Resulta muy fácil aplaudir a los profetas del pasado, incluido a los del pasado cercano (Bernanos, Peguy, Schuman, Girard, Robin, etc.), por muy enriquecedor y sorprendentemente actual que sea su pensamiento, organizar ciclos de conferencias sobre ellos, celebrar a los santos conocidos (incluidos los más rompedores : San Francisco de Sales, Santa Teresita de Lisieux, Santa Catalina de Siena, Santa Madre Teresa, etc.) : Aleteia y los medios cristianos baratos suelen hacerlo cada día.
 

Pero el reto y la prioridad, ¡ es la acogida de los profetas de HOY ! Porque son perseguidos ahora mismo y tienen cosas fundamentales que contarnos sobre nuestros tiempos. No son fáciles de respaldar, por un lado porque todavía no están muertos (por lo que su testimonio queda frágil : no están confirmados en la Gracia y aún se pueden contradecir en sus actos), por otro lado porque es mucho más arriesgado para nosotros : apoyar a un profeta de hoy, ¡ resulta encaminarse hacia el paredón con él !

 

Sin embargo, más valientes son los católicos que se atreven a defender a los profetas de hoy que a los profetas de ayer. ¡ Dejemos que los muertos entierren a sus muertos (beatificados) ! ¡ La característica de un santo es precisamente ser impopular MIENTRAS VIVE !

 

N.B. : Pienso en algunos hermanos de San Juan, que actualmente se esconden detrás de Bernanos. Ya que se hacen de « comprometidos ».