« ¿ Qué queréis añadir más, exactamente, al discurso eclesial ya muy claro y suficiente sobre la homosexualidad ? ¿ Cuál es vuestro problema ? »

La planque de la Sainte Famille

El escondite de la Santa Familia


 

Desde la apertura de la segunda parte del Sínodo sobre la Familia (del 5 al 25 de octubre del 2015), un montón de católicos vienen hacia mí en privado para pedirme, más o menos amablemente : « ¿ Cuál es el cambio que queréis exactamente ? La Revolución que esperáis no va a suceder. ¡ En cambio, adaptaos ! . » Digo « más o menos amablemente », porque, a menudo, nosotros, las personas homosexuales creyentes, parecemos metomentodos jamás satisfechos, que desencadenan caprichos egocéntricos (« narcisistas »), sin mirar que ya tenemos la solución que reclamamos a gritos en nuestro propio plato : es que no aceptaríamos humildemente la radicalidad de la soledad de la Cruz universal que nos propone la Iglesia y que desearíamos que Ella la viviera en lugar nuestro.
 

En cuanto a mis aspiraciones, voy a contestaros al final del artículo. Y para entenderlas, ya hay que ser capaz de reconocer el carácter incompleto y las deficiencias de la palabra eclesial actual sobre el tema de la homosexualidad, y no sólo atenerse al discurso (por supuesto verdadero desde un punto de vita eterno, desde un punto de vista espiritual, pero incompleto desde un punto de vista temporal, incompleto en términos de Caridad) « ¡ Ya todo está en la Biblia ! ¡ Todo está en la vida de Cristo ! ¡ Todo está claramente en el Catecismo ! ¿ Qué más se puede pedir ?? »
 

Al parecer, el Catecismo ya lo habría dicho todo acerca de la homosexualidad. Estamos de acuerdo. La forma concreta de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales es a priori la misma que la que se requiere de las personas consagradas en el sacerdocio, de los célibes, de la gente separada o de los divorciados que se han vuelto a casar, de los viudos, de los niños, en fin, de todos los que no son casados en la diferencia de sexos. Simplemente, es falso hacernos creer que gracias al uso del término « castidad », que se refiere a una virtud universal, la gente fuera del matrimonio podría vivir las formas de de la castidad de la pareja casada (genitalidad, sentimentalidad, procreación), ni tampoco la castidad oficialmente consagrada de los sacerdotes (dado que las personas duraderamente homosexuales no tienen acceso al sacerdocio, al sacramento del orden). Entonces nosotras, las personas homosexuales, nos encontramos frente a un gran vacío vocacional, una gran falta de propuestas porque nuestra minusvalía impide la mayoría de nosotros alcanzar los dos únicos caminos de vida saciantes indicados por la Iglesia. Todavía no sabemos a dónde ir concretamente para ser felices y fieles en la Iglesia. También se nos engaña a propósito de la Cruz cuando se nos dice que, si somos personas duraderamente homosexuales, podríamos seguir la Iglesia al mismo tiempo que estar en « pareja » (« casta ») o que soñar con formarla con una persona del mismo sexo, al mismo tiempo que vivir un celibato sin otro marco eclesial que « la fraternidad, la amistad y la castidad ». La forma concreta de la santidad, de la felicidad completa y de la castidad para los homosexuales duraderas lleva un nombre : el celibato continente (desde el punto de vista personal), la hermandad santa (desde el punto de vista mundial). No porque hago hincapié en ello, transformaría mi observación en un particularismo cerrado.
 

Por otra parte, hay una verdadera falta de palabra eclesial sobre la homosexualidad, con respecto a esta forma de celibato particular. Miráis el Catecismo de la Iglesia Católica … y sólo se hace alusión a la castidad », como en Courage (la referencia a la continencia aparece más adelante, en el capítulo de las situaciones fuera del matrimonio… pero no en el capítulo de la homosexualidad, aunque, por supuesto, ya debería ser inducida). Pero concretamente, literalmente, verbalmente y en el corazón de la gente (incluyendo a la gente de Iglesia), la castidad de las personas duraderamente homosexuales se queda sin forma, está sujeta al implícito o relegado a la amistad (término muy ambiguo para nuestros tiempos) desinteresada y a la Cruz de Cristo. Es un poco seco. De momento, todavía es un camino vocacional muy borroso que traza la Iglesia, un camino cuyas modalidades (el celibato para las personas duraderamente homosexuales ; el matrimonio hombre-mujer para las personas cuya homosexualidad es poco profunda) no son ni descritas con precisión (nadie en la Iglesia se atreve aún a hablar de celibato, de continencia) ni alegres (no se habla del don de toda su persona y de su homosexualidad a los demás, a la Iglesia), ni santas (por ahora, los discursos están dirigidos hacia la restauración identitaria, el control y la extinción de la tendencia – « No sólo eres eso » ; no su reciclaje y su ofrenda) ni vocacionales (ninguna consagración a la mira, ningún gran proyecto propuesto : sólo un « conformarse » con discreción). Entonces, hay una Buena Nueva que anunciar, a pesar de que Benedicto XVI ya haya descrito y orientado las cosas al 80%. El todo está en hacerlo bien, y que la audacia sea evangélica. No mundana. Por último, hay una verdadera herida mundial real que todavía hay que abordar con el análisis y la denuncia de la heterosexualidad. Porque la mayor parte de la sensación de injusticia y frustración experimentada por las personas homosexuales creyentes o no estriba en el silencio cómplice de la Iglesia que no denuncia la violencia de la heterosexualidad.
 

De hecho, si sólo dependiera de mí, 1) creo, en efecto, que, en general, la Iglesia no va y no debe en aparienciacambiar mucho a lo que ya ha dicho muy bien acerca de la homosexualidad en el Catecismo , y por lo tanto Ella no debe enredarnos con grandes promesas ; 2) sin embargo Su discurso carece de 3-4 palabras nuevas y valientes : una palabra amarga sobre el « amor homosexual » (decir que no es amor, y explicar por qué ; explicar la violencia y la insatisfacción de esas « amistades amorosas » confusas), una palabra exigente sobre el marco concreto de la castidad pedida a las personas duraderamente homosexuales (atreverse a hablar del celibato, de la continencia, ¡ mostrar con claridad el color y el material de la Cruz !), y sobre todo una palabra de propuesta positiva (atreverse a hablar de la Alegría en la continencia – ¡ que es mucho más que una mera abstinencia ! –, atreverse a hablar de la vocación a la santidad específica de la condición homosexual, atreverse a hablar francamente de una consagración y de una fundación de una fraternidad eclesial específica, atreverse a hablar de evangelización en el marco de la homosexualidad, atreverse a hablar de don entero de su homosexualidad al mundo, en resumen, ¡ atreverse a proponer algo en GRANDE, FELIZ SANTO !).
 

Creo que si sólo dependiese del Papa Francisco, de su personalidad profunda y de su fogosidad profética, en un principio, hubiera sido el primero en aunar al mensaje prudente y sabio de Benedicto XVI este valor añadido de la ofrenda mundial de la homosexualidad, de la Alegría acogedora que abarca a toda la persona homosexual y anima a toda la plenitud de su persona, este impulso un poco loco pero confiado de la propuesta GRANDE y FELIZ de la santidad en el marco de la homosexualidad no-practicada. Hubiera estado a punto de dar el paso. Pero el tema de la homosexualidad es tan mal entendido en la Iglesia (en general, la miran con desconfianza, o como un no-tema), la gente de Iglesia está tan lejos de entender el poder de denuncia de la heterosexualidad (¡ sin renunciar a explicarla en detalle !), los clérigos están tan aterrorizados por salir de los caminos trillados y por mantener un discurso que podría ser demasiado complaciente o mal entendido o juzgado « demasiado positivo para ser honesto e inspirado », que la sobriedad parece imponerse. Desgraciadamente. Francisco prefiere comprarse una confianza y una legitimidad papal con poco gasto, escondiéndose detrás de un discurso familiarista ciertamente hermoso pero congelado y austero, que no da en el clavo ni de lejos.
 

Bulle papale : "... Je fais la gueule pour rassurer..."

Bula/Burbuja papal : « … Estoy de morros para tranquilizar… »


 

Respecto a la homosexualidad, el entusiasmo de Francisco fue enfriado y apagado desde el principio del Sínodo. ¡ Le habrán tirado severamente de las orejas un poco antes ! De momento, ha planeado de no anunciar nada realmente nuevo sobre el tema. Ninguna adopción de riesgos y no-ortodoxa. No se levanta la trompeta. No se formulan promesas. No se exhibe un entusiasmo paterno y fraterno demasiado sospechoso. Para evitar los toques de luminosidad y las falsas esperanzas. A priori, eso asegura a todos, favorece la « Unidad », reafirma una base y una fidelidad doctrinal tranquilizadora. Pero el corazón, la alegría de la Buena Nueva, la locura de la confianza, la fuerza que entregan la exigencia y la realidad, la gran propuesta, ya no están. Falta de audacia, silencio y el repliegue, ninguna tarjeta de invitación personalizada para saber dónde está el sitio concreto de las personas homosexuales en el banquete de la Iglesia, miedo a la homosexualidad y a dirigirse a las personas homosexuales con otro discurso escolar que « No eres sólo eso », « La Iglesia te ama y no te juzga. », « Estás llamado a la castidad y la caridad. » (Comprender : « Volved dentro de cinco años. Nos ponemos en contacto con vosotros. Parad de reclamar, y obedeced al amor universal de la Iglesia por vosotros. En claro, ¡ silencio ! »). Se podría pensar que tal statu quo no es grave, que la Iglesia ya ha sobrevivido con estos no-dichos desde hace años sin que eso planteara demasiados problemas. Pero es olvidar que el mundo tiene sed y está estallando ahora mismo de manera anormalmente violenta a causa de la homosexualidad y de la heterosexualidad. Y que no Se lo perdonará.
 
 
 

La traducción francesa (texto original) se encuentra en este enlace. Ver también dos otros artículos sobre el mismo tema : Charamsa 1 y Charamsa 2. Y, por supuesto, mi libro La homosexualidad en Verdad en acceso libre.

Pièce Les Vœux du Cœur au Théâtre de la Bruyère : Et si vous arrêtiez de nous prendre sincèrement pour des cons ?

les_voeux_de_coeur_affiche
 

Je reviens d’aller voir la pièce Les Vœux du Cœur de Bill C. Davis, qui se jouait ce soir au Théâtre de la Bruyère à Paris. Ça applaudit fort à la fin. Mais non. Ça ne le fait pas. Car cette pièce est un tissu de mensonges sur l’Église catholique, le célibat, l’homosexualité, la foi, la prêtrise. Les comédiens parlent de réalités qu’ils ne connaissent pas. Par exemple, sont-ils allés à l’association Courage et savent-ils que ce n’est pas le club de frustrés refoulés homophobes qu’ils dépeignent ? Non. Ont-ils interrogé des prêtres sur leur joie dans le célibat continent ? Non. Vont-ils à la messe ? Non. Mais ils ne se contentent pas de parler d’une Église qu’ils ne fréquentent pas : en plus, ils Lui disent ce qu’Elle doit faire et ce qu’Elle ne ferait pas ! Hallucinant. Et toujours avec les meilleures intentions du monde : pour « L’humaniser », « L’ouvrir », « L’aider à aimer et à vaincre sa peur de la sexualité ». Mais pour qui ils nous prennent et pour qui ils se prennent ? Que savent-ils, ces libertins insatisfaits de l’amour, prônant la désobéissance pendant 1h30, de ce qu’est aimer vraiment ? de ce qu’est la force du célibat consacré ? de la force de l’engagement durable et épanouissant dans le mariage ? Les prêtres, en vrai, ne s’expriment pas du tout comme ça : la plupart ne sont pas des gros bébés maladifs privés d’amour parce que privés de « sexe ». Au contraire, ils vivent leur célibat de manière épanouie et beaucoup plus libre que bien des libertins enchaînés à leur libertarisme insatisfaisant et dont le seul cadre d’exigence est leurs « sentiments ». Au lieu de vouloir le bonheur des prêtres à leur place, je conseille à la troupe de théâtre des Vœux de l’amour de rencontrer vraiment le Christ (personne, comme par hasard, complètement zappée dans cette pièce sur… le christianisme… il fallait oser !), de venir à Courage, ou de rencontrer en chair et en os des cathos au lieu de nous caricaturer de manière certes vraisemblable mais pas du tout réaliste. Vraiment, arrêtez de prendre les cathos et votre public pour des cons. Et surtout, arrêtez de vous prendre pour l’Église. Merci.
 
 
 

Je vous renvoie également à l’article suivant.

« Vous voulez rajouter quoi, au juste, à la parole ecclésiale déjà très claire et suffisante sur l’homosexualité ? C’est quoi votre problème ? »

La planque de la Sainte Famille

La planque de la Sainte Famille


 

Depuis l’ouverture de la deuxième partie du Synode sur la Famille (du 5 au 25 octobre 2015), un certain nombre de cathos viennent vers moi en privé pour me demander, plus ou moins gentiment : « C’est quoi, le changement que vous voulez, au juste ? La Révolution que vous attendez n’arrivera pas. Adaptez-vous plutôt. ». Je dis « plus ou moins gentiment » parce que, souvent, nous, personnes homosexuelles croyantes, passons pour des fouteurs de merde jamais contents et qui faisons notre petit caprice égocentrique (« narcissique ») sans regarder que nous avons déjà la solution que nous réclamons à cor et à cri dans notre assiette : c’est juste que nous n’accepterions pas humblement la radicale solitude de la Croix universelle que nous propose l’Église et que nous souhaiterions qu’Elle la vive à notre place.

 

Pour ce qui est de mes attentes, je vais vous répondre en fin d’article. Et pour les comprendre, il faut déjà être capable de reconnaître l’inachèvement et les manques de la parole ecclésiale actuelle sur le sujet de l’homosexualité, et ne pas simplement s’en tenir au discours (certes vrai d’un point de vue éternel, d’un point de vue spirituel, mais incomplet d’un point de vue temporel, incomplet du point de vue de la Charité) « Tout est déjà dans la Bible ! Tout est dans la vie du Christ ! Tout est déjà clairement énoncé dans le catéchisme ! Qu’est-ce que vous voulez de plus ?? »

 

Apparemment, le Catéchisme aurait déjà tout dit sur l’homosexualité. Nous sommes d’accord. La forme concrète de la chasteté demandée aux personnes durablement homosexuelles est a priori la même que celle demandée aux personnes consacrées dans le sacerdoce, aux célibataires, aux personnes séparées ou divorcées remariées, aux veufs, aux enfants, bref, à tous ceux qui ne sont pas mariés dans la différence des sexes. Simplement, il est faux de nous faire croire que par l’usage du terme « chasteté », qui renvoie à une vertu universelle, les personnes hors mariage pourraient vivre les formes de la chasteté du couple marié (génitalité, sentimentalité, procréation), ni même la chasteté officiellement consacrée des prêtres (car les personnes homosexuelles durables n’ont pas accès au sacerdoce, au sacrement de l’ordre). Nous, personnes homosexuelles, sommes donc face à un grand vide vocationnel, un grand vide de propositions parce que notre handicap empêche la plupart d’entre nous d’avoir accès aux deux seuls chemins de vie comblants indiqués par l’Église. Nous ne savons toujours pas où aller concrètement pour être heureux et fidèles en Église. C’est également nous tromper sur la Croix que de nous dire que, si nous sommes des personnes durablement homosexuelles, nous pourrons suivre l’Église tout en étant en « couple » ou en rêvant d’en former un avec une personne de même sexe, tout en étant dans un célibat sans autre encadrement ecclesial que « la fraternité, l’amitié et la chasteté ». La forme concrète de la sainteté, du bonheur plein et de la chasteté pour les personnes homosexuelles durables porte un nom : célibat continent (du point de vue personnel), fraternité sainte (du point de vue mondial). Ce n’est pas parce que je le souligne que j’en fais un particularisme fermé.

 

Par ailleurs, il y a un vrai manque de parole ecclésiale concernant l’homosexualité, concernant cette forme de célibat spécifique. Vous regardez le Catéchisme de l’Église catholique… et il n’est question que de « chasteté » (la mention de la continence apparaît plus loin, dans le chapitre des situations hors mariage… mais pas dans le chapitre de l’homosexualité, même si, bien entendu, elle devrait déjà être induite.) Mais concrètement, textuellement, verbalement et dans le cœur des gens (y compris les gens d’Église), la chasteté des personnes durablement homos est laissée sans forme, à l’implicite, ou reléguée à l’amitié (terme très ambigu pour notre époque) désintéressée et à la Croix du Christ. C’est court. Pour l’instant, c’est un chemin vocationnel encore très flou qui est tracé par l’Église, un chemin dont les modalités (le célibat pour les personnes durablement homos; le mariage femme-homme pour les personnes dont l’homosexualité est peu profonde) ne sont ni décrites précisément (personne dans l’Église ne parle encore de célibat, de continence), ni joyeuses (personne ne parle de don entier de sa personne et de son homosexualité aux autres, de don de son homosexualité aux autres et à l’Église), ni saintes (pour l’instant, les discours sont orientés vers la maîtrise et l’extinction de la tendance – « Tu n’es pas que ça » ; pas son recyclage et son offrande), ni vocationnelles (pas de consécration en vue, pas de grands projets proposés : juste un « faire avec » dans la discrétion). Il y a donc une Bonne Nouvelle à annoncer, même si Benoît XVI a déjà décrit et orienté les choses à 80%. Le tout, c’est de le faire bien, et que l’audace soit évangélique. Pas mondaine. Enfin, il y a une vraie blessure mondiale à régler avec l’analyse et la dénonciation de l’hétérosexualité. Car le gros du sentiment d’injustice et de frustration ressenti par les personnes homosexuelles croyantes ou non, c’est ce silence complice de l’Église qui ne dénonce pas la violence de l’hétérosexualité.

 

En clair, s’il n’en tenait qu’à moi, 1) je suis d’avis, en effet, que globalement, l’Église ne va et ne doit en apparences pas changer grand-chose à ce qu’Elle a déjà très bien dit sur l’homosexualité dans le Catéchisme, et donc ne doit pas nous promettre monts et merveilles ; 2) il manque quand même dans Son discours 3-4 paroles nouvelles et courageuses : une parole amère sur « l’amour homo » (dire que ce n’est pas de l’amour, et expliquer pourquoi ; expliquer la violence et l’insatisfaction de ces « amitiés amoureuses » confuses), une parole exigeante sur le cadre concret de la chasteté demandée aux personnes durablement homos (oser parler de célibat, de continence, annoncer la couleur et la matière de la Croix !), et surtout une parole proposante et positive (oser parler de la Joie dans la continence – qui est bien autre chose que l’abstinence ! –, oser parler de la vocation à la sainteté spécifique à la condition homosexuelle, oser parler carrément de consécration et de fondation d’une fraternité ecclésiale spécifique, oser parler de l’évangélisation dans le cadre de l’homosexualité, oser parler de don entier de son homosexualité au monde, bref, oser proposer GRAND, JOYEUX et SAINT !).

 

Je crois que s’il n’en tenait qu’au Pape François, à sa personnalité de fond et à sa fougue prophétique, au départ, il aurait été du genre à rajouter au message prudent et sage de Benoît XVI cette grande valeur ajoutée de l’offrande mondiale de l’homosexualité, de la Joie accueillante qui embrasse toute la personne homosexuelle et encourage toute la plénitude de sa personne, cette impulsion un peu folle mais confiante de la proposition GRANDE et JOYEUSE de la sainteté dans le cadre de l’homosexualité non-actée. Il aurait été prêt à franchir le pas. Mais le sujet de l’homosexualité est tellement mal compris dans l’Église (on s’en méfie, globalement, on la prend pour un non-sujet), les gens d’Église sont tellement loin de comprendre la puissance de la dénonciation de l’hétérosexualité (sans renoncer à l’expliquer en détails !), les clercs sont tellement tétanisés de sortir des clous et de tenir un discours qui risquerait d’être trop complaisant ou mal compris ou jugé « trop positif pour être honnête et inspiré », que la sobriété semble s’imposer. François préfère se racheter une confiance et une légitimité papale à bas prix en se cachant derrière un discours familialiste certes beau mais figé et austère, à côté de la plaque.
 

Bulle papale : "... Je fais la gueule pour rassurer..."

Bulle papale : « … Je fais la gueule pour rassurer… »


 

Par rapport à l’homosexualité, l’enthousiasme du Pape François a été refroidi et s’est éteint dès le début du Synode. Il a dû se faire tirer sévèrement les oreilles un peu avant ! Pour l’instant, il a prévu de ne rien annoncer de vraiment nouveau sur le sujet. Pas de prise de risques inutile et non-orthodoxe. On ne sonne pas trompettes. On ne formule pas de promesses. On n’exhibe pas un enthousiasme paternel et fraternel trop suspect. Pour éviter les coups d’éclats et les fausses espérances. A priori, ça sécurise tout le monde, ça favorise l’« Unité », ça réaffirme une assise et une fidélité doctrinale qui rassurent. On la joue prudents. Mais le cœur, la joie de la Bonne Nouvelle, la folie de la confiance, la force que donnent l’exigence et la réalité, la proposition grande, n’y sont pas. Manque d’audace, langue-de-bois et repli, pas de carton de mariage personnalisé pour savoir où est la place concrète des personnes homos au banquet de l’Église, peur de l’homosexualité et de s’adresser aux personnes homosexuelles avec un autre discours appris que « Tu n’es pas que ça. », « L’Église t’aime et ne te juge pas. », « Tu es appelé à la chasteté et à la charité. » (comprendre : « Repassez dans cinq ans. On vous rappellera. Arrêtez de réclamer, et obéissez plutôt à l’amour universel de l’Église pour vous. En gros, vos gueules ! »). On pourrait se dire qu’un tel statut quo n’est pas grave, que l’Église a déjà survécu avec ces non-dits depuis des années sans que cela ne pose trop problème. Mais c’est oublier que le monde a soif et explose en ce moment de manière anormalement violente à cause de l’homosexualité et de l’hétérosexualité. Et qu’il ne le Lui pardonnera pas.
 
 
 
 

Je vous renvoie aussi aux textes suivants : article 1 sur Charamsa, article 2 sur Charamsa la suite, article 3 sur la place de l’homosexualité dans le Synode, article 4 sur le mépris ecclésial du traitement de l’hétérosexualité, article 5 sur l’homophobie dans l’Église, et article 6 sur les cardinaux africains. Par ailleurs, la traduction ESPAGNOLE de cette page se trouve sur ce lien. Enfin, voici le tableau-récap de ma proposition au Pape.

Al favor del padre Krzysztof Olaf Charamsa

char
 

Para acabar con el Asunto Charamsa, lejos de abrumar al sacerdote polaco, lejos de contentarme con despreciarlo orando histéricamente sobre su « caída » sin entender su significado, lejos de justificar su salida del armario y hacerme de abogado del « diablo », creo que su actitud no es sólo la « estratagema mediática » que muchos católicos quieren ver en ella.

Hay algo de verdad en su « golpe de Estado ». La reacción de este sacerdote es lógica e indica que los agravias existen por ambas partes entre él y la Iglesia romana, que el discurso eclesial sobre la homosexualidad aún no ha encontrado ni su coronación, ni su coherencia ni tampoco su encarnación (como lo han mostrado ampliamente las conferencias pre-sinodales la semana pasada).
 

No es una coincidencia que dicho sacerdote haya exclamado desde su primera entrevista : « Es hora que la Iglesia abra los ojos frente a los creyentes y los gays creyentes y entienda que la solución que propone, es decir la abstinencia total y una vida sin amor, no es humana. »
 

De hecho, Charamsa apunta la exigencia de la CONTINENCIA que la Iglesia Católica da a entender en su discurso sobre la homosexualidad, pero sobre todo apunta el miedo – que parece ser una hipocresía, en este caso – de su Iglesia a asumir y a anunciar explícitamente aquella exigencia… porque de hecho, el sacerdote polaco obtiene aquí 1 punto : la Iglesia todavía no ha tenido el ánimo de asumir precisamente la llamada al celibato continente, es decir a la « renuncia a la pareja » pedida a la gente duraderamente homosexual (renuncia que no es inducida en absoluto por la palabra vaga de « castidad » que por el momento ha prevalecido en todos los discursos oficiales de la Curia sobre la homosexualidad). Entonces no es de extrañar que aquel sacerdote vea y denuncie esta falta de franqueza REAL, este talón de Aquiles, este velo púdico de imprecisión mojigata, como una mascarada, como un signo revelador de una homosexualidad clerical reprimida (porque, en parte, ¡ este velo es una confesión de la práctica homosexual y de la creencia en el « amor homosexual » efectivamente escondidas en el Clero !).
 

Y para ir un poco más lejos, Charamsa espera la Verdad. Espera la forma concreta de la Cruz que se le entrega específicamente en el marco de su tendencia sexual real. Y de momento la Iglesia priva a todas las personas duraderas homosexuales de esta Buena Nueva de la continencia. Es un vacío objetivo. Así que yo no iría tan rápido en el linchamiento del señor disidente.
 

Su salida del armario es el indicador de incumplimentos a la Verdad que el Papa, los cardenales y los obispos deben escuchar, en lugar de apagar la parcela de Verdad que contiene el gesto mediático deshonrosos mediante el proceso de intención caricaturesco (« ¡ Él hizo esto para darse a conocer ! », « ¡ Es diabólico ! », « ¡ Él quería dividir la Iglesia la víspera del Sínodo ! », « ¡ Se quedó corto ! », « ¡ Él quería promocionar su futuro libro. » ; « ¡ Es la ganga para la propaganda mediática anticlerical ! », etc.). También hay que saber escuchar el significado de los ataques.
 
 

Ver también otros artículos sobre el mismo tema : link ; y sobre todo éste.

À la décharge du père Krzysztof Charamsa

char
 

Pour terminer sur l’Affaire Charamsa, loin d’accabler le prêtre polonais, loin de me contenter de le mépriser en priant hystériquement sur sa « chute » sans chercher à comprendre son sens, loin de justifier son coming out et de me faire l’avocat du « diable », je pense que son attitude n’est pas que le « stratagème médiatique » que beaucoup de cathos veulent y voir. Il y a du vrai derrière son « putsch ». La réaction de ce prêtre est logique et indique que les torts sont malgré tout partagés entre lui et l’Église romaine, que le discours ecclésial sur l’homosexualité n’a pour le moment trouvé ni son couronnement ni sa cohérence ni son incarnation (comme l’ont largement montré les conférences pré-synodales de la semaine dernière). Ce n’est pas un hasard si le prêtre en question s’est exclamé dès sa première interview : « Il est temps que l’Église ouvre les yeux face aux gays croyants et comprenne que la solution qu’elle propose, à savoir l’abstinence totale et une vie sans amour, n’est pas humaine ». En effet, Charamsa pointe du doigt l’exigence de la CONTINENCE que l’Église catholique sous-entend dans son discours sur l’homosexualité, mais surtout la peur – qui ressemble à une hypocrisie, pour le coup – de Celle-ci à assumer et à annoncer explicitement cette exigence… car en effet, 1 point pour le prêtre polonais : l’Église n’a pas encore eu le courage d’assumer précisément l’appel au célibat continent, c’est-à-dire au « renoncement au couple » demandé aux personnes durablement homos (renoncement qui n’est absolument pas induit par le terme vague de « chasteté » qui pour l’instant a prévalu dans tous les discours officiels de la Curie sur l’homosexualité). Pas étonnant, donc, que ce dernier voie et dénonce ce manque de franchise RÉEL, ce talon d’Achille, ce voile pudique d’imprécision pudibonde, comme une mascarade, un signe révélateur d’une homosexualité cléricale refoulée (car pour une part, ce voile est un aveu de pratique homosexuelle et de croyance en « l’amour homo » effectivement cachées dans le Clergé !). Et pour aller un peu plus loin, Charamsa attend la Vérité. Il attend la forme concrète de la Croix qui Lui est donnée spécifiquement dans le cadre de sa tendance sexuelle réelle. Et l’Église prive pour l’instant toutes les personnes durablement homosexuelles de cette Bonne Nouvelle de la continence. C’est un manque objectif. Alors je n’irais pas aussi vite dans le lynchage du monsieur dissident. Son coming out est l’indicateur de manquements à la Vérité que le Pape, les cardinaux et les évêques doivent écouter, au lieu de noyer la part de Vérité que contient le geste médiatique infâmant dans le procès d’intentions caricatural (« Il a fait ça pour se faire remarquer! », « C’est diabolique! », « Il a voulu diviser à la veille du Synode ! », « Il a loupé son coup ! », « Il a voulu vendre son futur livre. », « Il fait les choux gras des médias anti-cléricaux », etc.). Il faut savoir écouter aussi le sens des attaques.

 

Article associé : Voir l’article associé, et sa traduction espagnole. Je rajoute cet article capital sur la demande de « réforme » du discours ecclésial sur l’homosexualité.

¿ La condena unánime de la salida del armario del Padre Charamsa habría resuelto el tsunami de la homosexualidad que llega en el Sínodo ?


 

Francamente, aunque mi fe en el Espíritu Santo revelado plenamente en/por la Iglesia Católica-Institución y en particular a Francisco y al Papa Benedicto XVI se mantiene intacta, no puedo dejar de observar tres espejismos (persistentes) que la gran mayoría de los católicos y cardenales alimenta, sobre la segunda parte del Sínodo :
 

1) Que este Sínodo sería un Sínodo « sobre la familia ».
 

No. Esto no es un Sínodo sobre la familia, a pesar de su título y de su pretensión. Se trata en realidad de un Sínodo sobre el celibato (consagrado y cuya forma es la continencia). Se trata de un Sínodo, por lo tanto, sobre la Iglesia, sobre todo el cuerpo eclesial y su viabilidad/legitimidad.
 

2) Que este Sínodo no levantará grandes olas.
 

Podemos desearlo y rezar por ello, sin embargo la cosa se presenta mal. El reto oculto del Sínodo es considerable : evitar el cisma. Digo « oculto » porque el Papa y sus cercanos tratan de minimizar este riesgo, de mantener un perfil bajo, de tranquilizar a lo católicos antes del tsunami progresista que llega sobre el Vaticano (Se olvidan demasiado rápidamente del otro progresismo – igual de terrible como el oficial – defendido por los tradicionalistas y conservadores entre los católicos, que sueñan con una « reforma » que hace progresar a la Iglesia hacia atrás). Por precaución táctica, las cabezas pensantes/rezantes del Vaticano anuncian que no anunciarán nada nuevo, nada « revolucionario », y que desilusionarán a muchos. Pero yo no sería tan optimista. ¿ Los católicos se dan cuenta de que el peligro no está detrás, pero sobre todo frente a ellos ? ¿ Rezan por las buenas intenciones? Yo no lo creo para todos.
 

3) Que la homosexualidad occupa un sitio-anexo en este Sínodo.
 

Es absolutamente erróneo creerlo. La homosexualidad es el principal punto de crispación del Sínodo, aunque la Curia aún no quiera admitirlo (y la eluda con el expediente de los divorciados que se han vuelto a casar) y quiere hacer de ella un fuera-de-tema, sirviéndose, por otra parte, de la fuerte ola emocional de indignación generada por el escándalo de la apertura de la segunda parte del Sínodo : la salida del armario del sacerdote polaco Charamsa. Este acontecimiento sólo es el fuego – sin duda impresionante, pero aislado y rápidamente dominado – que esconde otro fuego más grande : el incendio de la tibieza eclesiástica en cuanto a la bipolaridad heterosexualidad-homosexualidad, del miedo interno a denunciar el mito del « amor homosexual » y a proclamar la santidad en el marco del celibato continente, a la defensa ciega de la heterosexualidad (entendida como la diferencia de sexos). He escogido al azar en Facebook (véase más bajo) varias reacciones de católicos (e incluso un extracto en el Padreblog ) supuestamente sólidos, que son muy timoratos o inexactos respecto al análisis de la homosexualidad y de la heterosexualidad. Reducen el escándalo de la salida del armario del padre Charamsa a un asunto de adulterio universal y de ruptura del voto de castidad en el sacerdocio, para desligarse de explicar que son también la homosexualidad, la creencia en la heterosexualidad y la creencia en el amor homosexual que son problemáticas dado que constituyen graves factores agravantes adicionados al pecado de adulterio y a la desobediencia anti-sacramental planteados por una minoría de curas que han colgado el hábito. Como lo explico desde hace mucho tiempo ya, la homosexualidad es el único tema que divide realmente a la Iglesia de una manera impensable. Yo diría que las tres cuartas partes de los católicos creen en el « amor homosexual », y que la cuarta parte restante no sabe por qué se opone a ello, ni cómo explicar por qué no cree en ello (excepto bíblica y sacramentalmente) ni le apetece oponerse a ello. Porque es un tema objetivamente espinoso, impopular, difícil de aclarar. Incluso cuando hablamos bien de la homosexualidad, despertamos una división fuerte en el mundo y en la Iglesia, y somos mal entendidos/odiados/temidos por la gran mayoría de nuestros parientes, incluyendo a los católicos (¡ puedo decirlo además con conocimiento de causa !). No estoy soñando. Durante las conferencias pre-sinodales que tuvieron lugar en Roma antes del domingo pasado, nada indicaba que – incluso en las mesas redondas destinadas a abordar directamente el tema de la homosexualidad – la homosexualidad y la heterosexualidad fueron tomadas en serio y verdaderamente afrontadas.
 

Ilusionándose que el desalojo posterior a la salida del armario de un miembro de la delegación de la Doctrina para la Fe alejaría milagrosamente el problema, muchos católicos no se imaginan que, aunque los ejércitos progresistas y gays friendly de Faraón (= la heterosexualidad) estén detrás de ellos, ¡ el mar (= la Iglesia) está a punto de partirse en dos frente a ellos ! ¡ En cuanto al peligro del cisma, yo, personalmente, prefiero desafiar de frente al Cerbero con tres cabezas ! Esta es la mejor manera de derrotarlo, creo. Esa es la Esperanza. No simplemente un deseo piadoso « optimista » basado en una falsa idea de « unidad eclesial ». Y tal vez el cisma sea evitado.
 
 
 
 
 
polonais 1
polonais 2
polonais 3

 
 

Ver la traducción francesa de este artículo en este link, así como otro artículo sobre el mismo tema. También un texto muy claro.

La denuncia sprezzante dell’eterosessualità e l’invito a evitare l’uso del termine, credete seriamente che mi faccia piacere?

 

Certi cattolici attualmente presenti a Roma per le conferenze pre-Sinodali immaginano che mi renda felice sentire alcuni cardinali e laici cattolici denunciare l’uso della parola ‘eterosessualità’ e dell’etichetta ‘etero’ in nome della sedicente « inutilità ed errore » del termine « eterosessuale », tutto ciò a nome soprattutto di un umanesimo universalista religioso di buona qualità. Ma questo non mi fa assolutamente alcun piacere. Mi dà pure fastidio.Non hanno ancora capito niente di ciò che ho scritto e detto molto chiaramente sull’eterosessualità da molto tempo. Non solo è necessario usare il termine « eterosessualità », ma è fortemente raccomandato usarlo e denunciare espressamente l’eterosessualità, non per il suo significato comunemente condiviso di « differenza dei sessi », ma in quanto sistema ideologico bisessuale che minaccia la differenza sessuale spacciandosi per quest’ultima.
 

Dichiarare che il termine « eterosessualità » deve essere bandito dalle discussioni poichè sarebbe « inutile e sciocco » (il chè è assolutamente falso, anzi: il male ha una sua logica e deve essere chiamato per nome!) è una catastrofe. Quella di lasciare tutti i poteri alle menzogne sull’eterosessualità e, in definitiva, per l’eterosessuialità !
 
 
 
Ecco l’articolo originale in francese + un altro articolo interessante.

La condamnation unanime du coming out du Père Charamsa aurait réglé le tsunami de l’homosexualité arrivant sur le Synode ? (traduction italienne partielle)

 

À dire vrai, même si ma foi en l’Esprit Saint révélé pleinement à/en l’Église-Institution catholique et plus spécialement aux Papes François et Benoît reste intacte, je ne peux m’empêcher d’observer trois illusions (persistantes) dont la grande majorité des cathos et des cardinaux se nourrissent, à propos de la deuxième partie du Synode :
 

1) Que ce Synode serait un Synode « sur la famille ».

 

Non. Ce n’est pas un Synode sur la famille, même s’il en porte le titre et en a la prétention. C’est en réalité un Synode sur le CÉLIBAT (consacré et dont la forme est la continence). C’est un Synode, donc, sur l’Église, le corps ecclésial en particulier et sa viabilité/légitimité.
 

2) Que ce Synode ne fera pas de grandes vagues.

 

On peut le souhaiter et prier pour cela, mais ça ne s’annonce pourtant pas comme ça. L’enjeu caché du Synode est de taille : éviter le schisme. Je dis « caché » car le Pape et ses proches essaient de minimiser ce risque, de jouer profil bas, de rassurer les cathos devant le tsunami progressiste qui arrive sur le Vatican (c’est bien vite oublier qu’un autre progressisme – tout aussi redoutable que l’officiel – est porté par les tradis et les conservateurs parmi les cathos, qui rêvent d’une « réforme » qui fait progresser l’Église vers l’arrière). Les têtes pensantes/priantes du Vatican annoncent par prudence tactique qu’ils n’annonceront rien de nouveau, de « révolutionnaire », et qu’ils feront des déçus. Mais je ne serais pas si optimiste. Les catholiques ont-ils conscience que le danger n’est pas que derrière mais surtout devant eux ? Prient-ils pour les bonnes intentions ? Je ne le crois pas pour tous.
 

I cattolici sono consapevoli che il pericolo non è dietro ma soprattutto davanti a loro?
 

3) Que l’homosexualité occupe une place-annexe dans ce Synode.

 

C’est absolument faux de le croire. L’homosexualité y est le point de crispation majeure, même si la Curie ne veut toujours pas le voir (et le noyer avec le dossier des divorcés-remariés) et veut en faire un non-sujet, en se servant, qui plus est, de la forte vague émotionnelle d’indignation unanimement condamnante suscitée par le scandale d’ouverture de la deuxième partie du Synode : le coming out du prêtre polonais le père Charamsa. Cet événement n’est que l’incendie – certes impressionnant mais isolé et vite maîtrisé – qui en cache un plus gros : l’incendie de la tiédeur ecclésiastique par rapport à la bipolarité hétérosexualité-homosexualité, de la peur interne à dénoncer le mythe de « l’amour homo » et à annoncer la sainteté dans le célibat continent, de la caution aveugle à l’hétérosexualité (comprise comme la différence des sexes). J’ai pioché au hasard sur Facebook (ci-dessous) des réactions de catholiques (et même un extrait sur le Padreblog) pourtant réputés solides, qui se montrent très timorés ou inexacts concernant l’analyse de l’homosexualité et de l’hétérosexualité. Ils réduisent le scandale du coming out du père Charamsa à une affaire d’adultère universelle et de rupture du vœu de chasteté dans le sacerdoce, pour se dédouaner d’expliquer que c’est aussi l’homosexualité, la croyance en l’hétérosexualité et la croyance en l’amour homosexuel qui posent problème, et qui sont de graves facteurs aggravants ajoutés au péché d’adultère et au péché de désobéissance anti-sacramentelle posés par un ecclésiastique défroqué minoritaire. Comme je l’explique depuis longtemps, l’homosexualité est le seul sujet qui divise vraiment l’Église à un point inimaginable. Je dirais que les trois-quarts des cathos croient en l’« amour homo », et que le quart restant ne sait pas pourquoi il s’y oppose, ni comment expliquer pourquoi il n’y croit pas (à part bibliquement et sacramentellement), ni a envie de s’y opposer. Car c’est une thématique objectivement épineuse, impopulaire, difficile à éclaircir. Même quand on parle bien de l’homosexualité, on réveille une division forte dans le monde et dans l’Église, et on est incompris/détesté/craint de la très grande majorité de ses proches, y compris cathos (j’en sais quelque chose!). Je n’ai pas la berlue. Pendant les conférences pré-synodales qui ont eu lieu à Rome avant dimanche dernier, rien ne laissait présager que – même dans les tables rondes censées traiter directement du sujet de l’homosexualité – l’hétérosexualité et l’homosexualité étaient prises au sérieux et vraiment affrontées.
 

En s’illusionnant sur le fait que l’éviction post-coming out d’un membre de la délégation de la Doctrine pour la foi éloigne miraculeusement le problème, beaucoup de catholiques ne s’imaginent pas que, même si les armées progressistes et gay friendly de Pharaon (= l’hétérosexualité) se trouvent derrière eux, la mer (l’Église) est sur le point de s’ouvrir en deux en face ! Personnellement, je préfère, concernant le danger du schisme, regarder le cerbère à trois têtes en face ! C’est le meilleur moyen de le terrasser, je crois. C’est ça l’Espérance. Pas un vœu pieux « optimiste » fondé sur une fausse idée d’« unité ecclésiale ». Et le schisme sera (peut-être) évité.
 

Preghiamo perchè il tema dell’omosessualità e della santità nel celibato continente siano opportunamente affrontati e spiegati da questo Sinodo, prendendo il « toro per le corna » su un tema che divide così tanto i cattolici in balia delle bighe progressiste del Faraone LGBT ( = eterosessualità) che rincorrono il popolo in fuga. Solo così si potrà evitare che la Chiesa si apra in due come il mar rosso, e che invece possa passarvi in mezzo, all’asciutto come ai tempi di Mosè.
 

Enfin, pour terminer sur l’Affaire Charamsa, loin d’accabler le prêtre polonais, loin de me contenter de le mépriser en priant hystériquement sur sa « chute » sans chercher à comprendre son sens, loin de justifier son coming out, je pense que son attitude n’est pas que le « stratagème médiatique » que beaucoup de cathos veulent y voir. Il y a du vrai derrière son « putsch ». La réaction de ce prêtre est logique et indique que les torts sont malgré tout partagés entre lui et l’Église romaine, que le discours ecclésial sur l’homosexualité n’a pour le moment trouvé ni son couronnement ni sa cohérence ni son incarnation. Ce n’est pas un hasard si le prêtre en question s’est exclamé dès sa première interview : « Il est temps que l’Église ouvre les yeux face aux gays croyants et comprenne que la solution qu’elle propose, à savoir l’abstinence totale et une vie sans amour, n’est pas humaine ». En effet, Charamsa pointe du doigt l’exigence de la CONTINENCE que l’Église catholique sous-entend dans son discours sur l’homosexualité, mais surtout la peur – qui ressemble à une hypocrisie, pour le coup – de Celle-ci à assumer et à annoncer explicitement cette exigence… car en effet, 1 point pour le prêtre polonais : l’Église n’a pas encore eu le courage d’assumer précisément l’appel au célibat continent, c’est-à-dire au « renoncement au couple » demandé aux personnes durablement homos (renoncement qui n’est absolument pas induit par le terme vague de « chasteté » qui pour l’instant a prévalu dans tous les discours officiels de la Curie sur l’homosexualité). Pas étonnant, donc, que ce dernier voie et dénonce ce manque de franchise RÉEL, ce talon d’Achille, ce voile pudique d’imprécision pudibonde, comme une mascarade, un signe révélateur d’une homosexualité cléricale refoulée (car pour une part, ce voile est un aveu de pratique homosexuelle et de croyance en « l’amour homo » effectivement cachées dans le Clergé !). Et pour aller un peu plus loin, Charamsa attend la Vérité. Il attend la forme concrète de la Croix qui Lui est donnée spécifiquement dans le cadre de sa tendance sexuelle réelle. Et l’Église prive pour l’instant toutes les personnes durablement homosexuelles de cette Bonne Nouvelle de la continence. C’est un manque objectif. Alors je n’irais pas aussi vite dans le lynchage du monsieur dissident. Son coming out est l’indicateur de manquements à la Vérité que le Pape, les cardinaux et les évêques doivent écouter, au lieu de noyer la part de Vérité que contient le geste médiatique infâmant dans le procès d’intentions caricatural (« Il a fait ça pour se faire remarquer! », « C’est diabolique! », « Il a voulu diviser à la veille du Synode ! », « Il a loupé son coup ! », « Il a voulu vendre son futur livre. », « Il fait les choux gras des médias anti-cléricaux », etc.). Il faut savoir écouter aussi le sens des attaques.
 
 
 
 

Ci-dessous, trois réactions sur le coming out qu’aurait magiquement neutralisé un lynchage « catholique » unanime :
 
polonais 1
polonais 2
polonais 3
 
 

Voir aussi la traduction espagnole de cet article, sur ce lien ; ainsi que l’article associé, en français et en espagnol. Je rajoute cet article capital sur la demande de « réforme » du discours ecclésial sur l’homosexualité.

La question homosexuelle traitée avant le Synode : Kyrie Eleison

 

Kyrie eleison…
 

Je me sens bien seul (ou catapulté dans une solitude chronique identique à celle ressentie au « parcours homosexualité » de Paray-le-Monial l’été dernier)… en recevant à l’instant ce message d’un ami catho, pourtant bien intentionné, qui m’envoie ce message sur Facebook : « Très bon, et dans ta ligne! #oremus » en me mettant en lien cet article en anglais provenant des dernières conférences pré-synodales sur l’homosexualité…

 

Je lui explique comme je peux et gentiment que, non, c’est pas « génial », ce qui est dit, voire même que c’est superficiel. Je lui réponds ceci : « Non. Ce n’est pas dans ma ligne. Pour moi : 1) Ce n’est pas suffisant de dire qu’une personne n’est pas son orientation sexuelle, ou n’est pas « un gay », et ensuite qu’elle est accueillie en tant qu’homme ou femme, telle qu’elle est. Quand est-ce qu’on parle de cette tendance sexuelle, de comment concrètement on est appelé à vivre avec (si elle est durable) tout en restant fidèle à l’Évangile et à l’Église? Ça, l’article n’y répond pas. 2) Ce n’est pas suffisant de rappeler l’universalité de la vertu de chasteté. En répétant sans cesse le mot « chasteté » (peut-être même « sainteté »), ils se donnent l’illusion qu’ils parlent de la forme, mais en réalité ils n’en parlent pas. Parce qu’ils sont flipés de révéler que la forme concrète de la chasteté demandée par l’Église aux personnes durablement homos ou bien séparées/divorcées remariées, c’est le célibat continent, autrement dit la même exigence que la chasteté demandée aux prêtres et aux religieux (mais, en plus, sans le sacrement de l’ordre !). C’est donc nous tromper sur la marchandise et sur la Croix SPÉCIFIQUE que propose concrètement l’Église catholique aux personnes homosexuelles que de nous faire croire que leur Croix n’est pas spécifique et que leur chasteté est, dans sa forme, universelle. Ce n’est pas vrai! » Et voyant leur peur et leur hypocrisie à transformer magiquement la forme (le célibat continent : porte étroite) par le fond (la chasteté : porte un peu moins étroite, car elle n’implique pas nécessairement le renoncement à la génitalité/sentimentalité dans le cas des couples mariés femme-homme), les progressistes et les personnes homos cathos en « couple homo » vont certainement se déchaîner contre eux et les traiter à juste titre de menteurs et de culs bénis.

 

Mon ami me répond alors : « C’est juste. Et pourquoi tu viens pas nous en parler à Rome? » No comment.

 

Je ne boue même pas. Je suis juste triste pour le Pape et l’Église. Tel que c’est parti, sur la question homosexuelle, le Synode va droit au mur. Nous ne pourrons pas avancer si nous faisons l’économie du traitement de l’hétérosexualité et de l’homophobie (deux mots pour l’instant considérés comme hors-sujet, non-sujets, ou sujets méprisables). Même le mot « homosexualité », c’est déjà limite banni !
 

Je ne peux que le constater de plus en plus. Il existe un réel mépris et peur ecclésiaux pour le célibat consacré (et sa forme concrète de chasteté : la continence, le célibat). Je le vois notamment à travers l’abord de l’homosexualité pendant ce Synode. Et c’est à cause de cette peur et de ce mépris RÉEL interne dans l’Église que l’Église catholique risque de vivre son grand Schisme. Car ces sentiments remettent en cause les prêtres et les laïcs célibataires. L’essence même de l’Église ! Sa pâte humaine ! Rien de moins que ça.
 

Prions pour notre Église. Car la question homosexuelle, qui a l’air d’une petite bactérie de rien du tout (qu’on pourrait régler pastoralement à coup de gentillets “Tu n’es pas que ça”, “Tu es appelé à la chasteté”, “L’Église ne te juge pas et t’accueille”, “l’homosexualité n’est pas le vrai sujet”), a le pouvoir, à elle seule, de La flinguer, ou du moins (car Elle ne passera jamais), de bien La diviser. J’en sais quelque chose : regardez comment, même en en parlant en Vérité, j’ai été traité et je suis traité. C’est un sujet où le diable s’est niché. C’est sa planque préférée. Y compris dans l’Église. Alors voilà. Je vous demande, sans théâtre et sans trépigner, que vous puissiez prier pour l’Église, pour la Vérité en son sein (et pas seulement – ce que je crains – les jolies formules que le Synode va très possiblement nous pondre, sur l’Humanité, la Chasteté, la Charité). Et cette Vérité, à mon sens, ne passe que par l’explicitation des mots hétérosexualité, continence (appel au célibat), sainteté (dans le cadre humain de l’homosexualité, je précise).
 
 
 

Cinq articles liés à celui-ci : Une pastorale spécifique ? + Le mépris ecclésial du traitement de l’hétérosexualité (attention danger !) + On ne pourra pas passer à côté de la proposition du célibat ! + Protestantisme autoroute vers la Nouvelle Religion Mondiale + La Fausse Solution du Coming out de Charamsa. Je rajoute cet article capital sur la demande de « réforme » du discours ecclésial sur l’homosexualité.

En pleine lecture du Maître de la Terre de Robert-Hugh Benson

maitre-de-la-terre
 

Ça y est ! J’avance bien dans mes différentes lectures sur l’Antéchrist, à tel point que je me sens d’attaque pour en faire une recension voire même une future conférence. Et là, ces jours-ci, je dévore le roman eschatologique Le Maître de la Terre (1905) de Robert-Hugh Benson. Un livre lu avec intérêt par nos deux papes actuels.

 

J’y reconnais tellement le boboïsme, c’est-à-dire ce paganisme de l’humanisme intégral ! Cet humanisme sans Jésus, où « L’homme est amoureux de l’homme ». Ce roman va même un peu plus loin que le « Père Elijah » de O’Brien, je trouve.

 

Un extrait :

 

« La persécution (anti-chrétienne), dit le père Percy (le héros s’adressant au Pape), est certainement en train d’approcher. […]. Jadis, dans les premiers temps du christianisme, l’attaque de Satan s’était produite sur le corps, avec des fouets, et du feu, et des bêtes féroces ; au XVIe siècle, elle s’était produite sur l’intelligence ; au XXe siècle, elle avait eu pour objet les ressorts les plus intimes de la vie morale et spirituelle. Maintenant, il semble que l’assaut va être dirigé des trois côtés à la fois. Cependant, ce qui mérite surtout d’être craint, c’est l’influence positive de l’humanitarisme. […] La persécution, s’écrit Percy, doit être accueillie comme le salut, et demandée à force de prières ; mais il craint que les autorités, dans leur ruse diabolique, ne reconnaissent trop la manière de distribuer l’antidote avec le poison. Sans doute, il y aura des martyres individuels, et en très grand nombre : mais ceux-là auront lieu malgré les gouvernements, et non pas à cause d’eux. Enfin, Percy s’attend à voir, d’un jour à l’autre, l’humanitarisme revêtir le déguisement de la liturgie et du saint-sacrifice ; quand il aura réussi à obtenir l’adhésion des peuples pour ce déguisement sacrilège, c’en sera fait de la cause de l’Église, si Dieu ne consent pas à intervenir ! » (pp. 161-162)

 

Je me régale ! À un moment, un peu plus tôt dans le livre, Benson décrit aussi son personnage catholique au milieu d’une assistance gagnée à la franc-maçonnerie du Gouvernement Mondial qui chante un hymne (maçonnique, justement) enthousiasmant et captivant la foule. C’est à l’occasion du « 50e anniversaire du vote de la ‘loi des pauvres’ ». Il cite une phrase de la chanson : « ‘Seigneur, qui habites la terre et les mers…’ Madame Brand lut les vers suivants, composés avec un heureux mélange de zèle et d’adresse pour l’exaltation de l’idée humanitaire. L’hymne entier avait une allure religieuse ; un chrétien même, à la condition de ne pas trop réfléchir, aurait pu le chanter sans scrupule. Et pourtant sa signification était assez claire : c’était la substitution de l’homme à Dieu comme objet du culte. L’auteur y avait introduit jusqu’à des paroles du Christ, disant, par exemple, que le royaume de Dieu résidait dans le cœur de l’homme, et que la plus grande de toutes les grâces était la charité. » (pp. 72-73)

 

Oh punaise… J’y retourne ! 😉