoy pensando por ejemplo en algunos hermanos dominicos y demás sacerdotes diocesanos que cuentan cualquier cosa acerca de la homosexualidad (el padre Laurent Lemoine, el padre Joël Pralong, el padre Frédéric Pelletier, el obispo Jean-François Lantheaume) para simular mejor que la justifican, o en ciertos obispos que defienden la Unión Civil y la heterosexualidad, o incluso en algunas revistas católicas tales como Familia Cristiana que apoyan la Unión Civil y a la Manif Para Todos. Basta con considerar cómo estos sacerdotes supuestamente estrictos, eruditos y ponderados me tratan, a pesar de que no tienen nada que reprocharme, ni en el fondo ni en la forma, y cómo utilizan egoístamente mi testimonio.

Este desamor ambiguo (porque se trata de una mezcla entre admiración y celos), lo vivo con regularidad. Por ejemplo, cuando estoy de paso en las iglesias de la capital tanto como las parroquias de provincia, muy a menudo descubro sin querer que una gran mayoría de los sacerdotes y obispos actuales reaccionan al oír mi nombre, reconocen mi cara incluso desde lejos y ven perfectamente quien soy (mientras que por mi parte, yo no tenía ni idea de quiénes eran). Me identifican casi todos… mientras que sus feligreses, en raras ocasiones. ¡ Casi siempre están forzados a presentarme a sus fieles, cuando no pueden hacer de otra forma (y porque no lo han hecho antes ni después de los 4 años que me leen) ! Simplemente porque no me dieron a conocer y que tienen vergüenza de mí. Se guardan para ellos mi vida y mis escritos. Como un padre mujeriego o un cura excomulgado se avergüenza de su hijo « ilegítimo », esconde a su « bastardito » en público, o bien está tan orgulloso/celoso de él que lo abriga bajo su manto para ahogarlo. Respecto a los mandamientos de la Iglesia sobre la homosexualidad, obedecen por deber y a regañadientes pero no con todo su corazón, justamente. Sufrimiento por mi Iglesia. Pues si a mí, pobre pecador, me rechazan, ¡ cuánto más deben rechazar a mis hermanos homosexuales y rechazan a Cristo !
 

116 – ¿ Qué hay que pensar de los escritos del Padre Tony Anatrella ?

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En cuanto a su sola producción oral y literaria, la sigo desde la década de los 2000. He leído varios de sus escritos sobre la homosexualidad. El Reino de Narciso me ha parecido particularmente relevante desde un punto de vista técnico, aunque sus constataciones sean clínicas y frías (el padre Anatrella nunca habla de las personas homosexuales, y su empatía hacia nosotros es casi nula), tiendan a despreciar la homosexualidad, a mostrarla a la vez como un no-tema y como una perversión narcisista. No se propone amor o vía de escape a las personas. Es « puro » diagnóstico. Y en mi opinión, esta frialdad viene exclusivamente del hecho de que el padre Anatrella confunde la diferencia de sexos con la heterosexualidad (lo crean o no : ¡ Anatrella no habla mejor del amor entre el hombre y la mujer !). Además, sus palabras no sólo tienden a dar vueltas a lo mismo (la teoría edípica y narcisista, como su nombre indica, se esfuma o funciona en círculo cerrado…) y se distancian demasiado de la realidad homosexual (Para oír tratar de la homosexualidad desde dentro, de la cultura homosexual, para tener en cuenta las intenciones y la fantasmagoría homosexuales, para comprender el interés por el « ambiente homosexual », habrá que esperar sentados…), pero encima, son desde la década de los 1970 el arquetipo del discurso anti-Género y simplista que alimenta la indignación y la desmovilización de los católicos preocupados por poseer una dialéctica de oposición a la homosexualidad que les cae en el regazo. El padre Anatrella no invita a mostrar la homosexualidad por su mejor aspecto, y menos aún en una perspectiva de santidad y de alegría. Haciéndose de especialista, tiene propensión a enterrar la homosexualidad como una « no-sujeto » y como un peligro – un arroyo narcisista precisamente – del cual sería mejor alejarse. Lo menos que se puede decir, es que uno no sonríe mucho escuchándolo/leyéndolo. Y ése no es el habitual efecto dejado por las declaraciones de Cristo.
 

117 – Parece que los únicos que adoptan un discurso claro y sin concesiones sobre la homosexualidad sean el Cardenal Sarah o el Obispo Monseñor Leonard, ¿ no ?

No lo creo. Tanto uno como otro han decretado que, dado que la heterosexualidad y la homosexualidad formaban parte de las palabras-trampas de la neolengua libertaria, entonces eran temas occidentales y modernistas que se debían evitar. Incluso la sexóloga francesa Thérèse Hargot, que ha entendido que había un problema y una ideología detrás del término « heterosexualidad », utiliza su buen presentimiento para luego no explicar cómo funciona la heterosexualidad y para hacer de ésta un « no-tema ». Lo mismo respecto a la homosexualidad. Es una pena. Si no se nombra el mal, ¿ cómo podremos resolver sus mecanismos y efectos?
 

118 – ¿ Los sacerdotes comprenden la homosexualidad ?

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Intelectualmente, la entienden seguramente un poco mejor que demás. Es a nivel del corazón, de la comprensión de su universalidad y de su importancia en el combate espiritual final, donde la mayoría de ellos ha perdido el barco.

En general, conocen la homosexualidad académicamente (es decir la nomenclatura sociológica) pero la identifican con un epifenómeno social pesado y sin ucho interés, o al contrario un fenómeno mediático difuso, de pesadilla, peligroso y excesivamente sobrevaluado en la escala social en comparación con otros problemas más urgentes que ésta. Para estos clérigos supuestamente « moderados », que componen al final el grueso de las tropas clericales (digan lo que digan, más raros aún son los sacerdotes gays friendly partidarios de que la Iglesia cambie su posición sobre la homosexualidad), la homosexualidad es un falso « problema mayor », un callejón sin salida discursivo en el cual sería inútil adentrarse, una de las muchas leyendas urbanas respaldadas por la neolengua y el modernismo, pero que nos alejaría de lo esencial : la lucha contra el mal, la defensa de la sexualidad y del Hombre, la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, la Revelación, la victoria de Cristo, Su Resurrección, etc. Su espiritualización y su teorización de los hechos sociales indican su profunda falta de visión, de perspectiva, sobre esta Encarnación que tanto enfatizan. Devalúan la homosexualidad (la palabra tanto como la idea). Todavía no se han percatado de su cabida en el escenario socio-político-mediático, de su cabida en la afectividad y el sistema de creencias del Pepe común. « Hay más cosas en la vida que la homosexualidad ! » están refunfuñando. En el orden de sus prioridades, es su última preocupación. Infravaloran y desprecian su primacía contextual y emocional so pretexto de que la homosexualidad no es primera en el orden de la Verdad temporal y eterna, de la moral. Incluso creen que es un no-tema y que hacer hincapie en ella creará polémicas imposibles de gestionar. « A La homosexualidad, se le da demasiada importancia. ¡ La Iglesia no tiene nada que añadir al respecto ! » En realidad, están en su mundo.

El error fundamental que la gran mayoría de los sacerdotes actuales cometen, es de no darse cuenta de que para los poderosos de este mundo, en pocas décadas, no sólo la homosexualidad no es la hija menor sino la hija mayor y la vitrina en la que están dispuestos a apostar un dineral. Es Salomé Nueva Generación. En el podio de las presidenciales de los Estados Unidos, por ejemplo, la « causa heterosexual » ocupa el primer lugar (junto a los números 2 y 3, la Mujer y el Negro). Hay entre nuestros sacerdotes una enorme problema de adaptabilidad y de incapacidad de inculturarse con nuestra época, en brèves palabras, un problema de Encarnación. Detrás de esta pusilanimidad hábilmente camuflada por el intelectualismo o la celebridad, también identifico un temor real, una renuncia de su papel pastoral de verbalización del mal, de denuncia del pecado, de advertencia contra Satanás, de posicionamiento valiente a favor de la Verdad. Esto significa que después de haber declarado « No juzgamos a las personas y acogemos a las personas homosexuales », no se oyen por su parte el subsiguiente « Vete y no peques más » crístico, ni el anuncio de la Buena Nueva. Por miedo a defender su celibato continente, y por lo tanto a Cristo. Esto fue palpable, por ejemplo, durante el Sínodo sobre la familia en 2015.

El verdadero problema es la negativa a nombrar el mal y a considerarlo como vigente. Muchos sacerdotes y católicos son arrastrados a esta artimaña final de Satanás : la erradicación del mal por la no-verbalización de este último, por la jerga positiva, caritativa y espiritual (en inglés : positive wording). Según nuestros clérigos, la sexualidad es totalmente inocente, o desconectada del pecado y de la perdición, o estaría libre del mal simplemente porque se la asocia en el mejor de los casos al « Amor », a la « Vida », al « placer » y a « Dios ». Mientras que sabemos muy bien que a veces, según la forma elegida para su práctica, la sexualidad es el lugar y el refugio privilegiado de Satanás, del pecado, ¡ y entre otras cosas del pecado mortal ! Ellos todavía no entienden que la homosexualidad es el ámbito y la principal coartada de toda dictadura humana, del transhumanismo e incluso del terrorismo.

El ejemplo más elocuente de perogrullada (discurso sobre la Verdad pero que no anuncia la Verdad ; afirmación o reflexión cursi mediante la cual se expresa una evidencia o una banalidad ; lo que yo llamo las « verdades de horóscopo », es decir ni falsas ni útiles) clerical, aunque en este caso cito a un laico católico (muy influyente entre los sacerdotes, no obstante), es el discurso estereotipado de Tugdual Derville. Cuando este último se enteró de la homosexualidad del asesino del camión de Niza, en lugar de nombrar simplemente el mal y de animarse a pronunciar la palabra fatídica « homosexual », ahogó el pez en Twitter en una jactancia ecológico-humanista que imita la Doctrina Social de la Iglesia. Y siempre con la jerga mojigata y filantrópica que parece buena (« las raíces », « la transmisión », « la vulnerabilidad », « el altruismo », « la dignidad y la sacralidad de la persona », « los peligros de lo virtual », « la incultura », « la benevolencia », etc.), que nombra sin nombrar, que incita al católico bien educado a que la apruebe sin saber muy bien por qué. Miren los eufemismos : « #AsesinoDeNiza : Desarraigo, Abuso de las redes sociales y de Internet, Sexualidad sin límites, Contradicciones internas, Odio a sí mismo y a los demás. » ¡ Menudo guerrero ! Cuando este último se enteró de la homosexualidad del asesino del camión de Niza, en lugar de nombrar simplemente el mal y de animarse a pronunciar la palabra fatídica « homosexual », ahogó el pez en Twitter en una jactancia ecológico-humanista que imita la Doctrina Social de la Iglesia. Y siempre con la jerga mojigata y filantrópica que parece buena (« las raíces », « la transmisión », « la vulnerabilidad », « el altruismo », « la dignidad y la sacralidad de la persona », « los peligros de lo virtual », « la incultura », « la benevolencia », etc.), que nombra sin nombrar, que incita al católico bien educado a que la apruebe sin saber muy bien por qué. Miren los eufemismos : « #AsesinoDeNiza : Desarraigo, Abuso de las redes sociales y de Internet, Sexualidad sin límites, Contradicciones internas, Odio a sí mismo y a los demás. » ¡ Menudo guerrero ! Por arte de magia, se oculta la centralidad de la homosexualidad por las modalidades o las consecuencias anexas de la homosexualidad, por sus síntomas y traducciones filosóficas/sociológicas, por una fraseología cripto-católica que no se enfrenta a los problemas : ya que, obviamente, la « sexualidad sin límites » a que se refiere (¡ y que en realidad se llama la heterosexualidad !), los « abusos de las redes sociales y de Internet y las contradicciones internas » (¡ que en realidad se llaman la homosexualidad !) y el « odio a sí mismo y a los demás » (¡ que en realidad se llama homofobia !) no son nombrados. ¡ Más vale diluirlo todo en la metáfora, en el concepto cristiano-sociológico que se desvanece en el Humanismo integral, fundamento mismo del transhumanismo que tanto critica el fundador de la Ecología Humana !

Y cuando FINALMENTE se preocupa por nombrar el mal, Tugdual Derville utiliza circunloquios inquietantes pero siempre tan vagos, tales como « ideología », « totalitarismo », « pensamiento único », « cultura de muerte », « transhumanismo », « sistema libertario », etc., que a su vez son lugares comunes para no nombrar el mal o las realidades que éste engloba o sus traducciones en la mente y el corazón de nuestros contemporáneos: « El transhumanismo nos lleva a un guión totalitario. » afirma un poco más adelante el conferenciante reconocido… ¿ Y ahora qué hacemos ? ¿ Nos arrancamos el pelo frente a los que lo buscan al huevo, o qué ?

Como pueden ver, desgraciadamente, es muy fácil enunciar pequeñas verdades, pequeñas evidencias, para esconder las grandes e incluso dar la ilusión de que se trata de las grandes. El truco es aterrador. Sobre todo en los tiempos que corren, en los que la urgencia de anunciar la Verdad es inmensa y que la revuelta popular crece. Nuestro mundo tiene sed de profetas, de personas que dicen la Verdad, que nombran el Bien tanto como el mal porque obedecen al código moral y a los mandamientos del Amor encarnado que Jesús y sus pastores les han comunicado. Citaré con mucho gusto las palabras del obispo Monseñor David Macaire dirigidas a los jóvenes de la Jornadas Mundiales de la Juventud en Cracovia en julio del 2016 : « ¡ En las urgencias, no se puede dar homeopatía ! » Hay un contexto humano en el que nos inscribimos. No podemos, por prudencia evangélica y obediencia estricta al magisterio de la Iglesia Católica, por purismo de la benevolencia y de la estrategia « unitaria », siempre quedarnos en el mismo registro discursivo y argumentativo, sobre todo cuando alrededor nuestros contemporáneos hablan otra lengua y empiezan a enojarse al oírnos glosar sobre conceptos filosóficos y humanistas alejados de su vocabulario sobrerotizado y sobre-virtualizado. Jesús no vino por las personas que podían entenderle : « No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel. » (Mateo 15, 21-28)

Por el contrario, si en las urgencias del Gran Hospital (que son la Iglesia y el mundo) las medicinas homeopáticas no ocupan un verdadero sitio, los sacerdotes también tiene que cuidar la Caridad, y no inyectar, bajo el pretexto de la urgencia y de la prisa, dosis demasiado fuertes de Verdad y de acciones. Porque por ahora, aquellos sacerdotes tradicionalistas « ponderados », para compensar su propio letargo y para diferenciarse de sus colegas tradicionalistas blandos (criados con los métodos de comunicación « Pierre-Hervé Grosjean »), así como los sacerdotes progresistas relativistas gays friendly (especie rara, como he dicho), acaban por jugar a los tíos duros y por radicalizarse en el sedevacantismo, la musulmanesfobia, la homofobia básica. Cuando en su discurso sobre la homosexualidad hay el « Vete, y no peques más », suele ubicarse antes del « Te quiero »… las pocas veces que se enuncia este último. Están tan obsesionados con la idea de probar que la Caridad sin Verdad es una falta de Caridad, que acaban por declarar (erróneamente) que la Caridad sería una sumisión.

Hay que decir que por hoy, nuestros sacerdotes, en particular los más a la derecha y los más conservadores, no reciben ayuda por parte de la fachaesfera « católica » actual para reconocer la verdadera influencia de la homosexualidad en las mentalidades. A diferencia de los curas tradicionalistas moderados que trivializan esta impregnación social pro-gays por el relativismo o la palabrería, ellos se ven tentados a banalizarla por su desprecio agresivo para con los activistas LGBT que verían la homosexualidad y la homofobia por todas partes (incluso en el discurso del cardenal francés Monseñor André Vingt-Trois : utilizo el condicional, ya que resulta que la homofobia estaba también presente : no en el sentido de « ataque contra las personas homosexuales », sino en el sentido básico del término homofobia : « miedo a la homosexualidad y a anunciar la Verdad sobre aquella »).

Debido a que no asumen pensar lo que piensan, a que no nombran el mal y pecan por omisión y por miedo, o a que lo nombran en otro sitio que donde está (a fortiori, de manera excesiva y sin amor), nuestros sacerdotes, de todas las sensibilidades, reciben cada vez más burlas, presiones y ataques. La intelligentsia gay friendly no se engaña en cuanto a sus estrategias para denunciar las cosas a medias, de manera indirecta y no asumida (o al contrario demasiado asumida), como fue el caso precisamente con la homilía de Monseñor Vingt-Trois o incluso con las provocaciones del cardenal Barbarin contra el « matrimonio homosexual ». ¡ Estas evitaciones de contorsionistas con collar de clérigo tan sólo agravan su caso a todos !
 

119 – ¿ Son los sacerdotes católicos bastante calificados sobre el tema ?

Cardenal Antonio Cañizares (Valencia)


 

La mayoría de ellos cree que lo son todos. Están muy seguros de ellos mismos y se imaginan que no necesitan a nadie para ser expertos en la sexualidad. ¡ No necesitarían ni a las personas homosexuales, ni siquiera (en el caso de los que están en peligro de condenación eterna) a Cristo ! Por ejemplo, a veces fui recibido en seminarios por unos directores muy habladores, que extienden su conocimiento homoerótico (para luego no tomarse la molestia de volver a invitarme para una hipotética conferencia), que piensan que lo saben todo acerca de la homosexualidad porque han leído Julien Green y Marcel Proust o acompañan a dos o tres feligreses homosexuales (« Hombre, sí conozco muy bien Italia : ¡ me encantan las pizzas e incluso tengo un montón de amigos italianos ! »). En realidad, estos clérigos arribistas consideran la homosexualidad como una reivindicación mínima, un cliché literario exótico o un concepto sociopolítico insignificante y borroso. ¡ Un antojo social pasajero ! Y cuando por accidente tropiezan conmigo, o cuando uno de su colega insiste para planear nuestro encuentro, no son para nada conscientes de que no están simplemente lidiando con un tipo que se presenta como « católico y homo » (¡ uno más… !), ni con la nueva estrellita católica del momento, ensalzada por las honradas feligresas de buena voluntad, pero que pasará de la fama al anonimato en un santiamén : ¡ se encuentran sobre todo con un teórico de la homosexualidad a su pesar y con un traductor sin igual, fundamentalmente desinteresado por la mediatización en sí misma !

Para muchos sacerdotes, la homosexualidad – como realidad y como debate discursivo – es un componente entre otros del arsenal de lo que ellos llaman de manera caricaturesca « la dictadura del pensamiento único », « la cultura dominante de la deconstrucción y de la indiferenciación » (el « Género » para los más frikis de ellos), « el modernismo y el progresismo mundialistas », « el boboísmo zurdo desarraigado ». En resumen, ésta sólo sería un concepto secundario perdido en el gran concepto del mal moderno.

La dimensión social, política y eclesial de la homosexualidad, les da exactamente igual. El reto de la santidad de la continencia, la amenaza planteada por la ideología del Género para la Iglesia, no los miden. A veces les han ofrecido uno de mis libros (me confiesan riendo que ni siquiera los han abierto), fascílo que consideran como un testigo del mundo de Snoopy, y no como el análisis que dice muchas cosas nuevas sobre la homosexualidad, la heterosexualidad y la homofobia… ¡ todas esas palabras de la neolengua que les fastidian ! No perciben la dimensión escatológica/sacramental de la homosexualidad, ni la amenaza que va a cernirse pronto sobre los sacerdotes y los católicos a causa de ella. Ni siquiera ven que se está armando detrás de ellos la gran caza del « católico fundamentalista » so pretexto de la lucha mundial contra la homofobia, las discriminaciones y el terrorismo.

De momento, parecen incapaces de darse cuenta de que se han perdido ellos mismos en el intelectualismo y la virtualidad que reprochan a su época, y de que, mientras no hagan el esfuerzo de reinterpretar la idea del « pensamiento dominante » que tanto les afecta (¡ porque en el fondo, ésta los domina de manera invisible !) en las palabras y los hechos que la sustituyen en la mente y en la afectividad de la gente común y ateos hoy (« tolerancia », « amor », y especialmente « heterosexualidad », « homosexualidad », « homofobia »), se envolverán en un manto opaco que los cegará sobre los problemas y los principales peligros que acechan la Iglesia (la negación del matrimonio, del celibato de los curas, del sacerdocio, de la Presencia Eucarística, de la Iglesia, de Jesús). ¡ También serán el blanco de ataques por homofobia o por homosexualidad latente, que les van a tumbar en un instante, o ponerlos en contradicción los unos con los otros ! El número de provocaciones anticlericales relacionadas con la homosexualidad no deja de aumentar acumulando en todo el mundo. Por ejemplo, el 13 de mayo de 2016, el cardenal español Antonio Cañizares (arzobispo de Valencia) resultó víctima de los activistas homosexuales porque denunció el « matrimonio homosexual » como « una legislación contraria a la familia », advirtió contra las acciones del « Imperio gay » y calificó la « ideología del Género » de « más insidiosa de toda la historia de la humanidad ». La respuesta desproporcionada de las asociaciones LGBT no se hizo esperar : lo quieren llevar al tribunal por « homofobia » y « apología de odio ». Lo mismo ocurrió con el Papa Francisco, acorralado para « firmar abajo » de la Carta contra la homofobia de su propia iglesia, después de la JMJ 2016. En Francia, el Asunto Barbarin, aunque parezca resolverse y volver a la normalidad, no se ha acabado y fomenta un creciente sentimiento de injusticia, de impunidad de los verdaderos culpables, que va, en el futuro, volverse brutalmente en contra de todos los sacerdotes. Todo porque nuestros clérigos hablan mal de homosexualidad, las pocas veces que se atreven a hablar de ésta.

En general, los curas no tienen las palabras, no tienen el lenguaje necesario : o bien son demasiado tibios y timoratos, o al contrario son demasiado seguros, grandilocuentes, teóricos, conceptuales, alarmistas, intelectualistas, maniqueos, contundentes. Encima de que en sí no están preparados – por el mero hecho de que son sacerdotes y de que no son personas homosexuales (públicas)… Si además salen por la puertita trasera de su sacristía y no se enfrentan con los retos de la neolengua de las nuevas sexualidades en la que se cristalizan todos los mayores sufrimientos y las mayores violencias de nuestro tiempo, ¿ qué será de la Iglesia y de los católicos ? ¡ Un rebaño sin pastor! ¡ Acabarán en pedacitos !
 

120 – ¿ El último Sínodo sobre la Familia ha cumplido con su Misión ?

No. Fue muy académico, redundante además de ambiguo y confuso. Cuando se trata de convertir lo viejo en nuevo, siempre se acaba con esconder el agujero y con mentir en algún momento sin darse cuenta. Con respecto precisamente a la homosexualidad, ésta fue aplazada al estudio (« Vamos a examinar el expediente, ¡ lo prometemos ! ¡ Hemos sentado las bases y abierto perspectivas ! ») y a la pastoral (« Estamos llevando una reflexión sobre el acompañamiento que os propondremos, aunque en realidad no tengamos ideas mucho más nuevas que lo que ya existe con Courage International… así que os animamos a que continuéis con vuestras asociaciones y vamos a seguiros de lejos. »). La paradoja del discurso sinodal sobre la homosexualidad, ¡ es que los prelados del Vaticano han estado más preocupados por su acompañamiento hacia nosotros que por nosotros como personas ! Por cierto, ni siquiera hemos tenido la palabra (excepto para hacernos decir que existíamos y que como « homos », « amábamos a nuestra Iglesia y estábamos en contra del matrimonio gay », en vídeos que apestan a ideología bobó católica del Humanismo integral). Algunos cardenales han hablado por nosotros. Como mínimo. En las pocas conferencias presinodales sobre la homosexualidad, hasta fui descartado por mis propios amigos de Courage que acudieron a éstas sin hacérmelo saber, y sobre todo sin decir absolutamente nada acá, sin aportar nada. Pusieron la heterosexualidad y la continencia en la lista negra, como « no-temas ».

El cardenal guineano Robert Sarah, entre otros, jodió literalmente el debate sobre la homosexualidad. Con su discurso humanista supuestamente « sin concesión » y « bíblico », que repetía las futilerías intelectuales que hubieran sido de moda en la década de los 1990, enterró esta cuestión e hizo mucho más daño de lo que cree. En nombre de un « dogmatismo de la fidelidad a la Verdad bíblica », en nombre de un tradicionalismo familiarista que queda bien, y en nombre de un odio cortés al Occidente – que él llama « secularización », « liberalismo », « pérdida de los valores », « relativismo », « ideología », « cobardía » – que nadie ha cuestionado, transformó la homosexualidad en virtualidad, en capricho occidental, en espejismo de la posmodernidad que se debe evitar. « Dios ya dio claramente su opinión acerca de la homosexualidad. […] Si un prelado va en contra de la Revelación, es asunto suyo, pero vamos a seguir afirmando lo que Dios opina de la homosexualidad. Esto no quiere decir que no se debe acompañar pastoralmente a estas personas. » Debido a aquella censura homófoba que presenta bien, estamos en punto muerto, y el Papa no pudo hacer correctamente su trabajo de anuncio de la Buena Nueva hacia las personas homosexuales, Buena Nueva que va más allá de la simple enunciación educada de un « Estamos aquí. Os acompañamos. Os escuchamos. Gracias por vuestra visita. Adiós. Y nos vemos muy pronto. » Dado que la demagogia y la auto-culpabilidad masoquista por parte de los cardenales del Norte no ayudaron, no hemos realizado ni un ápice en este asunto sin embargo urgente y falsamente anecdótico.
 

121 – ¿ Por qué es preocupante que la Iglesia de arriba no defienda el celibato continente ?

 

 

Por sí misma, si la finta sinodal sobre la homosexualidad sólo fuera una simple cuestión de orgullo personal, si la homosexualidad se ubicara en la parte inferior de la pila de los expedientes por tratar en comparación con el Grueso de la Revelación, me importaría un pito. Pero son las repercusiones concretas y profundas sobre la comprensión contemporánea y universal de la sexualidad por un lado, sobre los sacramentos, los dogmas y la propia naturaleza del Cuerpo eclesial por otro, que me preocupan y me llevan a hacer gran hincapié en una reconsideración seria del desafío universal y eclesial entorno a la homosexualidad. Porque ésta es un fuerte síntoma de apostasia ; y si no se la estudia, llegará a ser un poderoso acelerador de aquella apostasía, tanto fuera como dentro de la Institución vaticana. De hecho, creo que el verdadero drama discreto que sucedió durante el Sínodo es que los que se supone que defienden el celibato continente (porque lo viven, lógicamente, siendo cardenales, obispos, Papa) y que lo proponen a aquellos cuya condición lo exige (las personas duraderamente homosexuales y los divorciados vueltos a casar), no fueron capaces de hacerlo. Añado que el celibato continente es la propia carne de la Iglesia, además de la Eucaristía y de la Biblia. Sin éste, ¡ no hay comunidades religiosas ! ¡ No hay sacerdotes ! Curiosamente, a través del callejón sin salida sinodal sobre la homosexualidad continente, era posible vislumbrar hasta qué punto en la Iglesia, e incluso en el seno del Clero católico, ya no se cree mucho en la felicidad dentro del celibato consagrado, o en la presencia real de Jesús en el Pan Eucarístico (= la transubstanciación). Parece mentira que la homosexualidad revele esto. Sin embargo es lo que sucede. Por lo tanto, si estoy muy inquieto por la descalificación de la homosexualidad, ¡ es sobre todo por la Eucaristía, por la Iglesia, por los sacerdotes !
 

122 – ¿ Qué argumentos presentan los cardenales para decir que el discurso eclesial sobre la homosexualidad aportaría más confusión que bien ?

 

El Padre Beauvais quemando la bandera homosexual durante la Marcha del Orgullo


 

Pretenden, en un fundamentalismo de la prudencia y de la « Verdad » positiva, que la homosexualidad, y el mal en general, no deben ser objeto de mayor atención que el bien por defender. Como bien hemos observado con las encíclicas Amoris Laetitia o bien Laudato Si. En general, se agarran a la idea de que sólo una verdad desnuda, intangible e ideal (por lo tanto una parodia de la Verdad verdadera y de la verdadera Caridad, ya que la Verdad-Caridad es una espada, es la Cruz, es decir una persona que pinta mal y toma la apariencia de la mentira : « No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra ; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. » (Mateo 10, 34-39) puede vencer el mal.

Con respecto a la homosexualidad, muchos sacerdotes y cardenales pecan por ignorancia, por miedo, por indiferencia al mal, por optimismo, por purismo intelectualista centrado en una Verdad positiva al 100% (… pero no al 100% verdadera… ¡ ahí está el problema !) sobre la sexualidad en general. Se creen que ya se ha dicho todo en el terreno de la sexualidad y que la homosexualidad es una abstracción, un falso tema, un desvío peligroso. Así que dejan de lado la sexualidad tal como es vivida y comprendida por nuestros contemporáneos, tal como se ha transformado mundialmente, siendo además convencidos de que tienen razón de mantenerse a flote y de que son las ovejas libertinas perdidas quienes deben entrar en su patrón tradicional de pensamiento y de creencia, y en su razonamiento bien engrasado sobre la diferencia de sexos, la familia, el matrimonio, el hombre y la mujer, el orden natural y espiritual, y no lo contrario. No han captado lo que Jesús anuncia a Pedro respecto a la Verdad y los Novísimos Tiempos : « Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo : cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías ; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Recuerdo que el cinturón simboliza la Verdad « Manteneos firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad. », Efesios 6, 13-18).

Cuando ciertos católicos u obispos me aseguran que la Iglesia ya ha dicho todo sobre la sexualidad – Teología del Cuerpo de Juan-Pablo II y Biblia como prueba – y que Ella no tiene nada que añadir (subtexto = « No hay que utilizar la neolengua con su cortejo de palabras sexualizadas absurdas como ‘homosexualidad’, ‘heterosexualidad’, ‘bisexualidad’, ‘homofobia’, que nos corrompen al espíritu del mundo »), les contesto : « No lo niego, parece ser que la Iglesia lo haya dicho todo respecto a la diferencia de sexos, es decir la sexualidad. Ya lo ha dicho todo en Jesús, de todos modos. Y cuando se interroga al Papa sobre la Unión Civil y la homosexualidad, éste se suma cautelosamente a su Magisterio, alegando que no inventará nada nuevo que sus predecesores. Y, sin embargo, nuestros contemporáneos son cada vez más desorientados y desinteresados por este discurso directo y positivo sobre la sexualidad, ya que la gente de Iglesia no dice absolutamente nada acerca de los simulacros actuales de la sexualidad que son la heterosexualidad y la homosexualidad, considerados en la mente y en el corazón de nuestros contemporáneos (incluyendo a los católicos) como la única sexualidad auténtica. »

Entonces, resulta imprescindible y urgente abordar las falsificaciones actuales de la sexualidad, para reconstituir el significado de la sexualidad a través de su doble negativo contemporáneo. La descripción de las falsas sexualidades (bisexualidad, prostitución, pornografía, violación, homosexualidad) hablará mucho mejor de la verdadera sexualidad que un discurso académico y teológico centrado únicamente en la definición positiva y eterna de la sexualidad y de sus bellos frutos (= « la procreación », « el valor sagrado del niño », « el Hombre y la dignidad humana », « la esponsalidad de la unión del hombre y de la mujer », « el matrimonio » y « la Familia », « la identidad hombre/mujer », « la vida eterna »), discurso positivo que conmueve cada vez menos a nuestros contemporáneos heridos en su sexualidad y obsesionados con las copias técnicas, sentimentales y más oscuras de la sexualidad, que se almoldan más a su experiencia emocional dolida : los enamoramientos y los coqueteos decepcionantes, las violaciones y abusos, la pornografía, el hijo-proyecto o el niño adoptado, el Hombre auto-determinado, el « matrimonio gay » y asexuado, la familia sentimental desintegrada, ensambleada y « homoparental », etc.

Tengo la impresión de que la mayoría de los católicos huyen de los problemas de su época por miedo a abrir la Caja de Pandora. Sin embargo, el médico del alma y de la sexualidad sólo puede trabajar levantando el vendaje sobre la herida. Nunca se cura a distancia. Se prohiben el uso de ciertas palabras de su tiempo, que consideran « negativas » o « modernistas ». Es la PW (Positive Wording), muy de moda entre los cientólogos, que pretende resolver los efectos cuyas causas calla, y que impone su chantaje con la « Caridad », con la « Verdad », con la « Misericordia », con la « Apertura », para ahogar a la Encarnación crística, a la Cruz y a la Verdad, y para infantilizar espiritualmente a los fieles. En realidad, desmantelan el trabajo – ¡ sin embargo saludable y esencial ! – de traducción e de inculturación de san Pablo (La inculturación cristiano es un término usado en misionología para designar la manera de adaptar el anuncio del Evangelio en una cultura determinada). Patética superstición. Como loritos, repiten conceptos supuestamente « católicos » para no verbalizar los verdaderos males de hoy o las instrumentalizaciones concretas de la Verdad. Ellos sólo describen los daños colaterales, las pocas veces que corren el riesgo de nombrar el mal. Es necesario, en un momento dado, describir el mal, en lugar de manejar conceptos evidentes – « la Vida », « la Dignidad Humana », « la diferencia sexual », « la Misericordia » – y de caer en la facilidad idiomática (incluso intelectualmente elevada y erudita) para no meterse en sus simulacros contemporáneos. Los conceptos que usan pueden ser buenos. No estoy diciendo que no. Pero no ven que dichos conceptos no están contextualizados, o bien que están instrumentalizados por los propios oponentes a su discurso. Por ejemplo, ¡ incluso la « dignidad humana » o la « defensa del más frágil » en los debates sobre la maternidad subrogada es utilizada por los defensores de la maternidad subrogada ! ¡ También « la Vida » ! Sólo la heterosexualidad queda usada sin ser explicada explícitamente ni por los opositores al « matrimonio para todos » ni por sus defensores. ¡ Y es ella en la que hay que enfocarse ! ¿¿ Qué están esperando ??

Para salir de este estancamiento de la « verdad sobre la sexualidad desarrollada », los católicos deben, por tanto, desviarse de su purismo intelectualista/doctrinal/compasivo y de su apego a la argumentación positiva de la sexualidad, para correr el riesgo de defender la verdadera sexualidad mediante sus dobles modernistas negativos. Sólo con la descripción de la capa de esmalte aparecerá concretamente el color correcto de la sexualidad. De lo contrario, al enunciar directamente el color correcto, y sin nombrar explícitamente el camino humano para llegar a éste ni el mal (= la diferencia de sexos disfrazada de « heterosexualidad »), muchas personas no comprenden ni la buena sexualidad ni su mala falsificación, hasta el punto de negar por completo lo sexual.

El problema fundamental que al final identifico en esta relación maniquea de los católicos – y especialmente de los clérigos – con la Verdad y con la sexualidad, es que piensan que para hablar del bien, no se debería hablar del mal. Ellos imaginan ingenuamente/orgullosamente/cobardemente que nombrar el mal sería crearlo, darle demasiada importancia y hacerle propaganda, y que el mal no se encuentra en el camino del Bien. En realidad, ¡ se olvidan del Vía Crucis ! ¡ Ellos quieren la Resurrección sin la Pasión, sin el descenso de Jesús a los infiernos, se olvidan de que Jesús es un signo de contradicción y de que la Paz que vino a traer es una espada que divide ! ¡ Sí señor !

Más específicamente con la homosexualidad, la ven como un tema anexo, en nombre de un apego académico a la definición teológica de la sexualidad y de la identidad humana, en nombre de una Caridad y de una Misericordia malinterpretada, en nombre de una Verdad tiesa y « verdadera en el papel de las Encíclicas ». Porque el perdón, el Amor, la Misericordia, se enfrentan precisamente con la miseria del mal, afrontan al mal, ¡ hasta tratan de salvar al mal ! Nuestro clero vive en la ilusión farisea o fundamentalista de que con el anuncio de una Verdad únicamente positiva o de lo contrario totalmente cruda, sin considerar sus parodias bien intencionadas y sus mutaciones sociales perversas, sin acercarse al mal y sin nombrarlo (hasta me atrevería a decir sin amarlo), transmitirán mejor a Cristo, con estrategia, con suavidad, con pedagogía, paciencia, prudencia, e incluso radicalidad. Expulsan lo negativo, en una forma de humanismo integral desencarnado, de militancia de la Verdad « sin concesión » (véase el cardenal Sarah) o de rechazo brutal del mal (¡ mientras que, hasta el final, Jesús amó a Judas y amó a Satanás !).

Ellos tienen problemas en concebir que la Verdad no es una cuestión de « respuesta correcta ». No se limita a « decir lo correcto » o « saber bien ». No se trata de mandar a paseo al mal. Para nada. La Verdad es tanto el resultado como el Vía Crucis que es Jesús para llegar a este resultado. La Verdad es un Camino de Amor que se vive con sus hermanos enemigos, es un cuerpo a cuerpo con el rey de la mentira, y hace pasar por muchas pruebas, ajustes, obstáculos, por el conocimiento y la experiencia del mal, por la adaptación al lenguaje de la gente de nuestro tiempo, por la verbalización contemporánea del mal y de lo Verdadero.

Jesús, durante su vida, luchó lo suficientemente contra los jefes de los sacerdotes, los escribas y fariseos, para mostrarles que lo malo no era lo que defendían sino la manera no-amable y académica con la que llegaban al resultado correcto, la inadaptación de la Verdad que conocían con su época y con las personas de su entorno. Como los alumnos mediocres o los hijos mayores « demasiado formales/escrupulosos » que consiguen el resultado matemático correcto pero sin el razonamiento que lo acompaña, sin la humildad y el combate dialéctico que conduce a éste : entonces, ¡ su logro se va pudriendo ! ¡ Como los atletas ganadores cuya victoria se ve empañada por el descubrimiento posterior de un dopaje ! Como los viajeros que alcanzan la Ciudad de llegada antes que los demás, pero que pasaron por la autopista o por sus propios medios adelantando a todos, sin conocer la alegría del esfuerzo compartido ni el dolor de haber caminado con sus hermanos más lentos. Lo que importa a Jesús es el Amor. ¡ No es « la verdad » ! No es « la realidad ». Los medios deben adaptarse al buen fin, ya que los medios no sustituyen al Fin. Infeliz aquel que no lava su vestidura en la sangre del Cordero, y que ingresa la boda del Reino sin pasar por la Puerta que es Cristo y su Cruz de Amor. « Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. Le dijo : ‘Amigo, ¿ cómo es que has entrado sin traje de bodas ?’ El hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a sus servidores : ‘Atenlo de pies y manos y échenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes.’ » (Mateo 22, 11-14)

A menudo, en la política como en la Iglesia, los católicos y sus líderes caen en la trampa de defender la Verdad por la Verdad, sin pensar en Jesús (y en sus hermanos ateos y oponentes) que se han de integrar en esta Verdad porque son la encarnación de la Salvación en promesa. Cuando tendrían que nombrar el mal (la heterosexualidad y la homosexualidad), por desgracia lo reemplazan por conceptos que son conocidos sólo por ellos (« el nihilismo », « el ateísmo », « el relativismo », « el materialismo », « el hedonismo », « el subjetivismo », « el racionalismo », « el pensamiento único », « la ideología », « el progresismo », « la pérdida de orientación », « la ausencia de transmisión », « la secularización », etc. « la maternidad subrogada », « el Género », « la familiafobia », « el Islam », « los lobbies », « el transhumanismo », para los más politizados) y por soluciones abstractas que suenan como un eslogan publicitario (« el compromiso », « la Esperanza », « lo verdadero », « lo bonito », « la cultura », « la educación », « la toma de conciencia », « los valores », « el bien común », « la ecología », « las convicciones », « lo humano », « la realidad », « la Vida », « la Benevolencia », « el diálogo », « la solidaridad », « la transmisión », etc.). Hacen como los Veilleurs (Sentinelas) cuyos debates y razonamientos son intelectualmente honestos y muy limpios, pero desconectados de lo Real y del nivel de comprensión de nuestros contemporáneos, que se congelan en parloteo intelectualista inoperante. Resulta tan impecablemente fastidioso como una buena presentación escolar, como una conferencia « verdadera » de François-Xavier Bellamy o del padre Pierre-Hervé Grosjean o del Cardenal Sarah. Todo parece estar allí. Pero no aprendemos nada. Repiten con estilo evidencias y verdades, adornadas con sus matices bien desarrollados. Sin embargo, eso no resuelve los problemas, ya que aquellos son conceptualizados e intelectualizados, atrapados por la retórica formalista o voluntarista o comunicativa o « misericordiosa » que los desarrolla/denuncia. Es una verborrea que le da vueltas al asunto sin tratarlo directamente. Es un simulacro de acción y de coraje. En concreto, no hay una verdadera toma de riesgo respecto a los temas candentes : nuestras portavoces católicos « criticones de las ideas recibidas » tienden a disparar contra ambulancias, a empujar puertas abiertas, a repetir una y otra vez un discurso aprendido de memoria sobre la familia, la Nación, Europa, la espiritualidad, la Verdad, el cambio, el compromiso, blabla. Pero detrás, suena a hueco y jode a todo el mundo. La gente necesita que vayamos hacia ella, que la ayudemos y que hablemos su lenguaje : no que nos justifiquemos verbalmente de que « debemos ayudarla » ni que le expliquemos « cuáles son sus problemas ».

¿ Queréis saber lo qué no hay que hacer ? Mirad el contenido y los titulares de las veladas de los Veilleurs parisinos. Es el mejor ejemplo que no tenéis que imitar. Nos sirven temas de filosofía política desde los más heterogéneos. Ello vuela en todas las direcciones, con presentaciones de primeros de la clase (sobre « la Nación », « el Estado », « la Libertad », « el Pueblo », « la Cultura », « la Razón », « la Educación », « el Lenguaje », « el Cuerpo », « el Origen », etc.) que, sin dejar de ser dignas de interés o serias, no son centrales y nos alejan del verdadero tema del « matrimonio para todos » que los parió, de la fe y de la sexualidad, aunque ésas estén indirectamente relacionadas con él. Nunca se trata de la cuestión sin embargo fundamental de la homosexualidad-heterosexualidad-homofobia, mientras que ésta es el meollo del problema (incluso del problema de los atentados, de la islamización, de la educación, de la política, de la crisis económica e institucional, de la eutanasia, etc.). Con mucho gusto señalo a estos Veilleurs las palabras del hombre (Jesús) a quien rechazan tanto como la homosexualidad, porque les tienen miedo : « ¡ Este pueblo de labios me honra ; mas su corazón está lejos de mí ! » (Mateo 15, 8)

El problema no es tanto la validez de lo que dicen nuestros cardenales o los líderes de opinión católicos, ni la sinceridad de sus buenas intenciones, sino la encarnación de lo que dicen, y la jerarquización de las prioridades en su discurso. Todos los sujetos son interesantes en sí mismos (depende del ángulo y de la finalidad de su tratamiento). Pero las digresiones, sobre todo cuando la urgencia de la Verdad y de la identificación de las raíces del mal es apremiante, son dramáticas. No estoy diciendo por ejemplo que sea inútil tratar de la pérdida de transmisión de valores, de la educación y del arte, de la importancia del compromiso. Pero en serio, ¿¿ de qué estamos hablando cuando defendemos « el arte por el arte », « la sexualidad por la sexualidad », « la educación por la educación », « la Verdad por Sí misma », « el compromiso por el compromiso », « la benevolencia por la benevolencia », « Cristo por Cristo » ?? ¡ De una « auto-segregación », en realidad ! ¡ de un Mesías que no ha resucitado y que se salva a sí mismo ! ¡ una verdad estancada y ya muerta ! Lo siento pero se trata de un antitestimonio. Es bueno distinguir la Verdad de la sinceridad (uno puede desear el bien sin hacerlo), distinguir la Verdad de lo verídico y de la veracidad (últimamente en Facebook, uno de mis contactos ha publicado esto – « Fulano me ha echado de su página sólo porque le había dicho que Caroline Fourest era una mentirosa patológica y complotista. Mientras que es verídico, además… » – sin darse cuenta de que no estaba en la Verdad porque no estaba en el Amor). Como bien ha dicho el padre francés Thierry Avalle, « decir sus verdades a alguien es diabólico ».

Creo que necesitamos salir lo antes posible de este discurso voluntarista, intencional, académico, conceptual, intelectualista, narcisista y cómodamente doctrinal, para abordar verdaderamente las prioridades. Y la prioridad, lamento decir que se trata de la sexualidad y de Jesús. La prioridad es el nombrar el mal que se esconde y que reemplaza a la sexualidad y a Jesús : la heterosexualidad, la homosexualidad, y el diablo. El resto son palabras al aire. Son debates-parásitos, descripciones de daños colaterales. Todas las convulsiones que pasamos actualmente (aborto, contracepción, divorcio, consumismo, hedonismo, Islam, transhumanismo, eutanasia, etc.) se cristalizan en torno a la homosexualidad. Debido a que toda nuestra vida y nuestra fe dependen de la diferencia de sexos. Y lo que por hoy la obstaculiza y la distorsiona son las palabras « heterosexualidad » y « homosexualidad ». Qué le voy a hacer. Podéis hablarme del Estado, de la libertad de conciencia, del Bien Común, de la cultura, del cambio, del compromiso, de la ecología integral : ¡ a la gente le importa un bledo ! Y los demonios se ríen de nuestra dispersión discursiva. ¡ Hasta su Maestro mismo tiene fe en Jesús y conoce la Biblia de memoria !
 

123 – ¿ Por qué la ley del silencio acerca de la homosexualidad es eficaz dentro del Clero?

En mi opinión, hay tres razones de su maldita eficiencia. La primera es el miedo y el no-dicho sobre la homosexualidad, la heterosexualidad y la homofobia, en la Iglesia. ¡ Pues, el diablo se frota las manos ! Ve la suficiencia y el estancamiento de los cardenales y del Papa sobre estos tres temas de los cuales están seguros de haberlo dicho todo o de no tener que añadir nada. Así que él, mientras tanto, llena ese vacío por un omertà muy eficaz. « ¿ Ustedes no contestan nada ? muy bien. ¡ Quédense la boca cerrada mientras yo saco el rollo de cinta adhesiva ! »

La segunda razón por la que digo que la ley del silencio que impone la homosexualidad tiene el poder para amordazar eficazmente al Clero católico actual, es que la homosexualidad corresponde a una práctica real entre algunos sacerdotes, práctica mucho más extendida que la pedofilia con la que nadie se identifica – ni siquiera los que lo practican – tanto es impopular… Así que obviamente, ¡ la amenaza de presunción probada que se cierne sobre los clérigos mediante la homosexualidad es más fuerte que cualquier otro tipo de amenaza (adulterio, pedofilia, bandolerismo, etc.) !

La tercera y última razón de la eficacia de la censura anticlerical a través de la homosexualidad, es que se promueve y banaliza socialmente la homosexualidad, incluso por parte de los miembros del Clero que se oponen a ella de manera demasiado arbitraria y desencarnada para ser firme. La benevolencia, la ignorancia y el temor, de los que goza mundialmente la homosexualidad, incitan a un cura a que la practique/la banalice por él mismo, y al lobby LGBT a que no tenga ninguna dificultad para chantajear a los sacerdotes sobre el tema, sabiendo que la homosexualidad constituirá un problema y un tabú sólo para ellos. Al reservar la exclusividad de la condena de la homosexualidad al Clero, los militantes gays friendly se aseguran un buen escondite para presionar a la Iglesia sin tener que intervenir directamente. Los enemigos de los sacerdotes son muy conscientes de que, con la homosexualidad, su censura tiene espesor doble : la de los gays friendly (que no quieren saber por qué están a favor de la homosexualidad, y que tachan de « homófobo » a cualquier analista de ésta), y la auto-censura de los sacerdotes opuestos a la homosexualidad (pero que no saben explicar por qué están en contra, y que han decidido que no se pronunciarían sobre el tema para evitar todo malentendido/toda sobreinterpretación/toda recuperación de sus palabras inciertas). La Palabra de Verdad está rodeada por todos lados.

Por lo tanto, con estas tres razones, sin duda ustedes comprenderán muy bien que la homosexualidad – como mero debate discursivo – ya ha silenciado completamente a la Iglesia. ¡ Y me pregunto cómo los miembros de la Curia van a sacarse de este lío rosa !
 
 

CAPÍTULO VI – LA HOMOSEXUALIDAD DENTRO DEL CLERO CATÓLICO :

 

124 – ¿ Forman parte los Asuntos Laurent Stefanini y luego Charamsa, de un programa premeditado para atrapar a la Iglesia ? ¿ Cuál es la próxima prueba ?

 

El « padre » Charamsa


 

No tengo ninguna bola de cristal. Sólo sé que la homosexualidad vivida en la continencia actúa como un buen barómetro para ver los signos de los tiempos y las ondas de tormentas que pasarán en la Iglesia. Dicho sea de paso, no hay que creerse la última Coca-Cola del desierto para entender que el asunto de la candidatura del embajador homosexual (Stefanini), el asunto del prelado polaco (Charamsa) que hace su salida justo antes de la celebración de la segunda sesión del Sínodo sobre la familia (en noviembre de 2015), la sincronización entre las quejas de La Palabra liberada contra el cardenal Barbarin y la oscarización de la película « Spotlight », no son coincidencias, no suceden « por casualidad », y participan de una agenda anticrística, de una maquinación, de una conspiración anticlerical relativamente premeditada. Los medios de comunicación, los políticos y los jueces deciden coordinarse para que sus ataques puedan impactar la opinión pública y cerrarse como una trampa sobre sus presas católicas.

Dicho esto, no sirve de nada achacar a Satanás y a sus seguidores humanos (todavía escondidos durante un tiempo en las logias masónicas, en los círculos libertarios, en los subterráneos urbanos) la inteligencia, la fuerza y la victoria de Cristo y de María. Porque su objetivo, es utilizar nuestro miedo y nuestra paranoia para hacernos hacer sus propios proyectos y establecer una división/confusión entre nosotros a fin de que tengan que intervenir lo menos posible.

Debemos recordar que los demonios son astutos pero que carecen francamente de distancia, de encarnación, ya que su falta de humildad y su condición de criaturas espirituales (y no de Creador, como lo es Dios y también como lo son los seres humanos en Jesús) acaban por traicionarlos inevitablemente. Hay un montón de cosas que los ángeles diabólicos son incapaces de hacer : no pueden encarnarse sin el consentimiento y la cooperación de los Hombres, no pueden penetrar en los pensamientos humanos, no conocen el porvenir, tienen muchos menos poderes que los ángeles obedientes a Jesús y a María y que los Seres humanos, y sobre todo se sabe que ya han perdido la batalla final. Actúan por instinto y cuando la ocasión fácil se presenta. No son ningún lince. La moderación, la sabiduría, la paciencia, esto no es su fuerte. Se vuelven locos, se apresuran demasiado rápido, se echan tontamente encima de todas las oportunidades de atacar a Jesús y a sus discípulos (sólo Satanás es un poco más estratégico para planificar y aplazar sus asaltos… y aún…), y están encadenados entre ellos (como prisioneros que se escapan juntos con sus esposas, bolas y cadenas comunes). Eso limita muchísimo su fuerza de acción.

Por lo tanto, aunque identifique muy bien conexiones mediático-políticas sospechosas entre los eventos que impactan actualmente la Iglesia, yo no clamaría demasiado rápido contra el complot o contra el « genio maquiavélico » del mal. Si engañan a la gente de Iglesia acerca de la homosexualidad y de los asuntos de moral sexual, ¡ es sin duda porque ella es cómplice de eso y no ha trabajado bastante sobre los asuntos, más que por los demonios y porque los lobbies liberales-libertarios serían más poderosos y más organizados que ella !
 

125 – ¿ Existe una mafia literalmente homosexual en el Vaticano ?


 

Sí. Y me han informado varios curas que viven en el Vaticano. No hay por qué extrapolar su influencia y su número. Pero hay que reconocer que esta pequeña mafia, que practica secretamente la homosexualidad y el chantaje en relación con ella, está sin embargo respaldada inconscientemente por la gran mayoría de los cardenales, es decir hombres buenos pero que entierran lentamente la cuestión de la bipolaridad heterosexualidad-homosexualidad como un « no-tema » y que se auto-proclaman « guardianes tradicionalistas del término medio entre los fundamentalistas y los progresistas » respecto a la problemática homosexual. ¡ Por lo tanto al lobby gay del Vaticano sólo le falta vaguear mirándoles actuar en su lugar ! ¡ Ahora mismo, ¡ es minoritario pero poderoso ! Sin embargo, el Papa Francisco ha proseguido con valentía la limpieza eclesiástica iniciada por sus predecesores. Pero va a pagar el pato con violencia. Ya que al diablo introducido en el Vaticano no le cae nada bien ser descubierto y luego desalojado. Por lo demás, Francis ha heredado el Vatileaks que había sufrido dolorosamente Benedicto XVI, nuestro papa emérito que nunca se ha verdaderamente recuperado del pulso que le echaron los habitantes inhospitalarios e « inamovibles » del nido de víboras vaticanas.
 

126 – ¿ Ha conocido usted a muchos sacerdotes homosexuales ? ¿ Qué proporción en la Iglesia ?


 

Lo cierto, es que me cruzo con muchos más que la media, debido a mi estuto de hombre mediáticamente conocido a causa de los dos temas que llevo – la homosexualidad y la fe. Así que, obviamente, mi punto de vista es ligeramente distorsionado y atraigo las excepciones (porque los sacerdotes homosexuales siguen siendo una minoría, independientemente de lo que induzca a pensar la caricatura anticlerical fomentada por la sociedad obsesionada del sexo). Dicho de otro modo, conozco probablemente a un promedio de sacerdotes homosexuales superior a lo que es realmente. De todos modos, mi conclusión sigue siendo válida y a tomar en cuenta.

¿ La proporción ? No me atrevería a sacar un número que será de todas formas incorrecto. Por un lado, porque la homosexualidad es una atracción y a veces una práctica escondida, por otro, porque no conozco a todos los sacerdotes y religiosos de la tierra, también porque un deseo no puede resumir a una persona y no se cuantifica, y por último, porque una probabilidad o una muestra que indica una fuerte tendencia nunca puede ser objeto de una generalización. Por lo tanto, aunque ciertos religiosos de fe me hayan señalado que habría aproximadamente entre sus cofrades de congregación o de sacerdocio un 30-50% de homosexualidad latente y un 20-30% de homosexualidad activa, no puedo basarme en sus observaciones para hacer una estadística. Sólo puedo decir que hay demasiados y muchos más de lo que se cree. ¡ Incluso los sacerdotes en sotana o collar de clérigo !

Es tan decepcionante y violento descubrirlo – sobre todo cuando uno ama a la Iglesia – que muy pocos hablan de ello, para no romper su propia fe ni defraudar las esperanzas de los creyentes. Pero amo lo suficiente a la Iglesia tal como es como para aguantar estas grandes decepciones, y finalmente mirar la trastienda a la cara.
 

127 – ¿ Cómo se puede dar cuenta de ello ?

Porque muchos sacerdotes homosexuales se ponen en contacto conmigo directamente, y del mundo entero, ¡ por supuesto ! O bien, encuentro a testigos directos de estos últimos. Me llegan sus relatos por Facebook, por mi blog, por correo electrónico, e incluso en persona. Y a través de ellos, muchas confirmaciones. Además, es una admisión lo suficientemente consistente y comprometedora/dolorosa de hacer para que crea en su palabra. Y en el caso de que los sacerdotes homosexuales que conozco me escondan su orientación sexual, a menudo adivino – sin pruebas siquiera – sus fantasías y su comportamiento sexual por su simple manera de tratarme o de situarse respecto a la heterosexualidad y a la Unión Civil. La homosexualidad vivida en la continencia funciona de todos modos como un detector casi infalible de la relación de los clérigos con la diferencia de sexos y con la Iglesia.

Y es más : soy consciente de que el número de sacerdotes que identifico como homosexuales está muy por debajo de lo que realmente es, ya que mantengo relación fraterna sólo con los sacerdotes que salen de su escondite o que humildemente se acercan a mí, sólo con los que (ya) no están en la práctica homo, o bien que están muy comprometidos en la lucha por la continencia, con logros importantes y duraderos. Si el número de aquellos confidentes es ya cuantioso mientras que son pocos, ¡ entonces es de suponer que los sacerdotes que todavía practican su homosexualidad y cuya existencia ignoro son todavía muchos más !
 

128 – En el caso de las monjas, ¿ qué es del fenómeno del lesbianismo ?


 

Esto parece existir sólo en las historias de Diderot, o en las películas porno, la literatura libertina del siglo XVIII, la Marcha del Orgullo Gay (las Hermanas de la Perpetua Indulgencia, travestis), las bromas de colegial que fantasean la violación de la Virgen, las nuevas teles-realidad (Quiero Ser Monja) y las últimos películas criptolesbianas. Pero seguramente que al igual que ciertos hombres, debe haber también mujeres que han optado por meterse a monja, no tanto por amor a un Jesús encarnado sino para huir de la diferencia de sexos y de los hombres. Pero que yo sepa, en total, no conozco a más que a cinco, incluyendo dos monjas españolas « exclaustradas » que hablaron en un programa de televisión de un canal del cable ibérico. Es poco. La homosexualidad, como suelo decirlo, se pone realmente « seria » y adquiere consistencia sólo entre hombres… y aún así, entre hombres, sigue siendo un cuento sincero.

Me doy cuenta, para los otros tres casos de monjas lesbianas con las que he tratado, de aspecto muy varonil a pesar a veces de su vestido comunitario femenino y de sus reivindicaciones católico-feministas, sienten en general en mi contra un profundo desprecio mezclado con celos. De hecho, el hombre homosexual continente personifica a los ojos de la religiosa lesbiana reprimida (y no siempre continente) la cúspide de lo que ella no quisiera ser y de lo que no la atrae en absoluto : ¡ él tiene la desgracia de ser un hombre (es decir « machote »), de ser homosexual (es decir « impotente »), y encima de ser casto (es decir « reprimido » o « más perfecto que ella ») ! ¡ Qué idiota ! Estas pocas monjas lesbianas oscilan entre un tradicionalismo religioso con fama súper machista/intransigente – en plan « jefas de hombres » o al otro extremo « mujeres humilladas cachorritos obedientes de los hombres » – y un progresismo protestantizado que reclama el casamiento de los sacerdotes, las mujeres obispos, las « avanzadas » prometidas por el Comité de la Falda, y el reconocimiento del « amor » bíblico entre Rut y Noemí. Tuve la oportunidad de observar, especialmente durante mis conferencias, impulsos andrófobos, homófobos y anticlericales, contra mí, muy sorprendentes, viniendo de parte de algunas célibes consagradas irritadas, que pretendían oír de mí el mismo « disco rayado » sobre la homosexualidad, y que deseaban que profundizara más (« profundizar más », creo que en realidad significaba para ellas ¿ « profundizar hasta arrancarles su propio lesbianismo » ?). Ellas todavía no se han desvinculado de la leyenda negra feminista/asexuada según la cual la Iglesia Católica sería la quintaesencia de la dominación del hombre sobre la mujer.

Pero estos casos de mujeres lesbianas católicas rebeldes son extremadamente raros. Porque si hay en el clero católico personas que me han acogido como un hijo amado o un amigo querido, son las monjas. Por otra parte, a fuerza de hablar con las vírgenes del Señor, jóvenes tanto como mayores, me doy cuenta de que saben mucho sobre la homosexualidad, no por ser ellas mismas lesbianas, sino de lo contrario porque, en su juventud, durante su vida de estudiante, e incluso después en el transcurso de su vida consagrada, se ganan muchísimas confidencias por parte de las personas homosexuales. Una religiosa, porque es mujer, madre, hermana y amiga pura, a menudo impresiona menos que un sacerdote. Por lo tanto, una persona homosexual va a ir más fácilmente hacia ella. Las hermanas consagradas ocupan un lugar fundamental en la Iglesia y en el camino de conversión de las personas que se sienten atraídas por el mismo sexo. Las quiero mucho.
 

 

129 – ¿ Por qué hay tantos sacerdotes homosexuales ?


 

Porque la Iglesia Católica acoge y llama a todos. Incluso y especialmente a los malos, a los pecadores, a los criminales, a los locos, a los prostitutos, a los enfermos, a los pequeños, a los que se sienten pésimos. Por lo tanto, es lógico que Ella albergue a la gente herida sexualmente – al igual que las personas homosexuales – incluso entre sus pastores. Ese estado de cosas es difícil de digerir. Pero es en el nombre del Amor (y de la libertad que de Él se deriva) – entonces por una buena razón – por el que el Clero católico está compuesto de pecadores. No debemos entristecernos ni ofendernos por ello, ni indignarnos de ser traicionados y engañados por la calidad del personal de servicio, sino al contrario entrar en el consentimiento alegre y el asombro apacible de Jesús por Judas. El hecho de que existan sacerdotes homosexuales (y lo que es más, homosexuales activos) es la prueba paradójica que Dios es amor y que Él es el vencedor de todos los males.

Otros motivos más prácticos explican (sin justificar) el número de sacerdotes gays dentro la Iglesia. Los futuros religiosos o los ordenados oficiales viven sin genitalidad física, sin la afectividad sentimental de la que todavía todos no han llorado la muerte y que todos no han reciclado en vida fraterna, social, sacramental y de oración, auténtica. Por lo tanto, es obvio que, en un proceso compensatorio, algunos tienen tendencia a regular/resolver los desbordamientos de su libido/apetito afectivo por una sublimación ambigua y erotizada de la infancia, de la amistad, de la hermandad con sus semejantes sexuados, de la paternidad varonil, de la oración, de la caridad, de la castidad e incluso de Jesucristo. Además, el hecho de encontrarse sólo con hombres durante siete años en un seminario, o bien de compartir en el Señor la calidez de amistades extremadamente más elevadas que en otros lugares bien puede generar/alimentar/desarrollar una tendencia homosexual, en un sentido más amplio que la práctica genital, e interiormente hacer creer en la existencia de amores particulares en el tiempo.

Lejos de excusar a los sacerdotes que pasan al acto homo o que descubren que son homosexuales durante/después del seminario, puedo dar testimonio de que su derrapaje homosexual a menudo no es premeditado ni planeado. Además, basta con que oculten el tema de su sexualidad, de su intimidad, de su espacio psíquico y de la genitalidad por una vida de oración intensa, un activismo solidario loable y portador de frutos innegables, una exteriorización católicamente correcta de ellos mismos (un seminarista o un sacerdote suele ser el niño mimado de los católicos y de sus superiores), un baño parroquial calentito, monástico, fraterno, para que se crean librados de una vergüenza secreta de la adolescencia. ¡ Y colorín colorado, se cerró la negación ! No me sorprende que haya muchos sacerdotes que se sienten homosexuales : ¡ la vida dentro de la Iglesia es tan grande, tan rica, tan diversificada, tan poderosa, tan fraterna, tan satisfactoria y celestial, que podría hacernos olvidar la diferencia de sexos, el matrimonio humano, la procreación, el mundo y la vida terrestres !

Algunos creyentes, aturdidos por descubrir la realidad violenta de la homosexualidad sacerdotal, su difusión, y también desengañados por su propia ingenuidad, tienden a negar por completo esta realidad, atribuyéndola a la leyenda negra mediática para discriminar al Clero, o bien a volverse contra los sacerdotes homos, tachándoles de traidores, impostores o disimuladores. Se creen que hay que ser extremadamente perverso e hipócrita para conocer su tendencia homosexual desde la infancia y esconderla a todos, incluso a sí mismo, hasta el sacerdocio y después. De una cosa a otra, muchas personas hasta llegan a afirmar que existe una relación causal entre la vocación religiosa y la homosexualidad, que la vocación sacerdotal es el paliativo y la coartada religiosamente correcta de la homosexualidad, e incluso que sería la vocación religiosa la que causaría la homosexualidad. Mientras que pienso que al contrario son la fantasía homoerótica (una mezcla de orgullo y de miedo) y luego la práctica homosexual que llevan a la gente a jugar a ser Dios, a corromper/codiciar la vocación sacerdotal y a « hacerse de cura ». No invirtamos las cosas. De hecho, la homosexualidad es probablemente el signo de una vocación religiosa, pero que fue mal interpretada, mal orientada, desviada por el diablo, ya que originalmente las personas homosexuales se han sentido – quizás de manera más precoz que los demás – hechas para la virginidad, la santidad y el celibato por el Reino. En vez de lamentarlo, nosotros, católicos, deberíamos ver en la homosexualidad latente de todo ser humano, y más específicamente en la sobrerepresentatividad de las personas homosexuales en el Clero, una señal de que la homosexualidad roza la santidad, y de que Dios ha estado presente en el corazón de las personas homosexuales a una edad muy temprana.
 

130 – ¿ Por qué la presunción de homosexualidad sobre los sacerdotes es tan fuerte ?


 

Entre otras cosas, porque hay un sustrato de realidad, como acabo de subrayar (¡ donde hay tópico, hay fuego !). Por eso el diablo y sus seguidores humanos aprovechan descaradamente la brecha. Si no hubiera una brecha ni un terreno social abonado, nunca podrían exagerar o generalizar un fenómeno pecaminoso marginal, ni hacerlo pasar por general.

Por otra parte, porque vemos a muchos sacerdotes homosexuales en nuestras pantallas de cine. Aunque se trate a menudo de proyecciones delirantes nacidas de espíritus libertinos malintencionados y anticlericales, no podemos negar que estas criaturas de ficción, una vez existentes y hechas verosímiles, sirven luego de referencias a los ateos y a los no creyentes que los confunden con los sacerdotes reales, y que incluso dan ideas retorcidas a algunos seminaristas y sacerdotes reales.

Para ir más lejos en el análisis, creo que esta presunción de homosexualidad que pesa sobre los sacerdotes de hoy refleja los celos del demonio para con los seres humanos, y en particular para con Cristo y los que se han revestido de él. Ese es la perspectiva sobrenatural y escatológica : Satanás quiere hacer caer a los sacerdotes, es su objetivo. Desde un punto de vista esta vez simplemente sociológico y moral, también veo en ello una desafección generalizada por el celibato, por la continencia, por la Eucaristía y también por la Iglesia Católica, veo una obsesión por la Pareja televisiva, una incomprensión social creciente con respecto a la vocación religiosa, y un encadenamiento cada vez más sistemático y mundializado a los impulsos, a la pornografía, al adulterio, a la genitalidad, al sentimentalismo amoroso asexuado y angelista. Para las mentalidades actuales, ser un sacerdote masculino y paterno, ser un cura feliz en la fidelidad y la obediencia al voto de castidad, es una provocación viviente en el corazón de un mundo excesivamente erotizado que considera al Amor sólo como un producto de consumo efímero, y al compromiso duradero sólo como « terrible molde liberticida ». La figura fantasmática del sacerdote homo viene luego a desempeñar su función de morfina y de diversión sarcástica, viene a darle la razón a los libertarios depravados y a calmar su frustración de vivir una libertad sin marco y sin el Sentido del Amor.

Por último, creo que desde la década de los años 1960, muchos católicos fervientes sin saberlo han dejado que aquella presunción de homosexualidad se instalara/se pegara/se impregnara/contagiara a sus pastores, simplemente para librarlos de ella. Esto puede parecer paradójico, pero es lo que sucede. Observo efectivamente una reacción de autodefensa y de negación muy humana por parte de los que aman tanto a la Iglesia que no La quieren ver desfigurada por actos y líderes que no se Le aparentan. Para protegerse y preservar sus piadosos sueños sobre la Institución (ellos dirán « para ver el vaso medio lleno y no medio vacío » y « permanecer en la Esperanza »), muchos católicos entonces se ponen anteojeras y prefieren no saber. Tengo que reconocer que incluso yo que estoy acostumbrado a descubrir casos de homosexualidad en el clero, siempre me alucina cada vez que descubro uno nuevo. Y me llevo al menos 24 horas para recuperarme. Cuando un cura no es fiel a su sacerdocio, o cuando un seminarista resulta ser homosexual, eso es todo el cuerpo eclesial que sufre, es una parte del edificio que se derrumba. Se podría comparar esa onda de choque a la noticia de un divorcio que no esperábamos. Con el descubrimiento de la homosexualidad activa de un sacerdote, es verdaderamente la imagen de la Iglesia, de Jesús y de Dios, que duro golpe se lleva y que se desgarra en nuestro corazón de creyente. Y he visto a fieles católicos, menos avezados que yo al conocimiento de los asuntos internos de homosexualidades sacerdotales, que se cayeron desde muy alto al darse cuenta de la realidad pecaminosa de la gente de Iglesia. Jesús dejó a Judas que entrara en la guarida… ¿¿¿ Por qué ??? Entiendo totalmente que pueda ser un duro golpe difícil de digerir. Porque realmente un sueño se acaba. Pero no es negativo. Probablemente es un duelo necesario. Un duelo que da las claves de comprensión de la Pasión, de la Cruz y luego de la Resurrección de Cristo. Y si mi estudio de la homosexualidad dentro de la Iglesia permite esto, nuestro Amor por la Institución y sus administradores saldrá engrandecido, renovado, fortalecido. Mi objetivo no es de ninguna manera destruir las esperanzas fundadas en la Iglesia y su santidad (todo lo contrario) ni convertir al Vaticano en guarida de homosexuales. Pero un cierto desencanto nos permite purificar realmente nuestra relación con nuestros pastores (que siguen siendo pobres pecadores servidores), sanear nuestra oración por la Iglesia, mejorar nuestro acompañamiento acerca de los sacerdotes. Sin duda es mejor amar a la Iglesia tal como es, y no tal como podemos idealizarla.
 

131 – ¿ Por qué dice que la pedofilia es la nariz postiza de la homosexualidad ?