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Para acabar con el Asunto Charamsa, lejos de abrumar al sacerdote polaco, lejos de contentarme con despreciarlo orando histéricamente sobre su « caída » sin entender su significado, lejos de justificar su salida del armario y hacerme de abogado del « diablo », creo que su actitud no es sólo la « estratagema mediática » que muchos católicos quieren ver en ella.

Hay algo de verdad en su « golpe de Estado ». La reacción de este sacerdote es lógica e indica que los agravias existen por ambas partes entre él y la Iglesia romana, que el discurso eclesial sobre la homosexualidad aún no ha encontrado ni su coronación, ni su coherencia ni tampoco su encarnación (como lo han mostrado ampliamente las conferencias pre-sinodales la semana pasada).
 

No es una coincidencia que dicho sacerdote haya exclamado desde su primera entrevista : « Es hora que la Iglesia abra los ojos frente a los creyentes y los gays creyentes y entienda que la solución que propone, es decir la abstinencia total y una vida sin amor, no es humana. »
 

De hecho, Charamsa apunta la exigencia de la CONTINENCIA que la Iglesia Católica da a entender en su discurso sobre la homosexualidad, pero sobre todo apunta el miedo – que parece ser una hipocresía, en este caso – de su Iglesia a asumir y a anunciar explícitamente aquella exigencia… porque de hecho, el sacerdote polaco obtiene aquí 1 punto : la Iglesia todavía no ha tenido el ánimo de asumir precisamente la llamada al celibato continente, es decir a la « renuncia a la pareja » pedida a la gente duraderamente homosexual (renuncia que no es inducida en absoluto por la palabra vaga de « castidad » que por el momento ha prevalecido en todos los discursos oficiales de la Curia sobre la homosexualidad). Entonces no es de extrañar que aquel sacerdote vea y denuncie esta falta de franqueza REAL, este talón de Aquiles, este velo púdico de imprecisión mojigata, como una mascarada, como un signo revelador de una homosexualidad clerical reprimida (porque, en parte, ¡ este velo es una confesión de la práctica homosexual y de la creencia en el « amor homosexual » efectivamente escondidas en el Clero !).
 

Y para ir un poco más lejos, Charamsa espera la Verdad. Espera la forma concreta de la Cruz que se le entrega específicamente en el marco de su tendencia sexual real. Y de momento la Iglesia priva a todas las personas duraderas homosexuales de esta Buena Nueva de la continencia. Es un vacío objetivo. Así que yo no iría tan rápido en el linchamiento del señor disidente.
 

Su salida del armario es el indicador de incumplimentos a la Verdad que el Papa, los cardenales y los obispos deben escuchar, en lugar de apagar la parcela de Verdad que contiene el gesto mediático deshonrosos mediante el proceso de intención caricaturesco (« ¡ Él hizo esto para darse a conocer ! », « ¡ Es diabólico ! », « ¡ Él quería dividir la Iglesia la víspera del Sínodo ! », « ¡ Se quedó corto ! », « ¡ Él quería promocionar su futuro libro. » ; « ¡ Es la ganga para la propaganda mediática anticlerical ! », etc.). También hay que saber escuchar el significado de los ataques.
 
 

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