« Nuestro gran enemigo, es la heterosexualidad. Jamás la Iglesia católica la ha defendido. El problema, es que tampoco jamás la ha denunciado. »

 

Este texto proviene del sitio ZENIT BRASIL y de la entrevista del periodista Thácio Siqueira. También existe la traducción en francés.
 
ZENIT
 

Philippe Ariño es un intelectual católico de 35 años. Cantante y ensayista (véase su blog La Araña del Desierto y también su blog CUCH – Católicos Unidos Contra la Heterosexualidad). De manera casi accesoria, también homosexual. Reside en París. Ha elegido vivir su atracción sexual en la continencia (abstinencia por Cristo) y se opone a las Uniones Civiles tanto como al « matrimonio homo ». Ha escrito varios libros sobre la homosexualidad, la homofobia, un Dicionnario de los Símbolos homosexuales. Y ahora, prepara un tercer libro sobre los frikis bohemios y el Fin de los tiempos.
 

1 – Philippe, en los últimos años ya has dado varias entrevistas para los medios, incluso católicos. En tu opinión, ¿por qué, en un primer momento, tu testimonio ha llamado la atención del mundo, especialmente del mundo católico?

Porque la gente siente que hay un desafío de santidad y de Salvación detrás de la homosexualidad, pero no sabrían decir por qué. Ya sienten que las personas homosexuales son individualmente a veces personas adorables, que no han elegido su atracción por las personas del mismo sexo… y por lo tanto ellos no entienden por qué esa falta de libertad sería marcada por el pecado y las privaría de la Salvación, o ya simplemente del « amor ». También están muy desorientados por los mitos sociales de la identidad homosexual (la « salida del armario ») y de la creencia social en el « amor » homosexual (la « pareja » homosexual), cada vez más idealizados y banalizados por los medios de comunicación y los políticos, ya que son testigos sobre el terreno que estos dos mitos ocultan mucho sufrimiento, insatisfacción y violencias. Ellos tienen ganas de entender este misterioso abismo entre intención y práctica, entre deseo y realidad, entre amistad hacia las personas homosexuales y cotidiano íntimo y amoroso de aquellas. Hay una fascinación social en torno a la homosexualidad, dado que la gente siente intuitivamente una violencia (mis libros tratan además de los nexos no-causales entre el deseo homosexual y la violación), pero que ésta es maquillada de amor. El otro dilema interior que se plantea para los católicos y que se convierte en fascinación, es el hecho de ver reunidos en una persona viva de carne y hueso como yo dos aspectos (la fe y la homosexualidad) que su razón y la sociedad por lo general suelen oponer. Se dicen : tal milagro de unidad alegre sólo resulta posible por la santidad.
 

2 – ¿Y ahora? ¿Qué ha pasado? ¿Sientes que sigues siendo comprendido entre los católicos? ¿Por qué?

Mi discurso sobre la homosexualidad nunca ha sido mejor acogido como por los católicos. Así que no escupo en su mano. La gente de Iglesia, aunque acusan retraso en cuanto al conocimiento y al análisis de la homosexualidad, sin embargo tienen menos retraso que los ateos gays friendly. Dicho esto, me doy cuenta de que las tres cuartas partes de los católicos creen en la existencia del « amor » homosexual. Y la cuarta parte que queda y que se opone a ello no sabe por qué hacerlo, y no se opone a éste por razones correctas ni con la Caridad-Verdad apropiada. Ellos suelen despreciar las palabras « homosexualidad », « heterosexualidad » y « homofobia », considerándolas como irrealidades de las que es importante no hablar. Como entenderán, no me ayudan ni los pro-gays, ni los anti-gays, ni los indiferentes. Y estas tres categorías, en general, sólo componen una. Depende de los momentos, de las modas y de la dirección del viento.
 

3 – Tu primer libro ha tenido más de 10 mil copias vendidas en Francia. ¿Y tu segundo libro sobre la homofobia? En tu opinión, ¿a qué se debe esta falta de interés?

A los católicos les complace la persona homosexual (incluida católica) mientras que pueden utilizarla como pantalla de humo a la acusación de homofobia. Pero no les gusta que esa persona entre en detalles o hable de homofobia y de heterosexualidad. A la mayoría de ellos le resulta « demasiado complicado ». Mientas que su testimonio sigue siendo personal, emocional, ejemplar, y que no se universaliza demasiado, todo va bien. Una vez que pone en tela de juicio la relación dolorosa que ellos mantienen con la diferencia de sexos y con la Iglesia, entonces, el testigo homosexual se vuelve más fastidioso y menos « divertido ». La homosexualidad es el signo social que los hombres y las mujeres ya no se encuentran, y que los católicos ya no obedecen a la Iglesia. Al descubrir esta cara problemática oculta de la homosexualidad, este espejo de sí mismos, los católicos no exaltan mucho tiempo a su testigo incómodo. Nosotros, las personas homosexuales, somos espejos vivos de la fragilidad de su matrimonio, de su familia, de su fe.
 

4 – Se ha terminado en Roma el Sínodo sobre la familia. Con relación a la homosexualidad, ¿ves que los padres han discutido lo esencial?

No. No se dijo nada. La homosexualidad se transformó en un tema inexistente. Todo esto – ¡eso es lo peor! – en nombre de un sano humanismo espiritual (« No sois sólo eso. Sois hombre o mujer, e Hijos de Dios. ») y del enfoque sobre la Caridad (« Nosotros no os juzgamos, os acogemos y os ofrecemos un acompañamiento específico. »). En realidad, con este Sínodo, hemos tenido derecho al mensaje de Caridad sin la Verdad, al Pan sin la Copa, al llamamiento a la Castidad sin la forma concreta del celibato continente y de la Cruz, al acompañamiento sin la vocación y sin el marco del don entero de su persona al mundo y a Dios. O bien la homosexualidad fue barrida en nombre de su caricatura militante. Incluso algunos obispos africanos han occidentalizado la homosexualidad y la han convertido en símbolo de la prostitución eclesial al liberalismo y al progresismo contemporáneo. Lo que las personas duraderamente homosexuales necesitaban, no era un ACOMPAÑAMIENTO (psicológico, espiritual, fraterno, « casto », « amistoso », « santo », todo lo que queráis), sino una VOCACIÓN (que encuadra sea con el matrimonio de amor hombre-mujer sea con el celibato consagrado y la evangelización a escala universal)… Este silencio sinodal es muy preocupante, ya que no conozco un tema más conflictivo en la Iglesia y más explosivo socialmente como la homosexualidad cuando ésta no es tratada, y más santificador en la Iglesia cuando la homosexualidad es entregada y vivida en verdad. Yo iría aún más lejos. La homofobia (= el miedo al mismo, y luego el miedo a la homosexualidad) eclesial esconde un miedo aún más inquietante : el del celibato continente. Mientras que el celibato tendría que ser el corazón del clero. Si incluso aquellos que se supone vivirlo temen ofrecerlo, significa que ¡la casa está realmente en llamas !
 

5 – Sabemos que el documento final del Sínodo no es más que sugerencias para el Papa, que ya ha anunciado que escribirá una exortación apostólica. ¿Qué te gustarías que el Papa pusiera en esta exortación?

Idealmente, me hubiera gustado que el Papa defendiera estas 3 grandes verdades sobre la homosexualidad :
 

a) Poner la homosexualidad al primer plano (del Sínodo, de la política internacional, de la Iglesia, del mundo).

¿Cómo? Diciendo que no es ni una identidad ni amor, pero que sin embargo sigue siendo un tema crucial porque constituye la principal coartada mundial a favor de la eliminación de la diferencia sexual y a favor de la banalización/destrucción de la familia/del matrimonio/del celibato consagrado/de la Iglesia.

¿Por qué esta primera verdad corre el riesgo de ser silenciada? Debido a que los cardenales suelen colocar la homosexualidad al último plano. Este ya fue el caso durante las conferencias pre-sinodales de octubre 2015. Ellos se centran en el no-juicio de las personas homosexuales, en la acogida benévola, en la devaluación de la homosexualidad, en nombre de un humanismo anti-comunitarista y anti-esencialista, en nombre de un rechazo de conformarse a la ideología libertaria, sentimentalista y relativista del Occidente, en nombre de una sacralización cómoda del matrimonio/de la familia/de la diferencia de sexos (¡las estatuas de los esposos Martin, chapadas en oro!).
 

b) Denunciar pública y explícitamente la heterosexualidad como el diablo disfrazado de diferencia de sexos.

¿Cómo? Diciendo que la heterosexualidad es una diferencia de sexos forzada y bisexual/asexual/libertina, que no respecta en absoluto a la diferencias de sexos amante. Explicando y dando su génesis en lugar de hacer de ella una « falsa cuestión » o un « tema al margen ».

¿Por qué esta segunda verdad corre el riesgo de ser silenciada? Debido a que el análisis de la heterosexualidad es tanto despreciado y banalizado como el de la homosexualidad, en nombre de un universalismo espiritual/antropológico y de la ideología del humanismo integral (humanismo que defiende en ese caso un desprecio de la sexualidad, confundida y reducida a la genitalidad).
 

c) Poner a las personas homosexuales continentes en el primer plano, atreviéndose a anunciarles concretamente el color de su Cruz y sobre todo de su Misión/Vocación específica y universal de Iglesia.

¿Cómo? Más que proponer a las personas duraderamente homosexuales un simple acompañamiento o una restauración de sí mismas, ofrecerles algo GRANDE : un sitio entero en la Iglesia, una vocación, un diácono, (¿una consagración oblativa especial, una orden religiosa?), una ofrenda de ellas mismas a la santidad, al mundo, a través del celibato continente y de la obediencia a la Iglesia.

¿Por qué esta tercera verdad corre el riesgo de ser ignorada? Porque en el mejor de los casos, se ofrece a las personas homosexuales la castidad (sin la forma concreta de la continencia… por miedo a nombrar su Cruz específica, a dirigir a las personas hacia el camino estrecho del celibato sacerdotal… además sin el sacramento del orden que conlleva), en el peor se deja a las personas homosexuales de lado, ofreciéndoles un acompañamiento discreto, una pastoral tímida (Courage), un concepto turbio de « amor de amistad » (traducción ambigua del philia griego).
 

6 – Con frecuencia dices que los católicos de hoy se esconden detrás de ciertas palabras, pero que no se enfrentan el problema principal. Hable un poco de eso.

Sí. Para asustar o asustarse y movilizar al mundo de su alrededor, se esconden detrás de conceptos teóricos que incluso quienes los aplican los desprecian o no saben lo que son : el Gender, el lobby LGBT (oído como el lobby homosexual), la Procreación con Ayuda Médica (PMA), los vientres de alquiler. Ellos están acostumbrados a demonizar las consecuencias cuyas causas valoran. Por ejemplo, nunca se han percatado de que los pro-Gender eran anti-Gender, de que el Gender era la heterosexualidad, de que el lobby LGBT era el lobby heterosexual, y de que la Unión Civil era el « matrimonio para todos ». Por lo tanto son capaces de estar a favor de la Unión Civil y al mismo tiempo de oponerse al « matrimonio gay », o de definirse a sí mismos como heterosexuales mientras que demonizan al « lobby LGBT » y al Gender. ¡Hastan van a argumentar que « la sexualidad no es únicamente sexual » ! Para ellos, ¡no hay contradicción alguna!
 

7 – Y el “amor homosexual”, existe?

No. El amor es la acogida de la diferencia. Lo vemos en cada momento de nuestra vida. Cada vez que no queremos es cuando rechazamos la diferencia, y sobre todo la diferencia que nos funda, la que nos permite existir y entregarnos plenamente, es decir la diferencia de sexos. El amor es la acogida de la diferencia de sexos. Esto también es tanto válido para los solteros y amigos, como para las parejas. Al decir esto, de ninguna manera hago la apología del matrimonio y de la procreación. Tampoco idealizo a todas las parejas hombre-mujer. No basta con integrar la diferencia de sexos en su pareja para que aquella sea acogida y honorificada. La diferencia sexual, por sí sola, no es una garantía de amor. Pero cuando ella es realmente respetada y coronada por el amor, se convierte en lo mejor para existir y para amar. Esto se averigua tanto en el matrimonio como en el celibato consagrado.
 

8 – ¿Eres un homosexual o te sientes un homosexual?

Ni lo uno ni lo otro. Soy un hombre y un Hijo de Dios. Siento en mí una atracción homosexual profundamente arraigada, que no me define pero que condiciona seriamente mi existencia. Como un miedo persistente, una minusvalía objetivamente… descapacitante, una realidad duradera de mi vida y que (por ahora) ni la oración ni los sacramentos han logrado erradicar. Pero si Dios permite mi homosexualidad, será por una misión mayor que si Él me la hubiera quitado.
 

9 – ¿Por qué vives en continencia? ¿Cuál es la diferencia entre continencia, castidad y celibato ?

Vivo la continencia ya que ella me permite entregarme a mí mismo por completo, en todas las dimensiones de mi ser, a la Iglesia y al mundo. Incluso me permite dar mi homosexualidad sin la vergüenza que conllevaría su práctica. Así, con la continencia, tengo todos los beneficios del deseo homosexual sin los inconvenientes (aunque no tengo que servirme de la continencia para instalarme en la homosexualidad, ni utilizarla para escapar a las dos únicas vocaciones propuestas por la Iglesia : el matrimonio de amor hombre-mujer o el celibato consagrado. ¿La diferencia entre la continencia, la castidad y el celibato/la abstinencia, cuál es ? Es muy sencillo : 1) la castidad es la virtud universal a la que todos están llamados en sus relaciones, cualquiera que sea su estado de vida (soltero o casado). Es la distancia justa que permite la relación y escapar de la fusión mortífera (incesto). 2) la abstinencia es algo neutro (igual que la tolerancia). Todo depende de lo que uno se abstiene y por qué motivo. La abstinencia no siempre está vinculada a una elección, por lo que no tiene que ser abogada como un camino de vida y de don entero de su persona. El celibato en sí no tiene sentido : recupera sentido una vez que se integra en un proceso de don completo de su persona al Amor único que es Cristo. 3) la continencia es una abstinencia elegida y vivida únicamente por los célibes consagrados, es una abstinencia no-frustrante porque es ofrecida a Dios y a los demás. Las parejas hombre-mujer casadas no son llamadas a la continencia : las formas de su castidad no les hace renunciar a su afectividad, al sentimentalidad, a la genitalidad, a la procreación … a diferencia de la continencia de los solteros consagrados (en el sacerdocio o por votos no sacramentales). Queda claro, ¿no?
 

10 – ¿Hay dolor en la práctica de la homosexualidad?

Sí. Porque cuando se excluye la diferencia de sexos, tanto en la amistad como en el amor, se excluye al otro y uno se excluye a sí mismo… aunque, al principio, la práctica homosexual proporcione algún placer y las satisfacciones de la amistad. En realidad, la homosexualidad practicada resulta ser una masacre de la amistad – ya que se vive una amistad amorosa pues complicada – y una masacre del amor – porque se vive una sexualidad sin sexualidad, sin la diferencia de sexos. Una realidad imposible, en parte. Incluso Cuando pasa bien, no es lo mejor. La unión homosexual a veces puede satisfacer, pero no colma.
 

11 – ¿Cómo dialogar con la ideología? ¿Es posible?

Sí. Es posible. Porque a menudo, las personas se hacen gays friendly por ignorancia y a causa de una mala experiencia de sexualidad o de Iglesia que las ha herido. Así que nos queda mucho por hacer. Pero podemos alcanzarlas por nuestro testimonio personal, mucho más elocuente que todos los discursos teóricos. Y en cuanto al contenido y las condiciones de un diálogo logrado sobre la homosexualidad, he experimentado que la escucha, el humor y la alegría son los mejores argumentos. Dado que a nuestros detractores no les importa saber si estamos en lo cierto o no : sólo quieren comprobar si somos capaces de amarles antes de tratar de tener razón, precisamente. También creo que sólo derrotaremos a la ideología dominante si le reconocemos su sinceridad y sus buenas intenciones. Sin rechazar su jerga – que se limita en la utilización de tres palabras « heterosexualidad/homosexualidad/homofobia » – sino al contrario usarla y hablar de las realidades a las que se refiere. Y cuando se enfrenten con las realidades dolorosas y violentas que estas palabras esconden, las personas que las utilizan ¡ no serán tentadas de volver a usarlas! Es especialmente urgente de atajar el concepto de heterosexualidad, el pilar inconsciente de la ideología libertina y sentimentalista que rige nuestro mundo. La heterosexualidad es la maestra : cada ley pro-gays pasa en su nombre. Reconociendo la ideología LGBT (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transsexual) como heterosexualidad, es decir todas las alteridades a nivel de la sexualidad (la heterosexualidad es el verdadero nombre del Gender, en la cabeza y el corazón de la gente), saldremos de nuestras argumentaciones natalistas demasiado centradas en el niño, la familia y el matrimonio, y hablaremos a todos. Y además, obedecemos realmente a la Iglesia que nunca ha defendido la heterosexualidad.