L’humanisme cathophile de Juppé… et l’aveuglement des cathos

Capture d'écran 2015-10-12 09.43.30
Capture d'écran 2015-10-12 09.43.48
 

Alors que Juppé est un pur produit du « chrétien franc-maçon » (qui ne voit le christianisme que comme un joli corpus de « valeurs humanistes »), plein de cathos mainstream n’y voient que du feu et applaudissent. Quand je vous dis que le schisme nous pend au nez…
 

Par ailleurs, concernant la Manif Pour Tous (cette imposture homophobe et hétérosexiste qui nous a utilisés pour défendre les intérêts d’une élite et qui a défendu l’Union Civile en feignant de s’y opposer), elle continue de jouer la pourfendeuse des « tabous ». Moi, j’irai à leur meeting le jour où je verrai dans les étiquettes inscrites sur leur fauteuil Louis XV « homosexualité », « hétérosexualité », « Islam », « Gouvernement Mondial », « Antéchrist », « Immigration », « FN », « franc-maçonnerie », « puce électronique », « Jésus », « Église catholique », « Droite », « Avortement », « mariage gay », « Union civile », « OTAN », « Fins dernières », … tous les thèmes qu’elle prend bien soin de ne pas aborder (même si elle propose qu’ « on se dise tout »).
 
Manif Pour Tous

Le Père Philippe Desgens dépote grave

 

J’étais (encore exceptionnellement) à la messe de midi de l’église Saint-Roch à Paris. Quelle joie ! L’homélie du père Philippe Desgens (aumônier des artistes à Paris) a « dépoté grave ». En ces temps troublés, j’ai l’impression que la séparation se fait de plus en plus nette, entre les curés tièdes ou mondains qui s’attiédissent, et les curés humbles et zélés qui s’affermissent et se réveillent. Merci Jésus pour les saints prêtres que tu nous donnes !

La puce électronique annoncée à la main et aussi au front par les casques de réalité augmentée

 

Pour prolonger la réflexion sur la puce électronique (cf. mon texte « La Banque humaine tu la tiens dans ta main » + « Le Gouvernement Mondial ») et la Marque de la Bête, voici trois nouveaux indices actuels prouvant que nous nous dirigeons tout droit vers elles :

 

1) D’abord l’apparition des hololens, ces « casques de réalité augmentée », qui ne tarderont pas à être subcutanés, et qui fonctionnent sur l’illusion d’un monde parallèle, fait d’hologrammes, qu’on pourrait dominer par la pensée et par un simple geste du doigt/de volonté cérébrale.
 

 

2) Ensuite, ces pubs que nous voyons à la gloire de la main-sceptre, cette main électronique qui donnerait personnellement à l’être humain d’avoir tous les pouvoirs. (Je suis d’ailleurs édifié de voir l’Empire futuro-humaniste que Microsoft Windows essaie d’étendre : tout récemment, j’ai vu le « Cube Microsoft » à Pompidou, qui miniaturise le pouvoir. Cf. la photo ci-dessous.) Je suis allé dernièrement au cinéma avec deux amis voir le film « Marguerite », des amis à qui j’avais partagé justement mes réflexions sur la puce. On est tombé sur cette publicité de Windows 10. Et avant de voir la fin, je me suis retourné parodiquement vers eux pour simuler que je voyais la puce électronique fiévreusement partout. Mais tous les trois, on a juste hallucinés en constatant que la dernière image de cette réclame représentait une main humaine bionique magnifiée par la technologie et scannant l’écran qu’elle frôle. CQFD.
 

 
Windows 10
 

3) Enfin, cette fusion progressive – que couronnera la puce RFID – entre la carte Vitale et la carte bancaire, ou entre l’assurance et la Banque (À terme, la carte RFID sous la peau prétend faire fusionner en nous la carte d’identité, la carte Vitale, la carte bancaire, le Dictionnaire, la clé de voiture, etc.).
 

Constats de marche urbaine régulière dans Paris

bonneteau
 

Constats de marche urbaine régulière dans Paris :
 

1) On commence à ressembler un peu au Liban (je savais que ce dernier était un pays précurseur)… parce que les poubelles débordent et les déchets s’entassent depuis quelques jours.
 

2) Il y a de plus en plus de gens qui vivent dans la rue qu’il y a seulement trois ans.
 

3) C’est fou comme cette année, ce sont multipliés dans la rue les charlatans de la voyance (carrément installés sur une table et tirant les cartes aux passants) et les jeux d’argent (surtout les bonneteaux, ou « jeux du gobelet »). Rien qu’hier, en me rendant en journée au Sacré-Coeur de Montmartre, dans la rue très touristique de Steinkerque, j’ai vu 5 joueurs de bonneteaux faisant parier les touristes étrangers.
 

4) J’aime toujours autant marcher dans Paris. Ça me console énormément.

« ¿ Qué queréis añadir más, exactamente, al discurso eclesial ya muy claro y suficiente sobre la homosexualidad ? ¿ Cuál es vuestro problema ? »

La planque de la Sainte Famille

El escondite de la Santa Familia


 

Desde la apertura de la segunda parte del Sínodo sobre la Familia (del 5 al 25 de octubre del 2015), un montón de católicos vienen hacia mí en privado para pedirme, más o menos amablemente : « ¿ Cuál es el cambio que queréis exactamente ? La Revolución que esperáis no va a suceder. ¡ En cambio, adaptaos ! . » Digo « más o menos amablemente », porque, a menudo, nosotros, las personas homosexuales creyentes, parecemos metomentodos jamás satisfechos, que desencadenan caprichos egocéntricos (« narcisistas »), sin mirar que ya tenemos la solución que reclamamos a gritos en nuestro propio plato : es que no aceptaríamos humildemente la radicalidad de la soledad de la Cruz universal que nos propone la Iglesia y que desearíamos que Ella la viviera en lugar nuestro.
 

En cuanto a mis aspiraciones, voy a contestaros al final del artículo. Y para entenderlas, ya hay que ser capaz de reconocer el carácter incompleto y las deficiencias de la palabra eclesial actual sobre el tema de la homosexualidad, y no sólo atenerse al discurso (por supuesto verdadero desde un punto de vita eterno, desde un punto de vista espiritual, pero incompleto desde un punto de vista temporal, incompleto en términos de Caridad) « ¡ Ya todo está en la Biblia ! ¡ Todo está en la vida de Cristo ! ¡ Todo está claramente en el Catecismo ! ¿ Qué más se puede pedir ?? »
 

Al parecer, el Catecismo ya lo habría dicho todo acerca de la homosexualidad. Estamos de acuerdo. La forma concreta de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales es a priori la misma que la que se requiere de las personas consagradas en el sacerdocio, de los célibes, de la gente separada o de los divorciados que se han vuelto a casar, de los viudos, de los niños, en fin, de todos los que no son casados en la diferencia de sexos. Simplemente, es falso hacernos creer que gracias al uso del término « castidad », que se refiere a una virtud universal, la gente fuera del matrimonio podría vivir las formas de de la castidad de la pareja casada (genitalidad, sentimentalidad, procreación), ni tampoco la castidad oficialmente consagrada de los sacerdotes (dado que las personas duraderamente homosexuales no tienen acceso al sacerdocio, al sacramento del orden). Entonces nosotras, las personas homosexuales, nos encontramos frente a un gran vacío vocacional, una gran falta de propuestas porque nuestra minusvalía impide la mayoría de nosotros alcanzar los dos únicos caminos de vida saciantes indicados por la Iglesia. Todavía no sabemos a dónde ir concretamente para ser felices y fieles en la Iglesia. También se nos engaña a propósito de la Cruz cuando se nos dice que, si somos personas duraderamente homosexuales, podríamos seguir la Iglesia al mismo tiempo que estar en « pareja » (« casta ») o que soñar con formarla con una persona del mismo sexo, al mismo tiempo que vivir un celibato sin otro marco eclesial que « la fraternidad, la amistad y la castidad ». La forma concreta de la santidad, de la felicidad completa y de la castidad para los homosexuales duraderas lleva un nombre : el celibato continente (desde el punto de vista personal), la hermandad santa (desde el punto de vista mundial). No porque hago hincapié en ello, transformaría mi observación en un particularismo cerrado.
 

Por otra parte, hay una verdadera falta de palabra eclesial sobre la homosexualidad, con respecto a esta forma de celibato particular. Miráis el Catecismo de la Iglesia Católica … y sólo se hace alusión a la castidad », como en Courage (la referencia a la continencia aparece más adelante, en el capítulo de las situaciones fuera del matrimonio… pero no en el capítulo de la homosexualidad, aunque, por supuesto, ya debería ser inducida). Pero concretamente, literalmente, verbalmente y en el corazón de la gente (incluyendo a la gente de Iglesia), la castidad de las personas duraderamente homosexuales se queda sin forma, está sujeta al implícito o relegado a la amistad (término muy ambiguo para nuestros tiempos) desinteresada y a la Cruz de Cristo. Es un poco seco. De momento, todavía es un camino vocacional muy borroso que traza la Iglesia, un camino cuyas modalidades (el celibato para las personas duraderamente homosexuales ; el matrimonio hombre-mujer para las personas cuya homosexualidad es poco profunda) no son ni descritas con precisión (nadie en la Iglesia se atreve aún a hablar de celibato, de continencia) ni alegres (no se habla del don de toda su persona y de su homosexualidad a los demás, a la Iglesia), ni santas (por ahora, los discursos están dirigidos hacia la restauración identitaria, el control y la extinción de la tendencia – « No sólo eres eso » ; no su reciclaje y su ofrenda) ni vocacionales (ninguna consagración a la mira, ningún gran proyecto propuesto : sólo un « conformarse » con discreción). Entonces, hay una Buena Nueva que anunciar, a pesar de que Benedicto XVI ya haya descrito y orientado las cosas al 80%. El todo está en hacerlo bien, y que la audacia sea evangélica. No mundana. Por último, hay una verdadera herida mundial real que todavía hay que abordar con el análisis y la denuncia de la heterosexualidad. Porque la mayor parte de la sensación de injusticia y frustración experimentada por las personas homosexuales creyentes o no estriba en el silencio cómplice de la Iglesia que no denuncia la violencia de la heterosexualidad.
 

De hecho, si sólo dependiera de mí, 1) creo, en efecto, que, en general, la Iglesia no va y no debe en aparienciacambiar mucho a lo que ya ha dicho muy bien acerca de la homosexualidad en el Catecismo , y por lo tanto Ella no debe enredarnos con grandes promesas ; 2) sin embargo Su discurso carece de 3-4 palabras nuevas y valientes : una palabra amarga sobre el « amor homosexual » (decir que no es amor, y explicar por qué ; explicar la violencia y la insatisfacción de esas « amistades amorosas » confusas), una palabra exigente sobre el marco concreto de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales (atreverse a hablar del celibato, de la continencia, ¡ mostrar con claridad el color y el material de la Cruz !), y sobre todo una palabra de propuesta positiva (atreverse a hablar de la Alegría en la continencia – ¡ que es mucho más que una mera abstinencia ! –, atreverse a hablar de la vocación a la santidad específica de la condición homosexual, atreverse a hablar francamente de una consagración y de una fundación de una fraternidad eclesial específica, atreverse a hablar de evangelización en el marco de la homosexualidad, atreverse a hablar de don entero de su homosexualidad al mundo, en resumen, ¡ atreverse a proponer algo en GRANDE, FELIZ SANTO !).
 

Creo que si sólo dependiese del Papa Francisco, de su personalidad profunda y de su fogosidad profética, en un principio, hubiera sido el primero en aunar al mensaje prudente y sabio de Benedicto XVI este valor añadido de la ofrenda mundial de la homosexualidad, de la Alegría acogedora que abarca a toda la persona homosexual y anima a toda la plenitud de su persona, este impulso un poco loco pero confiado de la propuesta GRANDE y FELIZ de la santidad en el marco de la homosexualidad no-practicada. Hubiera estado a punto de dar el paso. Pero el tema de la homosexualidad es tan mal entendido en la Iglesia (en general, la miran con desconfianza, o como un no-tema), la gente de Iglesia está tan lejos de entender el poder de denuncia de la heterosexualidad (¡ sin renunciar a explicarla en detalle !), los clérigos están tan aterrorizados por salir de los caminos trillados y por mantener un discurso que podría ser demasiado complaciente o mal entendido o juzgado « demasiado positivo para ser honesto e inspirado », que la sobriedad parece imponerse. Desgraciadamente. Francisco prefiere comprarse una confianza y una legitimidad papal con poco gasto, escondiéndose detrás de un discurso familiarista ciertamente hermoso pero congelado y austero, que no da en el clavo ni de lejos.
 

Bulle papale : "... Je fais la gueule pour rassurer..."

Bula/Burbuja papal : « … Estoy de morros para tranquilizar… »


 

Respecto a la homosexualidad, el entusiasmo de Francisco fue enfriado y apagado desde el principio del Sínodo. ¡ Le habrán tirado severamente de las orejas un poco antes ! De momento, ha planeado de no anunciar nada realmente nuevo sobre el tema. Ninguna adopción de riesgos y no-ortodoxa. No se levanta la trompeta. No se formulan promesas. No se exhibe un entusiasmo paterno y fraterno demasiado sospechoso. Para evitar los toques de luminosidad y las falsas esperanzas. A priori, eso asegura a todos, favorece la « Unidad », reafirma una base y una fidelidad doctrinal tranquilizadora. Pero el corazón, la alegría de la Buena Nueva, la locura de la confianza, la fuerza que entregan la exigencia y la realidad, la gran propuesta, ya no están. Falta de audacia, silencio y el repliegue, ninguna tarjeta de invitación personalizada para saber dónde está el sitio concreto de las personas homosexuales en el banquete de la Iglesia, miedo a la homosexualidad y a dirigirse a las personas homosexuales con otro discurso escolar que « No eres sólo eso », « La Iglesia te ama y no te juzga. », « Estás llamado a la castidad y la caridad. » (Comprender : « Volved dentro de cinco años. Nos ponemos en contacto con vosotros. Parad de reclamar, y obedeced al amor universal de la Iglesia por vosotros. En claro, ¡ silencio ! »). Se podría pensar que tal statu quo no es grave, que la Iglesia ya ha sobrevivido con estos no-dichos desde hace años sin que eso planteara demasiados problemas. Pero es olvidar que el mundo tiene sed y está estallando ahora mismo de manera anormalmente violenta a causa de la homosexualidad y de la heterosexualidad. Y que no Se lo perdonará.
 
 
 

La traducción francesa (texto original) se encuentra en este enlace. Ver también dos otros artículos sobre el mismo tema : Charamsa 1 y Charamsa 2. Y, por supuesto, mi libro La homosexualidad en Verdad en acceso libre.

Pièce Les Vœux du Cœur au Théâtre de la Bruyère : Et si vous arrêtiez de nous prendre sincèrement pour des cons ?

les_voeux_de_coeur_affiche
 

Je reviens d’aller voir la pièce Les Vœux du Cœur de Bill C. Davis, qui se jouait ce soir au Théâtre de la Bruyère à Paris. Ça applaudit fort à la fin. Mais non. Ça ne le fait pas. Car cette pièce est un tissu de mensonges sur l’Église catholique, le célibat, l’homosexualité, la foi, la prêtrise. Les comédiens parlent de réalités qu’ils ne connaissent pas. Par exemple, sont-ils allés à l’association Courage et savent-ils que ce n’est pas le club de frustrés refoulés homophobes qu’ils dépeignent ? Non. Ont-ils interrogé des prêtres sur leur joie dans le célibat continent ? Non. Vont-ils à la messe ? Non. Mais ils ne se contentent pas de parler d’une Église qu’ils ne fréquentent pas : en plus, ils Lui disent ce qu’Elle doit faire et ce qu’Elle ne ferait pas ! Hallucinant. Et toujours avec les meilleures intentions du monde : pour « L’humaniser », « L’ouvrir », « L’aider à aimer et à vaincre sa peur de la sexualité ». Mais pour qui ils nous prennent et pour qui ils se prennent ? Que savent-ils, ces libertins insatisfaits de l’amour, prônant la désobéissance pendant 1h30, de ce qu’est aimer vraiment ? de ce qu’est la force du célibat consacré ? de la force de l’engagement durable et épanouissant dans le mariage ? Les prêtres, en vrai, ne s’expriment pas du tout comme ça : la plupart ne sont pas des gros bébés maladifs privés d’amour parce que privés de « sexe ». Au contraire, ils vivent leur célibat de manière épanouie et beaucoup plus libre que bien des libertins enchaînés à leur libertarisme insatisfaisant et dont le seul cadre d’exigence est leurs « sentiments ». Au lieu de vouloir le bonheur des prêtres à leur place, je conseille à la troupe de théâtre des Vœux de l’amour de rencontrer vraiment le Christ (personne, comme par hasard, complètement zappée dans cette pièce sur… le christianisme… il fallait oser !), de venir à Courage, ou de rencontrer en chair et en os des cathos au lieu de nous caricaturer de manière certes vraisemblable mais pas du tout réaliste. Vraiment, arrêtez de prendre les cathos et votre public pour des cons. Et surtout, arrêtez de vous prendre pour l’Église. Merci.
 
 
 

Je vous renvoie également à l’article suivant.

« Vous voulez rajouter quoi, au juste, à la parole ecclésiale déjà très claire et suffisante sur l’homosexualité ? C’est quoi votre problème ? »

La planque de la Sainte Famille

La planque de la Sainte Famille


 

Depuis l’ouverture de la deuxième partie du Synode sur la Famille (du 5 au 25 octobre 2015), un certain nombre de cathos viennent vers moi en privé pour me demander, plus ou moins gentiment : « C’est quoi, le changement que vous voulez, au juste ? La Révolution que vous attendez n’arrivera pas. Adaptez-vous plutôt. ». Je dis « plus ou moins gentiment » parce que, souvent, nous, personnes homosexuelles croyantes, passons pour des fouteurs de merde jamais contents et qui faisons notre petit caprice égocentrique (« narcissique ») sans regarder que nous avons déjà la solution que nous réclamons à cor et à cri dans notre assiette : c’est juste que nous n’accepterions pas humblement la radicale solitude de la Croix universelle que nous propose l’Église et que nous souhaiterions qu’Elle la vive à notre place.

 

Pour ce qui est de mes attentes, je vais vous répondre en fin d’article. Et pour les comprendre, il faut déjà être capable de reconnaître l’inachèvement et les manques de la parole ecclésiale actuelle sur le sujet de l’homosexualité, et ne pas simplement s’en tenir au discours (certes vrai d’un point de vue éternel, d’un point de vue spirituel, mais incomplet d’un point de vue temporel, incomplet du point de vue de la Charité) « Tout est déjà dans la Bible ! Tout est dans la vie du Christ ! Tout est déjà clairement énoncé dans le catéchisme ! Qu’est-ce que vous voulez de plus ?? »

 

Apparemment, le Catéchisme aurait déjà tout dit sur l’homosexualité. Nous sommes d’accord. La forme concrète de la chasteté demandée aux personnes durablement homosexuelles est a priori la même que celle demandée aux personnes consacrées dans le sacerdoce, aux célibataires, aux personnes séparées ou divorcées remariées, aux veufs, aux enfants, bref, à tous ceux qui ne sont pas mariés dans la différence des sexes. Simplement, il est faux de nous faire croire que par l’usage du terme « chasteté », qui renvoie à une vertu universelle, les personnes hors mariage pourraient vivre les formes de la chasteté du couple marié (génitalité, sentimentalité, procréation), ni même la chasteté officiellement consacrée des prêtres (car les personnes homosexuelles durables n’ont pas accès au sacerdoce, au sacrement de l’ordre). Nous, personnes homosexuelles, sommes donc face à un grand vide vocationnel, un grand vide de propositions parce que notre handicap empêche la plupart d’entre nous d’avoir accès aux deux seuls chemins de vie comblants indiqués par l’Église. Nous ne savons toujours pas où aller concrètement pour être heureux et fidèles en Église. C’est également nous tromper sur la Croix que de nous dire que, si nous sommes des personnes durablement homosexuelles, nous pourrons suivre l’Église tout en étant en « couple » ou en rêvant d’en former un avec une personne de même sexe, tout en étant dans un célibat sans autre encadrement ecclesial que « la fraternité, l’amitié et la chasteté ». La forme concrète de la sainteté, du bonheur plein et de la chasteté pour les personnes homosexuelles durables porte un nom : célibat continent (du point de vue personnel), fraternité sainte (du point de vue mondial). Ce n’est pas parce que je le souligne que j’en fais un particularisme fermé.

 

Par ailleurs, il y a un vrai manque de parole ecclésiale concernant l’homosexualité, concernant cette forme de célibat spécifique. Vous regardez le Catéchisme de l’Église catholique… et il n’est question que de « chasteté » (la mention de la continence apparaît plus loin, dans le chapitre des situations hors mariage… mais pas dans le chapitre de l’homosexualité, même si, bien entendu, elle devrait déjà être induite.) Mais concrètement, textuellement, verbalement et dans le cœur des gens (y compris les gens d’Église), la chasteté des personnes durablement homos est laissée sans forme, à l’implicite, ou reléguée à l’amitié (terme très ambigu pour notre époque) désintéressée et à la Croix du Christ. C’est court. Pour l’instant, c’est un chemin vocationnel encore très flou qui est tracé par l’Église, un chemin dont les modalités (le célibat pour les personnes durablement homos; le mariage femme-homme pour les personnes dont l’homosexualité est peu profonde) ne sont ni décrites précisément (personne dans l’Église ne parle encore de célibat, de continence), ni joyeuses (personne ne parle de don entier de sa personne et de son homosexualité aux autres, de don de son homosexualité aux autres et à l’Église), ni saintes (pour l’instant, les discours sont orientés vers la maîtrise et l’extinction de la tendance – « Tu n’es pas que ça » ; pas son recyclage et son offrande), ni vocationnelles (pas de consécration en vue, pas de grands projets proposés : juste un « faire avec » dans la discrétion). Il y a donc une Bonne Nouvelle à annoncer, même si Benoît XVI a déjà décrit et orienté les choses à 80%. Le tout, c’est de le faire bien, et que l’audace soit évangélique. Pas mondaine. Enfin, il y a une vraie blessure mondiale à régler avec l’analyse et la dénonciation de l’hétérosexualité. Car le gros du sentiment d’injustice et de frustration ressenti par les personnes homosexuelles croyantes ou non, c’est ce silence complice de l’Église qui ne dénonce pas la violence de l’hétérosexualité.

 

En clair, s’il n’en tenait qu’à moi, 1) je suis d’avis, en effet, que globalement, l’Église ne va et ne doit en apparences pas changer grand-chose à ce qu’Elle a déjà très bien dit sur l’homosexualité dans le Catéchisme, et donc ne doit pas nous promettre monts et merveilles ; 2) il manque quand même dans Son discours 3-4 paroles nouvelles et courageuses : une parole amère sur « l’amour homo » (dire que ce n’est pas de l’amour, et expliquer pourquoi ; expliquer la violence et l’insatisfaction de ces « amitiés amoureuses » confuses), une parole exigeante sur le cadre concret de la chasteté demandée aux personnes durablement homos (oser parler de célibat, de continence, annoncer la couleur et la matière de la Croix !), et surtout une parole proposante et positive (oser parler de la Joie dans la continence – qui est bien autre chose que l’abstinence ! –, oser parler de la vocation à la sainteté spécifique à la condition homosexuelle, oser parler carrément de consécration et de fondation d’une fraternité ecclésiale spécifique, oser parler de l’évangélisation dans le cadre de l’homosexualité, oser parler de don entier de son homosexualité au monde, bref, oser proposer GRAND, JOYEUX et SAINT !).

 

Je crois que s’il n’en tenait qu’au Pape François, à sa personnalité de fond et à sa fougue prophétique, au départ, il aurait été du genre à rajouter au message prudent et sage de Benoît XVI cette grande valeur ajoutée de l’offrande mondiale de l’homosexualité, de la Joie accueillante qui embrasse toute la personne homosexuelle et encourage toute la plénitude de sa personne, cette impulsion un peu folle mais confiante de la proposition GRANDE et JOYEUSE de la sainteté dans le cadre de l’homosexualité non-actée. Il aurait été prêt à franchir le pas. Mais le sujet de l’homosexualité est tellement mal compris dans l’Église (on s’en méfie, globalement, on la prend pour un non-sujet), les gens d’Église sont tellement loin de comprendre la puissance de la dénonciation de l’hétérosexualité (sans renoncer à l’expliquer en détails !), les clercs sont tellement tétanisés de sortir des clous et de tenir un discours qui risquerait d’être trop complaisant ou mal compris ou jugé « trop positif pour être honnête et inspiré », que la sobriété semble s’imposer. François préfère se racheter une confiance et une légitimité papale à bas prix en se cachant derrière un discours familialiste certes beau mais figé et austère, à côté de la plaque.
 

Bulle papale : "... Je fais la gueule pour rassurer..."

Bulle papale : « … Je fais la gueule pour rassurer… »


 

Par rapport à l’homosexualité, l’enthousiasme du Pape François a été refroidi et s’est éteint dès le début du Synode. Il a dû se faire tirer sévèrement les oreilles un peu avant ! Pour l’instant, il a prévu de ne rien annoncer de vraiment nouveau sur le sujet. Pas de prise de risques inutile et non-orthodoxe. On ne sonne pas trompettes. On ne formule pas de promesses. On n’exhibe pas un enthousiasme paternel et fraternel trop suspect. Pour éviter les coups d’éclats et les fausses espérances. A priori, ça sécurise tout le monde, ça favorise l’« Unité », ça réaffirme une assise et une fidélité doctrinale qui rassurent. On la joue prudents. Mais le cœur, la joie de la Bonne Nouvelle, la folie de la confiance, la force que donnent l’exigence et la réalité, la proposition grande, n’y sont pas. Manque d’audace, langue-de-bois et repli, pas de carton de mariage personnalisé pour savoir où est la place concrète des personnes homos au banquet de l’Église, peur de l’homosexualité et de s’adresser aux personnes homosexuelles avec un autre discours appris que « Tu n’es pas que ça. », « L’Église t’aime et ne te juge pas. », « Tu es appelé à la chasteté et à la charité. » (comprendre : « Repassez dans cinq ans. On vous rappellera. Arrêtez de réclamer, et obéissez plutôt à l’amour universel de l’Église pour vous. En gros, vos gueules ! »). On pourrait se dire qu’un tel statut quo n’est pas grave, que l’Église a déjà survécu avec ces non-dits depuis des années sans que cela ne pose trop problème. Mais c’est oublier que le monde a soif et explose en ce moment de manière anormalement violente à cause de l’homosexualité et de l’hétérosexualité. Et qu’il ne le Lui pardonnera pas.
 
 
 
 

Je vous renvoie aussi aux textes suivants : article 1 sur Charamsa, article 2 sur Charamsa la suite, article 3 sur la place de l’homosexualité dans le Synode, article 4 sur le mépris ecclésial du traitement de l’hétérosexualité, article 5 sur l’homophobie dans l’Église, et article 6 sur les cardinaux africains. Par ailleurs, la traduction ESPAGNOLE de cette page se trouve sur ce lien. Enfin, voici le tableau-récap de ma proposition au Pape.

Al favor del padre Krzysztof Olaf Charamsa

char
 

Para acabar con el Asunto Charamsa, lejos de abrumar al sacerdote polaco, lejos de contentarme con despreciarlo orando histéricamente sobre su « caída » sin entender su significado, lejos de justificar su salida del armario y hacerme de abogado del « diablo », creo que su actitud no es sólo la « estratagema mediática » que muchos católicos quieren ver en ella.

Hay algo de verdad en su « golpe de Estado ». La reacción de este sacerdote es lógica e indica que los agravias existen por ambas partes entre él y la Iglesia romana, que el discurso eclesial sobre la homosexualidad aún no ha encontrado ni su coronación, ni su coherencia ni tampoco su encarnación (como lo han mostrado ampliamente las conferencias pre-sinodales la semana pasada).
 

No es una coincidencia que dicho sacerdote haya exclamado desde su primera entrevista : « Es hora que la Iglesia abra los ojos frente a los creyentes y los gays creyentes y entienda que la solución que propone, es decir la abstinencia total y una vida sin amor, no es humana. »
 

De hecho, Charamsa apunta la exigencia de la CONTINENCIA que la Iglesia Católica da a entender en su discurso sobre la homosexualidad, pero sobre todo apunta el miedo – que parece ser una hipocresía, en este caso – de su Iglesia a asumir y a anunciar explícitamente aquella exigencia… porque de hecho, el sacerdote polaco obtiene aquí 1 punto : la Iglesia todavía no ha tenido el ánimo de asumir precisamente la llamada al celibato continente, es decir a la « renuncia a la pareja » pedida a la gente duraderamente homosexual (renuncia que no es inducida en absoluto por la palabra vaga de « castidad » que por el momento ha prevalecido en todos los discursos oficiales de la Curia sobre la homosexualidad). Entonces no es de extrañar que aquel sacerdote vea y denuncie esta falta de franqueza REAL, este talón de Aquiles, este velo púdico de imprecisión mojigata, como una mascarada, como un signo revelador de una homosexualidad clerical reprimida (porque, en parte, ¡ este velo es una confesión de la práctica homosexual y de la creencia en el « amor homosexual » efectivamente escondidas en el Clero !).
 

Y para ir un poco más lejos, Charamsa espera la Verdad. Espera la forma concreta de la Cruz que se le entrega específicamente en el marco de su tendencia sexual real. Y de momento la Iglesia priva a todas las personas duraderas homosexuales de esta Buena Nueva de la continencia. Es un vacío objetivo. Así que yo no iría tan rápido en el linchamiento del señor disidente.
 

Su salida del armario es el indicador de incumplimentos a la Verdad que el Papa, los cardenales y los obispos deben escuchar, en lugar de apagar la parcela de Verdad que contiene el gesto mediático deshonrosos mediante el proceso de intención caricaturesco (« ¡ Él hizo esto para darse a conocer ! », « ¡ Es diabólico ! », « ¡ Él quería dividir la Iglesia la víspera del Sínodo ! », « ¡ Se quedó corto ! », « ¡ Él quería promocionar su futuro libro. » ; « ¡ Es la ganga para la propaganda mediática anticlerical ! », etc.). También hay que saber escuchar el significado de los ataques.
 
 

Ver también otros artículos sobre el mismo tema : link ; y sobre todo éste.

À la décharge du père Krzysztof Charamsa

char
 

Pour terminer sur l’Affaire Charamsa, loin d’accabler le prêtre polonais, loin de me contenter de le mépriser en priant hystériquement sur sa « chute » sans chercher à comprendre son sens, loin de justifier son coming out et de me faire l’avocat du « diable », je pense que son attitude n’est pas que le « stratagème médiatique » que beaucoup de cathos veulent y voir. Il y a du vrai derrière son « putsch ». La réaction de ce prêtre est logique et indique que les torts sont malgré tout partagés entre lui et l’Église romaine, que le discours ecclésial sur l’homosexualité n’a pour le moment trouvé ni son couronnement ni sa cohérence ni son incarnation (comme l’ont largement montré les conférences pré-synodales de la semaine dernière). Ce n’est pas un hasard si le prêtre en question s’est exclamé dès sa première interview : « Il est temps que l’Église ouvre les yeux face aux gays croyants et comprenne que la solution qu’elle propose, à savoir l’abstinence totale et une vie sans amour, n’est pas humaine ». En effet, Charamsa pointe du doigt l’exigence de la CONTINENCE que l’Église catholique sous-entend dans son discours sur l’homosexualité, mais surtout la peur – qui ressemble à une hypocrisie, pour le coup – de Celle-ci à assumer et à annoncer explicitement cette exigence… car en effet, 1 point pour le prêtre polonais : l’Église n’a pas encore eu le courage d’assumer précisément l’appel au célibat continent, c’est-à-dire au « renoncement au couple » demandé aux personnes durablement homos (renoncement qui n’est absolument pas induit par le terme vague de « chasteté » qui pour l’instant a prévalu dans tous les discours officiels de la Curie sur l’homosexualité). Pas étonnant, donc, que ce dernier voie et dénonce ce manque de franchise RÉEL, ce talon d’Achille, ce voile pudique d’imprécision pudibonde, comme une mascarade, un signe révélateur d’une homosexualité cléricale refoulée (car pour une part, ce voile est un aveu de pratique homosexuelle et de croyance en « l’amour homo » effectivement cachées dans le Clergé !). Et pour aller un peu plus loin, Charamsa attend la Vérité. Il attend la forme concrète de la Croix qui Lui est donnée spécifiquement dans le cadre de sa tendance sexuelle réelle. Et l’Église prive pour l’instant toutes les personnes durablement homosexuelles de cette Bonne Nouvelle de la continence. C’est un manque objectif. Alors je n’irais pas aussi vite dans le lynchage du monsieur dissident. Son coming out est l’indicateur de manquements à la Vérité que le Pape, les cardinaux et les évêques doivent écouter, au lieu de noyer la part de Vérité que contient le geste médiatique infâmant dans le procès d’intentions caricatural (« Il a fait ça pour se faire remarquer! », « C’est diabolique! », « Il a voulu diviser à la veille du Synode ! », « Il a loupé son coup ! », « Il a voulu vendre son futur livre. », « Il fait les choux gras des médias anti-cléricaux », etc.). Il faut savoir écouter aussi le sens des attaques.

 

Article associé : Voir l’article associé, et sa traduction espagnole. Je rajoute cet article capital sur la demande de « réforme » du discours ecclésial sur l’homosexualité.

¿ La condena unánime de la salida del armario del Padre Charamsa habría resuelto el tsunami de la homosexualidad que llega en el Sínodo ?


 

Francamente, aunque mi fe en el Espíritu Santo revelado plenamente en/por la Iglesia Católica-Institución y en particular a Francisco y al Papa Benedicto XVI se mantiene intacta, no puedo dejar de observar tres espejismos (persistentes) que la gran mayoría de los católicos y cardenales alimenta, sobre la segunda parte del Sínodo :
 

1) Que este Sínodo sería un Sínodo « sobre la familia ».
 

No. Esto no es un Sínodo sobre la familia, a pesar de su título y de su pretensión. Se trata en realidad de un Sínodo sobre el celibato (consagrado y cuya forma es la continencia). Se trata de un Sínodo, por lo tanto, sobre la Iglesia, sobre todo el cuerpo eclesial y su viabilidad/legitimidad.
 

2) Que este Sínodo no levantará grandes olas.
 

Podemos desearlo y rezar por ello, sin embargo la cosa se presenta mal. El reto oculto del Sínodo es considerable : evitar el cisma. Digo « oculto » porque el Papa y sus cercanos tratan de minimizar este riesgo, de mantener un perfil bajo, de tranquilizar a lo católicos antes del tsunami progresista que llega sobre el Vaticano (Se olvidan demasiado rápidamente del otro progresismo – igual de terrible como el oficial – defendido por los tradicionalistas y conservadores entre los católicos, que sueñan con una « reforma » que hace progresar a la Iglesia hacia atrás). Por precaución táctica, las cabezas pensantes/rezantes del Vaticano anuncian que no anunciarán nada nuevo, nada « revolucionario », y que desilusionarán a muchos. Pero yo no sería tan optimista. ¿ Los católicos se dan cuenta de que el peligro no está detrás, pero sobre todo frente a ellos ? ¿ Rezan por las buenas intenciones? Yo no lo creo para todos.
 

3) Que la homosexualidad occupa un sitio-anexo en este Sínodo.
 

Es absolutamente erróneo creerlo. La homosexualidad es el principal punto de crispación del Sínodo, aunque la Curia aún no quiera admitirlo (y la eluda con el expediente de los divorciados que se han vuelto a casar) y quiere hacer de ella un fuera-de-tema, sirviéndose, por otra parte, de la fuerte ola emocional de indignación generada por el escándalo de la apertura de la segunda parte del Sínodo : la salida del armario del sacerdote polaco Charamsa. Este acontecimiento sólo es el fuego – sin duda impresionante, pero aislado y rápidamente dominado – que esconde otro fuego más grande : el incendio de la tibieza eclesiástica en cuanto a la bipolaridad heterosexualidad-homosexualidad, del miedo interno a denunciar el mito del « amor homosexual » y a proclamar la santidad en el marco del celibato continente, a la defensa ciega de la heterosexualidad (entendida como la diferencia de sexos). He escogido al azar en Facebook (véase más bajo) varias reacciones de católicos (e incluso un extracto en el Padreblog ) supuestamente sólidos, que son muy timoratos o inexactos respecto al análisis de la homosexualidad y de la heterosexualidad. Reducen el escándalo de la salida del armario del padre Charamsa a un asunto de adulterio universal y de ruptura del voto de castidad en el sacerdocio, para desligarse de explicar que son también la homosexualidad, la creencia en la heterosexualidad y la creencia en el amor homosexual que son problemáticas dado que constituyen graves factores agravantes adicionados al pecado de adulterio y a la desobediencia anti-sacramental planteados por una minoría de curas que han colgado el hábito. Como lo explico desde hace mucho tiempo ya, la homosexualidad es el único tema que divide realmente a la Iglesia de una manera impensable. Yo diría que las tres cuartas partes de los católicos creen en el « amor homosexual », y que la cuarta parte restante no sabe por qué se opone a ello, ni cómo explicar por qué no cree en ello (excepto bíblica y sacramentalmente) ni le apetece oponerse a ello. Porque es un tema objetivamente espinoso, impopular, difícil de aclarar. Incluso cuando hablamos bien de la homosexualidad, despertamos una división fuerte en el mundo y en la Iglesia, y somos mal entendidos/odiados/temidos por la gran mayoría de nuestros parientes, incluyendo a los católicos (¡ puedo decirlo además con conocimiento de causa !). No estoy soñando. Durante las conferencias pre-sinodales que tuvieron lugar en Roma antes del domingo pasado, nada indicaba que – incluso en las mesas redondas destinadas a abordar directamente el tema de la homosexualidad – la homosexualidad y la heterosexualidad fueron tomadas en serio y verdaderamente afrontadas.
 

Ilusionándose que el desalojo posterior a la salida del armario de un miembro de la delegación de la Doctrina para la Fe alejaría milagrosamente el problema, muchos católicos no se imaginan que, aunque los ejércitos progresistas y gays friendly de Faraón (= la heterosexualidad) estén detrás de ellos, ¡ el mar (= la Iglesia) está a punto de partirse en dos frente a ellos ! ¡ En cuanto al peligro del cisma, yo, personalmente, prefiero desafiar de frente al Cerbero con tres cabezas ! Esta es la mejor manera de derrotarlo, creo. Esa es la Esperanza. No simplemente un deseo piadoso « optimista » basado en una falsa idea de « unidad eclesial ». Y tal vez el cisma sea evitado.
 
 
 
 
 
polonais 1
polonais 2
polonais 3

 
 

Ver la traducción francesa de este artículo en este link, así como otro artículo sobre el mismo tema. También un texto muy claro.