Hoy, una amiga en Facebook, me indica una publicación bienintencionada de un tal José María Rodríguez Olaizola, sobre « Iglesia y Homofobia ». La transcribo entera :
 

 

« Ayer publiqué un tuit. Una sola frase: “Basta de homofobia en la Iglesia”. Inmediatamente me encontré con un montón de respuestas. Algunas, positivas. Otras, bastantes, negativas. Entre las negativas, algunas respetuosas con la persona, pero que discutían mi afirmación. “En la Iglesia no hay homofobia” -decían unos-. Otros cuestionaban que cómo un sacerdote podía afirmar algo así de la Santa Madre Iglesia. ¿Acaso soy un hereje, un tirabombas, un apóstata encubierto? (sí, de todo esto he leído). Luego, también alguno preguntaba ¿es que acaso hablo por mí mismo? Había insultos también, aunque en esto, como siempre hago ante las faltas de respeto personales, prefiero silenciar y bloquear. Algunos me urgían a releer el catecismo. Otros decían que la Iglesia es la que atiende a los enfermos de SIDA -gracias por la aclaración, yo mismo estuve varios años en un piso de Caritas, haciendo varias noches a la semana y acompañando a personas con HIV en los años 90, cuando la Iglesia era la única institución que se volcaba con las personas enfermas-. (Por cierto, el SIDA no es patrimonio de las personas homosexuales).

Todo eso lo sé. Y amo a la Iglesia, de la que me siento parte. Y me alegran pasos que se van dando, una mayor sensibilidad, y afirmaciones como la del último Sínodo de los Jóvenes, que en el documento final insiste en que “Dios ama a cada persona, y así lo hace la Iglesia, renovando su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Pero en la iglesia hay homofobia. Esto no es lo mismo que decir que en la Iglesia solo hay homofobia. Porque, efectivamente, en la Iglesia también hay acogida, y respeto. Hay personas, instituciones, y grupos que acogen. Pero, desgraciadamente, hay personas que rechazan y discriminan. En una institución plural como esta, hay personas que manifiestan hacia las personas homosexuales actitudes hostiles e insultantes, a veces sin ni siquiera darse cuenta.

Alguien me preguntaba: “¿Podrías definir homofobia?” Para definirlo no hay más que leer algunas de las respuestas que recibí. Hay quien ha aprovechado para establecer paralelismos, comparando la homosexualidad con el asesinato o con el robo. También hay quien ha vuelto al atrasado argumento de que homosexualidad es igual a enfermedad. Y, por supuesto, están todos los que inmediatamente vinculan homosexual con pedófilo ¿Y todavía me discuten que hay homofobia dentro de la Iglesia? Sí, desgraciadamente, hay muchos cristianos que no respetan a las personas homosexuales. Los mismos que exigen celibato de por vida para las personas de orientación homosexual, afirman sin ningún rubor que los homosexuales no pueden ser considerados para el sacerdocio porque no son capaces de una vida célibe. ¿En serio? ¿No ven cierta contradicción entre ambas exigencias?

Honestamente, sé que las polémicas pueden ser ocasión para los insultos. Pero también pueden ser ocasión para la reflexión sosegada desde el respeto. Para seguir buscando, en Jesús y su Palabra, lo que más nos pueda ayudar a comprender el mundo en el que vivimos y a tratarnos desde el amor radical e incondicional que está en el corazón del evangelio. En ello estamos. Y aunque a veces uno tendría la tentación de callar y no meterse en líos, seguimos a un Maestro que no tuvo miedo a alzar la voz.
 

Lo más triste, es que aplauden a alguién que levanta el problema pero que no lo resuelve, porque no da las definiciones (de las palabras « sexualidad », « homosexualidad », « heterosexualidad », « homofobia », « transidentidad »). Yo pretendo (además como persona homosexual continente) dar las buenas definiciones (porque lo son, y son el fruto de 15 años de trabajo : ejemplo con mi definición sintética de la homofobia)… y nadie comparte, nadie escucha, nadie lo ve (c.f. mi libro La homosexualidad en Perú). La gente prefiere la facilidad, prefiere a los ignorantes que no explican nada pero que hablan de « acogida/acompañamiento », a los que añoran la falta de acogida. Ridículo. La situación es absurda, injusta, desastrosa.