Vous n’êtes pas des putes
Quand je vois comment finissent certaines filles qui étaient dans ma classe aux Cours Florent (Conservatoire de Théâtre réputé à Paris), je me fais la réflexion : « Florent, usine-à-putes? » Soit à poil dans des films, soit photos dénudées sur internet (genre « c’est des photos artistiques »), soit couchant à droite à gauche.
Et quand je vois mes anciens élèves, pour certaines, sur la même pente : « Je fais l’amour à la caméra » (façon « Duck Face », avec la bouche en cul de poule, ou minaudant), je pose à moitié à nue (« C’est l’été et les vacances… alors je me lâche! »). Et même les mecs s’y mettent ! : Festival de la Gonflette (« Je m’affiche en maillot », ou bien « Je montre mes biscoteaux »). Hey ho : on est où, là, sérieusement ???
Alors je vous avertis très gentiment mais quand même : LE CULTE DU CORPS, ÇA CONDUIT À LA MORT DE VOTRE ÂME. Écoutez saint Paul (Rom 8 : « Si vous vivez selon la chair, vous allez mourir ; mais si, par l’Esprit, vous tuez les agissements de l’homme pécheur, vous vivrez. »). Écoutez aussi le témoignage de Gloria Polo qui a connu une mort clinique et dont l’âme se dirigeait direct vers l’Enfer (car elle avait avorté, vivait pour le paraître et le culte de son corps : pantalon-léopard, salle de sport, cours de zumba, etc.). Mes amis, mes élèves, de grâce, RHABILLEZ-VOUS ! VOUS N’ÊTES PAS DES PROSTITUÉES (GRATUITES). Notre corps est le Temple de l’Esprit Saint. Un peu de décence, de pudeur. Mon avertissement n’est pas de la pudibonderie ou qu’une question d’image. C’est de l’avenir éternel de votre âme au Ciel que je m’inquiète !
Fervor raro
Misa de hoy en la iglesia San Séverin en París. Hay que ver el fervor creciente que se está observando en las iglesias francesas en tiempos de persecusiones… Es extraño pero las misas empiezan a parecerse a las que siempre había imaginado : más auténticas, más sencillas y bellas.
Série « Homosexualité dans l’Église » par Franck Levey (Août 2015, Bretagne)
Tendríamos que escuchar más a los pobres que hablan del Papa Francisco…
Acabo de regresar de una cena con cuatro personas que no eran católicas para nada. No sólo pude hablar abiertamente de mi fe (incluso he regalado al chico que celebraba su cumple una botella de agua bendita de Fátima, ¡ y fue muy bien recibida !), sino que además, por mi escucha, mi dulzura y mi atención acerca de cada invitado, sin entrar en cualquier debate, me consideraron todos como ¡ el « bueno », el sabio, el filósofo del grupo ! Con lo que, ya véis… : nosotros, los católicos, somos más juzgados por la forma como hablamos de nuestra fe, que por el mero hecho de ser católicos.
Una de los invitados, que se declaraba abiertamente atea, me habló de todo el bien que hace el Papa Francisco. En particular sus palabras sobre el Islam y el terrorismo. Me llamó la atención. Me confesó que al escuchar la ausencia de juicio de las personas por el Papa, casi se le llenaban los ojos de lágrimas, y que eso la reconciliaba con la Iglesia hasta el punto de que se le ocurrió la idea de ir a misa. Me conmovió. Porque nosotros, los católicos, solemos ver las cosas desde un punto de vista doctrinal, teológico, purista. No estamos completamente equivocados, porque la Verdad sigue siendo precisa, y la ambigüedad es fuente de divisiones, malentendidos y conflictos. Pero nos olvidamos de escuchar a los pobres, al efecto de apertura de los corazones que produce el discurso – a veces desordenado pero siempre amante – del Papa, presos que somos de nuestras consideraciones de creyentes que se toman muy en serio y que persiguen la menor nota falsa. Lo que abre el corazón de los pobres, de las personas sencillas, que son personas por lo general no tan fáciles de convencer, deberíamos honrarlo, valorarlo, celebrarlo. Porque es Jesús.
Je reviens d’un dîner avec quatre personnes pas du tout catholiques. Non seulement j’ai pu parler ouvertement de ma foi (j’ai même offert comme cadeau au gars qui fêtait son anniversaire une bouteille d’eau bénite de Fatima, et elle a été très bien reçue !), mais en plus, par mon écoute, ma douceur et mon attention auprès de chaque invité, sans jamais rentrer dans le débat, je suis passé aux yeux du groupe, pour « le gentil », le sage, le philosophe du groupe ! Comme quoi : nous, les catholiques, sommes davantage jugés sur la façon que nous avons de parler de notre foi, que du fait d’être simplement catholiques.
Une des convives, qui se déclarait ouvertement athée, m’a parlé du bien que lui faisait le Pape François. Notamment ses paroles sur l’Islam et sur le terrorisme. Ça m’a interpellé. Elle m’a avoué qu’en entendant le non-jugement des personnes chez le Pape, elle en a eu les larmes aux yeux, et que ça la réconciliait avec l’Église au point que l’idée d’aller à la messe lui avait traversé l’esprit. J’en ai été touché. Car nous, catholiques, voyons les choses d’un point de vue doctrinal, théologique, puriste. Nous n’avons pas totalement tort, car la Vérité est précise, et l’ambiguïté est source de divisions, de quiproquos, de conflits. Mais nous oublions d’écouter les pauvres, l’effet d’ouverture des cœurs que produit le discours parfois brouillon mais toujours aimant du Pape, pris que nous sommes dans nos considérations de croyants qui se prennent très au sérieux et qui traquent la moindre fausse note. Ce qui ouvre le cœur des pauvres, des gens simples, qui sont des personnes en général pas si faciles à convaincre, nous devrions l’honorer, le valoriser, le célébrer. Car c’est Jésus.
247 preguntas sobre « La homosexualidad dentro de la Iglesia católica » Parte 3 (n°160 hasta el final)
Este documento se comparte en tres partes : la primera (pregunta n°1 hasta 79), la segunda (n°80 hasta 159), la tercera (n°160 hasta 247).
132 – Como católicos, ¿qué podemos contestar a los adversarios de la Iglesia que La acusan de haber fingido no ver los casos de pedofilia en Sus filas ?
133 – Estoy encarcelado por pedofilia. ¿ Qué desearía decirme ?
134 – ¿ Ha sido un día ligado por un cura ?
135 – ¿ Hay un vínculo de sangre entre homosexualidad y sacerdocio ?
136 – ¿ Expulsan fuera del seminario a los seminaristas que resultan ser homos ?
137 – ¿ Cómo comprender el documento del Papa Benedicto XVI en 2005 que prohibe el acceso al sacerdocio a los seminaristas homosexuales ?
138 – ¿ Hay que impedir y se puede impedir a un candidato homo que sea sacerdote ?
139 – ¿ Qué hacer con toda aquella riqueza vocacional echada de los seminarios, de los monasterios, de las parroquias, en nombre de la homosexualidad ?
140 – ¿ Es la formación sobre la homosexualidad en los seminarios suficiente ?
141 – ¿ En qué estado se encuentra el reclutamiento sacerdotal en los seminarios en relación con la homosexualidad ?
142 – ¿ No cree usted que la orientación sexual no debería ser un criterio de denegación de ingreso en el seminario, de la misma manera que los heterosexuales no deben vivir su heterosexualidad una vez que entran ? ¿ El voto de castidad no se aplica a todos, independientemente de la atracción sexual ?
143 – Soy sacerdote y homo : ¿ Cómo puedo lidiar esa doble condición ? ¿ Debo sacar provecho de ella, o estoy condenado a esconderme siempre, por obediencia y humildad ?
144 – ¿ Cuáles son las desventajas de ser sacerdote y homo ?
145 – ¿ Cómo canalizar mis apetitos afectivos a veces voraces ? ¿ Resulta más difícil que si no fuera homo ?
146 – ¿ Cuáles son las ventajas de ser sacerdote y homo ?
147 – Soy sacerdote y homo : me gustaría hacer algo de esto, dejar caer la máscara. ¿ Debo decirlo por honestidad y evangelización a mis feligreses o callarme ?
148 – He sido testigo de una obertura romántica entre seminaristas, o estoy involucrado en ella. ¿ Cómo gestiono la situación ?
149 – Un desvío en un monasterio o en un seminario, ¿ es dramático ? ¿ Más valdría perdonar, hacer borrón y cuenta nueva, dejar una segunda oportunidad ?
150 – Yo era cura, pero debido a un paso en falso homosexual, tuve que dejar definitivamente el sacerdocio, a pesar de que me haya arrepentido. O me despidieron del seminario a causa de la homosexualidad, y no pude seguir el camino. ¿ Cómo recuperarme? ¿ Qué puedo hacer de esta tragedia y cómo superar el remordimiento, tanto más cuanto que añoro mi vida religiosa o sacerdotal y que el estilo de vida homosexual no me satisface ? ¿ Cuál será mi vida futura con Jesús ?
151 – ¿ Es un sacerdote afeminado necesariamente homo ?
152 – ¿ Cómo puede un sacerdote ser sorprendido por una homosexualidad después de su ordenación ? No podía darse cuenta de ella antes?
153 – ¿ Por qué algunos sacerdotes con tendencia homosexual no logran abstenerse de pasar a la práctica homosexual ?
154 – ¿ Es necesario expulsar a los sacerdotes homosexuales de la Iglesia ?
155 – Y si algunos sacerdotes practican delitos a causa de la homosexualidad, ¿ deben las altas instancias clericales encubrirlos para evitar los escándalos y gestionar a nivel interno ?
156 – ¿ Por qué los sacerdotes no dicen nada sobre la homosexualidad o la pedofilia activa de sus correligionarios ?
CAPÍTULO VII – PERMANECER FIELMENTE CATÓLICO CON ESA CONDICIÓN HOMOSEXUAL :
157 – ¿ Qué relación existe entre las personas duraderamente homosexuales y los divorciados que se han vuelto a casar ?
158 – ¿ Se puede estar en pareja homosexual manteniéndose casto ?
159 – No sería mejor lidiar con la homosexualidad viviendo una pareja homosexual con un compañero católico, en lugar de imponerse un celibato seco, de no amar para nada y de ser infeliz durante toda su vida ?
160 – ¿ Dios puede salvar a una pareja homo ?
161 – ¿ Se puede ser plenamente homo en pareja, y creyendo ?
162 – ¿ Uno es homosexual de por vida ?
163 – Quiero cambiar de orientación sexual por la Gracia de Dios. Ya sé que no soy profundamente homosexual y que Dios no quiere eso para mí. ¿ Estoy totalmente equivocado ?
164 – ¿ Existen curaciones espectaculares de la homosexualidad ? ¿ Usted conoce ejemplos ?
165 – Sana Dios la herida homosexual y se puede hablar de terapia al respecto ?
166 – ¿ En las esferas religiosas de acompañamiento espiritual y psicológico de las personas homosexuales, cómo suelen abordar la homosexualidad ?
167 – ¿ Sustituye el trabajo espiritual al trabajo psicológico ?
168 – ¿ Funcionan las terapias agape ?
169 – ¿Qué impide a los responsables de las sesiones agape confesar que, con respecto a la homosexualidad, hay mucha impotencia y muy pocos signos ?
170 – ¿ Cuáles son hoy los testigos creíbles que muestran que se puede vivir bien su homosexualidad – incluso salirse de la homosexualidad – y al mismo tiempo permanecer fiel a la Iglesia ?
171 – ¿ Cómo sucedió el primer taller « Homosexualidad » durante la sesión de Paray-le-Monial (famoso Festival de las familias católicas en Francia) en el verano del 2015 ?
172 – ¿ Podríamos ir más lejos que esta sesión, abriendo la propuesta al conjunto de los católicos, al riesgo de pensar al principio que le damos demasiada importancia a la homosexualidad y que la universalizamos demasiado ?
173 – ¿ Por qué, respecto a la homosexualidad, los católicos tienen miedo a los sacramentos ?
174 – ¿ Por qué lo que proponen los Evangélicos alcanza rápidamente su límite ?
175 – ¿ Existen otros métodos menos espirituales y más científicos ?
176 – ¿ Usted conoce a buenos terapeutas y aconseja un seguimiento psicoanalítico adaptado a los católicos ?
177 – ¿ Hay personas homosexuales que nunca sanan ?
178 – ¿ Si yo no estoy curado, significa que no rezo bastante y que no dejo a Dios a que actúe en mí ?
179 – En otras épocas, respecto a la homosexualidad, ¡ no se le daba tanta importancia ! ¿ Usted no podría esforzarse a casarse y así se dará cuenta de que se le pasará ? ¿ Por lo menos alguna vez ha intentado con una mujer ?
180 – ¿ Desaparece la herida homosexual incluso cuando se la supera o se la sublima por una boda/un sacerdocio éxitoso ?
181 – Si me caso sintiéndome homosexual, después de haber sido muy claro con mi esposa, ¿ todo va a resolverse ?
182 – Si me caso siendo siempre gay, ¿ no me miento a mí mismo ? ¿ Lograré mantener el rumbo en el tiempo ? ¿ o embarco a mi esposa y mis hijos en una galera más desastrosa que si no me hubiera hecho el héroe ? ¿ La fe no me está engañando ?
183 – ¿ Puede Dios cargarme de un matrimonio religioso ? ¿ Aun con la fe compartida por dos y la fuerza del Sacramento ? ¿ Dios puede salvar a mi pareja casada ?
184 – Mi marido me dejó por un hombre : ¿ Dios me ha engañado ? ¿ La Iglesia también ? ¿ Sería la fe una basura de calidad ?
185 – Soy sacerdote y todavía con tendencia homosexual. Atravieso grandes tentaciones, depresiones pasajeras, malas rachas. ¿ Dios me ha abandonado ? ¿ No me he enceguecido a mí mismo acerca de mi propia vocación religiosa ? ¿ No he subestimado mis fuerzas o sobrevalorado la fuerza del Señor ?
CAPÍTULO VIII – LA GRANDEZA DE LA CRUZ HOMOSEXUAL :
186 – ¿ Qué camino de felicidad completo aguarda a las personas duraderamente homosexuales que quieren seguir un verdadero camino de Iglesia ?
187 – ¿ Usted cree que la continencia puede ser llamada « Third Way » (Tercera Vía) ? ¿ Si no me caso y no me ordenan cura, no me encuentro fuera de los dos únicos caminos vocacionales que ofrece la Iglesia ? ¿ No es la continencia el camino fácil o la excusa de mal pagador y católicamente correcta para encerrarme aún más en mi tendencia homosexual ?
188 – ¿ Cómo parar la masturbación e instalar concretamente las bases de la continencia en mi vida cristiana ?
189 – ¿ Qué le agrega a mi vida el hecho de parar la masturbación ?
190 – ¿ Cuál es la diferencia entre la castidad, la abstinencia y la continencia ?
191 – ¿ Qué beneficio dan el celibato continente y la renuncia a todo coqueteo ?
192 – Potencialmente soy un cachondo, muy cariñoso y táctil, un mayor consumidor de pornografía y de ternura. ¿ La continencia, sólo es hecha para los atletas que ya tienen práctica y predisposición para el ascetismo, pero no para gente como yo ? ¿ No hay « naturalezas » continentes ?
193 – ¿Por qué ciertos católicos homosexuales no logran dejar las cachondas ?
194 – ¿ Qué mitiga la atracción homosexual cuando uno es católico ?
195 – ¿ Es consciente de que, al dar una imagen negativa de la práctica homosexual, algunos de sus críticos van a difundir el rumor que usted anima a los católicos homosexuales a que acaben frustrados, a que le crean (puesto que los podría corrumpir con la fe), o incluso a que se suiciden ?
196 – ¿ No se le ocurrió nunca ser sacerdote ?
197 – ¿ Es una comunidad de hermanos homosexuales continentes deseable y viable ? ¿ Se podría imaginar algún día el establecimiento de una consagración específica ?
198 – ¿ De qué valen las asociaciones francesas DUEC (Ser Uno En Cristo), David y Jonatán, las caminatas espirituales de la Diócesis de Créteil (en los suburbios de París), la Comunión Betania, Oser en parler (Atreverse a hablar), Torrents de Vie (Aguas Vivas), etc. ?
199- ¿ Cuáles son las fuerzas y las fragilidades de Courage Internacional?
200 – ¿ En qué estructura se van encerrando los movimientos católicos de acompañamiento de las personas homosexuales ?
201 – ¿ Qué Buena y Gran Nueva podría proponer el Papa Francisco a las personas homosexuales que no puede pretender ni al matrimonio ni al sacerdocio ?
202 – ¿ Son las personas homosexuales discípulos bastante fuertes como para llevar la continencia y luego un apostolado, sabiendo que ya en un principio son muy frágiles psicológicamente ? ¿ Usted no está aplicando a los demás su caso excepcional de solidez, poniendo así a las personas homosexuales inestables en peligro ?
203 – ¿ Existen santos homosexuales ?
204 – ¿ Qué forma concreta puede asumir ese camino de santidad en la homosexualidad ?
205 – ¿ Qué utilidad/intimidad, siendo uno homosexual, puedo tener con el Otro Lado ?
206 – ¿ Qué oración puedo dirigir como persona homosexual a Dios ?
207 – En su opinión, ¿ cuáles son los textos bíblicos más adecuados para llegar al corazón de las personas homosexuales ?
208 – ¿ Qué sitio ocupan los ángeles de la guarda en la vida de las personas homosexuales ?
209 – ¿ Por qué las personas homosexuales son reyes crísticos ?
210 – ¿ Por qué declara usted que en un tiempo humano las personas homosexuales tienen pocas posibilidades de ser reconocidas como reyes ?
211 – Predice usted que las persecuciones anticlericales a escala mundial pronto van a enfocarse en la homosexualidad. ¿ Esto significa que si soy homo católico, voy a desempeñar un papel-clave ?
CAPÍTULO IX – DAR TESTIMONIO PÚBLICO DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA IGLESIA CATÓLICA : UN ÉXITO HUMANO Y ECLESIAL MITIGADO ; UNA VICTORIA DIVINA SIN IGUAL
212 – ¿ Qué sitio puede ocupar una persona homosexual en la Iglesia ? ¿ Debería salir del armario en su parroquia ? ¿ Es necesario que dé testimonio de su homosexualidad abiertamente para defender la Iglesia ?
213 – ¿ Qué suerte para el mundo es el testimonio y el don de la homosexualidad a los demás ?
214 – ¿ Por qué es un error de subestimar el poder del testimonio de la homosexualidad continente ?
215 – ¿ En qué medida no se verá que la homosexualidad es actualmente el tema más crucial para la Iglesia y para el mundo ?
216 – ¿ Cuál es la comunidad eclesial que le ha acogido mejor ?
217 – ¿ Supongo que a un católico y homo abstinente como usted, le despliegan la alfombra roja en la Iglesia ? ¿ No teme ser instrumentalizado por los católicos ? O incluso alimentar su homofobia ?
218 – ¿ Como el testimonio universalista de la santidad mediante la homosexualidad ha sido recibido por los no-católicos y luego los católicos ?
219 – ¿ Seré apoyado por la Iglesia si yo también, como usted, doy testimonio de mi homosexualidad vivida en la continencia ?
220 – ¿ Son eficaces sus conferencias ?
221 – ¿ Qué acogida se le ofrece al testigo católico de la homosexualidad en las comunidades eclesiales ?
222 – ¿ Por qué dice que la homosexualidad es el patito feo de los apostolados ?
223 – ¿ Por qué los católicos son tan hostiles a los testigos homosexuales ?
224 – ¿ Quién se esconde detrás de los colectivos Homovox, L’Avenir Pour Tous (El Porvenir Para Todos), o de voces como Homo pero no Gay ?
225 – ¿ Los católicos se dan cuenta de que no le apoyan ?
226 – ¿ Cómo suele acabar un testimonio público sobre la homosexualidad ? ¿ Qué Feedback recibe ?
227 – ¿ Por qué los católicos tienen miedo a la homosexualidad ? ¿ Por qué este aislamiento y este desamor por su parte ?
228 – ¿ Qué cosa desagradable refleja en la Iglesia Católica una persona homosexual, mediante su atracción sexual ?
229 – ¿ Qué cara tienen los que se oponen a usted en la Iglesia ?
230 – ¿ Por qué algunos sacerdotes rechazan su testimonio, cuando es coherente con lo que la Iglesia pide a las personas homosexuales ?
231 – ¿ Cómo le tratar los periodistas católicos ? ¿ y los políticos católicos ? ¿ de izquierdas y de derechas ?
232 – En Italia, ¿ los profetas homosexuales fueron acogidos por los católicos y el clero de su país ?
233 – ¿ Por qué los católicos practicantes llegan a defender el matrimonio homosexual ?
234 – ¿ Cómo usted identifica la cobardía y la traición de aquellos que deberían apoyarle ?
235 – ¿ Luchan los católicos contra la homofobia ?
236 – ¿ Cómo suceden sus testimonios en el medio escolar ?
237 – ¿ Cómo le acogen los jóvenes, incluso en los establecimientos privados ?
238 – ¿ A partir de qué edad en las capellanías podemos invitarle a hablar ?
239 – ¿ Qué problema se plantea en sus intervenciones sobre la homosexualidad frente a un público de jóvenes adolescentes y de estudiantes de secundaria ?
240 – ¿ Tienen los formadores escolares católicos especializados en la afectividad (en Francia : CLER, Parlez-moi d’amour, Teen Star, Pass’Amour, Cycloshow, les Chantiers Éducation, Forum Wahou!, etc.) bastantes « armas » para hablar de la homosexualidad a los alumnos ?
241 – ¿ Es usted irreemplazable en el testimonio sobre la homosexualidad ?
242 – ¿ Es el único que vive lo que vive ? ¿ Hay otros que piensan como usted ?
243 – ¿ Por qué son tan pocos en ser continentes ? ¿ Usted parece ser su propia referencia, y proponer un camino apenas creíble, apenas santo … ¿ No se juzga un árbol por sus frutos ?
244 – ¿ Si una persona no-homo es menos legítima para hablar públicamente de la homosexualidad, en qué otro terreno es más legítima y tiene un papel tan poderoso como el suyo ?
245 – ¿ Las personas homosexuales tienen un sitio en la Iglesia ? ¿ Lo encontrarán algún día ?
246 – ¿ Cuál es la chispa que despertará a los católicos para que esto suceda ?
247 – ¿ Qué es lo que permitirá ese despertar, según usted ?
247 questions sur l’homosexualité à l’intérieur de l’Église catholique (Partie 1)
Voici une suite à L’homosexualité en Vérité, que j’ai commencée à rédiger fin mars 2016. Elle est en trois parties. Voilà la deuxième (n°80 à 159) puis la troisième (n°160 à 247). En constatant le succès de mes « 133 questions : l’homosexualité expliquée à un ado de 11-17 ans » écrites il y a peu, ainsi que le battage médiatique autour des affaires de pédophilie dans l’Église, mais également en voyant arriver l’exhortation du Pape François qui constitue la synthèse du Synode sur la Famille (2014 et 2015) et pour laquelle il est attendu sévèrement au tournant (alors que pourtant, une exhortation papale n’a pas de valeur juridique en soi et ne revêt pas habituellement d’importance particulière), je me suis donc motivé pour écrire cet article-livre au sujet de l’homosexualité à l’intérieur de l’Église catholique, livre que j’aurais dû vous proposer beaucoup plus rapidement. Mais bon, peut-être qu’avant, il n’était pas mûr.

Les catholiques ont énormément d’interrogations intérieures et d’angoisses nées de la confusion apportée par l’homosexualité dans leur Maison confessionnelle. Mais comme ils connaissent mal le sujet, et qu’à cette ignorance se mêlent l’angoisse et l’autodéfense – pour s’épargner d’entrer dans des polémiques scandaleuses, dangereuses ou trop douloureuses -, ils ont tendance à extérioriser l’homosexualité sur le monde païen et à se poser des questions hyper généralistes et superficielles sur l’homosexualité, sans pour autant affronter et régler le problème.
Même à la session « Homosexualité » de Paray-le-Monial à l’été 2015, j’avais bataillé pour qu’on sorte l’homosexualité de son écrin individualiste et compassionnel construit autour de la personne homosexuelle et de son ressenti/vécu (même spirituel), pour vraiment aborder en profondeur la dimension politique, internationale, artistique, communautaire, institutionnelle, de l’homosexualité. Mais tout suite, il y a eu des résistances et une censure à l’interne. Il ne faut pas universaliser l’homosexualité ! Il ne faut pas regarder non plus l’Église catholique de l’intérieur, telle qu’elle est, ni se risquer à l’autocritique. Pourquoi ? « Parce que c’est beaucoup trop sensible. » « Parce que c’est un terrain trop polémique. » « Parce qu’il faut éviter les dérapages et les clivages. » « Parce qu’il ne faut pas aller trop loin ni blesser les gens. » Ok. Et ce que vivent vraiment les personnes homosexuelles, leur rencontre, leur réalité, leur personne, ce qui se passe dans l’Église, vous n’en avez rien à faire ? Un état des lieux en Vérité de l’impact de l’homosexualité dans l’Église catholique s’impose. Moins on regarde une blessure, plus elle s’agrandit.
Vu toutes les questions qui me sont formulées pendant les conférences (rares sont celles qui concernent directement l’Église, alors que pourtant, l’attente est pressante), vu aussi toutes les confidences de croyants et de prêtres que je reçois dans le privé, j’avais largement de quoi remplir un livre ! Il y a du dossier, comme on dit !
Alors, que les gens d’Église qui m’ont parlé sous le sceau du secret se rassurent : je ne trahirai pas leur confiance. De toute façon, je connais tellement de « secrets d’État », tellement de révélations lourdes de conséquences, tellement de scoops ignorés même de la plupart des confesseurs, qu’au bout d’un moment, si je ne tenais pas ma langue, je deviendrais soit fou soit vous m’auriez retrouvé assassiné depuis longtemps !

Non seulement les 247 questions que vous allez lire ne fouillent/créent pas la merde, mais elles peuvent constituer sans doute l’antidote d’un crash ecclésial qui, sans lui, promet d’être imminent et dramatique pour notre Institution et notre monde. Le crash fatal de l’Église n’aura jamais lieu car « les puissances de la Mort ne l’emporteront pas sur l’Église » (Matthieu 16, 23) et il n’y a pas de Croix christique sans Résurrection… Mais cela dit, la Passion christique dans laquelle les catholiques des derniers temps s’engagent risque d’être quand même corsée. Alors cela vaut le coup de limiter les dégâts et la perdition des âmes.
Vous trouvez ci-joint la version en PDF de mon ouvrage en intégralité, en-libre-acces-ici.
CHAPITRE I – HOMOSEXUEL ET CATHOLIQUE RÉGULIER DANS L’ÉGLISE :
1 – Ces 247 questions, vous dites que c’est un peu celles qu’auraient dû se poser les cardinaux et le Pape lors du dernier Synode sur la Famille s’ils s’étaient penchés un minimum sérieusement sur le sujet de l’homosexualité ?
Oui. Je reparlerai du Synode au chapitre V. Mais je peux déjà dire que les catholiques dans leur ensemble préfèrent envisager le phénomène de l’homosexualité comme une réalité extérieure à l’Église. De peur de se laisser « contaminer » par lui. De peur de lui donner trop d’importance par rapport à la Révélation. Et les rares fois où l’homosexualité est identifiée comme un phénomène interne, elle est expressément réduite à un épiphénomène périphérique à « accompagner » (le Pape François n’a-t-il pas enjoint d’« aller aux périphéries »). Or, je crois que l’homosexualité devient une réalité interne d’autant plus prolifique qu’elle est ignorée et qu’elle se diffuse par la voie de sa soi-disant « rivale » l’hétérosexualité. Ce qui se passe dans la société, c’est à l’image de ce qui se passe dans l’Église. Il n’y a pas de frontière franche entre les deux. Au nom de l’Incarnation de Jésus, Homme qui n’est pas du monde mais qui est venu dans le monde.
2 – Y a-t-il beaucoup de catholiques pratiquants homosexuels ? Quelle est la proportion dans les assemblées dominicales ?
Je n’en ai absolument aucune idée. Et c’est bien normal : notre tendance sexuelle n’est pas peinte (encore) sur notre front (je dis « pas encore » parce qu’avec le fichage numérique de toute la population mondiale – via la puce RFID – selon l’orientation sexuelle, les sentiments, les pratiques, les goûts, les rencontres, les opinions politiques, les croyances, etc., c’est en train de changer). Et comme, en matière d’homosexualité, il ne faut pas trop se fier aux apparences d’une assemblée paroissiale, je préfère ne pas me prononcer et n’avancer aucune statistique. Ce n’est pas parce qu’on voit par exemple un bon père de famille s’occuper d’une poussette et de sa marmaille sur les allées de l’église qu’on ne se trouve pas face à une personne homosexuelle. Idem pour le prêtre : son aube et son col romain ne font pas toujours l’homme religieux chaste qu’il devrait être. Je suis toujours étonné de prendre connaissance du nombre d’hommes mariés sur les sites de rencontres gays, du nombre de mères de famille catholique bisexuelles. Et les témoignages « en off » de certains prêtres, me faisant comprendre qu’au confessionnal ces derniers reçoivent un certain nombre de situations de profonde détresse vécues par des paroissiens mariés vivant un double vie ou des tentations homosexuelles qui les écartèlent, ne m’autorisent ni à généraliser et à « voir des homos partout », ni à être aveugle et minorer la fulgurance de l’atavisme bisexuel dans l’Église catholique actuelle.
3 – Pourquoi autant de catholiques pratiquants homosexuels ?
S’il y en a beaucoup, ce que je ne sais pas (même si en ce moment, je n’arrête pas d’en croiser dans les paroisses et les lieux saints : j’ai même vu un « couple » de deux sexagénaires quitter main dans la main, comme deux adolescents, le sanctuaire marial de la Rue du Bac… À l’aise Blaise…), il y a bien des explications. J’en relèverai seulement trois.
Cette proximité tient d’une part à la nature aimante de l’Église : l’Église est un « aimant à pécheurs et à personnes blessées/blessantes » parce qu’Elle accueille tout le monde inconditionnellement, et en particulier les cas cliniques, pervers et carcéraux. Le Pape François a bien rappelé que la famille que le Christ dirige et que lui conduit était un « hôpital de campagne ». Donc c’est à cause d’une Bonne Nouvelle (Jésus est venu prioritairement pour les pécheurs) qu’on peut faire le constat d’une mauvaise. Dans l’Église, humainement, il y a le pire comme le meilleur.
À mon avis, cette proximité entre homosexualité et catholicisme s’origine également dans le fonctionnement du désir homosexuel qui est un élan de fusion fiévreux et orgueilleux avec Dieu, le contre-coup d’un débordement de générosité et de grands talents reçus à la base. Judas, Lucifer, les démons, étaient des êtres très prometteurs, d’un point de vue objectif. L’attraction homo-érotique veut braver/transcender les limites du Réel humanisant, en particulier la différence Créateur-créatures (l’Église, le Christ) et la différence des sexes, parce qu’humainement et divinement, ceux qui la ressentent ont de quoi rivaliser avec Jésus : j’ai suffisamment expliqué en quoi l’homosexualité signifiait un désir de se prendre pour Dieu. Sur un malentendu existentiel et amoureux, sur une incompréhension de la véritable identité du Christ et de Sa Croix, bien des fidèles et des prêtres rejoignent l’homosexualité pourtant au nom de Jésus et de leur « foi ». L’Église catholique semble répondre à leur sensiblerie, à leurs superstitions, à leurs appétits d’exceptionnalité messianique et leur soif d’être tout-puissants. Il est complètement logique qu’Elle attire les orgueilleux !
Enfin, l’attraction des personnes homosexuelles pour l’Église, et cette curieuse affluence croissante que j’y observe dernièrement – je dis curieuse, car elle est idolâtre, elle est un « Je t’aime moi non plus » plein d’ambiguïtés, un « amour » mêlé de haine jalouse – sont dues, je crois, au contexte eschatologique : l’arrivée imminente du Christ, et la fin d’un monde. L’Église arrive à sa phase maximale de corruption apostasique, mais aussi de purification par le Sang. Le mal colle à Jésus, s’accroche à Lui, non parce qu’il L’aime (comme le donneraient à penser les apparences et sa sincérité) mais en réalité pour retarder sa chute dans son propre vide. La présence des personnes homosexuelles dans l’Église est un signal fort de Parousie et de décadence civilisationnelle/mondiale/ecclésiale.
4 – Quels sentiments traversent une personne homosexuelle croyante dans son quotidien d’Église ?
C’est compliqué. Car nous pouvons vivre de grands moments de dépression, de tristesse, de révolte, de dégoût, de découragement, couplés à de grands moments de libération et de jubilation. Étant souvent très sensibles, à fleur de peau, exigeants, intelligents, fins analystes, nous vivons très mal nos chutes ou rechutes, nos fragilités, notre condition homosexuelle. Nous avons du mal à nous pardonner d’être « comme ça ». Et comme nous ne comprenons pas toujours pourquoi notre corps, notre cœur – et même notre foi ! – nous entraînent vers ceux que nous ne pourrons jamais aimer vraiment, nous sommes tentés de rentrer en révolte envers nous-mêmes, envers l’assemblée dominicale, envers l’Église toute entière, un peu comme un célibataire qui crise de se sentir seul au milieu d’une foule apparemment « heureuse » et familiale. C’est ce genre de décalages vertigineux !
Même si nous pouvons connaître de longues phases de repos (parfois trois-quatre ans sans la moindre tentation), nous vivons extrêmement mal les turbulences de notre désir, les « intermittences du cœur » dont parle Marcel Proust. Ça peut devenir physique, viscéral, très violent. Au tréfonds de nous-mêmes, nous ressentons un grand besoin d’amour et d’engagement, mais aussi l’impossibilité de le voir exaucé. Parfois, les gens de l’autre sexe nous dégoûtent. Et le fait qu’ils soient cathos comme nous n’y change rien. Peut-être même que ça nous révulse encore plus : on n’a pas envie de laisser miroiter quoi que ce soit, ni d’utiliser Dieu pour être encore plus déçu et décevoir. Le spiritualisme ou l’angélisme nous inquiètent, et je crois, souvent à raison, car nous les avons quelquefois testés « de bonne foi » justement. Y compris avec les personnes de notre propre sexe. Nous nous méfions donc encore plus d’un certain rapport magique à la foi qui peut se révéler catastrophique, diabolique. Que va-t-on briser le cœur d’une gentille paroissienne, déjà que les filles sont en majorité dans l’Église et qu’elles se ruent sur les rares opportunités masculines qui ne sont pas rentrées au séminaire ? Que va-t-on sortir avec une personne catho de notre sexe pour vivre une « foi à moitié », même si au départ et dans l’« idéal », une présence masculine, qui plus est spirituelle, suffisait à nous griser, nous troubler, et qu’elle nous manquera toujours/longtemps (et il ne s’agit même pas « simplement de sexe », en plus) ?
Nous, personnes homosexuelles croyantes et pratiquantes, avons une conscience aiguë de notre exceptionnalité gâchée, d’une générosité dingue non-exploitée, d’un potentiel qui ne doit pas être utilisé, d’une élection qui restera sans doute méconnue et écartée. Nous avons conscience de porter une blessure méconnaissable, que pas même un catho compatissant ne plaindra. Et ça nous plonge dans un abîme de mélancolie profond, qui peut aller jusqu’aux envies de suicide. Que peux-tu faire d’une mauviette comme moi, Seigneur ? Quelle place et quelle vocation attends-tu de moi ? Je ne cadre nulle part !
Pas plus tard qu’aujourd’hui, pour la Fête de la Divine Miséricorde (3 avril 2016), je me suis retrouvé dans l’église Saint-Sulpice à Paris, perdu au milieu d’une foule immense de plus de 3000 personnes. Je ne sais pas pourquoi : pendant les trois-quarts de la messe, alors que j’avais tout pour rentrer dans la fête (je me trouvais derrière la chorale ; tout le monde semblait joyeux ; le Christ Miséricordieux est un grand jour de Foi dans l’année et de découverte du Pardon ; je ne vis pas en ce moment de terribles épreuves ; Monseigneur Rey qui officiait a fait une homélie formidable sur l’Évangile du jour consacré à l’« incrédulité » de saint Thomas ; etc.), mon cœur était néanmoins loin. J’ai perdu pied. J’avais envie de quitter les lieux. Je n’étais pas dedans. Je me suis mis à fantasmer amoureusement sur un gars catho que j’ai rencontré dernièrement, à me sentir étranger à la cérémonie et même à l’Église catholique, à jouer sincèrement l’incompris et l’exclu en m’identifiant à toutes les personnes homosexuelles catholiques dans mon cas (= les Invisibles de l’Église), à comparer ma situation à une personne handicapée ou malade qui ne bénéficiera pas sur la terre de la guérison prodiguée par Dieu à certains élus. Et puis tout d’un coup, sans raison, mon cœur durci s’est fissuré, inondé de larmes, dilaté, réchauffé, comme après une éclipse solaire. Ma voisine, une femme aveugle avec sa canne blanche, d’une quarantaine d’années et d’une intelligence inhabituelle apparente, s’est tournée inexplicablement vers moi pour me demander, par anticipation du mouvement de foule vers l’Eucharistie, « Est-ce que vous pourrez m’accompagner ? ». Là, avec enthousiasme, j’ai dit oui. Puis dans l’attente du début de la distribution, j’ai commencé à fondre discrètement en larmes, sans que ma voisine infirme ne s’en aperçoive (évidemment), car je savais que c’était le Seigneur qui me l’avait délicatement envoyée. Ensuite, tout le chant de communion (« Mon Seigneur et mon Dieu ») rappelait que je ne pouvais compter que sur Jésus SEUL. Pendant la communion, je voyais défiler devant moi tous types de fidèles, et notamment des gens au physique délabré, limite grands brûlés, me remémorant qu’il y a largement plus mal loti que moi. Et enfin, c’est au moment où je pensais que nous, les personnes homosexuelles, étions les rebuts inutiles de l’Église, que j’ai aperçu dans la chorale une amie – secrètement lesbienne et m’ayant fait son coming out la semaine passée – se retourner afin d’aider vocalement ses cinq collègues alti qui maîtrisaient mal leur voix. Cette vision-là, ça m’a achevé (de bonheur) ! C’était une avalanche de signes en l’espace de quelques secondes, pour me remettre à ma place mais aussi pour me rappeler que j’étais spécialement aimé de Dieu, également en tant que personne cabossée, isolée, homosexuelle. Voilà. Cette messe était à l’image du spectre de sentiments qui peuvent traverser une personne homosexuelle croyante pendant toute sa vie d’Église.
5 – La foi complique-t-elle les choses et agrandit-elle mon mal-être si je me sens homosexuel ?
Indéniablement, oui. De prime abord, il apparaît vraiment plus compliqué d’être homosexuel et catholique que d’être homosexuel tout court. Mais qui a dit que le confort et l’ignorance étaient le bonheur et ne privaient pas de liberté ? Qui voudrait laisser croire que la culpabilité inconsciente est plus facile à porter que la culpabilité consciente ? Comme l’écrivait très justement le philosophe René Girard, le sacré contient la violence (et donc la souffrance), dans le double sens du terme « contenir » : il la renferme/comprend en même temps qu’il la canalise/l’empêche. La foi en Jésus est donc, dans un temps humain, la plus grande chance mais aussi la plus grande épreuve du croyant, et a fortiori du croyant homosexuel. Elle le pousse vers des contrées arides, des interrogations profondes, des dilemmes douloureux, des culpabilités justifiées, des prises de conscience qui l’isolent de son époque, qui le malmènent apparemment « pour rien ». En effet, beaucoup d’athées et d’incroyants jugent que la religion est une « prise de tête » et un « sadomasochisme » aussi terribles qu’inutiles et infondés. Mais en réalité, la foi, vécue sur la durée et dans une vraie fidélité à Dieu, éprouve la liberté du croyant homosexuel, purifie ses élans désirants et ses relations, apportent une joie paradoxale (celle du devoir et de l’effort accomplis), produit beaucoup de fruits. La foi est un don d’amour. Il en coûte de la recevoir et de la garder. Elle rend libre mais fait souffrir, car il n’y a pas d’Amour véritable sans combat et sans don/abandon entier de soi. Les incroyants ont coutume de penser que c’est la foi qui crée la culpabilité… alors qu’en réalité, ce sont nos désirs et actes mauvais qui la construisent. Notre foi et notre conscience ne font que détecter un mal qui ne vient pas d’elles.
6 – À l’inverse, en quoi la foi catholique est-elle un « plus » dans mon ressenti homo ?
La foi m’apporte une claire connaissance de mon identité profonde, de mon péché, de mes blessures, mais aussi de mon Salut. Elle aide donc toute personne homosexuelle à s’aimer pleinement elle-même et à aimer pleinement les autres, sans comédie, en toute simplicité, humour, originalité, réalisme et Vérité. Elle donne son véritable sens et sa beauté à une tendance homosexuelle parfois durablement enracinée. Elle est la chance de la vie de toute personne homosexuelle. Que ferions-nous sans la foi ? Que de relations amicales et amoureuses vaines vivrions-nous sans elle !
À cause d’elle et à cause de mon désir homosexuel que je n’ai pas choisi, je fais partie de deux mondes qu’individuellement, socialement, spirituellement (et quand l’homosexualité se pratique) tout oppose : le monde catho et le monde homo. Ce métissage hybride et bipatride, qui pourrait être inconfortable si je me berçais encore d’illusions à trouver l’« amour homo » tout en conservant ma foi, ou si carrément je pratiquais mon homosexualité, devient paradoxalement un moteur surprenant pour ma joie de croire et pour ma vie. Un délice de beurre dans les épinards. Déjà, la faille homosexuelle me rapproche de ceux qui souffrent, me rend attentif et à l’écoute du moindre mal-être psychique, me permet de détecter davantage les paroissiens ou les gens extérieurs à l’église qui ont des soucis au niveau de la sexualité, de l’amour, de la foi, et qui ont besoin de mon assistance. Elle décomplexe les marginaux, me rend frère de chacun, agit comme une porte d’entrée originale dans laquelle tout le monde peut s’engouffrer sans crainte d’être jugé. L’homosexualité est tellement inattendue à l’intérieur de l’Église qu’elle nous prouve concrètement l’universalité et l’humanité surprenante de l’Église. Toute personne homosexuelle catholique est un messager secret et insolent de la Bonne Nouvelle qu’est le Christ, la preuve vivante de la Parole de Résurrection suivante : « La pierre qui était rejetée par les bâtisseurs est devenue la Pierre d’angle. » (Mt 21, 42) C’est de toute beauté, les personnes homosexuelles dans l’Église, en fait !
Et puis d’un point de vue plus surnaturel et mystique, ma fêlure homosexuelle rend possible une communion plus grande avec Jésus sur la Croix (car lui aussi, Il vit un écartèlement douloureux), une meilleure disposition à l’accueil de la Grâce divine qui va la traverser et la transcender. L’homosexualité est une excellente terre pour le grain semé par le Seigneur : scarifiée, retournée, brisée, fragile, humiliée, impuissante, elle ne peut pas lutter longtemps contre l’eau de pluie et les bonnes semences divines. L’homosexualité brise mon orgueil de me croire parfait, elle m’installe dans une impuissance et une douleur qui m’empêchent de me prendre pour un Superman qui n’a pas besoin de Jésus. Elle me prédispose à l’humilité (si et seulement si je ne m’en révolte pas et je ne la pratique pas). Ma tendance homosexuelle peut être, par Grâce, moteur et accélérateur de sainteté. Qu’est-ce que ça peut être drôle, impertinent et percutant d’être homo et catho, je vous jure ! En évangélisation de rue, par exemple, je peux vous dire que ça convertit dix fois plus vite les passants athées que bien des prières, des mises en scène d’écoute respectueuse, et des jolis discours !
7 – Quels sont les inconvénients d’être homo et fidèle catholique ?
C’est plus qu’un inconvénient. C’est une Croix ! C’est une contradiction existentielle quasi imposée. Dans l’homosexualité, l’appel ecclésial à l’indigence est une douleur vive et lancinante qui ressemble parfois à un sadisme divin, à un supplice, à une folie, à un problème insoluble, à une maladie. À toi homosexuel, on t’annonce que, si tu veux vivre en conformité avec ce que te demande l’Église, tu dois abandonner un des cinq sens humains les plus importants pour être heureux : le goût. Tu dois manger sans sentir la joie de ce que tu ingères. Tu dois renoncer à la jouissance, à la chair, et même aux sentiments amoureux. En gros, tu aimes et vis sans plaisir ! On t’annonce que, pour être pleinement heureux, tu dois passer à côté de ces bonheurs simples et souvent intenses que sont la tendresse et le couple. Et démerde-toi avec ça pour aimer quand même ! En réalité, en étant homo et catho, tu es attiré par ce que tu ne peux pas aimer ; et tu es révulsé par ce qui seul pourra te permettre d’aimer (= le mariage femme-homme aimant ou le célibat consacré). Pareil : démerde-toi avec ça pour trouver la sortie !
Et comme si ce n’était pas assez, les choses se compliquent quand, célibataire (ou même catholiquement marié, avec une famille à charge), tu tombes un jour sur l’homme dont la seule présence te grise, la gentillesse, l’intelligence, l’écoute, l’humour, l’intégrité, la noblesse spirituelle, te touchent en plein cœur. Tu as exceptionnellement une belle âme devant toi, qui te semble appétissante (et pour des raisons plus élevées qu’un simple « plan cul »), qui te veut du bien, qui n’est pas là que pour son plaisir égoïste, qui se sent loin de toutes les revendications politiques excessives du militantisme homosexuel classique (même du militantisme homo « chrétien »), et qui peut partager ta foi et sa tendresse avec toi. En ce qui me concerne, ça n’est pas souvent (les tentations sont peu nombreuses vu que rares sont les gars, même cathos, qui m’attirent à la fois physiquement, intellectuellement et spirituellement, et avec qui je peux projeter une vie de « couple » commune : dès le départ, la plupart ne pourront demeurer que des frères et des bons amis), mais force est de reconnaître que la tentation en question peut me revenir parfois. Et quand elle est là, aïe aïe aïe, que c’est douloureux ! Même après quatre ans de calme plat. Et surtout quand les sentiments semblent partagés, et que la volonté de rester fidèle à l’Église ne tient soudain qu’à un fil… et ne disparaîtrait apparemment même pas si je sortais avec l’homme en question puisque cette fidélité serait juste portée à deux et pas tout seul, et conserverait pour une fois le sceau de la communion avec Dieu et avec Église !
Je découvre quelquefois la douleur, l’arrachement, l’angoisse, les affres de la privation, du renoncement à sortir avec un gars catho dont je commence à tomber amoureux et qui m’attire autant que lui est attiré par moi. C’est un véritable crève-cœur. « Je t’aime. / Moi aussi… mais malgré tout, non. » J’ai beau offrir tout ça à Dieu dans la prière, savoir que je porte la responsabilité et les espérances de beaucoup d’âmes dans ma fidélité à la continence, la douleur vive du remord ne disparaît pas tout de suite, voire s’annonce peut-être durable. Le doute m’assaille, et les questions « À quoi bon résister (et dans cette résistance, faire souffrir quelqu’un qu’on aime) ? » « Pourquoi y aurait-il incompatibilité totale entre foi et homosexualité ? » « Pourquoi le mal, si mal il y a, prend l’apparence du bien et produit du bien ?? » « M’en voudras-tu Seigneur, m’en voudrez-vous famille et communauté chrétiennes, de ce que je n’ai pas choisi ou de l’entorse à mes engagements/discours passés que je pourrais faire ? » restent nombreuses, obsédantes. Je ressens sous mes pieds cette ligne de crête où je ne comprends pas (ni intellectuellement ni émotionnellement) pourquoi je dis non au « couple » homo, ni pour quelles raisons valables j’obéis à l’arbitraire de la foi, arbitraire qui m’apparaît dans l’instant comme un entêtement, un orgueil puant, un massacre d’amour, un gâchis, une intransigeance, une psychorigidité habillée de piété, une cruauté, un confort déguisé en « courage saint ».
C’est pourquoi je ne pourrai jamais en vouloir à quelqu’un, et surtout pas à un « couple » homo catho, qui à la base n’a pas choisi d’être homo et qui vit une vie « conjugale » et spirituelle donnée aux autres et à Dieu, de ne pas s’imposer la perfection du célibat consacré continent, de la juste distance fraternelle. Moi-même, je trouve que la distinction qui sépare la continence de la vie chrétienne de « couple » homo est souvent ténue, inextricable. Et je doute constamment d’avoir choisi la meilleure voie. Ce que je sais, c’est que, si la continence est la meilleure voie, celle-ci reste aride et ne me rend pas meilleur que les autres, et à peine plus heureux qu’eux parfois. Et je n’en voudrai à aucun catholique homo de ne pas pouvoir/vouloir la suivre, de ne pas être capable de la privation de tendresse/de compagnonnage, de ne pas tenir la course d’endurance de la continence (appelée « amitié désintéressée »). Les deux cas – le « couple » homo catho ou bien la continence sans le sacerdoce – sont de toute façon des solutions par défaut. L’une (= la continence) est juste plus libre et différemment déchirante que l’autre. C’est tout. Je ne connais que trop bien l’amertume de la compromission qu’est le « couple homo » (et j’imagine encore plus le « couple homo catho »), l’insatisfaction du « choix » de la solution dite « de facilité », plus ravageuse encore que l’aspérité de la continence. Mais je comprends aussi les « couples » homos cathos pratiquants, leur « courage » (de la contradiction), les motivations de leur engagement. Ils ont eu si peu le choix ! (à part celui de se mettre en « couple » et de ne pas obéir à 100 % à l’Église). Je comprends que l’exigence de vivre en frères apparaisse aux yeux de certains comme un artifice, une hypocrisie, une épreuve insurmontable, une exception inaccessible, une irréalité, face à une personne qu’on aime à l’évidence beaucoup plus qu’un ami. Choisir le « correct » ou le « possible » ou l’« adapté » ou le « moindre mal », au lieu du meilleur, ne mérite pas le plus grand des blâmes… même si, concernant les actes homosexuels en eux-mêmes, l’Église parle de « péché intrinsèquement désordonné » qui compromet sérieusement le Salut de l’âme. Une relation humaine homosexuelle ne peut pas être alignée sur l’acte homosexuel ni réduite à cet acte, quand bien même l’acte la teinte indéniablement de péché ou de sainteté.
En résumé, j’en souhaite beaucoup à toute personne qui vit l’épreuve d’être ET catho ET homo ! Cette situation est terriblement inconfortable et ne permet pas énormément de prouesses. À dire vrai, les prouesses, je n’en ai vues que dans la continence… et encore, ça reste crucifiant. Et j’en souhaite à l’Église et au Pape pour trancher sur cette maigre frontière qui sépare la beauté du « couple » homo catho et la beauté de la continence ! C’est un véritable sac de nœuds. Si je devais faire une comparaison parlante, ce cas de figure d’hybridité de conditions et de situations relationnelles ambiguës que constitue le « couple » homo croyant pratiquant ressemble aux paradoxes offerts par des adultères ou des divorces « réussis », par des « fidélités au mariage coûte que coûte », ou bien par des couples femme-homme solides et concubins dont le mariage religieux n’est ni la culture ni l’éducation. On se retrouve face à un « couple » homo catho équilibré comme face à un couple de divorcés remariés au rayonnement indéniable, avec enfants adorables nés de leur seconde union. Même joli merdier ! Heureusement qu’il y a l’Esprit Saint pour démêler tout ça ! Je ne peux donc pas en vouloir aux prêtres qui ne savent pas comment se positionner clairement sur cette question de l’homosexualité, qui plus est une homosexualité améliorée par une certaine forme de spiritualité, de chasteté, d’obéissance, de respect, d’amitié, de fécondité et de Vérité. La délicatesse, la prudence ou le silence des prêtres à l’égard des « couples » homos, ne sont pas toujours du relativisme, de la tiédeur complaisante, ou de la trahison : ils sont quelquefois le signe de leur pauvreté de cœur, de leur humanité, d’une empathie toute christique. Comme Jésus face à la samaritaine, ces curés nomment le péché, disent ce que font les gens, sans poser de jugement de personnes et sans donner à ces dernières d’injonctions moralisantes. Leur force se limite juste à une présence aimante et à une invitation : « Va, appelle ton mari, et reviens.[…] Tu as raison de dire que tu n’as pas de mari : des maris, tu en as eu cinq, et celui que tu as maintenant n’est pas ton mari ; là, tu dis vrai. » (Jn 4, 16-18) ; « Je ne te condamne pas moi non plus. Va et ne pèche plus. » (Jn 8, 11)
8 – Quels sont les avantages d’être homo et fidèle catholique ?
Les rares avantages – et ils sont déjà énormes et suffisants pour être heureux ! – que je vois au fait d’être homo et catho, c’est la grande liberté que ça donne, ce sont la bizarrerie et le choc culturel personnifiés que ça crée. Comment, si ce n’est par miracle, l’agencement de « l’Impossible » du point de vue social peut-il exister et être réuni en une personne bien vivante et unique, qui plus est heureuse et assumant tout à fait ET sa foi ET sa tendance homosexuelle ?? L’existence même du catholique homosexuel est un effet bœuf, une insolence dans et à l’extérieur de l’Église, et l’occasion d’un émerveillement permanent. Bien sûr, les autres beaux avantages de l’hybridité foi/homosexualité – hybridité que la majorité de nos contemporains voient comme un conflit, une opposition, une homophobie intériorisée ou une irréalité – sont la rencontre concrète et le soutien inégalable de Jésus et de Marie au sein de la condition homosexuelle. Ce sont les blagues et les surprises incroyables réservées par l’Esprit Saint. Ce sont les rencontres rares, drôles, fulgurantes, solides et improbables que permet l’homosexualité, réalité désirante qui fait écho à toutes les souffrances interdites et intimes de l’Humanité, qui décomplexe et attire beaucoup de marginaux et de blessés de la vie, qui réconcilie énormément de monde avec l’Église. Sans rire, j’ai remarqué qu’être homo et catho nous ouvre la porte de quasiment tous les cœurs. Y compris des gens qui ne veulent pas le donner à des ministres de l’Église officielle. Et enfin, le grand avantage de l’assortiment homosexualité/catholicisme, il me semble que c’est l’humilité. Car l’écharde de l’homosexualité empêche à un moment donné celui qui annonce Dieu de manière hyper originale et hyper puissante de se prendre pour Lui et de s’auto-glorifier. De par sa nature de peur et de blessure honteuse et violente, l’homosexualité équilibre et atténue forcément l’euphorie orgueilleuse de l’apostolat original qu’elle permet. « Les révélations que j’ai reçues sont tellement exceptionnelles que, pour m’empêcher de me surestimer, j’ai dans ma chair une écharde, un envoyé de Satan qui est là pour me gifler, pour m’empêcher de me surestimer. » (2 Cor 12, 1-10) L’homosexualité n’est forte que d’être faible et au service de la foi. Vécue dans la foi, elle contient sa puissance et sa propre mort.
9 – Qu’est-ce qui, dans la foi catholique, attise/renforce l’attraction homosexuelle ?
Il y a une explication positive à cette attraction homosexuelle catholique, à la base (j’ai bien dit « explication » et non pas « justification » ni « raison positive »). En fait, c’est la grandeur d’Amour de Dieu. Un croyant un peu jaloux de celle-ci, un peu trop flatté de se voir agréablement embelli par la beauté des dons spirituels et humains que Dieu lui a offerts et par l’Amour que Dieu lui porte, est davantage tenté que celui qui ne connaît pas Dieu de se fondre en Lui, de se prendre narcissiquement pour Jésus, de s’aimer lui-même et d’aimer ses semblables sexués à l’excès, et donc davantage tenté par l’homosexualité. Nous sommes bien d’accord, ce n’est pas une foi véritable, mais seulement un simulacre de foi, une foi dévoyée, qui encouragent à la fascination homosexuelle. Et l’homosexualité n’est ni de la faute ni du fait de l’Amour de Dieu, mais bien de la liberté (mal utilisée et mal comprise par l’être humain) que cet Amour induit. Une certaine pratique catholique protestantisée/islamisée stimule la transgression de la différence Créateur/créature.
10 – Êtes-vous déjà tombé amoureux d’un fidèle catholique ? d’un prêtre ?
Avant de choisir la continence, j’avoue qu’entre 2009 et 2011, ma recherche amoureuse homosexuelle se dirigeait logiquement vers un alter ego : quelqu’un avec qui je puisse partager non seulement le plaisir physique mais aussi la communion avec Dieu. Et à première vue, le séminariste ou celui qui sort d’année de propédeutique ou le prêtre, c’est un peu l’incarnation du prince charmant aux yeux de tout croyant homosexuel catholique ! La perle rare qui condensera la foi et l’amour fidèle. Bon, finalement, dans la pratique, on se rend vite compte que le « couple homo catho » n’est beau que de ne pas se former, et qu’il y a une mystérieuse incompatibilité entre la pratique religieuse et la pratique homosexuelle même dite « chaste » : on ne peut pas rejeter la différence des sexes en amour tout en se donnant pleinement à l’Église qui EST la différence des sexes. C’est impossible. Peut-être que certains y verront un sadisme de la part de Dieu, sadisme corroboré par la force et la tendresse réelles des amitiés continentes qui laisseraient croire à leur propre dépassement. En effet, personnellement, je ne commence à craquer pour un catho que lorsque je suis sûr que nous ne pourrons être que frères et que nous tiendrons mutuellement en continence. En fait, mon prince charmant, c’est la continence. Qu’un autre frère catho homo souhaite la briser avec moi, et voilà qu’on se déçoit, qu’on ne s’attire plus et qu’on a conscience qu’on gâcherait tout ! Je comprends pourquoi Xavier Thévenot désignait la continence comme la « Voie Royale ». À ceux qui me disent que la continence serait la solution de facilité, je répondrais : non, ce n’est pas facile, mais c’est pour ça qu’elle est grande et à vivre. La continence, c’est le début des vraies tentations (ou des tentations vraies !). C’est au moment où tu parviens à être vraiment continent que tout d’un coup, sans que tu n’aies rien calculé, les opportunités amoureuses sérieuses (avec des vrais cathos homos comme toi, qui avant ne sortaient jamais du bois : tu croyais même que tu étais le seul sur terre !) se présentent. En voyant ça, on a comme une envie de se tourner vers Jésus en lui demandant s’il le fait exprès. Il n’y a pas de vrai bonheur sans la Croix, sans combat. Ainsi l’a voulu Dieu. Elle a une saveur unique, intense, amère, indépassable et divine, cette beauté fraternelle qui n’apparaît que dans la limite fixée par la Croix de Vérité du Christ.
11 – Est-on rejeté par les prêtres pour cause d’homosexualité ?
On est en général très bien accueillis car il y a de plus en plus de prêtres qualifiés. Mais ça arrive encore trop souvent qu’on soit rejetés, malheureusement. Soit parce qu’on tombe sur un prêtre rigide qui confond Vérité et Charité (en mettant la première au-dessus ou à la place de la seconde) ou homosexualité et personne homosexuelle. Soit parce qu’on tombe sur un prêtre trouillard qui sort systématiquement la carte joker « Va voir un psy/marie-toi » pour se dédouaner de ne pas nous annoncer le Christ. Soit (ce qui revient aux deux profils précédents, et qui est beaucoup plus fréquent aujourd’hui) parce qu’on tombe sur un prêtre qui nous accueille trop bien, qui est trop complaisant vis à vis de la pratique homosexuelle, qui nous conseille même de « laisser courir », de « dédramatiser » voire de nous trouver un Jules ! Alors qu’ils avaient une grande soif de Vérité-Charité, beaucoup de mes amis catholiques homosexuels ont été éjectés par certains clercs du fait que ces derniers voulaient trop bien les accueillir par une indifférence gay friendly relativiste. Ils passaient alors de confessionnal en confessionnal, et leur mal-être s’accentuait, au point de quitter parfois définitivement l’Église. Il n’y a que la Vérité qui est sexy, que voulez-vous.
12 – Que dire au confessionnal en tant que personne homosexuelle ?
Ce n’est pas à moi de vous le dire. C’est à l’Esprit Saint. Et c’est à vous de demander à Jésus qu’Il vous souffle en quoi vous L’avez blessé. Dans un confessionnal, c’est le péché (= notre relation à Dieu) qui doit ressortir de votre bouche ; pas simplement les fautes (= notre conscience d’avoir mal agi) que vous avez commises… même si ces dernières sont liées au péché. Après, mon conseil, il sera double : allez voir un prêtre de préférence quand vous n’avez rien à lui dire (ça donne en général les meilleures confessions ; et lui vous aidera à accoucher puisque c’est le médecin des âmes qui devient Jésus). Et puis si vous avez plein de choses à dire, écrivez pourquoi pas une liste, et ne lésinez pas sur la description de ce qui vous fait le plus souffrir et le plus honte car c’est là que se trouve le gros de votre péché… et donc ce sera pour vous un gros poids en moins là-haut au purgatoire quand vous vous retrouverez devant votre Livre de Vie. Bref, sortez le dossier (de l’homosexualité, pardi !) sans chichi : masturbation, aventures homosexuelles, trahisons amicales, sites de rencontres, plans cul, saunas, Communion Eucharistique prise en état de péché, éloignement de l’Église, adultère et cocufiage de votre femme, vie de « couple homo » chaotique, etc. Les prêtres catholiques d’aujourd’hui non seulement ne tomberont pas de haut et ne vous trouveront pas vulgaires (ils en entendent bien pire à longueur de journée sur la misère humaine !) mais en plus, il y a de fortes chances pour que la confession de votre infamie leur fassiez plaisir : ils se diront, grâce à vous, qu’ils ne sont pas prêtres pour rien ! C’est par vos ordures et votre boue que vous purifiez votre/leur cœur et leur ministère ! Incroyable, mais vrai.
13 – Est-ce que la foi rend les familles plus homophobes et plus intransigeantes ?
Si malheureusement la foi servira toujours – jusqu’au retour du Christ – d’alibi à la violence, au rejet, à l’hypocrisie, à la bêtise de beaucoup de pharisiens « catholiques » contemporains (le diable ne connaît-il pas lui-même la Bible par cœur et n’est-il pas l’un des douze en Judas ?), ce n’est quand même pas de la faute de la foi, de Jésus ni de l’ensemble des cathos ! Une foi vraiment vécue dans l’humilité et l’obéissance à l’Église ne donne que des bons catholiques et des familles aimantes. Si vos parents catholiques pratiquants réguliers se comportent mal envers vous en rapport avec votre homosexualité, ce n’est pas dû au fait qu’ils soient catholiques mais dû soit au fait qu’ils ne sont pas vraiment cathos (de cœur) soit au fait que c’est vous qui n’êtes pas vraiment catho ni tolérant avec ceux qui croient. Mais le Seigneur et son Église, eux, n’y sont pour rien dans l’homophobie que vous connaîtriez ! Et aller manifester contre le « mariage homosexuel », une loi objectivement injuste et ignoble (cf. la question n° 63), n’est non seulement pas une preuve de désamour homophobe de votre famille à votre égard, mais paradoxalement une belle marque de solidarité.
Et je tiens à dire que, de toutes les personnes qui ont entendu mon témoignage et ont su pour mon homosexualité, ce sont les catholiques qui m’ont le mieux accueilli et qui m’ont le moins jugé (même si, bien entendu, parmi les catholiques, les réactions sont très contrastées et changeantes, et l’accueil n’a pas été idéal du tout, même en temps de « mariage pour tous »). Mon bilan globalement élogieux contredit un peu – mais pas complètement non plus – la mauvaise réputation attribuée traditionnellement aux catholiques, qui sont bien moins « fermés » que les gens qui se présentent comme nos amis et défenseurs de « nos droits (homosexuels) » mais qui en réalité ignorent tout des souffrances que nous vivons sous prétexte de vouloir notre bien. L’intolérance homophobe, je le constate encore maintenant, vient surtout des défenseurs athées gays friendly de la pseudo « identité homosexuelle » et du pseudo « amour homo » : ils nous enferment dans une identité et une sentimentalité asexuée qui ne sont pas nous et ne nous combleront pas.
De ma propre expérience, en revanche, je n’ai jamais été mal accueilli par un prêtre en face à face (au contraire !), je ne me suis jamais pris une porte de confessionnal dans la figure, je n’ai jamais reçu de tomates dans les paroisses et les groupes d’aumônerie et les classes de lycées catholiques. Des peurs, des suspicions, des coups bas et des médisances par derrière, de l’indifférence, des trahisons, oui, parfois. Mais jamais des attaques frontales ni de lynchages ni des menaces (comme en sont capables beaucoup de mes frères homosexuels, et la majorité des gens qui se disent « hétéros »). Tout simplement parce qu’argumentativement, les catholiques ne peuvent pas rivaliser avec moi sur le terrain de la connaissance de l’homosexualité ni avec la continence qui m’est donnée de vivre. Et puis parce que de toute façon et de toute éternité l’Église catholique appartient et obéit à Dieu-Amour, donc à un moment donné, la méchanceté de ses fidèles s’arrête.
14 – Votre communauté ecclésiale vous a-t-elle rejeté ?
Oui dans ma paroisse de naissance à Cholet (les paroissiens m’ont ignoré et certains m’ont même dit que je leur avais fait honte au moment de mes prises de position contre le « mariage gay »). Oui par les ordres religieux de ma propre ville natale. Oui dans beaucoup d’aumôneries (par exemple, je me suis fait jeter sans raison apparente à l’aumônerie de mon quartier parisien, par les deux responsables : un prêtre et une religieuse en civil). Oui dans quasiment tous les établissements scolaires catholiques français. Oui dans un mouvement humanitaire catholique – dont je tairai le nom – pour lequel j’avais postulé pour partir à l’étranger. Oui dans ma propre paroisse à Paris (j’ai dû attendre trois années avant qu’on me propose de témoigner). Oui par beaucoup des communautés paroissiales partout en France qui m’avaient accueilli au départ avec enthousiasme et qui ensuite ont retourné leur veste. Oui par une très grande majorité de prêtres et d’évêques. Oui par presque tous les journaux catholiques sans exception. Oui au Vatican. Oui, même dans les mouvements catholiques d’accompagnement des personnes homosexuelles. Alors que, concrètement, dans le fond comme dans la forme, personne n’a grand-chose à me reprocher. L’ignorance est la principale des explications. La peur, la bêtise, l’orgueil et la méchanceté, les explications-annexes. Il ne fait pas bon d’être homosexuel dans l’Église catholique aujourd’hui, c’est moi qui vous le dis. Même si, bien entendu, il n’est pas question d’excommunication, et qu’à tout constat général négatif s’additionnent des milliers d’heureuses exceptions, et que l’Église catholique est guidée par l’Esprit Saint, toujours. Je suis donc en totale solidarité avec mes frères homosexuels qui ont assez de cœur et de foi pour Y rester malgré tout. Et je comprends ceux qui se barrent ou qui Lui désobéissent, même si je ne les justifie pas et qu’ils ont tort de partir/de faire le mal.
15 – Avez-vous déjà été déçu par les prêtres concernant la question de l’homosexualité ?
Oui. Constamment je suis déçu. Et c’est complètement logique. Ils ne porteront pas la Croix de l’homosexualité à notre place ! Il n’y a que Jésus et Marie qui peuvent nous comprendre… et parfois, par à-coups, par atavisme de Grâce, et par intervention de l’Esprit Saint, certains de leurs ministres. En général, concernant l’homosexualité, les prêtres catholiques sont démunis. Ils savent théoriquement quoi nous demander (ils connaissent un minimum le Catéchisme ; certains s’appuient même sur mes écrits). Mais ils devinent bien que ce qu’ils proposent est en cours d’expérimentation, ressemble concrètement une voie de garage, est le plat amer de la continence. Ils ont le devoir de proposer un chemin fidèle au Magistère et en même temps ils ne se voient pas demander à une personne ce qu’eux-mêmes ne vivent pas toujours, ou ne vivent pas avec facilité. Ils ne se voient pas indiquer un chemin vocationnel qui ne sera pas le leur… car eux, au moins, ils sont prêtres : vers où renvoyer les personnes homosexuelles si ce n’est vers la solitude d’un célibat qui ne sera pas consacré/ordonné, ni vers un mariage ? Ils parlent d’un sujet (l’homosexualité) qu’ils ne comprennent pas toujours (ne serait-ce que sensiblement) et s’adressent à des personnes qui s’y connaissent parfois bien mieux qu’eux. Ils ne peuvent que compatir. Ils ne peuvent que proposer une voie que seule la personne homo peut s’imposer librement à elle-même et ce que seul Dieu peut lui donner : la Croix. Cool… Déception au bout du chemin.
En plus, nous, personnes homosexuelles continentes, sommes tellement peu nombreuses parmi nos jumeaux d’orientation sexuelle que Dieu nous donne l’impression que nous sommes livrées à nous-mêmes, que nous sommes notre propre référence et notre meilleure aide. On ne peut chercher de soutien nulle part. Et c’est normal. C’est la radicale unicité de la Croix. Et même quand on me dit : « Va demander l’avis de ton père spirituel, va chercher de l’aide et du conseil auprès d’un prêtre quand tu te sens au cœur d’une tempête », je me rends compte concrètement que je suis quasiment leur seule référence de réussite de continence homosexuelle, que tout ce qu’ils savent sur l’homosexualité c’est surtout moi qui le leur ai appris. Alors vers qui me tourner quand la crise de colique intérieure est aux abois ? En fait, désolé de vous le dire, mais notre unique secours dans ce genre de situation ne viendra pas vraiment des prêtres, ni des Hommes, mais principalement de Jésus et de nous-même. « Les humains : du vent, rien de plus ; les hommes : rien de plus décevant. Sur la balance, à eux tous, ils ne pèseraient pas lourd. » (Psaume 62, 10) C’est l’isolement et l’unicité de la Croix que impliquent cela. Que voulez-vous que je vous dise ? Il n’y a que Jésus qui porte notre Croix avec nous (et Lui, en plus, Il ne sait pas où reposer la tête). Pas les autres. Ne comptons pas sur les Hommes.
Une fois dit cela, la conscience de notre isolement aurait de quoi nous conduire au suicide ou dans une profonde dépression. Car vraiment, nous, personnes homosexuelles, ne sommes pas aidées. Mais malgré tout, nous n’avons qu’une seule aide – celle de Marie et de Jésus – et ça reste la meilleure. Demandons à Jésus des consolations. Il nous les donne ! Surtout devant sa Croix. Délai de réponse : grand maximum deux jours. Mais en général, ça peut être dans la seconde !
Pas plus tard qu’hier, ça n’allait pas très fort pour moi. À ma soirée d’anniversaire (pourtant réussie), j’ai rencontré par hasard un garçon de mon âge qui m’a fait de l’effet, et comme ça arrive souvent pendant 48 heures dans ces cas-là, cette tentation amoureuse m’a plombé, m’a replongé dans des questionnements existentiels et amoureux douloureux, qui me paraissaient sur le coup insurmontables. N’ayant plus le cœur à parler, à écrire ou à exprimer quoi que ce soit sur internet (c’est l’habituel « effet sentiments amoureux homosexuels » sur moi), ça ne servait à rien que je reste à la maison. Et comme je n’avais toujours pas assisté à la messe de ma journée dominicale, j’ai décidé – une fois n’est pas coutume – de me rendre à l’église Saint Antoine de Padoue, boulevard Lefebvre (15e), à pied, même si elle est loin de là où j’habite. Au fond, je l’ai compris après : c’était une invitation de saint Antoine en personne.
Sur la route, j’ai croisé au moins quatre couples femme-homme différents qui se sont roulés des pelles magistrales juste sous mes yeux. Comme pour me mettre à l’épreuve. En plus, je ruminais une secrète vengeance contre une invitation d’une journaliste de Radio Notre-Dame qui m’a contacté le matin même, et que je trouvais insultante, après tout ce que cette radio pseudo « catholique » m’avait fait, après son traitement catastrophique de l’homosexualité depuis des années.
Je suis arrivé le cœur démoli, plein de révolte, de tristesse, de larmes, devant la statue de saint Antoine de Padoue, à l’intérieur de l’église du même nom. Je me suis prosterné à genoux devant lui, tout en me tenant droit et digne, en implorant sa pitié, sans théâtre, sans avoir la force de prononcer quoi que ce soit pendant un quart d’heure. Juste pour être là et parce que j’étais las. Pourquoi tu me fais ça, Seigneur ? Pourquoi je dois rester célibataire si ça me fait autant souffrir ? Pour les beaux yeux d’une promesse publique ? Pour obéir scolairement à une morale catholique sur l’homosexualité dont personne – pas même les prêtres et le Pape – n’est très sûr ?
Je me suis contenté de demander juste une chose à saint Antoine et Jésus : qu’ils me consolent. J’ai fixé des yeux – comme jamais – le visage souriant du saint. Son lys de la virginité ressortait bien. Et tout d’un coup, de la statue a émané une phrase : « Il faut souffrir. » Je ne l’ai pas entendue distinctement comme on entend un humain. Je n’ai pas eu de vision non plus. Mais la phrase revenait en boucle dans ma tête. « C’est vrai, me suis-je dit : pas d’Amour ni de Salut sans souffrir. C’est cela, la Vérité insupportable que le diable n’a pas acceptée. C’est cela, le consentement le plus intolérable pour tous ceux qui ne comprennent pas les catholiques et qui rêvent d’une foi-confort. Ils veulent aimer sans souffrir. Ils veulent être sauvés sans passer par la Croix. Or c’est impossible. Il faut souffrir pour être sauvé. Et la souffrance que je vis est obligatoire si je veux aimer et être sauvé. » C’est bête, mais si les prêtres, dans leurs homélies ou au confessionnal, nous annonçaient davantage cette obligation de la souffrance (« Je ne sais pas si vous êtes au courant, mais il vous faut souffrir. Sinon, vous n’aimerez pas et vous ne serez pas sauvé. »), on culpabiliserait et on souffrirait beaucoup moins que de devoir en tirer le constat de nous-même ou par les événements, ou en ressentant la souffrance comme quelque chose d’anormal ! C’est non seulement « normal » de souffrir, mais le contraire est inquiétant.
Ensuite, la messe de 18h a débuté. Alors que ça n’avait rien à voir avec les textes du jour (Ac 7, 55-60 ; Ps 96, 1-9 ; Ap 22, 12-20 ; Jn 17, 20-26), le chant d’entrée et le chant final étaient dédiés à l’Esprit Saint : ça commençait fort. J’avais demandé des consolations : j’en ai eues ! D’abord, le Seigneur m’a gâté car il n’y avait que des chants que je pouvais embellir par ma voix de basse. Puis le curé qui officiait seul était un jeune prêtre italien, très agréable à regarder. Et surtout, il était d’une spontanéité et d’une profondeur étonnantes. À vrai dire, c’est rare de tomber sur des prêtres beaux gosses. En général, on a plutôt des fins de série, des vieux gars ou des beautés hiératiques Saint-Cyr. En plus, il ne suffit pas qu’ils soient jeunes pour être beaux. Il ne suffit pas qu’ils soient hommes pour qu’ils soient masculins et doux. Il ne suffit pas qu’ils soient beaux pour qu’ils n’en jouent pas. Mais Dieu a tenu à m’offrir ce prodige : un prêtre beau, innocent, masculin, énergique et simple. Là, Jésus faisait visiblement un effort pour moi, pour me plaire de manière saine. Et je ne suis pas étonné qu’il ait pris la forme du père Claudio : Il se choisit toujours les personnes les plus belles, aussi bien intérieurement qu’extérieurement. Là, avec le père Claudio Avogadri, c’était la consolation visuelle ! (haha) Moi qui pleurais intérieurement de devoir donner ma beauté et mon âge à Jésus dans la virginité, en renonçant aux hommes sexys de ma génération, j’avais face à moi un autre cadeau de Jésus : un homme beau que je ne pouvais désirer, mais qui comme moi a choisi le célibat et a été choisi par Dieu pour être continent. Ça m’a calmé et amusé en même temps.
Le plus étonnant est ce qui est venu ensuite. Le père Claudio a commencé la messe en disant que la deuxième lecture était la toute dernière de la Bible, et que par son contenu, elle avait largement de quoi nous conduire à la consolation et à la fidélité : la Parousie qui nous délivrera des tentations et des efforts est imminente ! « Voici que je viens sans tarder, et j’apporte avec moi le salaire que je vais donner à chacun selon ce qu’il a fait. » (Ap 22, 12) ; « Oui, je viens sans tarder. » (Ap 22, 20) En gros, pour résumer, le père Claudio nous soutenait comme un entraîneur bienveillant et rassurant : « Tenez bon, mes amis, même si vous souffrez en ce moment ! Ça vaut le coup d’être encore un peu fidèle ! Car Jésus est sur le point d’arriver ! » En plus, les lectures de la messe renvoyaient à la pureté dans le sacrifice de notre personne pour Dieu. « Le temps est proche. Que le saint se sanctifie encore. Heureux qui lave son vêtement dans le sang de l’Agneau. » Ça tombait super bien.
Intrigante fut aussi l’homélie que le père Claudio a faite dans un français quasi parfait, et qui répondait quasi mot pour mot à ma demande préalable devant saint Antoine. Comme si le saint avait transmis à son jeune curé toute notre conversation privée, toute ma prière ! Avec franchise, le prêtre nous a avoué d’emblée qu’à propos du texte d’Évangile (Jn 17, 20-26), très centré sur la thématique de l’Unité, il n’avait quasiment rien à dire. C’est une prière du cœur. Que rajouter de plus ? Quoi commenter de plus ? Une prière ne se décortique pas. Elle se passe de commentaires. (Moi pareil, devant saint Antoine, et dans ma journée, j’étais en panne de paroles ! Et ma récente tentation homosexuelle me rendait muet, incapable d’écrire.) Il a également centré son homélie non pas sur l’Unité – comme il aurait été de bon ton de le faire, et comme s’y exercent en ce moment les moralisateurs cathos-bobos médiatiques qui brodent sur « l’Unité des chrétiens » et sur « la Miséricorde » pour ne pas s’entendre dire leur manque de courage à annoncer la Vérité – mais sur la fidélité à soi-même. A priori, je ne suis pas un adepte du concept de « fidélité à soi » car souvent, dans notre monde, celle-ci est une excuse à l’égoïsme. Mais dans la bouche de ce prêtre, la fidélité à soi-même était tellement connectée à Jésus, à notre conscience intérieure (l’Esprit Saint), au martyr de saint Étienne (« Pourquoi est-il allé jusqu’au bout ? Au nom de quoi ?? » s’interrogeait le père Claudio), que c’était exactement ce que j’avais besoin d’entendre par rapport à mon engagement à la continence homosexuelle : « Quand je suis fidèle à moi, c’est à Jésus que je suis fidèle. Quand je suis infidèle à moi-même, je suis infidèle à Jésus. Quand je suis attaqué, c’est Jésus qui l’est en moi. » Le père Claudio nous faisait un appel vigoureux à vivre en cohérence et en fidélité avec ce que nous ressentons au fond de nous, avec ce que nous avons décidé, pour ne pas subir les douleurs de la « fragmentation » (expression qui sentait l’italianisme), les tristesses de la « perte de nous-même » dans des pratiques ou des relations qui ne nous ressemblent pas. Et ce fond de notre Unité, c’est Jésus.
Ensuite, il nous a expliqué que c’était important de se prosterner devant une personne, car c’était cela le véritable amour (… je venais de m’agenouiller longuement devant saint Antoine). Il a évoqué après le vague à l’âme qu’on pouvait ressentir à certains moments dans notre vie, même quand il fait super beau dehors (… et c’était tout à fait le sentiment paradoxal qui me fendait le cœur juste avant de venir à l’église et d’avoir marché sous cette belle journée de printemps).
À la sortie de la messe, j’ai attendu qu’il n’y ait personne pour m’entretenir avec le père Claudio, et le remercier (sans arrière-pensées) d’avoir été à son insu le Messager de mon échange privé avec saint Antoine juste avant la messe. Le remercier de m’avoir si bien consolé. Je crois que ça lui a fait plaisir ! Et c’était vrai, en plus.
Donc vous voyez comme les prêtres sont décevants et dans quelle perspective je le crois ! Alors, pour résumer, si vous vous sentez homosexuel, n’attendez surtout rien des prêtres. Mais attendez tout de Jésus qu’ils ont revêtu. Certains sacerdoces sont la consolation de l’homosexualité continente.
16 – Vivez-vous mal le fait que votre famille soit allée manifester contre le « mariage gay » ?
Non. J’en veux plutôt aux membres de ma famille qui ne sont pas allés manifester, même si je les comprends vraiment d’un autre côté! Les Manifs Pour Tous étaient si homophobes (pas en intentions mais dans les faits) et si inconsciemment pro-mariage-pour-tous (par leur défense inconsciente de l’Union Civile et de l’hétérosexualité) qu’il y avait de quoi les fuir ! Toute personne homosexuelle croyante, pendant les Manifs Pour Tous, était prise entre deux feux, partagée entre une profonde révolte devant l’homophobie bien-intentionnée et hypocrite de la plupart des manifestants (« Mon chéri, si on va manifester, c’est pas contre toi, tu sais. C’est pour les conséquences sur les enfants. » mentaient sincèrement les parents ; et le fils homo ou ses amis de leur répondre : « Vous espérez vraiment que je vais vous croire ?!? Cette loi passe en notre nom, à nous personnes homosexuelles, est notre cadeau personnalisé, notre reconnaissance sociale et matérielle, dit notre amour, se fait passer pour nous… et vous osez me dire que l’homosexualité n’a rien à voir là-dedans ?!? Toute la revendication politique, légale, sociale, sentimentale, identitaire de cette loi du ‘mariage pour tous’ repose sur la croyance en l’amour homo et sur les personnes homos ! Vous vous foutez de qui ?!? ») et l’homophobie objective et pourtant subtile de la loi du « mariage pour tous » en elle-même (en effet, donner sous forme de contrat la différence des sexes à des unions qui n’intègrent pas celle-ci, c’est faire un cadeau pourri/inadapté aux personnes qu’on applaudit tout en les censurant et dont on se sert pour se venger secrètement du mariage, c’est accorder un privilège qui ne change rien aux situations de souffrance et d’insatisfaction qu’elles vivent concrètement et quotidiennement).
Toutes les personnes homosexuelles croyantes sensées ont pu se rendre très vite compte que Jésus était écarté des manifs ; et le sujet de l’homosexualité et les personnes homosexuelles, tout autant ! Elles étaient donc rejetées dans les deux dimensions les plus intimes et les plus importantes de leur personne. Alors oui, il y avait de quoi mal le vivre ! Même après l’ouragan et l’autosatisfaction confortable de la victimisation, les manifestants anti-mariage-gay, tout penauds, osent à peine les regarder dans les yeux. C’est bien la preuve qu’il y a eu homophobie et cathophobie. ET du côté des pro-mariage-pour-tous ET du côté des anti-mariage-pour-tous. C’est un coup à briser sa continence et à se pointer maintenant en public devant tous les cathos pro-Vie et à rouler une magistrale galoche à un mec sous leurs yeux !
L’expérience des Manifs Pour Tous a été un traumatisme d’une violence incroyable et non encore admise, non pas tant dans la société civile qu’à l’intérieur même de l’Église catholique. Les catholiques, d’ailleurs, mettront du temps à reconnaître la fracture interne qui les divise à cause de la Loi Taubira. C’est pour cela qu’à l’avenir, ils risquent de beaucoup s’opposer, de surcroît à propos de quiproquos à l’apparence de « détails », car il n’y a pas eu de pardon là-dessus.
17 – Les personnes homosexuelles ont-elles toujours été bien accueillies dans l’Église ?
Publiquement, et de ce que j’ai vu, les personnes homosexuelles n’ont quasiment jamais été bien accueillies (sauf en cachette). Car dès que cet accueil est visible, c’est la hantise des récupérations et des interprétations, ou alors c’est la compromission à « l’amour homo » et la complaisance démagogique. Le seul qui fait exception en ce moment, à mon sens, c’est le Pape François : ni démago ni complaisant ni indifférent.
Pour le reste, si nous sommes montrées ou invitées, c’est souvent dans une fulgurance temporaire et juste pour rassurer par rapport à la présomption d’homophobie, plus que pour ce que nous avons à dire. Je vois bien le bazar que c’est, pour les catholiques et les prêtres, de me faire venir en conférence, et surtout pour rendre celle-ci publique. Ça se transforme en mode transitoire ou carrément en Affaire d’État, y compris à l’intérieur des paroisses et des aumôneries. Par exemple, début juin 2016, à Lille, parce que mon témoignage sur la consolation – en lien avec l’homosexualité – avait fait l’objet d’une invitation élargie dans les réseaux sociaux catholiques, ça a déclenché une mini guerre civile dans le milieu catholique lillois : peurs, chantages, menaces, scepticisme de certains prêtres, contrôle de la Pastorale de la Santé puis par la Pastorale de la Famille, scandale… Comme si j’étais un dangereux criminel ! Sidérant. J’ai failli décommander. Heureusement, la conférence a quand même eu lieu, et s’est bien déroulée, surtout grâce à la combattivité admirable de certains organisateurs. Mais que d’épreuves pour simplement nous accueillir ! Et le pire, c’est que les bâtons dans les roues sur ce chemin de l’accueil des personnes homosexuelles sont mis par ces catholiques qui se déclarent nos meilleurs amis… mais qui concrètement nous ferment les portes de leur église dès que nous ouvrons la bouche pour dire ce que nous vivons.
À la décharge des cathos, et pour rendre à César ce qui est à César, les personnes homosexuelles, dans l’Église catholique, sont un peu moins mal reçues qu’ailleurs. Car les cathos sont davantage préparés à l’hospitalité, à appréhender la réalité de la Croix dans toutes les situations humaines, et à ne pas juger les personnes selon leurs actes ou blessures. Mais même chez eux, il y a encore de sérieux progrès à faire pour d’une part se détendre sur l’homosexualité (y compris et surtout pour les catholiques qui nous soutiennent un peu trop chaleureusement pour être honnêtes !) et d’autre part pour accueillir les personnes homosexuelles en Vérité, a fortiori celles qui vivent ce que demande l’Église et qui ne font que relayer ce qu’Elle dit.
En revanche, ce qui est sûr et très rassurant, c’est que Jésus, Lui, nous a toujours bien accueillis et continue de le faire ; quant aux gens d’Église qui L’imitent, elles sont eux aussi parfaites comme leur Maître. Le vrai catholique ouvre ses bras au différent, au paumé, à celui qui ne s’aime pas ou qui est rejeté, au délinquant, au criminel, au blessé dans sa sexualité. Il est fidèle en amitié et n’a pas peur du qu’en dira-t-on. Il ne considère pas la Charité comme une soumission ou une corruption. J’ai rencontrées énormément des personnes comme cela dans l’Église catholique. Heureusement.
18 – Existe-t-il une pression des milieux catholiques traditionnels sur les personnes homosexuelles ?
Oui. Je l’ai constatée. Par personnes interposées, en plus ! Par exemple à travers le petit parcours du combattant de mon actuel coloc : un gars super, catho, pas homo, très simple, et qui au départ a dû souffrir à cause de son entourage. Même s’il n’avait pas de doutes sur moi, même s’il a une fiancée officielle avec qui il se prépare au mariage, il a dû dans un premier temps porter la réputation d’habiter « sous le même toit qu’un homo » auprès de ses amis et de sa famille. Les préjugés figés qui pèsent sur les personnes catholiques d’éducation traditionnelle qui veulent nous rencontrer et nous côtoyer au quotidien prouvent qu’il faut avoir du caractère et une sacrée persévérance pour ne pas se décourager et pour porter socialement le sujet de l’homosexualité ! Ça vous laisse deviner les attitudes de rejet, de méfiance, de peur, d’indifférence, d’hypocrisie, que nous, personnes homosexuelles, avons parfois à subir directement dans notre paroisse et dans les cercles conservateurs. D’autant plus quand notre homosexualité en arrive à être connue publiquement !
En discutant également avec des catholiques tradis assumés et éclairés, relativement lucides sur les raideurs et les avantages de leur milieu social/religieux « fièrement réac », et qui ont été sensibilisés à mon contact aux richesses de l’interprétation universaliste et christique de la culture homosexuelle, ils en conviennent eux-mêmes de la « profonde homophobie d’ignorance » globalement observable chez leurs pairs traditionalistes, sans que j’aie besoin d’insister. Ils la trouvent d’autant plus dommageable qu’ils me connaissent en vrai et savent combien nous pourrions nous entendre, combien je suis plus proche des tradis que des progressistes, combien les résistances des gens de leur famille politique/religieuse reposent sur des quiproquos idiots : « C’est par ignorance, cette fermeture des tradis par rapport à l’homosexualité, m’assurent-ils C’est trop bête. N’y aurait-il vraiment pas moyens qu’ils t’écoutent ? »
Cela dit, pour rassurer les catholiques tradis qui m’écoutent et me respectent, la pression des milieux catholiques progressistes à l’égard des personnes homosexuelles est autrement plus violente. Car eux, ils nous détestent en croyant nous aimer. Donc ils ne s’en rendent même pas compte. L’ignorance des tradis est peut-être moins dure à encaisser au final qu’une passion amoureuse aussi impétueuse et paradoxale que la fan attitude gay friendly.
19 – Les catholiques sont-ils homophobes ?
Je le pense. Contrairement à ce que j’avais pu certifier sur le plateau-télé de l’émission Dieu Merci sur la chaîne Direct 8 en mai 2011 puis pendant les Manifs Pour Tous en 2012, par démagogie, pour rassurer mes pairs confessionnels et me rassurer moi-même, je constate que les catholiques tombent régulièrement dans le travers de l’homophobie. La preuve : c’est qu’ils ne supportent pas de se l’entendre dire, et qu’ils montent sur leurs grands chevaux dès qu’ils tombent sur le mot qu’ils méprisent sans jamais avoir cherché à en connaître le sens, la substance, les mécanismes, les personnes et les actes qui se cachent derrière. Ils ne le prennent que comme une insulte ou une idéologie moderniste infondée, construite de toutes pièces par l’antifascisme moralisant libertaire. Alors que l’homophobie, concrètement, ce sont des intentions et des faits réels (insultes, harcèlement, rejets, meurtres, suicides, viols, actes génitaux violents ou pas, exterminations de masse, appareils politiques, etc.), ce sont des agresseurs et des agressés (quand ce n’est pas les deux). Oui, la majorité des catholiques est homophobe. Comme tout être humain, d’ailleurs, qui est capable – surtout quand il ne va pas bien – d’avoir peur de lui-même et de ses semblables au point de les attaquer/s’attaquer lui-même, et en particulier d’attaquer les personnes homosexuelles. Nous sommes tous homophobes de par notre humanité commune et nos complicités répétées avec le péché originel. Même moi parfois. Il n’en reste pas moins plus choquant que l’homophobie (= peur du semblable + peur de l’homosexualité + attaque contre les personnes homosexuelles + « identité » et pratique homosexuelles) soit le fait de catholiques, car eux connaissent la Vérité-Charité, et sont donc encore plus tenus de Lui obéir en s’abstenant de sombrer dans la pratique homophobe.
Par mon expérience relativement longue dans l’Église catholique, je peux vous assurer que l’homophobie est générale au sein des communautés paroissiales et du Clergé. Bien entendu, indiquer cette forte tendance n’efface en rien les nombreuses exceptions à celle-ci. Il existe quelques fidèles et quelques prêtres qui aiment les personnes homosexuelles et nous accueillent en Vérité. Mais la peur de l’homosexualité, s’originant le plus souvent dans une ignorance, dans une angoisse légitime face à l’étrangeté et au péché, bien plus que dans une volonté calculée de mal faire et de mal accueillir, est réelle et très répandue. Les catholiques, dans leur ensemble, font de l’homosexualité un tabou, un « non-sujet », un danger, voire même, par relativisme « charitable », un amour dont il ne faudrait surtout jamais parler. Ils confondent acte homo et personne homosexuelle, ou bien péché et signe de péché. Ils sont tétanisés à l’idée de seulement prononcer les mots « homosexualité » et « homophobie ». Ce désir d’enterrer le sujet de l’homosexualité est bien le stade premier de ce qu’on appelle l’homophobie. Et quand une peur n’est pas affrontée ni éclairée à la lumière aimante de l’Évangile, elle se mute très vite en agacement, en repli, en violence, en rejet des personnes que le terme interdit recouvre.
J’ai entendu de mes propres amis gays catholiques le récit véridique de certains lynchages homophobes spectaculaires et inadmissibles, orchestrés par des communautés catholiques entières (même dites « nouvelles »). J’ai vu des mises en quarantaine de fidèles homosexuels pris en flagrant délit d’adultère homosexuel ou de séduction homosexuelle, alors qu’avant leur rétrogradation, ils étaient les coqueluches de leur assemblée religieuse, de leur paroisse, de leur groupe de prière, de leur abbaye. Ils ont fini en pestiférés dont il faut s’éloigner, en princes découronnés et déchus, en héros déclassés illico au rang de traîtres ou de manipulateurs pédophiles (parce que, bien sûr, beaucoup de bonnes familles catholiques font l’amalgame entre homosexualité et pédophilie), avec une charge punitive collective implacable, digne d’une meute de loups, et souvent avec cette hystérie mielleuse qui « psychologise », « pathologise » et « spiritualise » à tout-va (« Nous t’excluons, espèce de pervers narcissique ! Judas Iscarfiote ! Et ne reviens plus ! Sache cependant que nous continuerons de prier pour toi ! En toute amitié, hein. »).
J’ai rencontré des gars exceptionnels, gentils, talentueux, pas du tout pervers, perdre du jour au lendemain tous leurs galons, être abandonnés de la plupart de leurs amis cathos et de leur réseau religieux jadis chaleureux, être définitivement exclus de leur paroisse ou de leur abbaye, simplement parce que leur homosexualité actée avait été découverte et n’impliquait pas qu’eux (ben oui : pour pratiquer son homosexualité quand on est catho, en général, ça ne se fait pas tout seul, ni en dehors du réseau catho…). Si tu ne rentres pas dans les clous, si tu ne penses pas exactement comme nous, si tu ne corresponds pas au portrait idéalisé qu’on se fait de toi, si tu as déçu les espérances de vocation sacerdotale que nous mettions en toi, si tu passes à l’acte homosexuel (et qu’en plus nous t’avons laissé un poste à responsabilité dans lequel tu as entraîné une autre personne que toi, même consentante), c’est terminé, mon gars ! Tu nous rends notre amitié ! Tu es mis plus bas que terre ! Pas de place pour la Miséricorde !
L’abord paroissial et pastoral de la faute homosexuelle est plus que maladroit : la plupart du temps, il est hyper violent et catastrophique. On n’a plus affaire à une famille spirituelle, mais à un tribunal de requins, à un système verrouillé de quasiment partout, qui harcèle, qui enferme le pécheur dans sa faute, qui mène une commission d’enquête méticuleuse contre lui, qui le stigmatise (et en plus « pour son bien », « par sécurité », « par charité »). Et très peu de paroissiens sont là pour te tendre la main. La plupart des catholiques, par rapport à l’homosexualité, se réfugient fiévreusement dans leurs tours d’ivoire que sont « la différence des sexes », « l’hétérosexualité », « la Famille », « les Enfants », et qu’ils ont érigées en idoles.
La plupart des communautés religieuses catholiques, face à la réalité de la pratique et de l’attraction homosexuelles, paniquent encore complet. Même en 2016 ! Elles découvrent un de leurs membres blessé et homosexuellement pécheur ? Au lieu d’accompagner, d’affronter le problème, de soigner, de réconforter et de laisser une seconde chance, elles amputent ! Elles excluent ! Elles jettent bébé avec l’eau du bain ! C’est la psychose. La lapidation psychologico-spiritualiste en place publique. La chasse à l’homme impur ! Le piège se referme sur celui-ci sans qu’il ait le moyen de se défendre, puisqu’il a quand même objectivement été pris en faute. Bonjour, après, la culpabilité, la perte de confiance en soi, la reconstruction, la réconciliation avec Dieu ! Il lui faudra beaucoup d’humour et de force d’âme pour se reconstruire, pour continuer de croire à l’Église-Institution, après ça. Je connais plus d’un paroissien homosexuel, plus d’un moine « défroqué », plus d’un ex-prêtre, qui, usés par l’armada diocésaine au cœur sec et aux jugements péremptoires, ont tourné durablement les talons à l’Église, pour finalement s’enfermer dans une « vie spirituelle » privée et une vie homosexuelle active, souvent destructrice. Certaines paroisses portent un lourd tribut et auront des comptes à rendre Là-haut ! C’est moi qui vous le dis !
Pour finir de répondre à la question, je crois au fond qu’il existe aujourd’hui un problème persistant dans le rapport des catholiques avec le Christ crucifié. Beaucoup ne le voient que comme un sauveur souffrant et aimant, et non comme le gourou criminel tel qu’il est apparu à ses disciples et au monde avant, pendant et un peu après sa crucifixion. Cette incompréhension du Mystère de la Croix fausse ensuite leur rapport miséricordieux aux fautifs de notre temps (notamment les fautifs homosexuels), parce qu’ils les dissocient du Christ. Or Jésus a accepté de ressembler même aux méchants (pour les sauver !). « Dieu l’a fait péché pour nous. » (2 Co 5, 21) écrit Saint Paul en parlant du curieux lien familial entre Jésus et son Père. La Croix, bien avant d’être le « signe d’Amour fou » qu’on connaît, est en premier lieu un « WANTED » de trahison et de criminalité qui précisément nous laisse croire que Jésus (et/ou son Père) ne nous aurait pas aimés, voire même qu’Il nous aurait détestés ! Je pense que nous devons le garder bien en tête à chaque fois que nous nous trouvons face à un criminel ou un homme dont nous désapprouvons la pratique (homosexuelle). Jusqu’à sa mort, il reste un Jésus déguisé en méchant, donc un Homme à aimer et à servir comme un maître. Notre Pape François, par exemple, l’a parfaitement compris.
20 – Avez-vous déjà vécu des épisodes de rejet dans l’Église à cause de votre homosexualité ?
Oui. Ça a commencé par la méfiance (habillée en « prudence »), la médisance (habillée en « conseil »), de mépris (habillé en « réalisme »), de rejet (habillé en « stratégie »). Et ce rejet m’a toujours été présenté comme un bien pour m’éviter un mal. Tu veux partir avec un mouvement d’Église en humanitaire ? Tu veux rentrer au séminaire ? Tu veux parler publiquement d’homosexualité ? Je te le dis en toute amitié (je prie même sur toi !!) mais il ne vaut mieux pas. Et sache encore une fois que je ne suis pas homophobe (d’ailleurs, mon témoin de mariage était homosexuel) et que c’est pour ton bien. C’est pour t’éviter un malaise avec les populations là-bas, un sacerdoce malheureux, une starification dangereuse, le piège du narcissisme dans lequel tu es déjà tombé en osant te revendiquer homosexuel ! Et je ne parle même pas des insultes de certains catholiques qui me voient comme un militant LGBT caché parce que je n’aboie pas comme eux aux mots « Gender », « GPA », « lobby », « médias », et que je révèle l’homophobie réelle de La Manif Pour Tous. En plus, j’ai le mauvais goût de m’affirmer catholique, et homme de tendance gauche. Ils me répondent qu’« être de gauche » ne veut rien dire. Que parler de l’importance de l’homosexualité est un délire monomaniaque d’intellectuel en mal de notoriété. Et que l’emploi du mot « homophobie » m’inculpe directement, me décrédibilise, me range du côté des méchants libertaires LGBT et des paranos complotistes. Vous me demandez de vous répondre, je vous réponds. Et encore, j’ai souffert ce rejet en n’étant même pas défenseur d’une quelconque « identité homosexuelle » ou « amour homosexuel » ou « droit légal homosexuel », bien au contraire. Alors je n’ose même pas imaginer quel accueil « catholique » encore pire trouvent mes frères homosexuels qui n’agissent et ne pensent pas bien, qui rentrent encore moins dans les clous de l’Église que moi, et qui offrent à leurs accusateurs des contradictions objectives !
21 – À quels sacrements n’ai-je pas accès en tant qu’homo ?
En tant que personne homo, en théorie, vous avez droit aux (ou plutôt le devoir des) sept sacrements de l’Église catholique : Baptême, l’Eucharistie, Confirmation, Réconciliation, Mariage, Sacrement des malades, Ordre. Petit bémol : vous ne pourrez pas les recevoir tous car entre le Mariage et l’Ordre, il faudra choisir un seul des deux. Mais le fait de ressentir une tendance homosexuelle n’empêche absolument pas Dieu de donner ses Grâces, ni une personne de les recevoir. La continence (ou la chasteté, dans le cas du mariage) ouvre à tous les sacrements. Il n’y a que le péché et les actes mauvais graves qui coupent de Dieu. Autrement dit, il n’y a que l’adultère et la pratique « conjugale » homo ou hétéro (vie hors mariage ou hors continence) qui sont un frein radical à la réception de l’Eucharistie, du Mariage, de l’Ordre, et un frein partiel à la réception du Baptême, de la Réconciliation, de la Confirmation et du Sacrement des malades. Logique : si on ne veut pas rentrer dans l’obéissance à l’Église par rapport à l’homosexualité, à quoi sert de réclamer le Baptême comme s’Il était un dû, et de se faire sa petite cuisine religieuse dans son coin ? À rien. Donc même les sacrements (Baptême, Confirmation, Réconciliation, Sacrement des malades) qui n’exigent pas un don et un engagement entiers de sa propre personne sont des préfigurations des sacrements (Eucharistie, Mariage, Ordre) qui les exigent.
Par exemple, ça me choque quand une personne homosexuellement pratiquante demande le baptême (pour elle ou pour « son » enfant élevé par elle et son partenaire de même sexe) tout en demeurant « en couple » homo. Je trouve qu’il y a une incohérence. La Grâce du Baptême ne pourra pas être accueillie pleinement par elle. De même, il me semble inadmissible que des « couples » homos, pendant la messe, prennent la file de la Communion, l’air de rien, comme des premiers communiants, et qu’en plus, le prêtre qui connaît parfois parfaitement leur état de vie, ferme les yeux et les laisse consommer le Corps du Christ. Les uns comme les autres devront en répondre au Tribunal Là-Haut. Alors certes, s’il fallait ne pas être pécheur pour aller communier, personne n’irait ! Mais il y a quand même un minimum. Et les situations d’adultère sont suffisamment graves (divorcés remariés, concubinage, pratique homo même « fidèle », tromperie et violation du mariage, parodies du mariage, débauche, infidélité…) pour que les personnes qui les vivent ne soient pas jugées dignes de recevoir Jésus qu’elles rejettent concrètement dans leur quotidien. On ne peut pas d’une part expulser la différence des sexes en « amour », puis prétendre la recevoir à travers Jésus-Eucharistie d’Amour. Il faut être respectueux de qui est le Christ, à savoir l’Incarnation divine de la différence des sexes, au lieu de Le considérer comme un « droit » ou une projection spirituelle et sentimentale !
En ce qui concerne le sacrement du pardon, là aussi, il ne peut pas être donné si la personne n’est pas baptisée au préalable, et surtout si elle n’est pas disposée à se reconnaître pécheresse dans la pratique homosexuelle et qu’elle ne prend pas la décision de changer radicalement de vie. Sinon, c’est une indulgence partielle qui est offerte à un cœur fermé. Le sacrement n’aura donc pas grand effet. Cela dit, même si le sacrement de confession n’est pas distribué, une simple discussion entre un prêtre et vous peut déjà produire de beaux fruits et vous conduire, à la longue, au vrai sacrement : ce n’est que partie remise, et il n’est pas trop tard pour se convertir. La porte des sacrements catholiques est fermée à la personne homosexuellement pratiquante, mais pas verrouillée. Et tant qu’elle n’a pas changé de vie, il lui est possible de recevoir d’autres formes de présence christique que l’Eucharistie et les sacrements : l’écoute de la Parole biblique, la prière, la vie communautaire et les frères, les actes de solidarité et de service, etc.
Il n’y a pas mort d’Homme, ni mort de Chrétien, si on ne peut pas (encore) communier ni être baptisé. La douleur de la séparation d’avec les sacrements peut être tout à fait temporaire si jamais nous nous reprenons en main : au fond, elle n’est due qu’à un orgueil qui ne veut pas se donner les moyens de mourir à la Grâce, et qui se braque, se rend inflexible. Mais au lieu de demander à Dieu et à l’Église de s’assouplir de « s’ouvrir » et de « s’adapter » à nos péchés, cherchons plutôt à nous assouplir nous-mêmes dans l’obéissance et l’écoute des commandements de l’Église pour ne pas pécher, justement. Et nous verrons que finalement, même si nous ne recevons pas (encore) le Pain entier des sacrements, nous bénéficions quand même déjà de leurs nourrissantes miettes, à l’instar de la Cananéenne de l’Évangile. « Voici qu’une Cananéenne disait en criant : ‘Prends pitié de moi, Seigneur, fils de David ! Ma fille est tourmentée par un démon.’ Mais il ne lui répondit pas un mot. Les disciples s’approchèrent pour lui demander : ‘Renvoie-la, car elle nous poursuit de ses cris !’ Jésus répondit : ‘Je n’ai été envoyé qu’aux brebis perdues de la maison d’Israël.’ Mais elle vint se prosterner devant lui en disant : ‘Seigneur, viens à mon secours !’ Il répondit : ‘Il n’est pas bien de prendre le pain des enfants et de le jeter aux petits chiens.’ Elle reprit : ‘Oui, Seigneur ; mais justement, les petits chiens mangent les miettes qui tombent de la table de leurs maîtres.’ Jésus répondit : ‘Femme, grande est ta foi, que tout se passe pour toi comme tu le veux !’ Et, à l’heure même, sa fille fut guérie. » (Mat 15, 22-28) Dans la Bible, il y a toujours des petits futés qui essaient de gruger le Seigneur, ou de feinter pour recevoir les bénéfices de sa Grâce. Et comme Il est bon, Il les exauce en partie, même s’Il continue de ne pas cautionner leurs actes, de leur rappeler leur devoir de conversion et leur Croix, et qu’Il ne cède pas sur l’Essentiel : l’obéissance à Ses commandements.
À travers la personne de la Cananéenne, on voit bien que Jésus traite vertement de « chiens » tous ceux qui ne font pas partie de son Peuple élu (les Juifs) et qui ne Lui obéissent pas. Ça peut paraître de prime abord pas très sympa. Mais en réalité, cela colle parfaitement à ce que disent par exemple les sujets homosexuels d’eux-mêmes (cf. le code « Chiens » de mon Dictionnaire des Codes homosexuels). Alors Il ne les trahit et ne les insulte même pas. Ce sont les pécheurs qui s’insultent tout seuls. De plus, Il affirme qu’Il est venu prioritairement pour eux, et Il finit par les guérir quand même. Donc que les personnes homosexuellement pratiquantes ne s’offusquent pas, s’arment de patience et ne jouent pas les exclus à propos des sacrements de l’Église catholique, car il n’y a franchement pas de quoi. Si Jésus nous rationne, c’est d’abord parce que nous en avons besoin, et qu’un régime de Ses sacrements nous permettra de mieux les apprécier et les reconnaître au moment où nous en serons un minimum dignes. On ne passe pas à table si on n’est pas prêt, ni à n’importe quelle condition. C’est le moindre des respects que nous devons au Chef-Cuistot !
Je crois personnellement que la meilleure aide et le plus grand cadeau que Jésus et ses prêtres peuvent fournir aux personnes homosexuelles encore désobéissantes, c’est de justement ne rien leur céder, et de ne pas leur donner accès à tous les sacrements, notamment au gros morceau de Pain Vivant que leur palet, leur ventre et leur cœur ne pourront à l’évidence pas encore apprécier/honorer/accueillir/digérer. Pas par sadisme, mais au contraire parce qu’ils ne doivent pas brader ce qu’ils pourront leur donner peut-être un jour. Ce n’est pas à une personne famélique ni à une personne obèse qu’on offre un festin. À moins de vouloir la tuer ! On doit convertir son cœur petit à petit. Par doses hom(o)épathiques. Par miettes.
Récemment, en marchant dans Paris, je suis tombé sur un écriteau de la mairie qui m’a amusé autant qu’interloqué, tellement il n’obéit pas à l’air du temps, qui est plutôt – il faut le dire – au gavage, à la gloutonnerie et à l’humanisation des animaux, qu’au sevrage et au rationnement volontaires : « Si vous aimez les oiseaux, ne les nourrissez pas ! » Je serais tenté de faire le parallèle avec nous, personnes homosexuelles. Si vous, prêtres et fidèles catholiques, nous aimez vraiment, ne nous donnez pas à manger. Même sacramentellement. Comme les oiseaux, plus vous nous rationnerez, plus vous nous aimerez et nous préparerez au grand Banquet éternel. Aimer, ce n’est pas toujours tout donner. Ou alors c’est donner aussi la Croix.
22 – Faut-il que je parle de ma tendance sexuelle à mon confesseur ?
L’important, je crois, n’est pas de forcément la dire ou de ne surtout pas la dire. Dans les deux cas, ça peut être magnifique comme inutile/catastrophique. À vous de discerner les pour et les contre du secret ou du dévoilement. Si vous décidez de dire votre tendance, dites-la bien (et après vous être suffisamment informé sur l’homosexualité). Sinon abstenez-vous. Si vous avez décidé de garder le secret, gardez-le bien, sans théâtre, sans tristesse, sans rancœur, avec la paix de Dieu qui vous permettra de ne pas faire payer votre silence à votre confesseur ni à vous-même. Autrement, parlez-en. C’est l’Esprit Saint qui, lorsque vous L’interrogerez, vous inspirera ce qu’il vaut mieux faire dans votre cas.
23 – Est-ce qu’en confession je mets mon homosexualité dans la liste de mes péchés ? Est-ce que je prends le risque d’en parler ?
Si vous sentez que la nouvelle ne sera pas comprise par le confesseur (parce que vous-même n’y voyez pas très clair), si votre conscience vous indique que votre coming out ne serait qu’une pleurnichade d’où ne sortira aucun repentir ni aucune humilité de votre part, qu’il vous fermera des portes (pour votre carrière, votre vocation, votre relation future avec un prêtre que vous connaissez trop), et qu’il vous réduira à une caricature qui n’est pas vous, ou beaucoup plus positivement si vous sentez que la tendance homosexuelle ne vous enchaîne pas à des addictions ou à des pratiques ou à une dépression insurmontables, si vous sentez que l’homosexualité ne vous conduit pas à pécher, pas la peine de dire quoi que ce soit. Dieu a aussi droit à l’exclusivité de certains de vos secrets. C’est entre Dieu et vous. Et le confessionnal n’est pas l’endroit où on doit nécessairement tout dire, tout déballer, montrer l’intégralité de nos secrets, s’épancher sur nos états d’âme. Si certaines réalités de notre vie intérieure ou extérieure ne sont pas couronnées par le regret, ou la conscience/l’existence d’une faute, voire carrément la conscience/l’existence d’un péché, elles n’ont leur place que dans un échange entre amis ou dans un cabinet de psy. Pas dans un confessionnal.
Si en revanche vous voyez que votre tendance homosexuelle vous fragilise et vous conduit au péché, vous pouvez parler ET de cette tendance (qui n’est pas en soi un péché si elle n’est pas suivie d’actes ; elle se réduit juste à un « signe de péché », à un héritage du péché originel) ET surtout du péché (acte mauvais + rupture volontaire avec Dieu) qu’elle vous a poussé à commettre. Dans la confession, c’est le péché bien avant son intention, son alibi, son moteur, qui doit être révélé. L’intention ou le désir aggrave ou atténue la gradualité du péché, tout au plus. La tendance homosexuelle seule n’est pas un péché puisqu’elle n’est pas un choix. À mon avis, elle ne doit être révélée que si elle a servi à pécher, ou bien dans le cas plus rare où elle fait tellement partie de votre vie d’évangélisation, relationnelle, et que vous êtes un peu obligé d’en faire mention pour que le prêtre comprenne les péchés dont vous lui parlez ensuite, et pour lesquels l’homosexualité occupe une place contextuelle lointaine mais pas déterminante. Et dans ces cas-là, oui, la révélation de votre tendance peut être mise sur le tapis, sans faire pour autant partie de la liste de vos péchés. Le père n’est pas bête. Puis que c’est Jésus. Il sentira les inflexions de votre sentiment de culpabilité ou au contraire de votre absence de culpabilité.
Par ailleurs, hors du cadre de la confession, vous savez qu’un prêtre est souvent un ami formidable et un confident solide sur qui vous pouvez compter. Vous ne le choquerez pas en évoquant l’homosexualité : le prêtre du XXIe siècle en entend tellement des vertes et des pas mûres à longueur de journée qu’il est immunisé (limite trop, pour certains) de l’indignation et du jugement de personnes ! Si vous avez besoin d’un conseil, d’un éclairage, ou tout simplement que vous en avez gros sur le cœur, n’hésitez pas à lui dévoiler votre homosexualité. Un bon prêtre reste muet comme une tombe. Et en voyant la confiance que vous lui faites de lui parler de « ça » (car il sait combien il en coûte de prononcer certains mots), son cœur de père fondra. Vous lui ferez un plaisir aussi immense que la joie que vous aurez eue d’être écouté par lui sur le sujet si tabou de l’homosexualité.
24 – Je suis catho et homo. Est-il nécessaire de faire mon coming out à mes amis pas cathos ? Et à mes amis cathos ? Ont-ils besoin de savoir ?
Pas nécessairement. S’il y a une pratique homo derrière ou une intention de pratique homo ou une illusion d’« identité homo », c’est même pas la peine de le faire, il me semble. S’il y a en revanche dans votre coming out une continence et l’annonce d’un apostolat pour la Vérité à travers l’homosexualité non-pratiquée, là, je dis que c’est dommage de se taire. Mais comme en général le goût de la continence et la découverte de la puissance évangélisatrice de l’analyse et du don universalistes de l’homosexualité viennent en marchant, et avec le temps et du travail, de toute façon, votre coming out, qui plus est « catho-homo », ne sera vraisemblablement pas pour tout de suite ni précipité. Pour être réussi, il réclame un minimum de prière, de deuil (du rêve de vivre l’« amour » homo un jour), d’endurance, une patience éprouvée, un désir homosexuel compris et relativement dompté.
Après, je ne dis pas que le chemin (vers le coming out) ne peut pas se faire vite dans votre cas, d’autant plus quand le terrain a été défriché par d’autres, et que les Fins Dernières donnent à voir des formations/conversions en accéléré de personnes homosexuelles continentes grâce à l’action de l’Esprit Saint. Nous vivons une époque faste pour cela. Donc s’il y a en vous un désir saint(t) de donner votre homosexualité aux autres, au monde et à l’Église, ne refrénez pas trop votre élan. Parlez-en. Il ne faut pas gâcher les trésors. En plus, la mode des coming out gays est un peu passée. Elle a malheureusement cédé sa place à une non moins affligeante injonction mondiale à afficher qui on serait, ce qu’on voudrait, et surtout qui on ne serait pas et ce qu’on ne voudrait pas (cf. la fameuse mode bobo des #JeSuis, #Jaime, #JeVeux, #JeSoutiens, #JaiAidé #JeNeSupportePasLesBleus, etc., qui n’est en réalité qu’un aveu inconscient d’absence de personnalité, d’idées, et de combats). Alors le coming out homosexuel, le beau, le vrai, l’utile, peut revenir en force, en créant la surprise, d’autant plus qu’il s’opèrera autrement : couronné par la foi, il ne s’annoncera ni comme un coming out classique et appris, ni comme un coming in (« Je suis hétéro » ou « Je suis un ex-gay » ou « Je ne suis pas vraiment homo mais simplement un homme/une femme et un Enfant de Dieu »), ni même comme un anti-coming out puisque l’homosexualité n’y sera pas reniée et sera au contraire traitée pour la première fois. Quelles que soient les époques, de toute façon, le coming out de la continence catho-homo restera toujours une bizarrerie détonante et un succès non pas humain (car il sera incompris de beaucoup et fera peur même aux catholiques) mais divin. Alors raison de plus pour l’oser. Il vaut le coup. C’est de vécu.
25 – J’ai grandi dans une famille catho, je me suis marié à l’Église, et je suis attiré par les personnes du même sexe. Que faire ?
Vous ne m’en voudrez pas si je vous dis « Offrez votre homosexualité à votre mariage, à votre femme, à vos enfants et à Dieu » (sans nécessairement tout leur dire) ? Je le sors quand même, en ma qualité de célibataire continent qui pourrait tout à fait « se lâcher » bien plus que vous parce que rien – pas même le mariage ni le sacerdoce – ne semble le retenir. Vous avez reçu un sacrement indissoluble qu’est le mariage. Vous avez parfois transmis la vie à des enfants dont vous êtes responsable et à qui vous devez l’amour éternel avec leur mère (même si vous ne l’aimez plus vraiment). Ce n’est certainement pas pour partir vous perdre dans des aventures homosexuelles sans lendemain, ni même avec lendemain et aux bras d’un amant durable ! Face à ceux qui vous tiendront le discours hédoniste gay friendly du « moindre mal » (« Vis ta vie. Tu n’as pas à rester hypocritement avec ta femme à qui tu as menti dès le départ, et que tu as cru aimer. Tu ne ressens plus rien ? Ne t’acharne pas car le naturel va revenir au galop ! » ou bien « Il vaut mieux que tu sois heureux avec un homme – même si c’est sur le tard et au prix d’une séparation – que malheureux et insatisfait toute ta vie avec ta femme ! »), je vous le confesse avec une quasi certitude : vous vivez quand même l’amour de votre vie avec votre femme (ne la réduisez pas à la « bonne copine » qu’elle n’est pas, qu’elle n’a jamais été et qu’elle n’a pas à devenir), et vous ne trouverez jamais l’amour véritable aux côtés d’une personne de même sexe. Je vous aurais assuré la même chose si vous aviez été jeune, athée et célibataire.
La foi catholique, le statut d’homme marié (et parfois de père de famille), la qualité des personnes en individuel, le contexte de rencontre ou d’émoi homo, les sensations et les sentiments personnelles, la capacité à aimer, la probabilité de tomber amoureux d’une personne du même sexe, sont des faux débats. C’est plutôt sur les limites objectives de la pratique homosexuelle, les nombreuses insatisfactions du « couple » homo, les raisons du réveil déchirant de votre tendance homo, les réalités du combat spirituel menaçant le mariage, sur lesquels il faut vous pencher, et non foncer sur la solution de facilité. C’est en mettant des mots sur vos pulsions, vos fantasmes et vos illusions d’amour que vous désamorcerez leur puissance et revaloriserez votre mariage. Étudiez sainement votre homosexualité plutôt que de la pratiquer pour mieux la nier. Vous serez alors vraiment libres. Et votre ciel assombri se dégagera aussi vite qu’il s’était encombré.
J’ai rencontré un certain nombre d’hommes mariés et de femmes mariées avec une personne du sexe complémentaire qui, malgré la persistance de leur tendance homosexuelle sur la durée, vivent quand même très heureux leur combat pour/dans le mariage, et ont trouvé un équilibre tout à fait satisfaisant et durable. Composer son mariage chrétien avec l’homosexualité, c’est tout à fait possible et plus réussi qu’on ne le dit. Ça peut être une occasion, pour les époux, de partager ensemble le dépassement d’une peur intime qui les rapproche. Être homo et marié, ce n’est ni l’asphyxie ni l’écartèlement cornélien tous les jours ! Il suffit souvent d’arrêter de se nourrir l’imaginaire de porno et de films pro-gays à l’eau de rose, et surtout d’être plus attentif à l’autre (sans l’étouffer !).
Et si ça peut vous rassurer, beaucoup de personnes mariées non-homosexuelles ont elles aussi des tentations d’adultère féroces. Ce n’est pas propre à l’homosexualité. C’est propre à toute lutte humaine en faveur de la fidélité dans le mariage et en faveur du Christ. Donc ne focalisez pas tous vos problèmes et frustrations sur l’homosexualité. Celle-ci n’est qu’un symptôme d’un malaise et d’une peur plus large. Ne laissez pas l’homosexualité tout gâcher ou tout remettre en cause. Ne la laissez pas mener votre vie à votre place ni éteindre votre joie !
Je connais des hommes homosexuels mariés avec une femme qui, après avoir vécu un écart homosexuel, ont compris qu’ils ne trouveraient pas leur bonheur dans ce type de relations, et ont eu l’humilité de revenir à leur vie de famille d’avant en rechoisissant fidèlement leur femme. Ce ne sont pas des cas isolés. Par ailleurs, beaucoup de personnes homosexuelles ont le courage surhumain, surtout dans le contexte permissif et bisexuel actuel, de rester fidèles à leur femme, et je leur tire mon chapeau. De même, beaucoup de femmes, mariées à un homme dont elles connaissent les tendances homosexuelles, ont également le courage de la confiance et de la persévérance. Notre époque voit vraiment fleurir des héroïsmes post-modernes jusque-là inédits ! Et c’est grand… même si vivre aux côtés d’une personne handicapée sexuelle, ce n’est pas rose tous les jours, et j’imagine que ça fait connaître quelques fortes angoisses, ça renvoie en pleine face ses propres faiblesses et impuissances. En tout cas, l’homosexualité non-pratiquée et vécue dans le mariage fidèle femme-homme crée de grands saints dont on découvrira tout l’éclat de bonté, d’abnégation et de patience Là-Haut ! Eux savent concrètement ce que la phrase du Christ signifie : « Si quelqu’un veut venir après moi, qu’il renonce à lui-même, qu’il se charge chaque jour de sa croix et qu’il me suive. » (Luc 9, 23)
CHAPITRE II – MINISTÈRE SACERDOTAL AUPRÈS DES PERSONNES HOMOSEXUELLES :
26 – Quand je parle d’homosexualité à mes jeunes, ils ne m’écoutent pas et me rient au nez. Comment faire pour être crédible en tant que pasteur catholique ?
Tant qu’on n’a pas compris comment fonctionnent les jeunes, déjà, on est mal barré, surtout sur un sujet aussi passionné que l’homosexualité. Les adolescents, en particulier d’aujourd’hui, carburent à l’affectif (ils ont besoin de sentir, d’entendre parler de sentiments, de bonnes intentions, de sincérité, de bienveillance), à l’Incarnation (il faut que ce soit concret, qu’ils voient que le témoin vit ce qu’il dit, que la personne directement concernée par le thème qu’elle aborde se trouve en face d’eux… sinon, ils n’y croient pas), à l’injustice (ils ne supportent pas d’être manipulés ni qu’on manque de respect à quelqu’un : ils ont un sens aigu de l’honneur mais également de la justice), à l’humour (ça, c’est la cerise sur le gâteau). Sans ces quatre critères, on les perd. On ne peut plus faire passer l’Amour, la Vérité, la Foi. Croyez-en mon expérience de prof. Je pense que je ne vous apprends rien.
Avec l’homosexualité, ce n’est pas dur. Tant que vous négligerez le témoignage par la personne homosexuelle et que vous pensez pouvoir le remplacer tout seul, vous resterez inaudible. Et la mauvaise réputation sociale et médiatique qui entoure les prêtres actuellement, de surcroît en matière de sexualité, ne fait que corroborer ma crainte ! Par exemple, le père Philippe de Maistre, un des prêtres aumôniers du lycée Stanislas à Paris, a compris sa marge de manœuvre par rapport au sujet : il sait là où il est compétent, il connaît aussi ses limites d’homme pas homo. Il a compris que sur le terrain de l’homosexualité, il ne pouvait pas faire tout seul, et qu’il avait besoin des personnes homosexuelles en chair et en os à un moment donné. Beaucoup de prêtres devraient suivre son exemple et nous solliciter.
Du point de vue maintenant du contenu de vos mots sur l’homosexualité, tant que vous demeurerez dans un discours nataliste VigiGender complètement paranoïaque et que vous caricaturerez le Gender en des termes que les jeunes ne peuvent pas comprendre (car, il faut le savoir, leur vocabulaire sentimental et rationnel interne à eux se limite à trois mots : hétérosexualité, homosexualité et homophobie), vous resterez inaudibles. Les menteurs ou les naïfs, aussi bêtes et méchants soient-ils, ne supportent pas qu’on leur prête des intentions qu’ils n’ont pas, qu’on soit imprécis dans ce qu’on leur reproche ni qu’on leur prête à notre tour des âneries. Là, pour l’instant, ce que VigiGender, La Manif Pour Tous, les mouvements Pro-Vie, et beaucoup de prêtres reprochent au « lobby LGBT », c’est à côté de la plaque ! Ils n’ont déjà pas compris que le Gender était l’hétérosexualité. Donc je vous passe leur niveau de compréhension de l’homosexualité et de l’homophobie…
D’autre part, vous, prêtres catholiques, n’utilisez pas assez la connaissance qu’on a maintenant des actes homophobes et de l’homophobie (parce qu’en général, vous méprisez le terme), ce qui est totalement absurde et dommage. Pourtant, la seule mention des actes homophobes, dont la violence est grande et coupe le sifflet, et que vous pourriez connaître mieux si vous vous y intéressiez personnellement, suffirait largement à elle seule à impressionner les jeunes, à provoquer en eux l’empathie, à leur prouver que vous en connaissez un rayon sur l’homosexualité (alors que eux – et même S.O.S. Homophobie et le Refuge – rien !), à leur montrer la vacuité de leur défense gay friendly de l’homosexualité dictée par la pensée unique médiatique, à leur faire comprendre que vous vous préoccupez vraiment des personnes homosexuelles, de leur souffrance, au-delà des discours politisés et théorique sur l’homosexualité. En plus, quand les jeunes verront un prêtre s’attaquer à l’homophobie, vous décrocherez à leurs yeux le pactole de la modernité ! Vous ne vous servez pas suffisamment de mon travail sur l’homophobie ni de tout ce que vous savez du lot de souffrances et de violences inimaginables des personnes homosexuelles que vous côtoyez. C’est pour cela qu’on vous rie au nez quand vous essayez de parler d’homosexualité. Vous ne pouvez quasiment vous en prendre qu’à vous même si vous êtes inaudibles devant un groupe de scolaires. Car les outils, vous les avez !
27 – Que dire au confessionnal face à une personne homosexuelle en quête de conseils ?
Avant de dire, il suffit d’être. Donc finalement, vous êtes tranquille et n’avez pas à vous faire des nœuds au cerveau pour savoir quoi dire. Et si vous avez à prendre la parole pour expliquer le positionnement de l’Église sur l’homosexualité et à donner des conseils, l’Esprit Saint vous assistera. De préférence, posez des questions plus que des affirmations. Soyez doux et à l’écoute. Ayez des coups d’audace aussi (un jour, fort de mon témoignage sur les viols, un prêtre m’a raconté qu’en confession, face à une personne homosexuelle révoltée, il avait eu la douceur et la fermeté de poser juste une question – « Est-ce que vous avez été violenté ? » – qui a déclenché un flot de larmes libérateur chez son confessé). Nous, personnes homosexuelles, sommes de la bonne terre. Le vernis se craquelle assez vite.
Je ne vous apprends en rien en vous disant aussi que, tant que vous annoncez la mort du Christ, puis sa Résurrection (en nous), l’Essentiel est là. Ça consiste en quoi, concrètement ? Concernant le dossier « mort », il s’agit que la souffrance et le mal commis sortent de nous. Et il y a en général de quoi faire chez la personne homosexuellement pratiquante ! Ensuite, la mort de Dieu doit être proclamée. La mort du grain de blé qui tombe en terre également. « Tu veux suivre Jésus ? Tu dois mourir à toi-même et souffrir. Il en va de ton Salut. Et ton âme, contrairement à ton corps, est immortelle. Donc il y a de l’enjeu pour toi pour l’éternité ! » Enfin, concernant le dossier « Résurrection », là, vous pouvez nous valoriser, dire votre joie de nous rencontrer (sans nous donner à penser que vous justifiez notre situation et notre pratique), nous demander de prier pour vous (nous y sommes très sensibles !), nous dire que notre vie est belle et que nous pouvons devenir des grands saints dans l’Église (car ça, nous en doutons, et secrètement, nous en rêvons !).
Le moment le plus délicat, mais qui doit être rare tellement la déchristianisation et l’inculture religieuse sur les sacrements catholiques sont répandues aujourd’hui, c’est quand vous aurez à annoncer que vous ne donnez pas l’absolution si jamais le confessé est en concubinage ou en couple homo et qu’il est au courant qu’il n’a pas droit au sacrement (Si ce n’est pas le cas, vous n’êtes pas obligé de le lui révéler, et il restera sur la bonne impression d’un entretien filial profond). Beaucoup de personnes homosexuelles peuvent alors rentrer dans des colères homériques en découvrant le pot aux roses. Il faut donc leur proposer une superbe contrepartie pleine d’amour et de Vérité pour les consoler de cette limite.
Si vous vous trouvez finalement dans l’obligation d’exposer la pensée de l’Église sur l’homosexualité, là, je vous conseille d’être bien aguerri pour ne pas douter au fond de votre cœur d’une part que la tendance homosexuelle est une blessure et une peur, d’autre part qu’elle n’est pas de l’amour véritable (puisque l’amour vrai est défini par l’accueil de la différence des sexes) et qu’elle cache souvent un viol, même si c’est difficile à prouver. Votre foi et votre obéissance, un peu soumises à l’arbitraire sur le coup, vous serviront de gouvernail pour garder le cap. Le confessionnal n’est évidemment pas le lieu du débat d’idées, mais tout de même, il faut un minimum. Il faut bien énoncer le « Va et ne pèche plus » pour que l’Amour du Christ soit complet. Et vous aurez toujours, en tant que prêtre confronté à une personne homosexuelle qui vous soutient mordicus qu’elle « aime », qu’elle « n’a pas le choix » et qu’elle est « très heureuse en pratiquant son homosexualité », à souffrir de l’indéfinition de la frontière entre l’acte homosexuel et le « couple » homosexuel (l’Église a statué clairement sur les actes homos, mais pas sur leur équivalence relative avec le « couple » homo, ni véritablement sur l’« amour homo »), indéfinition qui n’est pas facile à expliquer ni à justifier, mais à laquelle vous devez vous accrocher quand même car le temps, la réalité sur la durée, l’expérience des personnes homosexuelles, donnent quand même raison à la Bible et à l’Église catholique.
28 – Peut-on intégrer les personnes homosexuelles dans une prière universelle ?
Je ne pense pas que ce soit opportun. À moins d’avoir vécu un long temps communautaire d’explication des mots et du concept d’homosexualité avant. À moins d’une messe qui conclut un pèlerinage. À moins que la « P.U. » s’intègre dans une logique ou un déroulement de session dans laquelle l’homosexualité et les personnes homosexuelles ont réellement eu leur place. À moins (plus rare !) que la prière universelle soit lue par une personne homosexuelle continente et connue des paroissiens. Sinon, dans d’autres cas que ceux-ci, l’intention spécifique concernant l’homosexualité tombera à mon sens comme un cheveu sur la soupe, donnera à croire que l’homosexualité est justifiée et banalisée, et sera objet de scandale et d’incompréhension inutiles.
Néanmoins, je peux largement comprendre que beaucoup de prières universelles classiques actuelles, qui puent l’implicite, la pudibonderie lâche, la formule apprise et impersonnelle, l’euphémisme hypocrite, le mimétisme scolaire, agacent. Surtout quand il s’agit de nommer l’homosexualité sans la nommer (exemple : « Seigneur, nous te confions les personnes qui souffrent dans leur cœur et dans leur âme. »), de dénoncer le mariage gay sans le dénoncer (exemple : « Nous te prions Seigneur pour que les êtres humains soient respectés, de leur conception jusqu’à leur mort naturelle, et que les familles soient protégées. »), de répéter le discours creux des partis politiques de droite défendant une chrétienté culturelle plutôt que la personne du Christ (exemple entendu pas plus tard qu’hier dans une paroisse parisienne : « Prions pour les gouvernants : qu’ils portent les valeurs respectueuses de l’Humain, de la Vie, de nos racines, au service des plus fragiles et du bien commun. »), de démontrer quand même un peu d’ouverture charitable à l’égard des personnes homosexuelles en se permettant quelques discrètes fantaisies gays friendly (exemple : « Seigneur, en cette Année de la Miséricorde, apprends-nous à ne pas juger les personnes, et à vraiment accueillir les blessés de la sexualité avec ton cœur aimant. »).
Les prières universelles sont toujours – du moins dans les messes de la forme ordinaire – un reflet fidèle de notre temps. Et comme notre époque est à la confusion, à l’égarement, à la platitude, à la métaphore spiritualiste, à la démagogie politicarde, aux simulacres d’« engagement », à la peur d’annoncer la Vérité et d’employer les mots de la novlangue (« homosexualité », « hétérosexualité » et « homophobie » en tête), nous sommes gâtés. En France, on voit que Sens Commun, Les Veilleurs, Écologie Humaine et les mouvements pro-Life sont passés par là et ont fait des dégâts. Ce n’est pas demain la veille qu’on entendra parler d’homosexualité dans les prières universelles. Déjà qu’en homélie ça provoque souvent un tollé dont les prêtres intrépides qui se sont risqués à l’exercice se souviennent encore…
29 – Comme prêtre, je dois être ferme ou doux face à une personne homo ?
Cela dépend du profil psychologique et de l’état d’esprit de la personne homosexuelle que vous accueillez. Je vous conseille de faire ce que normalement vous savez déjà faire, et qu’appliquait super bien sainte Thérèse de Lisieux quand elle était maîtresse des novices dans son couvent du Carmel : être doux avec la personne qui a besoin d’être consolée, valorisée, et qui serait écrasée par trop de rigorisme ; être fort avec la personne qui est fragile, et qui a besoin de votre fermeté, votre autorité et d’une bonne menace. La Vérité annoncée sans Charité ni humour, c’est une catastrophe. La Charité annoncée sans Vérité, également. À vous d’être rusé et de jouer sur les deux tableaux !
Ceci étant dit, concernant l’homosexualité, les personnes homosexuelles pèchent aujourd’hui tellement plus par ignorance, paresse, sentimentalisme, censure sociale et excès de « Charité » de la part des autres à leur égard, que par connaissance de la Vérité et de leurs péchés, que ça vaut davantage le coup, à mon avis, d’oser la méthode « bulldozer »… quitte à finir ensuite avec la pommade. J’ai entendu des récits d’amis homosexuels qui ont changé radicalement de mode de vie, et sont passés de la drague/masturbation à haute dose à la pratique religieuse ascétique et fidèle, grâce à des prêtres qui leur ont dit cash en tête à tête au confessionnal : « Écoutez, j’apprécie votre confiance et vous êtes infiniment aimé par Dieu. Mais sachez que l’homosexualité en tant que pratique, ça ne me plaît pas du tout. Mais alors, pas du tout ! » Mes amis en question, d’abord étonnés d’être secoués comme des pruniers, avaient besoin d’entendre cela (la radicalité de la Croix), de connaître leur péché et de réaliser que leur comportement sentimental et sexuel déplaisait fortement à Dieu. S’ils étaient tombés sur un Papy Castor un peu mou, laxiste, relativiste, pas carré, jouant sur la compassion et le silence pour singer une Charité qui n’en est plus une, ils seraient certainement repartis dans leurs anciennes mauvaises habitudes. Ils auraient été gagnés inconsciemment par la mélancolie du jeune homme riche qui n’a pas rencontré le Christ et qui n’a pas été pris au sérieux. « La Vérité vous rendra libres » (Jn 8, 32). Et au sujet de l’homosexualité, à l’heure actuelle, c’est Elle qui fait le plus défaut. En tant que prêtre, vous ne devez pas douter que l’homosexualité est mauvaise (même sous forme de « couple », de « spiritualité », ou de tendance non-actée), que l’enjeu de Salut éternel se joue pour l’âme qui la pratique, et qu’il vous faut vous documenter sur la gravité de l’homosexualité si vous n’en êtes toujours pas convaincu (et beaucoup de vos confrères n’en sont pas convaincus !). Vous ne devez pas douter que ce sont l’enthousiasme, la véhémence et la vigueur qui évangélisent le mieux.
Le confessionnal est également le lieu des questions cash mais douces et délicates. Par exemple, un jeune prêtre que je connais et qui est à la fois zélé et doux comme un agneau, m’a raconté que, suite à la lecture de mes livres, il avait osé demander à un jeune homme homosexuel assez agressif à son encontre « Est-ce que vous avez été violenté ? ». Le gars a fondu en larmes et a craché le morceau. Vous ne prenez pas beaucoup de risque à interroger sur le viol une personne homosexuelle révoltée. Car je le confirme : sa réaction de haine est en général un aveu inconscient de violences. Et une question factuelle comme celle de ce prêtre ne vexe personne. Elle ne fait que sonder un terrain fort probable.
30 – Doit-on traiter la question de l’homosexualité de manière pratique comme pour les cas de ceux qui en dehors des catéchumènes, n’ont pas accès à la communion ? Divorcés remariés, concubins, etc.
Oui. Tout à fait. Comme je le développe dans la question n°157, les deux « états de vie » – du divorce et de l’homosexualité -, pourtant très différents pris séparément, se rejoignent dans la modalité de leur résolution sainte, à savoir le choix libre du célibat continent. L’homosexualité actée, plus encore que pour elle-même, est un péché d’adultère, comme le remariage après le divorce ou comme toute forme de sexualité adulte hors mariage traditionnel fidèle et hors célibat consacré fidèle.
31 – Faut-il une pastorale spécifique pour les personnes homosexuelles ? Ne va-t-elle pas les stigmatiser davantage ? Est-ce que je la mets en place dans ma paroisse ? Fais-je une annonce ? Qui je contacte ?
La pastorale spécifique est une question pas évidente du tout, car elle va plus en profondeur que la simple présomption de justification ecclésiale de l’identité ou de la pratique homo. On a compris (mis à part Frigide Barjot, Têtu, certains membres de David et Jonathan et de Devenir Un En Christ, peut-être même certains évêques ou cardinaux supposés « progressistes ») que le Vatican ne justifierait jamais l’« identité homosexuelle », ni la pratique homo, ni l’existence d’un « amour » homosexuel, ni une Union civile, ni les bénédictions des unions homosexuelles. On a compris que l’Église accueillait les personnes homosexuelles et appelaient à ne pas les juger, mais au contraire à les valoriser. Les craintes de bons nombres d’entre nous ne se concentrent plus du tout là, mais ailleurs : sur la possibilité de faire du désir homosexuel un critère de Mission et de pastorale spécifique ; et je dirais même plus : sur la possibilité que la blessure homosexuelle soit reconnue ecclésialement en tant que lieu d’où puisse émerger la Sainteté de Dieu. Trop la folie !!! C’est ÇA, le véritable sujet de nos questionnements intérieurs. Quelle juste place laisser à l’homosexualité dans l’Église ?
Derrière le projet de création d’une pastorale spécifique destinées aux personnes attirées sexuellement par les personnes de même sexe se trouve une question pratico-pratique profonde : le désir homosexuel peut-il être considéré comme un critère de classification des êtres humains (y compris s’il est vécu dans la continence, c’est-à-dire dans l’absence de pratique homosexuelle et le refus d’identification de soi à une identité homosexuelle ou à la reconnaissance d’un désir érotique réel et souvent durable en soi !) ; et si oui, mérite-t-il un encadrement spécial (que ce soit une pastorale d’accueil spécialisée, voire même, pour ceux qui voient les choses en grand, la création, pour les personnes homosexuelles continentes, d’un ordre religieux ou d’une consécration spécifique, du même type que la confrérie qu’avait fondée le père Lataste à destination des anciennes femmes prostituées et détenues) ?
OUI catégorique, répondent les excités d’une diversité et d’une unité ecclésiale façon Gay Church, les sentimentaleux soucieux d’une intégration express forcée des personnes homosexuelles dans l’Église. Ça part d’un bon sentiment, mais ils oublient que la véritable Charité n’existe pas sans l’exigence de la Vérité sur le désir homosexuel et les actes homosexuels.
NON catégorique, répondent ceux qui, à mon avis, mélangent orientation sexuelle et identité, ou désir érotique et pratique de ce désir. « On ne peut pas réduire l’être humain à sa seule sexualité. » avancent-ils, sous couvert d’arguments universalistes. C’est faux. S’il est vrai que l’être humain ne se réduit pas à la génitalité, il se réduit, dans un temps humain terrestre, à sa sexualité (« sexualité » étant entendue comme « différence des sexes », « sexuation », et « rapport au monde et aux autres en tant qu’être sexué »). Les ennemis d’une pastorale à destination des personnes homosexuelles sont les mêmes qui diront que la reconnaissance de l’existence du désir homosexuel donne à ce dernier trop d’importance, le justifierait presque, « stigmatiserait » les personnes qui le ressentent, les « ghettoïserait » en communautarisme (« l’homophobie positive », à l’instar du « racisme positif » et des « discriminations positives »), « s’essentialiserait » sous forme d’espèce (alors qu’ils prétendront par ailleurs lutter contre cette essentialisation et attribueront la personnification du désir homosexuel aux individus qui soit reconnaissent l’existence du désir homo, soit le figent en identité ou en acte/amour, soit bâtissent un « lobby LGBT »). Rien de tout ça, concrètement, dans la création d’une pastorale spécifique ou d’une consécration spécifique.
La question de la « pastorale orientée » mérite un vrai débat, car même dans la sphère associative catholique prônant la continence (je veux parler bien sûr de Courage International, le seul apostolat en direction des personnes à attirance pour le même sexe officiellement soutenu par l’Église catholique), nous ne sommes pas d’accord entre les leaders. La plupart parlent uniquement de l’horizon de la « chasteté », terme beau mais un peu fourre-tout qui dispenserait de parler de « continence », la continence étant considérée comme un Éverest délicat/impossible à proposer publiquement (elle fait peur et ne serait pas très vendeuse), comme un choix accessible seulement à une infime minorité des personnes homosexuelles catholiques désirant être chastes. Je crois que ce n’est pas vrai : la continence est bien plus accessible et bien moins coûteuse que ce qu’on se représente ; elle est également un mot qui aide à vivre la véritable chasteté car elle donne à celle-ci une incarnation et une forme claires ; elle évite les amours platoniques et la douleur des amitiés amoureuses… réalités que le mot « chasteté » mal explicité entretient.
À mon sens, pour répondre à l’enjeu d’une pastorale ecclésiale spécifique pour les personnes homosexuelles ou les personnes concernées de près ou de loin par l’homosexualité, nous sommes mis en difficulté par deux zones de flou qui restent à éclaircir :
– La première, c’est l’amalgame (encore très persistant, voire naissant, au sein de l’Église) entre chasteté et continence. Or, pour les personnes durablement et terrestrement homosexuelles, il n’est pas proposé n’importe quelle forme de « chasteté » (car la véritable chasteté peut être vécue aussi au sein d’un couple femme-homme aimant n’ayant pas renoncé à vivre la génitalité, au sein d’une amitié femme-homme unique qui glissera vers l’amour, au sein d’une famille) ; il est justement proposé une chasteté bien spécifique, gémellaire de celle qui est demandée aux célibataires consacrés religieux, à savoir l’amitié désintéressée, l’absence totale d’activité génitale et sentimentale, et la continence (une abstinence donnée à Jésus et aux autres, avec la reconnaissance de l’existence du désir homosexuel). Rien ne sert de nous mentir et de se planquer derrière le concept religieusement correct de « chasteté » ou de « charité ». Qu’on le veuille ou non, la chasteté pour les personnes durablement homosexuelles a une forme spécifique (un peu contraignante, il est vrai, car elle est plus réduite et moins variée que pour les personnes attirées sexuellement par le sexe complémentaire) ; et cette forme s’appelle continence.
– La seconde zone de flou, c’est de se satisfaire de la continence et d’en faire une vocation d’Église. Or, la continence (tout comme le célibat sans projet de don entier de sa personne à la personne aimée), n’est pas une vocation au même titre que le mariage d’amour entre une femme et un homme ou le célibat consacré religieux et/ou sacerdotal. Elle n’est pas une « troisième voie sacrée » à mettre sur le même plan que les deux autres. Elle n’est pas non plus une voie de garage. Mais si elle veut vraiment demeurer évangélique, elle doit être comprise comme un stade transitoire, un sas vers une des deux vocations officielles de l’Église – le mariage ou le célibat consacré – qui ne se supplantera pas à celles-ci (grande prudence est demandée aux personnes durablement homosexuelles qui font le pas de la « continence vers le mariage femme-homme aimant » ; encore plus grande prudence et discernement sont demandés aux personnes durablement homosexuelles qui font le pas de la « continence vers le célibat consacré et vers le sacerdoce »), un chemin qui ne s’en éloignera pas non plus, et qui même tendra formellement et spirituellement plutôt vers les exigences du célibat consacré. Pour les personnes durablement homosexuelles dans un temps terrestre, je crois en la continence comme une étape (honorant le célibat consacré et le mariage femme-homme aimant) qui mérite une consécration qui ne soit pas considérée de la même hauteur que le célibat consacré sacerdotal ou que le mariage femme-homme aimant, mais qui, à cause de la force relative du désir homosexuel, puisse exister sans encourir le risque de faire de la continence un refuge justificateur du désir homosexuel. Même moi, en tant que personne continente, je ne suis pas habilité à m’installer dans le désir homosexuel sous couvert d’abstinence pour Jésus. Je ne sais pas comment mon désir sexuel évoluera, donc je n’ai pas à décider comment Jésus et les autres me guérissent/me guériront de cette blessure désirante qui habite en moi, je n’ai pas à m’enfermer et à me reposer sur mon témoignage de « personne homosexuelle continente » en me tenant chaud à mon désir homosexuel enrobé de foi et d’abstinence. C’est une tentation qui existe, je le reconnais, de se servir de la continence pour, en toile de fond, de pas chercher à changer, ou pour justifier une peur de la différence des sexes, ou pour s’écarter du mariage ou du sacerdoce et leur faire de l’ombre. Mais en attendant, le désir homosexuel existe, me submerge toujours en ce qui concerne les femmes. Et le désir de me donner pleinement à l’Église avec tout ce que je suis et tout ce que je ressens est bien là également ! Ce n’est pas parce que je ne suis pas (encore) appelé au mariage ni au sacerdoce que je dois rester cloîtré chez moi, que je ne peux pas me donner entièrement à l’Église, et que l’Église ne pourrait rien faire de moi et n’aurait rien à me proposer de grand !
Nous nous devons de répondre aux deux questions de la pastorale spécifique et de la consécration spécifique à l’égard des personnes homosexuelles dans l’Église, non pas dans une logique moraliste alarmiste (genre « Il faut qu’on se positionne absolument ! Pour savoir quoi répondre, pour ne pas avoir l’air de cons, pour stopper les erreurs d’interprétations, les excès et les divisions qui peuvent naître dans l’Église à cause du sujet épineux et explosif de l’homosexualité ! Pour avoir un discours clair et exigeant, charitable mais Vrai ! »), mais dans une logique beaucoup plus positive, un élan d’Espérance, d’enthousiasme car à la clé, ne perdons pas de vue qu’il y a des personnes ressentant un désir homosexuel qui sont extraordinaires et qui constituent indéniablement une richesse pour l’Église, il y a le Salut de ces personnes qui est en jeu, et puis surtout il y a un enjeu collectif de Sainteté. Une homosexualité vécue dans l’obéissance à l’Église fait de grands saints (c’est un prêtre catholique, je pense homosexuel continent, qui me l’a dit un jour). Pourquoi devons-nous, en tant que catholiques, souligner l’importance de l’homosexualité dans l’Église, sans jamais justifier le désir homo, une pseudo « identité homosexuelle » ni un « amour homosexuel » ? Parce que, dans certains cas, une fois transformé par le Seigneur, le désir homosexuel devient la pierre d’angle jadis rejetée par les bâtisseurs. Parce qu’il est un lieu d’où peut jaillir une force de Vie énorme, originale, drôle, incroyablement efficace. Un peu comme un vaccin qui contient paradoxalement une dose de poison. Comme je l’écrivais il y a peu, non seulement l’homosexualité n’est pas un petit sujet, mais elle est la planque mondiale actuelle du diable. Ça, c’est la face noire du problème. Mais la face éclatante beaucoup plus positive, c’est qu’une fois cette planque dévoilée et expliquée, une fois l’homosexualité vécue dans la continence et donnée à l’Église et aux autres, le désir homosexuel peut devenir l’un des plus puissants moteurs de sainteté par lequel l’Esprit Saint (= l’Essence de Dieu) circule et se diffuse dans le monde entier. Dit autrement, la blessure homosexuelle, en sa qualité de faille, peut, si elle est traversée par l’Esprit Saint, si elle est donnée entièrement à Dieu et à son Église, faire passer énormément de la Lumière du Christ, dans un monde crispé et particulièrement envoûté/travaillé par le mot « homosexualité » et par la pratique sensuelle et génitale BISEXUELLE.
Personnellement, je suis pour le fait que l’existence du désir homosexuel (que je ne justifie pas sous forme d’identité, ni d’amour, ni de pratique, ni même d’identité religieuse continente) soit un critère spécifique de classification des personnes (tout comme pour les divorcés remariés), et donc je suis en faveur de la création d’une pastorale spécifique à l’égard des personnes homosexuelles. Nous ne pouvons pas, du fait que nous ne sommes pas (et à raison) d’accord avec l’existence du désir homosexuel, soutenir pour autant que ce dernier n’existe pas, ni nous valoir du fait que, parce que les personnes homosexuelles sont avant tout homme ou femme ET Enfants de Dieu, elles n’ont pas besoin d’un accompagnement spécifique, ni ne vivent un chemin singulier avec ce brancard désirant. Ce serait faux, et mal connaître le désir homosexuel qui, sans être fondamental, n’en est pas moins parfois profond et durable. Le désir homosexuel est une réalité désirante qui peut conditionner fortement l’identité et les actes des personnes qui le ressentent, quand bien même il ne se substitue pas à l’identité fondamentale des personnes. Il ne peut pas toujours être balayé comme ça… même si, parfois, il est effectivement « balayé comme ça » par l’Esprit Saint, par des libérations spectaculaires, par la rencontre de la personne de l’autre sexe qui saura libérer petit à petit la personne homosexuelle de sa peur de la différence des sexes. Je crois, pour avoir étudié sérieusement l’enracinement du désir homosexuel dans beaucoup de vies humaines, pour avoir croisé aussi un certain nombre de personnes homosexuelles ayant vécu des « sessions agapê » libérantes mais pas totalement transformantes par rapport aux tendances homosexuelles, que le désir homosexuel est souvent (là encore, je dis « souvent » car cela dépend des situations et des degrés d’ancrage du désir homosexuel : le spectre des homosexualités est très vaste !) un dur à cuire. De plus, les personnes catholiques, continentes ou en chemin de continence, existent. C’est une réalité humaine d’Église, certes minoritaire en apparence (je ne demande absolument pas à la grossir, ni à ce qu’elle devienne un obsession ecclésiale, loin s’en faut), mais symboliquement très importante. Il y a derrière ces personnes à attirances pour le même sexe un fort enjeu de sainteté qui nous englobe tous. Et il y a derrière l’homosexualité un fort enjeu de conversion des cœurs d’un grand nombre de personnes non-homosexuelles, qui se présentent de plus en plus comme « hétéros gays friendly », qui se coupent de l’Église et de Jésus uniquement à cause de la question homosexuelle et de leur mauvaise compréhension du sujet. L’Église joue donc très très gros avec l’homosexualité. Plutôt que de fuir le sujet (et les sujets vivants homosexuels !) dans la tiédeur et dans la peur, en s’auto-persuadant que ce n’est pas si important, je crois que l’Église doit (et Elle est en bonne voie) prendre concrètement les rênes et proposer une pastorale spécifique pour les personnes homosexuelles. Si Elle ne le fait pas, le sujet Lui reviendra constamment dans la figure, Elle passera à côté de nombreuses personnes de qualité et à côté d’un puissant outil d’Évangélisation, d’un super canal de Sainteté = l’homosexualité traversée et transcendée d’Esprit Saint. Et Dieu déteste le gâchis. Lui, il sait faire feu de tout bois humain.
Même si, à l’évidence, le critère premier d’une vocation religieuse ou d’un accueil d’une personne humaine, c’est la vocation à suivre et à servir le Christ, il n’empêche absolument pas que se greffe à ce critère premier le contexte spécifique où Jésus appelle tout un chacun. Et il est de notre devoir, au nom de l’Incarnation du Christ dans notre Humanité sexuée et imparfaite, de tenir compte des lieux, des événements, des conditions/conditionnements terrestres, des réalités désirantes, dans lesquels Jésus s’inscrit. Et de répondre aux besoins qu’exigent ces situations. Par une pastorale ou carrément la création d’une consécration spécifique (oblature, diaconat), consécration qui ne se supplante pas à la vocation sacerdotale, qui ne la parodie pas non plus. Et pour éviter cette parodie, la création d’une fraternité religieuse serait idéale. Mais avançons déjà par petits pas en accueillant positivement la nouvelle de la création (qui en fait a déjà été suggérée sous Benoît XVI) d’une pastorale spécifique à l’égard des personnes homosexuelles. Jusqu’à preuve du contraire, nous, personnes à attraction pour le même sexe, n’avons pas la gale. Et quand bien même nous l’aurions, l’Église, Elle, viendrait quand même vers nous. Ne la freinez pas.
Enfin, pour conclure et répondre à votre question pratico-pratique de curé de paroisse, et en attente de cette oblature, je vous reconduis vers l’association Courage International, qui vous aidera à ne pas créer un groupe de parole sur l’homosexualité qui « parte en sucette ».
32 – Des militants LGBT (Lesbien, Gay, Bi, Trans) attaquent ma paroisse pour homophobie. Que faire ?
Ça a l’air d’un gag ou d’un détail, mais je comprends comme c’est emmerdant. Je connais des hommes politiques honnêtes qui, à cause de leur opposition au « mariage pour tous », ont à l’heure qu’il est un procès sur le dos pour homophobie, et mine de rien, comme celle-ci est considérée pénalement en France comme un délit, elle enclenche contre eux une procédure et des poursuites judiciaires extrêmement lourdes qui ne les font absolument pas marrer (menace sur leur carrière politique, pressions financières et psychologiques insoupçonnables, isolement social, surveillance et harcèlement…). Ils sont les premiers étonnés de la chape de plomb qui s’abat sur eux sur la base d’une anodine « présomption d’homophobie » qui a enflé en procès, et qui a corrompu en seulement quelques années tout notre système judiciaire national. D’ailleurs, ce n’est pas un hasard qu’en France le « mariage gay » ait été porté par la Garde des Sceaux en personne : Madame Christiane Taubira !
L’accusation d’homophobie pend également au nez des prêtres qui refuseront de se plier aux bénédictions et aux mariages religieux homosexuels, ou de délivrer certains sacrements. Ou bien parce qu’ils se sont opposés au « mariage gay » quand il n’était encore que le projet législatif d’un « mariage civil bis ». Ou tout simplement parce qu’ils sont prêtres et représentent une Institution religieuse honnie au nom du mal qu’Elle profère (à raison !) contre les actes homosexuels. Par conséquent, il est tout à fait probable, dans les mois ou années qui viennent, que l’homophobie serve d’alibi pour un procès attenté contre un prêtre ou une paroisse. Dans ce cas, je vous conseille de vous documenter sérieusement sur l’homophobie (sa définition, ses mécanismes, les détournements de son sens, et ses emplois courants : j’en parle dans mon code « Homosexuel homophobe » de mon Dictionnaire des Codes homosexuels ainsi que dans mon livre L’homophobie en Vérité).
Et surtout, n’ayez pas peur de l’homophobie. Elle est impressionnante mais très inconsistante quand les faits que le mot recouvre ne sont pas identifiés. Étant concrètement le coming out et la pratique homosexuelle, elle ne souffrira jamais d’être démasquée jusqu’au bout, sinon, elle incriminerait ceux-là mêmes qui vous accusent ! Étant également basée sur la croyance infondée en « l’identité homosexuelle » ou en « l’amour homosexuel » donc sur un fantasme et une intention, elle ne peut pas à elle seule constituer un motif de condamnation d’une communauté paroissiale ou d’un clerc. Elle ne devient dangereuse que si elle accompagne un fait grave (viol, coups et blessures, insultes, harcèlement, etc.). Autrement, elle n’est qu’une loupe grossissante inoffensive, qu’une circonstance aggravante mais non-constituante.
Pour ce qui est maintenant des rendez-vous que des groupes homosexuels pourraient prendre avec vous, sans tomber dans la paranoïa complotiste (mais le climat mondial est quand même ce qu’il est), vous auriez raison de vous méfier. Ils sont en général en lien avec une réclamation, une pétition, une commission d’enquête, qui annoncent une procédure cachée d’accusation pour homophobie. Les rencontres informelles, la simple consultation d’un prêtre, l’intérêt gratuit pour la parole sacerdotale, ce n’est pas vraiment le genre de la maison LGBT… S’il n’y a pas de caméras ou de curé à piéger et à instrumentaliser, les associations homosexuelles n’ont pas coutume de faire le déplacement jusqu’aux presbytères. Elles ont trop peur de s’entendre dire des vérités dont elles ne sauraient pas quoi répondre. La plupart d’entre elles agissent en meute, lâchement, à visage caché ou collectif, par courrier recommandé ou par menace de procès à distance, et dans le but de ne surtout pas s’entendre dire l’Amour de Dieu pour chacun des membres de leur délégation.
Si jamais, par miracle, ça vous arrivait, surtout, juste une chose : ne leur proposez pas de bière (cf. code 39 « Le blogueur catho (… et sa bière !) » dans mon livre Les Bobos en Vérité). C’est l’essentiel que je vous conseillerais.
À la rigueur, invitez-les à la messe ou à une vraie discussion. Et si les conditions pour un échange serein ne sont pas un minimum réunies et définies préalablement, s’il n’y a de toute évidence aucune volonté de dialogue ni d’écoute de la part des militants pro-gays, voire même un piège pénal pervers, déclinez l’offre jusqu’à temps que les règles du respect et de la Vérité soient là. En plus, rien ne vaut, pour la qualité d’une entrevue en Vérité sur un sujet aussi intime que l’homosexualité, la rencontre interpersonnelle ou en petit comité, de toute façon. En revanche, si jamais vous êtes un curé de compète (et il y en a !), droit dans ses bottes, hyper bien formé sur le sujet de l’homosexualité et de l’hétérosexualité, drôle sans être démago, avec du répondant, vous aurez une occasion en or d’évangéliser en peu de temps des cœurs très blessés donc assurément réceptifs. Les débats autour de l’homosexualité, ça passe ou ça casse. Mais la plupart du temps, avec l’aide de Dieu, et l’assurance intérieure que « l’amour homosexuel » n’est pas de l’amour, ça passe très bien !
Enfin, si la rencontre avec la communauté homosexuelle arrive dans une situation beaucoup plus forcée et dangereuse pour votre vie que prévu (je pense déjà aux persécutions, à l’incendie et la dégradation de vos locaux/églises, à votre arrestation-jugement-exécution), là, je ne vous apprendrai rien. Ce sera pour vous l’heure de la Joie des Fiançailles. Si j’avais un dernier tuyau à vous fournir : ne perdez pas de vue que les mots « homosexualité » et « catholique » (surtout associés) sont la clef des cœurs, et souvent l’occasion de surprenantes conversions. Avec eux, langue-de-bois impossible !
33 – Un couple homosexuel veut faire baptiser son enfant. Est-ce que j’accepte ?
Je pense que oui. Dans l’idée, cela va de soi qu’on ne peut pas priver un enfant – surtout un bébé – de l’identité d’Enfant de Dieu, de l’Amour du Père et de l’Église catholique, ni lui faire porter le poids d’une situation « conjugale » et « familiale » qu’il n’a absolument pas choisie. Là où ça devient coton, c’est plutôt sur les modalités concrètes de la distribution/administration du sacrement du baptême. En même temps, celles-ci, loin d’être problématiques, vont tester les véritables motivations du « couple » homo vis-à-vis de « leur » enfant, du sacrement, et de l’Église.
Le fait que l’enfant soit présenté par un « couple » homosexuel va (et doit !) nécessairement souffrir des modifications de forme (qui touchent fatalement au fond peccamineux de la pratique homosexuelle !). Par exemple, je crois qu’il est opportun de proposer une cérémonie discrète et retirée, et de ne pas présenter – comme cela est d’usage dans beaucoup d’assemblées paroissiales – l’événement publiquement à la communauté paroissiale, afin ne pas donner à penser que l’Église cautionne le « couple » homosexuel ou l’« homoparentalité ». Il est également bon de s’enquérir des contradictions et des modifications qu’impose de fait la condition « conjugale » homosexuelle. En effet, je connais peu de « couples » homosexuels, avec ou sans enfant, qui obéissent vraiment à l’Église, qui sont réellement désireux de s’investir dans la vie de leur église, puis de s’engager – si enfant ils élèvent – à accompagner l’éducation de celui-ci dans la foi. Et c’est logique. Comment, en rejetant Dieu le Père (c’est particulièrement flagrant chez les « couples » de femmes) et en singeant la famille de sang réelle, les unions homosexuelles prétendent-elles concrètement intégrer « leur » enfant dans la grande Famille des chrétiens ? Il y a une vraie contradiction dans la démarche. Certains prêtres laxistes s’en acquitteront peut-être. Mais ça pose quand même un problème moral, symbolique et théologique profond.
Enfin, l’enjeu spirituel, démonologique, eschatologique, résurrectionnel est soulevé par la pratique homosexuelle mais également par tout baptême d’enfant… et déborde donc sur ceux qui se prétendent ses « parents » dans l’homosexualité. Par exemple, il m’a été raconté récemment qu’un jeune prêtre provincial – dont je suis personnellement admiratif du courage et de l’intégrité – a accepté de baptiser un enfant élevé par un « couple » de même sexe, mais en posant ses conditions : il avait choqué les « deux pères » en leur disant que, pendant la cérémonie privée, il ne leur ferait pas prononcer le rituel de renonciation au mal (« Pour vivre dans la liberté des Enfants de Dieu, rejetez-vous le péché ? Pour échapper au pouvoir du péché, rejetez-vous ce qui conduit au mal ? Pour suivre Jésus-Christ, rejetez-vous Satan qui est l’auteur du péché ? »). La pilule n’est toujours pas passée. Et tant mieux si ce prêtre n’a pas perdu la Vérité en étant charitable !
34 – On me demande de bénir une union homosexuelle. Est-ce que j’accepte ?
À votre place, je n’accepterais pas. Pour la simple et bonne raison que votre hiérarchie vous demande explicitement de ne pas le faire (vous avez été ordonnés prêtres pour obéir), mais également parce que la frontière entre acte homosexuel et personne homosexuelle est rendue totalement floue, confuse, et indiscernable par la réalité ambiguë des amitiés amoureuses et/ou des amours platoniques homosexuelles sans sexualité (c’est-à-dire sans différence des sexes). Vous avez le devoir moral – en plus de sacerdotal – de ne pas encourager ni d’officialiser la pratique et/ou les unions homosexuelles, pas même par une imposition des mains individuelle sur chacun des partenaires du « couple » homo, ni une cérémonie d’expression d’amitié paternelle, textes d’Évangile à l’appui. Et tant pis si ça froisse ou ça jette un froid dans votre relation avec certains fidèles réguliers de votre paroisse. La Vérité n’est pas populaire. Et si vous La suivez comme vous devez La suivre, il vous faut prendre avec vous le joug de Son impopularité.
Concernant maintenant les prêtres plus honnêtes parmi vous qui ne singez pas le mariage et qui vous refusez à jouer les pasteurs cools, rebelles, démagos, compréhensifs, et qui « sortiraient du lot par rapport au commun des prêtres rigides et dociles à la hiérarchie vaticane », je ne vous apprendrais rien en vous demandant de redoubler de vigilance par rapport aux tentatives de récupération de votre statut de prêtres pour justifier l’« amour » homosexuel. Car la pression d’homophobie qui pèsera sur ceux d’entre vous qui ne se plieront pas à la réclamation de bénédiction des « couples » homosexuels va crescendo en ce moment. Et ce qui au départ se présentait comme un gag (Coluche et Le Luron déguisés en mariés) ou comme une formalité administrative (un droit civil) ou une demande polie et plaintive, se durcit de plus en plus en sentence agressive (« Espèce de prêtres diaboliques qui vous opposez à l’Amour véritable que nous vivons !! De toute façon, un jour ou l’autre, de gré ou de force, vous nous marierez ! Votre sacrement religieux est la dernière chose qui nous manque pour être en totale égalité avec les hétéros ! Et ce mariage ne vous appartient pas plus à nous qu’à vous ! »).
Il va vous falloir faire attention à ne pas tomber dans les traquenards qu’on vous tend. J’ai deux exemples précis à vous citer pour montrer que les tartes à la crème au sujet des bénédictions des « couples » homosexuels vous pendent à la figure et vous piègent bien plus vite et plus efficacement que vous ne l’imaginez. Le premier cas est celui de l’invitation à une fête amicale qu’un jeune prêtre belge que j’ai rencontré « par hasard » en stop a reçue de la part d’un de ses paroissiens en « couple » homo. Il avait un peu flairé la récupération qui l’attendait, donc même s’il ne pouvait pas faire l’affront de refuser l’événement, il a eu la prudence de débarquer en civil face aux convives, rien que pour ne pas apparaître sur les photos de la fête en soutane, en habit religieux et en col romain, et ne pas donner à penser que l’Église cautionnait quoi que ce soit. Mais c’était moins une ! Et il n’a absolument pas béni le « couple » organisateur. Il a cependant joué exactement son rôle de pasteur accueillant.
Le second exemple de chantage aux sentiments orchestré contre l’Église à propos des potentielles bénédictions sacerdotales d’unions homosexuelles (dont certaines, je le sais, ont vraiment lieu, même si c’est en catimini), ce sont les effets d’annonce médiatiques qui peuvent se répandre comme une traînée de poudre sans que vous, prêtres, ne puissiez contrôler le mouvement. C’est ce qui est arrivé par exemple à Monseigneur Brouwet pendant le pèlerinage diocésain de Lourdes-Tarbes les 5-6 mars 2016. En effet, lui et ses ministres ont été assaillis par plusieurs équipes de télévision (I-Télé notamment) parce qu’un journaliste malintentionné avait fait courir le bruit que les 250 couples femme-homme se préparant au mariage comptaient dans leurs rangs des « couples homos » : « C’est un première à Lourdes. Tous les couples, mariés ou non, homosexuels ou hétérosexuels, divorcés remariés…, sont invités au sanctuaire de la cité mariale à célébrer, samedi et dimanche, la Saint-Valentin, la Fête des Amoureux. ‘Venez à Lourdes pour vous dire je t’aime’, annonce une brochure publicitaire distribuée par le Diocèse de Tarbes et Lourdes. L’invitation est ouverte à toutes les formes de couples. » Le relai de cette fausse info ne s’est pas fait attendre. Europe 1, La Dépêche du Midi, le journal 20 Minutes… tout le monde journalistique s’est émoustillé pour rien. Et le diable était trop content de son coup : il force une fois de plus les prêtres à expliquer pourquoi ils s’opposent au « couple homo » en tant qu’acte, et pourquoi ils refusent toute bénédiction de cet acte. Vous voyez : même quand vous n’êtes pas confrontés directement et concrètement au dilemme posé par cette situation particulière, l’opinion publique et les mass médias s’arrangent pour l’orchestrer à votre place, dans le noir dessein de conforter leur préjugé anticlérical comme quoi, quoi que vous disiez ou pensiez, l’Église catholique serait homophobe parce qu’Elle ne cède pas à tous les caprices exprimés par le lobby hétérosexuel.
35 – Si un de mes paroissiens est en couple homosexuel, est-ce que je l’encourage à vivre en frères avec son partenaire ? Est-ce que je l’encourage à couper avec son partenaire ?
Tout dépend comment vous l’encourager. Si vous le faites mal, sans amour, sans proposition positive derrière, sans empathie, sans avoir préalablement instauré une relation fraternelle qui prend connaissance de sa situation amoureuse et n’en méprise pas la sincérité ni les bienfaits, abstenez-vous de lui dire quoi que ce soit. Vous risqueriez en plus d’être mal compris et d’être traîné en procès de formalisme pharisien. L’objectif de la correction fraternelle auprès d’un ami homosexuel, c’est bien sa joie. Pas son Salut (ou plutôt l’idée qu’on S’en fait) ni de briser tous ses « couples » successifs. Son Salut ne lui sera donné que de Dieu. N’oublions pas !
Pour ce qui est de la proposition d’un moyen terme pour y aller par pallier dans l’échelle d’exigence – le fameux « compagnonnage » pseudo spirituel, pseudo amical, pseudo chaste, et qui n’est en réalité qu’un pastiche de « l’amitié désintéressée » promue par le Catéchisme de l’Église Catholique -, elle doit il me semble s’ajuster à la situation de chaque personne homosexuelle. Il est évident par exemple qu’en cas de maladie d’un des deux partenaires du « couple », ou en cas de possession commune (quasi indissoluble) de biens matériels (voire humains !), la séparation ne peut pas être brutale ni même parfois envisageable : la personne homosexuelle qui s’est trop engagée auprès de son compagnon de vie doit prendre jusqu’au bout ses responsabilités, surtout quand la cohabitation devient par la force des choses une question de vie ou de mort. Cela dit, ces cas limites sont extrêmement rares, vu qu’en général, la séparation d’un « couple » homo n’est vitale et désastreuse pour aucun des deux partenaires.
C’est la raison pour laquelle, personnellement, je préconise une rupture concertée plus sèche et radicale qu’un simulacre de transition entre une « vie amoureuse homosexuelle active » et une « cohabitation fraternelle platonique et spirituelle », souvent proposé par les prêtres tièdes soixante-huitards ou bobos. Comme dirait Zazie, « ça fait mal et ça fait rien ». Et la Vérité, dans toute sa radicalité et dans tous les petits deuils qu’Elle nous demande, ordonne et libère bien plus que les rafistolages et les lots de consolation. Surtout dans le cas de la pratique homosexuelle, où il vaut mieux couper court plutôt que couper moins mais mal. Même si ça peut prendre du temps pour cheminer dans leur tête et dans leur cœur, beaucoup de personnes homosexuelles catholiques en couple sont secrètement en attente d’entendre que « leur union cloche », que ce n’est pas pour autant grave de le reconnaître (c’est même une Bonne Nouvelle, au final, un constat presque risible à faire), qu’elles pourraient être largement plus épanouies en amour et en Église en suivant un autre chemin moins « plan-plan » que le « couple » homo qui bien souvent ne ressemble à rien.
36 – L’homosexualité est-elle une cause de nullité de mariage ?
Non. Elle n’est pas une cause de nullité à elle seule. Puisqu’elle n’est pas une essence, ni une identité, ni un amour ni nécessairement une pratique. Étant une énigme (de souffrance) et une peur, elle ne pourrait être considérée comme une cause que par ricochet, que parce qu’elle s’additionne à un trouble ou à un fait plus grave qu’elle. Ceux qui s’en servent comme excuse pour retirer l’alliance sont de mauvaise foi. L’homosexualité agit souvent comme une loupe grossissante de problèmes internes au couple marié homme-femme qui se sont accumulés avec le temps, comme une circonstance aggravante ou accélérante d’un processus de séparation déjà amorcé auparavant par d’autres blessures/carences. Elle vient toujours s’ajouter soit à un problème plus profond de communication et de liberté ou de pardon ou de satisfaction entre les sexes, soit plus dramatiquement à un problème d’adultère, de tromperie, de maltraitance, de pathologie, de conduite obsessionnelle/addictive.
Un mariage religieux catholique peut être jugé invalide en raison d’un vice de consentement (le consentement est l’acte de la volonté par lequel un homme et une femme se donnent et se reçoivent mutuellement par une alliance irrévocable). Il y a plusieurs motifs – appelés « chefs de nullité » – de déclaration d’invalidité de mariage qui ne sont pas spécifiques à l’homosexualité mais qui peuvent lui être liés (canon 1095) :
– Les exclusions formelles d’un des éléments essentiels du mariage (fidélité, indissolubilité, accueil des enfants) ;
– La simulation du mariage, c’est-à-dire sans avoir du tout l’intention de réaliser l’engagement qu’il représente ;
– L’absence de liberté provoquée par des pressions graves (physiques comme morales) ;
– Une tromperie, concernant des questions importantes, afin d’extorquer le consentement du futur conjoint (par exemple on a caché un élément important de sa personnalité) ;
– Une incapacité de donner un consentement reposant sur un choix lucide et libre (par exemple une grave immaturité) ;
– Une pathologie affectant le psychisme et qui empêche de mettre en place ou d’assumer une vie conjugale (par exemple un complexe d’œdipe prégnant, ou une maladie psychique) ;
– Une incapacité foncière d’assumer les obligations essentielles du mariage (par exemple un problème d’identité sexuelle).
Ce qui va être (je suppose) examiné avec attention dans le cas d’une demande de nullité de mariage où l’homosexualité d’un des deux conjoints est authentifiée (comme actée ou simplement désirante et trop prégnante), c’est : la profondeur de l’enracinement psychique de la tendance homosexuelle en la personne qui la ressent ; le pouvoir de contrôle sur cette tendance (mesurable sur la durée et face à certaines tentations) ; la capacité à être excité sexuellement (en gros, s’il y a une érection ou non) ; la pleine connaissance et transparence de l’existence de la tendance homosexuelle dans le couple (en gros, pour qu’il y ait nullité de mariage, il faut que le mari n’ait pas prévenu son épouse de son homosexualité au préalable de leur mariage).
Tout ceci n’ôte pas le flou persistant qui entoure tout de même l’existence et le sens du désir homosexuel. Ça n’ôte pas non plus la grandeur insondable de l’action de la Grâce, de la différence des sexes vraiment accueillie, et du Sacrement divin du mariage, sur ce désir. Chaque couple est unique et a son cheminement. De surcroît, l’Esprit Saint et Jésus sont libres, guérissent ou laissent temporairement le mal comme ils l’entendent. Et l’énigme d’enracinement d’une peur ou d’un mal est parfois durablement insoluble dans un temps humain. Dans certains cas, l’homosexualité, larvée, sommeillera sans remettre en cause le mariage catholique et le menacer sérieusement. Elle bénéficiera même d’une aide divine spectaculaire. Dans d’autres cas, il arrive malheureusement que la tendance homosexuelle soit tellement profondément enracinée qu’elle agisse comme un terrain entravant fortement la solidité d’un couple marié, et réclamant la rupture pour le bien (ou le « moindre mal ») de tous. J’en souhaite donc aux juges ecclésiastiques de départager, dans le cas de l’étude de nullité de mariage à approuver ou à rejeter en relation avec l’homosexualité, pour diagnostiquer si l’homosexualité est un élément annexe ou dominant dans le couple marié qui y est confronté. Moi-même n’ayant pas la réponse, il n’y a que l’Esprit Saint qui peut les guider ! (cf. je vous renvoie à la question n°46 qui complète celle-ci).
Je tiens à rajouter que la systématisation/banalisation/démocratisation de la possibilité de déclaration de nullité de mariage dans les cas d’homosexualité contient un risque énorme : le revers de l’homophobie, une homophobie pour le coup matinée de gynocentrisme et de féminisme mal placés. La banalisation sociale de l’homosexualité peut se retourner l’air de rien en abus de pouvoir de la part des épouses quittées ou trompées par l’homosexualité. J’ai entendu de graves dérives allant dans ce sens. Certaines mères de famille exploitent l’homosexualité de leur mari pour lui retirer leurs enfants ou demander le divorce à la hâte ou le pathologiser : elles le dépeignent comme « un bipolaire », « un pervers narcissique », « un manipulateur » qui a sciemment trompé son monde. C’est moche et souvent injuste, ces exagérations.
CHAPITRE III – VIE PAROISSIALE ET SOCIÉTALE PAR RAPPORT À L’HOMOSEXUALITÉ (CAS DE CONSCIENCE DE CATHOLIQUES) :
37 – Comment réagir face aux couples homos présents discrètement dans l’assemblée ?
Il n’y a pas à réagir ni à dire quoi que ce soit, mais il y a à prier pour eux. Et si on le peut, avant (de préférence) ou après la messe, à écouter les personnes et à les aider à ce que l’aveu de leur faute vienne d’elles et pas de nous. Jésus, avec la Samaritaine, observe cette délicatesse. Comme me le disait récemment une femme qui a été poussée à divorcer parce que son mari l’a trompée puis quittée, et comme me le démontrent les personnes homosexuelles en « couple » stable et catholiques pratiquantes, toutes les personnes vivant le concubinage ou l’adultère ou des situations peccamineuses hors mariage et hors célibat consacré, ont vraiment le sentiment de vivre une triple peine quand elles s’efforcent de rester dans l’Église et qu’elles participent à la messe : la triple peine de souffrir de leur situation irrégulière (un divorce, la pratique homosexuelle, un avortement, le poids de leurs péchés et de la persévérance dans ces derniers), alourdie par le regard intransigeant des autres et la mise à l’écart du Sacrement de Réconciliation, du Baptême et de l’Eucharistie. Le plus dur, me disent-elles, ce n’est pas tant de se voir privées de l’Eucharistie (car il existe différentes unions avec Jésus possibles en dehors d’Elle) mais c’est de ne pas pouvoir aller se confesser. En effet, les personnes divorcées remariées ou bien les personnes homosexuelles en « couple », ne sont pas autorisées à recevoir le Sacrement de Réconciliation. La note paraît salée ! (En réalité, elle ne l’est pas, car ce sont elles qui, en persistant à mal agir, se coupent de Jésus : Lui, Il ne les a jamais abandonnées. C’est leur pratique qui leur ferme des portes ; pas l’Église !). Elles ont l’impression de se voir traitées pire que des criminels ou des pestiférés, que leur communauté religieuse et paroissiale est plus conciliante avec un SDF ou un criminel qu’avec ses frères à l’interne qui ne sont pas dans les clous. Il faut donc ménager la susceptibilité du pécheur et mettre en place toute une stratégie pour qu’il découvre sa liberté et la Vérité sans se vexer, et qu’il ne s’enfonce pas dans le mépris de l’Église ni dans l’auto-dépréciation.
À mon avis, si vous êtes confrontés à une personne en situation irrégulière, si vous identifiez par exemple des divorcés remariés ou des femmes ayant avorté ou des personnes homosexuelles en « couple », qui assistent à la messe ou qui s’engagent dans la file de communion, même si c’est malheureux, je vous conseille de prendre sur vous et de prier pour elle plutôt que d’intervenir. Arrangez-vous pour leur révéler leur péché bien avant qu’elles ne l’aggravent par le péché de sacrilège. Et si elles le commettent ou sont sur le point de le commettre, bien après le mal posé. Règle de base de la correction fraternelle : ne pas leur infliger une humiliation publique. Rien de pire que la surveillance ou l’interdiction de l’instant, que la mouchardise, que la délation, qu’une correction qui s’opère sur le vif du péché. Le contrôle doit être personnel et venir de la personne pécheresse elle-même. C’est elle qui doit avoir la main, décider si elle communie ou pas, si elle doit venir à la messe (avec son compagnon) ou pas, si elle doit rester en couple (homo ou adultérin) ou pas. Sa liberté est sacrée. Et la prise de conscience de son péché doit se faire dans la délicatesse, l’échange en Vérité, l’humour, l’écoute. Si la personne est trop proche de son péché, elle se sentira confondue avec lui, jugée, et risque de se couper définitivement de l’Église. Si on éjecte publiquement toute personne en état de péché mortel, il y a de fortes chances pour que, par orgueil, celle-ci s’enferme encore plus durablement/définitivement dans son péché. Et ce serait évidemment jouer le jeu du démon.
Un refus ou une interdiction exprimé(e) sur le fait accompli ou sur le point d’être accompli risque d’être assimilé à un rejet de personne, dont le pécheur n’a nul besoin. À part si vous êtes prêtre et qu’au moment de distribuer la Communion, vous avez le tact et l’autorité que votre sacerdoce accrédite (le Corps du Christ le vaut bien !), laissez la personne aller communier. Ne dites rien. Adressez-vous à son ange gardien. Jésus, en sachant que Judas allait le livrer, l’a quand même permis de communier à la Sainte Cène. Par les temps qui courent, durant lesquels le mal s’intensifie, se généralise et se diversifie (je pense notamment aux parents vivant en concubinage, aux parents mariés cathos qui sont notoirement passés par la PMA, aux parents monoparentaux dont les enfants sont nés hors mariage, aux parents remariés, aux personnes homosexuelles en « couple », etc.), je crois que seuls les prêtres, ou bien des personnes qui sont passées par les pratiques illégitimes incriminées et qui en sont durablement sorties, ont la légitimité d’intervenir sur le péché en actes, et possèdent sur le moment l’autorité nécessaire pour parler à la personne pécheresse sans qu’elle ne se braque. Les autres, fermons-la, sans pour autant renoncer à exprimer la Vérité à une occasion plus opportune. « Que celui qui n’a jamais péché jette la première pierre. » (Jn 8, 7) Jésus a choisi l’heure de midi (la plus anonyme) pour parler à la Samaritaine (une étrangère, son ennemie) entre quatre yeux.
38 – Croyez-vous que les paroisses doivent admettre des personnes homos pratiquant leur homosexualité pour des services comme le catéchisme (cheftaines scout), le conseil presbytéral, l’animation (organiste, servants de messe, lecteur, chorale), etc. ?
La question peut-être choquera ou fera rire. Mais quand on commence à la creuser, on se rend compte qu’elle mérite toute notre attention. Et les prêtres sont de plus en plus confrontés à ce genre de « détails à la con » qui peuvent enfler très vite en affaire d’État paroissiale. Concernant la seule présence ou participation des personnes de tendance homosexuelle aux activités ou aux offices de la paroisse, il est évident que ça ne pose pas problème, et même que ça nous fait plaisir et qu’elle peut apporter beaucoup. Nous avons une disponibilité et des compétences à offrir. Et Dieu accueille tout le monde dans sa maison. Il déteste le gâchis. En revanche, il faut rajouter une nuance importante à ce que je viens de dire. Les taches ecclésiales laissées aux laïcs ne sont pas toutes équivalentes, aussi bien du point de vue des compétences, que de la rémunération et de la charge symbolique et sacramentelle. Je laisse à chaque curé de paroisse l’établissement de cette hiérarchie au cas par cas. Mais lire une lecture ou jouer de l’orgue, ce n’est pas le même degré de service, d’implication, de permanence et d’exemplarité pour la paroisse. Ce n’est pas la même mission. Un jour, un prêtre de Strasbourg est venu me présenter son cas de conscience : un organiste qu’il savait en couple homo a postulé pour sa paroisse, et il ne savait comment gérer l’affaire. Il avait peur de se voir traîner en procès pour homophobie et pour avoir juger une personne pour des raisons extérieures à ses compétences indéniables de musicien. Il craignait aussi de ne pas être suivi par tous ses paroissiens. Je crois que ce qui change tout, c’est la continence. Personnellement, j’ai été catéchiste à Savigny-sur-Orge (91) et ça n’a posé aucun problème. Justement parce que la continence libère de tout prosélytisme, de toute souillure du modèle symbolique, identitaire et amoureux, qu’on dégage même inconsciemment. Pour revenir au cas de l’organiste strasbourgeois, j’ai proposé au curé de paroisse de sonder en tête à tête les motivations intérieures de son postulant : Pourquoi veut-il assurer cette tache dans l’église ? Est-ce dans une démarche de véritable obéissance aux commandements de Jésus, dans une démarche de service, d’humilité, de compréhension intime du Cœur de l’Église, de conscience d’une Mission évangélique par l’accompagnement musical ; ou bien est-ce pour l’argent, le prestige, le statut social et ecclésial, le décorum liturgique ? La pratique homosexuelle prouve déjà une désobéissance claire à l’Église. Et je crois que cet organiste ne voulait pas le poste pour remettre cette désobéissance en question. Donc personnellement, et après échange, je lui aurais dit non.
39 – Selon vous, quelle est la proportion de paroissiens pro-gays et pro-Union Civile dans l’Église et dans les églises ?
Aucune idée. Je devine qu’elle est massive. Je sais juste que je suis la seule personne homosexuelle catholique continente de France qui a publiquement montré son opposition à l’Union Civile (Jean-Pier Delaume-Myard l’a fait sur le tard, suite aux manifs italiennes, mais pour s’offrir une place médiatique : pas du tout pour remettre en question « l’amour » ni la pratique homosexuels) et que j’ai été écarté massivement par les paroisses pour cette raison. Quasiment tous les catholiques et prêtres français que j’ai croisés se sont habitués à l’Union Civile (depuis le PaCS en 1998) et n’ont pas compris sa gravité. Ils l’ont envisagée comme une loi qui pourrait temporiser/éviter le « mariage gay » et qui serait très différente de celui-ci (alors que ces deux lois recouvrent exactement la même réalité symbolique et intentionnelle qui donne naissance à la GPA). Une extrême minorité de catholiques français a perçu la violence du « coming out », de l’Union Civile, et finalement de toute loi basée sur l’orientation sexuelle des personnes ainsi que de la substitution de la différence des sexes par l’hétérosexualité.
Les rares prêtres catholiques d’accord avec moi flippent au dernier moment de me faire venir dans leur paroisse. Au départ, ils sont pleins d’entrain. Puis ils se rétractent. Non par peur de ce que je vais dire mais par peur des dommages collatéraux avant et après ma conférence. Ils s’attiédissent par prudence et « pédagogie ». Plusieurs curés de paroisse que je connais et qui, après avoir été très impliqués dans leur paroisse hyper catholique où ils pouvaient afficher sans problème leur engagement contre le « mariage pour tous », ont été transférés dans une nouvelle paroisse où, à la réunion de rentrée, il y avait parfois plusieurs « couples » homos qui les attendaient. Sans avoir honte de leurs convictions, ils ont décidé de la jouer stratégique, de la mettre en veilleuse, et ont préféré dans un premier temps reporter (voire plutôt carrément annuler) ma venue. La grande majorité des prêtres catholiques français n’ont absolument pas pris la mesure du massacre humanitaire que constitue l’Union Civile.
Ce désastreux constat de terrain, qui montre combien les catholiques sont peu/mal attachés au mariage et à la différence des sexes (je ne parle pas intellectuellement et intentionnellement, mais du point de vue du cœur et du concret) et en panique face à l’imminence des persécutions anti-catholiques, je peux le faire de manière encore plus prononcée dans les autres pays du monde. Par exemple, la plupart des catholiques hispanophones durcissent autant qu’ils ramollissent (façon bobo) leur position par rapport à l’Union Civile et ce qu’ils appellent le « lobby gay ». Ils sont encore plus hargneux que les Français, déjà pas mal hargneux dans le genre. Ça vous laisse deviner ! Ils rejettent en masse mon discours nuancé appelant à une considération de la réalité homosexuelle et à une remise en cause en profondeur de l’idéologie qu’ils dénoncent tout en la soutenant sans avoir réalisé comment elle s’appelle : l’hétérosexualité. Et dans les pays européens, l’ensemble des catholiques passent d’un extrême à l’autre à l’égard des personnes homosexuelles, c’est-à-dire du rejet/indifférence total(e) à « l’ouverture », pour rééquilibrer le tout, et se rattraper. Ça donne en ce moment en Allemagne les catastrophiques « Katholikentag » (le plus grand rassemblement catholique du pays), avec un programme « arc-en-ciel » composé d’ateliers divers et variés tels que « le mariage pour tous », « Comment vivent les familles arc en ciel » ou encore « Queer Theology ». Ça va très mal. C’est comme si les États Généraux du Christianisme en France se consacraient entièrement à l’homosexualité, mais dans l’optique d’associations comme David et Jonathan, Devenir Un En Christ ou La Communion Béthanie. Je ne vous explique pas le tollé. Et pourtant, on n’en est pas si loin en France, puisque j’ai été viré deux fois de cet événement catholique national.
40 – Le curé de la paroisse est parti avec un homme. La paroisse le soutient. Nous, on dit quoi ?
Je connais plusieurs cas concrets. Le phénomène n’est absolument pas isolé. Alors déjà, avant de dire quoi que ce soit, je vous conseille de vous former sérieusement sur l’hétérosexualité et le piège qu’elle est. Ensuite, bien entendu, ne maudissez pas ce prêtre sous prétexte que vous n’êtes pas d’accord avec ce qu’il fait. Et à l’inverse, ne justifiez pas son acte par le relativisme ambiant non plus ni un faux accueil dicté par le poncif du « non-jugement ». Priez plutôt pour lui et son compagnon. Ils en ont grand besoin, car en plus de trahir l’Église, ils se mentent à eux-mêmes et rentrent dans une impasse qu’on ne peut leur envier ni banaliser.
Le plus délicat ensuite sont les retombées et la gestion d’un tel événement dans l’ambiance de la paroisse. Car, à part quand le fait est passé sous silence (ce qui est encore un peu le cas la plupart du temps), c’est le genre de scandale qui – parce que les gens n’y connaissent rien à l’homosexualité et de surcroît se sentent de plus en plus l’obligation de donner leur avis dessus – a le pouvoir de foutre bien la pagaille et la division au sein d’une communauté. Entre ceux qui invectivent, ceux qui prennent le parti du curé, ceux qui simulent qu’ils s’en moquent, ceux qui invectivent ceux qui invectivent et ceux qui se taisent, on a tous les ingrédients humains réunis pour vivre une guerre civile en interne dans l’Église catholique !
Et encore : je vous parle d’une époque où l’homosexualité des prêtres se réglait dans une relative discrétion et ne bénéficiait pas d’une exhibition fière ni d’une couverture médiatique nourrie par les commérages des paroissiens. C’est en train de changer. De plus en plus de catholiques ont perdu leur pudeur, et se croient obligés de « se positionner » sur tout (« Pour sauver votre curé, tapez 1. Pour le virer, tapez 2. »). Et de plus en plus de prêtres, au lieu de se cacher de leur pratique homosexuelle et de planquer leur partenaire, décident de jouer le tout pour le tout, en se disant que « plus ce sera gros, plus ça passera », que leur aplomb ou la pitié qu’ils inspireront les libèrera de la honte, que leur coming out ne suffira pas à les démettre de leurs fonctions. Ils font notamment diversion en déplaçant le problème de leur adultère vers le non-positionnement de l’Église sur l’homosexualité (non-positionnement présenté comme rigide, archaïque ou naïf) et surtout vers l’énergie monumentale et impopulaire qu’il faudra à leurs supérieurs hiérarchiques ecclésiaux pour décider publiquement de leur éviction/excommunication.
Ne croyez pas que ce temps de la fierté/culot rainbow sacerdotal(e) soit loin devant nous. Ça devient de plus en plus fréquent, ces coming out « gays-chrétiens », et parfois même « gays-sacerdotaux » (Je souffre suffisamment des interviews-émotion creuses de mes camarades « homos-cathos » qui se racontent devant les caméras et s’épanchent sur le « comment ils vivent avec ces deux appartenances » sans proposer aucune analyse de fond de l’homosexualité !). En ce moment, les Krysztof Charamsa, William Nasarre, José Mantero, Andrés Gioeni, sortent du bois, et trouvent que c’est très « profond » de dévoiler à tous qu’on est « prêtre et homo », ou « chrétien et homo ». Ils ne se contentent pas de dire que « c’est possible d’être les deux » mais ils soutiennent que ce serait « plus beau et plus vrai » parce que ça s’imposerait à eux, que c’est réel, que c’est caché depuis longtemps, que c’est coûteux de l’exprimer, que ça risque d’être mal compris, que ce serait une double déclaration d’amour, et que ces deux facettes de leur vie pourraient encore plus parfaitement fusionner si l’Église avait le courage de l’Amour et du réalisme. Et à travers des cas de célébrités chrétiennes qui confient à la fois leur « indéfectible » attachement à « leur » Église/leurs paroissiens, et leur souffrance d’être « indiscutablement » homos, de plus en plus de fidèles catholiques, touchés par ces personnes « doublement victimes », avancent que les deux dimensions – catholique et homosexuelle – ne s’opposeraient pas, voire même qu’elles seraient parfaitement compatibles sans en passer par la continence.
Et presque personne ne va contredire cela, par peur de passer pour homophobe, y compris chez les catholiques tradis qui en général se servent de ces mauvais exemples de prêtres défroqués pour encore plus se désolidariser de l’Église post-conciliaire Vatican II et pour encore plus taper sur le Pape François. Par conséquent, les « sorties du placard » des prêtres homos, c’est la grande vague tiède-glaciale qui arrive. Et comme de plus en plus de catholiques doutent de la Présence de Jésus dans l’Eucharistie ou de l’existence du diable, comme ils méprisent les mots « homophobie » et « homosexualité », ne croient plus en la primauté de la différence des sexes dans l’Amour véritable ni en la primauté du célibat continent sur le mariage (Pourquoi serait-il si nécessaire que les prêtres ne se marient pas, si certains en ont l’envie ?), diabolisent le modernisme aussi bien que le traditionalisme, ils sont fins prêts à jouer la comédie soit de l’« ouverture tolérante », soit de l’intransigeance/indifférence exaspérées/offusquées. Les carottes sont quasiment cuites.
41 – Quel est le plus grand danger qui guette un catholique par rapport à l’homosexualité ?
Je peux nous trouver des petits dangers : l’ignorance et donc la vulnérabilité par rapport au mal, si jamais on est confronté à la réalité homosexuelle ; le relativisme, l’indifférence ou l’invective, si jamais on est gêné ou séduit par le sujet (sur la base d’une mauvaise compréhension de ce qu’est la Charité ou la Vérité) ; l’insatisfaction ou le malheur en « amour », si jamais on pratique l’homosexualité ; le sentiment d’être en constant porte-à-faux avec sa propre foi ou avec les cathos en général (pardon… « les catholiques » : il paraît que maintenant, il ne faut plus dire « les cathos ». Mon Dieu ce que les bobos cathos anars de droite sont subtils…), si jamais on se prend pour Dieu ou pour un moins-que-rien et si on vit une double vie.
Je peux également vous identifier un plus grand danger qui guette le catholique pratiquant l’homosexualité : celui d’être privé du Salut éternel. Autrement dit, de risquer d’aller en enfer et de « pécher en connaissance de cause » (pléonasme). C’est l’épée de Damoclès la plus évidente. Et déjà, à elle seule, elle suffirait à dissuader le catholique un peu fervent et capable de se projeter dans le Monde invisible, de pratiquer l’homosexualité. Même si, là encore, personne n’est réductible au mal qu’il commet, et que nous n’avons pas trop idée de la puissance de la Grâce qui peut nous racheter.
Mais à vrai dire, il y a une douleur qui se vit déjà sur terre, et qui fait couper relativement court avec la pratique homosexuelle et toute velléité de vivre en « couple » plus encore que le Salut post-mortem : c’est la perspective de se priver de l’Eucharistie, le Pain vivant de Jésus. Elle guette tout catholique qui reconnaît Dieu dans l’hostie. Pour ma part, je ne sors pas avec les personnes qui me plaisent presque uniquement parce que je tiens à Jésus-Pain ! Plus que mon Salut ou que ma réputation, c’est l’Eucharistie qui me motive à ne pas basculer dans l’homosexualité. Je sais qu’en vivant l’adultère/le concubinage, je n’aurais plus accès à l’Eucharistie, et ça me ferait énormément souffrir, je ne le supporterais pas. Je parle d’expérience : en 2010, c’est ma non-conformité avec l’état de réception de la Communion qui m’a fait quitter successivement mes amants. Je ne pouvais pas rester longtemps avec un partenaire à cause de cela. Persévérer dans le mensonge et l’incohérence, il y en a qui en ont l’énergie, l’orgueil désinvolte ou la folie. Moi, je sais que je ne tiens pas la longueur ! Si l’Eucharistie n’imposait pas une telle autorité sur moi, croyez-le, de mon côté, ce serait la fête au village depuis belle lurette ! Je serais encore en « couple ». Aujourd’hui, l’Eucharistie, c’est la seule Personne qui me retient. Son absence est mon cauchemar autant que sa consommation – que mon état de vie autorise – est ma Joie et mon plus puissant garde-fou.
42 – Ce que vous dites sur l’homosexualité s’adresse uniquement à un individu homo qui croit. Car si on ne croit pas en Dieu, votre objectif apparaît comme inaccessible ; sans Dieu, votre discours est irrecevable. Non ?
Je ne crois pas. Dieu est concret, universel et simple. Le fait d’être catholique, loin d’éloigner de l’intelligence et des situations humaines, rejoint tout le monde (y compris les incroyants), le bon sens, les réalités profanes, avec une précision et une délicatesse admirables, étonnantes. Surtout quand il s’agit de parler de souffrance et de sexualité. Là, on va droit au but. Nos contemporains sont fascinés par les mots qui ont façonné leur manière de concevoir le monde et l’amour : « tolérance », « différence », « égalité », « homosexualité », « hétérosexualité », « homophobie », « amour », « liberté »… À nous de les rassurer en les réemployant, en les décortiquant, tout en prenant soin de ne pas leur donner à penser que nous remettons en doute la beauté de leur sincérité, de leurs bonnes intentions. Bien souvent, les gens s’énervent parce qu’ils ne supportent pas d’être jugés « méchants » ou « mal-intentionnés ». Si nous les tranquillisons à ce niveau-là, si nous leur montrons que nous ne doutons pas qu’ils ont voulu bien faire, après, nous pourrons sans souci leur faire voir qu’ils agissent ou pensent mal (en nous incluant, si possible, en premier lieu dans leurs travers et mauvaises actions) ou plutôt qu’ils pourraient agir et penser mieux/autrement. Et ça passera tout seul !
Enfin, il n’est pas interdit de pratiquer la maïeutique, mot un peu barbare qui signifie plus simplement « laisser la personne trouver la réponse elle-même, quand elle ne pourrait pas la recevoir directement ou par quelqu’un d’autre qu’elle ». En plus, nos détracteurs ont souvent beaucoup plus de choses à nous apprendre sur l’homosexualité que nous ne l’imaginons et qu’eux-mêmes ne le soupçonnent ! Partons donc tous ensemble vers cette île au trésor qu’est l’homosexualité au lieu de nous prendre la tête sur la foi ou l’athéisme de chacun. L’homosexualité est un sujet sexy. La Foi catholique aussi. Alors les deux ensemble, je ne vous dis pas ! Qu’est-ce qu’on attend, franchement, pour annoncer l’Amour du Christ et de l’Église, par l’homosexualité ?
43 – Je suis catholique et je vois que mon fils ou ma fille s’est éloigné(e) de la foi. Et plus je lui montre que je prie pour lui/elle, plus ça l’agace et l’éloigne de la foi. Je fais quoi ? J’insiste ? Je lui offre votre livre ? Il/Elle va me détester encore plus.
Oui. Ne vous découragez pas. Ma maman – qui est décédée il y a un peu plus de deux ans – s’appelle Monique, comme sainte Monique qui a beaucoup pleuré à cause de son fils Augustin. Et ça a valu le coup ! N’ayez pas honte d’être une sainte Monique insistante et triste (sans tomber dans un théâtral chantage aux sentiments ou au spirituel). Si vous ne l’étiez pas, ce serait inquiétant. Ça voudrait dire que vous n’aimez pas votre descendant(e) et que vous vous moquez du Salut de son âme. En plus, les prières des parents d’un fils ou d’une fille homosexuel(-le) sont toujours entendues, si ce n’est de l’intéressé(e), au moins de Marie et de Jésus. C’est quand même l’essentiel ! Ça vous oblige finalement à centrer votre prière sur le Roi et la Reine, à ne compter que sur eux. Quant à votre fidélité au Seigneur, même si elle ne va pas a priori dans le sens des actes et des désirs de votre enfant, elle sert forcément à ce dernier de témoignage irremplaçable et de preuve que vous le prenez au sérieux, que vous l’accompagnez, que vous êtes fidèle pour deux. Elle ne peut pas rester sans fruit.
En ce qui concerne mon livre, ce n’est pas grave s’il ne plaît pas ou s’il énerve. À lui seul, il n’a pas le pouvoir de faire exploser une famille et de faire des miracles, de toute façon. Et à moins de finir à la poubelle (auquel cas on n’en parle plus… sauf si un éboueur a un enfant homosexuel et tombe dessus « par hasard » dans la déchèterie !), il peut toujours être survolé et agir dans les cœurs à rebours, ou bien reposé longtemps dans un tiroir pour être finalement redécouvert à un moment plus apaisé. Un conseil : n’agissez pas selon la réaction supposée qu’aurait votre fils ou votre fille homosexuel(-le), mais agissez toujours comme vous le devez, et pour plaire au Seigneur. Votre enfant pourrait bien vous surprendre. La foi est meilleure conseillère, et tellement plus féconde/prophétique que la peur.
44 – Comment puis-je faire si un proche est homosexuel, rejette l’Eglise, rejette sa famille et fréquente des gens d’un monde néfaste ? Comment dialoguer avec lui tout en lui faisant comprendre que je n’approuve pas sa conduite ?
Aimer quelqu’un, c’est l’accueillir dans tout ce qu’il est et tout ce qu’il vit. C’est aussi tolérer sa liberté de mal agir quand effectivement il commet des erreurs, tout en continuant à le lui dire si la situation ne s’améliore pas. Il vous faut donc faire le grand écart entre l’accueil dans la tolérance/compromis, et la persévérance dans l’exigence de Vérité. Je sais que ce n’est pas simple. Mais je sais aussi que c’est l’humour, ainsi que l’Esprit Saint, qui vous permettra de faire la jonction entre Charité et Vérité, et de faire passer le vigoureux message du Christ en douceur. Ne perdez pas de vue que les personnes les plus cathophobes, ce sont les catholiques. Pas les personnes qui ne connaissent pas Dieu et qui, pour le coup, ne peuvent pas Le refuser. C’est paradoxal, mais c’est la vérité.
45 – Y a-t-il un poids supplémentaire, une Croix plus grande, que je porte en tant que parent catholique d’un fils homo ?
Oui. Indiscutablement. Car vous savez que l’âme et le Salut de votre enfant est en jeu et en péril dans cette affaire. Par rapport à un parent qui n’a pas la foi, l’enjeu que vous, parent catholique, identifiez dans la pratique homosexuelle est plus fort, l’angoisse est plus grande. C’est bon que vous le sachiez. Déjà pour vous éviter de culpabiliser à l’excès et de trop parler/sermonner. Ensuite, pour comprendre la belle raison de votre angoisse : le combat spirituel et l’appel personnel à accentuer votre oraison. Et enfin pour identifier et prévenir encore mieux votre fils homosexuel des conséquences réelles de ses actes terrestres. En vous entendant le prévenir de son Salut et de son Éternité céleste, il aura mieux conscience que vous ne vous inquiétez pas simplement pour vous, ni pour le regard des autres ni pour son confort conjugal et procréatif, mais vraiment pour sa personne, pour son bonheur sans fin, pour Dieu. Ça change tout ! Ça rend votre prière et votre douleur par rapport à l’homosexualité aimantes, offertes, tournées vers l’autre qui est votre enfant !
46 – J’ai grandi dans une famille catho, je me suis marié(e) à l’Église, et mon mari (ou ma femme) m’a quitté pour un homme (pour une femme). Que faire ?
Je reconnais que ce sont des situations très douloureuses (même si aujourd’hui, on tend à banaliser cette douleur). Et avant d’apporter quelque élément de résolution que ce soit, je me garde de parler trop vite et de délivrer une méthode toute faite. Je ne peux que compatir et me trouver bien pauvre devant vous ! J’ai vu des couples mariés qui ont très bien dépassé le problème de l’homosexualité (car c’est un problème). D’autres qui se sont cassés le nez (cf. la question sur la nullité de mariage).
Le problème, dans l’actuel climat essentialiste et sentimental qui tend à banaliser et à monter au pinacle l’homosexualité comme une « vérité indiscutable de la personne », c’est que l’importance excessive conférée à l’homosexualité peut amener certains couples femme-homme d’aujourd’hui (voire certains juges de tribunal ecclésiastique) à croire en la nécessité de leur rupture, à accélérer le procès canonique en nullité, à jeter l’éponge, à irrationnaliser le problème (« Ça nous est tombé dessus. C’est comme ça. On le savait depuis longtemps. On ne peut pas lutter contre les sentiments ou contre le corps ou contre une maladie ou contre une relation homo totalement étrangère à une relation hétéro. »), à ne pas persévérer dans le dépassement des conflits (d’autant plus quand il n’y a pas eu d’enfants au sein du couple, ou quand l’adultère implique une tierce personne et donc une relation d’une apparente « autre nature »), à déchristianiser et à négliger le sacrement du mariage, à enterrer l’affaire et justifier la séparation par la fatalité déterministe, sans aller chercher plus loin (« L’homosexualité, puisqu’on ne la comprend pas et qu’elle n’est pas un choix, on ne peut pas lutter contre. Ça dépasse tout l’amour qu’on s’est porté ; ça n’annule rien. C’est ‘à part’. »). L’homosexualité peut servir d’alibi pratique et fallacieux à n’importe quelle annulation de mariage, d’argument d’autorité bidon, de légende impressionnante et de scénario facile qui expliquent et résolvent en apparence tout litige, toute culpabilité, toute séparation. Je ne dis pas qu’elle ne constitue pas parfois une raison suffisante ni un obstacle réel à la durabilité/faisabilité d’un mariage. Mais est-ce aussi simple ? Comment mesurer la profondeur d’un enracinement d’homosexualité, la force que la personne peut puiser en elle et chez sa femme et dans le sacrement du mariage, la puissance que donne Dieu pour vivre avec la fragilité homosexuelle dans la fidélité malgré tout ? C’est difficile.
Je suis coincé pour conseiller quoi que ce soit de manière tranchée sur ce cas de figure. Faut-il lâcher l’affaire ou persévérer dans les cas de ruptures de mariage pour cause d’homosexualité ressentie et/ou pratiquée ? Je dirais que ça dépend de chaque situation. Mon espérance chrétienne me fait dire que de toute façon, il ne faut jamais se décourager, et que de toute situation, même douloureuse, même inextricable et violente, Jésus peut tirer le meilleur. Je sais que de toute façon, ça vaut le coup de se battre contre l’homosexualité, car en tant que tendance et a fortiori en tant que pratique, elle peut être l’occasion de pardon et de dialogue magnifiques pouvant renforcer votre couple, faire réviser son fonctionnement ; et parce que l’homosexualité pratiquée ne rendra de toute façon pas heureux votre conjoint et en tout cas pas plus heureux que lorsqu’il était en couple avec vous. Mais parfois, il est préférable de s’incliner devant l’énigme du mal, devant la présence de l’ivraie dans le champ de la sexualité, devant notre propre impuissance par rapport à l’existence d’un mal ou d’une peur qui dépasse dans un temps terrestre quelquefois la personne avec qui on s’est marié de bonne foi, car la tendance homosexuelle peut être prédominante. Le degré de possession est à jauger selon les situations. Dans certains cas, l’homosexualité constituera un élément déterminant ; dans d’autres cas, elle pourra être tempérée, domptée et recyclée avec succès. Je connais des hommes qui sont revenus vers leur femme et leurs enfants après un ou plusieurs écarts homosexuels, parce qu’ils ont découvert que ce mode de vie ne les rendrait pas heureux. J’admire les épouses qui ont la patience et la confiance de supporter de telles turbulences, et les maris qui ont l’humilité de se battre pour revenir à la fidélité de leur mariage et surmonter leurs penchants. Je connais aussi des cas où l’homosexualité est tellement enracinée en la personne qu’elle a entraîné dans son impuissance et dans le malheur un couple, une épouse et parfois une famille entière. Donc il est important de ne pas surévaluer ni négliger l’homosexualité. Subtile ligne de crête dont je n’ai pas tous les tenants et les aboutissants, ayant moi-même essayé de me marier avec une femme que je croyais aimer et ayant déclaré forfait, malgré ma foi et ma volonté d’espérer au pouvoir du sacrement de mariage sur ma tendance sexuelle.
47 – Y a-t-il un lien entre scoutisme et homosexualité ?
Oui, du fait que le scoutisme soit humain, donc forcément concerné par la différence des sexes (et la peur de celle-ci). Non, ou, tout du moins, pas plus qu’ailleurs. Et je dirais même, peut-être moins qu’ailleurs. Car au sein du scoutisme, la foi, le Réel, le contact avec la Nature, l’amitié, et souvent la non-mixité des sexes, favorisent la réconciliation avec la différence des sexes, la construction de l’identité sexuée (masculine ou féminine), et par conséquent, l’éloignement du repli sur soi qu’est l’homosexualité.
Ceci dit, même dans le scoutisme, on trouve des exceptions qui confirme mon constat d’ensemble. En effet, je connais un certain nombre de gars ou de filles (une dizaine, pour être honnête) qui, soit pendant leurs années de scoutisme, soit longtemps après, se sont révélés activement homosexuels. « Scout » rime parfois avec « Coming out » ! Par exemple, rien que sur la courte période de deux ans où j’ai été louveteau chez les Scouts de France (j’avais 8-10 ans : j’ai d’ailleurs vécu cette expérience comme un petit traumatisme mdr…), je compte 3 garçons de mon âge à avoir fait un coming out à l’âge adulte, dont 1 dans ma propre sizaine (groupe de 6). Ça fait quand même une bonne moyenne. Mais ils sont loin de représenter un échantillon significatif et massif.
Certaines mauvaises langues s’amusent, par anticléricalisme primaire, voire même par jalousie interne, à homosexualiser le scoutisme, en le transformant en repaire caché de pédophiles, d’adolescents frustrés et endoctrinés, de groupes paramilitaires où la camaraderie virile YMCA exploserait en homosexualité. Quand je parle de querelles suspicieuses à l’interne, je me réfère en particulier aux Scouts d’Europe qui reprochent parfois aux Scouts Unitaires ou aux Scouts et Guides de France d’être trop libérés en matière de mœurs (comprendre : « trop progressistes et trop tapettes ») ; inversement, les Scouts de France reprochent parfois aux Scouts d’Europe leur conservatisme qui, par le refoulement de sexualité qu’il peut impliquer, se convertirait en homosexualité pratiquée de manière pas assumée. Chaque camp se refile le bébé rainbow pour s’acheter une intégrité et/ou une bonté. Dans les deux cas, il y a un peu de vrai. Trop de permissivité conduit à la confusion homosexuelle. Trop de rigidité conduit aussi à l’explosion homosexuelle (cf. les mouvements de jeunesse des Wandervögel sous l’Allemagne nazie). On constate déjà ce phénomène et cette dichotomie dans l’armée, dans la police, dans les pensionnats, en prison ou en caserne, par exemple.
Je rappelle, pour mémoire, trois événements proches qui confirment ce que je viens de souligner. Le premier, c’est le vote officiel des Boys Scout of America (BSA) de la fin de l’exclusion « des gays » dans leur encadrement, le 27 juillet 2015, aux États-Unis. Le second, c’est, en France, la récente prise de position scoute qui a surpris tout le monde, et fait grincer des dents les milieux catholiques traditionnalistes : pendant la période du « mariage pour tous » en France (2012-2013), certains Scouts de France ont défrayé la chronique en défilant publiquement (et en uniformes scouts, en plus) à des manifs pro-mariage gay ! Suite au tollé que ça avait provoqué, ils se sont bien vite rhabillés en civil puis rangés dans la neutralité, tout en déclarant qu’ils n’étaient finalement « ni pour ni contre » la Loi Taubira. Mais voilà, ils n’en pensaient pas moins. Enfin, troisième exemple : l’année dernière, en 2015, à Rome (Italie), après l’Audience Générale de l’AGESCI par le Pape François, l’après-midi, différents groupes scouts ont participé à la Gay Pride et ont été interviewés par des équipes de télévision ! Tout cela avec l’aval tacite du Comité Central…
Certainement que, à l’instar des manifestants de La Manif Pour tous, la grande majorité des scouts qui étaient « pour » le « mariage gay » ne savaient pas expliquer pourquoi ils l’étaient, ni, parmi ceux qui étaient « contre », pourquoi ils s’y opposaient (mis à part par principe, par réaction opposée au progressisme ambiant, et pour les conséquences de la loi). Ce qui est sûr, c’est que l’homosexualité, dans le milieu du scoutisme international, tous bords politiques et sensibilités confondus, n’a pas été traitée ni comprise, d’une part parce qu’elle y est certainement justifiée et/ou diabolisée en cachette, d’autre part parce qu’elle y est certainement beaucoup plus pratiquée que ces mêmes scouts ne l’imaginent. Mais là encore, je ne fais que des suppositions sur la base de mes études sur l’homophobie. Le Ciel se chargera de nous donner le fin mot de l’Histoire sur ce lien énigmatique entre homosexualité et scoutisme…
48 – Y a-t-il un lien entre traditionalisme religieux et homosexualité ?
Oui. Contre toute attente, oui. Et ce paradoxe m’est régulièrement confirmé par des amis prêtres et laïcs tradis qui aiment pourtant vraiment l’Église catholique et assument leur préférence pour le milieu catholique traditionnel. Dans le mal, les extrêmes fusionnent et se font écho en pensant naïvement s’opposer. Dit autrement, certains croyants, en fuyant trop passionnément le modernisme et le libéralisme que représente l’homosexualité, par principe, par snobisme, par anticonformisme révolté, par ritualisme pharisien, par haine de leur époque, par alignement scolaire à un code strict et ascétique qui les rassure, tombent dans un paganisme christique (mais pas chrétien), un nationalisme « catholique », un royalisme païen carnavalesque, une luxure, une double vie, qui louvoient avec la bisexualité. Dans les milieux « catholiques » passéistes et nostalgiques, il y a un certain nombre de libertins néo-platoniciens qui s’ignorent. Ils se servent de la « tradition » pour se démarquer, pour s’éloigner du Réel, de la différence des sexes, de la différence Créateur-créature (= l’Église catholique), et donc désincarner/dévitaliser la sexualité, le mariage, la pratique religieuse et même la procréation. Dans ces cas-là, l’homosexualité se profile.
49 – Y a-t-il un lien entre chrétienté d’extrême droite et homosexualité ?
Bien sûr. Et plus qu’un ! Il n’y a presque que des effets miroirs entre la communauté « tradi de droite » et la communauté gay. Les extrêmes s’attirent dans la fusion-rupture mimétique violente, c’est bien connu. Alain Escada – le responsable de l’Institut Civitas – et Caroline Fourest – l’entraîneuse officieuse des Femen – s’horripilent autant qu’ils se cherchent et sont fascinés de reconnaître inconsciemment leur improbable ressemblance, ressemblance qu’ils prennent pour une radicale et inconciliable différence afin de ne pas assumer leurs actes mauvais (communs).
Il suffit d’observer les « légionnaires » de Civitas, par exemple, pour réaliser qu’ils sont aussi dépendants des médias que les LGBT (même si les deux camps prétendent détester ces mêmes « merdias », comme ils les surnomment). Ils prônent autant leurs « libertés » et leur « marginalité » désobéissante que les libertaires révoltés qu’ils pointent du doigt. Ils détestent autant leur époque qu’eux (combien de tradis s’imaginent qu’ils ne sont pas nés au bon siècle, et cultivent un art de vivre désuet !). Ils fomentent autant de sociétés secrètes que leurs collègues-espions francs-maçons. Ils avancent autant masqués qu’eux, dans la rue comme sur les réseaux sociaux. Les Hommen et les Brigandes sont les jumeaux presque parfaits des Anonymous et des Femen. Les militants droitistes honnissent autant le « lobby LGBT » que les communautaires homosexuels qui se disent tous « hors milieu » et anti-lobbies-gays. Ils ont aussi peu d’humour et de souplesse qu’eux. Ils sont aussi violents et acerbes qu’eux. Ils organisent les mêmes happenings musclés, les mêmes « actions commandos » qu’eux. Ils sont aussi paranoïaques qu’eux. Par exemple, les Antifas pro-gays identifient dans les militants d’extrême droite des aliénés obscurantistes dangereux, des inquisiteurs d’un autre temps… et les militants d’extrême droite, tout pareil, considèrent les Antifas et les Femen comme des furies, des sorcières néo-moyenâgeuses à interner en psychiatrie, des rejetons de la pieuvre maçonnique « ripoublicaine » venue des Lumières.
À l’instar des activistes pro-gays, les gens d’extrême droite – qui ne s’assument pas d’extrême droite d’ailleurs (car selon eux, le FN est odieusement « républicain » et l’« extrême droite » serait une insulte et une légende médiatique inventée exprès pour les décrédibiliser, les opprimer : l’extrême droite n’existe pas, voyons !!! Tout comme le Gender et le lobby gay !) – et intégristes – qui ne s’assument pas intégristes (car selon eux, seuls les tièdes, les relativistes, les républicains et les modernistes seraient intégristes ; et puis de toute façon, pour être intégristes, il faut déjà s’estimer « intégré » à l’Église catholique et se placer sous la tutelle du Pape actuel, ce qui est rarement leur cas !) ont fondé toute leur raison d’être sur le concept de « réalité » et sur l’action, plus que sur l’être et la Charité. À l’instar des LGBT, ils pensent que la fin justifie les moyens.
Les extrême droitistes sont autant obnubilés par la civilisation, la famille, l’enfant, le mariage procréatrice et une foi politicienne que leurs opposants hétéros-homosexuels franc-maçons. Ils sont autant cathos friendly que les pro-mariage-pour-tous sont gays friendly ! Pour eux, la Charité est une soumission, le rire une honte ou un scandale, l’accueil du pauvre une faiblesse concédée à l’invasion « barbare » (comprendre « les musulmano-libéraux »), l’Amour une vulgaire « bisounoursade » inventée par des lâches (homosexualisés, efféminés), des collabos niais et des faux catholiques. D’ailleurs, ils croient dur comme fer que le Pape François est un apostat masqué, l’Antéchrist marxiste en personne. Ils détestent autant la papauté (qui a précédé le Concile Vatican II) que les libertaires gauchistes pro-homosexualité. Ils défendent autant un Jésus-culturel, un messianisme déchristianisé et un catholicisme identitaire anti-institutionnel (qu’ils nomment « chrétienté ») que les LGBT. Beaucoup de leurs adhérents, déçus par la politique et par l’Église catholique actuelle, viennent d’ailleurs historiquement de l’extrême gauche. Plus de militants de l’extrême droite qu’on ne croie ne se rendent quasiment pas à la messe (même s’ils sont capables de crier « Viva Cristo Rey » et « Vive la France royale et catholique de sainte Jeanne d’arc !! » le temps d’une manif… pardon, d’un défilé) que leurs coreligionnaires athées d’extrême gauche. Les conservateurs réactionnaires droitistes (votant Front National par défaut, parce qu’il « n’y aurait rien d’autre de mieux ») sont souvent aussi païens (malgré leur catholicisme brandi en bannière dorée) et aussi homosexuels que les LGBT.
En effet, aussi fou que cela puisse paraître (il s’agit bien des paradoxes spéculaires habituels de l’idolâtrie haineuse), les membres de l’extrême droite et de l’extrême gauche sont des jumeaux de désirs et parfois même de pratique homosexuels. La grande majorité des militants d’extrême droite sont aussi frustrés sexuellement que les LGBT. Leur fond de commerce est la peur. Ils sont aussi peu aptes à aborder l’homosexualité (jamais les médias de la réacosphère ne m’ont sollicité, par exemple) que les magnats de la presse et de la télé homosexuelles. Ils croient autant en l’hétérosexualité (en tant que substitut de la différence des sexes) et en l’homophobie (en tant qu’intentions et images, et non pas en tant que viols et faits réels) que leurs collègues Antifas. Je connais pas mal de personnes homosexuellement actives qui sont à la tête de l’extrême droite, des curés hyper tradis, des paroissiens de saint Nicolas du Chardonnet qui, derrière une façade anarchiste ou de parfaite famille hétérosexuelle, sont des libertins et des détraqués sexuels, pétris de complexes, d’angoisses, de principes, très mal à l’aise avec la vulnérabilité, et qui ont trop figé la différence des sexes en poncif nataliste, naturaliste et spiritualiste, pour l’aimer vraiment telle qu’elle est et en vivre. Ils sont d’ailleurs très embêtés avec l’homosexualité. Ils ont peur d’aborder le sujet car soit ils se situent sur le registre du jugement-forcing des personnes et sur celui du manichéisme millénariste pseudo-biblique, soit ils ont peur de carrément passer aux aveux (… de leur divorce, de leur adultère, de leur célibat mal porté, de leur mariage arrangé, de leur bisexualité voire de leur homosexualité, de leur homophobie). Écoutez par exemple le niveau de réflexion d’Alain Escada sur l’homosexualité : c’est édifiant de voir comment il met à l’abri l’homosexualité et l’homophobie pour en faire des abstractions, des démons incarnés. Jamais il ne va les analyser. L’homophobie des membres de l’extrême droite vient chez eux d’une homosexualité refoulée et diabolisée autant que pratiquée, exactement comme les LGBT !
Pour conclure cette réponse qui mériterait à elle seule un livre entier, je vous conseille, si vous ne l’avez pas déjà fait, de lire attentivement les codes « Homosexuel homophobe », « Hitler gay », « Homosexuels psychorigides », et « Tout » de mon Dictionnaire des Codes homosexuels, ainsi que le code n°39 « Le Bobo d’extrême droite » dans mon livre Les Bobos en Vérité, qui traitent de l’ambivalence de l’homophobie dans les rangs de l’extrême droite (que leurs membres rebaptisent sarcastiquement en « essstrèèèème droaaate » pour dénoncer/devancer la diabolisation soi-disant « systématique » et « insensée » dont ils feraient l’objet par la dictature gauchisante et républicaine actuelle de l’antifascisme moralisant). Je suis de ceux qui considèrent qu’on peut tout à fait critiquer intelligemment le fondamentalisme politique et religieux, de surcroît pour des bonnes raisons, et pas forcément par peur ni mauvaise foi ni endoctrinement idéogauchiste. Car une fois confronté à la réalité de ces groupuscules droitistes sectaires, on se dit qu’on ne rêve pas, que y’a du chantier, et que Jésus a été bien inspiré d’être impitoyable avec les sourcilleux pharisiens et scribes de son époque !
50 – Y a-t-il un lien entre catholicisme gauchiste et homosexualité ?
Effectivement. Côté gay friendly attitude, le catholicisme gauchiste est le plus attendu (le socialisme et le communisme ne rejettent rien… pas même le mal auquel ils ne croient pas : c’est là qu’est l’os). Mais pourtant, dans l’échiquier ecclésial traitant d’homosexualité, il n’est pas nécessairement le plus insistant ni le plus vindicatif, faut pas croire. Malheureusement, il n’a même pas besoin, contrairement au catholicisme droitiste ou d’extrême droite, de faire grand bruit, d’élever la voix, de se justifier publiquement, de montrer qui le compose (des catholiques dissidents qui désobéissent à leur Église) ou de montrer patte blanche, pour gagner sa bataille en faveur de « la tolérance », de « l’amour homosexuel béni par Dieu parce que Dieu est Amour », de « l’avancée des Droits homosexuels » (bataille mise sur un pied d’égalité avec la quête du CCFD, le concert pour les Chrétiens d’Orient, ou la pétition pour la réhabilitation de Mgr Gaillot et l’ordination sacerdotale des femmes…) : il a juste à se fondre silencieusement dans la masse et à attendre, tapi dans l’ombre de son église paroissiale bétonnée en forme de triangle ou de cube, que l’orage « intégriste » de la contestation anti-mariage-gay des « fachos de droite » passe…
Cela dit, à la décharge du catholicisme de gauche, dont je me revendique (je n’ai pas dit « catholicisme gauchiste » ni « socialiste » ni « communiste », attention), et qui fait souvent l’objet de railleries de la part du catholicisme de droite qui grossit son laxisme, je tiens à souligner que, dans leur ensemble, les catholiques de sensibilité de gauche font souvent preuve de plus d’accueil concret des personnes homosexuelles, de plus de nuances entre la personne et l’acte, de moins de dogmatisme et de moralisme, de moins de pratique homosexuelle refoulée, que les catholiques de droite. Certes, un nombre incalculable d’entre eux basculent dans une singerie d’empathie absolument désastreuse pour les personnes homosexuelles en quête de Vérité, dans une idéologie gélatino-spirituelle qui pue le pharisaïsme, dans une permissivité relativiste beaucoup moins aidante que le franc-parler de certains catholiques de droite très aimants, dans une solidarité mal comprise, parce qu’ils placent la bonne intention avant l’Amour exigeant de l’Évangile et avant les personnes à aider (cette confusion est bien le propre du gauchisme !). Mais ce n’est pas le cas de tous les catholiques de gauche, et encore moins des vrais catholiques de gauche (les prêtres-ouvriers, c’est comme les bons et les mauvais chasseurs des Inconnus lol !). Tous les « cathos de gauche » (expression qui fera ricaner les désabusés de la politique qui pensent que ni la gauche ni la droite n’existent, mais tant pis : je crois malgré tout en la beauté de la politique non-politicienne et je continue de voir des différences concrètes énormes entre le gauche et la droite, notamment sur la Charité en actes) ne sont pas aussi endoctrinés, cuculs, ignares, tiédasses, corrompus et pro-Union Civile que par exemple Les Poissons Roses, La Vie et La Croix. Il y a encore des gens de gauche intelligents, intègres, exigeants, qui savent aimer et accueillir les personnes homosexuelles autrement qu’en paroles et par des chansons avec des arcs-en-ciel florissant dans les grands champs à moissonner. Le Pape François (qui se garde bien de se dire « de gauche » pour éviter les clivages bipartistes), à mes yeux, en fait partie, et je m’en réjouis !

51 – Y a-t-il un lien entre sectes et homosexualité ?
Bien sûr. Le rejet de la différence des sexes, qu’est l’homosexualité, est par essence sectaire. La peur qu’est l’homosexualité conduit aussi au sectarisme (individualiste, amoureux et communautariste). Et, pour couronner le tout, l’homosexualité, très angéliste puisqu’elle est un désir de se prendre pour Dieu, oriente celui qui la ressent et la pratique vers les groupes religieux planants et stricts à la fois. Il est donc tout à fait logique que l’homosexualité se marie avec des actes, des comportements, des personnalités, intransigeants, et des systèmes de croyances et des institutions politico-médiatico-religieuses totalitaires telles que les sectes. Je connais beaucoup d’amis homosexuels qui en font partie, qui pratiquent le New Age et fréquentent des confréries satanistes sans même les identifier comme telles puisqu’ils en retirent certains avantages et y sont pour le développement de leur bien-être, l’évolution du genre humain.
Quand je dis « secte », je ne me réfère pas qu’à la caricature du mouvement hippie bouddhisant dirigé par un gourou raëlien, vénérant la Déesse Vishnou dans un Temple Mandarom. Je parle surtout des sectes modernes non-officielles, des gnoses hyper technicistes et naturalistes, déguisées en ONG ou en partis politiques, composées de businessmen type scientologues, de pseudo savants-psychologues, voire même de cardinaux romains en costume. Sectes sans doute plus dangereuses que leurs caricatures car elles agissent sous l’apparence du bien, de l’action solidaire, de la créativité, de la liberté, de la beauté, du progrès, de l’anti-superstition, de l’autonomie et même de la spiritualité christique. Elles misent tout sur l’agir et la volonté individuelle (confondus avec la foi), exactement comme l’illustre le couturier homosexuel Pierre Cardin dans son interview à France Info le 4 juillet 2016 (« Le bonheur est dans le travail. » ; « La création, c’est ma drogue »). La secte mondiale la plus puissante, et qui sert la « Religion Naturelle de l’Homme » de l’Antéchrist, c’est la secte des Agissants anticonformistes (ou Acteurs ou Entrepreneurs ou Managers ou Communicants ou Créateurs), qui croient en un homme-dieu qui s’affranchit de son statut de créature et qui s’autocrée par ses bonnes actions, son travail, son intelligence, son génie, ses œuvres, sa conscience, les technologies (qu’ils nomment « Nature »), sa science, l’affichage de son opposition rebelle à Lui-même et au système qu’Il crée (pour ne pas en assumer l’orgueil, la réalité et les conséquences désastreuses), et bien sûr sans l’aide primordiale de Jésus-Christ.
Le désir homosexuel prédispose à se tourner vers la trahison, l’anticonformisme, le culte de l’altérité absolue et de l’originalité (à savoir l’hétérosexualité, qui se décline le plus souvent en bisexualité et en fantasmes d’asexualité), le mysticisme messianique passéiste, le paraître, le carriérisme, le pouvoir humain surnaturalisé, la dissimulation, le panthéisme rosicrucien, etc. Il ne faut donc pas trop s’étonner que la plupart des adeptes de ces sectes non-officielles, qui rejoignent les milieux ésotériques, les sphères diplomatiques, la franc-maçonnerie, le royalisme « catholique » identitaire (cf. Franck Ferrand, Stéphane Bern, Emmanuel Macron, etc.), l’extrême droite, soient d’orientation homosexuelle.
Cela n’empêche pas que ces confréries sectaires homosexuelles soient appuyées – c’est ça le drame – par bon nombre de catholiques sincères qui se disent qu’« elles sont toujours mieux que rien : même si elles n’annoncent pas clairement le Christ, elles en prônent en tout cas les valeurs et c’est un bon début », donc ils soutiennent. Parmi ces catholiques collabos de la bisexualité sectaire, on trouve, contre toute attente, des gens qui pensent s’opposer en plus à celle-ci : des traditionnalistes (genre Civitas), des bobos anars de droite (cf. les codes n°38 et 39 de mon livre Les Bobos en Vérité) ou des humanistes intégraux anti-transhumanisme qui, par leur positive wording et leur discours anthropocentré (Écologie Humaine), rentrent complètement dans le système qu’ils dénoncent.
52 – Y a-t-il un lien entre protestantisme et homosexualité ?
Oui. Pour trois raisons principales, liées d’ailleurs aux trois blancheurs défendues par saint Don Bosco (la Vierge, l’Eucharistie et le Pape), qui caractérisent la quintessence de l’Église catholique universelle, et qui sont niées par les protestants. Ces derniers sont dans la rébellion et le refus d’obéir au Pape, à l’Église humaine institutionnelle voulue par le Christ. Ils doutent que les prêtres soient Jésus en personne. Ils n’aiment qu’un Jésus désincarné, transcendant, spirituel, livresque (la Bible), décidé par la volonté et la perception personnelles, qui ne se serait pas abaissé à s’incarner dans les prêtres, dans un Pain à manger, et en chaque Homme. Ils ne comprennent pas, de ce fait, la Communion des saints ni le statut spécial de « Mère de Dieu » qui incombe à Marie. Au bout du compte, ils ont un problème avec l’Incarnation (humaine et divine). Étant donné que l’homosexualité est également un refus de l’Incarnation, un refus de la virginité, et un refus d’obéissance à l’Église, il est logique que beaucoup de protestants se retrouvent en celle-ci.
Pour couronner le tout, en plus de l’incompréhension fondamentale sur l’Incarnation de Jésus en tout Homme, un autre point – sans doute le plus important – vient marquer la séparation entre le protestantisme et le catholicisme, et le rapprochement entre protestantisme et homosexualité. En effet, les protestants adoptent une conception extérieure et passive de la sanctification. Ils ne croient pas au passage de l’état de péché à l’état de grâce (cf. les pourparlers autour de la justification, qui datent de Luther). En effet, selon eux, quand Dieu intervient auprès de l’être humain, il n’y a pas de changement intérieur réel dans l’âme, mais c’est Dieu qui juge que l’âme est bonne. L’Esprit Saint est seulement une couverture qui recouvre la personne, mais l’âme (qui réagit, qui ressent, qui voudrait ce que Dieu veut) reste avec son péché. On parle alors de justification forensique (foras en latin = dehors). La passivité de l’Homme à l’égard de la Grâce, ainsi que l’impossibilité du pardon et d’une profonde conversion intérieure, viennent donc cautionner, par ricochet, l’homosexualité et l’imprégnation de celle-ci chez celui qui la ressent. Il ne peut pas y avoir de saints homosexuels, ni de sanctification effective dans la tendance homosexuelle, aux yeux des protestants. « Parce que le mal c’est pas bien et ne devrait pas exister (c’est marqué dans la Bible !), il n’existerait pas et ne pourrait pas être le terrain d’éclat du Bien. » « Dieu, ça aide et ça sauve, et il faut que j’y crois, sinon ça marche pas. Mais Dieu, c’est surtout pas moi ni en moi. » Vision très magique, volontariste, désincarnée et individualiste de Dieu, du Salut, sans compter bien sûr de l’homosexualité.
Il n’y a qu’à observer, d’ailleurs, toutes les fissures et les nombreux paradoxes des « Églises évangéliques » (luthériennes, baptistes, pentecôtistes, méthodistes, anglicanes, etc.) par rapport à l’homosexualité. Même les plus conservatrices ont du mal à accorder leurs violons, et passent du rejet rigide à l’acceptation la plus complaisante en un clin d’œil (exemples : l’ordination de femmes évêques, mariages homosexuels religieux, etc.). Ce que leur hantise de ressembler au modèle de soi-disant « fermeture homophobe des catholiques » leur fait faire, franchement… L’ambiguïté de la posture anti-homosexualité des protestants réside dans une opposition de principe liée à une lecture littérale et scolaire de la Bible plus que dans une réfutation liée à une véritable analyse de fond de l’homosexualité. Par conséquent, leur obéissance à la Parole de Jésus ne tient pas très longtemps.
53 – Si les enfants du catéchisme me parlent d’homosexualité (ils ont vu des couples homos à la télé, voire l’un d’eux est carrément élevé par un « couple » homo), je dis quoi?
Vous sautez sur l’occasion pour leur dévoiler un maximum de choses que vous connaissez sur le thème. Et vous verrez que Jésus aura, à travers vous, un succès fou ! Rien de pire qu’une dame-caté qui regagne par prudence ses pénates et étouffe la question de l’homosexualité ! C’est une terrible occasion manquée pour rejoindre les jeunes dans ce qu’ils vivent/croient et leur révéler l’Amour de Dieu pour eux (par personnes – les personnes homosexuelles – interposées).
Malheureusement, encore trop de catéchistes, peu assurés et peu formés, ou trop influencés par le relativisme contemporain, évitent de rentrer dans le vif du sujet, dans le jugement des actes homos, afin de ne pas s’embourber dans un débat affectif qui risque de se retourner contre eux et contre l’Église, face à une jeunesse, même d’éducation catholique, très susceptible et encouragée par son époque à confondre les personnes homosexuelles avec leurs actes, et les personnes homosexuelles avec leurs images médiatiques (les droits, les lois, les clichés de l’homosexualité, les stéréotypes de genre masculin ou féminin, etc.). Les catéchistes ou responsables en pastorale des collèges-lycées qui s’en sortent en dégainant le couplet pratique et convaincant (mais ô combien incomplet) de « l’impossibilité de réduction d’une personne à son apparence physique ou à sa sexualité », sont méritants. Mais en réalité, ils se défilent et noient le poisson. C’est bien triste pour eux et pour leurs jeunes.
Si, en revanche, vous avez suffisamment potassé le sujet, franchement, jetez-vous à l’eau. Ce sera tout bénef pour vous et pour l’Église. Je garde en mémoire ce témoignage reçu dernièrement par une amie de mon âge, mère de deux ados, Paul un garçon de 9 ans, et Mathilde une fille de 15 ans (qui s’est posée dernièrement la question de l’homosexualité, plus pour tester ses parents que par réelle conviction et par une effective homosexualité fixée). Eh bien je trouve que cette maman s’en sort très bien, et que son courage produit de beaux fruits. Sa connaissance de l’homosexualité désamorce des bombes et évite des homosexualités par réaction d’opposition anti-adultes :« Sur l’homosexualité, je peux dire que mes enfants abordent la question encore aujourd’hui… La parole est assez libre et je réponds maintenant naturellement. Et sans complexe ! Je pense que cela rassure. Il n’y a aucun doute. Je pense que Mathilde a dû être confrontée au lycée à certaines choses que je ne saurai jamais. Elle chemine et Dieu veille sur elle. Mais c’est grâce à elle que j’ai dû approfondir encore davantage le sujet parce que je suis maman et directement concernée, quand une ado commence à provoquer sur une probable homosexualité. Je ne pense pas que les parents cathos soient prêts et à l’aise pour répondre. Paul, il y a un petit mois, me faisait cette remarque : ‘Maman, je crois que certains copains de classe seront homosexuels plus tard…’ ; ‘Pourquoi ?’ lui ai-je demandé. ‘Je ne sais pas… ça se voit.’ Paul a 9 ans… et je ne parlais pas du sujet… Mathilde me dit qu’elle est homo… et je lui réponds : ‘Si tu es homo, et si tu veux être sauvée, ma fille, et ne pas perdre ton âme pour l’éternité – car si tu pratiques ton homosexualité, rappelle-toi que c’est un péché grave -, il te faudra vivre dans la continence, comme Philippe.’ En tout cas, je passe le message… Je fais mon devoir de maman aimante. Au fond, nous avons une grande complicité toutes les deux !! Mathilde va bien et je ne crains pas de la voir mal partir. Dieu veille et son ange-gardien aussi. » Cet exemple d’ajustements parent-enfant s’applique tout à fait à la relation éducateur-jeunes ou catéchiste-enfants. En plus, un vrai bon catéchiste se fait le relai fidèle de l’intégralité du message de l’Église, y compris sur l’homosexualité. Il ne sélectionne pas les passages du catéchisme qui l’arrangent, et il vit avec son époque. Il n’en est que plus apprécié de ses jeunes, et plus apôtre !
54 – Si mes propres enfants me parlent d’homosexualité, je dis quoi ?
Vous leur dites tout simplement la Vérité : que l’homosexualité est un mal (parce qu’elle est une peur et parfois un rejet de la différence des sexes, différence dont nous sommes tous issus et qui nous permet d’exister et d’aimer vraiment), parfois une irréalité (parce que toute peur n’est pas fondée ni durable), mais que les personnes homosexuelles quant à elles sont à respecter et à aimer (parce qu’elles ne sont pas le mal qu’elles ressentent le plus souvent sans l’avoir choisi). Vos jeunes entendent maintenant parler d’homosexualité de plus en plus tôt… à moins que leurs oreilles chastes et leurs yeux soient encore préservés de cela, auquel cas tant mieux. Ils sont donc très sensibles à votre regard respectueux à l’égard des personnes homosexuelles, mais ont d’autant plus besoin de votre éclairage sur les actes, car en Occident surtout, leur entourage scolaire, générationnel, éducatif, médiatique, les pousse précisément à ne pas aimer les personnes homosexuelles telles qu’elles sont et à ne pas juger des actes homos.
Rien ne sert de mentir aux enfants, même si c’est pour d’excellentes excuses (ne pas leur donner des idées, préserver leur innocence et leur sexualité, ne pas s’embarquer dans un débat dangereux qu’on maîtrise mal, etc.). Tout enfant et adolescent est à même de comprendre la primauté de la différence des sexes, en identité (garçon/fille) et en amour (sexualité). Tout enfant peut entendre que l’accueil de la différence des sexes, c’est l’Amour même ; et que lorsqu’on rejette la différence (des sexes), c’est qu’on aime moins et qu’on crée une souffrance, une violence, une discrimination inacceptables.
Si le sujet de l’homosexualité est amené par vos enfants, même très petits, affrontez-le avec joie et gravité (deux sentiments qui vont bien ensemble). N’en ayez pas peur. Ce sera même une aubaine pour vous que le mot soit prononcé ouvertement. Il vaut mieux que ça sorte et qu’on vous consulte plutôt que votre enfant rumine et valide intérieurement un phénomène dont il connaît l’existence et qu’il a peur de partager avec vous… car c’est à ce moment-là que les fantasmes s’imprègnent. Si vos ados ne vous parlent pas du tout d’homosexualité, a fortiori à notre époque actuelle, ce n’est, à mon avis, pas super bon signe.
55 – J’ai découvert que le parrain que j’avais choisi pour mon fils est homosexuel. Comment je me situe ? Est-ce que je marque la distance ? Est-ce que je change de parrain ?
Si le choix du parrain homosexuel a été fait en connaissance de cause (c’est-à-dire en connaissance de l’homosexualité), la question de conserver ce lien si précieux et unique entre votre enfant et son parrain ne se pose pas. Votre choix est responsable et forcément le bon, quels que soient les événements à venir. À moins qu’avec le temps le risque de mauvaise influence sur votre enfant soit réel et que l’ami choisi ne se révèle vraiment pas un modèle de vertu (notamment parce qu’il est en « couple », ou bien butine de copain en copain), je vous en prie : gardez cette filiation baptismale. Le parrainage est non seulement une belle preuve de confiance, mais aussi une promesse d’éternité, de paternité adoptive spirituelle qui dure à vie. En plus, vous, et surtout votre fils (ou votre fille), êtes sans doute la seule attache qui relie encore votre ami-parrain à l’Église, à la foi et à la Vérité, dans le cas où ce dernier pratique l’homosexualité. Cette relation filleul-parrain, d’anodine, peut alors devenir cruciale.
Si le choix du parrain a été fait avant que vous ne découvriez son homosexualité, c’est une situation plus délicate. Mais là aussi, voyez cette configuration non-préméditée comme une belle opportunité d’évangélisation, d’aide amicale renforcée, d’ajustement précocement adulte entre vous et votre enfant. Non comme une mauvaise surprise, une galère, un danger, une trahison, une déception, une angoisse, un problème insoluble, une excuse pour revenir sur votre décision voire pour couper carrément les ponts. Une confiance donnée ne se reprend pas. Quand bien même les relations humaines évoluent, se distendent parfois.
Je terminerai par souligner une réalité. On ne va pas se mentir. L’homosexualité fait peur, déjà par son statut de terrain glissant, par rapport à sa perversité intrinsèque une fois qu’elle devient active, mais aussi dès qu’elle louvoie avec la jeunesse (cf. la méfiance à l’égard des célibataires endurcis, l’amalgame entre homosexualité et pédophilie, le saut vers l’incertitude et la « modernité », etc.). L’alibi de la foi, de la confiance amicale ou du parrainage spirituel n’y change pas grand-chose et ne suffit pas à rassurer complètement les esprits. Alors nous, personnes homosexuelles, vous sommes doublement reconnaissantes que vous nous fassiez confiance pour être parrains ou marraines. Nous devinons parfaitement que, socialement et catholiquement parlant, nous ne sommes pas des « valeurs 100 % sûres », même aux yeux de nos très bons amis. Nous offrir un de vos enfants, c’est une sacrée gageure, et ce, pour toutes les parties en présence.
Moi, pour l’instant, je n’ai été demandé parrain qu’une seule fois dans ma vie, et d’un petit d’homme adorable, en plus. L’enfant d’amis chers. C’est un privilège que j’ai à cœur d’honorer. Même si je n’ai pas peur de moi, je sais que j’éviterai au maximum de toucher mon filleul, que je ne tomberai jamais amoureux de lui et ne serai jamais tenté par lui, tout simplement parce que, si le contraire survenait, je me l’interdirais (même en pensée) et que surtout je me pardonnerais difficilement de projeter quoi que ce soit d’érotique sur lui. Mais je sais aussi très bien qu’en théorie, en probabilité et de l’extérieur, ma condition pourrait effrayer des gens peu téméraires et dissuader certains catholiques de prendre le risque de me choisir comme parrain, au moins par précaution, « dans le doute », pour ne pas tenter le diable, et pour éviter des inquiétudes inutiles, même s’il y a peu de chances que le dérapage arrive, et si on m’assurait que « mon homosexualité n’a rien à voir là-dedans et que c’est pas contre toi… ». Beaucoup de parents préfèrent la sécurité. Je les comprends et je ne peux pas leur en vouloir. Mais sachez que ceux qui osent nous faire confiance par-delà leurs propres peurs et notre homosexualité, nous touchent au plus haut point.
Le fait que vous nous demandiez en parrain (ou marraine, pour les filles) nous console énormément de ne pas pouvoir être père (ou mère, pour les filles), nous responsabilise dans la foi (car un parrain n’a de sens que dans la foi : le « parrain-diplôme-d’amitié » est une dénaturation contemporaine du vrai parrainage), nous dissuade de toute velléité de réclamer le « mariage pour tous » puis la PMA (Procréation Médicalement Assistée) et la GPA (Gestation Pour Autrui). Le parrainage, évidemment, est plus limité que la paternité de sang, et ne comblera jamais chez nous le manque d’un couple ou d’un enfant. Mais il est mieux que rien. Et en plus, il offre tous les bons côtés de la paternité, de l’amitié et de la prêtrise, sans les inconvénients. Il constitue un beau pied de nez à l’homophobie ambiante et une preuve tangible – à l’instar de la continence homosexuelle – qu’Église et personnes homosexuelles font très bon ménage. Plutôt que de défiler bêtement dans les rues, les manifestants catholiques de La Manif Pour Tous auraient lutté beaucoup plus efficacement contre la GPA en nous nommant parrains de leurs marmots – et en nous convertissant par la même occasion à l’Amour de l’Église pour nous !
56 – Mon fils/frère/cousin/ami homo m’invite à son mariage. Est-ce que j’accepte, alors que ça va à l’encontre de mes convictions religieuses ? Me rendre à cette fête ne revient-il pas à cautionner, et donc à pécher ?
Ce n’est pas à moi de vous dire ce qu’il convient de faire exactement. L’homosexualité est un terrain tellement complexe et miné à cause de la sincérité qu’elle sollicite et à cause de l’humanité qu’elle comprend, qu’il n’y a pas de solution toute faite applicable à telle situation précise. Ce qui compte, quelle que soit votre décision finale, c’est qu’elle ait été motivée et qu’elle soit l’aboutissement d’une application substantielle de la Charité-Vérité. S’il y a eu de l’Amour et de la Vérité, votre choix sera forcément le bon.
Concernant précisément votre question, par exemple, il est tout à fait possible de se rendre à un « mariage » homo d’un proche de manière 100% morale et catholique, à partir du moment où vous avez formulé préalablement à vos hôtes votre opposition au couple-acte homosexuel, votre désaccord par rapport à l’événement, votre conviction que la cérémonie qui se tiendra n’est pas un mariage et qu’un « couple » homosexuel ne vivra jamais concrètement de la réalité du mariage vu que le mariage est la différence des sexes ; mais, après avoir énoncé clairement et aimablement votre avis en Vérité, il est important que vous rajoutiez que la relation et l’amour que vous portez à votre fils/frère/cousin/ami vous commandent de venir quand même. Le problème serait d’aller à pareille mascarade en y croyant. Si c’était le cas, je vous conseillerais de ne pas faire le déplacement. Mais sinon, le fait d’être présent à un « mariage » homo n’est, à mon avis, pas un péché en soi, ni une compromission. Tout dépend de la Vérité et de la Charité que vous avez mis à votre présence… ou à votre décision d’absence. Quoi qu’il en soit, la relation et les personnes priment. Si à l’évidence votre refus d’être présent au « mariage » détériorait gravement les rapports et ne serait pas compris, il vaut mieux choisir le moindre mal, et donc l’entorse à vos principes moraux, en étant quand même là. Ce sera une manière pour vous de prendre votre part de souffrance dans l’Amour, sans jamais renoncer à la Vérité, et de communier encore plus avec le Christ. Il se pourrait bien que votre effort et votre joie dans le jeûne évangélisent bien plus qu’une intransigeance puriste à rester coûte que coûte fidèle à vos croyances, aussi justes fussent-elles.
Je rajouterais une petite parenthèse qui peut avoir son importance pour votre discernement. Dans la situation que nous discutons, il est évident que le degré de risque, d’implication personnelle (et donc de péché, dans le cas où vous cautionnez l’événement) est plus haut si vous vous rendez à un « mariage » homo et que si vous aviez à inviter un proche homosexuel à votre propre mariage valide (cf. nous étudierons ce cas de figue dans la question n°64). Je ne peux pas nier qu’il est en effet plus grave de participer à une réunion « ritualisée » justifiant un acte mauvais et/ou irréel que d’inviter un frère/cousin/ami avec son compagnon à un mariage valide, même si dans les deux cas, votre justification de « l’amour » homo pourrait vous amener à pécher.
57 – À la fête de famille, une cousine vient avec sa compagne et « leur » enfant. Comment je réagis, et comment j’explique cette réalité à mes enfants qui les verront ?
Déjà, vous dites toute la Vérité à vos enfants, en leur rappelant l’exigence de Charité et d’accueil des pécheurs. Ensuite, je vous enjoins à accueillir largement, à faire bon accueil à tout le monde, sans faire de sélection et sans déroger à annoncer la Vérité aux personnes concernées. Certes, vous me direz que la Vérité est acte, que la Charité a des limites : « Pas de vraie Charité sans l’exigence et la vigueur de Jésus ! » Mais je crois que la première des Vérités, c’est la Charité. « Je suis pas Mère Teresa ! » Ben si, justement ! Au nom de la Communion des saints, nous sommes Mère Teresa.
Dernier conseil : si vous avez vraiment du mal avec certaines réalités sociales indéfendables qui vérolent jusqu’à votre propre famille, contemplez la filiation complètement tordue, pécheresse, adultère, incestueuse, criminelle, qu’a choisie Dieu le Père pour venir rejoindre tous les Hommes que nous sommes, et pour y greffer son propre fils Jésus. Et là, ça devrait calmer en vous toute révolte, angoisse ou sentiment d’injustice !
58 – J’organise une fête de famille avec ma femme et mes enfants. Mon fils, homosexuel, me dit que cette fois, il ne viendra pas sans son compagnon. Je fais quoi ?
Je vous propose de mettre en place la même méthode que Jésus : affirmer ou réaffirmer votre avis sur l’homosexualité, puis votre accueil inconditionnel et votre amour pour votre enfant, indépendamment du désaccord qui se profile entre vous. Par-delà le désaccord, même. L’Amour supporte tout. Et beaucoup de choses peuvent être dites et entendues avec de l’Amour, et dans la prise en compte bienveillante (mais non complaisante) de la sincérité des personnes, des bienfaits objectifs que vivent les personnes dans une situation qui reste inacceptable.
En plus, rassurez-vous et faites confiance au bon sens de vos enfants. Si votre fils homosexuel est suffisamment intelligent et conscient de la souffrance qu’il vous cause, il aura la délicatesse de modérer ses demandes, de bien se tenir, d’annuler certaines de ses initiatives « un peu limites » parce qu’il sait qu’elles vous mettraient mal à l’aise ou vous blesseraient. Je connais beaucoup de personnes homosexuelles qui, par amour pour leurs « vieux » et pour éviter le choc culturel, tolèrent de dormir dans un lit ou une chambre séparé(e) d’avec leur compagnon, évitent les gestes d’affection amoureuse ostentatoires, se montrent plus sobres qu’à la normale, n’abordent pas les sujets qui fâchent avec leurs parents (car elles-mêmes sont incertaines par rapport au « mariage pour tous », aux Manifs, à l’adoption, à la GPA, ou bien devinent que sur ces questions-là, il ne vaut mieux pas s’aventurer !), voire même viennent aux fêtes de famille ou chez leurs parents sans leur partenaire. Nous, les personnes homosexuelles, ne sommes pas toutes des terroristes, des bourreaux de parents et des manipulateurs !
59 – Mon fils me dit que si je ne l’accepte pas avec son compagnon, je ne le reverrai plus. Dois-je plier sous son chantage ?
Si votre fils (ou votre fille) homosexuel(-le) n’a pas la décence de vous épargner (parce que son esprit s’est échaudé à cause de votre tristesse, des Manifs Pour Tous, de votre pratique religieuse, d’un passé personnel douloureux enfoui, de l’influence toxique et vengeresse de son partenaire à votre égard, que sais-je encore…) et qu’il a décidé de vos tester en vous en demandant toujours plus (d’abord l’acceptation du coming out, ensuite ses drôles de fréquentations amicales, après le défilé des amants éphémères, la Gay Pride, la présence du compagnon régulier aux vacances et aux réunions de famille, puis le PaCS, quand ce n’est pas l’invitation à son « mariage » pour finir par les « petits-enfants » obtenus par PMA ou GPA !), là, je vous conseille deux attitudes… qui peuvent être menées simultanément (si si !) car elles sont complémentaires. « Soyez rusés comme des serpents et purs comme des colombes. » (Mt 10, 22) À la fois vous ne devez pas vous braquer, à la fois vous ne devez pas céder au chantage, quitte à contredire vos anciens laxismes et à demander beaucoup à votre fils (même quand, par faiblesse, par peur, par ignorance, vous auriez dû mettre le holà bien plus tôt, que vous avez laissé beaucoup trop d’étapes se brûler, que le retour en arrière semble arriver trop tard, et que votre mari ou votre femme n’est plus là pour vous seconder…), et surtout vous demander beaucoup à vous-même !
Pourquoi « à vous-même » ? Peut-être que la suraffirmation homosexuelle et « militante » de votre enfant ne réclame qu’une seule chose : que vous lui demandiez pardon pour la blessure qu’a générée votre divorce avec son père (ou sa mère… si jamais vous avez divorcé…), ou pardon pour le mal que vous lui avez fait/qu’il a ressenti comme tel, voire même que vous vous réconciliez avec la personne avec qui vous vous êtes marié(e) et que vous changiez de vie. Si vous choisissez de devenir exemplaire et irréprochable en Amour, sans doute que votre fils, de provocateur, va vous suivre dans votre changement. Tout comme son désordre homosexuel suivait par mimétisme d’opposition inconscient la déstructuration de votre propre mariage et votre désobéissance à l’Église, de même son retour à une vie plus authentique pourra obéir à la reconstitution inattendue de votre foyer et de votre propre vie de prière/de communauté catholique.
Je me doute bien que, face au chantage à l’homosexualité, lourd de conséquences parfois irréversibles (rupture définitive, maladie mortelle contractée, nouvelles vies impliquées dans la boucle de la pratique homosexuelle, bonheur existentiel compromis, etc.), on n’a pas trop envie de jouer à quitte ou double avec ses propres enfants, ni tout simplement de jouer au plus malin ni au plus têtu. Il ne faut pas perdre de vue que l’homosexualité est avant tout une blessure d’orgueil. Sa capacité de nuisance est donc forte, et parfois s’active sur un détail ou un malentendu, en plus. Par exemple, par fierté mal placée, votre enfant peut s’évertuer à rester fidèle à son compagnon alors même qu’objectivement tous deux se maltraitent et ça ne va vraiment pas entre eux. Ou bien par orgueil et provocation idiote, votre fille lesbienne peut se mettre enceinte et vous obliger à accueillir la vie d’un nouvel être que, moralement, vous ne pourrez pas renier, rejeter ni mépriser, une fois qu’il sera né.
Cependant, je vous encourage, malgré le caractère impressionnant du caprice que l’homosexualité justifiée est, de ne pas vous laisser démonter. Votre enfant, au fond de lui, attend votre courage de vous opposer à lui, espère l’aveu de sa souffrance (ou de votre péché) qui ne pourra pourtant venir que de lui (ou que de vous, pour le péché), même s’il ne sait pas vous le demander. Le temps, la prière, la fermeté, la persévérance dans la douceur et la Vérité, la joie grave et le rejet du mal, votre conversion personnelle, auront, je crois, raison des décisions théâtralement sincères et souvent trop péremptoires pour être définitives. Je garde toujours en mémoire cette observation empirique des chasseurs de gros gibiers, qui constatent que le sanglier qu’ils ont visé devient brutal et fait des dégâts considérables uniquement lorsqu’il est touché à mort. Je suis persuadé que le diable – ou toutes nos désobéissances, nos fermetures, nos colères, nos serments méchants – fonctionne de même : c’est au moment où le mal est sur le point de crever qu’il se déchaîne. Mais son énergie ne prouve ni sa victoire ni sa durée ni sa vérité. Au contraire. Elle est proportionnelle à son inexistence et à sa faiblesse. Donc concernant le chantage à l’homosexualité que parfois nous, les personnes homosexuelles, nous vous faisons, tenez-nous tête, sereinement, silencieusement, aimablement. La bombe se désamorcera d’elle-même. Les actions et résolutions dictées par notre désir homosexuel sont un colosse aux pieds d’argile. Elles se pratiquent la plupart du temps parce que vous ne priez pas assez. Et si vous priez assez mais que nous nous obstinons dans l’erreur, c’est que Dieu permet cela pour votre sanctification.
60 – J’organise les vacances en famille. J’aimerais inviter mon fils homo. Est-ce que j’inclus son compagnon, ou j’impose qu’il ne se joigne pas à nous ?
Imposer, non. La simple concertation règle beaucoup plus les problèmes que les non-dits ou les interdictions sèches. Contentez-vous, si vous le pouvez, de formuler votre avis sur l’homosexualité, en gardant en tête qu’inviter en vacances n’est pas neutre : cela revient à adopter quelqu’un officiellement comme un vrai membre de la famille, même si ça semble se faire dans un cadre informel et relax. Or, le compagnon de votre fils ne fera jamais partie de votre famille de sang, même par cooptation ou par sympathie. Il pourra être à la rigueur un fils d’adoption ou un ami, pris individuellement. Mais pas beaucoup plus. Ne vous mentez pas à vous-même ni aux autres. Seule la Vérité permet l’Amour et les relations authentiques.
Et soit dit en passant, si j’étais vous, j’éviterais d’en faire trop avec le petit copain de votre fils, de prendre une quelconque initiative. Il n’a à être considéré par vous ni comme un étranger, ni comme un pote ou un « gendre symbolique » avec qui on peut simuler une complicité factice et qu’on peut tromper sur la réalité (la famille) et la Vérité (la foi). À moins que la convivialité ne fasse partie de votre plan de conversion et d’évangélisation du « couple » de votre fils, je ne me poserais même pas la question de l’inviter, de l’inclure ou de l’exclure des activités familiales. Si sa présence vous est demandée, dans ce cas-là seulement vous aviserez et vous vous positionnerez en conscience le moment venu. Mais ne devancez pas les idées qui donneraient à penser que vous encouragez votre enfant dans la voie de la pratique homosexuelle. Gardez-vous également de la formulation péremptoire de décisions qui donnerait à penser que vous niez complètement ce qu’il vit amoureusement. Tous ces cas de conscience arriveront bien assez tôt et par l’intermédiaire d’autrui ! Autant que ça ne vienne pas de vous. Tout ce que je vous conseille, c’est de ne pas prendre pour acquise, de ne pas valider et de ne pas normaliser la situation illégitime de votre fils. Non parce que « cela doit être » mais au nom du bonheur des personnes en Vérité.
61 – Les liens avec une de mes tantes, lesbienne, qui est en plus ma marraine, se sont distendus, surtout depuis le « mariage pour tous ». Comment reprendre le contact ?
C’est tout simple. 1) En s’invitant chez elle (le Réel, toujours le Réel !). 2) Ou bien en l’appelant par téléphone. Sans trop parler (« Qui se justifie s’accuse ») mais plutôt en écoutant et en laissant le sac d’en face se vider. 3) En insistant un peu si ça ne décroche pas tout de suite. 4) En demandant pardon : pas forcément « d’avoir eu tort » – en reniant ce qu’on pense et ce à quoi on croit – mais plutôt pardon au moins « d’avoir blessé » ou que votre interlocutrice « se soit sentie blessée ». 5) En lui écrivant une jolie lettre. La plus courte possible : ne pas rentrer dans le débat mais plutôt appuyer sur l’importance de la beauté de votre relation, sans nier non plus les problèmes. 6) En reconnaissant (parce que c’est vrai) que les Manifs Pour Tous, aussi louable fût leur but, ont été homophobes. Le mot « homophobie » sortant de votre propre bouche peut avoir l’effet d’une bombe et devenir la clé ouvrant instantanément le cœur de votre marraine : je vous jure.
Vous savez : contre toute attente, les personnes les plus butées, boudeuses et contrariées, sont aussi les plus faciles à convertir et à adoucir. Pourquoi ? Parce que c’est exténuant de bouder ! Mgr Patrick Le Gal – évêque aux Armées – expliquait un jour que la personne qui boude se fatigue deux fois plus que les autres. En ruminant sa rancœur, non seulement elle punit l’autre, mais elle se punit aussi elle-même ! Double peine ! Pour l’en sortir, il faut faire usage de pédagogie, d’humour, d’écoute. Et elle sera toute contente d’avoir l’impression de se libérer doublement elle-même !
Concernant le « mariage pour tous » à proprement parler, croyez-moi, ce n’est pas derrière une vraie enquête, une mûre réflexion, et pléthore d’arguments solides, que les pro-mariage-gay se sont réfugiés et renfrognés. En général, ils ont défendu cette loi épidermiquement, sans y croire eux-mêmes (il n’y a qu’à les entendre parler du mariage !), sans autre mobile que le soutien arbitraire et affectif aux personnes homosexuelles. D’où leur silence bougon actuel. Déjà, pendant le passage de la loi, ils serraient les fesses et ne jouaient pas les fiers. D’ailleurs, l’affluence à la Gay Pride de 2013 fut très timide et beaucoup moins importante que les autres années…
En outre, de plus en plus de personnes homos se désolidarisent du « mariage pour tous » en réalisant ses conséquences désastreuses et leur propre désintérêt pour leur « cadeau » empoisonné/inutile. Alors comptez aussi sur cette prise de conscience – muette, lente mais puissante – du côté des personnes homosexuelles pour revenir en douceur vers elles. Beaucoup sont prêtes à réaliser que la relation et le passé qu’elles ont partagés avec vous, vaut bien plus que des petites guéguerres sociales dans lesquelles les gens s’arc-boutent pour masquer leurs problèmes intimes.
62 – J’ai amené mon fils à un goûter d’anniversaire, et en le laissant, je me suis fait piéger puisque j’ai découvert que son camarade était élevé par un couple d’hommes : qu’aurais-je dû faire ?
Le même cas de conscience risque de se poser si votre enfant se trouve – ça arrive de plus en plus – dans une classe avec un autre enfant élevé par deux hommes/deux femmes en « couple », ou avec un camarade dont l’un des deux parents biologique est socialement homosexuel. Ces nouvelles réalités fantasmées actuelles, loin d’être négligeables, suffisent à bouleverser l’équilibre et l’orientation pédagogique de tout un établissement scolaire. Rien que cette semaine, j’ai vu que dans certaines écoles primaires, la fête des mères et la fête des pères avaient été remplacées par « la fête des gens qu’on aime » au nom de la « non-discrimination » des situations familiales hors-normes. Donc il faut vous y préparer sérieusement. La science-fiction, l’humain asexué, c’est maintenant.
Dans l’affaire du goûter d’anniversaire, mais finalement dans toutes les situations où votre enfant peut se retrouver confronté à la réalité homosexuelle, je ne vous conseillerai qu’une chose : du moment que la Vérité est dite (et en toute Charité !) par vous, tous les schémas d’actions et de réactions sont envisageables. Donc vous avez le choix, en fait ! Soit vous retirez votre enfant mais avec Amour (cela dit, dans ce cas de figure, ça risque d’être compris comme un rejet des personnes… alors qu’il vaut quand même mieux favoriser l’échange), soit vous le laissez mais en expliquant comment vous le laissez (c’est-à-dire en définissant calmement les conditions), ou bien en préparant un bel échange « Vérité » avec les organisateurs au moment de le récupérer. Quand il y a de l’Amour des personnes, de la Vérité sur ce qu’elles vivent, et de l’Humour, tout devient possible, beaucoup de choses sont audibles et recevables. C’est d’ailleurs comme ça qu’on peut constater combien la foi catholique libère vraiment, dénoue les nœuds, détend l’atmosphère et décuple considérablement notre marge d’actions (en comparaison avec ceux qui agissent dans le feu de leurs convictions ou de leurs émotions, mais sans le Feu de l’Espérance, de la Foi et de la Charité). L’Église est une vraie richesse, une boîte à idées pour n’importe quelle situation, même la plus ubuesque.
Par exemple, en voyant les publicités gays friendly et pro-« homoparentalité » de mon assureur « militant » La MAIF, j’ai décidé de me désinscrire de cette mutuelle. Au téléphone, j’ai dû expliquer les raisons de mon départ. J’aurais pu tourner les talons, invoquer par flemme et rancœur une excuse-bidon courte pour rompre mon contrat sans discuter. Mais agir sans Vérité, ce n’est pas agir comme le Christ. J’ai donc pris le temps d’expliquer pourquoi je m’opposais au « mariage homo » et à l’attribution de la parenté à des formes amoureuses qui ne sont pas parentales. Ça a donné lieu à une discussion apaisée et passionnante de quasiment deux heures avec l’employé de la MAIF qui, sans ça, ne se serait jamais posé la question de l’opposition à l’homosexualité et au « mariage gay », et qui s’est avoué bousculé par la nouveauté et le courage de mon discours. Bien souvent, les gens nous rejettent uniquement parce qu’à la base, c’est nous qui les avions rejetés et n’avions pas pris le temps pour eux.
63 – J’affiche mon opposition au « mariage gay » et à l’homosexualité (de mon fils, de mon neveu ou de mon petit-fils). Ainsi, je me mets à dos toute la famille gay friendly pour qui je passe pour le cathos réac et intolérant. C’est dur. Comment continuer à les fréquenter dans cette ambiance lourde là ?
Je sais bien. C’est parfois très lourd à porter. Même si le procès en « intégrisme », en « conservatisme », en « retard archaïque », n’est jamais agréable à recevoir et est souvent injuste, essayez de vous dire que c’est la rançon de la Vérité et de votre Joie dans la persécution au nom de Jésus, tout en gardant bien à l’esprit que si le point de divergence peut se tasser avec le temps, il ne sera jamais un détail. Ce n’est pas « pour rien » que c’est si tendu et douloureux : il y a un BEL enjeu ! Car ce qui est en jeu avec le « mariage pour tous », c’est la différence des sexes et la différence Créateur-créatures (la foi, l’Église…)… donc autant dire les Essentiels de votre vie. Alors ça vaut le coup de vous battre, de persévérer, de souffrir ! Pas tellement « pour avoir raison ». Mais plutôt pour la préservation de la qualité de relation avec votre famille. Rien de pire que des liens ou des échanges familiaux qui ne se vivent pas dans la Vérité. Et tant pis si vos proches ne vous comprennent pas toujours, vous jugent comme « les méchants réacs’ », vous manquent de respect et vont imposent – en public comme en privé – un constant chantage aux sentiments. Ils essaient en réalité de vous soutirer une Vérité et une Charité qu’ils n’ont pas (donc à vous d’exceller doublement dans ces deux domaines !). Tenez bon ! En gardant toujours au cœur l’horizon de la Résurrection.
Par ailleurs (et ce n’est pas un détail ! c’est même le plus important, ce que je vais vous dire maintenant), dans ces affaires de tensions familiales concernant l’homosexualité-l’hétérosexualité-l’homophobie et concernant le « mariage gay », bizarrement, le plus à convertir, c’est vous-mêmes ! Le problème, ce n’est pas tellement les autres ! C’est un combat spirituel entre votre raison et votre cœur, au fond. Dans ces débats familiaux explosifs ou vaseux, vous serez, malgré les apparences, toujours plus malmenés de l’intérieur que de l’extérieur ; vous serez toujours beaucoup plus testés sur votre rapport intime à Dieu, à l’Église, à votre propre sexualité et au mariage, à votre manière de répondre aux personnes, que sur celui des autres ; vous serez toujours plus menacés par vos propres doutes personnels et votre manque d’arguments à l’encontre du « mariage pour tous », que par les « arguments » et les attaques des pro-mariage-gay (qui ne sont en général pas d’un très haut niveau : c’est de l’affectif et de l’idéologique purs que de défendre le « mariage » homosexuel). Ce que je veux signifier par là, c’est que si les attaques de vos proches vous affectent, ça n’indique pas une « injustice » ou une « conspiration » qui doivent vous faire désespérer de votre famille ou de votre époque, et vous fournir une excuse pour encore plus vous victimiser/rigidifier. Tout le contraire ! Votre peine et votre exaspération illustrent surtout que vous ne savez pas encore assez bien pourquoi le « mariage gay » est mauvais, vous ne savez pas assez pourquoi l’Église a raison sur toute la ligne concernant l’homosexualité, vous n’êtes pas assez formés sur l’homosexualité et vous n’aimez pas assez les personnes homosexuelles/leurs amis gays friendly. Alors rendez grâce pour l’occasion que vous fournissent ces persécutions de rencontrer en Vérité les personnes homosexuelles, de vous replonger dans le Catéchisme de l’Église catholique, de vous former sur l’analyse/la dénonciation de l’homosexualité et l’hétérosexualité tout en gardant fermement l’amour des personnes, d’être des témoins de Jésus au cœur de leur temps.
Je finirai cette réponse en vous offrant un petit « pense-bête » très utile que j’ai écrit il n’y a pas longtemps, pour poser de manière synthétique les quatre arguments de poids qui justifient l’opposition au « mariage gay » (et plus largement, au coming out, à l’Union Civile, à l’homophobie, au militantisme pro-gay et pro-hétérosexualité). Car souvent, même les opposants au « mariage gay » ne le connaissent pas, et ne s’attachent qu’aux « conséquences sur la filiation » de la Loi Taubira pour justifier leur intuitive objection (c’est un peu court…). Cela pourra vous aider de le lire, relire et rerelire. C’est plus un encadré pour vous et votre cœur, qu’un contenu à déverser et à asséner aux autres (de toute façon, en général, vous n’avez pas le temps de le dégainer au moment de répondre en cinq secondes à la sempiternelle question-qui-n’attend-pas-de-réponse « Mais pourquoi vous êtes contre le mariage gay ? »).
Personnellement, quand on me demande pourquoi je suis « contre le mariage gay », je dis d’abord (et le fait que je sois ouvertement homosexuel aide à l’écoute et à ma légitimité à parler, c’est évident) que je m’y oppose parce que justement j’aime les personnes homosexuelles et l’Humanité, et que cette loi ne les respecte absolument pas même si elle s’impose en notre nom. À mon avis, le « mariage gay » est gravissime pour ces quatre raisons principales :
1) D’abord, il ne repose plus sur l’Humanité puisqu’il remplace la sexuation humaine par l’orientation sexuelle des personnes, c’est-à-dire par leurs sentiments et leurs pulsions ou, ce qui revient au même, par les gens qui nous attirent érotiquement et notre pratique génitale. Comme si nous étions des anges ou des animaux, et plus des humains ! On glisse l’air de rien des Droits de l’Homme vers le Droits des homos et des hétéros. C’est très grave, cette violation d’Humanité.
2) Ensuite, ce « mariage » ne respecte pas la réalité des personnes homosexuelles et de leurs potentiels « couples », et ne règle absolument pas leurs problèmes individuels (viol, souffrances : à ce jour, 100 amis homos m’ont révélé avoir subi un viol) ni leurs problèmes « conjugaux » (violence, infidélité, ennui) et sociaux. Il complique même leur existence et augmente l’homophobie à leur encontre car il les installe dans des situations et des pratiques souvent irréversibles, commerciales et délictueuses (vol et trafic d’enfants), pratiques qui vont engendrer plus vite qu’elles ne le croient des représailles homophobes d’une cruauté terrible.
3) De plus, au nom de l’« amour », le « mariage gay » retire et banalise la différence des sexes dans les textes de loi : le mari et la femme s’affadissent en « conjoints », le père et la mère en « parents ». Symboliquement, on ne reconnaît plus la différence des sexes comme Meilleur humain pour exister et pour aimer, alors qu’on sait très bien qu’il n’y a pas d’amour humain véritable sans accueil de la différence des sexes, et que tout être humain a besoin de l’amour dans la différence des sexes pour se construire et être heureux. Autrement dit, avec le « mariage pour tous », l’amour entre les deux conjoints différemment sexués, puis entre les deux potentiels parents biologiques d’un enfant, n’est plus reconnu ni valorisé comme le meilleur pour qu’une société vive en paix, n’est plus protégé par la loi nationale. Il s’agit d’un début de massacre de l’Amour incarné, réel. Ni plus ni moins.
4) Enfin, cette loi donne minimum trois parents à un enfant. Ce scandale a été à peu près reconnu par tout le monde, même par les pro-mariage-pour-tous (c’est pour cela qu’on ne les entends plus depuis l’approbation de la loi…). En effet, à partir du moment où on nomme « parents » les deux membres d’un « couple » homo, et où on leur donne un enfant à élever, il faut nécessairement recourir à une tierce personne, quand ce n’est pas 4 et plus ! Et ce, dans tous les cas de figure, sans exception : adoptions, projet de coparentalité, conséquences du divorce ou d’une séparation, PMA (Procréation Médicalement Assistée), GPA (Gestation Pour Autrui), etc. Le « mariage gay », c’est la pluriparenté (un mythe) imposée à tous ! Bienvenue dans le « meilleur des mondes » !
64 – Je me marie à l’église avec mon futur mari et au moment d’envoyer les faire parts, je suis prise entre deux feux : je ne sais pas si je dois inviter mon cousin vivant aux États-Unis seul ou avec son compagnon, au risque de provoquer un psychodrame dans ma propre famille. Que faire ?
Si j’étais vous, j’inviterais quand même votre cousin avec son compagnon. L’inviter à venir seul serait ne pas respecter sa liberté ni son engagement de vie. Cela reviendrait à nier sa sincérité, sa situation, ainsi que sa personne et votre relation ; à le punir en vous mêlant de ses choix. Heureusement qu’on n’accueille pas les gens selon ce qu’ils font, mais uniquement selon ce qu’ils sont, même si on n’est pas forcément d’accord avec leurs actes et leur mode de vie, et malgré nos désaccords. Si nous n’ouvrions notre porte qu’à ceux avec qui nous sommes 100% d’accord, ou bien si nous n’invitions à notre mariage que les gens au mode de vie irréprochable, nous nous retrouverions bien seuls !
Notre amour envers les autres doit être inconditionnel. Nous n’aimons pas les gens à partir du moment où ils le mériteraient, où ils seraient en règle ou conformes à notre idée de la moralité, où nous cautionnerions toutes leurs actions. Nous leur ouvrons notre porte parce que nous les aimons au-delà de ce qu’ils font, et au-delà de la respectabilité et de la bienséance sociale. Cela ne nous dispense pas de couronner cet accueil de Vérité, en spécifiant bien pourquoi nous les accueillons, et en tenant compte de la justesse des actes. Mais c’est la Charité qui prime. « Ce qui demeure aujourd’hui, c’est la foi, l’espérance et la charité ; mais la plus grande des trois, c’est la charité. » (1 Cor 13, 13) Personnellement, j’inviterais votre cousin et son compagnon, tout en leur énonçant clairement ce que vous pensez de leur union. Pas en mode négatif et manichéen – « Vous êtes dans l’erreur, vous commettez le mal, vous n’êtes pas heureux, ce que vous faites est péché, etc. » – mais en mode positif – « Nous sommes témoins que ce que vous vivez est sincère et vous apporte des bienfaits indéniables, mais nous croyons que vous avez mieux à vivre qu’un couple, que vous n’êtes pas un minimum comblés ensemble ni encore à votre meilleure place. Si nous vous invitons tous les deux, ce n’est pas en tant que couple, mais en tant que personnes que nous apprécions chacune personnellement, comme deux amis, comme deux êtres chers à nos yeux. Si nous vous écrivons cela, c’est parce que nous voulons être en vérité avec vous, parce que nous vous aimons, et que nous voulons que vous soyez à nos côtés pour la fête. »
65 – Mon fils, en couple avec un homme, a un enfant (par mère porteuse ou autres) puis le fait baptiser à l’Église. Je m’y rends ou je ne m’y rends pas ? J’accueille cet enfant ou non?
Cela va de soi que vous accueillez cet enfant. Quant à la cérémonie ou messe de baptême, si vous en avez la force, et sous la condition que vous ayez bien dit préalablement et librement la Vérité et votre avis sur l’homosexualité, rendez-vous quand même à l’événement. Un enfant né même de manière illégale, illégitime, mercantile, et par les mauvais moyens, n’a pas à payer toutes les conséquences de l’orgueil de ses parents (il en paiera déjà bien assez !) et n’a pas à être privé de la Grâce divine. Il serait le fruit d’un viol que vous vous rendriez à son baptême quand même ! Puis dites-vous que la démarche des « parents », aussi truquée soit-elle, va forcément les amener à cheminer, voire à se convertir, au contact de la catéchèse du prêtre sur le baptême, si jamais ce dernier est bon. Ça ne peut que leur faire du bien que vous rentriez un peu dans la fête (car le baptême reste une grande fête) et qu’eux entendent par moyen détourné et sacré la Vérité de leur situation adultère.
Je sais bien, comme vous, que « la religion, c’est sacré », et que si on ne fait pas les choses dans les règles, surtout au niveau du rite, des conditions d’administration des sacrements, de la pureté des intentions des « parents » qui baptisent, la validité du sacrement est fortement remise en cause. En plus, votre présence au baptême pourrait donner à croire à votre fils et à votre entourage social que vous entérinez le mode de vie homosexuel. Mais dans votre cœur et dans vos mots, vous savez très bien que, si vous êtes restés fermes et fidèles à votre for intérieur en Jésus, vous ne dévierez pas et vous n’encouragerez/n’alimenterez aucun mal. Mieux : vous limiterez les dégâts et jouerez vraiment votre rôle de passeur de Dieu. Et enfin, un sacrement, même s’il est donné dans des conditions peu optimales et a choisi d’épouser les moyens et l’humanité défectueux, reste un sacrement !
66 – En camp ski catho, un jeune garçon me confie ses sentiments pour un de ses amis du même âge. Qu’est-ce que je fais, en tant qu’animateur ou en tant qu’un de ses camarades ?
Avant de chercher une solution humaine, priez et demandez conseil à l’Esprit Saint. Il vous répondra à coup sûr, et de manière très claire et étonnante.
Conjointement à cette sollicitation spirituelle, vous avez certainement un rôle à jouer. Si la révélation – accidentelle ou confidentielle – d’une homosexualité vous a été donnée, ce n’est pas par hasard. C’est qu’il a été considéré que vous pouviez la porter, qu’on vous a fait confiance ou bien plus dangereusement qu’on vous a testé/dragué. Réjouissez-vous-en quoi qu’il arrive, car elle va vous donner l’occasion d’annoncer le Christ et de soulager une personne qui ne portera plus sa croix invisible tout seul. Grâce à vous.
Si vous êtes animateur en camp, il y a de fortes chances que la découverte de l’homosexualité d’un des jeunes dont vous avez la charge soit d’origine accidentelle (même si je connais le cas réel d’un jeune qui est venu confier ses sentiments amoureux « irrépressibles » à l’égard d’un autre garçon de son groupe, à son responsable… et tristement/démagogiquement, le « responsable » en question avait, contre toute attente, été flatté d’une pareille marque de confiance, et avait joué l’entremetteur entre les deux garçons, en justifiant sa démarche par la banalisation et son propre désintéressement dans l’affaire). Dans le cas où vous voyez une idylle homosexuelle se tramer, je vous conseille de ne pas ébruiter la confidence auprès des autres membres de l’équipe d’encadrement, ni d’étouffer l’affaire non plus, et encore moins d’encourager la libre expression de l’homosexualité entre les deux personnes concernées, mais d’opérer d’abord et avant tout à cœur ouvert dans l’interpersonnel, dans le dialogue en face-à-face (avec les deux intéressés, ou séparément ou même uniquement avec le « tenté »), dans l’explication sereine et la dédramatisation des premiers émois adolescents fantasmés.
Si vraiment vous voyez que la situation ne s’améliore pas, voire qu’elle s’envenime (ce qui serait très étonnant car normalement, la connivence que crée la verbalisation et la compréhension de la tentation homosexuelle dégonfle le ballon de baudruche sentimental), là, il faudra envisager d’inclure d’autres personnes dans la boucle de la parlementation (moniteurs, directeur de la colo, parents, jeunes du groupe…). Mais je vous souhaite de ne pas arriver à ces extrémités. Car eus égard à la peur, à l’ignorance, aux humiliations et au chantage affectif dans lesquels entraîne très souvent tout débat sur l’homosexualité, ça risque de faire souffrir du monde inutilement, en particulier les personnes directement concernées.
67 – Je suis un jeune scout et je me fais draguer par un de mes camarades qui me révèle ses sentiments à mon égard. Comment je réagis ? Ou bien je me suis pris une main aux fesses ou fait caresser par un camarade scout ou de lycée. On s’est masturbés mutuellement devant un film porno et j’ai aimé ça. Qu’est-ce que je fais ?
Ne rentre pas dans le jeu ni le cercle vicieux de l’intimidation, de la banalité, de la déconnade. La sexualité, c’est important, beau et fragile à la fois. Je sais que c’est extrêmement difficile d’aller en parler à quelqu’un car le geste affectif, amoureux, érotisé, reçu en plus à un âge trop jeune, est troublant et humiliant car il n’est pas souvent libre, pas très facile à prouver (en général, il est caché et furtif), ne semble pas suffisamment grave pour être dénoncé ni suffisamment anodin pour ne pas dérouter. Et quand en plus ce geste est homosexuel, il rejette la différence des sexes, donc blesse encore plus l’identité sexuée de ceux qui le partagent : il vient remettre en cause une identité masculine ou une identité féminine, a fortiori en pleine construction. Alors ça rajoute au traumatisme. Quand l’amitié s’en mêle (on n’a pas envie de dénoncer un camarade), que la menace de rumeur s’en mêle, que la défiance à l’égard des adultes s’en mêle (on ne veut pas qu’ils montent le fait en épingle, en fassent une affaire d’État, amplifient les ennuis), que la responsabilité personnelle s’en mêle (pour faire ce genre d’obscénités, il faut quand même être minimum deux) et que le ridicule (touche-pipi ou porno ou caresses, ça fait tapette ou bébé) vient boucler la boucle, là, c’est quasiment la condamnation au silence.
Pourtant, si tu peux en parler à un adulte de confiance, qui saura t’écouter, te rassurer, te confirmer que ce que tu as vécu n’est ni normal ni monstrueux, ni révélateur de qui tu es, qui saura dissocier l’acte de ta personne (car quand on a ton âge, on a du mal à ne pas s’identifier à ses propres actes), qui saura régler le problème en restant discret et respectueux, fais-le. Ne garde pas ce qui s’est passé pour toi. Sinon, tu vas intérioriser ta peur ou ton expérience (peut-être sous forme d’homosexualité à l’âge adulte, ce qui serait dommage car personne n’est « un homosexuel »), et tu laisseras ton ou tes camarades de forfait sans aide non plus. Tous les adultes ne sont pas mâtures, mais il y en a quand même quelques-uns. Eh puis le lieu le plus sûr où tu peux être sûr d’avoir affaire à une tombe, c’est la confession avec un prêtre catholique.
68 – Mon fils s’est fait draguer homosexuellement au scoutisme. Comment j’affronte l’événement ? Je pète un scandale ?
Vous faites au contraire de votre mieux pour éviter le scandale (« Heureux les artisans de paix »). Évitez-vous le remake des psychodrames à la Le Quesnoy de « La Vie est un long fleuve tranquille »…
Je connais personnellement le cas – pas dans le cadre du scoutisme mais dans celui d’un collège relativement huppé, ce qui revient au même – d’un élève qui s’est déclaré amoureusement à un autre du même âge, sans qu’il n’y ait eu de passage à l’acte homosexuel. Rien que des intentions exprimées, la révélation de sentiments, peut-être un mot doux intercepté, en tout cas l’expression d’un émoi. Mais pas plus, a priori. Tout de suite les faits ont été connus car le camarade ayant reçu cette déclaration a eu le réflexe d’en parler immédiatement à son père, et l’équipe d’adultes encadrants a pris l’affaire en main et éteint avec calme l’incendie en convoquant discrètement et séparément les deux jeunes concernés. L’affaire a été en apparence vite pliée.
Bien évidemment, si cette situation arrive à votre fils, qu’il soit la « victime » ou bien l’auteur du dérapage (dans l’hypothèse où les rôles soient facilement dissociables, ce qui n’est pas toujours le cas), vous pouvez calmer le jeu, lui proposer de prendre du temps pour parler, l’écouter en solo, le rassurer. S’il est celui qui ressent une attraction homosexuelle, vous pouvez en plus de cela valoriser l’importance et la beauté des amitiés d’adolescence souvent « fortes » et passionnelles (tout en les remettant à leur juste place), lui apprendre à découvrir ses pulsions et à les canaliser, prendre le temps de faire le point sur ses sentiments (« On va voir si ça dure ou pas… »), ne pas mépriser sa sincérité, reprendre la discussion quand c’est nécessaire, expliquer calmement ce qu’est l’homophilie, à savoir une attraction ou une fascination ressentie par un certain nombre de jeunes de son âge, et qui constitue souvent une étape classique de la maturité affective des adolescents. L’homophilie n’annonce pas forcément une homosexualité présente ou future, mais elle est au contraire l’expression d’un manque d’assurance, d’une carence d’amitiés, d’une angoisse, et la promesse d’une belle sensibilité à l’amitié. « Sois libre mon garçon, et ne fixe pas en toi ce qui n’est pas figé. C’est humain de craindre la sexualité, puisque c’est la mort et la vie. »
Enfin, j’ai remarqué que dans ce genre de configurations, bizarrement et contre toute attente, l’intervention des adultes se focalise davantage sur le jeune pyromane en herbe que sur le plaignant. Par prudence et « pour ne pas en rajouter », la prise en charge du récepteur est négligée. C’est logique. On se concentre d’abord vers le danger, vers celui qui a fauté, pour éviter qu’il ne fasse d’autres dégâts et d’autres adeptes, et parce que le jeune qu’il a flatté a/aurait l’innocence pour lui, est/serait capables de vite s’en remettre et de rebondir rapidement une fois l’incident réglé, parce que les adultes veulent dédramatiser, passer l’éponge, et dédouaner celui dont ils se persuadent qu’il serait une cible accidentelle à son insu. Mais je suis d’avis que le suivi, sans pour autant être fiévreux et lourd, doit être assuré autant chez le prédateur que chez sa proie. Car il ne faudrait pas croire que la proposition – même esquissée, même tacite, même extérieure, même étrangère, même illogique – de l’homosexualité n’ait aucune incidence dans la tête et dans le cœur du jeune qui la reçoit. Quand bien même il soit beau, viril et qu’il ne présentait avant la déclaration aucun signe d’homosexualité. Un ado, à cet âge-là, est lui aussi fragile, sensible à son pouvoir d’attraction et de séduction. Le fait d’avoir plu érotiquement si jeune à un autre garçon de son âge peut générer chez lui ce genre de questionnements : « Si j’ai provoqué un question amoureux homosexuel chez un ami, si j’ai inspiré de l’homosexualité, c’est peut-être parce que je dégage de l’homosexualité sans m’en rendre compte… Peut-être ai-je été ambigu et que je l’ai cherché… Cette déclaration d’amour n’a pas pu m’arriver par hasard… ». Donc adultes qui me lisez, ne pliez pas trop vite bagages face à l’influence sentimentales des séries télé chez nos jeunes, prêts à croire et à imiter même ce à quoi ils ne se seraient pas au départ identifiés.
69 – Je suis amoureuse d’un homme homosexuel catholique. Je lâche l’affaire ou j’insiste ? (Question subsidiaire : Les mecs cathos mariables d’aujourd’hui sont-ils tous soit homos, soit séminaristes ?)
Je connais des cas de figure où l’insistance, la douceur dans la persévérance, la patience et la tempérance, ont payé. Et ça donne des couples très heureux (même si l’homosexualité du conjoint ne disparaît jamais complètement, met souvent le couple en alerte, et oblige à une grande qualité d’échange…). La foi aide ! Je connais d’autres cas de figure où malheureusement les mêmes qualités se sont quand même soldées par un échec. Cela ne veut pas dire qu’il y a des filles plus douées que d’autres, que vous ne savez pas y faire si ça ne marche pas, ni que votre foi n’est pas assez forte. Ça signifie juste que l’homosexualité est une peur et une blessure complexe, qui peut être approchée et domptée bien plus souvent qu’on ne le dit, mais qui parfois est trop profonde pour être domptée dans un temps terrestre ou même comblée par une très belle amitié (spirituelle). Ce qui est casse-gueule dans ce genre de « configurations Ziggy » comme je les appelle (cf. le code « Fille à pédés » dans mon Dictionnaire des Codes homosexuels), c’est l’idéalisme et le volontarisme… ou bien, dans l’extrême inverse, la désespérance et l’abandon. En plus, le climat médiatique actuel n’aide absolument pas à sortir de la croyance que l’homosexualité peut/puisse être dépassée.
À vous de savoir pourquoi vous vous retrouvez dans cette situation tordue et parfois inextricable. À vous de discerner les vraies raisons, et d’en discuter à deux avec la personne homosexuelle qui vous attire. Est-ce par masochisme, par amour des complications, par orgueil de sauver l’autre, par peur des hommes et par misandrie, par misère affective, par adolescence prolongée ? Ou bien est-ce par foi réelle, par amour authentique de la personne et de la différence des sexes, par confrontation au handicap, par courage noble et lucide ? « Nulle n’est attirée par une personne homosexuelle par hasard. » faisait remarquer le père Xavier Thévenot. Peut-être que c’est une épreuve que Dieu vous fait porter parce qu’Il sent que vous avez les charismes pour ça. Peut-être est-ce une ruse du démon pour vous enliser dans vos blessures sexuelles. Vous seule avez la réponse et la trouverez en Christ. Mais vous avez une blessure vous aussi, c’est certain.
Concernant votre parenthèse humoristique finale, bien évidemment qu’il existe aussi des hommes catholiques bien dans leurs baskets, bien « mecs » et bien pères, et solides dans leur foi, qui vous attendent et qui savent encore courtiser sainement. Tous ne sont pas prêtres ni homosexuels ni déjà mariés ni divorcés. N’en doutez pas. Même si parfois on a l’impression qu’il n’y a pas l’embarras du choix, même si on peut se dire que l’Église catholique et la pratique religieuse sont des « trucs de gonzesses » et qu’elle regorge de femmes (vierges et affamées !), même si on constate que notre époque châtre, émascule, « frigidifie », asexualise, démasculinise les hommes, figurez-vous qu’il y a encore beaucoup de fidèles masculins – dans les églises, dans les groupes de prière, dans les paroisses – toujours célibataires qui formulent en cachette la même lamentation que vous, mais cette fois-ci à votre égard : « Il n’y a plus de vraies femmes. C’est toutes des filles faciles ou au contraire des filles coincées et bourrées de principes rigides. Les femmes d’aujourd’hui m’agressent, m’en demandent à la fois trop et pas assez, sont compliquées. Ce sont des femmes-mères ou des Mademoiselle… mais pas des épouses. J’étouffe ! » À un moment donné, il va falloir arrêter, entre les sexes, de se croire si différents. Je dis ça, je dis rien…
70 – Je suis animateur chrétien dans un séjour handicapés, et j’observe des rapprochements entre deux vacanciers trisomiques. Est-ce que je laisse faire ou je les sépare? Je leur dis quoi s’ils jouent l’engagement amoureux sous la pression des autres?
J’ai déjà assisté à la scène en tant qu’encadrant. C’était pendant une petite « boum » avec des danses. À l’époque, j’ai séparé sans brutalité et sans bruit les deux vacanciers. Et ça n’a fait aucune vague. L’humour, le sourire et le silence font le reste. Quant à l’engagement amoureux entre deux personnes trisomiques ou handicapées mentales, il est rarement revendiqué et ne revêt pas – à ma connaissance – de caractère officiel ni sérieux ni même amoureux (…ce qui ne veut pas dire que, dans un autre cadre que l’union/l’acte homosexuel-le, ces mêmes personnes ne puissent pas être capables d’aimer véritablement : bien au contraire !). Les personnes trisomiques, souvent très sensibles et très câlines, sont beaucoup plus portées à des gestes d’effusion de tendresse quel que soit le sexe de la personne sur qui elles jetteront leur dévolu dans l’instant, qu’à une pratique affective exclusive avec les gens de leur sexe, donc à une homosexualité fixée. Déjà qu’entre deux personnes adultes « consentantes » et apparemment « en pleine possession de leurs moyens mentaux » j’ai du mal à accréditer l’authenticité de leurs étreintes et de leur « couple », combien plus j’ai du mal à croire en la liberté et au sérieux des bisous-bisous et des papouilles échangés entre deux personnes trisomiques du même sexe. Il faut arrêter – et ce, pour tous – d’entretenir le mythe de « l’amour homosexuel » et de l’« identité homosexuelle », a fortiori quand les plus fragiles sont instrumentalisés à des fins identitaristes et sentimentales très discutables.
71 – On me traite d’homophobe parce que je suis catho. Dois-je cacher ma foi ? Si on me dit « Tu dis ça parce que tu es croyant », dois-je répondre « Pas du tout. Je dis ça parce que c’est vrai et c’est du bon sens. Je dirais la même chose si j’étais athée ! » ?
Si vous êtes attaqué – de surcroît en procès d’homophobie – à cause de votre identité d’Enfant de Dieu et de l’Église-Institution, faites-en une occasion d’humilité, d’humour et de joie (ce n’est pas pour rien que, sur la totalité des 9 Béatitudes offertes par Jésus dans la Bible, 3 concernent le bonheur dans la persécution au nom du Christ et de la foi !) et non une occasion d’orgueil et de mépris (« Si on me persécute, c’est que j’ai forcément raison ! Et ça me donne encore plus l’autosatisfaction d’être dans le vrai, ainsi que le droit de contre-attaquer avec la même violence ou une violence décuplée ! » ; « L’homophobie : n’importe quoi ! C’est comme l’extrême droite et le Gender : ça n’existe que dans l’esprit des paranoïaques ! »).
Personnellement, quand on me sort « Tu dis ça parce que t’es catho » (sous-entendu « par superstition et soumission à quelqu’un d’autre que toi, et qui pense à ta place »), je réponds un OUI enthousiaste. Je suis heureux de déclarer que je m’oppose à l’homosexualité (et non aux personnes homosexuelles, infiniment aimables) parce que je suis catholique. Et c’est parce que je suis catholique que je deviens réaliste, concret, crédible, vrai, fin connaisseur de la réalité homosexuelle. Je suis heureux de déclarer avec conviction que, du fait de l’Incarnation de Jésus dans notre monde et du caractère empirique et simple de la foi, le catholicisme rejoint le bon sens de la personne athée, rejoint la vie intime de toute personne, et que, pour le coup je pourrais faire les mêmes constats sur l’homosexualité que si je n’étais pas croyant.
Autre bonne nouvelle que je peux vous donner pour vous aider à faire contre mauvais traitement bon cœur. Dans les « débats » passionnés sur l’homosexualité, si vous entendez que le mot « homophobie » ou l’adjectif « homophobe » sort de la bouche de vos détracteurs, dites-vous intérieurement que c’est le Jackpot ! Car là, non seulement ils jouent leur dernière carte et montrent leur talon d’Achille, mais en plus ils prêtent le flanc à l’épée de Vérité-Charité. D’une part, parce que les gens – même homos – n’y connaissent rien à l’homophobie (c’est donc l’occasion en or pour vous de les prendre en défaut d’ignorance) ; ensuite, parce que vous allez répondre à l’agression par une assurance détendue (magnifique opportunité de désarmer/bluffer le hargneux) ; troisièmement, parce que l’homophobie est un sujet souffrant et impressionnant (il est question des souffrances d’adolescence, des suicides, des viols, des meurtres, etc., bref, du lourd !), donc qui a davantage de chances de toucher la corde sensible de votre auditeur que le discours théorique sur l’homosexualité ; enfin, parce qu’avec l’homophobie, les débats sur l’homosexualité se décentrent du jugement des personnes pour se déplacer doucement vers le terrain plus apaisé et moins culpabilisant du jugement des actes. En se penchant sur la violence insoupçonnée de « l’identité » homo et de la pratique homo, sur le passé scolaire/amical/professionnel/social/amoureux des personnes homosexuelles, les gens ne se sentiront plus attaqués en vous entendant. Ils vous verront comme quelqu’un qui connaît bien les personnes homosexuelles et qui s’est laissé toucher par leurs souffrances, par leur monde. Comme un super catho !
72 – Dois-je dire la Vérité sur l’homosexualité au risque de ne pas être écouté et de briser d’emblée toute possibilité de dialogue, d’écoute, avec mon interlocuteur ?
Oui. Tout dépend comment (c’est-à-dire avec force et douceur). Mais oui. Écoutés, vous ne le serez jamais par ceux qui voient la foi comme une « faiblesse d’esprit ». Le dialogue, vous ne l’auriez jamais eu même si vous vous étiez tus sur l’homosexualité, de toute façon. Donc autant en parler. Vous n’avez rien à perdre, et plutôt tout à gagner. Par expérience, je sais que l’homosexualité est un thème qui déclenche l’écoute, la curiosité, les réactions et la parole, qui détruit l’indifférence. Que vous soyez homo ou pas, ce sujet est une autoroute vers la foi, et la foi une autoroute vers le traitement de l’homosexualité. Et les ennemis de l’Église et de la Vérité inventeront mille excuses, mille revendications hypocrites, mille chantages, jusqu’à temps que vous vous la fermerez, que vous n’annoncerez pas la Bonne Nouvelle catholique aux personnes homosexuelles, qu’ils n’auront pas réussi à vous arracher votre lumière.

73 – Mon fils homosexuel ne veut pas lire votre livre. D’ailleurs, il vous déteste, et dit que c’est à cause de vous s’il a quitté l’Église et qu’il a envie de se suicider. Quelle attitude adopter ?
Ne forcez pas sa liberté. Cela va de soi. Même si je comprends votre frustration, impatience et anxiété. Souvent, j’incarne aux yeux des personnes homosexuelles en colère contre l’Église, contre leur famille mais aussi – c’est étonnant – contre leur propre homosexualité (qu’elles se forcent de banaliser parce qu’elles ne la portent pas si bien qu’elles le prétendent) la quintessence de la monstruosité. Mais il n’y a souvent qu’un petit pas entre colère et amour. La colère est la phase terminale de la mauvaise foi, et le préalable à l’abandon. Les indifférents ne sont mus par rien du tout. Alors que les révoltés sont sur le point de basculer dans l’amour, l’aveu de préférence, et la foi. Par exemple, ce sont les personnes les plus athées qui se convertissent au catholicisme (pensons à saint Paul qui persécutait hargneusement les chrétiens juste avant sa conversion). J’ai le souvenir d’un désormais ami homosexuel, de trois ans mon aîné, qui était venu avec son copain écouter une de mes conférences dans l’Est de la France, et qui a été retourné comme une crêpe après m’avoir entendu. Il m’a avoué par la suite qu’avant de venir, il me détestait. Aujourd’hui, c’est un véritable frère qui fait un surprenant chemin de foi. Le mur de fantasmes et d’inimitié qui sépare le « Philippe Ariño médiatique » et le Philippe réel vole en éclats dès que les gens me rencontrent et cessent de me faire porter leurs pires fantasmes homophobes et anticléricaux. Par conséquence, l’attitude de fermeture de votre fils ou de votre fille à mon égard – et plus largement à votre égard et à celui de l’Église – porte paradoxalement en elle une très belle promesse.
Enfin, une autre chose est sûre : il n’existe aucune preuve concrète que mes conférences ou mes écrits aient pu pousser un jour des gens au suicide ou hors de l’Église. Bien au contraire. J’ai des preuves par mails que mon témoignage ramène des personnes homosexuelles à la pratique religieuse, à la messe et à la prière (voire carrément des prêtres !). Les mauvaises langues qui font courir la rumeur comme quoi je viderais les bancs de l’Église et provoquerais des suicides, ne m’ont jamais lu ni écouté, et cherchent à me faire taire en faisant parler leurs morts (fantasmés) à leur place. En plus, mon discours sur l’homosexualité est tellement positif qu’il est difficile de broyer du noir après l’avoir entendu. En effet, là où quasiment toute la société impose qu’il n’y ait que deux chemins de bonheur obligatoires pour nous les personnes homosexuelles (à savoir le coming out et le « couple »), moi, je dis qu’il y en a trois ! : deux satisfaisants (ceux précédemment cités) plus un autre qui les dépasse (l’homosexualité continente donnée au monde et à l’Église, et vécue dans une amitié désintéressée). Je ne fais qu’ouvrir la perspective du bonheur d’être homosexuel, et valoriser les célibats ! Donc même la personne déprimée d’être homo, même l’adolescent isolé ou croyant, même la personne homosexuelle qui se sent mal en couple, même celle qui est veuve ou âgée ou qui se trouve laide, ne peuvent qu’entrer en joie ! En plus, je ne vois pas en quoi donner une image négative de la pratique homosexuelle – image qui correspond bien souvent à des souffrances et des violences réelles – pousserait au suicide et dévaloriserait la beauté des personnes homosexuelles : c’est plutôt l’indifférence gay friendly et le déni des souffrances que vivent mes frères homos qui les conduisent quelquefois au pire !
74 – Le « mariage pour tous » m’a mis mal à l’aise par rapport aux personnes homosexuelles. J’ai failli ne pas aller aux manifs (ou je n’y suis carrément pas allé). Comprenez-vous mon dilemme ?
Et comment ! Dès que j’ai vu la tournure des Manifs Pour Tous et leur fondamentalisme nataliste excluant l’essence même du « mariage pour tous », à savoir l’homosexualité, j’ai cessé très vite de m’y rendre. C’est pourquoi je ne jetterai jamais la pierre à quelqu’un qui a refusé de rentrer dans la grande mascarade qu’ont été Les Manifs Pour Tous, et que j’encourage même les gens à ne plus s’y rendre et à ne plus financer cette structure politicienne au nom aussi absurde que les moyens de sa cause. Entre les pro-mariage-gay et les antis, vraiment, il est difficile de trouver sa place. Moi-même, je ne l’ai pas trouvée.
Les dirigeants socialistes qui ont imposé l’asexuation sentimentalisée du « mariage à tous » à tous les Français nous ont fait croire que les personnes homosexuelles étaient la loi qui passait en leur nom et soi-disant « pour leur bien ». Il est donc logique que, à cause de ce chantage et de cet amalgame mensonger, beaucoup de personnes homosexuelles se soient identifiées frénétiquement et naïvement au « mariage pour tous », et que beaucoup d’opposants à cette loi, par peur de passer pour homophobes et de se couper définitivement des amis ou membres de leur famille homosexuels, aient caché leur participation aux Manifs Pour Tous voire carrément n’y soient pas allés du tout.
Je ne m’autorise donc à juger personne sur sa présence ou son absence aux manifs anti-Loi Taubira, et je peux me mettre facilement à la place de ceux d’entre vous qui ont préféré ne pas y aller, surtout quand on mesure avec le temps leur maladresse et leur homophobie. Car s’il est indéniable que le « mariage pour tous » a divisé beaucoup la société, le monde et l’Église catholique, et qu’il était de notre devoir de nous y opposer (il s’agit d’une loi qui transforme la différence des sexes en option d’identité et d’Amour, alors même que la différence des sexes est la condition première et non-négociable de l’existence humaine et de l’Amour), s’il est vrai que la Loi Taubira constitue un tournant civilisationnel dramatique pour notre planète, il n’en reste pas moins vrai que l’opposition bête, homophobe, et obsessionnellement nataliste, des « catholiques » à la Loi Taubira a elle aussi contribué à diviser la société et l’Église. En effet, LMPT couvre la législation qu’elle prétend combattre : Elle ne parle déjà plus du tout du « mariage pour tous » et l’a substitué par la lutte contre la GPA et la proposition d’une nouvelle Union Civile ! C’est ahurissant.
Pour cacher son homophobie et ne pas traiter d’homosexualité, pour exploiter les catholiques crédules en les terrorisant, la Manif Pour Tous a alterné (et continue d’alterner !) les épouvantails qui feront écran à l’homosexualité et même au « mariage pour tous » : le Gender, la GPA, le transhumanisme, l’esclavage humain, la liberté d’éduquer et de croire… En tout cas, Jésus et les personnes homosexuelles sont reniés depuis le départ. Donc je comprends très bien que tout amoureux de l’Église et du Christ, et tout ami des personnes homosexuelles, se soit senti extrêmement blessé par les Manifs Pour Tous, et devienne sceptique vis à vis à la fois du « mariage pour tous » et du mouvement de contestation de ce dernier.
Cerise sur le gâteau : ceux-là même qui ne sont pas capables de défendre le message de l’Église sur l’homosexualité ni leur foi catholique, essaient maintenant de masquer leur cathophobie et leur homophobie en jouant le jeu de « l’engagement » politique et culturel, en défendant les Chrétiens d’Orient ou l’Écologie ou « la Vie » ou « l’Humain » ou les « valeurs/racines chrétiennes » ! Il y a de quoi s’arracher les cheveux devant tant de contradictions, d’orgueil et d’hypocrisie ! Je rappelle à ces apostats que les Chrétiens d’Orient sont persécutés en réalité parce que nous, catholiques occidentaux, n’assumons plus d’être catholiques (justement !) et cautionnons l’Union Civile en feignant de nous y opposer sans la nommer.
75 – Les slogans La Manif Pour Tous étaient-ils justes ?
Non. Ils étaient et restent catastrophiques. Ils versent soit dans l’énonciation de vérités positives insipides qui n’assument pas Jésus, soit dans le déni et la diabolisation irréfléchie de l’ennemi. Les militants et leaders de La Manif Pour Tous reproduisent à l’identique ce qu’ils reprochent à leurs opposants : par exemple, le titre même de La Manif Pour Tous est la réplique exacte du « mariage pour tous » (merci Frigide Barjot pour ce mimétisme « génial »…) ; ils ont mis la forme en guise de fond (La Manif Pour Tous, ça ne signifie strictement rien, à part une universalité sans contenu) ; le Partenariat de Vie Commune proposé dernièrement par La Manif Pour Tous est une Union Civile bis ; l’hétérosexualité et l’« amour homosexuel » ne sont pas remis en cause par les militants de La Manif Pour Tous, à l’image des pro-mariage-gay ; ils font de l’unité un absolu, tout comme leurs opposants LGBT avec l’égalité ; par leur abord uniquement nataliste du « mariage pour tous », ils transforment la mère et l’enfant tout autant en objets que les promoteurs de la GPA (le pape Benoît XVI nous avait pourtant suffisamment mis en garde contre les dérives du natalisme) ; tout comme les membres hétéros gays friendly du lobby LGBT, ils défendent « la Vie », « l’Humain », « la Famille », « la différence », « la volonté humaniste », sans se rendre compte qu’ils emploient mot pour mot le langage du monde. Dans leur opposition à l’homosexualité et à la dénaturation du mariage, les leaders LMPT restent centrés sur l’enfant, excluant ainsi tous les êtres humains qui ne rentrent pas dans le cadre du mariage procréatif ou de la famille traditionnelle, c’est-à-dire quasiment toute l’Humanité. De surcroît, ils passent totalement à côté de la réalité intentionnelle et sentimentale du « mariage pour tous », et de la réalité sentimentale et sacramentelle du mariage traditionnel.
La Manif Pour Tous, et tous les mouvements qui en sont issus, a pour le moment aligné les poncifs langagiers les plus pathétiques et hétérosexistes. Je vais prendre quelques exemples tirés du réel. Dire que « l’homosexualité n’est pas un problème, mais que le souci c’est juste les conséquences sur l’enfant », c’est faux : l’homosexualité, même en tant que tendance non-actée, pose déjà problème à la personne qui la ressent, et ne mérite pas notre indifférence. Dire « le mariage n’est pas une question d’amour », c’est faux. Le mariage, même civil, est souvent une question d’amour, même si ce n’est pas écrit sur le papier. Défendre qu’« un enfant a besoin d’un papa et d’une maman », c’est faux. Il n’a besoin que d’un papa et d’une maman qui s’aiment. Autrement dit, il n’a besoin que de l’amour entre son père et sa mère biologiques. Dire « papa + maman = enfant », c’est également faux. La différence des sexes n’est pas une garantie d’enfant, et il ne suffit pas de pouvoir techniquement procréer pour mériter le mariage ni pour être encouragé socialement en tant que modèle d’amour et de famille. Dire « Un papa, une maman, on ne ment pas enfant » est faux : souvent, dans les cas d’« homoparentalité », l’enfant peut connaître intellectuellement et physiquement l’identité de ses parents. Il n’est pas systématiquement l’objet d’une dissimulation. Le problème n’est pas le mensonge sur la généalogie, mais la suppression de l’amour entre les deux parents différemment sexués d’un enfant. Autre absurdité énoncée par La Manif Pour Tous : défendre « l’Humain », « l’Enfant », « le mariage », « la Vie », « les valeurs », « les convictions », « l’Avenir », « l’Espérance », l’opiniâtreté (« On ne lâche rien ! »), c’est inopérant, puisque même les pro-mariage-gay le font. La seule chose qui pourrait nous distinguer d’eux, c’est la lutte contre l’hétérosexualité, mais La Manif Pour Tous ne l’a pas osé. Dire que « la sexualité c’est de l’ordre du privé et que l’orientation sexuelle ne regarde personne », c’est faux. La sexualité et l’amour sont autant individuels que sociaux car ils constituent des réalités ouvertes sur le monde et sur la vie. Dire que « personne ne se définit selon sa sexualité », c’est faux et mondain : la sexualité n’est absolument pas réductible à la génitalité ni à la sentimentalité ; tout ce qui est humain est sexuel, donc tout être humain se définit par sa sexualité ! Être contre le genre ou le Gender, c’est absurde : nous avons le devoir de défendre le genre sexué et les images genrées ajustées à la Sainte Famille. Donc nous n’avons pas à nous positionner contre tous les genres ni contre le genre en soi ! Dire que « le problème, c’est les lobbies » est faux : tout groupe de pression n’est pas mauvais en soi, et l’Église catholique, par exemple, est un lobby qui mérite d’exister. Dire que « le problème, c’est la pensée unique et les médias », c’est faux. Tout dépend de ce qu’on met derrière « pensée unique », et la principale leçon à retenir, c’est que la première pensée unique et le premier de tous les médias, c’est nous ! Dire que « le Christ n’a jamais fait de politique et n’a rien fait de politique » (comprendre « les catholiques ne doivent pas afficher leur catholicité en politique et dans les médias »), c’est faux. La politique, c’est la vie. Jésus n’a certes jamais été politicien, mais il a suffisamment aimé les gens et proposé un modèle de vie qui constituait un contre-pouvoir vu comme dangereux par les politiciens de son temps, pour être politique et être jugé digne d’être crucifié. Dire et croire que « l’affichage de l’identité catholique n’est pas stratégique parce qu’elle ferme des portes et passe pour du prosélytisme », c’est faux : « catholique » signifie universel et ouvre des portes (celles du Ciel, et parfois celles de la terre). Enfin (parce qu’il faut bien clore la liste à un moment donné…), les militants de La Manif Pour Tous n’ont toujours pas capté que le Gender n’était ni un lobby organisé (étranger à eux), ni une terrible idéologie-fantôme, ni une théorie bien connue de ceux qui la défendent, mais au contraire une idéologie – l’hétérosexualité – qu’eux-mêmes cautionnent en ne la dénonçant pas explicitement et en confondant l’hétérosexualité avec la différence des sexes.
Le discours « entreprenant », altermondialiste, philosophique, politique (façon Bisounours, bobo ou extrême droite), vaguement « chrétien » (ou trop chrétien pour l’être vraiment), écolo, de Sens Commun, Écologie Humaine, La Manif pour Tous, la revue Limite, les Veilleurs, etc., est complètement à côté de la plaque (Civitas et L’Avenir Pour Tous, pas la peine d’en parler). Même l’argumentaire d’Écologie Humaine, c’est de l’humanisme intégral en barres. Il prétend lutter contre le transhumanisme, alors que le transhumanisme EST l’Humanisme intégral et mise tout sur l’Homme ! Les catholiques médiatiques, ou ceux qui feignent de l’être, développent des évidences (comme l’importance de l’éducation, de la transmission, de l’engagement, de la Miséricorde, de la sexualité), certes de manière claire et didactique, et qui sont toujours bonnes à rappeler, mais sans faire avancer réellement les débats et sans nommer les vrais problèmes sur lesquels se cristallisent les tensions sociales : l’hétérosexualité, l’homosexualité et l’homophobie, qui sont les trois seuls alibis des lois qui nous préoccupent. Quant à L’Avant-Garde, qui réunit tous les anciens membres de LMPT déçus par leur propre mouvement, ils surfent sur la vague bobo de l’anticonformisme « sans concessions », de l’antipartisme, mais leurs slogans sur les « racines chrétiennes » et « l’engagement » s’enfoncent tout autant dans la langue de bois sur l’homosexualité et l’Église catholique que les autres.
À cause de l’orgueil, de la peur, de l’ignorance, de la bêtise, de l’homophobie, de l’arrivisme, du carriérisme, du manque de vision, des rapporteurs officiels du mouvement d’opposition au « mariage gay », notre combat s’est enlisé non seulement dans la contradiction, la division (tant de groupes et de collectifs bidon qui partent dans tous les sens, quelle blague sérieuse !), mais surtout dans la collaboration avec l’ennemi. C’est effrayant. Car la France avait de réelles richesses et des moyens humains, intellectuels et spirituels, uniques pour tenir tête au transhumanisme. Là, en se pliant à l’esprit du monde et à son humanisme intégral, Elle amorce sa pente descendante vers les persécutions antichrétiennes au nom de l’homophobie. Et le pire, c’est que, quelque part, Elle l’a méritée. Nous devrions tous avoir honte du gâchis qu’a opéré La Manif Pour Tous et de la cathophobie des catholiques français.
76 – Diriez-vous que La Manif Pour Tous a fait preuve d’homophobie ?
Tout à fait. Même si elle le refuse, car en réalité, elle confond l’homophobie avec la présomption d’homophobie, autrement dit avec un procès d’intentions insultant et soi-disant « insensé ». Au fond, La Manif Pour Tous croit que l’homophobie n’existe pas, ou alors que sous sa forme la plus spectaculaire : l’agression physique – parfois mortelle – sur une personne homosexuelle, dans l’intention de lui nuire. Il ne lui vient même pas à l’idée qu’à son stade larvaire, l’homophobie est déjà la peur du semblable, la peur de l’homosexualité et des personnes homosexuelles, le rejet du sujet, une bienveillante indifférence. Par conséquent, il lui est impossible de s’y identifier, ou même de seulement s’imaginer qu’elle puisse participer à l’homophobie.
Les leaders de La Manif Pour Tous, qui ont délibérément refusé de parler d’homosexualité – alors que c’était l’alibi principal du « mariage gay » -, qui ont empêché les personnes homosexuelles qui traitent clairement du sujet de s’exprimer (sauf celles qui justifiaient l’Union Civile, tapaient sur le « lobby gay » et pouvaient juste leur servir de caution homosexuelle pour se dédouaner de la présomption médiatique d’homophobie), s’esclaffent de rire et ironisent dès qu’ils entendent le mot « homophobie », jurent leurs grands dieux qu’ils ne sont pas homophobes (« Enfin, voyons, est-ce que j’ai une tête d’homophobe ?? » ; « Mais comment osez-vous douter ainsi de ma bonté ?!? Comment osez-vous m’injurier, moi bleue-blanche-rose colombe ?! C’est nous, le massacre d’Orlando, peut-être ? Allons allons, on se calme et on va plutôt se tourner vers l’islamisme que vous, libertaires gauchistes, couvrez et justifiez en vous drapant derrière l’alibi homophobe ! » ; « Je ne peux pas être homophobe puisque je suis ouvertement contre, puisque je le jure sur l’honneur et que je prétends sincèrement m’opposer à toute forme d’homophobie ! » ; « L’homophobie n’existe pas et est un faux débat. C’est comme le racisme. Soyons un peu plus réalistes, responsables, adultes, et sortons de l’affectif, des accusations passionnées, des phobies sociales fantasmées, des paranoïas identitaristes et communautaristes ! » ; « Je ne suis pas homophobe ; je suis juste mariageophile. » ; etc. Rideau. On passe à autre chose. La famille, tiens, pour changer…).
Mais ce n’est pas ça, parler d’homophobie. L’homophobie n’est pas qu’une insulte, une accusation, un mauvais procès. Elle est avant tout des faits, des personnes réelles (agressées ou agresseurs), des intentions précises, des peurs effectives. À commencer par la peur d’aborder le sujet de l’homosexualité directement et de désigner l’homosexualité comme mauvaise et non-aimante. Pour bien parler d’homophobie et savoir ce qu’elle est (plutôt que d’instantanément s’en défendre), encore faut-il parler d’homosexualité. Encore faut-il savoir ce que c’est que l’homophobie : les viols – intentionnels en particulier – contre les personnes homosexuelles, ainsi que l’identité homosexuelle et la pratique homosexuelle. La présomption et l’accusation d’homophobie arrivent bien derrière dans l’échelle de considération et de gravité de l’homophobie. En revanche, l’une des plus graves homophobies – qui est largement imputable à La Manif Pour Tous pour le coup -, c’est bien la substitution de la différence des sexes par l’hétérosexualité. Quelle violence symbolique à l’égard de toutes les personnes homosexuelles que cette validation sociale et tacite de l’hétérosexualité en tant que « nouvelle sexualité/ humanité/amour/famille/enfants » !
Ce qui me console un peu dans l’utilisation indigne des personnes homosexuelles par les pro-mariage-pour-tous comme par les anti-mariage-pour-tous, c’est qu’elle a été aussi homophobe que cathophobe. Je veux dire que La Manif Pour Tous a autant ignoré, boudé et méprisé les personnes homosexuelles que les personnes catholiques. Ça ne me rend les catholiques authentiques que plus proches.
77 – Le « mariage pour tous » a-t-il réuni des gens qui avaient le même combat et qui auraient dû rester unis en faisant abstraction des égos ?
En apparence oui. En réalité non. Cet appel à l’unité, marotte sans cesse martelée, a été à l’intérieur du mouvement plutôt un fantasme collectif, une excuse pour renoncer à la Vérité, et un appel à s’autocensurer pour éviter de se remettre en question. D’ailleurs, concrètement, beaucoup de catholiques, pourtant opposés à la Loi Taubira, ne sont pas allés manifester et ne se sont pas reconnus dans La Manif Pour Tous. Je me risque même à dire que ça concerne la majorité des cathos. Pour ma part, je ne pense pas, en dénonçant les erreurs et les corruptions de La Manif Pour Tous, avoir fait ma crise d’égo pour obtenir absolument une visibilité médiatique. Et je ne ressens pas grand chose de commun avec quelqu’un qui à la fois s’oppose au « mariage gay » et défend l’Union Civile, ou bien avec une personne qui dit non à la GPA sans s’opposer à l’homosexualité, ou bien avec un militant LMPT qui n’est pas catholique. La Manif Pour Tous a démagogiquement cultivé cette Unité de façade pour en réalité mettre tout le monde sous sa coupe, faire taire ses adhérents et parmi eux ses contradicteurs, les détrousser de leur argent et de leur temps, les anesthésier en leur laissant miroiter des victoires fictives et des responsabilités héroïques.
J’ai souvent coutume de dire que l’Unité est aux anti-mariage-pour-tous ce que l’Égalité est aux pro-mariage-pour-tous : un opium pour nier leur éloignement commun de la Vérité et de l’homosexualité, et pour nier leurs divisions à l’interne. Excusez la trivialité de mon propos, mais il y en a encore parmi les opposants à la Loi Taubira qui, en ce moment même, se branlent avec « l’Unité », « le Bien commun », « la Bienveillance », « la Charité », « l’Espérance », « la Transmission », « la Culture » et « l’écologie ». Or l’Unité sans le Christ est une illusion. La Charité et la Miséricorde sans la reconnaissance de la misère et sans la verbalisation du mal, ce sont également des mensonges.
Quand on me dit qu’en critiquant La Manif Pour Tous et sa « stratégie », je me comporterais en horrible ingrat, en capricieux, en odieux diviseur, en grognon bouffi d’orgueil parce que son soi-disant « quart d’heure de gloire gracieusement offert par La Manif Pour Tous » n’aurait pas duré, en criminel, en traître, en complice de la GPA, je leur demande : « Mais de quelle Unité parlez-vous ? L’Unité autour de quoi et de qui ? Du Christ que vous avez renié et d’une homosexualité que vous avez niée ? Parce que là, oui, de ces deux sujets capitaux, discutons-en ! C’est vous qui divisez en n’en parlant pas, et non l’inverse ! Malgré ce que vous croyez – parce qu’à côté de cela vous m’assurez en plus souscrire à tout ce que vous lisez de moi, nous n’avons jamais été dans le même camp et nous ne combattons absolument pas le même ennemi. Moi, je combats l’hétérosexualité. Vous, vous vous opposez à toutes ses nombreuses racines sans en identifier la racine-mère. Donc ne m’appelez pas ‘frère’ et épargnez-moi le chantage affectif à l’‘Unité’ et à la ‘Charité dans l’humilité et la complémentarité’. C’est vous, chantres hypocrites de l’Unité, les véritables diviseurs, les grands éparpillés et éparpillants ! Je ne cherche aucune gloire. Je veux juste la Vérité et rien de plus ! »
Je rajouterais que l’intuition n’est absolument pas la compréhension de ce qu’on combat. Beaucoup de pro-Vie ont deviné que le « mariage gay » était une loi très grave pour l’Humanité (et je les confirme dans l’idée), mais concrètement, dans la manière de le combattre, on ne se rejoint pas du tout. La plupart des opposants au « mariage gay » s’en est pris aux conséquences de la Loi Taubira sans s’occuper des causes ni du « mariage gay » en lui-même. Un peu comme en panique, en parant au plus pressé, et sans discernement. D’ailleurs, ils n’ont toujours pas compris la gravité du PaCS et encore moins du « mariage homo », dont ils ne parlent (presque) plus. Pour eux, le mariage homo faisait déjà partie du passé avant même qu’il soit à l’étude. Ils se sont hystérisés un moment dessus (en veillant avec précaution à ne jamais le qualifier nommément de « gay ») pour, une fois voté, changer très vite de « Méchant à combattre » : la GPA, le transhumanisme, l’Islam, le Pape François, la gauche, etc. La preuve qu’ils n’ont absolument pas priorisé/hiérarchisé les choses et qu’ils ont agi en bourrins sans cervelle.
Côté pathologie et beaufitude, on est servi avec LMPT. Entre les hystériques qui s’égosillent sur la marchandisation de l’enfant et l’esclavage humain, les faux catholiques qui simulent sur eux-mêmes la persécution antichrétienne et « familiphobe » tout en tirant à boulets rouges sur le Pape, les bobos qui jouent obséquieusement/béatement le rapprochement avec les JESUISCHARLIE puis les Nuit Debout (sans grand succès d’ailleurs… C’est plutôt The Bouffishow), sans oublier les réconciliateurs œcuméniques chantant leur courage de soutenir les Chrétiens d’Orient sans être capables d’avoir le courage de se dire catholiques et opposés au « mariage gay », c’est parti dans tous les sens bien comme il faut ! Et ce sont ceux-là même qui, en plus, ont le culot de nous faire ensuite la morale sur l’Unité, pile au moment où on démasque leur manège, leur éparpillement et leur cupidité ! Utopie de l’Unité sans le Christ et de l’« humilité » sans la dénonciation du mal. Fanatisme de la complémentarité obligatoire. Chimère sucrée du « Tout concourt au bien, donc tout est bien, tout se mélange forcément bien, tout est acceptable ».
Alors je le redis sans ambages : Non, ce n’est pas parce qu’en intentions et en apparences on s’oppose à la même chose, et que cette chose est à juste raison sentie comme universellement mauvaise, qu’on s’opposerait pareil, qu’on se complèterait bien forcément, qu’on marcherait ensemble dans la même direction, voire même que notre combat serait commun et juste. La fin ne justifie pas les moyens. La « bonne » intention non plus. Le cas du « mariage pour tous » l’illustre parfaitement. Ça a été plutôt le « mirage pour tous » ! Nous n’avons pas marché ensemble et il n’y a pas eu de « Réveil des Consciences » comme certains faux prophètes de l’Écologie Humaine essaient de nous en persuader. Même si La Manif Pour Tous a eu le mérite de dévoiler accidentellement les forces vives en présence en France, elle a bel et bien divisé autant – si ce n’est plus – la société que le « mariage gay » et le gouvernement socialiste réunis. Le jour où nous aurons l’humilité de nous en rendre compte commencera, je crois, le rétropédalage vers une Unité véritable. Pas avant.
78 – Peut-on s’opposer au « mariage pour tous » et ses conséquences sans toucher à l’Union Civile et à l’hétérosexualité ?
Non. C’est impossible. Ceux qui proclament « l’abrogation universelle de la GPA » (grandiloquent effet d’annonce creux…) en pensant faire l’économie de la dénonciation de l’« amour » homo et de la profession de leur foi catholique se bercent complètement d’illusion et nous/se mentent. Car d’une part, le « mariage pour tous » est une tentative masquée de désocialiser puis de pulvériser à long terme le mariage religieux. Et d’autre part, l’alibi du « mariage pour tous » et même du recours à la Gestation Pour Autrui, repose sur la croyance et la justification de l’« identité » homosexuelle (sous-tendue socialement par le coming out et légalement par l’Union Civile) ainsi que de l’« amour » homosexuel (sous-tendue socialement par le « couple » homo et légalement par le « mariage pour tous » et ses conséquences) en tant qu’« amour universel et non-gay ». Pour le comprendre, il faut dépasser la rationalité cartésienne du juriste, se départir de la distinction exagérée entre le mariage civil et le mariage religieux, détacher son nez du contenu purement formel du PaCS et du « mariage pour tous », et considérer leur réalité intentionnelle avant tout. Car l’Union Civile et le mariage entre deux personnes de même sexe n’ont jamais été demandés pour leur contenu. Ils sont réclamés au nom de la « reconnaissance des personnes homosexuelles », au nom d’un alignement RÉEL (contrairement à ce que s’imaginent beaucoup de catholiques) entre homosexualité et hétérosexualité, et au nom de la justification mondiale de l’homosexualité en tant que supposé « Amour universel ». L’erreur des opposants à la GPA est de négliger le terrain de la représentation symbolique, de l’imaginaire affectif de nos contemporains, de la charge sentimentale des lois et politiques actuelles… parce qu’au fond, ils l’occupent par leur peur, leur ignorance, leur homophobie, parfois même leur manque de foi, leur(s) divorce(s) et leur soutien voilé à « l’amour homo ».
C’est particulièrement visible en ce moment : La Manif Pour Tous remplace la lutte contre le « mariage gay » par la lutte contre la GPA, pour finalement cautionner l’Union Civile en douce. Mais comme « dans sa tête » et « en intentions » Elle se dit contre l’Union Civile, Elle n’admet pas sa compromission molle, et finit par bouder dans son coin sans raison. Immaturité à tous les étages. Par fierté mal placée, les leaders de La Manif Pour Tous refusent d’admettre qu’ils ne peuvent pas se passer des personnes homosexuelles ni du traitement de l’homosexualité pour gagner leur combat (même le combat contre la GPA et celui en faveur de la famille). Ils n’ont même pas l’énergie de me contredire ou de se justifier verbalement auprès de moi car ils ne peuvent pas rivaliser avec les constats que je fais.
À leur grand dam, en dehors de la Bible et de leur foi au peu de choses qu’énonce leur Église officielle sur l’homosexualité, les catholiques n’ont quasiment que notre vie, notre existence, notre témoignage à nous personnes homosexuelles continentes, auxquels se raccrocher pour tenir encore un peu bon socialement contre l’homosexualité, contre le « mariage pour tous », contre la GPA, et pour justifier leur résistance au rouleau compresseur LGBT arc-en-ciel. Ils n’ont pas le choix, et beaucoup font la gueule de devoir en passer par nous. Pas seulement ça. Il y en a même qui actuellement s’arrachent les cheveux sur notre cas, comme par exemple Virginie Tellenne (alias Frigide Barjot) qui essaie de faire passer au forceps sa croyance en « l’amour homo » (amour dont elle ne parle jamais et dont elle refuse, par homophobie primaire, l’analyse puisque celle-ci mettrait pile le doigt sur sa propre blessure d’amour) car intuitivement, elle sent bien que l’« amour homo » est le dernier grand rempart – conjointement à la transsubstantiation eucharistique – à abattre ou à élever avant que le Christ et son Église catholique ne soient totalement livrés/révélés au monde. Il est le grain de sable qui politiquement bloque tout ou qui au contraire enclenche tout : ça dépend de quel côté on se place. Et je crois que, pour le coup, la défense frigidienne de l’« amour homosexuel » est aveugle et démoniaque.
79 – Les catholiques se rendent-ils compte de toutes les personnes à qui ils ont fait mal pendant le passage légal du « mariage pour tous » ?
Je ne crois pas. Rien qu’à voir le plébiscite de la plupart des catholiques en faveur de l’Alliance Vita, de La Manif Pour Tous, des Veilleurs ou des « premiers de la classe » qu’on pourrait nommer « les Intouchables » (Tugdual Derville, François-Xavier Bellamy, le père Pierre-Hervé Grosjean, Erwann Le Morhedec, etc. : un des seuls qui y voient clair sur les contradictions de ces gens-là, c’est l’excentrique père de Vergeron : vidéo 1 et vidéo 2), on est loin de la prise de conscience d’une culpabilité et de la repentance ! La majorité des catholiques sont à des lieues de s’auto-critiquer puisqu’ils se drapent actuellement dans la victimisation d’eux-mêmes (qui les empêche d’être humbles et de reconnaître leurs torts), la diabolisation paranoïaque et radicalisée de leur époque, et dans la haine du Pape François.
Ils n’ont pas non plus pris la mesure de l’enjeu prioritaire de l’homosexualité, du « mariage pour tous », de l’hétérosexualité, pour le monde. Ils les ont considérés comme une « étape » parmi d’autres, des dossiers non-universels, voire des non-sujets et des thèmes dangereux, car au fond ils ont eu peur de nous, les personnes homosexuelles. Ou alors ils ont carrément soutenu l’Union Civile et l’homosexualité pratiquée (Hollande, Duflot, Binet, Taubira, Barjot, Royal, Sarkozy, La Rochère, se disent catholiques). En plus, ils n’ont même pas idée de leur homophobie, terme qu’ils méprisent et dont ils n’adoptent que la définition médiatique caricaturale gay friendly, étant donné qu’ils nous aiment de loin mais sincèrement. Donc la demande de pardon catholique auprès des personnes homosexuelles n’est vraiment pas pour demain !
Et surtout surtout, les catholiques sont à des lieues d’imaginer que la persécution contre eux ne viendra pas uniquement de l’extérieur (médias, athées, musulmans, politiques…), mais prioritairement d’eux, de l’intérieur de l’Église : un peu avant la Fin des Temps, ce sont les catholiques qui condamneront Jésus mystique à mort. Ça se passera exactement comme à la Passion d’il y a 2000 ans. Ce sont les catholiques qui amorceront l’attaque contre l’Église et le Pape, et d’où viendra la Grande Apostasie. Pas de surprise. C’est comme cela que ça s’est passé pour Jésus. « Souvenez-vous de la parole que je vous ai dite: Le serviteur n’est pas plus grand que son maître. S’ils m’ont persécuté, ils vous persécuteront aussi. » (Jean 15, 20) Humainement, l’Église abrite le meilleur comme le pire, que voulez-vous. Sainte Faustine (1905-1938) a vu la flagellation de Jésus en « live » et confirme que ce sont les catholiques de notre époque qui vont s’acharner contre le Pape François, contre l’Église catholique, et contre le Jésus post-résurrectionnel (l’Esprit Saint) : « Jésus me fit connaître pour quels péchés Il s’est soumis à la flagellation, ce sont les péchés d’impureté. […] Je vis des choses horribles : les bourreaux abandonnèrent Jésus et d’autres personnes procédèrent à la flagellation, elles saisirent les fouets et frappèrent le Seigneur sans miséricorde. C’étaient des prêtres, des religieux, des religieuses et les plus hauts dignitaires de l’Église, ce qui m’a bien étonnée, il y avait aussi des laïcs d’âges divers et de divers états – ils exerçaient toute leur colère sur l’innocent Jésus. » (Premier Cahier, paragraphe 445, pp. 197-198) Il est capital, pour vivre une humilité substantielle et être empli d’une sainteté éternelle, de partir du principe que le pire des pécheurs, c’est toujours nous !
CHAPITRE IV – CE QUE DISENT LA BIBLE ET LE CATÉCHISME DE L’ÉGLISE CATHOLIQUE SUR L’HOMOSEXUALITÉ :
80 – Que dit la Bible sur l’homosexualité ?
Pas grand-chose à se mettre sous la dent. Déjà, la Bible n’emploie jamais le mot. Elle n’aborde que les actes qu’on dit aujourd’hui « homosexuels » (pédérastie, sodomie, relations adultères hors du mariage et de l’horizon procréateur, etc.) pour les condamner fermement. En clair, la Bible en parle très peu : elle a un message d’Espérance autrement plus important à délivrer que celui de la morale sexuelle. Elle a d’autres préoccupations (la pauvreté, la souffrance, la maladie, la mort, les injustices humaines, le Salut) que la vie sentimentale et génitale de « Monsieur Tout le Monde », à vrai dire ! Après, pour ceux qui veulent quand même aller vérifier dans le texte, les seuls passages qui traitent de ces actes « homosexuels » sont Gn 19, 4-11 ; Lv 18, 22, 20, 13, et Jg 19, 22-30 ; 1 Sam 18-20 ; Rm 1, 26 ; 1 Cor 6, 9 ; et 1 Tm 1, 10
Morceaux choisis (je cite la TOB) : « Tu ne coucheras point avec un homme comme on couche avec une femme. Ce serait une abomination. » (Lv 18, 21) ; « Quand un homme couche avec un homme comme on couche avec une femme, ce qu’ils ont fait tous les deux une abomination ; ils seront mis à mort : leur sang retombera sur eux. » (Lv 20, 13) ; « Ne savez-vous donc pas que les injustes n’hériteront pas du Royaume de Dieu ? Ne vous y trompez pas ! ni les débauchés, ni les idolâtres, ni les adultères, ni les efféminés, ni les pédérastes, ni les voleurs, ni les accapareurs, ni les ivrognes, ni les calomniateurs, ni les filous n’hériteront du Royaume de Dieu. » (1 Cor 6, 9-11) ; « C’est pourquoi Dieu les a livrés à des passions infâmes ; car les femmes ont changé l’usage naturel en celui qui est contre nature ; et de même les hommes, abandonnant l’usage naturel de la femme, se sont enflammés dans leurs désirs les uns pour les autres, commettant homme avec homme des choses infâmes, et recevant en eux-mêmes le salaire que méritait leur égarement. » (Romains, 1 : 22-32)
Il est à noter qu’entre l’Ancien Testament et le Nouveau, Jésus, c’est-à-dire l’Amour incarné, est passé par là. Non pour abolir ou édulcorer la condamnation à mort pour actes homosexuels prononcée dans le Lévitique et dans la Genèse (cf. l’épisode de Sodome et Gomorrhe), mais pour l’humaniser, y apporter de la Charité, du pardon, du Salut et parfois de la guérison, distinguer la faute grave d’impureté de la personne qui la commet. C’est l’acte génital en lui-même qui est condamné. Pas l’orientation sexuelle. Avec l’arrivée du Sauveur, le Salut dépasse la logique factuelle et comptable des actes, du mérite, de la bonne conduite, pour rejoindre celle de la foi, du don gratuit, de la rédemption, de la reconnaissance de la bonne volonté et de la pureté d’intention. Jésus sauve en particulier le pécheur qui reconnaît avoir besoin de Lui, et non celui qui pratique scolairement les lois et le code de conduite de l’Ancien Testament, et qui pour cette raison, estime qu’il n’a besoin de personne, pas même d’aimer son Créateur, pour être sauvé. La place de la collaboration, du consentement, de la consultation, de l’ajustement, de la rencontre, déplace sensiblement la perspective chrétienne qu’offre la Bible sur l’homosexualité. La crainte est inspirée. La confiance aussi. Qu’espérer de plus que cela ?
Enfin, saint Paul établit le lien très pertinent entre homosexualité et idolâtrie, connexion que je constate fréquemment dans le monde homosexuel actuel, très branché sur le fétichisme et les objets. Dans l’idolâtrie homosexuelle, l’être humain se met à adorer narcissiquement la créature qu’il est, et surtout ses duplications, ses réifications, ses images sublimées, au détriment du Créateur. Le déni sacrilège de la différence Créateur-créature aggrave la transgression/inversion mimétique de la différence des sexes. L’homosexualité pratiquée, aux yeux de saint Paul, devient donc la manifestation majeure de l’impiété.
247 questions sur l’homosexualité à l’intérieur de l’Église catholique (Partie 2 : n°80 à 159)
VOICI LA DEUXIÈME PARTIE FAISANT SUITE À LA PREMIÈRE (question n°1 à 79) et devançant la TROISIÈME (question n°160 à 247)…

CHAPITRE IV – CE QUE DISENT LA BIBLE ET LE CATÉCHISME DE L’ÉGLISE CATHOLIQUE SUR L’HOMOSEXUALITÉ :
80 – Que dit la Bible sur l’homosexualité ?
Pas grand-chose à se mettre sous la dent. Déjà, la Bible n’emploie jamais le mot. Elle n’aborde que les actes qu’on dit aujourd’hui « homosexuels » (pédérastie, sodomie, relations adultères hors du mariage et de l’horizon procréateur, etc.) pour les condamner fermement. En clair, la Bible en parle très peu : elle a un message d’Espérance autrement plus important à délivrer que celui de la morale sexuelle. Elle a d’autres préoccupations (la pauvreté, la souffrance, la maladie, la mort, les injustices humaines, le Salut) que la vie sentimentale et génitale de « Monsieur Tout le Monde », à vrai dire ! Après, pour ceux qui veulent quand même aller vérifier dans le texte, les seuls passages qui traitent de ces actes « homosexuels » sont Gn 19, 4-11 ; Lv 18, 22, 20, 13, et Jg 19, 22-30 ; 1 Sam 18-20 ; Rm 1, 26 ; 1 Cor 6, 9 ; et 1 Tm 1, 10. Vous trouverez un relevé encore plus précis sur ce lien.
Morceaux choisis (je cite la TOB) : « Tu ne coucheras point avec un homme comme on couche avec une femme. Ce serait une abomination. » (Lv 18, 21) ; « Quand un homme couche avec un homme comme on couche avec une femme, ce qu’ils ont fait tous les deux une abomination ; ils seront mis à mort : leur sang retombera sur eux. » (Lv 20, 13) ; « Ne savez-vous donc pas que les injustes n’hériteront pas du Royaume de Dieu ? Ne vous y trompez pas ! ni les débauchés, ni les idolâtres, ni les adultères, ni les efféminés, ni les pédérastes, ni les voleurs, ni les accapareurs, ni les ivrognes, ni les calomniateurs, ni les filous n’hériteront du Royaume de Dieu. » (1 Cor 6, 9-11) ; « C’est pourquoi Dieu les a livrés à des passions infâmes ; car les femmes ont changé l’usage naturel en celui qui est contre nature ; et de même les hommes, abandonnant l’usage naturel de la femme, se sont enflammés dans leurs désirs les uns pour les autres, commettant homme avec homme des choses infâmes, et recevant en eux-mêmes le salaire que méritait leur égarement. » (Romains, 1 : 22-32)
Il est à noter qu’entre l’Ancien Testament et le Nouveau, Jésus, c’est-à-dire l’Amour incarné, est passé par là. Non pour abolir ou édulcorer la condamnation à mort pour actes homosexuels prononcée dans le Lévitique et dans la Genèse (cf. l’épisode de Sodome et Gomorrhe), mais pour l’humaniser, y apporter de la Charité, du pardon, du Salut et parfois de la guérison, distinguer la faute grave d’impureté de la personne qui la commet. C’est l’acte génital en lui-même qui est condamné. Pas l’orientation sexuelle. Avec l’arrivée du Sauveur, le Salut dépasse la logique factuelle et comptable des actes, du mérite, de la bonne conduite, pour rejoindre celle de la foi, du don gratuit, de la rédemption, de la reconnaissance de la bonne volonté et de la pureté d’intention. Jésus sauve en particulier le pécheur qui reconnaît avoir besoin de Lui, et non celui qui pratique scolairement les lois et le code de conduite de l’Ancien Testament, et qui pour cette raison, estime qu’il n’a besoin de personne, pas même d’aimer son Créateur, pour être sauvé. La place de la collaboration, du consentement, de la consultation, de l’ajustement, de la rencontre, déplace sensiblement la perspective chrétienne qu’offre la Bible sur l’homosexualité. La crainte est inspirée. La confiance aussi. Qu’espérer de plus que cela ?
Enfin, saint Paul établit le lien très pertinent entre homosexualité et idolâtrie, connexion que je constate fréquemment dans le monde homosexuel actuel, très branché sur le fétichisme et les objets. Dans l’idolâtrie homosexuelle, l’être humain se met à adorer narcissiquement la créature qu’il est, et surtout ses duplications, ses réifications, ses images sublimées, au détriment du Créateur. Le déni sacrilège de la différence Créateur-créature aggrave la transgression/inversion mimétique de la différence des sexes. L’homosexualité pratiquée, aux yeux de saint Paul, devient donc la manifestation majeure de l’impiété.
81 – Y a-t-il des points communs avec l’Islam ?
Dans le contenu sur l’homosexualité entre la Bible et le Coran, très peu. En revanche, concernant les réalités de la pratique islamique et de la pratique homosexuelle, et concernant l’approche pastorale de l’Église catholique à l’égard des musulmans et des personnes homosexuelles, il y a d’énormes points communs. Rappelons-le : l’Humanité et l’Amour que Celle-ci peut vivre grâce à Jésus et à Marie se fondent sur l’accueil de la différence des sexes et sur l’accueil de la différence Créateur-créatures (= l’Église catholique). Par conséquent, l’Islam et l’homosexualité se rejoignent dans la mesure où ils rejettent conjointement et à leur manière ces deux différences fondatrices d’identité et d’Amour que sont la différence des sexes et la différence Créateur-créatures. C’est ce qui explique, comme je viens de leur dire, une similarité d’approche, de pastorale, d’évangélisation, auprès des personnes musulmanes et homosexuelles. Tout comme la Bonne Nouvelle que l’Église catholique doit annoncer au peuple islamique c’est l’amour des musulmans et non la « vérité crue sur l’Islam », de même la Bonne Nouvelle sur l’homosexualité c’est l’amour des personnes homosexuelles et non la « vérité sèche sur l’orientation et la pratique homosexuelles ». Quand bien même il n’existe pas de Charité sans Vérité, et que l’identification de l’Islam ou de l’acte homosexuel (les deux sont factuellement souvent liés : il suffit de se rendre en terre musulmane pour le constater) à des signes de présence satanique soit indispensable pour aimer vraiment les personnes.
82 – Jésus parle-t-il d’homosexualité ?
Non, Il n’en a pas parlé. Jamais. En revanche, il s’est toujours fait le défenseur du mariage d’amour entre l’homme et la femme, en tant qu’image fidèle de son Amour, et Il a fait allusion également à l’existence de ceux qui sont devenus eunuques (célibataires) « à cause des Hommes » (Mt 19, 8-12), à savoir les dégoûtés/impotents du mariage et les victimes des viols, ce qui renvoie effectivement à une grande majorité des personnes homosexuelles.
Certains esprits puristes, protestants ou pharisiens, qui lisent la Bible et les paroles du Christ au pied de la lettre, pourraient donc se dire que, « si le Christ n’a pas parlé d’homosexualité, alors il n’y a pas lieu d’en parler du tout », voire même que c’est de l’« hérésie » et de la « corruption au modernisme » que d’employer un mot de la novlangue comme « homosexualité ».
Dans l’autre extrême, quelques esprits gays friendly progressistes, tout aussi superstitieux et pointilleux que les premiers, pourraient également s’exclamer que l’imprécision de Jésus au sujet de l’homosexualité vaudrait validation tacite de Sa part : « Chic ! Qui ne dit mot consent ! On peut mettre ce qu’on veut derrière Son silence… même l’amour homosexuel ! » À les entendre, Jésus inviterait joyeusement à l’improvisation, à l’innovation, à l’adaptation de ses préceptes aux « nouvelles relations » et aux « nouvelles familles » d’aujourd’hui, bref, à l’INCULTURATION. Au nom de son Incarnation et de sa Présence réelle invisible, en plus ! #CommentFaireDireÀJésusNimporteQuoi
À ces deux camps – intégristes chacun dans leur style – je répondrais quatre choses. D’abord, c’est bien parce que les successeurs de Jésus et de Pierre ont employé le terme « homosexualité » que nous pouvons nous permettre (et nous avons le devoir !) de l’utiliser. Ensuite, comme le dit de manière très drôle et néanmoins percutante le père Guy Pagès, « ce n’est pas parce que Jésus n’a pas demandé explicitement aux Hommes de se brosser les dents qu’ils ne doivent pas le faire » ! De plus, vu qu’en effet Jésus, dans la Bible, n’évoque pas nos problèmes et nos péchés avec leurs noms contemporains (pas question de clonage, de PMA, de GPA, de préservatif ni de « mariage homosexuel », par exemple), cela ne signifie pas qu’Il ne nous a pas livré l’Essentiel (= Sa Personne et Ses commandements) les concernant, de manière à la fois codée et pourtant hyper adaptée à notre présent. Enfin, le fait que Jésus ne parle pas d’homosexualité prouve que pour Lui, ce qui prime, ce sont les personnes et l’Amour qu’Il porte à chacune, et non les fantasmes qui les traversent, leur imaginaire érotique, les personnes qui les attirent sexuellement, leurs actes peccamineux ni leurs mérites.
83 – Les disciples de Jésus étaient-ils homos ?
Peut-être que les disciples de Jésus ont pu avoir pour Jésus une attraction sexuelle et amoureuse. Et je n’en serais pas étonné. Ils étaient des hommes. Certains d’entre eux eunuques pour le Royaume. En plus, les douze disciples avaient en face d’eux LE Canon de Beauté et d’Amour par excellence. Sans avoir l’esprit mal tourné, on peut d’autant mieux se figurer que quelques-uns aient été tentés de L’étreindre, de Le toucher, de Lui faire l’amour, de se fondre en Lui (c’est d’ailleurs pour cette raison que je pense qu’il y a tant de prêtres qui se sentent homos !), et par défaut, de « se faire l’amour » et « du bien » entre eux. On ne le saura qu’au Ciel.
En revanche, désolé de décevoir les quelques militants « chrétiens » homosexuels soucieux de faire porter à David et Jonathan ou à la relation d’amitié désintéressée entre Jean et Jésus, leur tentative de justification de l’« amour d’amitié spirituelle et chaste dépassant la différence des sexes ». Ils oublient un peu vite que la seule et unique homosexualité qui a été actée par les Douze n’est pas venue de saint Jean (pas même implicitement quand il se presse contre le cœur de son Maître à la Sainte Cène), mais de Judas, le disciple qui a trop aimé Jésus, qui a cherché à posséder Son corps, qui L’a embrassé par un baiser ambigu, qui L’a idolâtré en Super-héros politique au lieu de L’adorer, qui L’a vendu aux médias et aux hommes politiques, non uniquement pour le fric (comme le fait croire la coutume), non uniquement pour Le faire tomber, non par cruauté consciente, mais pour L’aider à conquérir le monde, par passion jalouse et dévorante homosexuelle, par fascination narcissique. Donc les exégètes pro-gays, on va se calmer…
84 – Et Jésus, était-il homosexuel ?
Je vais peut-être en choquer certains mais je crois qu’Il l’était. Non pas en actes ni en désirs ni en fantasmes, évidemment, car Il est la continence parfaite, la pureté de pensées par excellence, mais il l’a été en tentations, en ressenti, et aussi de réputation. Pour une bonne et simple raison : il a porté le péché du monde et a accepté de ressentir, de comprendre dans sa chair humaine, toutes les tentations (« Dieu l’a fait péché pour nous. », 2 Co 5, 21) … y compris la tentation de la séduction homosexuelle, de l’attraction pour les gens de son sexe. Ce qui est logique : Il n’est qu’Amour. Pendant son séjour terrestre, sa force d’Amour débordant et tout-puissant, Il a dû sans cesse la contrôler, la canaliser, l’ajuster, pour laisser la liberté et la juste distance avec ses frères, alors que de par sa nature divine et aimante, Il avait largement de quoi s’emballer, envelopper tout le monde de Lui, manifester son Amour non seulement pour les femmes mais aussi pour les hommes, pour toute l’Humanité. Il a de l’énergie, de la tendresse, de l’Amour, de l’Incarnation, du désir, à revendre, le Jésus ! En plus, il est beau comme un cœur, et a dû constamment réguler son pouvoir d’attraction, les effets (parfois excessifs) de son charisme, ne pas en jouer.
Oui. Je crois que Jésus est la personne homosexuelle la plus sainte qui existe. Et c’est une grande consolation pour moi de savoir qu’Il connaît ma condition, qu’Il en a souffert (et continue d’en souffrir) plus que moi, qu’Il m’a devancé dans ma lutte contre mon attraction pour les personnes de même sexe, qu’Il a dû, à cause de son identité d’Amour, combattre encore plus sa tendance naturelle à aimer les deux sexes. En devinant ce qu’Il vit, je ne suis pas tenté de me dire qu’Il ne me comprend pas dans ma détresse spécifique, je ne suis pas tenté de penser qu’en vivant la continence, je suis un cas isolé, un pionnier d’une nouvelle voie sainte, un précurseur qui opère un exploit sur un terrain que le Christ n’aurait pas connu. Au contraire. Tout ce que je vis en douleurs d’homosexualité, Jésus l’a vécu bien avant, et puissance mille. Même si les mots « homophobie » et « homosexualité » n’existaient pas à son époque, les désirs et les actes charnels entre semblables sexués étaient bel et bien connus (ils sont vieux comme le monde). Dans l’Ancien Testament ou dans les mots de saint Paul, il est question des débauchés, des efféminés, des pédérastes pratiquant la sodomie et les actes « contre-nature ». Lors de sa vie publique et communautaire avec ses disciples, Jésus a forcément enduré les attaques, les présomptions, les rumeurs et les humiliations que les personnes homosexuelles connaissent depuis la cour d’école jusqu’à leur vie d’adulte (« Que des mecs ensemble ! Et pas une femme parmi eux ! C’est louche… » ; « En plus, il a toujours été célibataire, sans enfant. Et on ne lui connaît pas d’aventure féminine. Tu vas pas me laisser croire qu’il n’est pas un peu… enfin, j’m’comprends… »). Même le récit de sa Passion ne nous épargne pas les railleries émasculantes de ceux qui L’ont crucifié.
Jésus connaît mieux que quiconque les souffrances et les tentations de la communauté homosexuelle. Et il m’est d’un profond réconfort de le savoir. Pas dans la mesure où je ferais sur lui une projection homo-érotique excessive, malsaine, anachronique et finalement narcissique (je n’irai pas jusqu’à faire de lui une tapette, hein) mais parce que Jésus a connu tous les péchés, toutes les pires tentations et réputations. Les actes homophobes que nous, personnes homosexuelles, pouvons parfois vivre, même les plus infamants (trahisons amoureuses, peines de cœur, caricatures dégradantes, sodomie, viol, torture des parties corporelles intimes, etc.), je suis sûr que Jésus les a vécus dans sa chair et dans son cœur. Sainte Faustine, en voyant les sévices infligés à Jésus, raconte bien qu’Il s’est pris des coups de poing par des prêtres, des religieuses et des laïcs, et que ça l’avait étonné. Pour nous, cela doit être un grand signe d’Espérance qui nous aide à tout supporter. Car c’est Lui qui porte tout, et le plus lourd.
85 – Si Jésus n’a jamais parlé d’homosexualité dans la Bible, tout ce qui a été brodé autour par d’autres personnes est donc purement subjectif, culturel et erroné ?
Toutes les omissions de Jésus dans la Bible ne sont ni des oublis de sa part, ni des encouragements ni des interdictions, ni des pièges, ni une raison pour Le discréditer Lui, mais bien d’une part les preuves qu’Il nous a livré l’Essentiel (pas « tout » d’un point de vue strictement humain, mais « Tout » du point de vue de l’éternité, de la Vérité, de sa Personne et de nos besoins), et d’autre part qu’Il nous laisse libres et capables d’user de notre bon sens en écoutant la Bible et les inspirations de l’Esprit Saint retranscrites dans le Catéchisme de l’Église Catholique.
Concernant l’homosexualité, ce n’est pas parce que Jésus n’en a pas parlé explicitement qu’il ne s’est pas positionné clairement par rapport à elle par un chemin argumentatif plus universel et moins ciblé sur une pratique génitale minoritaire. Ce que profère Jésus sur le mariage, la sexualité, et la sacralité du couple homme-femme est sans ambiguïté. Son silence sur l’homosexualité n’est donc pas un vrai silence mais un silence vrai ! Par exemple, dans la Bible, il n’est spécifié nulle part qu’il faut se laver les dents : ce n’est pourtant pas pour cela que nous devons nous dispenser de le faire ! Il n’est nulle part question non plus de la GPA : pourtant, il ne nous est pas bien difficile de relier cette pratique ignoble aux interdits édictés dans le Décalogue, à commencer par le « Honore ton père et ta mère » « Tu ne voleras point ». Eh bien pareil concernant l’homosexualité : il faudrait être de particulière mauvaise foi pour ne pas faire le parallèle entre la réalité de l’homosexualité et la condamnation christique de l’adultère.
En faisant bien attention de ne pas faire dire à Jésus ce qu’Il ne dit pas (lecture littérale de la Bible, anachronismes dus à un décontextualisation, etc.), ni à l’inverse d’étouffer la force actuelle de la Parole de Dieu (relativisme, surévaluation des contextes bibliques pour ensuite en dévaluer la contemporanéité, etc.), on ne peut quand même que constater que la grande différence entre la Parole Biblique et notre présent réside dans la distinction entre l’homosexualité-actes et l’homosexualité-tendance-et-personne. Mais comme le Catéchisme a largement comblé le fossé historique, pas d’excuse pour désobéir à la Bible et à l’Église !
86 – L’Église n’y va-t-elle pas trop fort en parlant d’abomination ?
« Tu ne coucheras pas avec un homme comme on couche avec une femme. C’est une abomination. » (Lv 18, 22) ; « Si un homme couche avec un homme comme on couche avec une femme, ils ont fait tous deux une chose abominable ; ils seront punis de mort : leur sang retombera sur eux. » (Lv 20, 13) Au passage, il est à noter quand même que le verset du Lévitique si souvent cité « Tu ne coucheras pas avec un homme comme on couche avec une femme » est précédé de peu d’un autre qui dit « Tu ne prendras pas dans ton harem une femme en même temps que sa sœur », ce qui suppose qu’il serait licite d’avoir un harem… m’enfin bon bref…
Oui. À propos de ce qu’on appelle aujourd’hui « homosexualité », l’Église y va fort, tout comme Moïse dans l’Ancien Testament y était allé fort avant l’arrivée de la Justice aimante de Jésus, Justice qui n’annule pas mais accomplit totalement la Loi juive. Il faut à mon sens accueillir à la fois pleinement la verbalisation sévère et péremptoire du mal – donc l’attribution du mot « abomination » à des actes qui la méritent – autant que la clémence de Jésus à l’égard de ceux qui la commettent.
En effet, on apprend beaucoup en méditant l’attitude du Christ par rapport au péché d’adultère, qui se rapproche énormément du péché d’homosexualité. Car à la lecture littérale de l’Ancien Testament, autant dans le Lévitique (« Si un homme commet un adultère avec une femme mariée, s’il commet un adultère avec la femme de son prochain, l’homme et la femme adultères seront punis de mort. », Lv 20, 10) que dans le livre du prophète Ézéchiel (« Cette multitude les lapidera, et les abattra à coups d’épée. On tuera leurs fils et leurs filles. On brûlera leurs maisons par le feu. », Ez 23, 47), les catholiques seraient carrément autorisés à se lâcher et à lapider les coupables adultérins incriminés pour « abomination » ! Mais Jésus, lui, distingue le mérite et la Justice : « Jésus s’en alla au mont des Oliviers. Dès l’aurore, il retourna au Temple. Comme tout le peuple venait à lui, il s’assit et se mit à enseigner. Les scribes et les pharisiens lui amènent une femme qu’on avait surprise en situation d’adultère. Ils la mettent au milieu, et disent à Jésus : ‘Maître, cette femme a été surprise en flagrant délit d’adultère. Or, dans la Loi, Moïse nous a ordonné de lapider ces femmes-là. Et toi, que dis-tu ?’ Ils parlaient ainsi pour le mettre à l’épreuve, afin de pouvoir l’accuser. Mais Jésus s’était baissé et, du doigt, il écrivait sur la terre. Comme on persistait à l’interroger, il se redressa et leur dit : ‘Celui d’entre vous qui est sans péché, qu’il soit le premier à lui jeter une pierre.’ Il se baissa de nouveau et il écrivait sur la terre. Eux, après avoir entendu cela, s’en allaient un par un, en commençant par les plus âgés. Jésus resta seul avec la femme toujours là au milieu. Il se redressa et lui demanda : ‘Femme, où sont-ils donc ? Personne ne t’a condamnée ?’ Elle répondit : ‘Personne, Seigneur.’ Et Jésus lui dit : ‘Moi non plus, je ne te condamne pas. Va, et désormais ne pèche plus.’ » (Jn 8, 1-11)
Cet épisode biblique pourrait très bien être transposé à aujourd’hui et à l’homosexualité. Certainement que des gens viennent/viendraient mettre Jésus à l’épreuve, pour savoir s’Il ferait preuve de Vérité, d’obéissance et d’allégeance à son Père, à son Église, à sa tradition de sagesse ancestrale, face à « l’abomination » de l’homosexualité, ou bien si au contraire Il serait l’Apôtre de la rupture, de l’ouverture laxiste, du refus de l’anachronisme et de l’application littérale lévitique. En fait, ni l’un ni l’autre. Ou plutôt mieux les deux ! Jésus réconcilie les deux camps que presque tout le monde oppose et dans lesquels on aimerait l’y enfermer, en les unifiant par sa personne et son amour.
À un autre endroit de la Bible, Il va jusqu’à expliquer et excuser la dureté/la permissivité des préceptes de Moïse par les péchés de ses contemporains, plus prompts à faire justice eux-mêmes et à accuser les autres qu’à convertir leur cœur à l’amour et à la suppression de leurs propres péchés : « Les pharisiens répliquent à Jésus : ‘Pourquoi donc Moïse a-t-il prescrit la remise d’un acte de divorce avant la répudiation ?’ Jésus leur répond : ‘C’est en raison de la dureté de votre cœur que Moïse vous a permis de renvoyer vos femmes. Mais au commencement, il n’en était pas ainsi.’ » (Mt 19, 8)
De même pour les actes et les « couples » homosexuels, je crois que Jésus est tout à fait capable d’à la fois justifier/d’excuser Moïse (ou saint Paul, ou la dénomination « abomination » du livre du Lévitique, ou encore l’appellation acerbe « actes intrinsèquement désordonnés » du Catéchisme de l’Église catholique) et d’en appeler en même temps à la renonciation du châtiment divin ou au refus de l’instrumentalisation de la Justice divine par les Hommes. Il est capable de reconnaître en Vérité le péché, et de libérer le pécheur par Sa Miséricorde et Son ordonnance/exigence envers lui. Trop fort, Jésus !
Alors, à l’imitation de Jésus, nous pouvons aimer comme Lui aime, sans s’obséder hystériquement sur le mot d’« abomination », qui possède un contexte d’énonciation qui lui est propre. Moi, personnellement, quand je vois deux hommes s’embrasser, voire même coucher ensemble, je ne pousse pas des hauts cris, ça ne me dégoûte pas, je ne sors pas mon crucifix ni ma gousse d’ail ni mon eau bénite, et il ne me vient pas à l’esprit d’hurler « Abominatioooon ! ». « La marque du mal, c’est son vide ou son insignifiance », paraît-il. Et sans doute que dans mon accoutumance à la violence homosexuelle, il y a une forme de perversion inconsciente me conduisant à un dommageable relativisme culturel qui m’anesthésie et m’immunise à mon insu. Je ne me trouve pas des excuses. Mais la vue de certains « couples » homos amis qui ne s’exposent pas et qui vivent depuis un certain temps ensemble, qui parfois même sont touchants de spontanéité (je les vois quelquefois rire et jouer ensemble comme deux adolescents) ne me hérisse pas, ne provoque pas chez moi de l’urticaire. C’est pourquoi je suis loin de trouver le « couple » homosexuel dégoûtant, « abominable », et que je comprends intellectuellement les gens non-croyants qui prennent les catholiques et les protestants pour des fondamentalistes qui auraient un pète au casque de leur sexualité en s’évertuant à croire ce qu’énonce la Bible sur les risques de damnation encourus par les personnes homos pratiquantes.
Au demeurant, je peux et nous pouvons, nous catholiques, quand même faire nôtre – au moins mentalement – le langage de l’Ancien Testament ou de Saint Paul (sans tomber dans les maladresses boutiniennes ni dans les excès de ce présentateur africain par exemple… qui a pourtant le mérite, à la fin de son laïus enflammé, de donner une définition excellente de l’homophobie), car l’expulsion de la différence des sexes – différence qui est le socle de toute humanité et de tout amour – est violente et abominable. « Abominatio », en latin, signifie « ce qui fait repousser avec horreur comme un mauvais présage ». Quand je suis parfois témoin des faits odieux et de la violence inouïe se déroulant dans le cadre de la pratique homo-bisexuelle (viols, vols, meurtres, guerres, dictatures, pédophilies, infanticide, homophobie, milieu homosexuel, suicides, dépression, mélancolie, torture, humiliation, déchéance, etc.), je comprends largement combien l’Église a raison de parler d’« abomination ». Le viol qu’ont vécu plus de 100 amis homosexuels à moi, c’est une abomination. Le terme n’est pas trop faible ! L’Église est la seule à dire ce qui se passe, à nommer un chat « un chat », à dénoncer vraiment les souffrances et les violences qu’est bien souvent l’homosexualité active, à s’intéresser au bonheur et au Salut des personnes. D’ailleurs, l’abomination qu’est l’acte homosexuel se trouve rehaussée d’une part par son caractère masqué et tout rose, d’autre part par sa concomitance avec le satanisme (cf. je vous renvoie aux codes « Amant diabolique » et « Se prendre pour le diable » de mon Dictionnaire des Codes homosexuels, mais également au roman autobiographique La Maison battue par les vents (1996) du père Malachi Martin qui prouve avec sérieux la « connexion de fait entre l’activité homosexuelle et le satanisme ritualiste » p. 533).
Le diable est astucieux. Pour cacher son forfait abominable, il va l’inspirer et le justifier au nom de son intention de lutter contre. Autrement dit, au lieu de faire le bien qui résoudrait tous ses problèmes, à l’instar des mauvais syndicalistes qui râlent et créent les problèmes pour mieux justifier leur hargne et la nécessité « impérieuse » de leur action, il va créer les problèmes qu’il prétend résoudre/atténuer (il les atténue parfois avec succès, en plus, donc a de quoi se faire passer concrètement pour Dieu !), en ayant ensuite le culot génial de nous les présenter comme plus bons et plus vrais que le Bien même, voire de faire passer le Bien pour le diable. Concernant plus précisément l’homosexualité, écoutez sa litanie de mauvaises excuses inversantes, d’injonctions paradoxales, qui habille le Bien en mal et le mal en Bien : « Ce n’est pas l’homosexualité qui est un problème mais uniquement le fait qu’on ne l’encourage pas socialement et qu’on la regarde d’un mauvais œil. » (Dans les faits, l’homophobie est la pratique homosexuelle et « l’identité homosexuelle », c’est-à-dire l’expulsion et la peur de la différence des sexes) ; « L’amour homo, c’est vraiment de l’amour, car c’est pas un choix, c’est sexuel et c’est sincère ! » (Tandis que l’absence de liberté n’est pas de l’amour ; l’homosexualité n’est pas de la sexualité puisqu’elle éjecte la sexualité qu’est la différence des sexes ; et la sincérité n’est pas nécessairement la Vérité) ; « Il faut accepter les différences et lutter contre les discriminations : les homos en savent quelque chose ! » (Concrètement, les personnes homosexuelles ne se sont pas acceptées elles-mêmes, notamment dans leur différence des sexes ; et quand elles pratiquent leur homosexualité, ce sont elles qui rejettent et discriminent la différence des sexes et les autres) ; « La dignité humaine exige qu’on répare la PMA et la GPA par leur autorisation pour tous. Pensons aux enfants élevés par des couples homosexuels en cas de décès de l’un de leurs parents, et qui ont besoin d’être protégés ! » (En réalité, la dignité humaine, c’est de ne pas chercher à « avoir » artificiellement des enfants, en les amputant non forcément de leur généalogie mais tout du moins du lien vital d’amour entre leurs deux parents biologiques) ; « Les personnes homosexuelles doivent pouvoir donner leur sang ! C’est un scandale ! » (Alors que le vrai scandale, c’est la pratique de leur homosexualité, leur exploitation des souffrances des pauvres et leur collaboration aux maux dont ils souffrent) ; « Les personnes transgenres ou transsexuelles doivent avoir le choix de voir figuré sur leur carte d’identité ou leur passeport le sexe de leur mental, de leur ressenti. On ne respecte pas leur identité profonde ! » (Au fond, celles qui ont nié et parfois même détruit au scalpel leur identité, ce sont ces mêmes personnes trans…) ; etc.
Plutôt que de ne pas faire la connerie, le mal propose de la faire au nom des solutions qu’il pense établir ensuite pour l’effacer. Plutôt que de ne pas faire le mal, il draine dans le sillage de sa mauvaise action des conséquences irréparables qui nécessitent une « indispensable » assistance, ou bien embarque des êtres humains qu’il fait naître artificiellement et qui sont moralement inattaquables (car ils n’ont pas choisi d’arriver au monde, ne peuvent pas être abandonnés, ni être supprimés : leur vie demeure sacrée !). Satan prend en otage la Vie (Jésus), finit même par se travestir en Elle et par se faire passer pour un meilleur exemple de bonté que le « pire » qui l’entourerait et qu’il a créé en coulisses. Pour illustrer cela, je vous cite ce témoignage d’une amie qui finit presque par excuser l’inexcusable (toujours en s’appuyant en toile de fond sur l’hétérosexualité, cette parodie démoniaque de la différence des sexes) : « J’ai deux copines en ‘couple’ qui ont 3 enfants. L’une a deux enfants issus d’une PMA en Espagne avec deux donneurs anonymes, l’autre même procédé a eu un seul enfant. Ces deux femmes ont élevé ensemble les 3 enfants depuis toujours, elles se sont mariées civilement et ont chacune entamé une procédure d’adoption pour adopter l’enfant ou les enfants de la conjointe (sachant qu’elles étaient déjà en couple quand elles ont vécu leurs grossesses). Quand la procédure a abouti, honnêtement j’ai été contente pour elles, parce qu’en cas de décès de l’une des deux, les trois enfants qui ont maintenant les deux noms de famille, vivront avec la deuxième sans être séparés. D’ailleurs les enfants sont baptisés. Je crois qu’en restant fidèles à ses convictions on ne doit pas rejeter les personnes, ni les adultes ni les enfants : Dieu a voulu chacun de nous depuis toute éternité:-) Alors évidemment ces deux femmes écartent d’un revers de la main toute évocation des futures questions des enfants sur leurs origines, la recherche du père, la filiation… Il faut juste espérer que les enfants soient équilibrés dans un tel contexte… Cela dit à mon sens les couples hétéros qui ont recours à la PMA avec donneurs anonymes pour avoir leurs enfants et à qui ils cachent leurs origines, voire qui donnent leur accord pour une ‘réduction embryonnaire’ si tous les fœtus croissent, ou même les abandonnent car leur ‘plus de projet parental’ n’agissent pas mieux mais seront socialement mieux acceptés car les manipulations sur embryons ne se voient pas sur la place publique alors que les enfants des couples homos eux trottent et hurlent au moins autant que ceux des couples hétéros. »
L’abomination de l’homosexualité, à mon sens, réside bien davantage dans le fait que la pratique homosexuelle fait passer le Bon pour le mauvais et le mauvais pour le Bon (en concluant que ni le Bon ni le mauvais n’existeraient !), que dans la seule stérilité « contre-nature » de ses ébats et dans la seule pénétration anale. Il y a une peur – et parfois un déni – de l’Homme et de Dieu, dans l’homosexualité active, qui est une abomination, même si on ne s’en rend pas compte sur le moment, et que même du mal peut surgir du bien. Et le dire ne signifie en rien que les personnes homosexuelles – y compris homosexuellement pratiquantes – soient abominables et humainement condamnables. Dieu s’en chargera. Nous, nous n’avons que le devoir de prévenir et de relayer Sa Parole de Vie et d’Amour.
87 – Le procès de Christine Boutin (qui a dit que l’homosexualité était une abomination) est-il mérité ?
Suite à la sortie de Christine Boutin dans la revue Charles publiée en mars 2014 (« Je n’ai jamais condamné un homosexuel. Jamais. Ce n’est pas possible. L’homosexualité est une abomination. Mais pas la personne. »), et qui l’entraîne devant les tribunaux (la première comparution en correctionnelle s’est tenue fin novembre 2015), il y a plusieurs niveaux à distinguer : le contenu, et les réponses pratiques qui sont données à ce contenu.
Je mentirais si je disais, concernant les phrases prêtées ou employées par Christine Boutin, qu’il n’y a pas eu dérapage objectif. Dérapage qui est dû non pas à l’emploi du mot « abomination » (contrairement à ce que laisse entendre l’ensemble des critiques ; ce terme d’abomination prend d’ailleurs tout son relief quand on commence à étudier les nombreux liens entre viol et désir homosexuel), mais bien à l’imprécision et l’emploi du mot « homosexualité » (qui peut se référer soit au « désir », soit à l’« acte », soit à la « personne » qui ressent ce désir, soit au « couple-acte », soit au « couple-personnes » : cinq réalités bien différentes ! dont deux seulement – l’« acte » et le « couple-acte » – sont concernées par le qualificatif d’abomination) ainsi qu’à la substantivation essentialiste et inconsciemment homophobe de l’adjectif « homosexuel » (= « un homosexuel ») donnant à croire qu’une personne serait sa tendance sexuelle. L’usage non-étayé de l’expression « homosexualité » est une réelle maladresse. Et couplée à une naturalisation du désir homosexuel puis à un mot aussi impressionnant qu’« abomination », ça devient un simulacre de courage et l’énonciation catastrophique d’une illusion de « Vérité » divine ! Oui, la bourde est monumentale. Mais elle est de Christine à 1%.
L’autre dérapage objectif, dû à une ignorance du dossier Hétérosexualité et à une extrapolation bibliste imprudente/inconsciente, c’est que Christine Boutin a cru invoquer la Bible quand en réalité sa citation n’a rien de biblique : jamais le Lévitique ni saint Paul ne prétendent que l’homosexualité serait une abomination (ils ne parlent que des actes adultérins, libertins, de comportements et d’attitudes de débauche ou d’idolâtrie, mais jamais d’« homosexualité » à proprement parler). Attribuer à la Bible un pareil mot nous révèle bien le piège des néologismes « homosexualité » et « hétérosexualité ». Cela peut nous aider à l’avenir à ne pas les employer du tout, ou alors, si on les emploie, à particulièrement bien les expliciter. Ces concepts ne supportent pas les approximations, et celles-ci aujourd’hui ne pardonnent malheureusement pas.
Si approximations il y a clairement eu, la réponse judiciaire apportée au discours de Christine Boutin sur l’homosexualité est non seulement disproportionnée mais inquiétante pour nous tous (et pas seulement pour la personne qu’elle concerne directement). Symboliquement et concrètement, qu’un procès pareil, attenté sur la base d’une maladresse verbale et sur la base de l’imprécision d’un mot – « homosexualité » – qui ne peut être imputée à une seule personne si elle devait être sérieusement sanctionnée (ce serait plutôt aux scientifiques qui ont créé à la fin du XIXe siècle la bipolarité identitariste et sentimentaliste « les homos-les hétéros » d’occuper le banc des accusés ! ainsi qu’à toute la société civile, qui a confondu la différence des sexes avec l’hétérosexualité !), et non pas attenté sur la base d’un crime réel, d’un délit punissable, d’un rejet de personnes, puisse seulement exister aujourd’hui en France et donner lieu à des poursuites, à un harcèlement moral carabiné et à de l’extorsion d’argent, c’est tout simplement sidérant, délirant, extrêmement préoccupant pour l’état de notre « démocratie ». Et cela dit bien la profonde corruption idéologique (aux sentiments et aux fantasmes) dans laquelle la Justice française est plongée à l’heure actuelle.
À mon avis, le procès Boutin, c’est hyper violent. Non pas pour ce que cette femme politique a dit. Mais pour l’absence de fondement de sa condamnation, et la violence avec laquelle cette absence de fondement est maquillée/instrumentalisée par les arbitres en robe noire du « débat » sur l’homosexualité. Ce procès est un signe hautement symbolique indiquant que notre continent européen est entré dans une dictature néo-nazie. Mon emploi de l’adjectif « néo-nazi » provoquera peut-être sarcasmes et indignation chez ceux qui identifient à tort toute référence au nazisme qui ne vient pas d’eux comme un dangereux et grotesque « Point Godwin »… mais tant pis, je persiste et signe : si le nazisme historique portait le vocable « national socialisme » (les socialistes et les communistes feraient bien de se le remémorer, d’ailleurs…), l’« international socialisme » qui nous est imposé mondialement aujourd’hui pourrait tout à fait se voir appliquer l’appellation de « néo-nazisme ». À mon sens, la procédure visant Christine Boutin mériterait, pour l’injustice et la démission intellectuelle qu’elle traduit, de faire l’objet d’un scandale et d’un battage médiatique de la même envergure que jadis l’Affaire Dreyfus. Malheureusement les défenseurs de Christine Boutin, et plus largement les dénonciateurs de la fronde anti-homophobie gay friendly mondiale, sont trop peu nombreux, trop timorés et trop ignares sur l’hétérosexualité pour constituer une armée d’opposition jugée digne d’une bataille discursive dans les mass médias et dans l’hémicycle politique. Ils attendent que la situation s’envenime et se règle par le silence. Mauvais calcul.
Même si l’accusée va faire appel, on assiste avec ce procès à une complète inversion des valeurs, à une justice à deux vitesses. Ce sont ceux qui, à cause de leurs pratiques ou de leur niveau intellectuel et moral, devraient logiquement être derrière les barreaux ou chez le psy ou en dehors des postes à responsabilité ou retourner à l’école, qui se retrouvent maintenant à diriger le monde et à condamner les justes. J’ai eu des échos de la manière dont s’est déroulée la comparution. On était face à une accumulation de vices de forme et d’atteintes à la Vérité. Ce fut d’une violence psychologique inouïe. La salle d’audience était majoritairement remplie de militants homosexuels et LGBT. Parmi les magistrats (peut-être qu’il y avait Carole Mécary) qui devaient délibérer, ils étaient quasiment tous homosexuels pratiquants ou militants pro-mariage-gay (belle impartialité !) : deux des juges, à coup sûr. En plus, ils poussaient des hauts cris et notaient nerveusement comme des preuves à charge contre l’ancienne ministre ses moindres mentions à l’homosexualité. Le point d’orgue de son « aveu sacrilège », c’est quand Madame Boutin a déclaré qu’elle avait – ce qui est vrai en plus – des « amis homosexuels » ! Là, c’était la goutte d’eau qui faisait déborder le vase. L’amitié envers les personnes homosexuelles, c’est devenu aux oreilles des juges LGBT le summum de la « preuve d’homophobie » (tout comme la mention de l’existence du « bon ami maghrébin » est interprétée traditionnellement comme l’alibi n°1 de l’« ignominie du Front National »).
D’après ce qu’on m’a raconté fidèlement, le procès Boutin a été une séance kafkaïenne digne du film d’animation Disney « Alice au Pays des Merveilles » ou de l’applaudimètre entre Jésus et Barabbas. Une scène de torture. Sans exagérer. Les dés étaient pipés ; le lynchage et la condamnation, écrits d’avance. Les sentiments et les désirs de vengeance l’ont emporté sur les faits incriminés, sur le respect des personnes, sur le bon sens. Christine Boutin, à l’issue de son procès, a mis plusieurs jours à s’en remettre physiquement tellement ce fut psychologiquement éprouvant. Et pourtant, ce n’est pas la dernière des femmes fortes ! Et elle en avait vu d’autres ! Mais l’escalade des persécutions antichrétiennes « éduquées » et de la grande Apostasie – dont a parlée encore dernièrement le Pape François – monte de plusieurs crans avec cette sombre procédure pénale.
Le plus triste, c’est que Christine Boutin n’est même pas aidée par les siens. Plutôt le contraire ! Son procès est passé complètement sous silence dans les médias chrétiens. Du fait d’être désarmés et paresseux en matière d’analyse sur l’homosexualité et l’hétérosexualité, les catholiques ne sont en général pas justes envers l’ancienne ministre. Pire : ils en rajoutent une couche. Au lieu d’hurler avec les loups gays friendly anticléricaux et de la traîner eux aussi en procès de « manquement à la Charité chrétienne » (comme si elle avait dit que « les personnes homosexuelles étaient une abomination »… ce qui est faux, du moins en intentions), au lieu de réagir en terme d’images pour ne pas aborder le fond (« Non mais franchement, Boutin nous donne encore une sale image ! Son problème c’est la com’ ! »), ils feraient mieux de réfléchir un peu et de la soutenir. Au lieu de voir la distinction entre personnes homosexuelles et actes homos comme un rappel de la Miséricorde divine (« L’homosexualité est une abomination. Mais pas la personne. »), au lieu de reconnaître avec admiration le courage qu’il a fallu à Christine Boutin pour dénoncer la violence des actes homosexuels (… mais encore faut-il que les croyants soient au clair sur ce point… ce qui reste à prouver !), ils l’enfoncent encore plus. Et les rares militants catholiques qui essaient de la relever ne le font pas bien : ils l’appuient par principe, du simple fait qu’elle est attaquée, ou au nom de son franc-parler, donc pour l’intention, pour la victimisation qu’ils peuvent en tirer (« Les propos de Boutin sont justes parce qu’ils sont bibliques donc vrais, parce qu’ils sont sans concessions, qu’ils font mal et qu’ils dérangent ! On vit sous une dictature idéologique terrible ! »), et non pour la Vérité. J’en entends qui se mettent à justifier la fracture insensée entre espace public et espace religieux, ou à donner raison aux récepteurs plutôt qu’à l’émetteur sous prétexte que celui-ci serait et parlerait « catho ». « Le piège où elle est tombée, comme Mgr Lalanne, c’est de croire que le langage biblique peut être utilisé dans un autre contexte que celui de l’Église (surtout devant des personnes totalement incultes dans ce domaine !) » Et là encore, je répète que ce n’est pas l’emploi du vocabulaire biblique (et du mot « abomination ») qui pose problème ou qui serait « asocial » ou « politiquement incompatible ». Croire le contraire, c’est de la schizophrénie de catholiques cathophobes (autrement dit, de cathos qui ne s’assument pas, et n’assument pas la dimension sociale de leur foi). Le langage biblique peut être tout à fait politique et efficace. Ce n’est pas le problème ! Le piège où Christine Boutin est tombé ne se situe que dans le mot « homosexualité ». Madame Boutin, pardon pour les piètres amis catholiques que vous avez. Et bravo pour votre courage, même si, en rigueur de termes, et à propos du dossier de l’homosexualité, il n’est pas encore vrai.
88 – Saint Paul était-il homophobe ?
Hier soir, après la messe de 22h au Sacré-Cœur à Montmartre (Paris), un gars de 26 ans dans l’assistance m’a reconnu et a voulu faire un petit bout de chemin à pied avec moi pour le retour. Il s’appelle Paul. Quand il m’a dit son prénom, j’ai tout de suite exprimé mon favoritisme pour son saint patron. Et ça m’a étonné que le jeune homme fasse un peu la grimace, en m’avouant qu’il préférait largement la limpidité et la douceur d’un saint Jean à l’impartialité de saint Paul (il a osé décrire avec un brin d’humour son saint patron comme « le Lénine de l’Église »).
Personnellement, j’aime beaucoup saint Paul (tout comme saint Jean-Baptiste et saint Antoine de Padoue). C’est un peu « the » Prophète de Compétition. Plus encore que saint Pierre ou que saint Jean, je trouve. Pas seulement parce que sans lui pas un seul catholique n’aurait la foi aujourd’hui (c’est vraiment l’Apôtre de la Résurrection, du catholicisme moderne et post-moderne sous la conduite de l’Esprit-Saint) mais parce qu’il est le seul à avoir débité 36 000 vérités à la seconde, à avoir délivré un code moral solide, des repères concrets sur la sexualité, une version remasterisée et couronnée de Charité des Dix Commandements reçus par Moïse, à avoir dénoncé avec véhémence les maux de notre temps et la Victoire de Jésus sur ces derniers, sans peur de nommer les réalités désagréables que nous traversons et de se montrer comme un pauvre mec pécheur et criminel (il a dit lui-même qu’il était l’« avorton de Dieu »). L’ex Saül ne s’est pas contenté d’énoncer la Vérité positive révélée : il l’a modernisée et adaptée, pour nous prouver que Jésus parle à travers notre vie, nos épreuves et nos péchés de maintenant. Les écrits de saint Paul, c’est mieux que le Journal Télévisé du 20h (et moins symbolique et codé que l’Apocalypse de saint Jean) ! C’est du direct ! Paul, quand il a quelque chose à dire, il n’y va pas par quatre chemins ! Ça peut paraître culoté, méchant, vexant, sale, écorché, incorrect, brutal, polémique, impoli, vulgaire, « pas très catholique », manquant de Charité… et pourtant, c’est vrai et empli d’une Charité nouvelle, Celle d’une Vérité qui passe par la mort, par nos Croix, par nos échardes, pour les transcender de lumière. Ce n’est pas un hasard si la fameuse image paulinienne de l’écharde a laissé croire à certains que saint Paul parlait d’une tendance homosexuelle ancrée en lui. Pourquoi pas, après tout ? L’écharde est l’épine universelle du péché d’Adam. Si elle peut servir à universaliser l’homosexualité sans justifier cette dernière, ça me paraît honnête et juste, l’analogie entre écharde et péché homosexuel.
Voyez-vous, de tout le peu qui a été dit en Église sur le sujet, je préfère saint Paul car il est le seul, depuis les temps reculés du Lévitique, à ne pas s’être démonté face à l’« homosexualité » (à l’époque, les actes que le mot comprend ne s’appelaient pas ainsi, mais bon…). Après lui, saint Thomas d’Aquin a lui aussi contribué à clarifier le problème de l’homoérotisme. Mais le grand courageux, c’est bien saint Paul. Pour cette raison, et même s’il n’en dit pas du bien (d’où sa réputation d’avoir été celui par qui l’homophobie et la misogynie seraient rentrées dans la Bible et dans l’Église…), non seulement il n’est pas homophobe (sauf, bien sûr, de par sa nature humaine universellement pécheresse), mais il est sans doute le moins homophobe de tous les apôtres du Christ. Il n’a pas eu peur de parler d’homosexualité ni des personnes homosexuelles, de les aimer au point de prendre le risque de leur annoncer la couleur de leurs péchés d’une part, et finalement le prix de leur Salut personnalisé d’autre part. Il est la plus belle preuve biblique de lutte contre l’homophobie. Il restera pour toujours un exemple à mes yeux.
Enfin, pour terminer sur saint Paul, je dirais que bien souvent, parce qu’on a trop tendance à tronquer les phrases bibliques ou à couper les paroles pauliniennes intransigeantes sur l’« homosexualité » de leur conclusion, on évacue la Bonne Nouvelle qu’au fond elles recèlent. En effet, dans 1 Corinthiens VI 9-10, beaucoup de croyants n’écoutent que la première phrase, et pas la deuxième ni la troisième, alors que celles-ci sont super importantes : « Ne vous y trompez pas : les débauchés, les idolâtres, les adultères, les dépravés et les pédérastes, les voleurs et les profiteurs, les ivrognes, les diffamateurs et les escrocs, ne recevront pas le Royaume de Dieu en héritage. Voilà ce qu’étaient certains d’entre vous. Mais au nom du Seigneur Jésus-Christ et par l’Esprit de notre Dieu, vous avez été lavés, vous avez été sanctifiés, vous êtes devenus des justes. »
Ici, saint Paul fait comme Jésus à l’égard des riches : d’abord, le Christ fulmine contre eux et déclare qu’humainement et logiquement, aucun d’entre eux n’a de chance de rentrer au Paradis (au point que ses disciples lui demandent, effrayés : « Mais à ce compte-là, qui pourra être sauvé ? », Marc 10, 25-27)… pour finalement expliquer que la comptabilité humaine du Salut est soumise au régime insondable de Sa remise de dette miséricordieuse. En gros, « objectivement, tu n’as pas les sous ni le mérite pour rentrer… mais ça tombe bien : c’est moi qui complète, au-delà même de tes actes, de tes dettes, de ta misère ! Car je t’aime ! » Saint Paul opère de même concernant les personnes homosexuelles et adultères : dans un premier temps, il annonce la couleur, affiche la forte probabilité de sentence irrévocable ; puis après, il explique que Dieu nous aime par-delà nos actes gravissimes qui ne méritent objectivement que la géhenne. Vérité + Pommade. C’est une méthode de warrior, c’est clair. Mais il ne fait qu’imiter son Maître Jésus à certains moments, et que tirer les conclusions de sa propre chute de cheval sur le chemin de Damas.
89 – Que dit le Catéchisme de l’Église Catholique sur l’homosexualité ?
C’est assez concis. Il n’y a que trois paragraphes, qui ont le mérite d’être clairs, aimants et déjà suffisants pour justifier la continence, même s’ils me semblent encore incomplets et perfectibles. Les voici tels quels. Article 2357 : « L’homosexualité désigne les relations entre des hommes ou des femmes qui éprouvent une attirance sexuelle, exclusive ou prédominante, envers des personnes de même sexe. Elle revêt des formes très variables à travers les siècles et les cultures. Sa genèse psychique reste largement inexpliquée. S’appuyant sur la Sainte Écriture, qui les présente comme des dépravations graves, la Tradition a toujours déclaré que les actes d’homosexualité sont intrinsèquement désordonnés. Ils sont contraires à la loi naturelle. Ils ferment l’acte sexuel au don de la vie. Ils ne procèdent pas d’une complémentarité affective et sexuelle véritable. Ils ne sauraient recevoir d’approbation en aucun cas. » ; Article 2358 : « Un nombre non négligeable d’hommes et de femmes présentent des tendances homosexuelles foncières. Cette propension, objectivement désordonnée, constitue pour la plupart d’entre eux une épreuve. Ils ne choisissent pas leur condition homosexuelle. Ils doivent être accueillis avec respect, compassion et délicatesse. On évitera à leur égard toute marque de discrimination injuste. Ces personnes sont appelées à réaliser la volonté de Dieu dans leur vie, et si elles sont chrétiennes, à unir au sacrifice de la Croix du Seigneur les difficultés qu’elles peuvent rencontrer du fait de leur condition. » ; Article 2359 : « Les personnes homosexuelles sont appelées à la chasteté. Par les vertus de maîtrise, éducatrices de la liberté intérieure, quelquefois par le soutien d’une amitié désintéressée, par la prière et la grâce sacramentelle, elles peuvent et doivent se rapprocher, graduellement et résolument, de la perfection chrétienne. »
Il n’y a rien à retirer à ce qui est écrit noir sur blanc, de surcroît sous l’inspiration du pape Benoît XVI qui à mon avis est le plus calé pour parler correctement des sujets de morale sexuelle. Le Catéchisme de l’Église Catholique, malgré son apparente aridité et radicalité, est dans le juste. Et c’est pourquoi il nous faut tenir bon face aux courants réformistes qui veulent le retoucher d’une manière qui s’éloigne de la continence. La Conférence des Baptisés de France, avec l’appui du journal « catholique » La Croix, a dernièrement tenté une percée « révolutionnaire » gay friendly, une réforme du texte qui, sous couvert de Charité, souhaite taire la Vérité de la virginité du Christ. Certes, ce mouvement dissident, à lui seul, ressemble tellement à une pitrerie – apparemment minoritaire dans l’Église – qu’il paraît excessif de s’en alarmer et de lui donner crédit. Mais je n’irais pas aussi vite dans la dévaluation du phénomène progressiste. Car actuellement, beaucoup de fervents catholiques, prêtres, évêques, cardinaux, même s’ils s’opposent à la pratique homosexuelle et plus globalement aux réformes doctrinales de l’Église qui ressemblent de près ou de loin à du relativisme moderniste, défendent la continence plus intuitivement/docilement/arbitrairement/scolairement/par obéissance aveugle que par conviction et expérience intime de cœur, ou bien comme une pratique universelle qu’ils détachent de l’homosexualité de peur d’essentialiser/justifier cette dernière. Il y a donc fort à parier pour que le danger de réécriture du CEC et d’éviction de l’appel à la continence pour les personnes durablement homosexuelles, viennent non pas des progressistes, comme on pourrait le croire, mais des conservateurs ! Déjà, le mot « continence » ne figure pas nommément dans le texte. Et en plus, au dernier Synode, même les cardinaux traditionnalistes n’ont pas eu le courage de la défendre dans les cas (l’homosexualité durable et le remariage) qui la réclament. L’équilibre de Vérité-Charité du Catéchisme est donc bien plus fébrile qu’on ne veut le croire. Les effets d’annonce de La Croix, ce n’est qu’un gentil apéritif, à côté !
90 – Qu’est-ce qui cloche dans le discours du Catéchisme de l’Église Catholique concernant l’homosexualité ?
À mon avis, même si il n’y a rien de faux dans ce qui a déjà été écrit, il y a trois élisions qui sont importantes et qui dénaturent malheureusement la bonne ébauche qui a été faite.
La première élision, c’est que le mal n’est pas nommé. On ne comprend pas l’adjectif « désordonnés », on ne sait pas ce que recouvre l’expression « actes homosexuels », on ne comprend pas à quelle réalité renvoie « la Croix », on ne comprend pas la sacralisation de la « complémentarité des sexes » (et en effet, Fabrice Hadjadj et moi-même récusons cette idée de « complémentarité » entre l’homme et la femme, comme si l’union des sexes était naturelle, évidente, imposée, automatique, chimique, facile). Tant que l’Église ne spécifiera pas tout ce qu’Elle met derrière le mot « actes » (et qui, à mon sens, va bien au-delà du simple toucher ou de la pénétration, mais rejoint le terrain des sentiments, de l’intention, de la croyance, de la concupiscence, du péché), tant qu’Elle ne dira pas texto que « l’amour homo n’est pas de l’Amour », tant qu’Elle ne désignera pas l’hétérosexualité comme le diable déguisé en différence des sexes, jamais son discours ne sera complet et vrai sur l’homosexualité, je crois.
La deuxième élision équivoque dans le Catéchisme (même si elle a l’air anodine, et que beaucoup de prêtres la relativisent et la justifient sous prétexte qu’elle serait implicitement évidente) concerne l’imprécision autour du mot « chasteté ». En réalité, l’ambiguïté s’origine en grande partie sur la juxtaposition/séparation entre le chapitre sur l’homosexualité et celui sur les adultères, et donc sur l’appel non-facultatif au célibat pour les personnes durablement homosexuelles. Quand mes détracteurs me soutiennent que « l’Église dit très bien que la chasteté est la vertu qui prend la forme de la continence chez les célibataires », c’est vrai, mais – et c’est une faiblesse du Catéchisme – l’Église dissocie (même textuellement, dans le chapitrage) le célibat (ou l’adultère) de l’homosexualité. C’est bien là qu’est l’os ! Le CEC ne spécifie absolument pas que les personnes durablement homosexuelles n’ont pas d’autre choix que le célibat continent si elles veulent répondre fidèlement à l’appel de l’Église. Même la mention d’« amitié désintéressée » est traduite par certains catholiques comme une invitation/autorisation exceptionnelle à vivre une « amitié particulière en couple chaste » ! Donc ceux qui, en lisant le chapitre du CEC sur l’homosexualité et l’appel à la vivre dans la chasteté, souhaitent mettre ce qu’ils veulent sous le mot « chasteté » (même le couple platonique, même la « fidélité à Dieu »), ils le peuvent, en prenant de surcroît appui sur un Catéchisme « légèrement » coupé au montage. Certains prêtres remplacent déjà mentalement « célibat » par le terme « chasteté », en se disant qu’ainsi ils n’auront pas à l’imposer/le nommer ouvertement face aux personnes durablement homosexuelles, sous prétexte qu’il serait induit par la suite dans le chapitre sur l’adultère. Mais l’Église n’a jamais appelé les personnes homosexuelles au célibat en les enjoignant simplement à la chasteté : c’est ça qui manque et c’est un vrai problème ! La chasteté est une vertu universelle. Le célibat continent, sa forme spécifique pour les personnes homos durables, ou bien les personnes séparées ou divorcées remariées, ou les célibataires consacrés. Il faut distinguer fond et forme, pour ensuite montrer leur alliage et leur libre complémentarité. Sinon, les catholiques et non-catholiques s’y perdent, sur-interprètent ce qu’ils lisent sans distance, et trouvent toujours le moyen d’entendre ce qu’ils veulent ! … en particulier ce que la chasteté n’est pas !
La troisième élision qui manque cruellement au discours du Catéchisme sur l’homosexualité, c’est l’absence de proposition d’un Grand Chemin spécifique aux personnes durablement homosexuelles, l’absence d’une vocation plutôt que d’un accompagnement, l’absence d’une Bonne Nouvelle joyeuse et audacieuse et universelle plutôt qu’un self control pour « vivre avec » sa tendance homosexuelle (à étouffer), d’un recyclage-don de l’homosexualité plutôt qu’une spiritualisation collective intime et qu’une communion privée et introvertie entre sa Croix homosexuelle et la Croix du Christ. Le pire, c’est que notre Pape François aurait tout à fait l’étoffe et le bagou naturels pour annoncer ce chemin concret, grand et joyeux aux personnes homosexuelles. Mais on l’en a empêché au Synode 2015 sur la Famille.
91 – Que rajouter de plus au discours ecclésial sur l’homosexualité puisque tout a déjà été dit ?
Tout n’a certainement pas été dit. Quand on voit déjà le mal de chien que nos prélats catholiques actuels ont pour simplement nommer le mal, pour rappeler que les actes homosexuels sont des péchés mortels et pour nous prévenir (nous personnes homosexuelles) du risque que nous prenons pour l’éternité, je ne peux certainement pas laisser croire à la pseudo « exhaustivité » du discours biblique et ecclésial sur l’homosexualité !
Lors de la deuxième partie du Synode sur la Famille (du 5 au 25 octobre 2015), un certain nombre de cathos sont venus vers moi en privé pour me demander, plus ou moins gentiment : « C’est quoi, le changement que vous voulez, au juste ? La Révolution que vous attendez n’arrivera pas. Adaptez-vous plutôt ! ». Je dis « plus ou moins gentiment » parce que, souvent, nous, personnes homosexuelles croyantes, passons pour des chipoteurs jamais contents et qui faisons notre petit caprice égocentrique (« narcissique ») sans regarder que nous avons déjà la solution que nous réclamons à cor et à cri dans notre assiette : c’est juste que nous n’accepterions pas humblement la radicale solitude de la Croix universelle que nous propose l’Église et que nous souhaiterions qu’Elle la vive à notre place.
Pour ce qui est de mes attentes, je vais vous dire en réponse. Et pour les comprendre, il faut déjà être capable de reconnaître l’inachèvement et les manques de la parole ecclésiale actuelle sur le sujet de l’homosexualité, et ne pas simplement s’en tenir au discours (certes vrai d’un point de vue éternel, d’un point de vue spirituel, mais incomplet d’un point de vue temporel, incomplet du point de vue de la Charité). Ça nous éviterait les « Tout est déjà dans la Bible ! Tout est dans la vie du Christ ! Tout est déjà clairement énoncé dans le Catéchisme ! Qu’est-ce que vous voulez de plus ?? »
Apparemment, le Catéchisme de l’Église Catholique aurait déjà tout dit sur l’homosexualité. Nous sommes d’accord. La forme concrète de la chasteté demandée aux personnes durablement homosexuelles est a priori la même que celle demandée aux personnes consacrées dans le sacerdoce, aux célibataires, aux personnes séparées ou divorcées remariées, aux veufs, aux enfants, bref, à tous ceux qui ne sont pas mariés dans la différence des sexes. Simplement, il est faux de nous faire croire que par l’usage du terme « chasteté », qui renvoie à une vertu universelle, les personnes hors mariage pourraient vivre les formes de la chasteté du couple marié (génitalité, sentimentalité, procréation), et même la chasteté officiellement consacrée des prêtres (car les personnes homosexuelles durables n’ont pas accès au sacerdoce, au sacrement de l’ordre). Nous, personnes homosexuelles, sommes donc face à un grand vide vocationnel, un grand vide de propositions parce que notre handicap empêche la plupart d’entre nous d’avoir accès aux deux seuls chemins de vie comblants indiqués par l’Église. Nous ne savons toujours pas où aller concrètement pour être heureux et fidèles en Église. C’est également nous tromper sur la Croix que de nous dire que, si nous sommes des personnes durablement homosexuelles, nous pourrons suivre l’Église tout en étant en « couple » ou en rêvant d’en former un avec une personne de même sexe, tout en étant dans un célibat sans autre encadrement ecclésial que « la fraternité, l’amitié et la chasteté ». La forme concrète de la sainteté, du bonheur plein et de la chasteté pour les personnes homosexuelles durables porte un nom : célibat continent (du point de vue personnel), fraternité sainte (du point de vue mondial). Ce n’est pas parce que je le souligne que j’en fais un particularisme fermé.
Par ailleurs, il y a un vrai manque de parole ecclésiale sur l’homosexualité concernant cette forme de célibat spécifique. Vous regardez le Catéchisme de l’Église catholique… et il n’est question que de « chasteté » (la mention de la continence apparaît plus loin, dans le chapitre à propos des situations hors mariage… mais pas dans le chapitre de l’homosexualité, même si, bien entendu, elle devrait déjà être induite.) Mais concrètement, textuellement, verbalement et dans le cœur des gens (y compris les gens d’Église), la chasteté des personnes durablement homos est laissée sans forme, à l’implicite, ou reléguée à l’amitié (terme très ambigu pour notre époque) désintéressée et à la Croix du Christ. C’est court. Pour l’instant, c’est un chemin vocationnel encore très flou qui est tracé par l’Église, un chemin dont les modalités (le célibat pour les personnes durablement homos ; le mariage femme-homme pour les personnes dont l’homosexualité est peu profonde) ne sont ni décrites précisément (personne dans l’Église ne parle encore de célibat, de continence), ni joyeuses (personne ne parle de don entier de sa personne et de son homosexualité aux autres, de don de son homosexualité aux autres et à l’Église), ni saintes (pour l’instant, les discours sont orientés vers la maîtrise et l’extinction de la tendance – « Tu n’es pas que ça » ; pas son recyclage ni son offrande), ni vocationnelles (pas de consécration en vue, pas de grands projets proposés : juste un « faire avec » dans la discrétion). Il y a donc une Bonne Nouvelle à annoncer sur l’homosexualité, même si Benoît XVI a déjà décrit et orienté les choses à 80%. Le tout, c’est de le faire bien, et que l’audace soit évangélique. Pas mondaine. Enfin, il y a une vraie blessure mondiale à régler avec l’analyse et la dénonciation de l’hétérosexualité. Car le gros du sentiment d’injustice et de frustration ressenti par les personnes homosexuelles, croyantes ou non, c’est ce silence complice de l’Église qui ne dénonce pas la violence de l’hétérosexualité.
En clair, s’il n’en tenait qu’à moi, 1) je suis d’avis, en effet, que globalement, l’Église ne va et ne doit en apparences pas changer grand-chose à ce qu’Elle a déjà très bien dit sur l’homosexualité dans le Catéchisme, et donc ne doit pas nous promettre monts et merveilles ; 2) il manque quand même dans Son discours 3-4 paroles nouvelles et courageuses : a) une parole amère et tranchée sur « l’amour homo » (dire que ce n’est pas de l’amour, et expliquer pourquoi ; évoquer la violence et l’insatisfaction de ces « amitiés amoureuses » confuses ; dire que l’« amour homosexuel » est non seulement un mal objectif mais un « péché mortel »… ce qui malgré tout ne prédestine pas toutes personnes homosexuelles pratiquant activement leur homosexualité à la damnation éternelle), b) une parole exigeante sur le cadre concret de la chasteté demandée aux personnes durablement homos (oser parler de célibat, de continence, annoncer la couleur et la matière de la Croix !), c) et surtout une parole proposante et positive (oser parler de la Joie dans la continence – qui est bien autre chose que l’abstinence ! –, oser parler de la vocation à la sainteté spécifique à la condition homosexuelle, oser parler carrément de consécration et de fondation d’une fraternité ecclésiale spécifique, oser parler de l’évangélisation dans le cadre de l’homosexualité, oser parler de don entier de son homosexualité au monde, bref, oser proposer GRAND, JOYEUX et SAINT !).
Je crois que s’il n’en tenait qu’au Pape François, à sa personnalité de fond et à sa fougue prophétique, au départ, il aurait été du genre à rajouter au message prudent et sage de Benoît XVI cette grande valeur ajoutée de l’offrande mondiale de l’homosexualité, de la Joie accueillante qui embrasse toute la personne homosexuelle et encourage toute la plénitude de sa personne, cette impulsion un peu folle mais confiante de la proposition GRANDE et JOYEUSE de la sainteté dans le cadre de l’homosexualité non-actée. Il aurait été prêt à franchir le pas. Mais le sujet de l’homosexualité est tellement mal compris dans l’Église (on s’en méfie, globalement, on la prend pour un non-sujet), les gens d’Église sont tellement loin de comprendre la puissance de la dénonciation de l’hétérosexualité (sans renoncer à l’expliquer en détails !), les clercs sont tellement tétanisés de sortir des clous et de tenir un discours qui risquerait d’être trop complaisant ou mal compris ou jugé « trop positif pour être honnête et inspiré », que la sobriété semble s’imposer. François préfère se racheter une confiance et une légitimité papale à bas prix en se cachant derrière un discours familialiste certes beau mais figé et austère, à côté de la plaque.
Par rapport à l’homosexualité, l’enthousiasme du Pape François a été refroidi et s’est éteint dès le début du Synode. Il a dû se faire tirer sévèrement les oreilles un peu avant ! « Votre Sainteté, n’annoncez rien de vraiment nouveau sur le sujet. Pas de prise de risques inutile et non-orthodoxe. Ne sonnez pas trompettes. Ne formulez pas de promesses. N’exhibez pas un enthousiasme paternel et fraternel trop suspect… » Pour éviter les coups d’éclats et les fausses espérances. A priori, ça sécurise tout le monde, ça favorise l’« Unité », ça réaffirme une assise et une fidélité doctrinale qui rassurent. On la joue prudents. Mais le cœur, la joie de la Bonne Nouvelle, la folie de la confiance, la force que donnent l’exigence et la Vérité, la proposition grande, n’y sont pas. Manque d’audace, langue-de-bois et repli, pas de carton d’invitation personnalisé pour savoir où est la place concrète des personnes homos au banquet de l’Église, peur de l’homosexualité et de s’adresser aux personnes homosexuelles avec un autre discours appris que « Tu n’es pas que ça. », « L’Église t’aime et ne te juge pas. », « Tu es appelé à la chasteté et à la charité. » (comprendre : « Repassez dans cinq ans. On vous rappellera. Arrêtez de réclamer, et obéissez plutôt à l’amour universel de l’Église pour vous. En gros, vos gueules ! »). On pourrait se dire qu’un tel statut quo n’est pas grave, que l’Église a déjà survécu avec ces non-dits depuis des années sans que cela ne pose trop problème. Mais c’est oublier que le monde a soif et explose en ce moment de manière anormalement violente à cause de l’homosexualité et de l’hétérosexualité. Et qu’il ne le Lui pardonnera pas.
92 – L’homosexualité est-elle un péché ?
Ça dépend de quoi on parle. Si, derrière « homosexualité » on met la personne ressentant un désir homosexuel, évidemment qu’elle n’est pas un péché. Le péché ne s’est pas fait chair. Et nous ne sommes pas les blessures et le mal que nous portons ou que nous faisons parfois (cf. le récit de l’aveugle-né dans la Bible, Jn 9 1-41). Si, derrière « homosexualité », on parle de l’acte homosexuel ou du « couple homo-acte », là, oui, il y a mal (= éjection de la différence des sexes en amour) et péché (= éjection de Dieu et de l’Église qui sont à l’image de la différence des sexes). Si, derrière « homosexualité », on parle juste de la tendance homosexuelle non-actée mais partiellement incarnée et majoritairement subie, là, on se retrouve devant un « signe de péché », un « héritage du péché originel », une blessure et une peur, qui reste un mal objectif, mais qui n’acquiert pas le statut de péché.
Un péché présuppose un mal parachevé par une conscience et une volonté claire de ce mal, et/ou par une décision affirmée de se couper de Dieu (cf. voir la différence entre le mal-faute et le mal-péché développée magistralement par le père Verlinde ; j’aurais pu aussi vous renvoyer à la subtile distinction qu’a faite Mgr Lalanne à propos de la pédophilie, et qui a échappé à beaucoup de catholiques). Concernant l’homosexualité en tant que désir, étant donné qu’elle n’a pas l’air d’un choix, elle ne peut pas être classée du côté des péchés. En revanche, ce n’est pas pour ça qu’elle n’est pas déjà un signe de péché, puisque même cette orientation sexuelle est l’héritage d’une décision libre du diable et d’Adam. La tendance homosexuelle n’est donc jamais subie à 100%. Dans la manière de la ressentir, de la vivre, et déjà même en tant qu’héritage du péché originel et que permission de Dieu qu’elle puisse exister temporairement/durablement en l’être humain, la tendance homosexuelle est preuve de liberté, est preuve d’une décision, est preuve d’une volonté (même si cette volonté ne semble pas humaine, ou paraît inexistante tant elle est réduite en l’Homme).
Si par exemple on suit la logique – à mon avis bancale – de l’Abbé Guillaume de Tanoüarn qui s’est exprimé récemment dans le blog catholique Le Rouge et le Noir au sujet du mal, l’élan homo-érotique pourrait être rangé dans la catégorie « maux de nature » : « Il y a deux sortes de maux, qui appellent deux explications différentes : le mal de nature et le mal de faute. Le mal de nature, ce sont tous les ratages de la nature : tremblements de terre, tsunamis, maladies, mort etc. Le mal de faute regroupe tous les ratages de la liberté humaine. Il faut bien distinguer ces deux domaines, car la liberté humaine n’est absolument pour rien dans les raz-de-marée. Lorsque des chrétiens expéditifs me disent qu’ils ont appris dans la Bible que la liberté est toujours la cause du mal, j’ai l’habitude de dire : ‘Les victimes de tsunamis apprécieront’. » Je ne crois pas que la liberté humaine n’ait rien à voir même dans les raz-de-marée (j’avais moi-même posé la question du péché à un prêtre exorciste à propos de tous les cataclysmes humains où la liberté avait l’air absente – maladies, accidents, tremblements de terre, fausses couches, etc. – et il m’avait parlé des « héritages du péché originel », donc des « signes de péché »)
Si la liberté (humaine et divine) est absente des tremblements de terre, que font alors ces « apôtres du hasard/de la prédestination accidentelle » du péché originel, de la Communion des saints, de la liberté laissée aux anges et à Adam, de la capacité des êtres humains à réagir au mal (aussi diminuée soit-elle) ??? Idem quand certains m’avancent que les bébés, voire les embryons, ne seraient pas libres ni responsables. Je m’inscris en faux ! On croirait entendre le discours eugéniste des promoteurs de l’IVG, qui soutiennent que l’existence d’un être se mesurerait à son degré de sensation, de réaction et de conscience. C’est exactement la même problématique concernant la reconnaissance de la liberté dans les épreuves qui sont données à l’Homme de vivre (agressions, viols, meurtres, guerres, mort des innocents, etc.). Les catholiques qui pensent que les « maux de nature » ne sont pas le fruit d’une décision libre, d’une volonté (humaine et divine), et que parfois, dans le cas des catastrophes ou des épreuves qui semblent s’imposer à l’individu, il ne pourrait en surgir aucune liberté, oublient que toute vie humaine est le fruit d’un désir, d’une volonté, d’une responsabilité, d’une liberté, d’une confluence de choix. Cette vie humaine porte tout cela en elle-même – l’Homme EST liberté, par nature et par Grâce ! – même si c’est de manière infime et inconsciente au tout départ de sa formation. Si ce n’est sa liberté propre (qui est parfois réduite à son strict minimum), c’est au moins la liberté et le choix d’un autre qui est portée. Le grain de moutarde qu’est le Verbe/rêve de Dieu semé en chacun de nous. Tout être humain – y compris un bébé ou une personne dans le coma ou une femme innocente violée ou un vieillard grabataire – est LIBRE du fait de porter la liberté et la volonté d’autrui, du fait de réagir et d’avoir une conscience (éveillée ou non), du fait d’être Enfant de Dieu.
Ces penseurs « catholiques » qui réduisent la responsabilité ou la liberté ou le péché à l’état de conscience et d’action de l’être humain semblent incapables de penser le mal en termes d’héritage divin, de Communion des saints, d’incarnation christique, de Projet divin qui dépasse l’Homme ! Ils critiquent le fait que les relativistes progressistes traduisent la Miséricorde en « absence de péché » qu’elle n’est pas et croient que le seul péché serait de croire que le péché existe… Mais eux-mêmes tombent dans le travers relativiste identique d’enlever toute liberté et tout péché à l’Homme sous prétexte que l’excès de liberté est néfaste, ou que la Vérité primerait sur la Charité, ou que l’unicité de l’être humain prévaudrait sur le Salut collectif, ou que le mal et le bien seraient avant tout des décisions humaines ou au contraire des décisions uniquement surnaturelles. Ce sont des prêtres et des croyants malades d’anthropocentrisme ou de transcendentalisme !
Pour revenir à l’homosexualité et résumer un peu, je crois que même si la tendance homosexuelle n’est pas un choix ni un phénomène désirant toujours conscient, elle reste un signe de péché en tant que désir, et devient un péché en tant que croyance en la pratique de l’acte homosexuel et en tant qu’acte homosexuel posé. J’insiste sur la question de la liberté qu’EST la tendance homosexuelle, même si ça arrange la personne qui ressent une attraction érotique pour les gens de son sexe de se dire que, parce qu’elle lui est imposée, cette orientation serait un accident, un non-sens, un destin, une essence, un déterminisme, une malédiction peccamineuse, une tare, un appel naturel non-négociable à pécher si elle veut rester logique avec ce processus désirant imposé. Le mal, même subi, est une liberté qui s’est exprimée. Exprimée mal, j’en conviens, mais exprimée quand même ! Le savoir change complètement la donne, mine de rien. La prise de conscience que notre tendance homosexuelle est un héritage d’une mauvaise décision qui nous a précédés, ça peut nous rendre – nous personnes homosexuelles – encore plus investies à la combattre, à nous en libérer/détacher, et à réaliser que nous pouvons en faire – en partie – quelque chose, et surtout que Dieu lui aussi peut en faire librement ce qu’Il veut. Ça nous rend acteurs et non marionnettes de notre ressenti homosexuel. Bref, c’est très important de reconnaître la tendance homosexuelle imposée comme une liberté et un signe de péché.
93 – L’acte homosexuel est-il un péché véniel ou un péché mortel ?
L’homosexualité active est-elle un péché mortel et conduit-elle en enfer ? Au moment de rédiger cette réponse et la suivante (n°94), j’ai réalisé combien elles étaient cruciales, voire primordiales par rapport aux 245 autres. Parce que quasiment personne ne nous parle cash du lien entre homosexualité et Salut (sous des prétextes qui présentent bien, en plus : « C’est Dieu qui jugera, pas nous ! Soyons humbles et miséricordieux avec les personnes homosexuelles. ») alors que le sort éternel de notre âme – on ne va pas se mentir – c’est pourtant l’unique chose qui nous intéresse, même ici-bas ! Homosexualité ou pas, d’ailleurs ! « Si les hommes savaient ce qu’est l’éternité, disait la petite Jacinthe de Fatima, ils feraient l’impossible pour changer de vie »… Notre vie est courte. Mais l’éternité, c’est long ! Donc il vaut mieux être au courant de la portée de nos actes terrestres et de l’urgence à nous préparer, à nous convertir à l’Amour de Dieu !
On peut rester longtemps à tourner autour du pot au sujet de la « personne homosexuelle » et de l’« orientation homosexuelle », à suivre pendant des lustres les parcours d’accompagnement « Homosexualité » de Paray ou d’ailleurs, à se faire bassiner avec le même discours : « L’Église t’aime, t’écoute, ne te juge pas, Jésus est là et t’appelle à être saint (un petit thé?) » Moi-même, j’aurais très bien pu me servir de la diversité des 247 questions pour esquiver discrètement la problématique du Salut et de l’enfer ! Mais NON ! Force est de reconnaître que c’est la plus importante.
Nous, personnes homosexuelles, en « couple » ou pas, tentées ou pas de l’être, nous avons BESOIN DE SAVOIR ce que nous encourons si jamais nous pratiquons (de manière plus ou moins avertie de la gravité et des conséquences célestes) l’homosexualité sur terre. Nous avons besoin de connaître les risques réels. Il en va de notre âme, de notre Salut éternel (ou pas) ! Et Jésus nous a dit tout ce qu’Il savait, nous a donné l’essentiel des réponses, a parlé en particulier aux Pères de l’Église, a révélé des réalités de l’au-delà à ses prophètes. De nombreuses personnes homosexuelles croyantes et pratiquantes, ont besoin d’être guidées, averties. Pas menacées, mais presque ! Étant donné qu’elles sont dans le « parfait » brouillard, voire dans un concubinage long qui s’annonce dure à rompre. « C’est bien mignon le discours Bisounours ‘Je suis prêtre et je ne juge pas’ ou ‘Demandez à l’Esprit Saint’. Mais c’est pas vous qui prenez le risque de la damnation ! N’êtes-vous pas censés être des Jésus, des bergers ? » m’a sorti à juste raison une amie lesbienne à l’égard du silence ecclésial sur l’Épée de Damoclès qui pèse sur nous, personnes homosexuelles. C’est sûr que ce n’est pas après notre mort que nous pourrons véritablement agir sur notre Salut ! Le Salut, c’est MAINTENANT !
L’Église dit qu’Elle ne peut pas affirmer que tel ou tel est en enfer, au purgatoire ou au Paradis, sauf pour les saints (sous prétexte qu’Elle ne peut pas certifier qu’untel « ira » ou « n’ira pas » en enfer). Et en effet Dieu est seul Juge suprême ; de plus, on ne sait pas non plus ce qui se passe dans le secret du cœur de chacun au moment de sa mort. En revanche, l’Église catholique, de par sa Tradition et la Révélation dont elle est dépositaire, peut connaître les risques, prévenir des risques d’une pratique comme la pratique homosexuelle. Et Elle en a le devoir !
Va-t-on en enfer si on pratique l’homosexualité ? Pourquoi c’est grave de pratiquer un acte homosexuel (même un baiser respectueux et sincère) ? J’ai cherché des éléments de réponse sur internet, auprès de mes amis, du côté des prêtres, des exorcistes, des évêques, des cardinaux, du Pape. Mais à vrai dire, il n’y a malheureusement pas grand-chose. Juste un discours évasif centré sur la Miséricorde (or, il n’y a pas d’Amour véritable sans Justice et sans Vérité), ou bien au contraire un discours lapidaire qui réduit les personnes pécheresses à la nature peccamineuse de leurs actes qui, bibliquement, les condamneraient sans détour à la damnation (or la personne n’est jamais ses actes, aussi graves soient-ils !).
Nous allons donc tout d’abord nous pencher sur la différence entre les péchés véniels et les péchés mortels. La nature de tout péché est simple : c’est une offense à Dieu, par une pensée, une parole, un acte ou une omission qui ont blessé « l’un de ces petits qui sont Ses frères » et qui sont Jésus. La différence entre péché mortel et péché véniel, c’est que le premier nous coupe de la Grâce divine tandis que le second nous en éloigne. Le premier nous sépare de Dieu alors que le second nous affaiblit. Une des grandes distinctions entre eux, c’est aussi les sacrements pour les pulvériser : le premier nécessite le Sacrement du Pardon pour être racheté tandis que l’autre est racheté par le sacrement de l’Eucharistie (en gros mortel = Confession ; et véniel = Communion). Où se trouve la limite entre l’un et l’autre ? Il est bien difficile de le dire, car en général, le premier conduit au second. Et la plupart du temps, il s’agit d’un processus long et continu. C’est l’accumulation de petits péchés véniels qui conduisent à la rupture avec Dieu. Donc mieux vaut ne pas prendre les péchés véniels à la légère !
Le péché est une idolâtrie, un manquement à l’amour véritable envers Dieu et le prochain, dont la cause réside dans un attachement désordonné et pervers à certains biens. Il est ainsi « amour de soi jusqu’au mépris de Dieu », pour reprendre une expression chère à saint Augustin. Il convient maintenant de distinguer les péchés selon leur gravité, car tous les péchés ne produisent pas les mêmes effets dans l’âme humaine. Comme l’enseigne le Catéchisme de l’Église catholique (CEC § 1861) : « Le péché mortel est une possibilité radicale de la liberté humaine comme l’amour lui-même. Il entraîne la perte de la charité et la privation de la grâce sanctifiante, c’est-à-dire de l’état de grâce. S’il n’est pas racheté par le repentir et le pardon de Dieu, il cause l’exclusion du Royaume du Christ et la mort éternelle de l’enfer, notre liberté ayant le pouvoir de faire des choix pour toujours, sans retour. » ; « Le péché véniel laisse subsister la charité, même s’il l’offense et la blesse. » Pour qu’un péché soit mortel, nous dit le Catéchisme de l’Eglise Catholique, « trois conditions sont ensemble requises » (CEC § 1857). Est ainsi mortel tout péché : 1) qui a pour objet une matière grave, 2) qui est commis en pleine conscience, 3) et de propos délibérés.
En relisant Veritatis splendor de saint Jean-Paul II, on distingue très bien ce qu’est un péché véniel et un péché mortel. « Est péché mortel tout péché qui a pour objet une matière grave, de gravement désordonnée, et qui, de plus, est commis en pleine conscience et de consentement délibéré. » Pour qu’il y ait péché mortel, « il faut évaluer la gravité du péché en regardant le degré d’engagement de la liberté de la personne qui commet un acte plutôt que la ‘matière’ de cet acte » (idem). En théologie morale comme dans la pratique pastorale, on sait bien qu’il existe des cas où un acte, grave en raison de sa matière, ne constitue pas un péché mortel, car il y manque la pleine connaissance ou le consentement délibéré de celui qui le commet.
La différence entre les péchés mortels de Pierre et de Judas, c’est que le premier a reconnu le sien et a accepté de se laisser aimer par Dieu quand même ; le second s’est enfermé dans sa faute et a refusé de se convertir, de se laisser pardonner. Le péché n’est pas la faute commise ni le mauvais acte, mais un désir de se couper de Dieu malgré la faute ou le mauvais acte posé(e).
Ressentir l’homosexualité n’est pas un péché (mais un signe de péché). En revanche pratiquer l’homosexualité est une révolte contre ce que Dieu a prévu en terme de sexualité en gage de Sa Présence, à savoir l’accueil de la différence vitale de l’Humanité : la différence des sexes couronnée par Son Amour et Son Esprit. Seule la relation d’Amour entre l’homme et la femme dans le mariage, ou la relation du célibataire consacré à Jésus dans le sacerdoce et l’oblature, répond au plan de Dieu. La Parole de Dieu sur la pratique génitale et amoureuse sans sexualité (sans différence des sexes) est claire. Saint Paul tranche avec toute la force qu’il faut… et c’est pour cela que beaucoup de « couples » homos cathos ou de catholiques gays friendly lui en veulent : il ne faut pas froisser le « bon catholique homo » qui vit en « couple », au nom d’une certaine liberté évangélique ! D’après eux, comme Jésus ne parle pas explicitement de ce dernier, Il ne condamnerait pas… Ils n’hésitent pas à envoyer paître les catholiques intègres avec leur « Plan de Dieu », qui n’est en réalité pas le Leur mais celui de l’Eglise révélée par Dieu, en leur précisant qu’ils radotent. La demande de l’Église Catholique actuelle de ne cautionner les unions civiles homosexuelles sous aucune forme que ce soit n’est toujours pas entendue, y compris de ceux qui se revendiquent médiatiquement « catholiques et fidèles au Pape jusqu’au martyr ». C’est sidérant.
La pratique homo est une faute grave, un péché mortel (même s’il y a toujours un flou autour de cette dernière notion, vu que le péché mortel ne conduit pas toujours à la damnation éternelle). Comme dans le cas des meurtres, le degré de conscience est un facteur aggravant ou atténuant (par exemple, les enfants-soldats). En revanche, selon l’Église, la pratique homosexuelle ne rentre pas souvent dans la catégorie du péché contre l’Esprit. Car pour perpétrer ce dernier, il faut en avoir la totale volonté. Or la pleine volonté est en partie aliénée par l’éros qui provoque la libido. Et pour beaucoup de personnes de tendance homosexuelle non-averties et non-éduquées culturellement à la continence et à la foi, la transgression devient quasiment inévitable. Il n’en demeure pas moins qu’il y a faute, mais non péché contre l’Esprit. Quant au degré de la faute, c’est au confesseur d’apprécier selon la nature de la relation sexuelle, ainsi qu’aux chefs de l’Église de le définir. Beaucoup de personnes homosexuelles se mettent en « couple » par faiblesse et fragilité sans bien savoir ce qu’elles font… C’est pour cela que Dieu seul peut juger la liberté et l’intentionnalité de chacun. Mais cependant, il faut maintenir l’enseignement de l’Église, justement pour ne pas inciter à la faute, et parce que l’acte en soi va contre la Création et la sagesse du Père.
Au sujet du péché mortel, il faut qu’il y ait les trois conditions citées ci-dessus (CEC § 1857). La question est de savoir si dans tous les cas de « matière grave », donc notamment de pratique homosexuelle, sont réunies les autres conditions… Là, il semble que c’est une question de conscience personnelle, et que pour cette raison, on ne peut pas dire que de facto un acte homo ou un « partenariat/concubinage » homosexuel est péché mortel. Il faudrait bien sûr développer cet élément de réponse, mais en tous les cas ne rien retrancher au fait que la pratique homosexuelle est « matière grave »… sans pour autant surévaluer cette matière grave au détriment du rapport personnel de chacun à ses actes, aussi « péchés mortels » soient-ils.
Le protestant, par exemple, à cause de sa lecture littérale et crispée de la Bible, ne va s’axer que sur la matière du péché, qui lui a été présentée comme grave et mortelle par saint Paul ou encore d’autres passages de la Bible (la Genèse et le Lévitique), et non le degré de conscience de la personne qui le commet. « Dans le livre de la Genèse, le jugement par le feu de Sodome et Gomorrhe est clair : ‘Ce qu’on leur reproche est énorme.’ (Gen 18, 20) Dans le Lévitique, condamnation est sans équivoque ‘Si un homme couche avec un homme comme on couche avec une femme, ils ont fait tous deux une chose abominable ; ils seront punis de mort: leur sang retombera sur eux.’ (Lv 20, 13) Dans le Nouveau Testament, c’est tout aussi clair : ‘C’est pourquoi Dieu les a livrés à des passions infâmes : car leurs femmes ont changé l’usage naturel en celui qui est contre nature; et de même les hommes, abandonnant l’usage naturel de la femme, se sont enflammés dans leurs désirs les uns pour les autres, commettant homme avec homme des choses infâmes, et recevant en eux-mêmes le salaire que méritait leur égarement.’ (Rom I 26,27) Jésus compare les péchés de Capharnaüm aux péchés de Sodome, même si les deux villes vont en payer le prix : ‘Et toi Capharnaüm, est-ce que tu seras élevée jusqu’au ciel ? Tu seras abaissée jusqu’aux enfers ; car si les miracles qui ont été faits dans tes murs, avaient été faits dans Sodome, elle serait restée debout jusqu’à ce jour. Du reste, je te le dis, il y aura au jour du jugement, moins de rigueur pour le pays de Sodome que pour toi.’ (Mt 11, 23-24) Saint Paul n’hésite pas non plus à prédire que les efféminés n’iront pas au Paradis : ‘Ne savez vous donc pas que les injustes n’hériteront pas du Royaume de Dieu ? Ne vous y trompez pas ! Ni les débauchés, les idolâtres, ni les adultères, ni les efféminés, ni les pédérastes, ni les voleurs, ni les accapareurs, ni les ivrognes, ni les calomniateurs, ni les filous n’hériteront du Royaume de Dieu.’ (1 Cor 6, 9-10). » Et dans sa paranoïa, ce même protestant va asséner que tous ceux qui édulcorent ce qui pour lui est « le péché mortel » sont de dangereux relativistes qui n’écoutent pas la Bible, de dangereux pécheurs et blasphémateurs ! : « La masturbation est un péché mortel !! L’homosexualité est un péché mortel !! Avoir des relations sexuelles pour le plaisir partagé et même pour exprimer une amitié, un attachement, un amour, et même avec un grand A, est un péché mortel du moment que cela ne se passe pas entre personnes mariées de sexe différent et dans l’optique de la procréation !! etc. » La réalité est beaucoup plus complexe et nuancée. Aucun péché mortel ne conduit à la damnation éternelle. Ce n’est que l’endurcissement du cœur face au péché mortel qui y conduit.
Ce n’est pas la pratique homo (un péché mortel) qui conduit en Enfer, mais le fait d’aller contre sa conscience et contre l’énonciation qu’elle est un péché mortel, qui devient un péché mortel. Celui qui connaît la Vérité est plus exposé au Salut s’il obéit, mais aussi plus exposé à la damnation s’il désobéit. Car la gravité de la faute est proportionnelle au degré de conscience. Par exemple, pour le Pape, manger un éclair au chocolat entre deux repas en plein Carême est une faute beaucoup plus grave que pour un enfant ! Pour un gars comme moi, qui a une idée des suites de l’homosexualité dans l’au-delà, et qui a charge d’âmes par son témoignage, je vais trinquer plus que les autres si jamais je me mets finalement « en couple ». Pour beaucoup d’autres personnes homos, la pratique homo n’est pas un péché mortel, mais pour ma situation, si je sors avec un homme, elle devient un péché mortel (putain, pourquoi j’ai écrit des livres et j’ai ouvert ma gueule ??^^)
Petite parenthèse concernant l’homosexualité et le sacrement de réconciliation : si l’homosexualité est pratiquée, il n’est pas possible de recevoir l’absolution au confessionnal. Non parce que l’acte homo ne pourrait pas être en soi pardonné, mais parce que, s’il n’y a pas de regret ni changement de mode de vie, s’il n’y a finalement pas de renonciation à la structure de péché, la Grâce ne peut agir ni entrer de force dans le cœur. Seul le repentir et la volonté de ne plus pécher rendent l’absolution possible. Par exemple, un tueur à gages qui voudrait obtenir le pardon le pourrait : à condition d’abandonner son métier. Pour les personnes homosexuelles, nous pouvons nous confesser si nous arrêtons d’être en « couple » homo et que nous avons le vrai désir de ne plus refaire les mêmes erreurs, si nous sommes prêts à changer notre manière de vivre. Ceci dit, même dans le cas où l’absolution n’est pas donnée, il nous est possible de discuter avec le prêtre et de demander à être béni, tout comme les personnes non-baptisées.
Au lieu de sortir les grands mots qui font peur à tout croyant (surtout homosexuel) – « péché mortel » ou « Enfer » -, j’aimerais souligner une chose essentielle aux quelques pharisiens protestants ou catholiques tatillons qui sont très bons pour nous culpabiliser à grand renfort d’extraits de la Bible irréfutables, mais si peu attentifs, en matière de péché, à la question de la liberté : l’injustice qu’est la tendance homosexuelle (durable) chez une personne qui ne l’a à l’évidence pas choisie, et qui la condamne à vie, si elle veut vraiment être fidèle à Dieu, à rester seule et à renoncer à la tendresse du couple. Oui. C’est une injustice criante. Quand bien même cette personne s’adonne à cette tendance, et que là pour le coup, on se retrouve face à un choix et à une faute objective de sa part puisque le rejet de la différence des sexes est un rejet de Dieu, équivalent à l’adultère. Le fait que la tendance homosexuelle ne soit pas un choix à la base ne gommera pas le péché ni le désordre qu’est la pratique homosexuelle (car ce n’est pas parce qu’on se sent homosexuel qu’on est forcé de s’adonner à son penchant : l’acte homosexuel reste un choix libre). Mais en tous cas, ça atténue fortement le degré et la gravité du péché quand la pratique est posée.
Oui. Il faut le rappeler avec force et sans révolte ou victimisation. L’homosexualité subie comme condition existentielle constitue une véritable d’injustice. Quand on est un homme, être amoureux d’une femme et être sensible au charme féminin, c’est profondément relié à une sexualité saine, accueillante à la différence des sexes et absolument non-peccamineuse en tant que telle. En revanche, pour un homme dit « homosexuel de naissance » (terminologie à nuancer, bien entendu), l’absence d’attirance pour la différence des sexes, transformée en homosexualité au fil des ans, constitue un énorme handicap car relié à une sexualité pervertie (au sens propre) et potentiellement peccamineuse dès qu’elle reçoit l’aval de la concupiscence, de la croyance, de la pratique, de la volonté individuelle. Vous devriez nous plaindre de tout votre cœur, nous hommes rendus incapables d’accueillir la différence des sexes et de nous épanouir dans une relation de couple, plutôt que de nous prédire un enfer et de vous focaliser sur la gravité de nos actes ! Vous, croyants, devriez aussi, vous mettre à notre place (comme essaie de le faire le Pape François en nous demandant maladroitement pardon) car il est également très difficile d’entendre que notre pratique amoureuse homosexuelle est grave, abominable, intrinsèquement désordonnée, passible de l’enfer, quand concrètement, dans les faits, et en apparence/ressenti, il n’y a pas mort d’hommes, pas de violence, pas d’orgueil, pas de grand désordre, pas toujours de revendications politiques (par exemple, certains « couples » homos discrets ont la décence et la conscience de ne pas demander le PaCS, le mariage, l’adoption, la PMA, la GPA, ni les sacrements religieux auxquels ils n’ont pas droit). Pire que ça, c’est quasi inaudible de voir envoyées les personnes homosexuelles actives en enfer quand les unions que nous composons sont formées de deux garçons hyper gentils entre eux et sociables avec les autres, attentionnés, qui s’accompagnent dans les épreuves (maladie, deuil, chômage, tristesse, deuil familial, exclusion, homophobie…) comme dans les joies (humour, complicité, engagement social, dévouement aux pauvres, vie spirituelle et religieuse, etc.). La note que dressent les néo-pharisiens contre les pratiquants de l’homosexualité semble incroyablement salée ! Je comprends que beaucoup d’entre nous, personnes homosexuelles en « couple » ou désirant l’être, ou encore amies de « couples » homos, quittent l’Église en claquant la porte, aient envie de pratiquer quand même l’homosexualité vu l’apparente disproportion du châtiment divin qui leur est promis eu égard à ce qu’elles vivent et ressentent. « Qu’est-ce qu’on fait de mal ? Pour l’instant, j’ai beau chercher ce qui ne va pas dans ma relation avec Untel. Car ce n’est que du bonheur partagé, des rires, du plaisir, des discussions profondes, de la tendresse, de l’assurance d’être aimé tel qu’on est ! C’est bon, quoi. C’est agréable. Et c’est la première fois que ça m’arrive. Je ne vois pas ce qu’il y a de mal dans ce que nous vivons ! Ce n’est pas nous les pervers. La perversité ne se trouve que dans le regard de ceux qui nous rêvent pervers ! » Certes, ce type de discours est à nuancer. Car effectivement, la réalité du « couple » homosexuel, même stable, est beaucoup moins idyllique sur la durée, et se compose d’une superposition progressive de couches de péchés qui, au final, finit par peser gravement lourd. Et c’est vrai, le fait de « se sentir bien ou beaucoup mieux » ne signifie absolument pas qu’on ne soit pas dans le péché. Néanmoins, au nom des nombreux mirages de bien-être et d’« amour » euphorisant qui parfois nous assaillent dès que nous pratiquons l’homosexualité, PITIÉ, bon sang. PITIÉ ! Car au moment de votre mort, notre découragement d’être aimé de Dieu pourrait très bien vous être imputé en péché mortel ! « Que celui qui n’a jamais péché jette la première pierre. » (Jn 8, 7)
La nature grave et peccamineuse de la pratique homosexuelle, même si elle est écrite noir sur blanc dans la Bible (encore que… ça reste à prouver, parce qu’il n’est question que de sodomie, de pédérastie, mais pas d’homosexualité ni des « couples » stables), n’est pas de l’ordre de l’évidence. Par exemple, lorsque moi je tombe amoureux d’un homme dont je sais pertinemment qu’il faut que je m’éloigne (ça n’arrive pas tous les quatre matins, mais c’est arrivé), je vois bien que ma résistance tient à un fil. Mes amis catholiques essaient de me raisonner avec les meilleurs arguments du monde : « Tu sais très bien où ça te mènera… » (je réponds : « Ben non, justement ! Ni humainement. Ni au Ciel ! Et quand je demande aux gens d’Église, ils ne se positionnent quasiment pas et me renvoient à mes écrits ! ») ; « Tu sortiras avec lui. Vous vous installerez ensemble. Et après ? Quelle vie ? Pour quoi faire ? » (je réponds : « Je ne sais pas. Mais ce n’est pas une raison pour ne pas tenter l’expérience !») ; « Mais tous le mirages de l’amour homo, tu les as écrits et étudiés… » (je réponds : « Et alors ? Je peux très bien avoir écrit beaucoup de vrai et avoir quand même noirci exagérément le tableau, en ne parlant que de la grande majorité des couples qui ne marchent pas. Mes écrits ne sont pas paroles d’Évangile, que je sache. Et en plus, ils ne sont même pas appuyés par les prêtres et le Pape. De plus, le fait que je sois quasiment ma seule référence prouve par là que mes mots ne sont pas si justes. Normalement, mon modèle, ça devrait être l’Église et je devrais recevoir la parole de Vérité de l’Église et non de moi-même ! Sinon, peut-être même que je me trouve dans une illusion d’obéissance… ») ; « Et la cohérence de ton parcours ? » (je réponds : « On peut être cohérent dans l’erreur ou la connerie !») ; « Je sais. C’est dur. C’est surhumain. Mais si tu te lançais dans cette histoire à deux, tu trahirais quand même. Tu trahirais ta condition masculine, tu trahirais ce que tu écris depuis des années, tu trahirais tes compagnons qui galèrent dans cette pauvre vie de merde. » ; (je réponds : « Je trahirais ma condition masculine? C’est aussi en l’Homme, le vrai, cette homosexualité ! Et puis trahir ce que j’ai écrit, alors que ce n’est même pas appuyé et validé par les clercs, c’est que ce n’est pas si vrai et si ajusté à l’Église que ça ! La fidélité à mes écrits, ça ne veut rien dire : il n’y a que les cons qui ne changent pas d’avis ou qui sont leur auto-référence… ») ; « Certes. Mais ce que tu as écrit sur le sujet est juste et vrai. Tu ne témoignes pas ton auto-message mais celui qui t’es donné par ton Père. Les clercs qui disent autre chose que ce message trahissent ceux qui les écoutent et trahissent leur Maître. Je les plains. » (je réponds : « Qui te dit que ça m’est donné par le Père? Rien. Même moi, je ne peux pas le dire. Qui te dit que j’ai raison et que je n’y suis pas allé trop fort dans mes écrits? Même le Pape ne me confirme pas. ») ; « Parce que les brebis reconnaissent la voix du berger. » (je réponds : « Qui te dit que c’est la voix du berger que j’ai entendue? Le Pape et les Cardinaux n’ont pas cette voix que je porte. Ni même Jésus. ») ; « Je connais mes brebis et mes brebis me connaissent. Quand c’est la voix d’un autre, je le reconnais aussi. Ça m’arrive de suivre l’autre voix, hélas, mais même dans ces cas-là, je sais que ce n’est pas celle du berger. » (je réponds : « Tout ça est purement subjectif (en tout cas en ce qui concerne l’homosexualité et le discours qu’on prête à l’Eglise, à Jésus et même à la Bible). Le ‘Berger’, la ‘Croix’, le ‘plan de Dieu’, la ‘Bible’, ‘Dieu’, c’est la voix de notre subconscient, à qui on fait dire ce qu’on veut bien souvent ! ») ; « Non. C’est subjectif et objectif. Pas purement subjectif. » (je réponds : « J’ai dit ‘dans le cas de l’homosexualité’. Je ne parlais pas de la Bible et de la Parole révélée en général… ») ; « Je le dis aussi pour l’homosexualité. Il y a une part subjective et une part objective. Nous ne sommes ni des animaux guidés par leur seul instinct ni des anges ayant la plénitude de la révélation. » (je réponds : « Oui, nous sommes des hommes incarnés. Et moi, ce que je vis avec Untel, c’est incarné et c’est bon au goût, ça je peux te le dire ! ») ; « Je me doute. Mais il y a des choses ayant bon goût qui sont mauvaises. » (je réponds : « Et d’autres qui sont bonnes. ») ; « Oui. Peut-être attends-tu une forme de permission de l’Eglise pour sortir avec lui. En fait, l’Église ne peut te donner sa bénédiction pour te dire : ‘Vas-y, tu peux sortir avec lui’. Par tous ses moyens, Elle peut et doit t’aider à ne pas le faire. Si malgré tout tu décides de le faire, elle peut et doit te donner la miséricorde et le pardon de Dieu, si tu le lui demandes. Je sais que c’est dur. Je le sais vraiment. Je ne dis pas là juste de ‘pieuses paroles’. » (je réponds : « Je n’attends aucune permission. Juste une indulgence. Un passe-droit. Une dérogation. Ou bien une universalisation de la condamnation pour péché mortel à tous les cas d’hétérosexualité. ») ; « L’indulgence vient avec le pardon après qu’un mal a été fait. Je m’en tiens au fait qu’on ne peut se remarier qu’après annulation. Du reste, je ne vais pas commettre un mal en le justifiant ensuite par des imprécisions du Pape ou par le mauvais comportement de nombreux clercs. » (je réponds : Rien) ; etc. Ceci était un extrait des échanges passionnants que j’ai pu avoir avec mes vrais amis qui sont des vrais gardiens de mon âme. Mais même les meilleurs arguments du monde ne gomment pas la complexité de la tentation homosexuelle.
Quand on est pris dans le tourbillon des passions et de l’affect, il est extrêmement difficile d’accueillir le discours sur la gravité/damnation à propos de l’homosexualité. Puisque sur le coup, on expérimente un bien-être grisant et fou, une trouble agréable et « réel », les effets physiques de l’excitation, de la sincérité et des fantasmes, la fièvre du manque de l’autre, parfois même la force des étreintes et d’une amitié hors du commun. Comme le dit parfaitement la Bible, quand on est homosexuellement amoureux, on s’emballe, on « s’enflamme dans nos désirs les uns pour les autres ». L’image du feu des passions est tout à fait juste. Il faut en tenir compte quand on se risque à parler du Jugement Dernier réservé à une personne homosexuelle pratiquante (pratiquante dans les deux sens du terme : homosexuellement et catholiquement).
L’autre grande difficulté – en plus du ressenti et de la conscience individuels – qui se pose à une personne vivant une homosexualité active, pour prendre la mesure de la gravité de l’acte homosexuel, difficulté qui la dédouane beaucoup de la sévérité de son procès en damnation éternelle, c’est l’absence de Vérité du discours ecclésial alentour sur la pratique homosexuelle. La position de l’Église vis-à-vis du Salut au sujet de l’homosexualité est peu relayée aujourd’hui, même par les clercs. Alors que l’homosexualité active pose exactement la même cas de conscience que la question du « sexe avant le mariage » ou du célibat continent des âmes consacrées : les silences ecclésiastiques de certains prêtres qui donnent à penser que « les efforts des fiancés qui tiennent leur continence seraient vains » ou que « la continence sacerdotale est à géométrie variable » sont exaspérants. L’Église considère que vivre en couple hors mariage, qui plus est en « couple » homosexuel, est faute mortelle. Donc s’il y a plein consentement et pleine connaissance, cela fait péché mortel. Certains hommes d’Église sont coupables de leurs silences ou de leurs encouragements à la banalisation du péché d’adultère, de concubinage, d’homosexualité.
Par conséquent, cette condamnation de l’acte homosexuel à la géhenne embarque beaucoup plus de personnes qu’on ne le croit. C’est un électrochoc mondial, ecclésial. Elle concerne aussi tous les couples femme-homme ayant des relations hors mariage… soit la moitié au moins de l’Humanité, pour ne pas dire quasiment toute l’Humanité. Car même les personnes mariées sont loin de leur mariage. « Peu de mariages sont valides » a lancé dernièrement le Pape François (constat cinglant mais si juste !). La situation d’une personne vivant en « couple » homosexuel stable est, à mon sens, du même ordre que si un ami à vous, qui était malheureux dans son mariage, arrive en vous assurant qu’il a trouvé une nana géniale avec qui il a effectivement refait sa vie et a eu de beaux enfants. Même s’il n’a pas obéi à l’Église et que son mariage a peu de chances d’être reconnu en nullité, vous serez forcément touché par son « humilité dans la désobéissance », tenté de relativiser son adultère, et le mariage religieux en général. Vous, catholiques et prêtres, êtes nombreux à préférer le voir « épanoui (dans l’adultère) » que « malheureux par obéissance (dans son seul, unique et valide mariage) ». Logique !
Admettons que je sois actuellement amoureux d’un gars, là, maintenant, avec qui je ne suis pas encore sorti. J’ai l’impression d’être dans la situation de cet homme mal marié qui rencontre finalement la femme de sa vie mais qui, par fidélité au sacrement de mariage, ne peut/veut pas être adultère. Sauf qu’à la différence de cet homme marié, en plus, je n’ai fait aucun vœu de chasteté ni de fidélité officiellement reconnu par l’Église (qui ne s’est toujours pas prononcée concrètement sur la forme de cette chasteté ; donc je ne trahis personne), que je n’ai pas choisi d’être homo (contrairement au mariage qui est un choix ; donc je ne trahis personne), que je ne peux pas bénéficier d’un procès en nullité de mariage (ni en nullité d’homosexualité ; donc je n’ai aucun droit à l’erreur, contrairement à l’homme marié), et que j’ai pour seul barrage la parole péremptoire et peu claire de la Bible sur l’homosexualité (car Jésus ne parle pas d’homosexualité). Cool. Formidable. Merci beaucoup !
Dans le cas de l’homosexualité active, ce n’est même pas uniquement la non-conformité au mariage qui nous (personnes homosexuelles) met en position de péché mortel. C’est déjà le simple fait de sortir ensemble ! Nous, on n’a même pas le droit au flirt, aux dérapages avant mariage ! On n’a même pas le droit, avec notre « amoureux », de se toucher, de s’embrasser sur la bouche, même quand les sentiments sont partagés et que le respect mutuel est là. Même quand notre « union » n’aurait pas grand-chose à voir avec les caricatures vivantes de « couples » homos libertins et éteints.
Face à tous les couples non-mariés, aux concubins, aux petits couples cathos qui ont couché avant le mariage, aux couples femme-homme mal mariés et s’autorisant même parfois les abus dans le cadre du mariage, aux célibataires consacrés qui ont choisi leur état, j’ai vraiment l’impression que nous, personnes homosexuelles, à partir du moment où nous pratiquons notre homosexualité, payons sur terre (et peut-être même aux Cieux) le prix fort de nos actes peccamineux quand tous les autres bénéficient terrestrement de la façade de la différence des sexes ainsi que du sacrement de confession pour pratiquer des actes tout aussi mortels que les nôtres et dont ils peuvent en plus être laver en confession ! Avouez que ce « deux poids deux mesures », c’est chaud !
Tout cela n’excuse pas la gravité de l’homosexualité active. Mais ça montre que sa gravité devrait être universalisée/nivelée à l’hétérosexualité, et que les gens d’Église devraient nommer le mal : l’homosexualité active (pas les personnes homosexuelles, ni même actives), l’hétérosexualité (pas les couples femme-homme aimants) et l’Islam (pas les Musulmans). Or, ils ne le font pas. Ils n’osent pas énoncer d’une part que l’islam est mauvais et satanique, que l’homosexualité pratiquée est mauvaise et satanique, que l’hétérosexualité est mauvaise et satanique, et d’autre part que les personnes musulmanes converties, les personnes homosexuelles continentes, les personnes prostituées et criminelles repenties, nous devancent dans le Royaume de Dieu. Ce non-dit, cet étouffement de la Bonne Nouvelle, est un vrai problème. La non-verbalisation du mal et du péché (= le fait de ne pas dire que l’adultère – et non les personnes adultères ou prostituées – est satanique, que la pratique homosexuelle – et non les personnes homosexuelles même pratiquantes – est satanique, que l’islam – et non les personnes musulmanes – est satanique) est tout autant un péché mortel que le péché mortel. « Malheur à moi si je n’annonce pas l’Évangile ! » s’exclame saint Paul (1 Cor 9, 16).
Par exemple, je vous renvoie aux passages de l’exhortation papale Amoris Laetitia laissant planer le doute sur le fait que l’adultère serait un péché). Il en est exactement de même pour le « couple » homosexuel, que certains clercs pourraient très bien classer (certains le font déjà) dans la catégorie des « situations de fragilité à ne pas juger », des unions « imparfaites au regard de l’idéal complet du mariage mais à accompagner et à soutenir quand même », des « configurations amoureuses à ne pas nommer, mais qui témoignent d’une fidélité prouvée, d’un don de soi généreux, d’un engagement chrétien, de la conscience de l’irrégularité de leur propre situation et d’une grande difficulté à faire marche arrière sans sentir en conscience qu’on commet de nouvelles fautes (dans le cas où des enfants sont engagés dans la boucle de la structure de péché) ».
Par rapport à l’homosexualité active, le gros souci, c’est que l’Église officielle actuelle ne se focalise pas du tout sur l’accès aux sacrements. Elle a tendance à substituer le terme « péché » par celui – plus évasif et moins avertissant – de « désordre ». Elle omet également de dire que tous ceux qui se trouvent en situation dite « irrégulière » sont entrés dans une structure de péché mortel qui les menace fortement d’être privés de la Grâce sanctifiante du Ciel. Le nouvel enseignement « doctrinal » en matière d’homosexualité pourrait se résumer ainsi : en certaines circonstances (non-choix de son orientation sexuelle, conscience de faire le mal, reconnaissance d’être en situation irrégulière, sincérité et volonté de suivre le Christ quand même, fécondité de l’assistance mutuelle, non-prosélytisme politique, responsabilité auprès des enfants « issus » de ces « couples »…), l’homosexualité active ne serait plus un péché. En gros, on donne à croire un mensonge : que les personnes vivant dans l’homosexualité pratiquée ne commettraient pas de péché grave en y demeurant, que la nature de l’acte homosexuel intrinsèquement mauvais serait modulée et édulcorée par sa circonstance et son degré de conscience. « On excuse » au nom de la sincérité et de la compassion. On étouffe la Vérité au nom de l’accompagnement et du non-jugement des personnes. Or l’homosexualité, même accomplie pour de bonnes raisons et produisant des bienfaits réels, même impliquant des personnes humaines à aimer et à ne pas juger, est toujours un péché. Il n’est même pas possible d’avancer que l’union homosexuelle « réaliserait en partie et par analogie l’idéal de l’amour conjugal ou divin » (le fameux « Amour d’amitié » appelé en grec Philia).
94 – Serai-je damné si je suis homosexuel ?
Saint Alphonse Marie de Liguori, docteur de l’Église, n’y allait pas par quatre chemins : « La majeure partie des âmes va en enfer à cause des péchés sexuels : qui plus est, je n’hésite pas à affirmer que ceux qui se damnent vont en enfer ou bien pour ce seul péché ou au moins pas sans lui. » (Théologie Morale de Saint Alphonse de Liguori, livre 3, N°413). Nous pouvons lire aussi avec intérêt le sermon du saint Curé d’Ars sur l’impureté, qui vont dans le même sens…
Pour avoir une réponse convenable sur le risque de damnation pour pratique homosexuelle, et histoire de ne pas proférer de connerie, je me suis adressé à un prêtre exorciste du Sud de la France, qui m’a dit ceci : « L’homosexualité pratiquée n’est pas un cas de damnation, n’est pas un objet de damnation. C’est l’absence de conversion, de regret, comme pour l’adultère, qui conduit à la damnation. Dans ce cas-là, l’âme est en état de péché mortel. Mais sinon, l’homosexualité active n’est pas un péché mortel. Le seul péché mortel, c’est de se couper volontairement de Jésus. En plus, il convient de souligner qu’il y a des péchés beaucoup plus graves que l’homosexualité : l’orgueil, l’égoïsme, l’aliénation, la violence, le scandale entraînant les plus petits et les plus faibles, la désespérance… : tout ça, c’est au-dessus de l’homosexualité active. Il y a une gradation dans les péchés. Mais tous sont susceptibles de nous entraîner à la damnation, mais tous ne nous y conduisent pas systématiquement. Une personne homosexuelle orgueilleuse ira à la damnation ; une personne homosexuelle humble (qui a accepté la souveraineté de Dieu) n’ira pas. Au seuil de la mort, il y a toujours purification possible, même quand on est dans la pratique homosexuelle. C’est jusqu’à la mort que la purification est possible. Reconnaître cela n’est pas une excuse pour ne pas commencer dès maintenant à ne pas pécher. Un péché substantiel qui provoque la damnation ipso facto, ça n’existe pas en tant que tel. Ce qui prime, c’est la position de la personne à la fin de sa vie par rapport à son péché. La grande question, c’est : ‘Est-ce que Dieu a la première place ?’ C’est l’attitude de l’âme par rapport à l’acte peccamineux qui rend ce péché irrémissible ou pas. On pèche toujours PAR RAPPORT À, EN RELATION À (par exemple : le péché contre l’Esprit). Le péché n’est pas dans l’acte en lui-même mais dans la réponse de chacun. C’est le Refus de la Loi de Dieu. C’est l’opposition à Jésus. En sachant que le péché le plus grave, qui ne sera pas pardonné, c’est le péché contre l’Esprit. L’homosexualité rejoint tous les cas de péchés sexuels. Ce n’est pas un péché à part. Il est semblable à l’adultère. Pour une personne homosexuelle, il n’y a aucune autre perspective que l’abstinence, pour échapper au péché. »
Personne ne peut dire que quelqu’un est en enfer pour ses actes. C’est l’âme elle-même et juste avant de se séparer de son corps, qui, en se laissant aimer par Jésus ou en ne se laissant pas aimer par Lui (et ce, à jamais), décidera de son sort éternel. Ce qui est sûr, c’est qu’on sera tous jugés, qu’on est tous pécheurs (même les saints !), et que le pardon nous attendra toujours. Plus concrètement, si je suis amoureux d’un gars et que je me mets en couple avec lui, même si je sais que ce n’est pas idéal et que ça me coupe de certains sacrements, voire du Salut, je serai jugé, mais pas forcément damné. C’est dur à écrire, mais c’est vrai. On peut reprendre la première lettre de St Jean : « Notre cœur aurait beau nous accuser, Dieu est plus grand que notre cœur et il connaît toute chose. » Le plus souvent, les personnes homosexuelles n’ont pas choisi leur orientation sexuelle ; il y a parmi elles ceux et celles qui partagent notre foi et qui sont invités à la continence, pas toujours facile à tenir. Pour ceux-là, le Sacrement de Réconciliation est une bonne voie de guérison intérieure, même si le chemin est ardu pour arriver à une sexualité apaisée et une chasteté offerte, oblative. Ceux qui ne partagent pas notre foi et qui ne savent pas que des démarches intérieures et sacramentelles sont possibles ne sont pas exclus du Salut universel offert par le Christ. La privation de la vision de Dieu qu’est l’enfer, n’est destinée qu’à ceux qui ont péché contre l’Esprit, nous dit le Christ. C’est-à-dire à ceux qui ne reconnaîtront pas leurs fautes objectives et qui s’entêteront à refuser le pardon de Dieu pour celles-ci. L’homosexualité active est en soi un comportement qui refuse l’altérité, donc qui refuse Dieu, le Tout Autre par excellence. Mais une fois mort, face à Lui, nous aurons toujours la possibilité de regretter amèrement nos actes mauvais, d’être submergé de bonheur d’être aimé malgré cela, et nous aurons la possibilité d’être libéré du péché originel, ce qui nous permettra de choisir Dieu en pleine liberté, parce que nous le connaîtrons. Reste que mes propos ne sont pas une incitation à la débauche en attendant. Car je crois aussi que selon nos actes et notre degré de conscience du péché, nous serons dans le meilleur des cas un dé à coudre ou un grand vase une fois arrivé là-haut (notre point commun, c’est que nous serons tous débordants !), dans le pire des cas des âmes en grande souffrance.
Maria Simma, mystique autrichienne (1905-2004) connue pour ses entretiens avec des âmes du purgatoire qui venaient la visiter, a évoqué les conséquences célestes de la pratique homosexuelle. Ses propos sont aussi dissuasifs qu’imposants : « Les âmes qui pratiquaient des perversions, par exemple sexuelles, ne sont pas perdues, mais elles ont beaucoup à souffrir pour se purifier. Dans toutes les perversions est présente l’action du Malin. Surtout dans l’homosexualité. Je conseille aux personnes touchées par l’homosexualité de beaucoup prier pour avoir la force de se détourner de celle-ci. Il faut surtout prier l’Archange Saint-Michel, parce que c’est lui par excellence qui combat le Malin. On perd définitivement son âme et va en l’enfer lorsqu’on ne veut pas aller vers Dieu. Lorsqu’on dit sciemment ‘Je ne veux pas !’ Seuls vont en enfer ceux qui décident d’y aller. Ce n’est pas Dieu qui met en enfer. Bien au contraire ! »
Pour vous expliquer humblement ce que j’ai compris de la différence entre péché véniel et péché mortel, ou plutôt les conséquences éternelles et célestes de ces derniers, j’ai trouvé pas plus tard qu’à la messe du dimanche 24 juillet 2016 une image simple : celle de la porte. En clair, je crois que Jésus nous dit que, pour être sauvé et rentrer dans son Royaume, nous devons passer par Lui qui est la Porte et accueillir son amour : « Frappez, on vous ouvrira. » (Lc 11, 1-13) Celui qui, au moment de sa mort, aura l’humilité de frapper à la porte de Jésus (ou de Marie, qui est, elle aussi et d’une autre manière, la « Porte du Ciel ») en se reconnaissant pécheur, verra son péché véniel pardonné, voire même l’acte terrestre qui lui aurait mérité les conséquences du péché mortel se convertir en péché véniel puis en Grâce exceptionnelle. Le bon larron crucifié à côté de Jésus, qui a certainement tué des gens, mais qui, parce qu’il a reconnu son péché mortel et s’est adressé au Christ en implorant sa pitié, se voit promettre qu’il siègera avec Lui au Paradis, en constitue une preuve vibrante. Autrement dit, ce ne sera pas d’abord la nature de l’acte grave posé mais le rapport d’amour à Jésus qui sera évalué et décisif lors de notre Jugement. Il y a des prêtres damnés, des religieuses damnées, des criminels sauvés ! des personnes ayant pratiqué leur homosexualité jusqu’à leur mort et apparemment sans regret, qui se trouvent au purgatoire, et donc prochainement au Paradis ! J’en suis certain.
En revanche, je distinguerais trois profils d’âmes, ayant commis des péchés véniels ou mortels sur terre (là n’est pas le plus important, même si la nature du péché compte, bien évidemment), qui ont malheureusement de fortes chances de s’attribuer la rançon éternelle de la damnation :
1 – Celles qui refuseront, par orgueil, de se reconnaître pécheresses et de frapper à la porte. « En vérité, en vérité, je vous le dis, je suis la porte des brebis. Celui qui n’entre pas par la porte dans la bergerie, mais qui y monte par ailleurs, est un voleur et un brigand. Je suis la porte. Si quelqu’un entre par moi, il sera sauvé. » (Jn 10, 1-8)
2 – Celles qui seront entrées par effraction dans la salle des noces, en volant leur badge « Invités de Jésus » (pas mal d’ecclésiastiques et de gens se présentant comme « catholiques »), mais qui n’auront finalement pas aimé Jésus sur terre, qui n’auront pas posé d’actes d’amour et de Charité, qui n’auront pas lavé leur vêtement dans le Sang de l’Agneau (la Croix ou la Porte, c’est la même chose), qui n’auront pas renoncé à elles-mêmes, qui seront rentrées au Paradis par un escalier dérobé sans passer par la Porte. « Le Maître dit à ses serviteurs : ‘Les noces sont prêtes ; mais les conviés n’en étaient pas dignes. Allez donc dans les carrefours, et appelez aux noces tous ceux que vous trouverez.’ Ces serviteurs allèrent dans les chemins, rassemblèrent tous ceux qu’ils trouvèrent, méchants et bons, et la salle des noces fut pleine de convives. Le roi entra pour voir ceux qui étaient à table, et il aperçut là un homme qui n’avait pas revêtu un habit de noces. Il lui dit : ‘Mon ami, comment es-tu entré ici sans avoir un habit de noces ?’ Cet homme eut la bouche fermée. Alors le roi dit aux serviteurs : ‘Liez-lui les pieds et les mains, et jetez-le dans les ténèbres du dehors, où il y aura des pleurs et des grincements de dents. Car il y a beaucoup d’appelés, mais peu d’élus.’ » (Mt 22, 8-14)
3 – Celles qui frapperont à la porte trop tard, alors qu’elles étaient tout à fait prévenues de l’horaire de fermeture. « Quand le maître de la maison se sera levé et aura fermé la porte, et que vous, étant dehors, vous commencerez à frapper à la porte, en disant : ‘Seigneur, Seigneur, ouvre-nous !’ il vous répondra : ‘Je ne sais d’où vous êtes.’ » (Lc 13, 25) ; « Ceux qui me disent : ‘Seigneur, Seigneur !’ n’entreront pas tous dans le Royaume des cieux, mais celui-là seul qui fait la volonté de mon Père qui est dans les cieux. Plusieurs me diront en ce jour-là : ‘Seigneur, Seigneur, n’avons-nous pas prophétisé par ton nom ? n’avons-nous pas chassé des démons par ton nom ? et n’avons-nous pas fait beaucoup de miracles par ton nom ?’ Alors je leur dirai ouvertement : ‘Je ne vous ai jamais connus, retirez-vous de moi, vous qui commettez l’iniquité.’ C’est pourquoi, quiconque entend ces paroles que je dis et les met en pratique, sera semblable à un homme prudent qui a bâti sa maison sur le roc. » (Mt 7, 21-24) Bref, les âmes qui n’auront pas aimé (Jésus) sur terre (« Au soir de la vie, nous serons jugés sur l’amour. » nous dit saint Jean de la Croix). Celles qui se seront jugées elles-mêmes sans en laisser la primeur à Dieu. Cela dit, la notion de « retard » selon les Hommes et selon leur conception du temps n’équivaut pas au « retard » estimé par le Christ : certainement qu’il y a une clémence et un temps de Miséricorde élastique chez le Christ que nous, Humains, ne soupçonnons pas, comme l’explique le père Pascal Ide pour illustrer l’extensibilité du Jugement Dernier : « Des amis vous invitent à déjeuner. Pour vous rendre chez eux, vous prenez la route. Attiré par un sentier bucolique, vous vous arrêtez, vous flânez… et vous arrivez en retard. Vous avez aussi le choix de rebrousser chemin et de ne pas honorer l’invitation ; c’est beaucoup plus grave. Dans le premier cas, la faute ne touche que le moyen, elle est vénielle : dans le second, elle vous fait manquer le but : mais ce but, c’est Dieu lui-même, qui est la Vie et donne la vie ; voilà pourquoi cette seconde faute est qualifiée de mortelle. Le péché mortel prive l’âme de la vie divine – pas le péché véniel. » (Pascal Ide et Luc Adrian, Les 7 péchés capitaux).
Pour toutes les autres âmes que les trois catégories que j’ai essayé de dessiner ci-dessus, celles qui auront aimé toute leur vie, ou bien celles qui auront aimé in extremis (les fameux « ouvriers de la dernière heure »), elles recevront le même salaire que les ouvriers de la première heure, et l’entrée vers le Royaume. Non pas que leurs actes terrestres ne compteront pas et que seule leur foi pèsera, comme le pensent les protestants. Mais ce sera leur rapport à leurs actes, aussi graves soient-ils, ainsi que leur humilité à les reconnaître comme mauvais, leur humilité à frapper à la porte du Christ et à le reconnaître comme leur Sauveur, qui les sauvera. « Jésus leur dit : ‘Amen, je vous le déclare : les publicains et les prostituées vous précèdent dans le Royaume de Dieu. Car Jean le Baptiste est venu à vous sur le chemin de la justice, et vous n’avez pas cru à sa parole ; mais les publicains et les prostituées y ont cru. Tandis que vous, après avoir vu cela, vous ne vous êtes même pas repentis plus tard pour croire à sa parole. […] Jésus leur dit : ‘N’avez-vous jamais lu dans les Écritures : La pierre qu’ont rejetée les bâtisseurs est devenue la pierre d’angle : c’est là l’œuvre du Seigneur, la merveille devant nos yeux !’ Aussi, je vous le dis : ‘Le Royaume de Dieu vous sera enlevé pour être donné à une nation qui lui fera produire ses fruits.’ » (Mt 21, 32, 42-43)
D’un côté, Dieu nous prend suffisamment au sérieux pour juger nos actes, de l’autre le Salut nous est offert par Grâce et ne dépend pas tant de nos mérites ni de nos actes (…ni même d’une justice « logique et humaine » rétribuant ces derniers), que de notre rapport à nos actes ainsi qu’à Jésus. La règle est la même pour tous : il y a toujours une possibilité de pardon, même pour les pires crimes du monde. Pour ce qui est des structures de péché (concubinage, homosexualité active, addictions, crimes, etc.), pour obtenir le pardon, il faut au minimum une attitude d’humilité : « Mon Dieu, c’est vrai, j’ai choisi le péché contre Vous par faiblesse et rien ne justifie mon choix que Votre Sainte Miséricorde. » Plutôt que le petit orgueil médiocre de l’excuse, du déterminisme, du contexte, etc., qui nie en bloc le mal, par fierté mal placée. Le problème n’est pas tant d’être pécheur et de pécher que de se reconnaître pécheur et de tout faire pour ne pas pécher – ce qui dans l’absolu nous est impossible.
Le choix de l’enfer, c’est effectif dès l’instant de la mort. Le choix du Paradis, aussi, est instantané. Pas de rattrapage ! Il faut le savoir ! En revanche, une fois prise cette décision irrévocable, l’entrée au Paradis, quant à elle, peut être plus progressive et « longue ». La liberté de choix entre l’enfer ou le Paradis s’effectue de notre vivant car elle procède de la foi (implicite ou explicite). Il n’y a pas d’option finale après la mort. Autrement dit, pas de seconde chance. Et le purgatoire n’est pas une « seconde chance » : les personnes qui vont au purgatoire ont déjà choisi le Ciel sur terre… même si leur âme va nécessiter une purification avant l’entrée dans la Béatitude complète. Dans la mort, l’âme humaine n’a plus le choix. Le Salut est offert à tous, mais c’est ma réponse libre au moment de mon passage vers la mort qui me dispose à L’accueillir, ou au contraire à « me damner immédiatement pour toujours » (CEC § 1022). Si je n’invoque pas le pardon du Christ et me refuse à Lui au moment de l’agonie/la mort, je serai privé du purgatoire et/ou du Ciel. Les âmes de ceux qui meurent en état de péché mortel descendent immédiatement après la mort en enfer. Tenons-nous-le pour dit !
Une fois mort, on ne peut rien changer de ce qu’on a fait. Car Tout est révélé. « La mort met fin à la vie de l’homme comme temps ouvert à l’accueil ou au rejet de la grâce divine manifestée dans le Christ (cf. 2 Tm 1, 9-10 ) ». La seule marge d’« action » qu’il nous reste une fois que notre âme s’est séparée de notre corps, c’est qu’on peut soit accepter et expier nos fautes/péchés terrestres, soit par orgueil refuser d’expier nos fautes/péchés. Nous ne pourrons plus aimer : notre seul Amour sera le Christ ! Notre seule décision ou amour, ce sera d’accepter d’être aimé (ou pas), d’aimer comme Dieu nous aime (ou pas). Et le péché contre l’Esprit, celui qui ne nous sera pas pardonné, c’est celui-là : comme l’écrit très justement le père Jean-Michel Garrigues, « on n’est pas damné parce qu’on a refusé d’aimer, ou alors nous le serions tous. On est damné parce qu’on a refusé d’être aimé. C’est cela le péché contre l’Esprit. » Jésus nous met devant la Vérité de notre vie et de ce que nous avons fait sur terre. Après l’instant de notre mort, on n’est pas libre et on n’a aucun pouvoir de décision et d’action : juste un pouvoir de réception de l’Amour, donc de consentement ou de renoncement : pendant ce face-à-face avec Jésus et avec notre Livre de Vie, Jésus accorde parfois sa Miséricorde, et nous permet, si nous acceptons de recevoir son amour, d’intégrer ou non le purgatoire et son Royaume. D’ailleurs, au purgatoire, les grands religieux dotés de charismes s’accordent pour assurer qu’il existe trois grands « degrés » ou « espaces » d’accueil des âmes qui avaient décidé sur terre de rejoindre Dieu : 1) Le Grand Purgatoire, où vont en général tous les grands pécheurs, ceux qui auraient dû être damnés sans la Miséricorde de Dieu qui leur permit de se convertir à leurs derniers moments et qui n’ont pas pu « réparer » un peu les désordres de leur vie dès ici-bas… Dans ce Grand Purgatoire, aucune aumône de prières, de suffrages ou de messes célébrées pour eux ne peuvent les atteindre !… Seule la grande Miséricorde les en tire, quand Dieu le juge Bon ! 2) Dans le second purgatoire, parvenues à ce stade, les âmes bénéficient des messes et prières faites à leurs intentions, en vue de les soulager et de les en libérer ! 3) Le Purgatoire d’attente, troisième stade de purification, les âmes ne souffrent plus la peine du feu, mais sont dans une paix que torture seulement leur désir intense de voir Dieu alors qu’elles sont encore retenues loin de Lui.
Sur terre, dire ses péchés (à un prêtre en confession), c’est déjà être pardonné. Ne pas dire et ne pas reconnaître ses péchés (et après la mort, ne pas pouvoir les entendre de la bouche de Jésus), c’est cela qu’on pourrait appeler le « péché contre l’Esprit ». Le réel péché n’est pas de commettre le mal mais de ne pas le reconnaître. Le péché mortel, c’est un péché qui compromet ma vie spirituelle : la Parole de Dieu est rejetée. L’invocation et la contrition de celui qui se sait pécheur ont plus de prix pour Jésus que celle du « Monsieur Parfait » qui se croit irréprochable et autonome, et qui pour le coup, risque la damnation éternelle.
Pour finir ce chapitre – objectivement angoissant – sur une note positive et d’Espérance qui ne peut que nous engager à croire en l’Amour de Dieu pour toute personne humaine (y compris la personne homosexuelle volontairement active dans l’homosexualité) et en la promesse de Salut pour cette même personne, je dégagerais quelques pistes ensoleillées.
D’abord, concernant la damnation de la ville de Sodome racontée dans la Genèse, ville où l’activité homo-bisexuelle battait son plein (aujourd’hui, on pourrait trouver l’analogue avec San Francisco, aux États-Unis), toute personne homosexuelle qui me lit devrait se sentir investie, via sa mortification et le sacrifice de son homosexualité à la continence, du Salut de ses autres frères homosexuels. Il en suffit de dix parmi nous (chiffre génésique symbolique indiquant ici une faible minorité !) pour renverser la vapeur. Alors hop hop hop, on se motive ! : « En ces jours-là, les trois visiteurs d’Abraham allaient partir pour Sodome. Alors le Seigneur dit : ‘Comme elle est grande, la clameur au sujet de Sodome et de Gomorrhe ! Et leur faute, comme elle est lourde ! Je veux descendre pour voir si leur conduite correspond à la clameur venue jusqu’à moi. Si c’est faux, je le reconnaîtrai.’ Les hommes se dirigèrent vers Sodome, tandis qu’Abraham demeurait devant le Seigneur. Abraham s’approcha et dit : ‘Vas-tu vraiment faire périr le juste avec le coupable ? Peut-être y a-t-il cinquante justes dans la ville. Vas-tu vraiment les faire périr ? Ne pardonneras-tu pas à toute la ville à cause des cinquante justes qui s’y trouvent ? Loin de toi de faire une chose pareille ! Faire mourir le juste avec le coupable, traiter le juste de la même manière que le coupable, loin de toi d’agir ainsi ! Celui qui juge toute la terre n’agirait-il pas selon le droit ?’ Le Seigneur déclara : ‘Si je trouve cinquante justes dans Sodome, à cause d’eux je pardonnerai à toute la ville.’ Abraham répondit : ‘J’ose encore parler à mon Seigneur, moi qui suis poussière et cendre. Peut-être, sur les cinquante justes, en manquera-t-il cinq : pour ces cinq-là, vas-tu détruire toute la ville ?’ Il déclara : ‘Non, je ne la détruirai pas, si j’en trouve quarante-cinq.’ Abraham insista : ‘Peut-être s’en trouvera-t-il seulement quarante ?’ Le Seigneur déclara : ‘Pour quarante, je ne le ferai pas.’ Abraham dit : ‘Que mon Seigneur ne se mette pas en colère, si j’ose parler encore. Peut-être s’en trouvera-t-il seulement trente ?’ Il déclara : ‘Si j’en trouve trente, je ne le ferai pas.’ Abraham dit alors : ‘J’ose encore parler à mon Seigneur. Peut- être s’en trouvera-t-il seulement vingt ?’ Il déclara : ‘Pour vingt, je ne détruirai pas.’ Il dit : ‘Que mon Seigneur ne se mette pas en colère : je ne parlerai plus qu’une fois. Peut-être s’en trouvera- t-il seulement dix ?’ Et le Seigneur déclara : ‘Pour dix, je ne détruirai pas.’ » (Gen 18, 20-32) Ayons le culot et l’insistance polie d’Abraham. Qui sait, notre pureté amadouera peut-être Jésus.
Ensuite, comment se prémunir contre la damnation (et cette question vaut aussi bien pour les personnes homosexuelles pratiquantes que pour les personnes non-homosexuelles) ? En s’entraînant à la vie intérieure. Celui qui aura eu une intimité avec le Christ et la Vierge toute sa vie terrestre s’est préparé pour formuler son grand « Oui » à Jésus au seuil de sa mort, et a de fortes chances de ne pas être damné. Le père François Labadens nous dit bien que « c’est au cours de la vie que notre liberté peut s’exprimer. Dès notre mort, cette liberté reste dans sa dernière détermination. Notons qu’une vie dans laquelle l’homme a désiré vivre de la Miséricorde de Dieu aura la bonne habitude (la vertu) de se tourner vers Dieu également à la mort. C’est plus compliqué pour celui qui a refusé la Miséricorde de Dieu à tous les moments de sa vie. Plus compliqué, mais pas impossible : ‘entre le parapet du pont et le ruisseau, il y a le temps d’une conversion’ rappelait le Curé d’Ars à une femme qui s’enquérait du Salut de l’âme de son mari qui s’était mortellement jeté du haut d’un pont. Et le ‘Je Vous Salue Marie’ finit par ‘Priez pour nous et à l’heure de notre mort’…. C’est donc que nous ne sommes pas seuls dans le combat final de notre vie terrestre. » Par ailleurs, Saint Louis-Marie Grignion de Monfort (1673-1716) disait que celui qui prie quotidiennement Marie ne peut se damner. Dom Jean-Baptiste Chautard, quant à lui, réaffirme dans L’Âme de tout apostolat que « notre vie au Ciel sera à l’image de notre vie de prière ». Notre passage sur terre est vraiment à considérer comme un entraînement à s’habituer à laisser rentrer Jésus en nous : « Ceux qui prient font plus pour le monde que ceux qui combattent, et si le monde va de mal en pis, c’est qu’il y a plus de batailles que de prière. » No comment… La prière est l’huile de nos lampes qui nous permettra, au moment du Jugement Dernier, de ne pas être pris au dépourvu (contrairement aux cinq vierges insensées de la Parabole, pourtant averties de la menace de damnation : Mt 25, 1-13). Concernant également les remises de peine post-mortem, s’il est vrai que les personnes qui sont décédées en état de péché mortel et en n’ayant pas pu/voulu réparer leur tort de leur vivant (femme qui a avorté, homme qui a tué des gens ou volé de grands biens, personne qui s’est suicidée, etc.) ne peuvent plus agir au Ciel, en revanche, nous, les terriens encore libres d’agir pour notre Salut, grâce à la Communion des Saints, sommes en mesure d’avoir une action active sur nos propres péchés (Confession, Communion eucharistique, actes de Charité, indulgence plénière lors d’une Année Sainte…) et une action rétroactive sur les péchés mortels passés des autres. Le père Verlinde cite saint Thomas d’Aquin à ce sujet, en insistant sur la vertu d’Espérance : « Nous pouvons espérer pour un autre la vie éternelle. » Et les âmes des défunts que le Christ aura rachetées miraculeusement pourront intercéder pour nous une fois notre mort arrivée, dans le sens de « témoigner ». C’est pourquoi la prière terrestre pour les âmes du purgatoire est capitale ; et que nous devons profiter de cette Année de la Miséricorde (date limite : novembre 2016) pour demander des indulgences plénières pour telle ou telle personne décédée dont on sait qu’elle n’est pas morte en paix ni en odeur de sainteté. Les personnes homosexuelles en première ligne ! Y compris celles qui sont mortes dans les années 1980. Pour Dieu, 1000 ans sont comme un seul jour.
C’est pourquoi, pour les personnes homosexuelles qui me lisent, il est également urgent, si nous nous trouvons dans une situation de grande tentation amoureuse, ou si nous sommes encore dans la pratique homosexuelle (à savoir en « couple »), de réaliser la gravité de notre péché, et de s’atteler à préparer notre Ciel plutôt qu’à s’attacher à des plaisirs terrestres bien amers et éphémères. Le sacrifice ou la révolution copernicienne qui nous est demandé(e) pour cette anticipation céleste peut nous paraître insurmontable. Mais accrochons-nous à la promesse de Salut du Christ : « Je vous le dis en vérité, il n’est personne qui, ayant quitté, à cause de moi et à cause de la bonne nouvelle, sa maison, ou ses frères, ou ses sœurs, ou sa mère, ou son père, ou ses enfants, ou ses terres, ne reçoive au centuple, présentement dans ce siècle-ci, des maisons, des frères, des sœurs, des mères, des enfants, et des terres, avec des persécutions, et, dans le siècle à venir, la vie éternelle. » (Mc 10, 28-30) Je rajouterais : « … et quitté un copain, un coup de cœur, un plan cul ou un plan tendresse ! »
Tout tout dernier conseil. Le danger de faire de l’obéissance à Jésus une idole occultant Jésus même est grand pour nous catholiques. Attention à ne pas faire de l’obéissance, de la fidélité, de la Vérité, de la pureté, l’idole cachant l’objet (ou plutôt le sujet) de cette obéissance, fidélité, Vérité, et pureté : Jésus. Je constate que certains catholiques, par peur du relativisme ambiant, de la permissivité généralisée, par peur d’une Miséricorde mal comprise et de la récupération du mot « Amour » à toutes les sauces, bref par peur de Dieu et manque de foi, mais aussi souci de trop bien faire, tombent dans le pharisaïsme intransigeant qui place la fidélité à Jésus, la Loi de Jésus, l’obéissance à Jésus, la Vérité de Jésus, bien au-dessus de Jésus Lui-même, les mots et les actes bien au-dessus des personnes, la Justice bien au-dessus de la Miséricorde, la nature du péché mortel bien au-dessus de ce que Jésus et le pécheur peuvent en faire. Pour eux, acte de péché mortel terrestre = damnation immédiate à l’heure de la mort ; péché mortel avec repentir = péché mortel sans repentir. Ils arrêtent la personne à ce qu’elle a fait, et voient ses circonstances atténuantes ou contradictions comme des mauvaises excuses, de la mauvaise foi, et des preuves de son insoupçonnable perversité. Ils sont guidés par la peur et non la confiance. Et très souvent dans leur tête, être tenté et tomber en tentation sont synonymes. Ils jugent sévèrement les personnes en pensant laisser humblement Jésus parler à travers eux, en se prévalant de Lui et en s’estimant très droits, très courageux (d’avoir averti leurs frères), très obéissants, très gardiens de la Sainte Doctrine, très orthodoxes, très papaux (plus que le Pape !), très persécutés et très martyrs dans leur intransigeance. Ils ont oublié Jésus-Amour, oublié que Lui a annoncé que certains criminels, prostitués et beaucoup de pécheurs, nous précéderont au Royaume des Cieux, oublié que Jésus a demandé « la Miséricorde et non le sacrifice » (Mt 9, 13), qu’Il a déclaré que nous ne serons jugés ni au mérite ni à nos actes mais à l’amour que nous avons mis en Lui, même s’Il a aussi insisté pour dire que celui qui obéit et garde fidèlement ses Commandements et les met en pratique l’aime vraiment et sera seul sauvé.
Comme le souligne très justement une amie, « le seul vrai péché qui sépare totalement de Dieu, c’est l’orgueil. Nos faiblesses, nos pulsions, nos chutes…? Jésus a donné sa vie pour cela. Pourquoi céder à des pulsions homosexuelles serait-il plus ‘mortel’ comme péché que l’adultère ou l’assassinat ? David, ou le bon larron, n’ont pas été ‘condamnés’. » J’espère que mes mots éclaireront beaucoup de personnes homosexuelles préoccupées par leur situation, souvent désireuses de suivre le Christ mais qui ne sont pas encore en règle. Leur inquiétude va bien plus loin que le simple fait d’avoir le droit à tel sacrement ou pas, ou d’être privées du baptême, de la confession et de l’Eucharistie : c’est celle de leur Salut éternel. Certaines sont persuadées d’aller en enfer. Alors oui, il faut le dire : ce n’est pas la pratique homo qui conduit en enfer, même si elle est un péché mortel, grave, qui menace de l’enfer et l’y expose sérieusement.
95 – Serai-je damné si je pratique l’homosexualité?
Je ne veux pas vous mentir. Le risque est réel. L’homosexualité fait partie des tentations que les démons tendent à notre âme le jour de notre mort, dans l’un des « péages aériens » – appelés aussi « télonies » en termes techniques – vers le purgatoire. Je vous conseille d’écouter le formidable topo du père Verlinde, intitulé « L’heure du combat spirituel » où il en est question. Les pères de l’Église nous mettent en garde contre les conséquences célestes et éternelles de notre pratique homosexuelle terrestre. Certaines personnes qui, grâce aux progrès techniques, ont été maintenues en mort clinique et sont allées aux portes du purgatoire, y ont vu l’enfer et nous confirment également la place infernale de l’homosexualité au palmarès des causes de chute éternelle.
Ça, c’est la face inquiétante et angoissante de l’homosexualité. Et c’est capital d’en avoir conscience et d’avertir les âmes sur terre qui ne la connaissent pas. Mais il est plus fécond et persuasif, à mon avis, de rappeler ensuite que la réception du sacrement de la réconciliation efface sur notre Livre de Vie du purgatoire nos péchés terrestres. De plus, j’ai remarqué combien, dans mes entretiens avec mes amis homosexuels croyants, voire même avec des potentiels amants, la simple référence à l’au-delà, au purgatoire, à la Vie après la mort, au Salut éternel, nous aidait à nous décentrer, à nous projeter, à revenir sur terre, à nous responsabiliser, à prendre conscience de la portée de nos actes sur le long terme, à calmer notre fièvre de l’instant. Par exemple, face à quelqu’un qui nous plaît homosexuellement et à qui nous plaisons, nous sommes souvent trop troublés sur le moment pour pouvoir penser, vouloir ou réagir au mieux. Plus l’attraction est réciproque, plus le combat est dur pour ne pas s’embrasser, pour se retenir, pour rester dans la continence, pour ne pas se faire un film à deux. Mais c’est lorsque nous abordons ensemble la question du Salut, non pas comme une épée de Damoclès au-dessus de notre tête ni comme un chantage spirituel culpabilisant, mais plutôt comme un cadeau d’Éternité qu’on désire ardemment pour l’autre, qu’une force nouvelle de retenue chaleureuse peut se manifester à nous. Le rappel du Salut futur est paradoxalement une manière de s’ancrer dans le présent et dans l’Amour désintéressé, déshomosexualisé. Le message d’amitié fraternelle a beaucoup plus de chances d’atteindre le cœur de notre ami homo quand nous lui disons « Je ne sortirai pas avec toi parce que ton Salut a du prix à mes yeux. Je ne veux pas que nous nous perdions et que ton âme n’accède pas à l’Éternité à cause de moi. » que lorsque nous jouons la Drama Queen troublée, la vierge effarouchée empêtrée dans ses contradictions intérieures (et qui rêve surtout d’y succomber!). Je crois vraiment que face aux tentations concrètes, nous, personnes homosexuelles catholiques, avons toute une pédagogie du Salut à réapprendre. Elle est d’une grande aide.
96 – Le diable, Dieu… cela peut-il parler aux personnes homosexuelles ?
Vous ne croyez pas si bien dire ! Les personnes homosexuelles, par leur désir homosexuel puis parfois par leur pratique amoureuse et génitale, sont souvent aux avant-postes pour connaître Dieu (le désir homosexuel est le signe d’un appel précoce pour le Royaume sans sexuation et sans mariage humain) et pour connaître le diable (puisque la pratique homosexuelle, à l’instar de la pratique démoniaque, éjecte la différence des sexes et nous met donc nez-à-nez avec Satan). Je n’exagère pas ! Ils ne sont pas rares, les amis homosexuels qui m’ont raconté à voix basse leurs séjours dans les saunas et les bacchanales sombres des établissements de cruising et de SM homosexuels : même avant leur conversion au catholicisme, ils identifiaient déjà pendant leurs ébats sexuels avec des inconnus des ombres inquiétantes qui rôdaient autour d’eux. Ça les a même épouvantés, ces phénomènes paranormaux ! Comme si leur conscience de mal agir les rattrapait ! Et beaucoup de personnes homosexuelles, surtout celles qui affirment haut et fort qu’elles ne croient ni en Dieu ni au diable, sont extrêmement superstitieuses, se prennent pour Dieu ou pour le diable, et décrivent leur(s) amant(s) comme le démon incarné, y compris dans leurs œuvres censées valoriser et banaliser l’« amour » homo.
C’est une grossière erreur de penser d’une part que les personnes homosexuelles rejetteraient/ignoreraient le surnaturel du fait de se dire athées ou anti-Église-Institution ; d’autre part que les démons n’auraient pas de foi : les démons savent pertinemment que Dieu, Jésus et l’Esprit Saint existent, et qui est Lucifer ; la différence, c’est qu’ils ont décidé de ne pas les aimer. Par conséquent, c’est mal nous connaître, nous personnes homosexuelles, que d’imaginer que nous ne serons pas réceptives à l’évangélisation, ou réfractaires à tout discours transcendantal. La réalité du combat spirituel entre les forces du bien et les forces du mal, on la connaît quasiment depuis le berceau ! Ce n’est pas une langue étrangère pour nous.
97 – Pourquoi Dieu a permis que je sois homo ? ou que certains soient durablement homos ?
Dieu n’est pas l’auteur du mal, même s’Il a créé les anges qui, librement, et pour un tiers d’entre eux, L’ont trompé et sont devenus définitivement démoniaques. Idem concernant les blessures et les maux humains. Il n’y est pour rien. Seul son Amour permet que le mal existe. Mais Il ne le crée pas. Le mystère du silence, de la discrétion et de l’apparent non-interventionnisme de Dieu face au péché et aux signes de péchés dans la vie des Hommes est lié à un mystère de liberté et d’Amour. Saint Paul l’appelle le « mystère d’iniquité » (2 Thess 2, 7-8). Si Dieu guérissait directement tout le monde, s’Il avait rendu son existence évidente, s’Il avait ôté aux êtres humains leur capacité de pécher et s’Il les délivrait de tout mal, ces derniers ne seraient plus libres ni aimés de Lui, ils ne seraient plus partie prenante avec Lui de Son combat victorieux contre le mal. Dieu n’a par conséquent pas souhaité que les personnes homosexuelles soient homosexuelles, c’est-à-dire habitées par une peur de la différence des sexes, différence bonne qu’Il a créée aussi pour elles. En revanche, s’Il accepte que cette peur de la différence des sexes submerge certaines personnes parfois pendant une vie terrestre entière, c’est d’une part pour laisser aux personnes tenaillées par l’homosexualité l’initiative personnelle de la combattre, et d’autre part pour que quelques-unes d’entre elles fassent l’expérience joyeuse et inespérée de la libération spectaculaire qu’Il va opérer en elles. Ce dont je suis sûr (puisqu’Il nous l’a dit par Jésus), c’est que si Dieu permet que le mal agisse ou perdure dans la vie des Hommes, Il ne nous fait cependant jamais souffrir plus qu’Ils ne peuvent le supporter, et Il ne demandera que très peu à ceux qui ont été très éprouvés sur terre ou qui n’ont pas choisi les maux qu’ils endurent (Luc 12, 48). Par exemple, quand les pharisiens demandent à Jésus pourquoi l’aveugle de naissance s’est vu attribuer un mal/un handicap qu’il n’a pas choisi, Jésus répond que ce mal imposé est un héritage de péché et non un péché (seul le péché présuppose une volonté), et que l’héritage de péché qu’est le handicap physique (mais on peut tout aussi bien faire l’analogue avec la tendance homosexuelle) est permis et rendu présent « pour que les œuvres de Dieu se manifestent en la personne » (Jn 9, 2) que Lui va guérir (ou pas, dans un temps humain).
98 – Avez-vous quelques bons conseils de lectures sur l’homosexualité ? Quels films sur l’homosexualité voir absolument ?
Oui. Je vous conseille d’une part les ouvrages de Xavier Lacroix (L’Amour du Semblable, du père Xavier Thévenot (Mon Fils est homosexuel), du père Tony Anatrella (Le Règne de Narcisse) et de sœur Véronique Margron, d’autre part les écrits qui parlent de près ou de loin d’homosexualité, soit parce qu’ils ont été rédigés par une personne homosexuelle, soit parce qu’ils ont la prétention de parler du thème et en général de le justifier. Je serais tenté de dire que, du point de vue de la Vérité (je ne parle pas du point de vue du goût personnel ni du confort de lecture), il n’y a pas de mauvais ouvrages : il n’y a que des manières mauvaises (ou bonnes) de les lire. Tout livre est intéressant, y compris les romans de gare, à partir du moment où on sait en récolter le meilleur (même la bêtise, la nullité, la violence ou le mensonge, témoignent par leur faiblesse, et en négatif, du beau et du vrai). Cela est d’autant plus vrai quand le livre en question a la prétention de justifier une utopie telle que l’« identité » homo ou l’« amour » homo… car plus un bouquin est idéologique ou empreint de fantasmes, plus le retour du refoulé est précisément lisible et dépasse son auteur (même un auteur intellectuellement honnête et au talent de conteur indéniable).
C’est la raison pour laquelle je trouve tous les livres sur l’homosexualité intéressants, signifiants, dignes d’intérêt, passionnants, et que j’essaie de consulter tout ce qui me tombe sur la main. À partir du moment où ça parle d’homosexualité, je suis un homme comblé ! Après, si vous me demandez de les hiérarchiser par échelle de préférence, j’ai beaucoup appris en lisant par exemple Le Baiser de la Femme-Araignée de Manuel Puig, L’Invention de l’hétérosexualité de Jonathan Katz, L’Amour presque parfait de Cathy Bernheim, À l’ami qui ne m’a pas sauvé la vie d’Hervé Guibert, Le Rose et le Noir de Frédéric Martel, La Mauvaise Vie de Frédéric Mitterrand, Mauvais Genre et La Vie dure de Paula Dumont, En finir avec Eddy Bellegueule d’Édouard Louis, La Désobéissance de Naomi Alderman, La Fille dans l’escalier de Louise Welsh, Eva Peron de Copi, Le Cœur éclaté de Michel Tremblay, L’Hystéricon de Christophe Bigot, Riches, cruels et fardés d’Hervé Claude, La Voyeuse interdite de Nina Bouraoui, Une Mélancolie arabe d’Abdellah Taïa, Le Ruisseau des singes de Jean-Claude Brialy, Mon Théâtre à corps perdu de Denis Daniel, Impotens Deus de Michel Bellin, Un Garçon d’Italie de Philippe Besson, Gaité parisienne de Benoît Duteurtre, Journal du voleur de Jean Genet, Les Faux-Monnayeurs d’André Gide, Le Puits de solitude de Marguerite Radclyffe Hall, Mathilde, je l’ai rencontrée dans un train de Cy Jung, Confession d’un masque de Yukio Mishima, L’Amant de mon père d’Albert Russo, etc.
Concernant maintenant les films et les documentaires, je reverrais avec plaisir « Les Garçons de la bande » de William Friedkin, « Reflets dans un œil d’or » de John Huston, « L’Homme blessé » de Patrice Chéreau, « La Chatte à deux têtes » de Jacques Nolot, « Tesis » d’Alejandro Amenábar, « Souviens-toi l’été dernier » de Joseph Mankiewicz, « Bleu, blanc, rose » d’Yves Jeuland, « Pin Up Obsession » d’Olivier Megaton, « The Celluloïd Closet » de Rob Epstein et Jeffrey Friedman, « Cabaret » de Bob Fosse, « C.R.A.Z.Y. » de Jean-Marc Vallée, « L’Inconnu du Nord-Express » d’Alfred Hitchcock, « Krámpack » de Cesc Gay, « La Mauvaise Éducation » de Pedro Almodóvar, « Nos Vies heureuses » de Jacques Maillot, « Guillaume et les garçons à table ! » de Guillaume Gallienne, « Le premier qui l’a dit » de Ferzan Ozpetek, « Orphée » de Jean Cocteau, « Les Enfants terribles » de Jean-Pierre Melville, « Huit Femmes » de François Ozon, « Pédale douce » de Gabriel Aghion, « The Rocky Horror Picture Show » de Jim Sharman, « Les Roseaux sauvages » d’André Téchiné, « Rosa la Rose : femme publique » de Paul Vecchiali, « Salò ou les 120 journées de Sodome » et « Théorème » de Pier Paolo Pasolini, « Les Amants criminels » de Luchino Visconti, « Torch Song Trilogy » de Paul Bogart, « Un Tramway nommé Désir » d’Élia Kazan, « Victor, Victoria » de Blake Edwards, « La Meilleure façon de marcher » de Claude Miller, « The Imitation Game » de Morten Tyldum, etc.
Je dois avouer que les films les plus fructueux pour se former efficacement sur l’homosexualité, pour se prémunir contre la propagande gay friendly et se rendre compte de la supercherie de l’« amour » homo, sont paradoxalement ceux qui sont les plus déstabilisants pour nous (y compris pour les personnes non-homosexuelles), les plus vraisemblables (sans être réalistes), beaux, à peine caricaturaux, bref, ceux qui donnent vraiment envie de tomber homosexuellement amoureux (ou au moins d’y croire pour les autres). Je pense par exemple aux films « Au premier regard » de Daniel Ribeiro, « Broderskab » de Nicolo Donato, « Juste une question d’amour » de Christian Faure, « Pride » de Matthew Warchus, « Le Secret de Brokeback Mountain » d’Ang Lee, « Jongens » de Mischa Camp, « Week-end » d’Andrew Haigh, « Contracorriente » de Javier Fuentes-León, « Carol » de Todd Haynes, « Love Is Strange » d’Ira Sachs, « Elena » de Nicole Conn, « The Bubble » d’Eytan Fox, etc. Même si leur visionnage nous met quasiment tous en danger sur l’instant, il nous rendra plus fort. Car qui peut résister au chantage à l’émotion de la comédie romantique/dramatique pro-gay deviendra ensuite quasiment inébranlable quand se présentera la réelle tentation homosexuelle. C’est triste à dire, mais bien souvent, les êtres humains tombent dans la pratique homosexuelle uniquement à cause d’un cinéma bien construit. Et aujourd’hui, les cinéastes ont les moyens de naturaliser/sentimentaliser de manière convaincante et bobo leurs fantasmes sentimentaux les plus irréalistes et les plus brutaux.
CHAPITRE V – LE POSITIONNEMENT DE L’ÉGLISE-INSTITUTION SUR L’HOMOSEXUALITÉ :
99 – Sous l’Inquisition, il me semble bien que l’Église a brûlé des sodomites ?
À la fin du Moyen-Âge, l’Inquisition (1231-1834) a justement été un tribunal créé pour que les pauvres et les criminels puissent bénéficier d’une couverture judiciaire moins arbitraire et sanguinaire que la justice civile (seigneuriale). Elle est une œuvre de Charité qui visait à ce que les punitions après les délits (nommés « hérésies », en référence à Dieu) soient encadrées, justifiées par une enquête (traduction du mot latin inquisitio), tempérées par la perspective de la contrition et de la réparation, voire même souvent relaxées. Ce n’est d’ailleurs pas par hasard si la direction de ce tribunal a été confiée aux ordres mendiants : essentiellement les Dominicains et un peu les Franciscains. L’Inquisition n’est donc pas la machine à persécutions, à tortures et à exécutions massives, dépeinte par les anticléricaux de l’époque post-moderne : « Contre l’imagerie traditionnelle colportée par les protestants anglais et les philosophes français qui fait de l’Inquisition espagnole l’horreur absolue, on rappelle que ses victimes se comptent au nombre de quelques milliers en l’espace de trois siècles… » (l’historien Jean Sévillia) ; « La Révolution Française a fait plus de morts en un mois au nom de l’athéisme que l’Inquisition au nom de Dieu pendant tout le Moyen-Âge et dans toute l’Europe… » (Pierre Chaunu) On dénombre, dans la période la plus active de l’Inquisition (car en réalité, il y en a eu trois : l’Inquisition médiévale, espagnole et romaine) très peu de tortures. Et rares ont été les peines capitales.
Ayant bien étudié pendant mon année de préparation au Capès l’Inquisition (sujet imposé au programme), j’ai appris que, contrairement à la légende noire contemporaine qui assigne anachroniquement de l’« homophobie » transhistorique à cette période-là, très peu de cas d’autodafés (exécutions publiques et bûcher) pour « bougrerie » (c’est ainsi qu’on nommait à l’époque les actes homosexuels) avaient eu lieu. Ils se comptent sur les doigts d’une main. La condamnation pour ce qu’on appelle aujourd’hui l’« homosexualité » était plus en mode « dissuasion », « devoir divin » et « mesure préventive » qu’elle n’était suivie de mesures concrètes. En partie en raison de l’ignorance sociale de la seule existence de telles pratiques. De plus, en ces temps-là, il n’y avait aucune médiatisation ni promotion télévisuelle de l’homosexualité. Et ceux qui pourchassaient la pratique sodomite étaient suffisamment sensés et pieux pour lui éviter la publicité d’une exécution publique.
D’autre part, à cette époque, l’homosexualité n’était pas du tout considérée sous son angle désirant, identitaire ou amoureux, mais uniquement sous l’angle biblique et thomiste d’acte « contre-nature » de sodomie. Il faut comprendre que l’homosexualité n’est pas punie en soi si elle n’est pas couplée à un crime qui, lui, méritait châtiment. Jean-Claude Guillebaud précise que le plus grand nombre des condamnations pour sodomie ou pédérastie concernait en fait des cas de pédophilie. Soutenir que « l’Église a persécuté les homosexuels sous l’Inquisition » n’a pas de sens. La seule chose qu’on est habilité à dire, c’est que des membres religieux d’un tribunal ecclésiastique ont été amenés à juger des hommes pratiquant des actes sodomites – et souvent pédophiles – pour « hérésie » parce que ces mêmes actes étaient objectivement violents. Sous le mot « hérésie », il faut entendre « affaire de mœurs », « délits », et non simplement « fait qui ne déplaît qu’à l’Église » et qui, cela irait de soi, « Lui déplairait superstitieusement/inutilement/pathologiquement ».
Enfin, les promoteurs contemporains de l’homosexualité identitaire, sentimentale et pratique (les « néo-inquisiteurs » pourrait-on les appeler) se félicitent que le crime de sodomie ait été officiellement aboli en 1791. Or la « mort de l’arrêt de mort » pour sodomie ouvre la voie à une autre forme de condamnation à mort, plus sournoise car elle tue cette fois la personne, la personnalité, l’identité, le corps sexué, les désirs, l’humanité, l’âme, l’amour, des personnes qui se sentent et/ou pratiquent l’homosexualité. Avec l’abolition de l’homosexualité en tant que péché puis en tant que délit et trouble psychique (dépsychiatrisation), notre monde a basculé progressivement de la vision d’un acte interdit à un personnage progressivement identifiable par ses sensations et son comportement : la naturalisation essentialiste et sentimentaliste de l’orientation sexuelle (hétérosexualité et homosexualité ; et d’un point de vue pénal, l’homophobie). Qu’est-ce qui est le mieux ? Le jugement ajusté à Dieu ou l’absence de jugement qui n’est en réalité qu’une justice des Hommes désincarnée et soumise à leurs fantasmes/pulsions/sentiments/agissements égocentrés ? Quitte à passer pour un vieux réac, je crois que l’Inquisition, à côté du génocide humain qu’est la propagande narcissique du coming out, la propagande amoureuse de l’Union Civile, la propagande infanticide du « mariage pour tous », et la propagande préventive/répressive « contre l’homophobie », c’était le bon temps…
100 – Et le Pape François ? N’avez-vous jamais cherché à obtenir une audience avec lui ?
Non. Jamais. Et je ne cherche pas. Pourtant, je peux vous assurer que beaucoup me poussent ! Quand, il y a deux ans, la petite délégation de personnes homosexuelles continentes dont je faisais partie et qui a fait le déplacement jusqu’à Rome, chapeautée par Mgr Rey (évêque de Toulon), a essayé d’obtenir un rendez-vous avec le Pape, l’entourage des cardinaux a avorté la rencontre, considérant notre groupement comme « militant ». L’un des proches conseillers papaux a même eu le cynisme de nous demander de ne pas faire trop de foin pour que le Pape François ne soit pas mis au courant de notre visite car, a-t-il lâché, « le pire, c’est que ce genre d’initiatives serait tout à fait capable de lui plaire ! ». Nous n’avons pas insisté. En plus, j’étais le seul de mon groupe à vraiment pouvoir assumer publiquement une visibilité homosexuelle ; et les prêtres de mon groupe n’étaient pas des foudres de guerre non plus… Donc c’était fichu d’avance. Ce n’est pas grave. Nous nous verrons peut-être au Ciel. Et ce sera largement mieux !
En plus, si c’est juste pour me faire prendre en photo avec le Saint Père, pour la rencontre symbolique de cinq minutes, pour une poignée de mains, je m’en fous complètement. Je suis tellement écœuré de l’arrivisme des personnalités françaises qui n’ont rien à lui dire et rien à lui proposer pour le faire progresser, excepté leur hystérie de groupies cathos, leurs formules convenues de déférence spirituelle puante (« Très Saint Père, vous pouvez compter sur nos prières. »), et leur dernier livre ou CD (pour qu’il en fasse indirectement la promo), que la perspective d’une éventuelle rencontre avec le souverain pontife ne m’enchante guère. Ce serait comme mettre ma tête dans le trou d’un décor figé, poser avec le nain d’Amélie Poulain ou me prostituer religieusement : le Pape-sponsor, c’est un concept qui m’horripile ! Pourquoi, alors que le Saint Père sait très bien que dans le déroulé des fins dernières la France va occuper une place singulière et centrale, on ne lui présente pour l’instant quasiment que les cathos bobos français (de droite et surtout gauchistes) et on l’empêche d’accéder à la véracité des prophéties sur la France ? Ça me dépasse.
Si jamais je devais voir le Pape, ce n’est pas une rencontre que je veux. C’est un cours ! C’est carrément une séance de travail ! Et croyez-moi, il y a du taf. Seule la Vérité m’intéresse. J’en suis actuellement rendu au point que je refuserais de rencontrer François même s’il me le demandait… à part, bien sûr, s’il s’agissait de bosser 48 heures à fond sur le dossier de l’hétérosexualité, entre quatre murs d’une bibliothèque, sans caméra ni photo ! Ça fait beaucoup de conditions posées. Donc autant vous dire que ça ne risque pas d’arriver un jour. En plus, au Vatican, la frange ecclésiale gay et/ou gay friendly (cf. la question n°125) freine des quatre fers pour que ça ne puisse pas se faire. Enfin, si jamais – par un miracle de l’Esprit Saint – je me retrouvais quand même un jour en face de lui, je pense que je ne vous le dirais même pas. Et je me sens capable de tenir ce secret. Les plus belles choses se vivent dans le secret. Toujours.
101 – Le Pape est-il assez ferme, clair et au point, concernant l’homosexualité ?
À mon avis, non. Même si on pourrait se dire qu’il a fourni l’essentiel avec son fameux « (Si une personne est gay et cherche le Seigneur avec bonne volonté,) qui suis-je pour juger ? » dans l’avion du retour des Journées Mondiales de la Jeunesse du Brésil en 2013 et en Arménie en 2016 : l’énonciation de l’amour inconditionnel de Jésus pour toute personne humaine, quelle que soit son orientation homosexuelle. Mais cette sortie papale, en plus d’être hyper ambiguë car elle donne à confondre bonne intention et faits, ou bien jugement des personnes (injustifiable) et jugement des actes (indispensable), n’édicte rien de solide et de vrai sur le « comment accueillir concrètement les personnes homosexuelles », « quoi exiger d’elles » et « quoi leur proposer comme chemin vocationnel ». Le Pape François ne parle toujours pas de l’orientation homosexuelle en des termes explicites, puisqu’il centre son opposition à celle-ci sur la soi-disant dichotomie entre « l’homosexuel militant » et « l’homosexuel hors milieu ». Par exemple, quand il conclut dans l’avion : « Le problème n’est pas cette tendance. Le problème, c’est d’en faire du lobbying. », c’est faux. La tendance homosexuelle, même non-actée, est déjà un problème, en tant que peur (de la différence des sexes) et blessure (de l’identité et de l’affectivité). La nature pécheresse de l’élan homosexuel ne se situe pas uniquement dans le fait que celui-ci soit rendu visible, qu’il se politise, ni même qu’il s’actualise. Pourquoi a-t-il peur de condamner le désir homosexuel ? Ce désir n’est absolument pas la personne qui le ressent ! Si on en a peur, c’est qu’on confond encore désir et personne, ou acte et personne… donc on rentre dans une démarche d’homophobie, de peur et de justification de cette peur ! L’argumentaire public du Pape sur l’homosexualité n’est pas encore au point (sûrement à cause d’un mauvais accompagnement), et risque de faire des catastrophes. Par exemple, si Virginie Tellenne (alias Frigide Barjot), le 29 février 2016, a failli réussir à imputer au Saint Père l’Union Civile, ce n’est pas que de la faute à la groupie activiste : c’est aussi qu’il y avait une brèche dans laquelle elle a pu s’engouffrer. Visiblement, le Pape François n’a pas davantage recadré Nicolas Sarkozy lors de leur entrevue du 21 mars puisque ce dernier continue sur les plateaux-télé de chanter l’Union Civile, l’hétérosexualité et l’« amour homosexuel », et compte acheter les catholiques avec les mots « Espérance », « valeurs humanistes », « Vérité » et « Miséricorde ». Je crois que le Pape a besoin de sérieux cours sur l’hétérosexualité.
102 – Le Pape est-il l’Antéchrist ?
Je ne crois pas. Quoi qu’en pensent les sédévacantistes qui diabolisent le concile Vatican II et tous les pasteurs qui en sont sortis, François est un pape élu par l’Esprit Saint, et l’Esprit Saint ne se trompe jamais. En revanche, qu’il soit infaillible, qu’il soit bien conseillé, qu’il ne fasse pas de bourdes, qu’il ne trahisse pas par trois fois le Seigneur (ce n’est pas un hasard que saint Malachie l’ait surnommé en 1595 « Pierre le Romain », si sa prophétie vise juste !), qu’il maîtrise le dossier de l’hétérosexualité, rien n’est moins sûr ! C’est un rassembleur et un pasteur plus qu’un théologien. Et par les temps troublés que nous vivons, il est idéal. Mais son manque de connaissance sur certains dossiers va le/nous faire souffrir. La seule chose dont je suis à peu près sûr à son sujet, c’est que je l’aime ; et qu’il n’est pas homo ! Maintenant, il faut qu’il arrête d’être gay friendly sous prétexte d’être miséricordieux.
Quant à ceux qui le désignent comme imposteur ou Antéchrist, ils feraient bien de faire attention à leur âme car ils sont proches du pire des péchés mortels : le péché contre l’Esprit Saint. Pire encore que la désobéissance hiérarchique. « Chi mangia Papa… » dit le dicton italien : Qui mange le Pape… en meurt !
103 – Comment réagissez-vous à l’exhortation post-synodale du Pape ?
Mal. Même si je sais que la tiédeur de ce document participera de toute façon aux desseins de Dieu, donc je ne m’inquiète pas outre mesure du coup d’épée dans l’eau. Je me dis juste « Un de plus ! ». Et j’ai juste envie de demander au Pape « Franciscus, quo vadis ? ». Rien que sur la question de l’homosexualité, son discours patine complètement. Comme une speakerine, il fait patienter (« J’ai pris en considération » = On vous écrira), essaie de temporiser les attentes en rassurant (« Je vous aime, je vous accueille, je suis là, je chemine à vos côtés ») et en employant des aphorismes pseudo empathiques (cf. chapitre « situations complexes »), pseudo punchy et proposants (par exemple, les obstacles sont appelés « défis », « enjeux », « questions complexes », « perspectives pastorales » : il manque « challenge » et la boucle publicitaire serait bouclée…). Parallèlement à cette esbroufe « miséricordieuse » un peu catastrophique, certains cardinaux médiatiques, pour se faire bien voir, essaient d’apporter leur modeste contribution en bouchant verbalement les trous par un enthousiasme singé (« C’est dense » ; « C’est vraiment nouveau » ; « C’est magnifique ! » ; « C’est concret » ; etc.) et en rivalisant de formules de com’ insipides (exemples : « déplacer notre approche », « cheminer », « changer de perspective », « redynamiser l’Espérance et la vitalité de nos paroisses dans les périphéries », « proposer l’inclusion », etc.) devant lesquelles il faudrait se mordre les joues pour ne pas rire. Moi, je déclare officiellement – et tant pis si je risque la prison et la torture pour ça – que « le cheminement, c’est maintenant ! ».
Dans ce nouveau document, le Pape nous redit ce qu’on savait déjà (l’accueil de la personne, le respect, le non-jugement, la proposition d’accompagnement, la réaffirmation du soutien de l’Église) : concrètement, on ne sait toujours pas quelle forme tout cela prend… Il nous annonce de la nouveauté (« un enthousiasme nouveau à travers une pastorale renouvelée ») : concernant l’homosexualité, je ne vois que du vieux ou du Benoît XVI réchauffé.
Le Pape François se contente de réciter le désaccord radical de la Curie sur les Unions Civiles, sur les actes homosexuels, sur les « couples » homosexuels, et surtout sur les revendications politiques et sentimentales du soi-disant « lobby gay », en soulignant que ces pressions sont « inacceptables » (« Il n’y a aucun fondement pour assimiler ou établir des analogies, même lointaines, entre les unions homosexuelles et le dessein de Dieu sur le mariage et la famille. Il est inacceptable que les Églises locales subissent des pressions en ce domaine et que les organismes internationaux conditionnent les aides financières aux pays pauvres à l’introduction de lois qui instituent le ‘mariage’ entre des personnes de même sexe. »). Concrètement, pourquoi « c’est inacceptable » ? Pourquoi c’est « sans fondement ? » On ne saura pas. Les cardinaux et le Pape sont pour l’instant incapables de dire pourquoi ils ont raison (alors qu’ils ont raison en théorie : moi, je vous le dis !).
On entend en filigrane le Pape reléguer l’homosexualité au rang de « détail de la personne », de « non-sujet » ou de « sujet-annexe », dissocier la personne homosexuelle de sa tendance (exemple : « indépendamment de sa tendance »), ce qui est à la fois juste (car toute personne homosexuelle est avant tout un être humain et un Enfant de Dieu) et faux dans la mesure où, dans un temps terrestre humain, la tendance et la personne sont parfois extrêmement mêlées. Le Catéchisme rappelle d’ailleurs que la tendance homosexuelle peut être « profondément enracinée ». Encore une fois, le poisson du mal homosexuel est noyé.
À propos des chemins vocationnels, le Pape ne propose toujours rien de concret aux personnes durablement homosexuelles (en ayant le culot de citer dans la foulée Mt 5, 37 « Que votre ‘oui’ soit OUI ! »). Il se contente de proposer un « accompagnement » et non une vocation/une vie/une consécration. Il se contente de renvoyer les personnes homosexuelles à la « chasteté », le concept flou et vaseux à la mode, défendu par Courage notamment, et derrière lequel plein d’associations « homos-chrétiennes » et plein de catholiques réguliers s’empresseront d’inclure la possibilité de vivre en « couple homo ». Mais les formes pratiques de cette « pastorale de la chasteté », il n’en parle pas. « L’aide nécessaire pour comprendre et réaliser pleinement la volonté de Dieu dans leur vie », ça reste une promesse lancée en l’air.
Le Pape réaffirme son opposition à l’homophobie (qu’il ne nomme pas ainsi, parce que selon lui, ce mot est déjà « dangereusement idéologique » : ignorance et peur, quand vous nous tenez…) : il dénonce « particulièrement toute forme d’agression et de violence ». Ça tombe bien : moi aussi, je suis contre la guerre ; et le mal, c’est mauvais, c’est caca. Concrètement, l’homophobie n’est pas nommée (même le terme ne l’est pas !) ; ses mécanismes, son sens, ses formes, les solutions qu’on peut trouver pour la combattre, tout ça, ça passe complètement à la trappe ! Le Pape se contente de dire qu’il est contre, en nous regardant droit dans les yeux, avec un air contrit cinématographiquement travaillé. Parole, parole, parole. « Pierre, m’aimes-tu ? Pierre, m’aimes-tu ? M’aimes-tu vraiment ? » (Jn 21, 1-19)
Là où on voit qu’il n’a pas compris l’homosexualité et l’hétérosexualité – et qu’il est extrêmement mal conseillé sur cette question –, c’est qu’il est carrément hors-sujet concernant le Gender. Il réemploie scolairement le jargon de la novlangue manichéenne, victimisante, hystérique et métaphorique des militants cathos pro-Life, où il n’y a absolument rien dedans. Ce sont des formules creuses apprises par cœur. Il n’a pas du tout pris conscience que le véritable Gender était l’hétérosexualité (à savoir le diable déguisé en différence des sexes).
Non Messieurs les Cardinaux et Très Saint Père, le Gender n’est pas « mauvais » d’être taxé d’« idéologie » (De quelle idéologie parlez-vous, d’ailleurs ? Vous ne la nommez jamais, alors qu’elle s’appelle « hétérosexualité ». Et la foi catholique est aussi une idéologie en quelque sorte ; et comme celle-ci est incarnée en Jésus, elle devient par conséquent bonne et « non-idéologique »). Non, le Gender n’est pas mauvais de refléter une « pensée unique » (De quelle pensée unique parlez-vous, d’ailleurs ? Le Christ et ses dogmes ecclésiaux aussi sont en quelque sorte une pensée unique, mais une pensée unique humanisée, unifiante, universelle et bonne). Non, le Gender n’est pas mauvais de prendre une forme institutionnelle internationale organisée, que vous nommez « conditionnement », « groupes de pression » (vous prenez hypocritement soin cette fois de ne pas employer le terme anglophone de « lobby », pour éviter de pactiser avec le modernisme), « organismes internationaux » arbitrant les « aides financières aux pays pauvres » (on voit que la censure homophobe et le chantage aux sentiments anti-occidental du Cardinal Sarah sont passés par là…). L’Église aussi est un organisme international, institutionnel, qui brasse de l’argent, qui constitue un groupe de pression (et une sainte pression : celle de l’Annonce de l’Amour de Jésus !), qui « détermine l’éducation des enfants ». Le problème du Gender n’est pas là ! Non, le Gender n’est pas réductible à une « idéologie niant la différence et la réciprocité naturelle entre un homme et une femme » et « laissant envisager une société sans différence des sexes et sapant la base anthropologique de la famille » ! D’une part parce que les défenseurs du Gender – qui pour la plupart ne savent même pas qu’il s’appelle ainsi ! – ne s’opposent pas toujours aux couples femme-homme aimants ni aux familles traditionnelles naturelles (ils ne prétendent qu’ajouter à ceux-ci de nouveaux modèles « identitaires », « sentimentaux », « conjugaux », « familiaux » et « sociaux » : ne caricaturons pas leurs intentions !), d’autre part parce le Gender idolâtre – autant qu’il cherche plus ou moins sciemment à détruire – la différence des sexes : il est même passionné hystériquement de la différence des sexes au point de défendre des modèles d’hypervirilité et d’hyperféminité cinématographiques ; il est aussi rageusement nataliste, familialiste, pro-mariage, vitaliste, humaniste (même si ça vire transhumaniste) que les mouvements pro-Vie. Alors avec le Gender, rien à voir, contrairement à ce que prétend l’exhortation, avec un quelconque « déni de la différence des sexes », ni avec un désir assumé de pulvérisation de la différence des sexes, de pulvérisation de la famille, de « la Vie » et de « l’Humain » ! Vous vous trompez de cible et vous n’avez pas compris les bonnes intentions/les pièges de l’hétérosexualité ! Réveillez-vous ! La « réciprocité entre l’homme et la femme » n’a rien de « naturelle », comme vous l’écrivez : elle est uniquement naturalo-divine (je me rallie complètement au philosophe Fabrice Hadjadj quand il dit, comme moi mais d’une autre manière, que la promotion – très répandue chez les cathos – de la « complémentarité des sexes » est un raccourci idéologique très dangereux, qui enlève la part de risques, de ratés, de Croix, de liberté, à l’union aimante entre l’homme et la femme). La différence des sexes n’est pas un bien en soi : elle ne devient le meilleur que couronnée par l’Amour et par le Christ.
Pour résumer ce que je pense de Amoris Laetitia : à première vue, et en tenant compte de l’enthousiasme excessif de certains curés et cardinaux – beaucoup plus soucieux de leur carrière et de leur visibilité médiatique que de la dénonciation d’une esbroufe ecclésiale –, cette exhortation papale bien-intentionnée, dont on ne peut pas dire qu’elle ne raconte pas des vérités, m’apparaît être un épate-bourgeois ou un attrape-bobos-cathos, lequels bobos (bourgeois-bohèmes) consentent à jouer pendant une semaine le rôle d’imbéciles heureux. Désolé, mais moi, je ne rentre pas dans la « joie pour elle-même ». Je ne peux rentrer que dans la Joie de la Vérité, la Joie par la Croix résurrectionnelle, la Joie qui verbalise le mal et le combat fermement, la Joie grave du Christ. Les autres joies – performatives, extatiques, photographiques, intentionnelles, euphoriques, publicitaires – ça me gave. Dans « Miséricorde », il y a « misères ». Et pour l’instant, les gens d’Église ne les nomment pas. Donc je ne crois pas en leurs vœux pieux de « Miséricorde ».
104 –Est-ce une bonne chose que le sujet soit survolé et mis de côté par la Curie ?
Non. Ce n’est pas un bon calcul stratégique. Et c’est même très inquiétant. Car la croyance en « l’amour » homo, autrement dit l’amour sans la différence des sexes, est le nœud de tous les problèmes mondiaux, mais aussi le caillou qui bouche la circulation du sang, de la raison et de la foi, dans le cœur et la tête de beaucoup de nos contemporains. Que cela plaise ou non à ceux qui me taxent de « mono-maniaque » parce que j’insiste sur la centralité symbolique de l’homosexualité dans les profondes crises sociales que nous traversons à échelle planétaire. En constatant la place démesurée que la bipolarité hétérosexualité-homosexualité (et son épouvantail dissuasif – l’« homophobie » – couplé avec l’épouvantail du « machisme » pour le féminisme, et l’épouvantail du « racisme » pour l’humanitarisme sans frontières) occupe depuis deux siècles sur l’échiquier médiatico-politico-légal et les sphères décisionnelles, c’est une erreur de vision de la part des gens d’Église d’avoir négligé la part universelle – et sainte si et seulement si elle est vécue dans la continence – de l’homosexualité. Car tout le monde est concerné par l’homosexualité étant donné que l’Humanité toute entière est concernée par la différence des sexes… et le rejet de celle-ci à travers l’homosexualité.
Aussi incroyable et excessif que cela puisse paraître, il semble que, sous l’effet d’un libertinage généralisé et d’une perte de foi croissante d’une part, sous l’influence des mass médias et de la globalisation des législations politiques internationales d’autre part, la cartographie géopolitique mondiale obéit et s’organise principalement sur l’homosexualité pour la formation, le positionnement, la consolidation, le durcissement et le classement des blocs qui s’affrontent dans cette Troisième Guerre mondiale qui nous occupe. Dans la pensée globale (je n’ose même plus dire « occidentale »), tout ce qui n’est pas mariage gay = antidémocratique. Cela me frappe concernant par exemple l’inimitié massive des pays libéraux contre Vladimir Poutine (même si personnellement, je suis loin d’être fan du personnage et de sa politique). Croyez-vous que ce désamour russophobe se base sur la Crimée, l’Ukraine, la peur de l’Empire soviétique, les restes de Guerre Froide, l’interventionnisme en Syrie ? Non. C’est principalement sur la défaveur connue de la Russie aux droits LGBT et à Conchita Wurst (le roi transgenre de l’Eurovision et du Parlement Européen). Ça ne va pas chercher plus loin ! Idem, quand je vois l’artificielle mais pourtant concrète « unité » qu’ont vécue en mai 2015 les 50 États des États-Unis autour de la légalisation du « mariage gay », et la folle pression (économique, affective, législative) qui est faite à tous les pays européens pour se mettre au diapason rainbow. L’Italie, le seul Peuple européen qui résistait à l’Union Civile, a dû céder aussi. Enfin, c’est en constatant le poids social considérable que prend le positionnement contre le « mariage homosexuel » dans la vie d’une personne qui ose dire publiquement « non » à ce dernier (et en général, qui est catholique), ainsi que les retombées radicales qui pèsent pénalement sur la carrière d’un homme politique qui ne se plie pas aux diktats de la pensée unique gay friendly, que je mesure combien l’homosexualité, qui à la base n’est qu’un particularisme désirant minoritaire et secondaire, joue le rôle d’arbitre du monde, de ruban rose qui sépare les peuples. Elle découpe à elle seule dans l’esprit des habitants de la terre les soi-disant « camp du bien » et « camp du mal ». L’homosexualité est devenue l’Axe moral et belligérant mondial. Il nous faut l’accepter et agir en conséquence.
Dernière chose : la seule Institution encore forte qui fasse front à la propagande bisexualiste et pro-gay, le dernier bastion de résistance restant même quand les pays les plus catholiques du monde n’arrivent plus à faire respecter leur souveraineté nationale (la Colombie vient d’approuver le « mariage gay »), c’est l’Église catholique. Cette dernière va donc être ciblée comme la « méchante exception » à mater, conjointement aux pays jugés arriérés et totalitaires. Bizarrement, les libertaires ne L’ont jamais matée au sujet de son opposition à l’avortement, à la peine de mort, à l’euthanasie, aussi graves soient ces crimes. C’est l’incompréhension des masses athées à l’égard de la différence des sexes (le célibat des prêtres, la place des femmes dans l’Église, le préservatif, la communion pour les divorcés remariés, et surtout l’homosexualité…) sur laquelle se cristallisent les plus grandes soifs de vengeance des ennemis de l’Église. Je n’y peux rien. Il faut prendre en compte la réalité intentionnelle et fantasmatique de certains faits et lois.
105 – Pourquoi l’homosexualité est-elle plus dangereuse pour l’Église catholique que même l’avortement, le préservatif, l’adultère, le divorce, la pédophilie ?
Parce que la majorité des catholiques ne sait toujours pas pourquoi ni comment s’opposer ouvertement à l’Union Civile et à l’« amour » homosexuel alors que pour les autres sujets que vous citez, ils savent beaucoup mieux se défendre, et ils ont moins peur. L’autre souci, c’est que la majorité des catholiques prend l’hétérosexualité pour la différence des sexes – ou du moins ne la dénoncent pas – ce qui fait qu’ils rentrent inconsciemment dans le système auquel ils croient sincèrement s’opposer. Je ne connais pas, pour l’instant, de catholique (à part moi) qui n’ait pas peur de passer pour un con en s’attaquant à l’hétérosexualité et au mythe de l’« amour homosexuel ». Ils sont tous morts de trouille ou ne comprennent pas l’intérêt ! Plus que le divorce ou la PMA/GPA, l’homosexualité a le pouvoir d’embrumer l’esprit des clercs, des fidèles catholiques trop conservateurs ou au contraire trop laxistes, afin qu’ils acceptent de penser que l’être humain puisse être capable d’aimer « avec ou sans la différence des sexes », quand en réalité la différence des sexes n’a rien d’optionnel en Amour. De même, ça ne leur pose absolument pas de problème que l’homme et la femme soient remplacés par « les hétéros » et « les homos » !
Jusqu’à présent, et tout récemment, le Clergé catholique est attaqué sur les thèmes de l’avortement et de la pédophilie, thèmes qui divisent peu les catholiques et les prêtres entre eux (heureusement). En effet, j’en vois peu s’étriper ou tomber en désaccord sur la GPA, l’avortement, la bienveillance du Pape à l’égard des migrants, voire même le célibat des prêtres, la place des femmes dans l’Église, ou encore le non-accès des divorcés-remariés à la communion eucharistique. Les catholiques font relativement bloc ensemble en ce qui concerne toutes ces problématiques. Mais plus douloureux est le thème de l’homosexualité, qui clive vraiment À L’INTÉRIEUR de l’Église, et jusque dans l’Église « d’en haut » !
Je raconte souvent cette anecdote qui m’est arrivée il y a presque 10 ans, et qui reste cruellement d’actualité. Un soir que je me trouvais à une soirée organisée par mon groupe de jeunes professionnels de Savigny-sur-Orge, en 2007, on avait décidé de causer des « points dogmatiques et pastoraux de l’Église catholique qui nous posaient le plus problème ou question ». Pendant ce débat improvisé, nous avons réussi à tomber tous d’accord sur l’ensemble des thèmes de société les plus épineux… tous sauf un : l’homosexualité ! Comme par hasard…
J’ai remarqué que l’homosexualité était actuellement le débat qui divisait le plus les assemblées, les communautés ecclésiales et même les ordres religieux. Et les débats du « mariage pour tous » n’ont pas arrangé notre affaire ! En général, en Église, les catholiques qui se disent « hétéros » ont peur de gaffer, de blesser ou de passer pour « homophobes »/« homosexuels refoulés » s’ils effleurent la question homosexuelle ; ou bien, au contraire, ils feignent d’assumer pleinement leur homophobie dans une radicalité forcée qui se veut biblique, érudite, morale, politisée, « sans concessions », « pleinement hétérosexuelle et fière de l’être ». Quant aux croyants qui se savent « homos », en général, ils font profil bas pour ne pas être identifiés ; ou bien ils se mettent à défendre une homosexualité « chaste et spirituelle » avec une assurance trop assurée et agressive pour s’appuyer sur une véritable réflexion de fond sur le désir homosexuel. Peu de fidèles semblent avoir vraiment une idée ou une opinion précise sur l’homosexualité. Et pourtant, ils sont déjà lassés et énervés d’entendre le mot, comme si on n’avait parlé que d’homosexualité pendant les Manifs Pour Tous (ce qui est complètement faux, dans les faits) et qu’il était temps de passer à autre chose ! La majorité d’entre eux ne sait toujours pas quoi en penser et préfèrent se taire pour se faire sa petite conviction personnelle, ou noyer leur « avis » sur l’homosexualité dans le débat politisé « Pour ou contre le mariage pour tous et ses conséquences ? », dans la projection sur d’autres urgences sociales (l’écologie, la Syrie, l’islamisme, le transhumanisme, la Miséricorde…) et d’autres croisades chimériques (« Extension du domaine de la lutte », ils appellent ça…). On n’est pas dans la merde…
Même les responsables des grandes religions tiennent un discours encore trop flou et maladroit sur l’homosexualité. Ils sont fatigués avant d’avoir bûché et pensé là-dessus. Pour avoir la paix, ils se contentent de dire qu’ils sont « pour » ou « plutôt contre », sans chercher à comprendre pourquoi, ni à s’en justifier. De tous les sujets épineux qui étaient à l’ordre du jour lors du Synode sur la Famille (novembre 2014-novembre 2015), c’est bien la seule patate chaude que le Pape et les cardinaux ont planquée pour finalement ne pas y toucher. Même le dossier des divorcés-remariés leur a fait moins peur (bien que la réponse à ce sujet soit aussi lacunaire) !
C’est pourquoi je pense que l’homosexualité constitue plus que jamais un danger majeur pour l’Église puisqu’elle est le seul mal humain qui bénéficie du triple emballage de la peur, de l’indifférence et de l’adhésion intime du cœur, emballage posé non seulement par les sociétés modernes mais aussi par beaucoup de gens d’Église barricadés dans leur défense de l’hétérosexualité et dans une religiosité déchristianisée, déconnectée des réalités de leur époque ! À mon avis, l’homosexualité est la lame de fond du tsunami spirituel qui menace autrement plus la barque de Pierre que les vaguelettes que sont l’euthanasie, le clonage, le transhumanisme, les manipulations génétiques, la destruction de l’écosystème planétaire, la pédophilie, l’avortement, les contraceptifs, les divorces, le chômage, l’accueil des étrangers issus de l’immigration de masse, le terrorisme djihadiste, les persécutions anti-chrétiennes, même si – nous sommes d’accord – ces vaguelettes sont déjà des signes précurseurs forts d’un anti-papisme galopant, d’un anticléricalisme inquiétant, d’une déshumanisation et d’une volonté homicide-déicide indéniables, d’un naufrage humanitaire imminent. Mais tant qu’à faire, entre éponger (ce qui semble toujours « utile » mais qui n’est pas primordial) à gauche à droite pour parer au plus pressé, on ira plus vite à faire descendre le niveau de l’eau en identifiant et en s’occupant du lieu de la fuite. Et pour moi, ce point de fuite est évident : c’est la croyance mondiale en la bipolarité hétérosexualité-homosexualité, censée remplacer la différence des sexes et l’Église catholique.
106 – L’homosexualité peut-elle flinguer l’Église catholique ?
Elle en a le pouvoir. Ça c’est sûr. Elle ne le fera pas, car, comme je le disais en introduction de cet article, et surtout comme nous l’a promis Jésus-Christ, « les puissances de la Mort ne l’emporteront pas sur l’Église » (Mat 16, 23) Mais elle le pourrait. Oui. Regardez les désastres qu’elle cause actuellement dans les Églises protestantes (évangéliques comme traditionnelles). L’année dernière, à elle seule, l’homosexualité a quasiment coulé définitivement l’Église anglicane d’Angleterre, qui a encore du mal à s’en remettre. Aujourd’hui, c’est au tour de l’Église luthérienne de Norvège de voir rouge. Autres exemples : Regardez comment l’homosexualité sape toute la carrière politique d’un Nicolas Sarkozy qui n’a pourtant rien du débutant inexpérimenté (il aura suffi qu’il défende un « mariage homosexuel » et un « mariage hétérosexuel » pour que ça soit fini pour lui) et comment elle est en train de menacer sérieusement le parcours ecclésial jusque-là exemplaire et solide de Mgr Barbarin. C’est foudroyant.
L’homosexualité, une fois pratiquée et/ou prise pour une identité humaine vraie et pour de l’amour authentique, c’est vraiment la petite bactérie qui n’a l’air de rien, mais qui te flingue un pays, une justice nationale, un équilibre mondial, et qui pourrait même te flinguer une Église. Pour la bonne et simple raison qu’en étant justifiée (légalement, populairement, médiatiquement), c’est la différence des sexes, socle de toute humanité et de toute paix sociale, qui est rejetée. Tous les pays qui ont voté le « mariage gay » plongent tôt ou tard dans une crise économique et une guerre civile sans précédent. Faut-il s’en étonner ? L’équilibre mondial repose sur l’accueil de la différence des sexes et de l’Église.
Le diable, qui déteste la différence des sexes qu’il ne possède pas, et qui honnit l’Église qu’il a fuie, se réjouit du manque de foi planétaire grandissant pour la différence des sexes et pour l’Église catholique. Et en ce moment, les mass médias et la majorité de nos contemporains lui obéissent puisqu’ils sont de plus en plus tentés de se débarrasser de tout cadre corporel, institutionnel et religieux qui soi-disant « entraveraient » leurs libertés et les priveraient de leurs droits d’être qui ils veulent. Sentant que l’homosexualité est le talon d’Achille ecclésial (aussi bien discursivement que pratiquement), ils commencent à jouer à la baballe avec l’Église à propos de l’homosexualité, avec l’assurance que c’est grâce à elle qu’ils pourraient bien L’anéantir.
107 – Y a-t-il un risque de schisme ?
À cause de l’homosexualité ? Bien sûr. Le risque de schisme, c’est-à-dire de division au sein de l’Église catholique, est au degré quasi maximal aujourd’hui. À l’heure où nous parlons, les mass médias composent leurs dossiers pour traîner en procès les rares personnalités médiatiques qui avaient eu le courage de s’opposer publiquement au « mariage gay ». Ils se coordonnent avec certains hommes politiques, mais aussi certains prélats à l’intérieur de l’Église, et beaucoup de fidèles catholiques qu’ils impressionnent, pour sortir conjointement et simultanément les scandales d’homosexualité et de sexualité les plus juteux et qui feront le plus de grabuge ensemble. Les canons des pro-gays sont parés à tirer à tout moment. Stefanini ou encore Charamsa (cf. la question n°124), c’était bien essayé. Mais ce n’était que des tests. Maintenant, ils se servent de la division – mal connue du grand public ou bien imperceptible dans certains articles journalistiques rapides – entre les Églises protestantes et l’Église romaine, pour créer l’amalgame entre les deux et la méfiance à l’égard de la seconde. Ils sortent des films clairement anticléricaux mais qui prennent les catholiques par surprise, et qui se donnent des allures de Compléments d’enquêtes approfondis. Ils multiplient les effets d’annonce retentissants sur l’accueil de l’homosexualité dans l’Église, voire carrément la pratique de l’homosexualité dans l’Église, semant ainsi le trouble en son sein.
Les mass médias essaient déjà de mettre les diocèses, les épiscopats, les cardinaux, et le Pape, en porte-à-faux les uns avec les autres. Et comme le discours de l’Église officielle sur l’homosexualité est resté jusque-là très flou, gentillet et/ou dénégateur, les journaleux commencent à s’amuser à balloter les catholiques d’un côté (progressisme) et de l’autre (conservatisme) de leurs mensonges, à les prendre à leur propre ignorance et contradictions internes. Et la plupart des croyants, pas assez enracinés dans le réel et la prière, effrayés/agacés par le sempiternel concert médiatique diffamant et blasphématoire porté contre eux autour d’un sujet qu’ils exècrent, sont tentés de se protéger en désavouant eux-mêmes leurs propres chefs religieux, même quand ceux-ci ont raison. Leur récent retournement de veste contre l’évêque de Pontoise, Mgr Lalanne, par rapport à ses propos radiophoniques pourtant justes sur la pédophilie, démontre bien la grande obéissance aux médias dont ils sont capables. Plus inquiets du qu’en dira-t-on que de la Vérité ou des personnes et des faits réels, beaucoup de catholiques actuels s’apprêtent à faire passer les courageux pour des lâches, et les lâches pour des courageux. Ça commence à donc être un joli bordel à l’intérieur de la Famille chrétienne !
J’ouvre une petite parenthèse qui illustre tout-à-fait la confusion et la division internes qu’apporte le non-positionnement des catholiques vis-à-vis de l’homosexualité, de l’Union Civile, de l’hétérosexualité, et de l’« amour homo ». La voix que porte une femme comme Virginie Tellenne (alias « Frigide Barjot »), et qui est loin de représenter une pensée minoritaire au sein de l’Église catholique, est à surveiller de très prêt (comme un symptôme ecclésial plus que comme un détonateur concret du schisme, entendons-nous bien). Le 11 avril 2016 dernier, l’ancienne égérie de La Manif Pour Tous annonce sur Sud Radio que, par son exhortation Amoris Laetitia, « le Pape François reconnaît d’une certaine façon l’existence des unions homosexuelles, parce que ce n’est pas un mariage ». Comme elle est rusée, elle sait encore s’arrêter à la limite morale que le Magistère lui donne, même si on comprend bien qu’elle louvoie avec la frontière de la justification des « couples » homos, et tente d’entraîner toute l’Église – qu’elle s’imagine représenter – dans son élan de bénédiction des unions homosexuelles et de transgression de la différence des sexes/de l’Église. Il y a beaucoup de choses qu’on peut reprocher à Frigide Barjot, mais pas son intuition pour flairer avant tout le monde ce qui va occuper le devant de la scène. Et là, comme par hasard, elle est en train de tourner depuis un moment autour du pot de l’homosexualité (concrètement, elle n’y connaît pas plus que les autres sur le sujet… mais bon, au moins, elle le fait croire et les gens gobent), de se servir de l’imprécision de l’exhortation papale pour d’une part faire dire au Saint Père une « ouverture » qu’elle est la seule à souhaiter (= l’Union Civile et la « reconnaissance » de « l’amour homosexuel »), d’autre part doubler tout le monde (par la droite) pour s’offrir une nouvelle tribune médiatique. La chroniqueuse se base notamment sur le fait que l’impossibilité de comparaison entre les couples mariés et les « couples » homos, édictée par le Pape François dans Amoris Laetitia, ne signifierait en rien qu’il déclarerait l’invalidité des unions homos, bien au contraire : « comparaison ne serait pas contradiction ni opposition ni condamnation ! »… Voilà qui est bien jouer sur les mots… pour leur faire dire n’importe quoi. Frigide Barjot tronque le Pape dans le texte. Mais elle n’est pas la seule. Si les catholiques modernistes et/ou traditionnalistes se le permettent, ce n’est pas que de leur faute : c’est qu’on les laisse faire et parfois même on les y encourage. C’est bien ça le drame de la lâcheté des disciples juste avant la Passion de leur Maître.
108 – Pourquoi est-il urgent que la Curie s’occupe de l’homosexualité et ne fuie pas le sujet ?
Parce que l’hétérosexualité est le pilier idéologique principal de la persécution actuelle et future contre l’Église. Même s’il est déjà humainement trop tard pour éviter certaines catastrophes et tueries, et pour expliquer aux gens des concepts complexes comme l’hétérosexualité et l’homosexualité, il n’est jamais trop tard pour le dire. Il n’est jamais trop tard dans le temps de Dieu, de toute façon. L’heure approche où on va nous soutenir, preuves audiovisuelles à l’appui, que ce sont le célibat des prêtres et leur homosexualité refoulée qui créent la pédophilie et les viols. Que c’est Dieu le danger et l’alibi pervers du « violeur en soutane » homosexuel/pédophile. Que là où se trouve l’opposition à l’homosexualité et au « mariage gay » résident la pire intolérance, la pire méchanceté, la pire superstition, la pire hypocrisie cléricale et ecclésiale, la pire hérésie contre l’Humanisme JE SUIS CHARLIE. Ce sont déjà des allégations qu’on entend clairement dans le film « Spotlight ». Nos accusateurs se basent bien évidemment sur un substrat de réel, mais le gros de leurs accusations n’est que fantasme. Ils se désintéressent même des alibis oraux de leur promotion de l’homosexualité : actes pédophiles, meurtres, viols, les victimes réelles de ces derniers, ils s’en foutent. Ils ne dénoncent même pas ce qu’ils dénoncent. Tout ce qui compte pour eux, c’est que l’homosexualité soit célébrée autant que banalisée, et que l’Église catholique soit neutralisée. Point barre. Cette logique bête et méchante est particulièrement visible à travers l’Affaire Barbarin (dont je vais parler plus en détails avec les questions 131 à 133) : dans cette sombre histoire lyonnaise, il ne fait pas l’ombre d’un doute que les talibans du progressisme font porter à Philippe Barbarin son opposition publique au « mariage gay » plus que des faits avérés de déni de pédophilie de sa part. Et malheureusement, ces attaques, aussi infondées soient-elles, ont failli arriver à leurs fins car le cardinal a bel et bien eu peur de parler d’homosexualité et d’hétérosexualité. Donc les mass médias et les militants LGBT utilisent cette brèche d’homophobie existante chez lui, malgré toutes les excuses qu’on lui trouve et les théories du complot dont on peut en faire le bouc-émissaire sacré, pour lui couper la tête.
109 – Les évêques ont-ils « merdé » par rapport au « mariage gay » ?
Oui et Non.
Non parce que tout concourt au Bien, même la faiblesse du mal : « Dieu permet le mal, c’est parce qu’Il est assez puissant pour tirer le bien du mal lui-même. » écrit saint Augustin. C’est donc dans le plan de Dieu que toutes les trahisons épiscopales concernant l’homosexualité se déroulent. Les évêques de France, même s’ils « merdent » objectivement, ne « merdent pas » surnaturellement et éternellement parlant !
Non, parce que dans nos actions, si justes soient-elles, on peut observer deux mouvements paradoxaux, que moi-même j’ai connus pendant la bataille contre la Loi Taubira : je me suis opposé au « mariage gay », je pense bien et publiquement ; mais ma voix n’a pas porté, du fait de ma foi (les athées ne l’ont pas supportée) et du fait de mon homosexualité (la plupart des catholiques ne l’ont pas supportée ; mes frères homosexuels non plus). Donc les apparences jouent contre moi : j’ai bien agi concrètement et divinement… mais humainement, tout laisse croire que j’ai « merdé » et que je n’ai pas agi. Il arrive exactement la même chose aux évêques, je crois : certains ont réagi et agi pour s’opposer au « mariage pour tous » et à l’homosexualité… mais leur action a été annulée/décriée à la fois par les athées (qui leur ont dit qu’ils n’avaient pas à se mêler des affaires sociales et politiques), par les fidèles catholiques (qui voulaient se prendre pour eux, ou qui ont suivi l’esprit schizophrénique du monde, qui dissocie l’espace spirituel de l’espace social), mais aussi par leurs collègues évêques et leur hiérarchie. J’ai vu par exemple des évêques tenter de courageuses percées médiatiques et politiques (Mgr Barbarin, Mgr Rey, Mgr Aillet, Mgr Brouwet, etc.). Mais celles-ci ont fait des « bides » parce qu’elles étaient parfois maladroites, non portées par des personnes homosexuelles, et surtout parce qu’elles ont été avortées aussi bien par l’extérieur que par l’intérieur de l’Église. Il faut donc rendre à César ce qui est à César, et à Dieu ce qui est à Dieu. Certains évêques ont bien joué leur rôle, et ceux qui leur disent qu’ils ont échoué sont souvent les mêmes qui les ont empêché de le jouer.
Néanmoins, si on veut être honnête, force est constater que la très grande majorité des évêques et des cardinaux a manqué de courage pendant les « débats » sur le « mariage pour tous » en France, a craint pour sa réputation, ses biens immobiliers, sa carrière, ne s’est pas prononcée sur l’homosexualité et n’a pas relayé le message ecclésial sur l’homosexualité, a attendu que l’orage passe. Oui. Il faut le reconnaître. Ils ont quasiment tous « merdé ». Tout comme les disciples de Jésus avaient « merdé » avant et après la Résurrection de leur Maître. Quasiment tous se sont lâchement servis de la fracture grandissante entre l’Église et l’État (fossé creusé par la franc-maçonnerie laïciste des Lumières), ou de la séparation artificielle entre le mariage civil et le mariage religieux, ou de la distinction entre le Clergé et les laïcs, ou de l’hypocrite différenciation entre Union Civile et « mariage pour tous », ou de la diabolique confusion entre hétérosexualité et différence des sexes, ou de la très discutable dissociation entre l’Église occidentale et l’Église orientale, pour faire l’autruche et justifier leur censure à propos de l’homosexualité. Par exemple, beaucoup d’évêques africains rejettent le « mariage gay » mais aussi le traitement et la considération de l’homosexualité, au nom du relativisme culturel et de la « perversion occidentale ». Beaucoup d’évêques (Mgr Aupetit, Mgr Di Falco, etc.) soutiennent le soi-disant « moindre mal » que serait l’Union Civile pour éviter le mal qu’est le « mariage pour tous », sans comprendre que ces deux lois sont équivalentes. Je connais même des évêques – Mgr Dagens – qui ont découragé leurs prêtres et leurs religieux à s’opposer au « mariage gay », et interdit d’aller manifester. Et sans doute qu’il y en a carrément qui sont pro-mariage-gay dans le secret (Mgr McElroy, Mgr Vincent Long, etc.) ! S’il y a bien une désagréable réalité d’Église que révèle l’homosexualité et qu’a révélée le phénomène mondial du « mariage gay », c’est l’inertie de l’Épiscopat français (mais aussi mondial). C’est bien triste. Et c’est général.
110 – Doit-on se réjouir de cette lâcheté ?
Oui. Car si les évêques et les cardinaux en viennent à se désintéresser du « mariage gay », à jeter l’éponge et à négliger l’homosexualité/l’hétérosexualité – donc la différence des sexes, le célibat continent, la Présence Eucharistique, qui sont l’essence même de l’Église terrestre -, cela signifie que pour l’Église Universelle, la phase de corruption, de divisions internes, de Mer Rouge qui s’ouvre, de séparation du bon Grain et de l’ivraie, de Passion christique, de persécutions, de souffrances, de pertes des biens matériels et des honneurs terrestres, de dépouillement, d’épuration par le Sang sacré du Christ, est imminente. L’égarement des évêques, des cardinaux, et même l’aveuglement temporaire du Pape François (qui à mon avis est le dernier Pape), me réjouissent puisque même leur lâcheté va contribuer au Salut de l’Église, annonce la proximité de l’assainissement de l’Église toute entière. On n’est pas encore tombés au plus bas, mais on s’en approche. Si les gens d’Église sont capables de lâcher sur la différence des sexes (sous couvert de défendre le mariage et la famille, en plus ! sous couvert de « ne rien lâcher », c’est ça le comble !), cela signifie que l’heure de l’Avènement de Jésus et de la Parousie arrive à grands pas. Enfin, l’Église va devenir ce à quoi sa vocation première l’a toujours appelée : pauvre. La pauvreté de l’Église, qui durera mille ans (c’est-à-dire l’éternité, en langage symbolique) a été annoncée par sainte Bernadette Soubirous, de Lourdes. Vivement que ce temps vienne !
111 – Sur quelles personnalités ecclésiales et médiatiques pouvons-nous compter ?
Sur la question de morale sexuelle, on pourrait croire que ce sont les évêques dont le nom se termine par le son [ε] (exemples : Castet, Aillet, Rey, Brouwet, Germay…) qui ont des couilles et sur qui on peut compter ! Je plaisante. En réalité, je n’ai pas de liste prédéfinie et ce serait absurde de la vouloir dresser. Tout être humain peut passer de lâche à fiable, ou de fiable à lâche. Moi y compris. Et surtout les personnes ecclésiales ! En plus, dans ce combat contre l’hétérosexualité et l’homosexualité, nous avons sans doute des alliés cachés, des priants masqués qui nous portent dans le silence d’un monastère ou au cœur de l’agitation de leur ministère de prêtre, de religieux, d’évêque, de cardinal, de Pape. Encore tout récemment, j’ai découvert un soutien épiscopal que je ne soupçonnais pas : Mgr Ginoux, évêque de Montauban, qui m’a invité lui-même pour une conférence sur la Miséricorde. Donc en matière de foi, il ne faut jurer de rien. Seulement ne point douter que Jésus et Marie seront toujours là !
L’homosexualité est un sujet tellement risqué et impopulaire que, sans avoir la science infuse, j’ai une relative bonne idée des évêques sur lesquels, à mon avis, vous pouvez compter les yeux fermés ! Indéniablement, j’ai bien été soutenu « en off » par quelques-uns (Mgr Sherrer, Mgr de Moulins-Beaufort, Mgr Rey, Mgr de Dinechin, Mgr Batut, Mgr Legrez, Mgr Le Gal, Mgr Chauvet, Mgr Macaire, Mgr Morerod, etc.). Et je les en remercie. Mais la plupart du temps, c’est timidement, accidentellement, secrètement. Certains sont allés acheter eux-mêmes mes livres en librairie. D’autres étaient présents lors de mes conférences, ou m’ont aidé à en faire (ils ont mis leur tampon, quoi…). Mais ils ont veillé à rester discrets, et en dehors de tout battage médiatique et de tout risque de récupération (Avec le grappin de Frigide Barjot qui les menaçait, en plus, ils avaient de quoi avoir peur, ceci dit…). Ils m’ont béni de loin. Ils ont quelquefois pompé ce que j’écrivais, sans m’encourager pour autant.
Seulement un évêque en France (c’est effrayant pour l’Église, rien que d’y penser…) m’a assumé publiquement, a risqué d’apparaître officiellement sur une affiche avec moi, a risqué sa personne et sa réputation pour défendre le message de l’Église sur l’homosexualité : c’est l’évêque de Lourdes-Tarbes, Mgr Brouwet. Un grand monsieur discret, humble, grand priant, à l’écoute, qui ne paye pas de mine mais qui est un grand intuitif et qui œuvre le plus – à l’instar de Mgr Rey – pour la « Nouvelle Évangélisation ». Plus j’apprends à connaître tous les mouvements d’Église et les communautés, notamment les plus courageux et les plus risqués, comme Mère de Miséricorde ou le Cenacolo, plus je découvre que le discret berger qui les a impulsés et guidés, c’est Mgr Brouwet.
En Espagne, idem : il n’y a qu’un seul évêque qui n’a pas peur de l’homosexualité, de l’homophobie, ni de mon témoignage : c’est Mgr Omella-Omella, l’archevêque de Barcelone, en Catalogne (et ancien évêque de la Rioja). Il n’a pas hésité à préfacer mon livre La Homosexualidad en Verdad qui sort en ce moment en Espagne et en Amérique Latine.
Quant à l’Italie, le frère Marie-Olivier (frère français de saint Jean, à Bologne) ainsi que le père Giovanni Ferrara (à Padoue) sont les seuls qui se sont jetés à l’eau avec moi dans les médias. Ils ne sont pas (encore) évêques, mais ils en ont la carrure, en tout cas !
Donc vous voyez, tout cela compose une toute petite moyenne, au regard de l’Épiscopat dans son entier ! C’est à la fois magnifique – car la lueur des petites bougies ressort encore plus dans l’obscurité – et très inquiétant pour le futur proche de l’Église terrestre…
Au niveau cette fois strictement politico-religieux, je n’ai trouvé soutien, réconfort et Vérité que chez Xavier Lemoine.
112 – Comment expliquez-vous que le film « Spotlight » ait été plébiscité par le monde médiatique catholique alors que c’est un film clairement anticlérical ?
Il y a plusieurs raisons, à mon sens. La première, c’est que les journalistes catholiques sont morts de trouille : comme ils se sentent menacés (et il y a de quoi en ce moment), ils pensent qu’il vaut mieux adopter un discours laudatif et faire profil bas sur les vrais problèmes (quitte à les caricaturer et à faire semblant de les regarder en face en répétant des évidences : « La pédophilie, c’est maaaaal. Nous sommes du côté des victimes ») plutôt que de les affronter. En plus, personne ne les suspectera d’hurler/de s’extasier avec les loups. Plus suspect en revanche est le critique qui prendra le risque de la nuance, le risque de remettre en cause les bonnes intentions d’un film, le risque de la Vérité.
Deuxième raison de la torpeur médiatique des médias chrétiens concernant « Spotlight » : l’esprit d’égarement et d’ignorance, envoyé au monde pour les fins dernières par le Seigneur, et que j’appelle le boboïsme. Cet esprit a gagné l’ensemble des journalistes « catholiques », quasiment tous ralliés au « mariage gay » ou au moins à l’Union Civile et à l’« amour homo ». Il y a chez eux un fond (voire un puits) d’anticléricalisme, un secret désir de marginalité et de désobéissance vis-à-vis de l’Église-catholique-Institution. Quand je parle de limite et de paresse intellectuelles, je n’exagère pas. Nos journalistes actuels ne savent plus analyser un film ou une pièce de théâtre : on a pu le constater encore récemment avec le film « Risen » ou bien avec la pièce Les Vœux du Cœur. Ils ne savent plus dire ce qu’ils voient et lui donner du sens. Ils en restent à leurs petits goûts (« J’ai aimé/pas aimé »), leurs petites sensations (« J’ai pleuré/J’ai ri »), au qu’en dira-t-on, aux intentions prêtées à l’œuvre, au thème de l’œuvre, à son apparence extérieure, à la surface. Ils parlent de tout sauf du film en lui-même ni du sens de ce qui est montré : l’inverse de la démarche jésuite qui se pose quant à elle la question basique du « De quoi on parle ? Et comment ? Et au service de quelle morale ? ».
Troisième raison : Les médias catholiques et les porte-parole du catholicisme médiatique (en particulier les prêtres trentenaires) se sont tus par rapport à l’anticléricalisme de « Spotlight » pour faire cool et à la page (ça fait toujours bien d’applaudir l’Oscar du meilleur film à Hollywood et plus généralement ce qui fait la Une des journaux), pour gagner de l’argent et du pouvoir, pour atteindre un poste ou garder leur place dans les hautes sphères des mass medias réputées inaccessibles aux catholiques. Ils s’abaissent à la mondanité voire même certains sont prêts à être violents. Je me rappelle par exemple du passage très remarqué de l’abbé Pierre-Hervé Grosjean sur Canal +, qui a été salué par l’ensemble des catholiques, alors que ce dernier s’est évertué à battre sa coulpe de « catholique honteux de l’être » (… sur la poitrine de ses collègues prêtres pédophiles) et à tenir un message pas du tout évangélique : Jésus n’est jamais venu en priorité pour les victimes. Il est surtout venu pour leurs persécuteurs.
Quatrième raison (sans doute la plus inquiétante) : les médias catholiques n’ont pas critiqué « Spotlight » parce que l’Église n’a plus en ce moment d’appareil critique et est de moins en moins aimée par ses « fidèles ». En effet, le véritable drame que dévoile à son insu ce film idéologiquement oscarisé, ce n’est pas le déni ecclésial des viols pédophiles : c’est que l’Église catholique n’a quasiment plus d’appareil critique ni de garde-fous sacerdotaux, intellectuels et journalistiques pour La défendre. Les catholiques n’ont plus besoin qu’on les attaque : pour devancer les coups, beaucoup sont prêts à s’autoflageller eux-mêmes, et surtout s’unissent à la foule athée pour cracher sur leurs frères catholiques pécheurs. Zéro Miséricorde. C’est un terrible contre-témoignage.
Enfin, cinquième raison du silence radio des médias chrétiens par rapport à la pédophilie et au film « Spotlight » : ils cautionnent secrètement l’« amour homosexuel », couvrent les divorces et la pratique homosexuelle, croient de moins en moins en la Présence Réelle de Jésus-Eucharistie et au célibat continent, et n’aiment pas vraiment l’Église-Institution.
Bref. L’Affaire « Spotlight » a dévoilé à son insu l’avancée spectaculaire de la Grande Apostasie à l’intérieur de l’Église.
113 – L’Église est-elle proche du milieu LGBT (Lesbien Gay Bi Trans) ?
Bien sûr. Beaucoup de prêtres, de cardinaux, de fidèles catholiques, de journalistes, défendent la pratique amoureuse de leurs amis homos. Et une minorité d’entre eux est dans une pratique soit homosexuelle, soit pédophile, soit les deux ! Leur tiédeur ou leur défiance, voire leur haine à mon encontre, en témoignent. Et les quelques prélats qui ne sont pas complaisants vis-à-vis de l’homosexualité, rejoignent bien plus qu’ils ne le croient le milieu LGBT en le tenant à distance : la rupture ou le rejet viscéral sont des mécanismes de fusion et de mimétisme à l’objet rejeté qui s’ignorent.
La proximité ecclésiale avec le « milieu pro-gay » est d’autant plus dangereuse pour l’Église qu’elle est ignorée ET des cathos ET des mass medias, même si les mass medias l’attendent comme le Messie pour couler définitivement l’Église, alors que l’ensemble des catholiques préfère encore rester dans le déni paranoïaque et victimisant plutôt que de prendre le taureau par les cornes (« Si on nous attaque, c’est que forcément c’est faux et c’est un complot contre nous ! Donc on va nier en bloc tout ce qui a trait au sujet ! »). Si les affaires d’accusation de pédophilie dans l’Église sont déjà impressionnantes, elles ne sont rien à côté des affaires d’homosexualité qui arrivent au grand galop et qui s’habillent de pédophilie afin de mieux neutraliser toute résistance cléricale. Pour la bonne et simple raison que les deux thématiques sont parfois entremêlées dans les faits, et surtout que les prêtres homosexuels pratiquant leur homosexualité ou l’ayant pratiquée sont bien plus nombreux que ceux qui ont pratiqué la pédophilie. L’aversion envers la pédophilie est unanime, y compris chez ceux qui la commettent ; alors que socialement, l’homosexualité, impliquant deux adultes « consentants », passe moins pour une violation… donc est beaucoup plus facilement tolérée : un plus grand nombre de prêtres catholiques s’y autorise.
L’autre raison pour laquelle la proximité entre homosexualité et milieu LGBT ne risque pas d’être identifiée par les cathos et par la plupart de leurs religieux, c’est qu’il est extrêmement facile d’exercer un chantage sur un prêtre ayant pratiqué l’homosexualité : les amants, même occasionnels, et dont le nombre peut être grossi, connaissent leur pouvoir de briser une carrière et une réputation ; et les journalistes prêts à offrir leur micro aux dénonciateurs, aussi ! De l’homosexualité on n’en parle pas (même au Vatican), on ne sait pas trop argumenter pourquoi on est contre (même quand on ne la pratique pas et qu’on ne la ressent pas). Donc c’est une aubaine pour les accusateurs ! Dans ce silence ecclésial sur les affaires de mœurs homosexuelles impliquant le Clergé, la chronologie et le statut religieux comptent énormément. En effet, si de l’homosexualité on n’en a pas traitée avant le sacerdoce (d’autant plus quand le prêtre se trouve être de tendance homosexuelle et qu’il y a eu quelques passages à l’acte de sa part !), ça devient extrêmement délicat, compromettant, risqué, scandaleux, d’en traiter après. Et si en plus l’homosexualité a été abordée publiquement par le prêtre qui est ensuite poursuivi pour des actes concrets qui contredisent les propos tenus, là le succès du chantage au silence est scellé pour de bon. Je reconnais en tant que laïc consacré que le fait de prendre la parole sur l’homosexualité avant le sacerdoce, ou bien après avoir commis des actes homosexuels et s’être ensuite tenu concrètement à y renoncer, est un luxe autant qu’une garantie d’être inattaquable. Par exemple, dans mon cas, mes amants sont derrière moi et le sacerdoce devant moi, donc je n’ai plus rien à craindre. Dans le cas contraire où les amants homos se trouvent devant et le sacerdoce derrière, le chantage amical, la fonction ecclésiastique, et encore plus la pratique homosexuelle clandestine, sont quasiment sûrs d’agir comme des verrous redoutables : l’homosexualité et le « milieu homosexuel » n’ont plus qu’à ronger lentement et sûrement leur victime ecclésiale enferrée en partie par elle-même, sans être trop inquiétés. C’est ce qui se passe à l’heure actuelle.
114 – Ne croyez-vous pas, face aux attaques infligées en ce moment à l’Église, qu’on est plutôt face à une idéologie beaucoup plus vaste visant à détruire toutes les limites (pourquoi faire une fixette sur l’homosexualité ?) ?
Ça ne veut rien dire, votre question. Ce qui m’importe, c’est le nom de cette idéologie et la manière dont elle fonctionne. Et cette idéologie, que vous diabolisez en vous crispant/hystérisant/victimisant sur des mots-slogans menaçants (« lobby LGBT », « Gender », « totalitarisme idéologique », « PMA », « GPA », « abrogation », « transhumanisme », etc.), et que vous couvrez derrière des concepts crypto-cathos gélatineux rassurants (« l’Humain », « la Vie », « la Famille », « l’Enfant », « la Miséricorde », « les valeurs », « l’Espérance », « l’écologie intégrale », « les limites », etc.), n’est en réalité que l’hétérosexualité : cette différence des sexes forcée, bisexualisée et niée.
115 – Pourquoi beaucoup de prêtres sont gays friendly ?
Ils deviennent gays friendly par peur (de passer pour homophobes et d’être impopulaires auprès de leurs paroissiens et aux yeux du monde), par ignorance et paresse intellectuelle (ils pensent par exemple que l’homosexualité est un sujet secondaire par rapport aux autres problèmes sociaux), par incrédulité (il y a des prêtres qui ne veulent pas croire au mal ni à son existence ni en la Présence Réelle de Jésus dans l’Eucharistie), et plus dramatiquement par pratique homosexuelle ou soutien de celle-ci à travers une confusion récurrente entre sexualité et génitalité, ou bien entre différence des sexes et génitalité. En clair, ils croient en « l’amour homo » parce que soit ils le pratiquent en cachette ou soutiennent des amis homos en « couple », soit ils sont (dans leur corps ou dans leur cœur) adultères avec une femme/des femmes et avec l’esprit du monde. Car en général, ceux qui méprisent le mariage traditionnel et le sacerdoce deviennent gays friendly pour maquiller/justifier leur rébellion.
Et dans ces cas-là, ces prêtres gays friendly désobéissants, tantôt trop tradis et rigides pour être honnêtes, tantôt trop laxistes ou dans l’entre-deux pour être vrais, se rachètent à travers l’homosexualité une sainteté (charité) à peu de frais, une coolitude bobo, une originalité-marginalité par rapport à l’Église-Institution. Il leur arrive de rivaliser de mauvaise foi, par exemple en défendant l’Union Civile tout en condamnant la GPA (alors que ces lois sont Une), en distinguant excessivement « actes homos » (qu’ils condamnent parce que leur Église le leur demande et qu’ils sont bien obligés de s’y plier « par obéissance »… et surtout pour leur réputation sacerdotale) et « couples homos » (qui seraient beaucoup moins graves, voire acceptables), en organisant des bénédictions privées des quelques « couples » homos de leur paroisse (ils font ce genre de syllogismes à deux balles : « Puisque Dieu bénit tout amour humain, et que moi j’ai le devoir en tant que prêtre d’être le signe concret de cet Amour, je serai le Christ des périphéries, quitte à sortir un peu des clous. Saints écarts du disciple authentique… » ; « Dieu est incarné. Je dois respecter toutes Ses incarnations, même celles qui heurtent ma conscience de prêtre dépassé par la modernité ou bien la bonne conscience de mon Église homophobe. Il n’est pas bon que l’Homme soit seul. »).
En lisant ces lignes, beaucoup de prêtres actuels ne se sentiront pas visés par mes propos, car cela les arrange de mettre le laxisme sacerdotal sur le dos des prêtres soixante-huitards ou gauchistes ou ouvriers qui parfois se sont prononcés ouvertement en faveur de l’homosexualité (je pense à l’Abbé Pierre, au père Guy Gilbert, etc.). Mais combien de prêtres d’aujourd’hui, qui sans être gauchistes ni prêtres ouvriers sont modérés ou tradis ou bobos ou anars d’extrême droite, désavouent tout autant le message entier et exigeant de l’Église sur l’homosexualité et ne le relaient pas ! Je pense par exemple à certains frères dominicains et autre prêtres diocésains qui racontent n’importe quoi sur l’homosexualité (le père Laurent Lemoine, le père Joël Pralong, le père Frédéric Pelletier, Mgr Jean-François Lantheaume) pour mieux simuler qu’ils la justifient, ou bien à des évêques qui défendent le PaCS et l’hétérosexualité, ou encore à Famille Chrétienne qui cautionne l’Union Civile et La Manif Pour Tous. Il n’y a qu’à voir comment ces prêtres soi-disant stricts, érudits et pondérés me traitent, alors même qu’ils n’ont rien à me reprocher, ni sur le fond ni sur la forme, et comment ils utilisent en égoïstes mon témoignage.
Ce désamour ambigu (car il est mâtiné d’admiration et de jalousie), je le vis régulièrement. Par exemple, quand je suis de passage dans les églises de la capitale comme de la province, je découvre très souvent à mon insu qu’une grande majorité de prêtres et d’évêques actuels réagissent à mon nom, reconnaissent mon visage même de loin et voient parfaitement qui je suis (alors que de mon côté, je ne les connaissais ni d’Ève ni d’Adam). Ils m’identifient presque tous… alors que leurs paroissiens, très rarement. Ils sont la plupart du temps obligés de me présenter à leurs fidèles, quand ils ne peuvent pas faire autrement (et parce qu’ils ne l’ont pas fait avant ni depuis 4 ans qu’ils me lisent) ! Tout simplement parce qu’ils ne m’ont jamais fait connaître et qu’ils ont honte de moi. Ils ont gardé pour eux mon existence et mes écrits. Comme un père volage ou un curé défroqué a honte de son fils « illégitime », planque son « petit bâtard » en public, ou bien est tellement fier/jaloux de lui qu’il le conserve sous son manteau pour l’étouffer. Concernant les commandements de l’Église sur l’homosexualité, ils obéissent par devoir et à contre cœur mais pas avec leur cœur entier, justement. Souffrance pour mon Église. Car si moi, pauvre pécheur, je suis rejeté, combien plus le sont mes frères homosexuels et l’est le Christ !
116 – Que penser des écrits du père Tony Anatrella ?
Concernant strictement sa production orale et littéraire, je la suis depuis les années 2000. J’ai lu plusieurs de ses écrits sur l’homosexualité. J’ai trouvé le Règne de Narcisse particulièrement juste d’un point de vue technique, même si ses constats sont cliniques et froids (le père Anatrella ne parle jamais des personnes homosexuelles, et son empathie à notre égard est quasi nulle), tendent à mépriser l’homosexualité, à la montrer à la fois comme un non-sujet et une perversion narcissique. Il n’y a pas d’amour ni de porte de sortie proposée aux personnes. C’est du diagnostique « pur ». Et à mon avis, cette froideur vient exclusivement du fait qu’il confonde la différence des sexes avec l’hétérosexualité (Étonnant mais vrai : Anatrella ne parle pas mieux de l’amour entre l’homme et la femme !). De plus, ses propos non seulement ont tendance à tourner en rond (la théorie oedipienne et narcissique, comme son nom l’indique, ça fonctionne en vase clos ou façon tourbillon…) et sont trop distancés (pour l’homosexualité de l’intérieur, la culture homosexuelle, la prise en compte des intentions et de la fantasmagorie homosexuelles, l’intérêt pour le milieu homosexuel, il faudra repasser…), mais en plus, ils sont depuis les années 1970 l’archétype du discours anti-Gender terroriste et simpliste qui alimente l’indignation et la démobilisation des catholiques soucieux d’avoir un argumentaire tout-cuit d’opposition à l’homosexualité. Le père Anatrella n’invite pas à montrer l’homosexualité sous un beau jour, et encore moins dans une perspective de sainteté et de joie. Tout en s’en faisant spécialiste, il tend à enterrer l’homosexualité comme un « non-sujet » et comme un danger – un ruisseau narcissique justement – duquel il vaudrait mieux s’éloigner. Le moins que l’on puisse dire, c’est qu’on ne sourit pas beaucoup en l’entendant/en le lisant. Et ça, ce n’est pas l’effet habituel que laissent les prises de parole du Christ.
D’un point de vue strictement personnel maintenant, je ne peux pas en dire grand-chose vu que nous n’avons jamais cherché à entrer en contact et que nous n’avons jamais eu l’opportunité de nous retrouver programmés à la même table ronde. J’ai failli le rencontrer à une conférence à l’église saint Nicolas des Champs (Paris), mais j’ai eu un empêchement de dernière minute. On m’a dit qu’il était resté le nez sur sa feuille, dans une neutralité qui lui est coutumière, et qu’il était très peu ouvert à la discussion ou à l’interruption. Par ailleurs, j’ai rencontré des gars qui ont été suivis en thérapie individuelle par lui, ainsi que des prêtres qui étaient ses camarades au séminaire. Concernant l’avis de tempête judiciaire qui souffle sur lui en ce moment, avant d’hurler à la calomnie ou au complot Golias ou au mensonge, avant de regarder par qui est colportée telle ou telle info, je m’intéresse aux faits. Quand je ne sais pas, je me tais et ne défends personne. Je devine juste que, lorsque quelqu’un confond différence des sexes et hétérosexualité, ou qu’il ne me contacte pas sur le sujet homosexualité-Église (alors qu’il me connaît très bien), ça pue dans un coin de la baraque… Et surtout, cette affaire ne fait qu’illustrer ce que je prédis depuis un moment : que l’homosexualité s’inviterait très vite au bal médiatique anticlérical, au concert des tribulations christianophobes, et que la pédophilie n’était que leur gentil apéritif… (cf. la question n°131).
117 – Il semblerait que les seuls qui adoptent un discours clair et sans concession sur l’homosexualité, ce soient le Cardinal Sarah ou Mgr Léonard, non ?
Je ne crois pas. L’un comme l’autre ont décrété que, comme l’hétérosexualité et l’homosexualité étaient des mots piégés de la novlangue libertaire, ils étaient des sujets occidentaux et modernistes à éviter. Même la sexologue Thérèse Hargot, qui a compris qu’il y avait un problème et une idéologie derrière le terme « hétérosexualité », se sert de sa juste intuition pour ensuite ne pas expliquer comment fonctionne l’hétérosexualité et pour en faire un « non-sujet ». Idem à propos de l’homosexualité. C’est tellement dommage. Si on ne nomme pas le mal, comment pourrons-nous en déjouer les mécanismes et les effets ?
118 – Les prêtres comprennent-ils l’homosexualité ?
Intellectuellement, ils la comprennent certainement un peu mieux que les autres. C’est au niveau du cœur, de la compréhension de son universalité et de son importance dans le combat spirituel final, que la plupart loupent le coche.
En général, ils connaissent l’homosexualité scolairement (c’est-à-dire la nomenclature sociologique) mais l’identifient à un épiphénomène social agaçant et sans grand intérêt, ou au contraire à un phénomène médiatique diffus, cauchemardesque, dangereux et excessivement surévalué à échelle sociale en comparaison avec d’autres problèmes plus urgents qu’elle. Pour ces clercs soi-disant « modérés », qui composent au fond le gros des troupes cléricales (quoi qu’on en dise, plus rares sont en revanche les prêtres gays friendly favorables à ce que l’Église change de position sur l’homosexualité), l’homosexualité est un faux « gros problème », une impasse discursive dans laquelle il serait vain de s’aventurer, une des nombreuses légendes urbaines entérinées par la novlangue et le modernisme, mais qui nous éloignerait de l’essentiel : la lutte contre le mal, la défense de la sexualité et de l’Homme, la Théologie du Corps de Jean-Paul II, la Révélation, la victoire du Christ, Sa Résurrection, etc. Leur spiritualisation et théorisation des faits sociaux dénotent de leur profonde absence de vision, de recul, sur cette Incarnation dont ils font tant cas. Ils dévaluent l’homosexualité (le mot ainsi que l’idée). Ils n’ont pas encore réalisé sa place sur l’échiquier socio-politico-médiatique, sa place dans l’affectivité et le système de croyances de Monsieur Tout-le-Monde. « Il n’y a pas que l’homosexualité dans la vie ! » grommellent-ils. Dans l’ordre de leurs priorités, elle est la cadette. Ils en minorent et en méprisent la primauté contextuelle et émotionnelle sous prétexte que l’homosexualité n’est pas première dans l’ordre de la Vérité temporelle et éternelle, de la morale. Ils croient même qu’elle est un non-sujet et qu’en faire un objet de premier plan va créer des polémiques impossibles à gérer. « L’homosexualité, on lui donne trop d’importance. L’Église n’a même pas à en dire quoi que ce soit ! » En réalité, ils vivent dans leur bulle (… papale !)
La grosse erreur que la grande majorité des prêtres actuels commettent, c’est de ne pas prendre conscience que pour les puissants de ce monde, en quelques décennies, non seulement l’homosexualité n’est pas la cadette mais la fille aînée vitrine sur qui ils sont prêts à miser très gros. C’est Salomé Nouvelle Génération. Sur le podium des présidentielles des États-Unis, par exemple, la « cause hétérosexuelle » occupe la première place (aux côtés des numéros 2 et 3, la Femme et le Noir). Il y a chez nos prêtres un énorme problème d’adaptabilité et d’incapacité à s’inculturer à notre époque, bref, un problème d’Incarnation. Derrière cette frilosité savamment camouflée pour l’intellectualisme ou la starification, j’identifie aussi une véritable peur, une démission de leur rôle pastoral de verbalisation du mal, de dénonciation du péché, d’avertissement contre Satan, de positionnement courageux en faveur de la Vérité. Ça veut dire qu’après avoir déclaré « On ne juge pas les personnes et on accueille les personnes homosexuelles », il n’y a pas chez eux le « Va et ne pèche plus » christique qui suit, ni l’annonce de la Bonne Nouvelle. Par peur de défendre leur célibat continent, et donc le Christ. Ce fut manifeste, par exemple, au Synode sur la Famille en 2015.
Le vrai problème est le refus de nommer le mal et de le considérer comme existant. Beaucoup de prêtres et de catholiques sont entraînés dans cette ultime ruse de Satan : l’éradication du mal par la non-verbalisation de celui-ci, par le positive, charitable et spiritual wording. À entendre nos clergymen, la sexualité est totalement innocentée, ou déconnectée du péché et de la damnation, ou serait à l’abri du mal simplement du fait qu’elle est associée dans le meilleur des cas à l’« Amour », à la « Vie », au « plaisir » et à « Dieu ». Alors qu’on sait pertinemment que parfois, selon la forme choisie pour sa pratique, la sexualité est le lieu et le refuge privilégié de Satan, du péché, et notamment du péché mortel ! Ils n’ont toujours pas compris que l’homosexualité était le terrain de jeu et l’alibi principal de toute dictature humaine, du transhumanisme et même du terrorisme.

L’exemple le plus parlant de lapalissade (affirmation ou réflexion niaise par laquelle on exprime une évidence ou une banalité ; ce que j’appelle les « vérités d’horoscope » c’est-à-dire ni fausses ni utiles) cléricale, même si cette fois-ci je m’appuierai sur un laïc catholique (très influent auprès des prêtres, cela dit), c’est le discours langue de bois de Tugdual Derville. Lorsque ce dernier a eu vent de l’homosexualité du tueur au camion de Nice, au lieu de nommer tout simplement le mal et de prononcer courageusement le mot fatidique « homosexuel », il a noyé le poisson sur Twitter dans une esbroufe bellamyenne, koztoujourienne, écologico-humaniste, veilleurs-bobos-no-limit, Doctrine Sociale de l’Église, psychologisante. Et toujours avec le jargon pudibond et philanthropique qui fait bien (« les racines », « la transmission », « la vulnérabilité », « l’altruisme », « la dignité et la sacralité de la personne », « les dangers du virtuel », « l’inculture », « la bienveillance », etc.), qui nomme sans nommer, qui fait que le catho bien élevé va la plébisciter sans trop savoir pourquoi. Lisez plutôt : « #MeurtrierdeNice : Déracinement, Abus des réseaux sociaux et d’Internet, Sexualité no-limit, Contradictions internes, Haine de soi et d’autrui. ». Quel guerrier ! La centralité de l’homosexualité est magiquement occultée par les modalités ou les conséquences annexes de l’homosexualité, par ses symptômes et traductions philosophiques/sociologiques, par une phraséologie crypto-catho qui n’affronte pas les problèmes : car bien sûr, la « sexualité no-limit » dont il est question (et qui s’appelle en fait l’hétérosexualité !), l’« abus des réseaux sociaux et d’internet et les contradictions internes » (qui s’appellent en fait l’homosexualité !) et la « haine de soi et d’autrui » (qui s’appelle en fait l’homophobie !) ne sont pas nommées. Il vaut mieux diluer tout ça dans la métaphore, dans le concept christiano-sociologique qui s’évanouit dans l’Humanisme intégral, fondement même du transhumanisme tant décrié par le fondateur d’Écologie Humaine !
Et quand il s’affaire ENFIN à nommer le mal, Tugdual Derville utilise des périphrases inquiétantes mais toujours aussi floues, telles que « idéologie », « totalitarisme », « pensée unique », « culture de mort », « transhumanisme », « système libertaire », etc., qui à nouveau sont des truismes pour ne pas nommer le mal ou les réalités qu’il recouvre ou ses traductions dans la tête et le cœur de nos contemporains : « Le transhumanisme nous entraîne dans un scénario totalitaire. » déclare un peu plus tard le conférencier agréé… On fait quoi ? On s’arrache les cheveux face à ceux qui se les coupent en quatre, ou bien ?
Comme vous pouvez le constater, il est malheureusement tout à fait possible et aisé d’énoncer des petites vérités, des petites évidences, pour cacher les grandes et même donner l’illusion qu’on traite des grandes. L’entourloupe est effrayante. Surtout par les temps qui courent, où l’urgence d’annoncer la Vérité est immense et où la révolte populaire gronde. Notre monde a soif de prophètes, de gens qui disent la Vérité, qui nomment le Bien comme le mal parce qu’ils obéissent au code moral et aux commandements d’Amour incarné que Jésus et leurs pasteurs leur ont transmis. Je reprendrais volontiers les mots de Mgr David Macaire adressés aux jeunes des Journées Mondiales de la Jeunesse à Cracovie en juillet 2016 : « Aux urgences, on ne peut pas donner d’homéopathie ! » Il y a un contexte humain dans lequel on s’inscrit. On ne peut pas, par prudence évangélique et obéissance scolaire au magistère de l’Église catholique, par purisme de la bienveillance et de la stratégie unitaire, toujours rester dans le même registre discursif et argumentatif, surtout quand autour de nous, nos contemporains parlent une autre langue et qu’ils commencent à s’exciter de nous voir gloser sur des concepts philosophiques et humanistes éloignés de leur vocabulaire sur-érotisé et sur-virtualisé. Jésus n’est pas venu pour les gens qui pouvaient le comprendre : « Je n’ai été envoyé qu’aux brebis perdues de la maison d’Israël. » (Mt 15, 21-28)
À l’inverse, si aux urgences du Grand Hôpital (que sont l’Église et le monde) les médicaments homéopathiques n’ont pas vraiment leur place, les prêtres doivent aussi veiller à la Charité, et à ne pas injecter, sous prétexte d’action et d’urgence, des doses trop fortes de Vérité et d’actions. Car en ce moment, ces mêmes prêtres tradis « pondérés », pour faire contrepoids à leur propre léthargie et pour se démarquer de leurs collègues tradi mous (élevés à la « com’ Pierre-Hervé Grosjean ») ainsi que des curés progressistes relativistes gays friendly (espèce rare, je le disais), finissent par jouer les durs et par se radicaliser dans le sédévacantisme, la musulmansphobie, l’homophobie primaire. Quand dans leur discours sur l’homosexualité il y a le « Va et ne pèche plus », il est souvent mis avant le « Je t’aime »… les rares fois où ce dernier est énoncé. Ils sont tellement obsédés par l’idée de prouver que la Charité sans Vérité est un manque de Charité, qu’ils en finissent par énoncer (à tort) que la Charité serait soumission.
Il faut dire qu’en ce moment, nos prêtres, en particulier les plus à droite et les plus conservateurs, ne sont pas aidés par la fachosphère « catholique » actuelle à reconnaître la réelle influence de l’homosexualité dans les mentalités. Contrairement aux prêtres tradis modérés qui banalisent cette imprégnation sociale pro-gays par le relativisme ou la langue de bois, eux sont tentés de la banaliser par leur mépris agressif des militants LGBT qui verraient de l’homosexualité et de l’homophobie partout… même dans le discours d’un Mgr André Vingt-Trois (je parle au conditionnel, car il se trouve que l’homophobie y était bien présente : pas dans le sens d’« attaque à l’encontre des personnes homosexuelles », mais dans le sens premier du terme homophobie : « peur de nommer l’homosexualité et d’annoncer la Vérité sur celle-ci »).
Parce qu’ils n’assument pas de penser ce qu’ils pensent, parce qu’ils ne nomment pas le mal et pèchent par omission et par peur, ou qu’ils le nomment ailleurs que là où il est (a fortiori de manière excessive et non-aimante), nos prêtres, toutes sensibilités confondues, s’attirent de plus en plus les railleries, les pressions et les attaques. L’intelligentsia gay friendly n’est pas dupe de leurs stratégies de dénoncer les choses à moitié, de manière indirecte et pas assumée (ou au contraire trop assumée), comme ce fut le cas justement pour l’homélie de Mgr Vingt-Trois ou encore pour les sorties du Cardinal Barbarin contre le « mariage homo ». Ces esquives de contorsionnistes en col romain ne font qu’empirer leur cas à tous !
119 – Les prêtres catholiques sont-ils assez formés sur la question ?
La plupart croient qu’ils le sont tous. Ils sont super sûrs de leurs billes et pensent qu’ils n’ont besoin de personne pour être experts en sexualité. Ni des personnes homosexuelles, ni même (dans le cas de ceux qui sont en grand danger de damnation éternelle) du Christ ! Par exemple, il m’est arrivé d’être reçu dans des séminaires par des directeurs très bavards, qui étalent leur confiture de savoir homo-érotique sur leurs grandes tartines (pour ne pas avoir plus tard à se donner la peine de me reconvoquer pour une éventuelle conférence), qui croient savoir tout sur l’homosexualité parce qu’ils ont lu Julien Green et Marcel Proust ou qu’ils accompagnent deux-trois paroissiens homos (« Ouais, j’connais super bien l’Italie : j’aime beaucoup les pizzas et j’ai même des amis italiens ! »). En réalité, ces clercs carriéristes considèrent l’homosexualité comme un pis-aller, un cliché littéraire exotique ou un concept sociopolitique dérisoire et flou. Une lubie sociétale passagère ! Et quand ils me croisent accidentellement ou qu’un de leurs collègues insiste pour organiser notre rencontre, ils ne se rendent absolument pas compte qu’il n’ont pas juste affaire à un gars qui se dit « catho et homo » (un de plus !…), ni à la pauvre starlette catho du moment, certes portée aux nues par d’honnêtes paroissiennes de bonne volonté, mais qui passera du vedettariat à l’anonymat en moins de temps qu’il ne faut pour le dire : ils rencontrent surtout un théoricien de l’homosexualité malgré lui et un traducteur hors pair, foncièrement désintéressé par la médiatisation en elle-même !
Pour beaucoup de prêtres, l’homosexualité – en tant que réalité et en tant que débat discursif – n’est qu’une composante parmi d’autres de l’arsenal de ce qu’ils appellent caricaturalement « la dictature de la pensée unique », « la culture dominante de la déconstruction et de l’indifférenciation » (le « Gender » pour les plus geeks d’entre eux), « le modernisme et le progressisme mondialistes », « le boboïsme gauchiste déraciné ». Bref, elle ne serait qu’un concept secondaire perdu dans le grand concept du mal moderne.
La dimension sociale, politique et ecclésiale de l’homosexualité, ils s’en contrefichent. L’enjeu de sainteté de la continence, la menace que constitue l’idéologie du Genre pour l’Église, ils ne la mesurent pas. On leur a parfois offert un de mes livres (ils m’avouent en riant qu’ils ne l’ont même pas ouvert), fascicule qu’ils voient comme un gentil témoignage, et non comme l’analyse qu’il est, et qui dit plein de choses nouvelles sur l’homosexualité, l’hétérosexualité et l’homophobie… tous ces mots de la novlangue qui leur passent par-dessus la tête ! Ils ne perçoivent pas la dimension eschatologique de l’homosexualité, ni la menace qui va bientôt peser sur les prêtres et les catholiques à cause d’elle. Ils ne voient même pas se profiler derrière eux la grande chasse au « catho intégriste » qui s’organise sous couvert de la lutte mondiale contre l’homophobie et les terrorismes.
Ils semblent pour l’instant incapables de réaliser qu’ils se sont perdus eux-mêmes dans l’intellectualisme et la virtualité qu’ils reprochent à leur époque, et que tant qu’ils ne feront pas l’effort de retraduire l’idée de « pensée dominante » qui leur est si chère (parce qu’au fond, elle les domine invisiblement !) par les mots et les faits qui la remplacent dans l’esprit et l’affectivité des gens simples et athées d’aujourd’hui (« tolérance », « amour », et surtout « hétérosexualité », « homosexualité, « homophobie »), ils se draperont dans une couverture opaque qui les aveuglera sur les problèmes et dangers majeurs qui guettent l’Église (la négation du mariage, du célibat des prêtres, du sacerdoce, de la Présence Eucharistique, de l’Église, de Jésus). Ils seront aussi la cible d’attaques pour homophobie ou pour homosexualité latente, qui vont les mettre K.O. en deux temps trois mouvements, ou bien les mettre en porte-à-faux les uns avec les autres ! Le nombre de provocations anticléricales par rapport à l’homosexualité ne cesse de s’accumuler partout dans le monde. Par exemple, le 13 mai 2016, le cardinal espagnol Antonio Cañizares (archevêque de Valence) a été la cible des militants homosexuels parce qu’il a dénoncé le « mariage gay » comme une « législation contraire à la famille », qu’il a mis en garde contre les actions de « l’Empire gay » et a qualifié « l’idéologie du Genre » comme « la plus insidieuse de toute l’histoire de l’Humanité ». La réponse disproportionnée des associations LGBT ne s’est pas fait attendre : il est menacé d’un procès pour « homophobie » et « apologie de la haine ». Idem pour le Pape François, acculé à « signer en bas » de la Charte contre l’homophobie de sa propre Église (cf. ces deux articles 1 et 2 sur les JMJ). En France, l’affaire Barbarin, même si elle a l’air d’être réglée et de rentrer dans l’ordre, n’est pas terminée et nourrit dans la société un sentiment d’injustice, d’impunité des vrais coupables, qui va, à l’avenir, se retourner brutalement contre tous les prêtres. Tout ça parce que nos clercs parlent mal de l’homosexualité, les rares fois où ils se risquent à en parler.
En général, les curés n’ont pas les mots, n’ont pas le langage qu’il faut : ils sont soit trop tièdes et timorés, soit au contraire trop assurés, grandiloquents, théoriques, conceptuels, alarmistes, intellectualistes, manichéens, cassants. Déjà qu’en soi ils ne sont pas armés – du simple fait qu’ils sont prêtres et qu’ils ne sont pas des personnes homosexuelles publiques… Si en plus ils sortent par la petite porte dérobée de leur sacristie et n’affrontent pas les défis de la novlangue des nouvelles sexualités sur laquelle se cristallisent toutes les plus grandes souffrances et les plus grandes violences de notre temps, qu’est-ce que l’Église et les catholiques vont devenir ? Un troupeau sans berger ! De la chair à pâté !
120 – Le dernier Synode sur la Famille a-t-il rempli sa mission ?
Non. Il s’est montré scolaire, redondant en plus d’ambigu et brouillon. Quand on essaie de faire du neuf avec du vieux, on finit toujours par cacher la misère et par mentir à un moment donné sans s’en rendre compte. Concernant précisément l’homosexualité, celle-ci a été renvoyée à l’étude (« On va se pencher sur le dossier, promis ! On a posé les bases et ouvert des perspectives ! ») et à la pastorale (« On réfléchit à l’accompagnement qu’on va vous proposer, même si on n’a clairement pas d’idées tellement plus nouvelles que ce qui existe déjà avec Courage International… donc nous vous encourageons à poursuivre avec vos associations et nous suivrons de loin. »). Le paradoxe du discours synodal sur l’homosexualité, c’est que les prélats du Vatican se sont davantage souciés de leur accompagnement à notre égard que de nous, en tant que personnes ! D’ailleurs, nous n’avons pas même pas eu la parole (à part pour nous faire dire que nous existions et qu’en tant qu’« homos », « nous aimions notre Église et nous étions contre le mariage gay », dans des vidéos qui puent l’idéologie bobo catho de l’Humanisme intégral). Quelques cardinaux ont parlé à notre place. C’est bien tout. Aux rares conférences pré-synodales sur l’homosexualité, j’ai même été écarté par mes amis de Courage qui s’y sont rendus sans me tenir au courant, et surtout qui n’y ont absolument rien dit, rien apporté. L’hétérosexualité et la continence ont été mises à l’index, comme des « non-sujets ».
Le cardinal guinéen Robert Sarah, entre autres, a carrément flingué le débat sur l’homosexualité. Avec son discours humaniste soi-disant « sans concession » et « biblique », qui recrachait les poncifs intellectuels qui eussent été à la mode dans les années 1990, il a enterré le sujet et a fait beaucoup plus de mal qu’il ne l’imagine. Au nom d’un « dogmatisme de la fidélité à la Vérité biblique », au nom d’un traditionalisme familialiste bon ton, et au nom d’une haine courtoise de l’Occident – qu’il appelle « sécularisation », « libéralisme », « perte des valeurs », « relativisme », « idéologie » – que personne n’a remise en cause, il a transformé l’homosexualité en virtualité, en caprice occidental, en mirage de la post-modernité à éluder. « Dieu s’est prononcé de manière claire sur l’homosexualité. […] Si un prélat se met contre la Révélation, c’est son affaire, mais nous continuerons à affirmer ce que Dieu entend de l’homosexualité. Cela ne veut pas dire qu’il ne faut pas accompagner pastoralement ces personnes. » À cause de cette censure homophobe qui présente bien, nous en sommes au point mort, et le Pape n’a pas pu faire correctement son travail d’annonce de la Bonne Nouvelle à destination des personnes homosexuelles, Bonne Nouvelle qui va bien au-delà de la simple énonciation polie d’un « Nous sommes là. Nous vous accompagnons. Nous vous écoutons. Merci de votre visite. Au revoir. Et à très bientôt. » La démagogie et l’auto-culpabilité masochiste de la part des cardinaux du Nord n’ayant pas aidé, on n’a pas avancé d’un iota sur un dossier pourtant urgent et faussement anecdotique.
121 – Pourquoi est-ce grave que l’Église d’en haut ne défende pas le célibat continent ?
En soi, si l’esquive synodale sur l’homosexualité n’était qu’une banale question d’orgueil personnel, si l’homosexualité se trouvait en bas de la pile des dossiers à traiter comparé à l’Essentiel de la Révélation, je m’en moquerais. Mais ce sont les retombées concrètes et profondes sur la compréhension contemporaine et universelle de la sexualité d’une part, ainsi que sur les dogmes et la nature même du Corps ecclésial d’autre part, qui me préoccupent et me poussent à insister lourdement sur une reconsidération sérieuse de l’enjeu universel et ecclésial entourant l’homosexualité. Car celle-ci est un symptôme fort d’apostasie ; et si elle n’est pas traitée, un accélérateur puissant de cette même apostasie, à l’extérieur comme à l’intérieur de l’Institution vaticane. En effet, je crois que le véritable drame discret qui s’est produit pendant le Synode, c’est que ceux qui étaient censés défendre le célibat continent (parce qu’ils le vivent, logiquement, en étant cardinaux, évêques, Pape) et le proposer à ceux dont la condition le demande (les personnes durablement homosexuelles et les divorcés remariés), n’ont pas été capables de le faire. Je précise que le célibat continent est la chair même de l’Église, en plus de l’Eucharistie et de la Bible. Sans lui, pas de communautés religieuses ! Pas de prêtres ! Aussi étonnant que cela puisse paraître, c’est à travers l’impasse synodale sur l’homosexualité continente que, pour le coup, il était possible d’entrevoir à quel point dans l’Église, et au sein même du Clergé catholique, on ne croit plus beaucoup ni au bonheur dans le célibat consacré, ni à la Présence réelle de Jésus dans le Pain Eucharistique (= la Transsubtantiation). C’est fou que l’homosexualité révèle cela. Mais c’est pourtant ce qui se passe. Donc si je suis très inquiet de la mise au placard de l’homosexualité, c’est avant tout pour l’Eucharistie, pour l’Église, pour les prêtres !
122 – Qu’avancent les cardinaux pour dire que le discours ecclésial sur l’homosexualité apporterait plus de confusion que de bienfaits ?
Ils avancent, dans un fondamentalisme de la prudence et de la « Vérité » positive, que l’homosexualité, et le mal en général, ne doivent pas faire l’objet de plus d’attention que le Bien à défendre. On l’a bien vu avec les encycliques Amoris Laetitia ou encore Laudato Si. En général, ils se crispent sur l’idée que seule une Vérité nue, intangible et idéale (autrement dit une parodie de la vraie Vérité et de la vraie Charité, étant donné que la Vérité-Charité est un glaive, est la Croix, c’est-à-dire une personne qui présente mal et prend l’apparence du mensonge : « Ne croyez pas que je sois venu apporter la paix sur la terre : je ne suis pas venu apporter la paix, mais le glaive. Car je suis venu mettre la division entre l’homme et son père, entre la fille et sa mère, entre la belle-fille et sa belle-mère; et l’homme aura pour ennemis les gens de sa maison. » Mat 10, 34-39) peut triompher du mal.
Concernant l’homosexualité, beaucoup de prêtres et de cardinaux pèchent par ignorance, par peur, par indifférence au mal, par optimisme, par purisme intellectualiste centré sur une Vérité 100% positive (… mais pas 100% vraie… c’est bien ça le problème !) sur la sexualité en général. Ils pensent que tout a été dit sur le terrain de la sexualité et que l’homosexualité est une abstraction, un non-sujet, une diversion dangereuse. Donc ils passent à côté de la sexualité telle qu’elle est vécue et comprise par nos contemporains, telle qu’elle s’est mutée mondialement, en étant en plus persuadés qu’ils ont raison de faire du sur-place et que ce sont les brebis libertines perdues qui doivent rentrer dans leur schéma traditionnel de pensée et de croyance, et dans leur raisonnement très bien huilé sur la différence des sexes, la famille, le mariage, l’homme et la femme, le respect, l’ordre naturel et spirituel, et non l’inverse. Ils n’ont rien compris de ce que Jésus annonce à Pierre par rapport à la Vérité et aux fins dernières : « Sois le berger de mes brebis. Amen, amen, je te le dis : quand tu étais jeune, tu mettais ta ceinture toi-même pour aller là où tu voulais ; quand tu seras vieux, tu étendras les mains, et c’est un autre qui te mettra ta ceinture, pour t’emmener là où tu ne voudrais pas aller. » (Jn 21, 1-19) Je rappelle que la ceinture symbolise la Vérité (« Ayez à vos reins la Vérité pour ceinture. », Éphésiens 6, 13-18).
Quand certains catholiques ou évêques m’assurent que l’Église a déjà tout dit en matière de sexualité – Théologie du Corps de Jean-Paul II et Bible à l’appui – et qu’Elle n’a rien à rajouter (comprendre = « Il ne faut pas utiliser la novlangue avec son cortège de mots sexualisés absurdes tels que ‘homosexualité’, ‘hétérosexualité’, ‘bisexualité’, ‘homophobie’, qui nous corrompent à l’esprit du monde ! »), je leur réponds : « Certes, l’Église a apparemment tout dit sur la différence des sexes, donc sur la sexualité. Elle a déjà tout dit en Jésus, de toute façon. Et quand on interroge le Pape sur l’Union Civile et l’homosexualité, il s’en rallie prudemment à son Magistère en alléguant qu’il n’inventera rien de nouveau que ses prédécesseurs. Et pourtant, nos contemporains sont de plus en plus paumés et désintéressés par ce discours direct et positif sur la sexualité, car les gens d’Église ne disent absolument rien sur les simulacres actuels de la sexualité que sont l’hétérosexualité et l’homosexualité, considérés dans la tête et dans le cœur de nos contemporains (y compris des cathos) comme l’authentique et unique sexualité. »
Il est donc indispensable et urgent de s’attaquer aux contrefaçons actuelles de la sexualité, de reconstituer le sens de la sexualité par son double négatif contemporain. La description des fausses sexualités parlera bien mieux de la vraie sexualité qu’un discours scolaire et théologique uniquement centré sur la définition positive et éternelle de la sexualité et de ses beaux fruits (= « la procréation », « la valeur sacrée de l’enfant », « l’Homme et la dignité humaine », « la sponsalité de l’union de l’homme et de la femme », « le mariage » et « la Famille », « l’identité homme/femme », « la vie éternelle »), discours positif qui touche de moins en moins nos contemporains blessés dans leur sexualité et obnubilés par les copies techniques, sentimentales et plus sombres de la sexualité, qui collent davantage à leur vécu émotionnel souffrant : les coups de cœur et les flirts décevants, les viols et abus, le porno, l’enfant-projet ou l’enfant adopté, l’Homme autodéterminé, le « mariage gay » et asexué, la famille sentimentale éclatée, recomposée et « homoparentale », etc.
J’ai l’impression que la majorité des catholiques fuient les problèmes de leur temps par peur d’ouvrir la boîte de Pandore. Pourtant, c’est en soulevant la bande sur la plaie que le médecin de l’âme et de la sexualité peut travailler. On ne soigne jamais à distance. Ils s’interdisent d’utiliser certains mots de leur époque, qu’ils jugent « négatifs » ou « modernistes ». C’est le PW (positive wording), très en vogue chez les scientologues, qui prétend résoudre les effets dont il tait les causes, et qui fait régner son chantage à la « Charité », à la « Vérité », à la « Miséricorde » et à « l’ouverture », pour étouffer l’Incarnation christique, la Croix et la Vérité, et infantiliser spirituellement les fidèles. En réalité, ils détricotent le travail – pourtant salutaire et essentiel ! – de traduction et d’inculturation d’un saint Paul (L’inculturation est un terme chrétien utilisé en missiologie pour désigner la manière d’adapter l’annonce de l’Évangile dans une culture donnée) ! Superstition pathétique. Ils répètent comme des perroquets des concepts pseudos « cathos » pour ne pas nommer les véritables maux d’aujourd’hui ou les instrumentalisations concrètes de la Vérité. Ils ne font que décrire des dommages collatéraux, les rares fois où ils se risquent à verbaliser le mal. Il est nécessaire, à un moment donné, de nommer le mal, au lieu de brasser des concepts évidents – « La Vie », « la Dignité Humaine », « la différence des sexes », « La Miséricorde » – et de verser dans la facilité langagière (même intellectuellement relevée et érudite) pour ne pas se frotter à leurs simulacres contemporains. Les concepts qu’ils utilisent peuvent être bons. Je ne dis pas le contraire. Mais ils ne voient pas qu’ils ne sont pas contextualisés, ou bien que ces concepts sont instrumentalisés par ceux-là mêmes qui s’opposent en pratique à leurs discours. Par exemple, même la « dignité humaine » ou « la défense du plus fragile » dans les débats sur la GPA est utilisée par les pro-GPA ! Même « la Vie » ! Il n’y a que l’hétérosexualité qui ne soit explicitement utilisée ni par les opposants au « mariage pour tous » ni par ses défenseurs. C’est sur celle-ci qu’il faut se centrer ! Qu’est-ce qu’ils attendent ??
Pour sortir de ce marasme de la « vérité sur la sexualité épanouie », les catholiques doivent donc faire entorse à leur purisme intellectualiste/doctrinal/compatissant et à leur attachement à l’argumentation positive de la sexualité, pour prendre le risque de défendre la vraie sexualité par ses sosies modernistes négatifs. C’est seulement en décrivant la couche de vernis qu’apparaîtra concrètement la bonne couleur de la sexualité. Sinon, en balançant directement la bonne couleur, et en ne nommant pas explicitement le chemin humain pour y parvenir ni le mal (= la différence des sexes travestie en « hétérosexualité »), beaucoup de gens ne se représentent ni la bonne sexualité ni sa contrefaçon mauvaise, au point de nier carrément le sexuel.
Le principal problème de fond que j’identifie dans ce rapport manichéen des catholiques – et plus particulièrement des clercs – à la Vérité et à la sexualité, c’est qu’ils pensent que pour parler du bien, il ne faut pas parler du mal. Ils s’imaginent naïvement/orgueilleusement/lâchement que nommer le mal ce serait le créer, lui donner trop d’importance et lui faire de la publicité, et que le mal ne fait pas partie du chemin du Bien. En réalité, ils oublient le Chemin de Croix ! Ils veulent de la Résurrection sans la Passion, sans la descente de Jésus aux enfers, Ils oublient que Jésus est un signe de contradiction et que la Paix qu’Il est venu apporter est un glaive qui divise ! Oui monsieur !
Plus précisément concernant l’homosexualité, ils la considèrent comme un sujet annexe, au nom d’un attachement scolaire à la définition théologique de la sexualité et de l’identité humaine, au nom d’une Charité et d’une Miséricorde mal comprises, au nom d’une Vérité figée et « vraie sur le papier des Encycliques ». Car le pardon, l’Amour, la Miséricorde, affrontent la misère justement, se confrontent au mal, essaient de sauver le mal, même ! Nos ecclésiastiques vivent dans l’illusion pharisienne ou fondamentaliste qu’en annonçant une Vérité uniquement positive ou à l’inverse totalement crue, sans tenir compte de ses travestissements bien-intentionnés et de ses mutations sociales perverses, sans se frotter au mal et sans le nommer (j’irais même jusqu’à dire sans l’aimer), ils feront mieux passer le Christ, avec stratégie, douceur, pédagogie, patience, prudence, voire même radicalité. Ils expulsent le négatif, dans une forme d’humanisme intégral désincarné, de militantisme de la Vérité « sans concession » (cf. le Cardinal Sarah) ou de rejet brutal du mal (alors que jusqu’au bout, Jésus a aimé Judas et a aimé Satan !).
Ils n’arrivent pas à concevoir que la Vérité, ce n’est pas une histoire de « bonne réponse ». Ce n’est pas « faire comme il faut » ni « avoir bon ». Ce n’est pas envoyer bouler le mal. Pas du tout. La Vérité, c’est autant le résultat que le Chemin de Croix qu’est Jésus pour parvenir à ce résultat. La Vérité, c’est un chemin d’Amour qui se vit avec ses frères ennemis, c’est un corps à corps avec le roi du mensonge, et qui passe par bien des épreuves, des adaptations, des obstacles, la connaissance et l’expérience du mal, l’adaptation au langage des gens de notre temps, la verbalisation contemporaine du mal et du Vrai.
Jésus, de son vivant, s’est suffisamment battu contre les chefs des prêtres, les scribes et les pharisiens, pour leur montrer que ce n’est pas ce qu’ils défendaient qui était erroné mais la manière non-aimante et scolaire avec laquelle ils arrivaient au bon résultat, l’inadaptation de la Vérité qu’ils connaissaient à leur époque et aux gens qui les entouraient. Comme les élèves moyens ou les fils aînés « trop sages/scrupuleux » qui obtiennent le résultat mathématique correct mais sans le raisonnement qui va avec, sans l’humilité et le combat dialectique qui y conduit : leur réussite devient alors pourrie ! Comme les athlètes gagnants dont la victoire est ternie par la découverte postérieure d’un dopage ! Comme les voyageurs qui parviennent à la Ville d’arrivée avant tout le monde, mais qui y sont allés par une autoroute ou par leurs propres moyens en doublant tout le monde, sans connaître la joie de l’effort partagé et la douleur d’avoir cheminé avec leurs frères plus lents. Ce qui intéresse Jésus, c’est l’Amour. Ce n’est pas « la vérité » ! Ce n’est pas « la réalité ». Les moyens doivent s’ajuster à la bonne fin, de même que les moyens ne se substituent pas à la Fin. Malheureux celui qui ne lave pas son vêtement dans le Sang de l’Agneau, et qui rentre aux noces du Royaume sans en passer par la Porte qu’est le Christ et sa Croix d’Amour. « Le roi entra pour voir les convives, et il aperçut là un homme qui n’avait pas revêtu d’habit de noces. Il lui dit : ‘Mon ami, comment as-tu pu entrer ici sans avoir un habit de noces ?’ L’homme resta muet. Alors le roi dit aux serviteurs : ‘Liez-lui les pieds et les mains, et chassez-le dans les ténèbres du dehors ; c’est là qu’il y aura des pleurs et des grincements de dents. Car beaucoup sont appelés, mais peu sont choisis.’ » (Mat 22, 11-14)
Bien souvent, en politique comme en Église, les catholiques et leurs chefs tombent dans le panneau de défendre la Vérité pour la Vérité, sans penser à Jésus (et à ses frères humains athées ou ennemis de Lui) qui sont à intégrer dans cette Vérité parce qu’ils en sont l’incarnation en promesse de Salut. Quand ils doivent nommer le mal (l’hétérosexualité et l’homosexualité), ils le remplacent malheureusement par ses concepts qui ne sont connus que d’eux (« le nihilisme », « l’athéisme », « le relativisme », « le matérialisme », « l’hédonisme », « le subjectivisme », « le rationalisme », « la pensée unique », « l’idéologie », « le progressisme », « la perte des repères », « l’absence de transmission », « la sécularisation », etc. ; « la GPA », « le Gender », « la familiphobie », « l’Islam », « les lobbies », « le transhumanisme », pour les plus politisés) et par des solutions abstraites qui tiennent du slogan publicitaire (« l’engagement », « l’Espérance », « le vrai », « le beau », « la culture », « l’éducation », « la prise de conscience », « les valeurs », « le bien commun », « l’écologie », « les convictions », « l’humain », « la réalité », « la Vie », « la Bienveillance », « le dialogue », « la solidarité », « la transmission », etc.). Ils font comme les Veilleurs, dont les débats et les raisonnements sont intellectuellement honnêtes et bien ficelés, mais tellement déconnectés du Réel et du degré de compréhension de nos contemporains, qu’ils se figent en parlotte intellectualiste inopérante. C’est aussi impeccablement chiant qu’un bon exposé d’élève, qu’une conférence « vraie » de François-Xavier Bellamy ou Pierre-Hervé Grosjean ou du Cardinal Sarah. Tout semble y être. Mais on n’apprend rien. Des évidences et des vérités, agrémentées de leurs nuances bien développées, sont redites avec art. Et pourtant, ça ne résout pas les problèmes car ceux-ci sont conceptualisés et intellectualisés, pris au piège de la rhétorique formaliste ou volontariste ou communicationnelle ou « charitable » qui les développe/dénonce. C’est du verbiage qui tourne autour du pot sans le casser. C’est du simulacre d’action et de courage. Concrètement, pas de vraie prise de risque sur les sujets qui fâchent : nos porte-parole catholiques « pourfendeurs des idées reçues » ont tendance à tirer sur des ambulances, à enfoncer des portes ouvertes, à répéter en boucle un discours appris sur la famille, la Nation, l’Europe, la spiritualité, la Vérité, le changement, l’engagement, blabla. Mais derrière, ça sonne creux et ça emmerde le monde entier. Les gens, ils ont besoin qu’on vienne vers eux, qu’on les aide et qu’on parle leur langage : pas qu’on leur justifie verbalement qu’« on doit les aider et quels sont leurs problèmes ».
Vous voulez savoir ce qu’il ne faut pas faire ? Regardez le contenu et les titres des soirées des Veilleurs parisiens. C’est le meilleur exemple à ne pas imiter. Ils nous servent des sujets de philosophie politique des plus hétéroclites. Ça s’éparpille dans tous les sens, avec des exposés de premiers de la classe (sur « la Nation », « l’État », « la Liberté », « le Peuple », « la Culture », « la Raison », « l’Éducation », « le Langage », « le Corps », « l’Origine », etc.) qui, sans être inintéressants ni dénués d’expertise honorable et sérieuse, ne sont pas centraux et nous éloignent de la vraie problématique du « mariage pour tous » qui les a fait naître, de la foi et de la sexualité, même s’ils y sont indirectement liés. La question pourtant fondamentale de l’homosexualité-l’hétérosexualité-l’homophobie n’est jamais traitée, alors que c’est le nœud du problème (y compris du problème des attentats, de l’islamisation, de l’éducation, de la politique, de la crise économique et institutionnelle, de l’euthanasie, etc.). Je citerai volontiers à ces Veilleurs les paroles de Celui (Jésus) qu’ils expulsent tout autant que l’homosexualité, parce qu’ils en ont peur : « Ce peuple m’honore du bout des lèvres, mais, au fond de son cœur, il est bien loin de moi ! » (Mat 15, 8)
Le problème n’est pas tant la justesse de ce que nos cardinaux ou nos leaders d’opinion catholiques disent, ni la sincérité de leurs bonnes intentions, que l’incarnation de ce qu’ils disent, et que la hiérarchisation des priorités dans ce qu’ils disent. Tous les sujets sont intéressants en soi (ça dépend de l’angle et de la finalité). Mais les digressions, surtout au moment où l’urgence de la Vérité et de l’identification des racines du mal se fait pressante, sont dramatiques. Je n’affirme pas par exemple qu’il est inutile de traiter de la perte de transmission des valeurs, d’éducation et d’art, de l’importance de l’engagement. Mais sérieusement, de quoi on parle quand on défend « l’art pour l’art », « la sexualité pour la sexualité », « l’éducation pour l’éducation », « la Vérité pour Elle-même », « l’engagement pour l’engagement », « la bienveillance pour la bienveillance », « le Christ pour le Christ » ?? D’un « entre-soi », en fait ! d’un Jésus non-ressuscité et qui se sauve Lui-même ! d’une Vérité figée et déjà morte ! Navré, mais c’est du contre-témoignage. Il est bon de distinguer la Vérité de la sincérité (on peut vouloir le bien sans le faire), distinguer la Vérité du véridique et de la véracité (dernièrement, sur Facebook, un de mes contacts a posté ceci – « Untel m’a viré de sa page. Tout ça parce que j’ai affirmé que Caroline Fourest était une mythomane complotiste. Alors que c’est véridique, en plus… » – sans se rendre compte qu’il n’était plus dans la Vérité car il n’était pas dans l’Amour). Comme le dit très justement le père Thierry Avalle, « dire ses quatre vérités à quelqu’un, c’est diabolique ».
Je crois qu’il nous faut sortir au plus vite de ce discours volontariste, intentionnel, scolaire, conceptuel, intellectualiste, narcissiquement et confortablement doctrinal, pour vraiment s’occuper des priorités. Et la priorité, j’ai le regret de dire que ce sont la sexualité et Jésus. La priorité, c’est de nommer le mal qui occulte et se substitue à la sexualité et à Jésus : l’hétérosexualité, l’homosexualité, et le diable. Le reste, c’est du pipeau. Ce sont des débats parasites, des descriptions de dommages collatéraux. Toutes les convulsions que nous traversons actuellement (avortement, contraception, divorce, consumérisme, hédonisme, Islam, transhumanisme, euthanasie, etc.) se cristallisent autour de l’homosexualité. Car toute notre vie et notre foi tournent autour de la différence des sexes. Et ce qui aujourd’hui fait barrage à celle-ci et la travestit, ce sont les mots « hétérosexualité » et « homosexualité ». Je n’y peux rien. Vous pouvez me parler de l’État, de la liberté de conscience, du Bien Commun, de culture, de changement, d’engagement, d’écologie intégrale : les gens s’en foutent ! Et les démons se marrent de notre éparpillement discursif. Leur Maître lui-même n’a-t-il pas foi en Jésus et ne connaît-il pas la Bible par cœur ?
123 – Pourquoi la loi du silence concernant l’homosexualité est efficace dans le Clergé ?
À mon avis, il y a trois raisons à son malheureuse efficience. La première, c’est la peur et le non-dit par rapport à l’homosexualité, l’hétérosexualité et l’homophobie, dans l’Église. Le démon s’en frotte les mains ! Il voit la suffisance et la stagnation des cardinaux et du Pape à propos de ces trois sujets dont ils sont persuadés d’avoir tout dit ou de n’avoir rien à rajouter. Donc lui, pendant ce temps-là, il remplit tranquillement le vide par une omerta très efficace. « Vous n’en dites rien ? Eh bien restez la bouche fermée pendant que je sors le rouleau de scotch ! »
La deuxième raison qui me fait dire que la loi du silence qu’impose l’homosexualité a tout pour museler efficacement le Clergé catholique actuel, c’est que l’homosexualité correspond à une pratique réelle parmi certains prêtres, de surcroît beaucoup plus répandue que la pédophilie à laquelle personne ne s’identifie – pas même ceux qui la pratiquent – tellement elle est impopulaire… Donc forcément, la menace de présomption avérée qui pèse sur les clercs via l’homosexualité est plus forte que tout autre type de menaces (adultère, pédophilie, banditisme, etc.) !
La troisième et dernière raison de l’efficacité de la censure anticléricale par l’homosexualité, c’est que l’homosexualité est encouragée et banalisée socialement, y compris par les membres du Clergé qui s’y opposent de manière trop arbitraire et désincarnée pour être solide. La bienveillance, l’ignorance et la peur dont l’homosexualité jouit mondialement font qu’un prêtre sera davantage enclin de la pratiquer/banaliser pour lui-même, et font que le lobby LGBT n’aura aucune difficulté à faire chanter les prêtres par eux-mêmes et entre eux sur le sujet, en sachant que l’homosexualité ne constitue un problème et un tabou qu’à leurs yeux. En réservant l’exclusivité de la condamnation de l’homosexualité au Clergé, les militants gays friendly s’assurent ainsi une bonne cachette pour pressionner l’Église sans donner l’impression d’intervenir. Les opposants des prêtres devinent très bien qu’avec l’homosexualité, leur censure a double épaisseur : celle des gays friendly (qui ne veulent pas savoir pourquoi ils sont pour l’homosexualité, et qui taxent d’« homophobe » tout décrypteur de celle-ci), et l’autocensure des prêtres opposés à l’homosexualité (mais qui ne savent pas expliquer pourquoi ils sont contre, et qui ont décidé qu’ils ne se prononceraient pas dessus pour éviter tout malentendu/toute surinterprétation/toute récupération de leurs propos hasardeux). La Parole de Vérité est cernée de tous côtés.
Alors avec ces trois raisons, vous comprendrez aisément que l’homosexualité – en tant que débat discursif plus que pratique – a déjà bâillonné bien comme il faut l’Église. Et je me demande comment les membres de la Curie vont se dépêtrer de ces beaux draps roses !
CHAPITRE VI – L’HOMOSEXUALITÉ DANS LE CLERGÉ CATHOLIQUE :
124 – L’Affaire Laurent Stefanini puis l’Affaire Charamsa font-elles partie d’un calendrier prémédité pour coincer l’Église ? Quelle est la prochaine épreuve ?
Je n’ai pas de boule de cristal. Je sais juste que l’homosexualité vécue dans la continence agit comme un bon baromètre pour percevoir les signes des temps et les vagues dépressionnaires qui arrivent sur l’Église. Soit dit en passant, il ne faut pas être sorti de la cuisse de Jupiter pour comprendre que l’affaire de la candidature de l’ambassadeur homosexuel (Stefanini), l’affaire du prélat polonais (Charamsa) qui fait son coming out juste avant la tenue de la seconde session du Synode sur la famille (en novembre 2015), la synchronisation entre les plaintes de La Parole libérée contre Mgr Barbarin et l’oscarisation du film « Spotlight », ne sont pas des coïncidences, n’arrivent pas « par hasard », et participent d’un agenda antéchristique, d’une machination, d’un complot anticlérical un minimum pensés. Les médias, les politiques et les juges décident de coordonner leurs frappes pour qu’elles puissent impacter l’opinion et se refermer comme un piège sur leurs proies catholiques.
Cela dit, rien de sert de prêter à Satan et à ses suiveurs humains (encore cachés pour un peu de temps dans les loges maçonniques, dans les cercles libertaires, dans les souterrains urbains) l’intelligence, la force et la victoire du Christ et de Marie. Car ce qu’ils visent, c’est d’utiliser notre peur et notre paranoïa pour nous faire faire leurs propres projets et instaurer une division/confusion entre nous afin qu’ils aient à intervenir le moins possible.
Il ne faut perdre de vue que les démons sont rusés mais qu’ils manquent franchement de distance, d’incarnation, car leur manque d’humilité et leur statut de créatures spirituelles (et non de Créateur, comme l’est Dieu et aussi un peu comme le sont les êtres humains en Jésus) les trahissent forcément. Il y a plein de choses que les anges diaboliques sont incapables de faire : ils ne peuvent pas être incarnés sans l’assentiment et la collaboration des Hommes, ils ne peuvent pas pénétrer les pensées humaines, ils ne connaissent pas l’avenir, ils ont bien moins de pouvoirs que les anges obéissant à Jésus et à Marie et que les Humains, et surtout on sait qu’ils ont déjà perdu la bataille finale. Ils agissent à l’instinct et à l’occasion facile. Ce ne sont pas des flèches. La retenue, la préméditation, la patience, ce n’est pas trop leur fort. Ils se déchaînent, se précipitent trop vite, sautent bêtement sur la moindre occasion d’attaquer Jésus et ses disciples (seul Satan est à peine un peu plus stratège pour planifier et reporter ses assauts… et encore…), et ils sont enchaînés entre eux (comme des prisonniers qui s’évadent avec des menottes et des boulets communs). Ça limite extrêmement leur force d’action.
Par conséquent, même si j’identifie bien des connexions médiatico-politiciennes suspectes entre les événements qui secouent actuellement l’Église, je n’hurlerais pas trop vite au complot ou au « génie machiavélique » du mal. Si les gens d’Église se font avoir concernant l’homosexualité et les affaires de morale sexuelle, c’est bien parce qu’ils en sont complices et qu’ils n’ont pas assez bossé leurs dossiers, plus que parce que les démons et les lobbies libéraux-libertaires seraient plus forts et plus organisés qu’eux !
125 – Existe-t-il carrément une Mafia gay au Vatican ?
Oui. Et je tiens mes sources de prêtres habitant au Vatican. Il n’y a pas lieu d’extrapoler son influence et son nombre. Mais il faut quand même reconnaître que cette petite mafia, pratiquant secrètement l’homosexualité et le chantage sur celle-ci, est en revanche appuyée inconsciemment par la grande majorité des cardinaux, des hommes gentils mais qui enterrent doucement la question de la bipolarité hétérosexualité-homosexualité comme un « non-sujet » et qui s’autoproclament « gardiens traditionnalistes du juste milieu entre les fondamentalistes et les progressistes » sur la question homosexuelle. Donc le lobby gay du Vatican n’a plus qu’à se la couler douce en les laissant agir à sa place ! En ce moment, il est minoritaire mais puissant ! Pourtant, le Pape François a poursuivi courageusement le ménage ecclésiastique entamé par ses prédécesseurs. Mais cela va lui retomber dessus avec violence. Car le diable introduit au Vatican apprécie moyennement d’être démasqué puis délogé. De plus, François a hérité du Vatileaks qu’avait enduré avec peine Benoît XVI, notre pape émérite qui ne s’est jamais vraiment remis du bras de fer qu’il a mené avec les habitants inhospitaliers et « indéboulonnables » du panier de crabes aux pinces roses du Vatican.
126 – Avez-vous rencontré beaucoup de prêtres homos ? Quelle est la proportion dans l’Église ?
Ce qui est sûr, c’est que j’en croise beaucoup plus que la moyenne, de par mon statut de gars connu médiatiquement pour les deux sujets que je porte – homosexualité et foi. Donc forcément, mon point de vue est légèrement faussé et j’attire les exceptions (car les prêtres homosexuels restent une minorité, quoi qu’en laisse penser la caricature anticléricale fomentée par la société obsédée sexuelle). Ce que je veux dire, c’est que je connais sans doute une moyenne de prêtres homosexuels plus élevée qu’elle ne l’est en réalité. Mais bon, mon constat reste valable et à prendre en compte.
La proportion ? Je ne me hasarderai pas à lancer un chiffre de toute façon erroné. D’une part parce que l’homosexualité est une tendance et parfois une pratique cachée, d’autre part parce que je ne connais pas tous les prêtres et religieux de la terre, également parce qu’un désir ne résume pas une personne et ne se quantifie pas, et enfin parce qu’une probabilité ou un échantillon indiquant une forte tendance ne pourra jamais faire l’objet d’une généralisation. Donc même si certains religieux de confiance m’ont indiqué à la louche qu’il y aurait parmi leurs confrères de congrégation ou de sacerdoce 30-50% d’homosexualité latente et entre 20-30% d’homosexualité pratiquée, je ne peux pas me baser sur leur observation pour en faire une statistique. Tout ce que je peux dire, c’est qu’il y en a beaucoup trop et beaucoup plus qu’on ne croie. Même des prêtres en col romain ou en soutane !
C’est tellement décevant et violent de le découvrir – surtout quand on aime l’Église – que très peu en parlent, pour ne pas briser leur propre foi et illusions de croyants. Mais j’aime suffisamment l’Église telle qu’elle est pour encaisser ces grosses déceptions, et donc regarder l’arrière-boutique en face.
127 – Comment pouvez-vous en avoir idée ?
Parce beaucoup de prêtres homosexuels me contactent en personne, et du monde entier, pardi ! Ou alors ce sont les témoins directs de ces derniers. Je reçois leurs récits par Facebook, par mon blog, par mail, voire en vrai. Et à travers eux, de nombreuses confirmations. En plus, c’est un aveu suffisamment consistant et compromettant/douloureux à faire pour que je les croie sur parole. Et au cas où les prêtres homosexuels que je rencontre me cachent leur tendance sexuelle, je devine souvent – sans même de preuve – leurs fantasmes et leurs comportements sexuels à la manière qu’ils ont de me traiter ou de se positionner par rapport à l’hétérosexualité et à l’Union Civile. L’homosexualité vécue dans la continence agit de toute façon comme un détecteur quasi infaillible du rapport des ecclésiastiques à la différence des sexes et à l’Église.
Si ce n’était que ça, j’ai conscience que le nombre de prêtres que j’identifie comme homosexuels est bien inférieur à ce qu’il est en réalité, puisque je n’ai de lien fraternel qu’avec les curés qui sortent du bois ou qui viennent humblement à moi, qu’avec ceux qui ne sont pas/plus dans la pratique homo, ou bien qui sont déjà bien engagés dans la lutte pour la continence, et qui y parviennent. Si le nombre de ces confidents est déjà conséquent alors qu’ils sont rares, ça laisse donc supposer que les prêtres qui pratiquent encore leur homosexualité et dont j’ignore l’existence sont encore plus nombreux !
128 – Chez les religieuses, où en est le phénomène du lesbianisme ?
Ça ne semble exister que chez Diderot, ou dans les films pornos, la littérature libertine du XVIIIe siècle, la Gay Pride (les Sœurs de la Perpétuelle Indulgence, travesties), les blagues potaches fantasmant le viol de la Vierge, les nouvelles télés-réalité (Quiero Ser Monja) et les films crypto-lesbiens récents (« Ida », « Au-delà des collines », « La Religieuse », « Avril », « Les Innocentes », « La Passion d’Augustine », etc.). Mais certainement qu’à l’instar des hommes, il doit y avoir aussi des femmes qui ont choisi d’entrer en religion non pas tant par amour d’un Jésus incarné que pour fuir la différence des sexes et les hommes. Mais à ma connaissance, en tout et pour tout, je n’en ai vues que cinq, dont deux religieuses espagnoles « défroquées » qui s’exprimaient dans un reportage-télé d’une chaîne câblée ibérique. C’est peu. L’homosexualité, comme je le dis souvent, ça ne devient vraiment « sérieux » et ne prend une réelle consistance qu’entre hommes… et encore, même entre hommes, ça reste un sketch sincère.
J’ai remarqué, pour les trois autres cas de nonnes lesbiennes que j’ai côtoyées, d’apparence très hommasse malgré parfois leur robe de communautaires et leurs revendications cathos-féministes, qu’elles éprouvent en général à mon encontre un profond mépris mêlé de jalousie. En effet, l’homme homosexuel continent incarne aux yeux de la religieuse lesbienne refoulée (et pas toujours continente) le summum de ce qu’elle ne voudrait pas être et de ce qui ne l’attire pas : il a le malheur d’être homme (comprendre « macho »), d’être homosexuel (comprendre « impuissant »), et en plus d’être chaste (comprendre « refoulé » ou « plus parfait qu’elle ») ! Ah le con ! Ces quelques religieuses lesbiennes oscillent entre un traditionalisme religieux réputé hyper machiste/intransigeant – genre « meneuses d’hommes » ou à l’extrême inverse « femmes rabaissées bons toutous des hommes » – et un progressisme protestantisé réclamant le mariage des prêtres, les femmes évêques, les « avancées » promises par le Comité de la Jupe, et la reconnaissance de l’« amour » biblique entre Ruth et Noémie. J’ai eu l’occasion d’observer, notamment pendant mes conférences, des élans misandres, homophobes et anticléricaux, à mon encontre, très surprenants, venant de la part de célibataires consacrées excédées, qui soi-disant entendaient mon « disque » sur l’homosexualité en boucle, et qui souhaitaient que j’aille toujours plus loin (« plus loin », je pense que ça signifiait en fait pour elles « jusqu’à l’arrachement de leur propre lesbianisme » ?). Elles ne sont toujours pas sorties de la légende noire féministe/asexuée selon laquelle l’Église catholique serait la quintessence de la domination de l’homme sur la femme.
Mais ces cas de femmes lesbiennes catholiques révoltées sont extrêmement rares. Car s’il y a dans le clergé catholique des personnes qui m’accueillent comme un enfant chéri ou un ami chéri, ce sont bien les religieuses. D’ailleurs, à force de m’entretenir avec les vierges du Seigneur, jeunes comme plus âgées, je me rends compte qu’elles en connaissent un rayon sur l’homosexualité, non pas parce qu’elles seraient elles-mêmes lesbiennes, mais au contraire parce que, dans leur jeunesse, pendant leur vie étudiante, et même ensuite au cours de leur vie consacrée, elles s’attirent énormément les confidences des personnes homosexuelles. Une religieuse, parce qu’elle est femme, mère, sœur et amie pure, impressionne souvent moins qu’un prêtre. Une personne homosexuelle va donc aller plus facilement vers elle. Les sœurs consacrées occupent une place capitale dans l’Église et dans le chemin de conversion des personnes attirées par les personnes de même sexe. Je les aime beaucoup.
129 – Pourquoi y a-t-il autant de prêtres homos ?
Parce que l’Église catholique accueille et appelle tout le monde. Y compris et surtout les méchants, les pécheurs, les criminels, les fous, les prostitués, les malades, les petits, ceux qui se sentent nuls. Il est donc logique qu’Elle abrite des gens blessés sexuellement – à l’instar des personnes homosexuelles – même parmi ses pasteurs. Cet état de fait est dur à digérer. Mais c’est au nom de l’Amour (et de la liberté qui en découle) – donc pour une excellente raison – que le Clergé catholique est composé de pécheurs. Nous ne devons pas nous en attrister, nous en offusquer ni nous révolter d’être trahis et trompés sur la qualité du personnel de service, mais au contraire rentrer dans le consentement joyeux et l’émerveillement paisible face à l’Amour inconditionnel et infaillible de Jésus pour Judas. Le fait que des prêtres homosexuels (qui plus est homosexuels pratiquants) existent, c’est la preuve paradoxale que Dieu est Amour et qu’Il est vainqueur de tout mal.
D’autres raisons plus pratiques expliquent (sans justifier) le nombre de prêtres homos dans l’Église. Les futurs religieux ou les ordonnés officiels vivent sans génitalité physique, sans l’affectivité sentimentale dont ils n’ont pas tous fait le deuil et qu’ils n’ont pas tous recyclée en vie fraternelle, sociale, sacramentelle et d’oraison, authentique. Il est donc évident que, dans un processus compensatoire, certains aient tendance à réguler/résoudre les débordements de leur libido/appétit affectif par une sublimation ambiguë et érotisée de l’enfance, de l’amitié, de la fraternité avec leurs semblables sexués, de la paternité virile, de la prière, de la charité, de la chasteté et même de Jésus-Christ. De plus, le fait de ne se retrouver qu’avec des hommes pendant sept années dans un séminaire, ou bien de partager dans le Seigneur la chaleur d’amitiés extrêmement plus élevées qu’ailleurs peut tout à fait faire naître/alimenter/augmenter une tendance homosexuelle, dans un sens plus large que la pratique génitale, et laisser croire intérieurement à l’existence d’amours particulières dans le temps.
Loin d’excuser les prêtres qui passent à l’acte homo ou qui se découvrent homosexuels pendant/après le séminaire, je peux témoigner que leur dérapage homosexuel n’est pas souvent prémédité ni planifié. Il suffit, en plus, qu’ils noient la question de leur sexualité, de leur intimité, de leur espace psychique et de la génitalité par une vie de prière intense, un activisme solidaire louable et porteur de fruits indéniables, une extériorisation catholiquement correcte d’eux-mêmes (un séminariste ou un curé est souvent le chouchou des cathos et de ses supérieurs), un bain chaud paroissial, monastique, fraternel, pour qu’ils se croient libérés-délivrés d’une secrète honte d’adolescence. Et le déni est joué ! Je ne suis pas étonné qu’il y ait beaucoup de prêtres qui se sentent homosexuels : la vie à l’intérieur de l’Église, c’est tellement génial, tellement riche, tellement diversifié, tellement puissant, tellement fraternel, tellement comblant et céleste, qu’elle pourrait nous en faire oublier la différence des sexes, le mariage humain, la procréation, le monde et la vie terrestres !
Certains croyants, sonnés de découvrir la réalité violente de l’homosexualité sacerdotale, son ampleur, mais également vexés de leur propre naïveté, ont tendance à nier carrément cette réalité en l’attribuant à la légende noire médiatique visant à discriminer le Clergé, ou bien à se retourner contre les prêtres homos, en les taxant de traîtres, d’imposteurs ou de dissimulateurs. Ils s’imaginent qu’il faut être extrêmement pervers et hypocrite pour connaître sa tendance homosexuelle depuis l’enfance et la cacher à tous, y compris à soi-même, jusqu’au sacerdoce et après. De fil en aiguille, beaucoup vont jusqu’à prétendre qu’il existe un lien causal entre vocation religieuse et homosexualité, que la vocation sacerdotale est le cache-misère et l’alibi religieusement correct de l’homosexualité, voire même que c’est la vocation religieuse qui engendrerait l’homosexualité. Alors que je pense qu’au contraire ce sont le fantasme homo-érotique (un mélange d’orgueil et de peur) puis la pratique homosexuelle qui poussent les personnes à se prendre pour Dieu, à corrompre/convoiter la vocation sacerdotale et à « jouer au prêtre ». N’inversons pas les choses. En effet, l’homosexualité est vraisemblablement le signe d’une vocation, mais qui a été mal comprise, mal orientée, détournée par le diable, puisqu’à la base les personnes homosexuelles se sont senties – peut-être plus précocement que les autres – faites pour la virginité, la sainteté et le célibat pour le Royaume. Au lieu de s’en désoler, nous, catholiques, devrions voir en l’homosexualité latente de tout être humain, et plus spécifiquement en la sur-représentativité des personnes homosexuelles dans le Clergé, un signe que l’homosexualité frôle la sainteté, et que Dieu a été présent très tôt dans le cœur des personnes homosexuelles.
130 – Pourquoi la présomption d’homosexualité sur les prêtres est-elle si forte ?
Déjà parce qu’il y a un substrat de réel, comme je viens de le souligner (il n’y a jamais de cliché sans feu !). C’est pour ça que le diable et ses suiveurs humains en profitent et s’engouffrent allègrement dans la brèche. S’il n’y avait pas de brèche ni un terreau social favorable, jamais ils ne pourraient grossir ou généraliser un phénomène peccamineux marginal, ni le faire passer pour général.
D’autre part parce qu’on voit beaucoup de curés homos sur nos écrans de cinéma. Même s’ils sont bien souvent des projections délirantes nés d’esprits libertins mal-intentionnés et anticléricaux, on ne peut pas nier que ces créatures fictionnelles, une fois existantes et rendues vraisemblables, servent ensuite de références aux athées et aux incroyants qui les confondent avec les prêtres réels, et qu’elles donnent même des idées à certains séminaristes et prêtres réels.
Pour aller plus loin dans l’analyse, je crois que cette présomption d’homosexualité qui pèse sur les prêtres aujourd’hui traduit la jalousie du démon par rapport aux Humains, et en particulier au Christ et à ceux qui l’ont revêtu. Ça, c’est la perspective surnaturelle et eschatologique : Satan veut faire tomber les prêtres, c’est son objectif. D’un point de vue cette fois simplement sociologique et moral, j’y lis également une désaffection généralisée pour le célibat, pour la continence, pour l’Eucharistie et aussi l’Église catholique, une obsession pour le Couple télévisuel, une incompréhension sociale croissante par rapport à la vocation religieuse, et un enchaînement de plus en plus systématique et mondialisé aux pulsions, à la pornographie, à l’adultère, à la génitalité, au sentimentalisme amoureux asexué et angéliste. Pour les mentalités actuelles, être un prêtre masculin et paternel, être un curé épanoui dans la fidélité et l’obéissance au vœu de chasteté, c’est une provocation vivante au cœur d’un monde surérotisé qui n’envisage l’Amour que comme un bien de consommation éphémère, et l’engagement durable que comme un « terrible carcan liberticide ». La figure fantasmée du prêtre homo vient alors jouer son rôle de morphine et de divertissement ricanant, vient donner raison aux libertaires débauchés et calmer leur frustration de vivre une liberté sans cadre et sans le Sens de l’Amour.
Enfin, je pense que depuis les années 1960, beaucoup de catholiques fervents ont laissé à leur insu cette présomption d’homosexualité s’installer/se coller/s’imprégner/déteindre sur leurs pasteurs, simplement pour les en protéger. Cela peut paraître paradoxal, mais c’est ce qui se passe. J’observe en effet une réaction d’auto-défense et de déni très humaine de la part de ceux qui aiment tant l’Église qu’ils ne veulent pas La voir défigurée par des actes et des dirigeants qui ne Lui ressemblent pas. Pour se protéger et préserver leurs pieux rêves sur l’Institution (eux diront « pour voir le verre à moitié plein plutôt qu’à moitié vide » et pour « demeurer dans l’Espérance »), beaucoup de catholiques se mettent alors des œillères et préfèrent ne pas savoir. J’avoue que même moi qui suis pourtant accoutumé à découvrir des cas d’homosexualité dans le clergé, ça me choque toujours à chaque fois que j’en découvre un nouveau. Et je mets au moins 24 heures à m’en remettre. Quand un prêtre n’est pas fidèle à son sacerdoce, ou quand un séminariste se révèle être homosexuel, c’est tout le corps ecclésial qui en souffre, c’est une partie de l’édifice qui s’écroule. On pourrait comparer l’onde de choc à la nouvelle d’un divorce auquel on ne s’attendait pas. Avec la découverte de l’homosexualité active d’un prêtre, c’est bien l’image de l’Église, de Jésus et de Dieu, qui en prend un coup et se déchire dans notre cœur de croyant. Et j’ai vu des fidèles catholiques, moins aguerris que moi dans la connaissance des affaires internes d’homosexualités sacerdotales, tomber de haut en mesurant la réalité pécheresse des gens d’Église. Jésus a laissé Judas entrer dans la bergerie… Pourquoi ??? Je comprends tout à fait qu’il puisse y avoir un contre-coup douloureux et difficile à digérer. Car vraiment un mythe s’effondre. Mais ce n’est pas que négatif. Il y a sans doute un deuil nécessaire à faire. Un deuil qui donne les clés de compréhension de la Passion, de la Croix puis de la Résurrection du Christ. Et si mon étude de l’homosexualité dans l’Église permet cela, notre Amour pour l’Institution et ses administrateurs n’en ressortira que grandi, renouvelé, fortifié. Mon but n’est absolument pas de détruire les espérances fondées sur l’Église et sa sainteté (bien au contraire) ni de transformer le Vatican en repaire d’homosexuels. Mais un certain désenchantement nous permet de vraiment purifier notre rapport à nos pasteurs (qui restent des pauvres pécheurs serviteurs), assainir notre prière pour l’Église, améliorer notre accompagnement auprès des prêtres. Sans doute est-il mieux d’aimer l’Église telle qu’Elle est, et non pas telle qu’on peut L’idéaliser.
131 – Pourquoi dites-vous que la pédophilie est le faux nez de l’homosexualité ?
Parce que ce sont des faits. Ceux qui défendent la pédophilie ou qui à d’autres moments l’attaquent violemment (sans respecter les personnes, et en particulier les agresseurs) sont en général aussi des défenseurs de l’homosexualité. Comme je l’explique dans la question 108, la pédophilie est le vernis médiatique et législatif de la justification sociale de l’homosexualité… alors que dans la réalité, c’est-à-dire dans le cas où la pédophilie est vraiment pratiquée, souvent, c’est l’inverse : le mot « pédophile » a tellement mauvaise presse que ceux qui la pratiquent préfèrent – pour éviter de choquer et d’être dénoncés – dire qu’ils sont « homosexuels » et qu’ils vivent « l’homosexualité » (quitte à grossir l’âge et la maturité de leurs partenaires sexuels), plutôt que de reconnaître que dans les faits ils vivent quand même la génitalité avec des mineurs et sont attirés par des mineurs.
La pédophilie est le faux nez de l’homosexualité médiatiquement parlant pour deux raisons principales, à mon avis. D’une part parce que ceux qui s’acharnent contre le cardinal Barbarin ou d’autres évêques au nom de la défense des violés cherchent davantage à salir l’image de l’Église qu’à réparer des actes ignobles et à rendre justice aux victimes qu’ils instrumentalisent. D’ailleurs, ils se moquent de savoir si les faits incriminés ont vraiment eu lieu : ce qu’ils veulent, c’est que n’importe quelle victime potentielle porte plainte et grossisse les rangs des réclamateurs pour créer le buzz qui fera démissionner des prélats. D’une part parce que dans les faits, ceux qui manipulent les victimes, voire même quelques victimes elles-mêmes, sont quasiment tous LGBT (je connais certains membres du collectif Parole Libérée et leur défense du « mariage homo », voire leur bisexualité). Ils se servent du mot « pédophilie » comme fer de lance de leur tribunal afin de cacher leurs véritables intentions de promotionner « l’amour » homosexuel. Leur croisade contre « les prêtres pédophiles » et ceux qui les auraient couverts par leur silence complice, n’est qu’une expédition punitive pour se venger des rares prêtres qui ont médiatiquement exposé leur opposition au « mariage gay » en 2011-2013. Le plus hypocrite et paradoxal dans la démarche de ces juges LGBT, c’est qu’ils interdisent à ceux qu’ils attaquent de faire le lien entre pédophilie et homosexualité (si jamais ils entendent ne serait-ce qu’une petite allusion à celui-ci, ils hurlent à l’hérésie et y voient une diabolique causalisation entre les deux, un amalgame obscurantiste inouï) alors qu’ils se l’autorisent personnellement : comme je le dis plus haut, ils se servent de la pédophilie (= transgression de la différence des générations et parfois même de la différence des sexes) pour imposer l’homosexualité (= transgression de la différence des sexes et bien souvent de la différence des générations). Faites ce que je dis, mais ne dites pas ce que fais !
Ce que je propose donc à celui qui passe à la barre de ces sourcilleux justiciers LGBT qui prétendent venger les crimes subis par leurs protégés au nom de l’urgence de la « lutte contre l’homophobie » ou « contre la pédophilie », c’est de retourner l’accusation d’aveuglement et de collaboration qui lui est faite, d’une part en joie (c’est la Béatitude de la persécution pour la Justice qui prime), d’autre part en révélation que ce sont eux qui ont fermé éhontément les yeux et collaborer avec le mal en promotionnant l’« amour homosexuel » sans voir les liens évidents et pourtant mal connus entre pratique homosexuelle et viol, voire même entre pédophilie et homosexualité.
132 – En tant que catholiques, que peut-on répondre aux adversaires de l’Église accusant Celle-ci d’avoir fait semblant de ne pas voir les cas de pédophilie dans Ses rangs ?
Il suffit juste d’être vrai et simple. Personnellement, je les inviterais à balayer devant leur porte. Déjà parce qu’il y a beaucoup plus de cas de pédophilie chez les laïcs et les athées (par définition, davantage permissifs) que dans le clergé (même si les actes pédophiles perpétrés au sein du clergé demeurent encore plus choquants) ; mais également parce qu’en cautionnant l’homosexualité, ils chérissent un des terreaux privilégiés de la pédophilie. Ça nous demande de maîtriser parfaitement l’explicitation du subtil lien non-causal entre homosexualité et pédophilie, ainsi que de l’hétérosexualité.
Mais aussi j’essaierais de leur exposer une vraie auto-critique de l’Institution. Quand je dis vraie auto-critique, ça n’a rien à voir avec le cinéma de certains prêtres médiatiques qui s’auto-flagellent devant tout le monde en répétant que « la pédophilie est un mal atroce réclamant la tolérance zéro !! ». Je parle plutôt d’un aveu humble de la réalité misérable et pécheresse des gens d’Église. D’une réelle reconnaissance du déni clérical dans certains cas. D’un bon état des lieux. Car la Vérité, elle, rend libre et dissipe toute velléité de scandale chez nos opposants. S’ils nous voient capables d’admettre humblement qu’il existe des cas concrets de prêtres pédophiles, et que nous ne nous barricadons pas d’emblée dans un discours d’auto-défense paranoïaque (« Mais c’est une minorité ! Pas d’amalgames !! » ; « Et puis y’a pas que chez nous que ça se passe !! » ; « La pédophilie, je suis CONTRE !!! » ; « L’Église est à l’écoute des victimes ! » ; etc.), ni dans un alignement scolaire au discours mondain qui se rallie à la victimisation et au sécuritarisme « préventif » à la mode, ils s’apaiseront avec nous. À nous aussi d’affronter sereinement les affaires de pédophilie dans nos rangs et chez nos prêtres, de les connaître et d’être capables d’en faire le listing. Comme ça, au moins, nous ne prospecterons pas sur du vide ou des fantasmes. Et nous prouverons que nous n’avons pas peur de faire un vrai examen de conscience.
En plus, en restant attachés aux faits et non simplement aux images, aux réputations et aux procès d’intention, nous prouverons notre amour des personnes (aussi bien des victimes que des bourreaux), nous démontrerons que la grande force/folie de l’Église réside dans le pardon des ennemis, nous aiderons certainement nos accusateurs révoltés contre l’Église à baisser leurs armes et à arrêter d’essayer de blanchir l’homosexualité via la noirceur de la pédophilie et via la déconnexion artificielle qu’ils imposent arbitrairement entre pédophilie et homosexualité. « Ce sont les prêtres pédophiles qui posent problème. Pas les homos ! » assènent-ils avec insistance. En sont-ils si sûrs ? ai-je envie de leur répondre. Effectivement, là où je leur donne raison, c’est qu’à l’évidence, dans certains cas d’abus sexuels dans l’Église, c’est plus de la pédophilie que de l’homosexualité qui a fait chuter les prêtres. Même les deux sont non-causalement liés. Par exemple, dans l’Affaire des scandales de pédophilie du diocèse de Boston ayant impliqué 249 prêtres dans les années 1990 (soit 6% des prêtres en exercice à ce moment-là), 3% étaient homos et ont été responsables de 97% des cas de pédophilie. Et les gamins violés étaient massivement des garçons. Il n’y a pas eu de filles. Donc autant on ne peut pas moralement amalgamer la pédophilie et l’homosexualité, autant on ne peut pas non plus les séparer complètement… ou, ce qui revient au même, on ne peut pas d’un côté s’insurger contre les atrocités de la pédophilie, et d’un autre chanter les louanges de l’émancipation des êtres humains par l’homosexualité. À moins que le double discours des chasseurs de prime des « monstrueux pédophiles » confine carrément à la schizophrénie, ce que je crois volontiers…
133 – Je suis en prison pour pédophilie. Que voudriez-vous me dire ?
Eh bien tout simplement que je vous aime, que vous n’êtes pas un monstre, que les actes que vous avez posés ne sont pas vous et ne me font pas peur (même s’ils me choquent et que je les réprouve). Je voudrais vous dire aussi que je suis très mal à l’aise avec les procès en sorcellerie que vous lancent vos collègues prêtres médiatiques suite au récent battage médiatique sur la pédophilie ecclésiale. Devant la Grande Assemblée télévisuelle, ils se frappent la poitrine et s’excusent en votre nom, pour ensuite prendre quand même le soin de bien se désolidariser de vous et ne pas rentrer en communion de cœurs fraternelle avec vous : c’est indigne de leur part. Je vous demande également pardon pour les derniers propos du Pape vous concernant. Par démagogie et par peur, il sort en ce moment des phrases ambiguës de rejet (« Pas de place dans l’Église pour ceux qui commettent ces abus. »), qui trahissent son cœur profond et qui ne vont pas dans le sens de la Miséricorde inconditionnelle du Christ. Jésus n’a jamais dit : « Je suis venu pour les victimes et je serai toujours du côté des victimes. ». Non. Il a toujours défendu sa préférence pour les pécheurs, les bourreaux, les criminels, les pédophiles, les assassins, les prostitués, les brebis perdues. Il a mangé à votre table et continue de rejoindre votre cellule. Il aime tout le monde, bien sûr. Y compris les victimes. Mais il est venu surtout pour les bourreaux. C’est cela, la Bonne Nouvelle de l’Année de la Miséricorde.
Mon regard sur des « gens comme vous » – qui ont commis des actes pédophiles que je me sens personnellement incapables de poser (car par chance, mon désir homosexuel ne m’oriente pas vers des hommes de moins de 25 ans… mais bon, la vie aurait très bien pu en décider autrement pour moi) a changé le jour où j’ai rencontré des amis homosexuels qui souffraient véritablement d’être attirés par des adolescents (ça aussi, comme le ressenti homosexuel, ça ne se commande pas trop !), le jour où j’ai compris que la pédophilie était un phénomène bien plus collectif et plus diffus dans nos civilisations de l’enfant-roi, du bébé-objet et de l’anti-vieillissement, que ne voulaient l’admettre nos contemporains, prompts à circonscrire hypocritement la pédophilie dans la sphère diabolique et exceptionnelle des psychopathes à la Dutroux.
Il y a deux-trois ans, alors que j’étais en déplacement en Suisse pour des témoignages, j’ai eu la chance de devenir ami très complice avec un gars homosexuel de mon âge, qui a rencontré le Christ, et avec qui j’ai pu avoir des discussions très profondes. Non seulement il était fin, mais il me semblait plus mature que bien des personnes homosexuelles que j’avais pu côtoyer auparavant. En plus, il avait un humour et un rire très communicatifs. On s’est donc très vite bien entendus, et sans ambiguïté, en plus. Ce n’est qu’après plusieurs années d’échanges, et quand la confiance entre nous s’était solidement installée, qu’il a osé me révéler son lourd secret : il a fait de la prison pour pédophilie. Je n’en revenais pas ! Il n’avait à mes yeux pas du tout le profil du « Pédophile de la télé ». C’est notamment grâce à lui que j’ai fait mienne cette tendance et ce péché pédophiles que je ne ressens pas dans mon corps et que je n’ai jamais posé. C’est grâce à lui que j’ai compris votre humanité, vos richesses, votre grandeur d’âme, votre maladie et vos blessures aussi, à vous, les personnes pédophiles. Depuis cette rencontre, je milite dans mon cœur non pas pour une déculpabilisation et une dépathologisation de vos actes, mais pour une humanisation et une déstigmatisation de votre personne. Je n’ai qu’une seule demande à vous faire : que vous soyez en prison ou pas, que vous ayez commis l’irréparable ou que vous soyez seulement tentés de le faire, pouvez-vous prier pour moi ? Je sais que Jésus vous écoute spécialement, vous les (prêtres) pédophiles. Parce que vous souffrez beaucoup de votre péché. Et parce que vous savez concrètement ce que l’expression « tout perdre » veut dire. Vous êtes le chouchou de Dieu. Donc je sais que votre prière d’intercession vaut de l’or. Merci infiniment.
134 – Vous êtes-vous déjà fait draguer par un prêtre ?
Avant d’en être moi-même l’objet, j’ai déjà entendu des amis cathos et homos me raconter leurs mésaventures avec un prêtre à qui ils s’étaient confiés, notamment à propos de leur homosexualité et des tentations qui les tourmentaient. C’est en s’épanchant sur le secret de leur orientation sexuelle que le prêtre confident s’en était servi pour se déclarer lui aussi homo, et exercer une séduction surprenante, un ascendant redoutable. Les récits de défaillances sacerdotales homosexuelles, j’en ai récoltés pas mal (et beaucoup ne peuvent pas être classés dans la catégorie « pédophilie » puisque le dérapage a eu lieu entre adultes, a fortiori dans le cadre du lien souvent puissant de la foi, où l’amour de l’Église persiste dans les cœurs) : directeur spirituel sur lequel on tombe nez à nez au sauna, confesseur entreprenant, accompagnatrice spirituelle profitant du coming out lesbien de sa protégée pour sortir avec elle, directeur de séminaire ou maître des novices déclarant sa flamme à un séminariste sur la brèche et exerçant un chantage vocationnel sur lui, etc. Véridique, bien que minoritaire (du moins j’espère…).
Moi aussi, de par ma petite notoriété autour de l’homosexualité continente, je me suis attiré à la fois beaucoup de prêtres saints, et à de rares exceptions (parce que je n’ai pas non plus un sex-appeal ravageur ; et parce que la continence est plutôt un tue-séduction… quoique, pour certains prêtres, elle puisse justement agir comme un Graal à ravir au laïc qui la vit à leur place !) quelques prêtres pervers. Mais attention. Pas des prêtres pervers comme dans les films. Plutôt les Richard Chamberlain dans « Les Oiseaux se cachent pour vomir », tirés à quatre épingles, raffinés. Des dandys bobos qui m’ont accueilli dans des apparts neutres qui ne sont pas les leurs, qui m’ont sorti le grand jeu du dîner princier et de la soirée-chandelles sur fond de musique classique (Don Giovanni de Mozart) poussée à fond au moment du climax de leurs confidences-intimité, qui m’ont caché tout du long leur identité de prêtres pour au final la faire tomber théâtralement en voyant qu’ils ne parvenaient pas à me faire mordre à l’hameçon de leur mélancolie/schizophrénie et à me mettre dans leur lit. J’ai rarement essayé de raconter ces épisodes à des amis homos fraîchement convertis ou cathos tradis, car souvent, ils étaient incapables de porter une telle déception par rapport à l’Église-Institution. Ils m’ont pris pour un mythomane qui ne respectait pas les prêtres, pour un présomptueux qui s’invente un rôle de « piège à prêtres ». Et comme ces prêtres libertins et moi n’avons finalement rien fait ensemble, leur tentative de corruption et de séduction reste de toute façon sans preuve. Peu importe. Je n’ai pas rêvé.
En voyant ce cinéma à la Charamsa, je suis passé de la profonde tristesse/déception à la révolte fraternelle (« Tu cours un grand danger, mon gars ! Car si tu continues cette double vie, c’est l’enfer au bout du couloir ! Convertis-toi vite ! »), en finissant par la miséricorde. Beaucoup de prêtres homosexuels ont besoin de s’entendre dire la gravité de l’enjeu de leur Salut, mais également qu’ils peuvent revenir en continence. Rien n’est jamais perdu jusqu’à l’heure de la mort. Je suis témoin de prêtres et amis qui ont remis le pied à l’étrier après avoir sérieusement dérapé/flipé de griller en enfer. C’est pour cette raison que je prie beaucoup pour les prêtres, et notamment les prêtres homos. Je les connais très bien et très vite ! J’offre ma continence pour eux.
135 – Y a-t-il un lien de sang entre homosexualité et prêtrise ?
La question peut surprendre mais elle n’est pourtant pas absurde. J’ai remarqué que beaucoup de prêtres catholiques, sans être homosexuels eux-mêmes, avaient un frère homosexuel dans leur famille de sang directe. D’ailleurs, c’est ce qui m’arrive personnellement : mon grand frère est prêtre. Je sais que la coïncidence n’est pas une règle ni une généralité. Mais je suis étonné de ne pas être du tout un cas isolé. Je connais au moins 7 autres prêtres concernés directement par l’homosexualité via un frangin ou une frangine. La vocation sacerdotale de notre frère nous a-t-elle, par jalousie mimétique, pousser à désirer nos semblables sexués ? Nous n’avons pas la réponse. Néanmoins, cette étrange corrélation triangulaire entre prêtrise-fraternité-homosexualité peut illustrer un élan fusionnel/incestuel non-causal des personnes homosexuelles envers l’Église catholique, en plus d’une Trinité inversée Père-Fils-Esprit Saint. Peut-être même, dans certains cas, est-elle une actualisation de la Parabole du Fils prodigue, avec le fils aîné et le fils débauché présent ensemble sur la scène divine. L’homosexualité est le probable débordement incestuel du sacerdoce, tandis que la pédophilie est le probable débordement incestueux de la parenté. Le lien du sang entre homosexualité et prêtrise existe bien, désigne probablement le désir homosexuel comme une vocation religieuse légèrement déviée et incomprise, annonce – sait-on jamais – une prometteuse voie de Salut pour les personnes homosexuelles qui pourront s’intégrer in extremis dans la sainteté christique de leur frère.
136 – Les séminaristes sont-ils jetés dehors de leur séminaire s’ils se révèlent homos ?
Ça dépend des cas. Parfois, ils sont gardés : l’homosexualité est passée sous silence, et c’est heureux dans le cas où elle est maîtrisée, c’est dramatique dans le cas où elle est banalisée et justifiée, voire même pratiquée. Parfois, ils sont rejetés : mais l’homosexualité reste également passée sous silence, et c’est tout aussi dramatique parce qu’en coulisses, il lui a été donné trop d’importance et elle a été diabolisée, ou bien à l’inverse elle a été enrobée/justifiée d’excuses psychologisantes la plupart du temps infondées. Par exemple, on m’a raconté de source sûre que des directeurs de séminaire (dont certains sont secrètement homosexuels et ont voulu, par envie, se venger de postulants – rarement homos d’ailleurs – qui ne se sont pas laissés posséder par eux) ont radié de leur établissement des jeunes hommes exceptionnels, pétillants, dynamiques, zélés, pour « antécédents familiaux trop lourds », « immaturité affective », « sensibilité trop prononcée », « égocentrisme » (« Tu dois te décentrer de toi-même »). Ils les ont traqués et placés sous surveillance pendant un temps, avant d’établir leur sentence irrévocable. L’homosexualité, ou tout simplement le « préjudice » reproché au séminariste renvoyé en lien indirect avec une homosexualité (car les séminaristes virés ne sont pas toujours homosexuels !), sont dilués dans de la psychologie de bazar. Et pour acheter le silence de ces vocations gâchées, on leur propose en plus, en compensation de leur sortie, de les abandonner dans la nature avec une indemnité financière ! Voilà ta mouche, Merteuil.
Je vois à l’heure actuelle des gars formidables qui, au nom des névroses, de tergiversations mentales malsaines, et de l’homosexualité pratiquée/refoulée de certains responsables de séminaires, vivoter, partir en humanitaire un ou deux ans pour voir du pays et se reconstruire comme ils peuvent (au Rocher, en Amérique Latine… où en plus ça finit par se passer super bien !), se lancer dans l’écriture et la vente de leurs recueils de poésie mystique, raser les murs des églises et des communautés paroissiales, partir s’isoler dans un sanctuaire marial perdu au fin fond de la France, vivre en laïcs en faisant des petits boulots qui les désœuvrent bien plus que si on les avait laisser être les excellents prêtres qu’ils promettaient d’être !
Cette malversation et ce gâchis vocationnel prenant pour prétexte l’homosexualité (parce que derrière, homosexualité avérée bien souvent il y a… mais pas toujours du côté qu’on croit !) ne sont même pas identifiés par les catholiques lambda. Ces derniers se disent avec désinvolture que l’homosexualité ne rajoute rien à la gravité et à la tristesse d’un départ du séminaire, qu’il n’y a finalement pas de quoi faire un plus grand drame de la déperdition des vocations dans l’Église à cause de l’homosexualité que pour « l’hétérosexualité ». Ils ne voient pas que ces affaires ne concernent pas que le cas isolé du séminariste éjecté, mais révèlent une corruption et un malaise persistants à l’intérieur de l’Église, dans la hiérarchie de Celle-ci, donc beaucoup plus grave ! Ils me soutiennent en plus que le fait qu’un séminariste quitte le séminaire pour une femme n’est pas plus grave et différent que s’il part pour un homme. Ce serait la même perte. Je dis que non ! Parce que la transgression opérée est double : c’est non seulement la différence Créateur-créature (l’Église) qui est violée mais également la différence des sexes. Un échelon plus haut est gravi.
Souvent, quand l’homosexualité émerge dans un séminaire, ce qui se passe et la manière avec laquelle ça se passe fait donc vraiment de la peine. Je crie colère contre ce gaspillage vocationnel, contre les vices de forme, contre cette justice ecclésiale à deux vitesses qui ne punit pas toujours les bonnes personnes, qui ne résout pas les vrais problèmes et qui nous prive parfois de prêtres exceptionnels ! Le Seigneur sait ce qu’Il fait en permettant cela. Mais « merde » quand même !
137 – Comment comprendre le document de 2005 du Pape Benoît XVI interdisant l’accès au sacerdoce aux séminaristes homosexuels ?
En effet, le 29 novembre 2005, après une longue enquête qui s’est étalée sur dix ans, en particulier dans les séminaires des États-Unis, d’Allemagne et d’Autriche où certains recrutements de personnes homosexuelles étaient massifs et laissaient à désirer, le Vatican a publié une « instruction relative aux critères du discernement vocationnel au sujet des personnes ayant des tendances homosexuelles, en vue de leur admission au séminaire et aux ordres sacrés ». Sous la houlette du pape Benoît XVI, ce texte déclarait que l’Église ne pouvait ordonner prêtres « ceux qui pratiquent l’homosexualité, présentent des tendances homosexuelles profondément enracinées et soutiennent la prétendue culture gay ». Il laissait la porte légèrement entrouverte s’il s’agissait de « tendances homosexuelles qui sont seulement l’expression d’un problème transitoire, comme, par exemple, celle d’une adolescence non encore accomplie, et qui doivent être de toute façon clairement dépassées au moins trois années avant l’ordination diaconale ». Mais globalement, ça a jeté un gros froid et beaucoup d’incompréhension au sein de l’Église Universelle.
Le document de 2005 a le mérite d’agir comme un avertissement dissuasif à l’adresse de ceux – laïcs comme clercs – qui n’ont pas pris la véritable mesure de l’hémorragie de l’homosexualité au sein du Clergé. Néanmoins, il ne brille pas par sa clarté. Par exemple, qu’entend-on par « tendances profondément enracinées » et comment mesure-t-on le degré d’ancrage d’une orientation homosexuelle ? Mystère et boule de gomme ! Qu’entend-on par « soutenir la prétendue culture gay » ? Moi, personnellement, je crois que la culture gay existe – puisque le désir homosexuel existe, qu’il a ses codes de relations – et je soutiens son étude. Je me considère même comme un activiste et militant gay (ou homo : c’est pareil). Quant à la communauté gay, je pense qu’elle aurait toute sa raison d’être, toute sa beauté et toute sa consistance si et seulement si elle reposait sur l’amitié désintéressée, la fraternité et la continence.
Le problème de cette missive romaine, c’est qu’elle donne à confondre le mode de vie avec la tendance, c’est qu’elle méprise la dimension sociale de l’homosexualité, et qu’elle préfère élaguer sévèrement la vigne (l’Église), quitte à couper trop large et à briser quelques vocations sacerdotales borderline qui en d’autres temps auraient quand même été admises, plutôt que d’appeler à un discernement plus nuancé et clément au cas par cas. Cela dit, grâce à son imprécision et à sa formulation parfois un peu caricaturale, péremptoire et maladroite, le document de 2005 offre paradoxalement une liberté d’interprétation plus grande. Il y a deux manières, je crois, de le lire : on peut y entendre soit une interdiction sèche, soit un appel à une prudence qui tolère les exceptions ne rentrant pas dans son strict cadre de censure. Au final, je trouve que cette directive fonctionne exactement comme un feu orange. Certains automobilistes, en la voyant, se disent « Ok… Je dois déjà m’arrêter avant que ça ne passe au rouge », tandis que d’autres y verront un appel à foncer tant qu’il est encore temps. C’est la raison pour laquelle j’aime bien ce texte, et que je ne le considère absolument pas comme de l’homophobie, ni même comme un commandement désolant. Il avertit mais n’interdit pas. À l’image de la force douce de Benoît XVI.
138 – Faut-il empêcher et peut-on empêcher à un postulant homo d’être prêtre ?
Non. Quand on est prêtre, on donne tout. Même son orientation sexuelle. Donc la tendance homosexuelle ne contredit absolument pas la prêtrise. La tentation homosexuelle ressentie épisodiquement – si elle n’est pas submergeante – non plus (Pour le cas de la pratique homosexuelle, là, c’est un autre cas de figure).
En revanche, un postulant qui ne comprend pas avec son cœur le message de l’Église sur l’homosexualité, et qui n’expérimente pas substantiellement et pratiquement la continence, ne peut pas rentrer dans le ministère sacerdotal de l’Église. Personnellement, je crois qu’il faut aller jusque-là. La croyance en « l’amour homo », pour moi, est autrement plus grave et sanctionnable que l’inclinaison homosexuelle, et même – j’ose le dire ! – bien plus grave que la pratique homosexuelle (passée) et qui a de fortes chances de ne plus se reproduire.
Comment se mesure l’enracinement de cette croyance dans le cœur d’un séminariste homosexuel ? C’est très simple : demandez-lui ce qu’il pense de l’hétérosexualité et de la Gay Pride. S’il défend l’hétérosexualité (en la confondant avec la différence des sexes) et casse la Gay Pride (en tapant sur le « lobby gay », ou en faisant l’hypocrite distinction entre l’adjectif « gay » et l’adjectif « homo »), je ne donne pas cher de sa « vocation » ! Par contre, si, en plus d’être continent, il casse l’hétérosexualité (en tant que diable déguisé en différence des sexes) et ne s’attache pas à la dénonciation de la Gay Pride (parce qu’il a compris que la Gay Pride était des personnes à aimer, et n’était pas le véritable problème de l’homosexualité : le fond du mal de l’homosexualité, c’est la pratique et la croyance en « l’amour homo »), gardez-le dans votre séminaire : son homosexualité est sous contrôle, hors d’état de lui nuire et de nuire à l’Église.
139 – Que faire de toute cette richesse vocationnelle virée des séminaires, des abbayes, des paroisses, au nom de l’homosexualité ?
Je n’ai pas la réponse. Je ne peux que supplier l’Esprit Saint de l’offrir aux chefs de l’Église, et que constater un gâchis monumental encore passé sous silence. Car il va bien falloir un jour proposer une solution et un chemin à tous les laissés-pour-compte de nos paroisses et de nos séminaires, aux ex-prostitués solidement repentis, à toutes les personnes homosexuelles qui se sont converties sur le tard, qui ont eu l’honnêteté de dire leur homosexualité, et parfois même l’humilité de reconnaître leurs péchés homosexuels. J’ai rencontré des amis catholiques homosexuels qui ont vraiment acquis la maturité nécessaire pour comprendre les limites de toute union homo et pour tenir concrètement la continence sur la durée. Après une vie de « couple » et de pratique homosexuelles de plusieurs années, il est évident à leurs yeux qu’ils ne sont pas comblés et que leur épanouissement humain et spirituel s’en trouve atrophié et asphyxié. Désireux de répondre positivement à une vocation religieuse initialement rejetée, je crois qu’il leur est possible de vivre un repentir profond, de revenir à Dieu de tout leur cœur et de faire don de leur vie et de leur personne dans les ordres. Pourquoi certains revenants de l’athéisme, du grand banditisme, de la drogue, de la prison, de l’avortement, de la misère, auraient droit à devenir moines ou prêtres, et pas les blessés de la sexualité tels que certains prostitués, violeurs, pédophiles, sidéens, libertins, stars du X, personnes homosexuelles ? On nous dit que rien n’est impossible à Dieu, que saint Paul ou le bon larron sont des exemples parfaits d’ouvriers de la dernière heure, qu’il n’y a pas lieu pour les personnes homosexuelles qui arrivent à maîtriser leurs penchants homosexuels et qui sont prêtres de dire leur homosexualité et de se voir retirer leur sacerdoce. Que fait-on dans ces cas-là pour les personnes homosexuelles qui pourraient être d’excellents prêtres mais qui ont eu le malheur de dévoiler publiquement leur homosexualité par le passé ou de poser des actes homos avant leur conversion ? Il faut qu’elles aient un C.V. vierge, sans tache, sinon rien, c’est ça ? Où est la Miséricorde ? Quelle place fait-on dans l’Église aux Marie-Madeleine ou aux Charles de Foucault d’aujourd’hui ? Aux fils prodigues ? Au pardon ? Aux convertis de l’homosexualité ? À ceux qui veulent se donner entièrement au Seigneur mais qui se présentent à leur Maître après le coming out et après l’acte homo ? Ce coming out et cet acte auraient-ils, dans la tête des responsables de l’Église, plus d’importance que les personnes renouvelées par la Grâce ? Ce serait regrettable. Même si la prudence est davantage de mise quand un postulant au sacerdoce a été capable de passer à l’acte homo. Mais le postulant repenti, au moins, a plus de chances d’avoir un cœur de pauvre, broyé par son passé peu glorieux, et fortifié par une inattendue confiance de l’Institution ecclésiale, qu’un fils aîné tout orgueilleux de se croire parfait et pas (vraiment) homo.
140 – La formation sur l’homosexualité dans les séminaires est-elle suffisante ?
Clairement, non. Et je vous assure que je parle en connaissance de cause. J’ai eu l’occasion de visiter (avant d’être connu) plusieurs séminaires, en France et en Espagne, de tâter le terrain et de sentir à la fois la radicalisation traditionnaliste ainsi que la boboïsation faussement décontractée chez leurs candidats. De plus, j’ai des témoignages de beaucoup d’anciens séminaristes qui me confirment que la formation à l’affectivité et à la gestion de l’homosexualité est quasi nulle. Il y a des directeurs et des formateurs de séminaire qui, sans être incompétents dans bien des domaines (il ne faut pas exagérer non plus), gardent jalousement leurs nouvelles recrues à l’abri de l’homosexualité. Une fois, on m’a fait rencontrer un prêtre formateur régulier d’un des séminaires de Paris, quarantenaire, qui m’a regardé de haut en méprisant l’apport que mon travail et ma visite pourraient fournir à son institution, en me démontrant qu’il connaissait très bien l’homosexualité puisqu’« il avait lu Proust, Rimbaud, Julien Green, et un peu Xavier Thévenot… ». La grosse blague. Moi, je n’ai jamais fait aucun forcing et ne m’auto-promotionne jamais. Mais je constate des faits et des carences énormes.
Je crois que pour l’instant, la plupart des responsables de séminaires en France n’ont absolument pas pris la mesure de la violence/de l’importance du phénomène homosexuel, aussi bien à l’extérieur de l’Église qu’à l’intérieur. Ils s’évertuent à la considérer comme un « petit sujet » qui deviendrait dangereux le jour où il serait traité comme une priorité… parce qu’au fond ils ne l’envisagent qu’à partir de son angle essentialiste, communautariste, minoritaire, pratiqué, et donc néfaste, et non sous son angle universaliste, continent et saint. « Nous ne sommes pas des obsédés sexuels ! Et il n’y a pas que l’homosexualité dans la vie ! » avancent-ils pour justifier leur immobilisme. Par exemple, le Collège des Bernardins, haut-lieu de formation des séminaristes à Paris, gèle complètement les débats sur le sujet. Idem aux États Généraux du Christianisme, où cela fait deux fois qu’ils annulent ma participation. Le paradoxe, c’est qu’ils préfèrent en entendre mal parler mais peu, plutôt que bien parler et beaucoup. Ils préfèrent consulter des associations gays chrétiennes David et Jonathan ou Devenir Un En Christ, et leur discours « light » et complaisant avec l’esprit du monde, plutôt que de se confronter au problème.
Alors je me permets de dire (ou de rappeler) aux formateurs et responsables de séminaires que ce n’est pas en survolant en théorie le thème (avec le kit « approche historique, anthropologique, psychanalytique et théologique de l’homosexualité ») que nos futurs prêtres seront préparés à comprendre l’homosexualité, ni même prémunis d’une éventuelle tendance homosexuelle. Ce n’est pas en leur faisant suivre religieusement un cours du père Tony Anatrella sur le « narcissisme homosexuel », ou une conférence de Michel Boyancé sur le Gender, ni en leur présentant sommairement l’homosexualité comme un exemple perdu sur la brochette des « addictions » qui peuvent les tenter (porno, internet, masturbation, drogues, surmenage, débauche, séduction féminine…), que les effets anxiogènes de la présomption sociale d’homosexualité accolée aux prêtres vont s’estomper dans l’esprit des postulants au sacerdoce. Ce sont uniquement le cœur de l’homosexualité, la personne de l’homosexualité, les bonnes intentions et les beautés ambiguës de l’homosexualité, la tentation sentimentale et la sincérité de l’homosexualité, qui touchent le cœur de nos séminaristes ! Pas l’homosexualité abstraite, théorique, ou réduite à un phénomène social « à accompagner pastoralement » et « à observer de loin » !
Je me souviendrai longtemps de mon bref passage il y a trois ans au séminaire de la Castille près de Toulon, seul séminaire à ce jour qui m’ait invité (sur l’initiative de Mgr Rey), séminaire qui ne désemplit pas et où, pour une fois, j’ai senti que ça respirait un peu plus que dans les autres séminaires de France. Malheureusement, comme les formateurs ne prennent conscience de l’utilité énorme du traitement de l’homosexualité au séminaire qu’un peu tard, on ne m’a laissé qu’une petite heure de temps de parole. Mais ça a été quand même génial. Et les quarante séminaristes qui m’écoutaient n’en ont pas perdu une miette. Après, ils ont fait la razzia sur tous les livres L’homosexualité en Vérité que j’avais apportés ! Rien que sur la thématique de la proximité entre vocation sacerdotale et homosexualité, ou bien entre sacerdoce et homophobie, on pourrait en écrire un roman ! Ce fut un grand moment entre les séminaristes et moi. Grand moment de fraternité masculine. Grand moment de discussion à bâtons rompus et sans langue de bois : l’homosexualité, c’est un sujet tellement tabou, déjà entre eux mais aussi dans les séminaires (c’est un peu le loup dans la bergerie, et en même temps le dernier loup auquel on pense) qu’il ne peut venir sur le tapis que par le prétexte d’un visiteur extérieur à eux, qui plus est catho et homo. Grand moment de franche rigolade aussi. Je mettais les pieds dans le plat pour aborder et démystifier LE sujet (= l’hygiène sexuelle) qui pèse actuellement le plus sur leur vocation et leur sacerdoce. Au détour d’une explication sérieuse que je faisais sur « l’homosexualité de circonstance » dans les situations de promiscuité masculine, j’ai brisé la glace par une irrévérence spontanée : « L’homosexualité de circonstance, c’est celle qu’on peut observer dans les casernes, les tranchées, les internats… les séminaires ! » Gros blanc général dans la salle… puis, comme cette vérité avait dépassé ma pensée et tapait quand même dans le mille, ce fut l’éclat de rire général ! Mais également grand moment de libération : jamais les séminaristes n’entendent parler du risque d’homosexualité POUR EUX PERSONNELLEMENT et encore moins ENTRE EUX, jamais ils n’entendent des intervenants « sexualité » leur décrire des situations concrètes de dérapages d’homosexualité sacerdotale ou noviciale, des tentations intérieures (d’homosexualité et d’auto-érotisme), ou au contraire des résolutions et des bonnes gestions de cette attraction homosexuelle dans la vie d’un célibataire consacré. Ce qui est compréhensible : il est tellement plus commode d’extérioriser l’homosexualité, de l’altériser, de l’intellectualiser, de la banaliser pour s’en prémunir (« C’est bon. Moi, j’connais ! ») plutôt que de se risquer à l’aborder ouvertement et surtout de risquer de passer pour « un homo (refoulé) » ! Alors que je n’ai jamais vu de postulant à la prêtrise plus solide, plus masculin et plus paternel que celui qui a lu mes bouquins et pris le temps de bûcher un peu le dossier, pour ensuite passer à autre chose. C’est comme les vaccinations : pas besoin d’y revenir. Une fois que l’abcès est crevé, c’est bon, le séminariste peut tracer. Et sa future vie de prêtre, les rencontres avec le monde contemporain, le ramèneront naturellement au chapitre de l’homosexualité, de toute façon ! Mais ce ne sera plus pour lui ni un thème étranger ni un piège paniquant. Ça deviendra un terrain de pêche miraculeuse extraordinaire, d’une actualité et d’une originalité paradoxalement enthousiasmantes !
141 – Dans quel état se trouve le recrutement sacerdotal dans les séminaires par rapport à l’homosexualité ?
Il est dans un sale état. Et je me base sur plusieurs séminaires que j’ai visités, et sur le malaise que j’ai pu sonder chez de nombreux amis séminaristes, des gars d’une qualité rare et pas forcément homosexuels, qui ont soit quittés le séminaire à cause de l’ambiance irrespirable et faussement « cool » qui y régnait, soit qui ont été assez fous pour suivre leur formation jusqu’au bout. Un jour, un prêtre en qui j’ai toute confiance m’a dit qu’il n’osait même pas envoyer ses potentiels postulants au sacerdoce tellement il constatait que les séminaires de sa région étaient « tenus par des dépressifs » qui allaient les abîmer, ou qui allaient faire de leur homosexualité « une fixette / un problème »… Concernant plus précisément l’homosexualité dans les séminaires, le traitement du sujet est marginalisé, voire carrément zappé et privatisé. C’est le tabou par excellence. Elle est considérée – c’est très triste à dire – comme un problème qu’il ne faut pas régler.
Actuellement, le recrutement des séminaristes a tendance à se faire sur la seule base de la POSITIVITÉ. Il faut que le candidat se présente à travers ses qualités, que la prêtrise prenne le meilleur du postulant, pour le tirer vers le Haut, pour que son choix ne soit pas « par défaut » mais au contraire une volonté authentique, affirmative. On recherche des « catholiques décomplexés », des créatifs, des pros de l’« engagement », des communicants, des managers, des fonceurs, des executive men « qui nan veulent », des hommes de terrain qui relèvent des « défis », des zélotes compétents et relax. Bref, des bobos tradis. Des Pierre-Hervé Grosjean. « Fraîcheur de vivre, Hollywood Chewing-gum ! ». On veut partir de ce qui va. Laisser de côté ce qui ne va pas. On veut que les abbés en herbe se lancent dans la solidarité, la convivialité, la visibilité attractive, la fraternité, la créativité, l’humanité intégrale, la sensibilité et l’émotivité, l’interactivité, la publicité, l’immédiateté, la qualité, la performativité, la mondanité aux allures de radicalité, la clarté, l’efficacité, la sainteté sublimée… En revanche, les obscurités, la sexualité (l’homosexualité ? connais pas), la pauvreté, l’humilité, l’intériorité, la vulnérabilité, la saleté, l’impopularité de la Vérité, les peurs, la lâcheté, la timidité, la fragilité, la sobriété, ach nein ! Tout ce qui est intime et qui peut causer une chute ou une polémique, qui peut donner une image négative, on évite.
Les chasseurs de têtes cathos avenantes ont tendance à tomber dans le piège du good cool looking et du positive wording (la seconde est une technique de manipulation bien connue qui soutient que le mal n’existerait que d’être nommé), dans le piège de la façade dynamique et souriante du boboïsme (qui n’est qu’une dépression et une couardise masquées : cf. mon livre Les Bobos en Vérité, à lire absolument). Ils savent pourtant que Jésus a choisi pour disciples des pauvres types, sanguins, illettrés, parfois dépressifs et blessés dans leur affectivité. Mais non ! Ils prétendent faire un recrutement Gold, bien meilleur et plus sûr que celui que le Christ avait entrepris pour Lui, une embauche qui n’aborde pas les problèmes mais uniquement leurs solutions, les bonnes intentions, les richesses, les vérités positives, les chances d’efficacité.
Je regrette. Ma vocation de prêtre, ce n’est pas de « mettre mes talents donnés par Dieu au service de l’Église ». Ce n’est pas de « discerner en moi mes sources de joie, mes grands désirs, mes appels positifs, mes qualités ». Ce n’est pas de devenir un Super-H(Z)éros grâce à Jésus. Non. Ma vraie vocation, c’est avant tout de reconnaître que je suis pécheur. C’est de courir après ma merde avant d’essayer d’ôter celle des autres. C’est d’être postulant pour la mort (vaincue par Jésus à la Croix) et non pour « la Vie » ni pour « l’Humain » ni pour les grandes œuvres d’« engagement » que Jésus va me permettre d’accomplir dans mon ministère en son nom. Et l’abord de l’homosexualité dans les séminaires serait un test idéal de saine humiliation pour cela. À l’heure actuelle, on en est loin. Très loin.
142 – Ne croyez-vous pas que l’orientation sexuelle ne devrait même pas être un critère de refus d’entrée au séminaire, puisque même les hétéros ne doivent pas vivre leur hétérosexualité ? Le vœu de chasteté ne s’applique-t-il pas à tous, indépendamment de l’attraction sexuelle ?
Derrière votre question, il y a l’idée relativiste selon laquelle l’homosexualité ne serait pas le problème de fond de l’abandon de la vocation sacerdotale ni un facteur plus aggravant que l’adultère ou le divorce, et que l’enjeu du sacerdoce serait universaliste et humain, serait l’exigence de fidélité continente pour tout célibataire consacré. L’homosexualité ou l’hétérosexualité n’auraient rien à voir avec le sacerdoce ni avec l’abandon de ce dernier, du fait que le sacerdoce n’est pas – et c’est vrai en apparence – une question d’orientation sexuelle, mais uniquement une question de différence des sexes et de fidélité à Dieu dans le don entier de toute notre personne, y compris notre affectivité et notre génitalité. Le drame du départ et de la chute d’un séminariste/d’un prêtre ne serait pas – et c’est vrai en apparence – une question de coucherie avec tel ou tel sexe mais bien de fidélité rompue avec Dieu et son Église.
« On peut être homosexuel sans avoir de pratique homosexuelle, on peut avoir des pratiques homosexuelles sans pour autant être homosexuel. Qu’un prêtre parte avec une femme est aussi grave qu’un prêtre qui part avec un homme, non ? Je ne vois pas la différence. Pourquoi faire tout un plat de l’homosexualité ? », me direz-vous. Eh bien je répondrais que « Non, c’est plus grave ». Car même s’il est vrai qu’un prêtre qui défroque pour une femme ou qu’un séminariste qui ne va pas jusqu’au bout de sa vocation « à cause » d’une femme cause déjà énormément de peine à tout croyant et impacte toute l’Église, les implications sociales, politiques, médiatiques, et symboliques sont largement moindres qu’en cas d’homosexualité. Le prêtre défroqué avec une femme ne remet en cause que la différence Créateur-créature, tandis que le prêtre défroqué avec un homme remet en cause ET la différence Créateur-créature ET la différence des sexes. Quand l’homosexualité est la forme (mais n’est-elle que la forme, que la modalité du péché, justement ? Je ne crois pas. C’est plus ontologique et sacramentel que ça !) de la démission, sa trahison est double. La portée médiatique et politique est également bien plus lourde quand l’homosexualité s’invite à la rupture des vœux monastiques/ecclésiastiques ou de la promesse vocationnelle. Ce n’est pas seulement la solidité du célibat consacré qui en souffre mondialement ; c’est également toute la position doctrinale de l’Église universelle vis-à-vis de l’homosexualité et de la différence des sexes qui est visée et s’en trouve ébranlée. Ce sont le mariage et l’Eucharistie qui saignent… alors qu’un prêtre ou un séminariste non-homosexuel qui défroque ne renoncera pas forcément au mariage ni à l’Eucharistie, et ne remettra pas en cause l’Église et son enseignement là-dessus (ou sur l’homosexualité). Un séminariste ou un prêtre ou un moine homosexuellement actif pendant et après sa sortie, oui !
143 – Je suis prêtre et homo : Comment je gère cette double condition ? Que puis-je en faire ? Est-ce d’ailleurs à exploiter, cette hybridité, ou suis-je condamné à toujours me cacher, par obéissance et humilité ?
Il n’y a pas trop de nœuds au cerveau à se faire ni 36 000 solutions. Si vous voulez que votre coming out sacerdotal marche et vaille le coup, vous n’avez pas d’autre choix que d’annoncer une continence vécue. Elle est incontournable : elle est la seule à associer l’homosexualité et l’obéissance à l’Église dans la Vérité, et à pouvoir justifier une transparence sociale quant à votre tendance homosexuelle. Tout autre type de coming out est catastrophique. D’autant plus si vous êtes prêtre. Fin du débat. Fin aussi de la déprime. Si vous êtes triste de votre clandestinité ou de l’horizon d’un coming out, c’est que vous n’êtes tout simplement pas prêt, qu’un coming out dans votre cas serait prématuré, que vous n’êtes pas concrètement continent et que vous n’avez pas encore fait le deuil de « l’amour homo » (et non parce que vous seriez prêtre et homo). C’est tout.
Autre chose que je voudrais rajouter. Plus ça va, plus je réalise une chose assez effrayante : beaucoup de prêtres et de religieux n’ont pas d’accompagnement spirituel, sont complètement isolés et livrés à eux-mêmes. Je le vois parce que je suis de plus en plus contacté par des prêtres, des moines, de frères et de sœurs, avec une homosexualité plus ou moins ancrée, mais qui, de par leur statut et l’exemplarité qu’ils doivent incarner, vivent dans un isolement inimaginable. Ça paraît dingue, car sur le papier, dans les faits, oui, ils ont bien un accompagnateur spirituel : parfois même un autre religieux qu’eux, très gentil, très dévoué, à l’écoute, de bon conseil et tout et tout. Mais en réalité, ils n’ont pas d’accompagnement spirituel vu que cet accompagnateur n’est pas homosexuel continent lui-même, et que les prêtres ou religieux avec des tendances homosexuelles – et parfois même avec des chutes/craquages/pulsions homosexuels – ne pourront jamais lui parler en vérité et en liberté d’homosexualité, ni lui dire ce qu’ils sont, tout ce qu’ils vivent, de peur de le décevoir, de déclencher un tsunami, de l’effrayer avec leur double vie, de se voir éjectés de leur communauté, de perdre leur statut de prêtres, ou tout simplement de se sentir incompris. Ils n’ont pas de véritable espace de parole pour se confier, ce qui explique que certains pètent carrément les plombs (dépression, drague, envies suicidaires, désir de quitter le sacerdoce, etc.) et ne puissent déposer leur paquet de péchés et de tentations que très exceptionnellement, soit en faisant la tournée des sites porno (ou pire, des bars cruising !), soit en faisant une confession historique avec un prêtre totalement inconnu dans un lointain monastère écossais où ils seront sûrs que leur secret ne fuitera pas.
Ce qu’il faut bien comprendre, et qui explique pourquoi un certain nombre de prêtres et de religieuses reçoit un accompagnement spirituel inefficace, superficiel, inexistant et non valide, c’est que la blessure homosexuelle nécessite un traitement ultra spécifique et hyper rare (que même les groupes de parole comme Courage, Devenir Un En Christ, la Communion Béthanie, David et Jonathan, les cabinets de psychiatres, et même un accompagnement spirituel officiel, ne fourniront pas). Pourquoi ? D’une part à cause de la honte magistrale qu’est une tendance homosexuelle pratiquée (cela touche donc à la gravité – de nature – de la pratique homosexuelle), surtout pour une personne ecclésiastique (qui ne veut pas que l’affaire tourne au scandale et remonte aux oreilles de l’évêque ou du prieur général) ; d’autre part à cause de l’immensité de l’homophobie à l’intérieur de l’Église (les prêtres ou accompagnateurs peu à l’aise avec le sujet, voire potentiellement horrifiés d’entendre les chutes et les frasques homosexuelles de leur coreligionnaire homosexuel, sont légion) ; et enfin, parce que bon nombre de prêtres et de religieuses portant une tendance homosexuelle, s’imaginent à tort, parce qu’ils ont un accompagnateur spirituel, qu’ils sont accompagnés spirituellement – alors que pas du tout ! – et ils mettront peut-être toute une vie (de souffrances, de dissimulation, de séduction, de contradictions, voire d’abandon de Jésus) à l’admettre.
Alors oui, si vous êtes prêtre ou religieux, avec une tendance homosexuelle (refoulée ou reconnue), vérifiez bien que vous êtes vraiment accompagné, c’est-à-dire que vous pouvez parler en toute vérité et liberté d’homosexualité. Et si ce n’est pas le cas, trouvez-vous un « accompagnateur parallèle/non-officiel » (genre moi, ou quelqu’un d’autre de qualifié) avec qui vous pourrez parler d’homosexualité sans prendre de risques. Car l’homosexualité, ce n’est pas un petit sujet ni une petite composante de votre être. Ça a l’air d’être un détail ou la petite bactérie à la con. Mais je vois trop de dérives sacerdotales graves et de dégâts qu’elle fait dans la vie d’une âme qui pourtant a fait un jour la vraie rencontre avec le Seigneur, pour la négliger. Ne jouez pas aux héros ou aux saints. Faites-vous bien accompagner. Il en va de votre santé physique et spirituelle, mais aussi de votre Salut. Et en plus, vous aidez d’autres personnes homosexuelles continentes comme vous à donner concrètement sens et feu à leur chemin de continence. Vous leur donnez de la joie. Alors pas d’états d’âme et pas de chichis. La Communion des saints fait du bien à tout le monde !
144 – Quels sont les inconvénients d’être prêtre et homo ?
Concrètement, ce sont l’absence de paix, le moral en dents de scie, une vulnérabilité accrue au moment des tentations érotiques/relationnelles, une difficulté à se maîtriser (tant au niveau de la masturbation que de la séduction et du passage à l’acte), une difficulté à être tout à Dieu, à son ministère et à ses paroissiens, l’impression écartelante de vivre une double vie et que l’Église est une mascarade. Et puis – ce qui est plus qu’un simple inconvénient si jamais il y a pratique homosexuelle dans le cadre du ministère – le péril de la damnation éternelle. C’est pourquoi je plains de tout mon cœur le prêtre vivant activement son homosexualité. Et je l’implore de se repentir et de cesser sa conduite mauvaise.
145 – Comment canaliser mes appétits affectifs parfois dévorants ? Est-ce plus dur que si je n’étais pas homo ?
Vous n’arriverez à vous maîtriser qu’en regardant la/votre bête (homosexuelle) en face, et non en la fuyant. Une certaine prière et une certaine manière de pratiquer les sacrements peuvent être de dangereux dérivatifs, des pis-aller qui détournent inefficacement le problème sans le régler à la source. En revanche, si vous ne quittez pas des yeux votre ressenti homosexuel et son fonctionnement, non seulement cela calmera votre tempête intérieure, vous permettra de ne plus faire de votre tendance sexuelle une obsession, mais en plus, cela vous responsabilisera. Vous n’aurez plus l’impression d’être à côté de votre combat, de ce que vous êtes, ni que l’Église et votre sacerdoce seraient des refuges ridicules. Lisez régulièrement sur l’homosexualité. Lisez mes livres et mes articles, par exemple.
Votre homosexualité rajoute-t-elle de la difficulté à votre maîtrise de vous-même face aux tentations de chute, que si vous étiez tenté par une femme ? Oui. Assurément. Je crois que c’est plus dur que vous soyez homo. Le désir homosexuel, plus que d’autres élans humains ou tentations, est complexe, perturbant, costaud, parce qu’il ne bénéficie même pas – en contrepoids – de l’équilibre de la différence des sexes (même quand celle-ci est mal accueillie et mal utilisée, comme c’est le cas dans tous les couples hétérosexuels et dans les tentations d’adultère, de libertinage, d’infidélité entre hommes et femmes), parce qu’il prend la forme d’un bien (amitié, tendresse, esthétisme, indépendance, différence, ouverture, originalité, militantisme, pudeur, innocence asexuée…) même quand il fait le mal, et enfin parce qu’il n’est même pas décrié socialement (ni décrié pour les bonnes raisons… les rares fois où il est décrié). Donc oui, vous n’êtes pas aidé ! Et c’est juste et bon de le reconnaître et de se l’entendre dire. Ça vous évitera sans doute de victimiser (pour rien). Ça vous permettra aussi de mieux supporter votre intuition que le degré d’exigence et de tentation qui vous est imposé est plus fort.
146 – Quels sont les avantages d’être prêtre et homo ?
Costume et étole toujours impeccables. Soutane bien repassée. Un salon très cosy. Pas de risque de faire chuter ses groupies paroissiennes. Des beaux servants d’autel pour vous entourer. Des homélies avec des extraits de Céline Dion. Une ponctualité à toute épreuve. Au taquet sur les règles de savoir-vivre et de politesse avec l’évêque. Une mère hyper sympa. Des discussions gossip girls désopilantes sur le parvis de l’église après la messe. Etc.
Blague à part, en plus de rendre le curé parfois plus drôle, plus sensible (une blessure psycho-sexuelle fragilise, crée des capteurs), plus empathique et attentif à la souffrance et aux combats de ses paroissiens, que bien des clercs classiques, la tendance homosexuelle chez un prêtre joue le rôle d’ordonnatrice et d’avertisseur efficace. Elle a le mérite de clarifier et d’annoncer clairement les choses, le don de projeter directement dans l’éternité et l’au-delà de la vie terrestre. En effet, l’homosexualité vécue dans la prêtrise, c’est l’autoroute vers l’enfer (si jamais on s’acharne à s’adonner à la pratique homosexuelle et à ses penchants mauvais) ou bien vers l’humilité parfaite (si l’on est continent). C’est tout l’un ou tout l’autre.
Quand je dis que l’homosexualité continente d’un prêtre, c’est l’humilité substantielle immédiate, je pèse mes mots. La continence demande une telle docilité à l’Esprit Saint qu’elle ne peut pas être vécue à moitié, être juste une affaire de volonté personnelle ou d’image publique sacerdotale. Elle est forcément discrète, humble, abandonnée et authentique. Cela tient au caractère honteux et décisif de la tendance homosexuelle même : elle empêche au prêtre qui la ressent de l’arborer comme une gloire, fût-elle vécue dans la continence, et elle l’empêche aussi de la négliger, car elle peut le faire chuter définitivement. La fonction sacerdotale est tellement importante – elle a charge d’âmes et de Salut de l’Humanité – qu’elle confère à l’homosexualité un rôle-clé concret dans la vie du prêtre qui la ressent. La continence sacerdotale homosexuelle est forcément humble, non-simulée, et applique à la lettre la demande de Jésus : « Je veux la Miséricorde, non le sacrifice. » (Mt 9, 13), sacrifice étant entendu ici comme « restriction affichée publiquement et posée sans amour » ou « faire-semblant ». Que les prêtres catholiques homosexuels qui me lisent entendent de leurs deux oreilles : si elle est vécue dans la continence, leur homosexualité n’est pas seulement « une chance pour eux, pour les autres et pour l’Église » (formule un peu creuse pour se forcer à « positiver » ce qui ne serait de toute façon pas un cadeau), mais aussi concrètement leur Salut, leur fusée vers le Ciel, la pierre d’angle de leur humilité et de leur sainteté. Alors qu’eux, les amis de tous, soient en fête !
147 – Je suis prêtre et homo : j’aimerais en faire quelque chose, faire tomber le masque. Dois-je le dire par honnêteté et évangélisation à mes paroissiens ou me taire ?
La transparence, la sincérité ou la franchise, ne sont pas des gages de Vérité. On peut vouloir dire le vrai sans L’Écouter ou bien en se trompant sur qui on est. Que se passerait-il si vous parliez de votre tendance homosexuelle dans votre communauté ? Tout dépend de comment c’est fait et avec quelle vérité sur l’homosexualité. Car avec cette dernière, ça passe super bien ou ça casse.
Évidemment, si votre coming out se déroule sans intelligence et dans une perspective essentialiste et sentimentaliste, il risque d’alimenter les soupçons, les gênes polies, les perturbations et les divisions au sein de votre congrégation. Et c’est la catastrophe pour vous. Je ne laisse pas beaucoup de temps à vivre à votre sacerdoce ou ordination. Dans ce cas-là, mieux vaut que la révélation de votre homosexualité se cantonne à l’accompagnement spirituel et à la sphère de la confidence amicale privée.
En revanche, si votre paroisse, votre séminaire ou votre monastère organise un débat ouvert, exigeant, drôle et collectif sur la question homosexuelle (on ne sait jamais, l’Esprit peut souffler…) et que vous êtes suffisamment assuré pour annoncer à tous que vous avez depuis un certain temps « domestiqué la bête », je vous dirais bien de foncer ! De toute façon, il n’y a que la continence et la Gloire de la virginité de la Vierge Marie et de Jésus qui peuvent non seulement vous sauver du ridicule, mais également légitimer votre coming out homo-sacerdotal. Sinon, je ne vois pas l’intérêt.
148 – J’ai été témoin d’une aventure amoureuse entre séminaristes, ou je suis impliqué dans celle-ci. Comment je gère ?
Je tiens à rassurer mes lecteurs. Ce genre de situations arrive rarement. Il n’y a que dans l’imaginaire perverti des scénaristes d’une série comme Ainsi soient-ils qu’elles sont légion. Cependant, en supposant quand même que vous soyez témoin de l’incident dans votre propre séminaire, ou que vous surpreniez un séminariste en flagrant délit d’écart homosexuel à l’extérieur de son séminaire, la moindre des choses, c’est de ne pas ébruiter le méfait, d’une part par respect pour l’Église catholique et pour tous les séminaristes relativement purs, et surtout par respect pour les séminaristes concernés. Il ne s’agit pas de laisser courir l’affaire, mais d’appliquer la gradualité (un mot qui plaît bien à vos formateurs, en général…) de la correction fraternelle (Mt 18, 15-17). Et puis, s’il est possible de parler seul à seul avec les intéressés, pour les raisonner et les aider à être cohérents avec leur engagement, sans en faire une affaire d’État, tant mieux. Car quand il y a pratique homosexuelle, il y a avant tout désarroi. Donc vos collègues séminaristes homosexuels (accidentels ? occasionnels ?) ont besoin de votre aide. Peut-être même que cette aide, par sa simplicité, peut remettre de l’ordre et clore l’affaire très vite. Si en revanche le problème perdure, votre devoir est de vous en référer à vos responsables. Ce n’est pas moucharder ni trahir vos camarades que de dénoncer ce qui se passe et de ne pas les laisser aller vers un sacerdoce qui, à cause d’une double vie, les fera forcément beaucoup plus souffrir eux et souffrir l’Église que si vous vous taisiez.
Si vous êtes impliqué directement et de votre gré dans la pratique homosexuelle, c’est encore une autre paire de manches ! Je ne vais pas vous refaire le laïus du risque éternel que vous encourez (je l’ai déjà fait dans la question n°134) ni vous rappeler le double gâchis vocationnel que vous opérez. Je veux simplement vous mettre en garde contre une menace supplémentaire qui pèse sur vous et que peut-être vous ne soupçonnez pas, tout simplement parce qu’elle ne vient pas de l’extérieur ni de votre hiérarchie, mais de l’intérieur de votre « couple ». C’est d’ailleurs pour cela qu’elle est encore plus redoutable. En effet, j’ai eu connaissance de cas de « couples » d’amants séminaristes secrets où l’un des deux, pris d’une culpabilité qu’il n’est pas parvenu à surmonter sur la durée, s’est retourné contre l’autre, l’a désavoué devant ses supérieurs en le faisant passer pour un « méchant manipulateur » qui aurait abusé de lui, tout ça pour garder le beau rôle de la victime qui finalement ne perdra pas son titre de séminariste et sa perspective de carrière sacerdotale puisqu’il est venu pleurnicher en premier. Ce genre de « coups de pute » ou de trahisons internes sont déjà monnaie courante dans les unions homosexuelles ordinaires… mais alors dans les « couples » homos sacerdotaux, où les deux membres sont soumis à une « pression à la virginité » décuplée et à des attentes parfois démesurées, c’est encore pire (à moins de tomber sur un binôme de tourtereaux capables de quitter simultanément le séminaire, de sacrifier d’un commun accord leur vocation, et de convoler en concubinage sur-le-champ : personnellement, ce genre de synchronicités, je n’ai encore jamais vu !). Sans compter, si vous sortez avec des personnes de votre sexe extérieures au séminaire, la menace non moins dangereuse du outing (= révélation forcée de votre homosexualité), incarnée par des exs ou des amants occasionnels malveillants, et qui vous pend au nez. Je me doute bien que vous prenez vos précautions, et même peut-être que c’est ce flirt avec les interdits, les paradoxes, la double vie et les dangers, qui vous plaît irrésistiblement, qui quelque part excite et nourrit en vous le goût des aventures homosexuelles, le doux sentiment mélancolique d’être une victime christique. Mais vraiment, je vous aurai prévenu : passer à la pratique homosexuelle, a fortiori quand on est séminariste et qu’on la vit en y entraînant un autre séminariste, cela revient à jouer avec le feu aux côtés non pas d’une boîte d’allumettes mais carrément d’un baril d’essence !
Si en revanche vous avez la force, en présence de votre partenaire séminariste, de régler votre dérapage à l’amiable uniquement tous les deux, avec Dieu pour témoin, et avec une confession individuelle auprès de prêtres qui sont bien éloignés géographiquement de votre séminaire, ce serait héroïque et, en plus, possible. Que d’une incartade puisse naître un réel soutien mutuel et fraternel qui permettra à deux vocations sacerdotales authentiques de s’épanouir jusqu’au sacerdoce, ça peut constituer un « jamais vu » qui méritera un double couronnement céleste, assurément !
149 – Un dérapage dans un monastère ou dans un séminaire, est-ce dramatique ? Ne vaut-il pas mieux pardonner, passer l’éponge et laisser une seconde chance ?
Dramatique, sans doute pas (En plus, ça dépend de la teneur du « dérapage » : simple mot doux dans la laverie, SMS ambigu sur téléphone, ou carrément coucherie ?). Grave, oui. Car quand l’homosexualité actée rentre dans une abbaye, un monastère ou une congrégation, c’est la fin de la communauté, à plus ou moins long terme. Le ver est potentiellement et sérieusement dans le fruit. Néanmoins, si les faits sont compris, mis à plat, font l’objet d’un dialogue intelligent et d’une véritable contrition, il est évident qu’une seconde chance doit être donnée. Le problème, c’est qu’en général, ni cette prise de conscience du danger de l’homosexualité pratiquée, ni cette audace du pardon, ni la qualité d’encadrement de l’homosexualité non-pratiquée ne sont là.
Ne pas minorer ni surévaluer le phénomène de l’homosexualité, je ne dis pas que c’est simple. La pratique homo, même posée une seule fois accidentellement ou avant l’entrée au séminaire, même sincèrement remplacée par une vie chaste et pieuse, laisse des traces et aura parfois un impact néfaste sur la durée. Comme me l’a écrit récemment un ami prêtre argentin, lui-même religieux homosexuel continent, le passage à l’acte mérite une surveillance et une prudence accrues : « En tant que formateur, j’ai vu un peu de tout… Moi, je suis rentré dans la vie religieuse très jeune et sans avoir jamais eu aucune expérience de relation avec un homme. Le cas de celui qui a vécu le couple et s’est dévoilé publiquement homosexuel est différent. La plupart du temps, l’homosexuel est passé par une certaine période de promiscuité, souvent après l’échec d’une relation amoureuse. La personne qui a connu cette expérience a vécu un véritable enfer, semblable à celui de l’addiction, et il se peut qu’à partir de là, elle se soit tournée sincèrement vers Dieu. Mais il faut être très prudent en accueillant quelqu’un dans cette configuration. Il me semble qu’on ne peut pas passer directement de la promiscuité à la vie de communauté en chasteté. Cette personne ressent fortement la vanité de ses relations malsaines passées, et cela lui confère une pointe de maturité, mais en même temps une insensibilité et des habitudes qu’il est difficile de lâcher. Son arrivée dans une congrégation pourrait déstabiliser les autres frères qui se trouveraient dans un moment de fragilité. Je suis d’avis que le postulant homosexuel doit passer par un délai raisonnable de continence avant d’être admis. C’est évident qu’il peut rencontrer des tentations contre le vœu de chasteté à l’intérieur de sa propre communauté, chose qui est déjà en soi compliquée à gérer. Personnellement je me suis retrouvé confronté à cette situation, et d’un commun accord avec l’autre frère impliqué nous sommes allés voir notre provincial, qui nous a accueillis avec charité et qui a inventé une excuse pour nous séparer dans deux communautés différentes sans faire de vagues. Je crois que dans un cas pareil la distance est l’unique solution possible. Et c’est important d’avoir l’honnêteté de présenter en toute transparence ces choses-là à celui qui a la capacité de prendre des décisions. »
Ceci étant dit, la prudence ne doit pas prendre le pas sur la confiance. En tenant compte des risques/dommages de l’homosexualité actée et en considérant la sainteté et la beautés possibles d’une homosexualité non-pratiquée qui les dépassent, on peut s’éviter bien des psychodrames, des déchirures communautaires, des doubles vies, un gaspillage vocationnel, des séminaristes jetés à la rue et malheureux parce que leur homosexualité a été à la fois trop montée en épingle et trop banalisée par rapport à leur personne et leur vocation. Face à ce genre d’affaires, je suis donc d’avis d’être radical mais pas rigide à l’égard du passé homosexuel d’un séminariste, voire même d’un dérapage entre deux séminaristes ou entre un séminariste et une personne de l’extérieur du séminaire. Beaucoup de directeurs de séminaire ou de responsables d’ordres religieux me diront certainement que la distance s’impose pour les deux tentés. Et je ne contredirai pas cet élan qui ressemble à une sagesse autoritaire. Mais cette distance peut, dans certains cas, ne faire que déplacer le problème sans le régler, et être un peu trop théâtrale. Là encore, je crois que la Vérité sur l’homosexualité agit beaucoup plus efficacement qu’une décision radicale qui rassure par son intransigeance, mais qui ne solutionne pas toujours le problème en profondeur. La séparation ou l’éloignement entre les deux amants conviendra souvent, mais risque quelquefois d’attiser le feu de la tentation homosexuelle brûlant dans l’imaginaire des séminaristes/prêtres/frères concernés. Seule la Vérité rend libre.
150 – J’étais prêtre mais à cause d’un faux pas homosexuel, j’ai dû quitter définitivement le sacerdoce, alors même que je me suis repenti. Ou bien j’ai été viré du séminaire pour cause d’homosexualité et je n’ai pas pu poursuivre mon cursus. Comment me rattraper ? Que puis-je faire de ce drame et comment survivre au regret, surtout quand ma vie religieuse ou sacerdotale me manque terriblement et que le mode de vie homosexuel ne me satisfait pas ? Quelle sera ma vie future avec Jésus ?
Je comprends vraiment votre sentiment de dégoût et de tristesse d’avoir payé le prix fort de votre honnêteté, de votre transparence, parfois même de vos dérapages pourtant ponctuels et isolés, mais aussi le prix fort des peurs, des crispations, de l’homophobie de la hiérarchie catholique. Pour parler crument, ça fait chier de vous voir maintenant sorti définitivement du séminaire juste pour cette raison-là, sans possibilité de rattrapage. Ça me fout la haine de vous voir sous-employé, alors que vous auriez à l’évidence fait un excellent curé ou frère religieux !
Maintenant que le mal est fait et semble irréparable, que la sentence semble irrévocable, inutile de nous morfondre. Jésus fait toujours en sorte que, quoi qu’il nous arrive (même d’injuste ou d’excessif), nous retombions sur nos pattes et que ça finisse par devenir le meilleur que nous pouvions espérer, même si les apparences et le sentiment d’humiliation de l’instant jouent contre nous. Demandez à l’Esprit Saint de vous aider à comprendre le sens de votre vocation profonde et à ne pas scotcher sur la vocation sacerdotale. Vous n’êtes pas homosexuel pour rien. Ça, c’est sûr. Votre rôle dans l’Église se dessinera en son temps. Et je peux vous assurer qu’il est puissant si et seulement s’il s’attache fidèlement à la continence. Cette fidélité dans la chasteté continente homosexuelle est d’autant plus interpellante (y compris et déjà pour vous-même !) que personne ne vous la demande, pas même votre nouveau statut bâtard de célibataire non-consacré. C’est parce que vous aurez été obéissant sans la carotte que votre soumission à Dieu gagnera en gratuité, que votre récompense dans les Cieux sera très grande, et qu’une plus grosse carotte vous sera offerte. Je tiens les paris !
151 – Un prêtre efféminé est-il nécessairement homo ?
Bien sûr que non. Tout comme dans la vie civile, il y a des hommes maniérés, délicats, artistes, avec une voix haut perchée, intellectuels, contemplatifs, doux, très amis des filles, sophistiqués, familiers des univers féminins… et qui sont tout à fait attirés sexuellement par les femmes. Idem pour les femmes un peu « garçons manqués ». Bien que sexués, nous sommes tous des mélanges des deux sexes, à différents degrés, et cela ne préfigure aucune attraction homo-érotique. Et dans le Clergé, il est encore plus logique de tomber a priori sur une majorité de « gentils », de garçons serviables, de « clichés sur pattes » d’enfants de chœur, sur des hommes plus doux, attentionnés, contemplatifs et serviables que la moyenne. Et c’est heureux.
Maintenant, il faut se méfier que cette charité attendue d’un (futur) prêtre ne vire pas à la mollesse, à la sensiblerie, à l’angélisme, à la peur du monde et de la sexualité, au goût d’un esthétisme spiritualiste, du décorum ritualiste, de l’apparat carriériste. J’en ai rencontré quelques-uns, dans le genre curés tradis psychorigides, voire « vieux garçons » précieux de la Fraternité Saint-Pie X, qui étaient très fans des jolies dentelles, des diaprures, de l’argenterie clinquante, de leur robe ecclésiastique (soutane) toujours impeccable, de leur couronne de Miss (la mitre), des messes en grandes pompes, des cortèges papaux, de la liturgie chiadée, de leur petite cour de bourgeoises aux petits soins, de leurs beaux appartements (style Renaissance ou carrément design néo-colonial bambou asiat’ bobo), de leurs jolis servants de messe mûrissants, de leurs séances de muscu, des causes politiques extrêmes et anachroniques, d’une certaine monarchie de droit divin, etc. Un mélange de douceur caressante, sophistiquée, et de noirceur élégante, énigmatique. Beurk ! Il en existe pas mal, des séminaristes et des prêtres « lavande » comme ça, malheureusement. Ce n’est pas une majorité, mais ils disent la corruption de l’Église à la mondanité libertine.
Fort heureusement, si ça peut rassurer les séminaristes un peu chétifs et pas encore très affirmés dans leur masculinité, j’ai vu certains hommes de foi rentrer dans le sacerdoce de manière branlante, avec une virilité douteuse, et pas toujours pour les meilleures raisons, et qui finalement se sont masculinisés, affermis, paternisés, avec le temps, grâce au sacrement de l’ordre et aussi à leur ministère. C’est même le cas de mon grand-frère – qui est prêtre dominicain depuis plus de dix ans – et sur qui au départ j’avais des doutes concernant une bisexualité latente, tant sur les goûts musicaux que sur certaines attitudes. Maintenant, je n’ai plus de doutes du tout ! C’est même drôle comme, grâce à la prêtrise, il est devenu très mec et très père, se met à exprimer son désir (très chastement) pour les jolies femmes, se comporte en vrai homme (sans avoir à se forcer). Comme quoi, je crois vraiment que les sacrements agissent et qu’un prêtre peut être transformé en Jésus et en Dieu le Père !
Pour finir, j’invite les jeunes prêtres un peu angoissés par leur différence – différence sociale (le deuil de ne pas être mariés et de ne pas avoir d’enfants) mais aussi différence avec leurs confrères ordonnés ou en voie de l’être – à rentrer en paix avec eux-mêmes. Votre timidité n’est pas forcément de l’homosexualité larvée. Ce n’est pas non plus parce que vous n’êtes pas nés grande gueule que vous n’êtes pas masculins ni différemment forts. Si le délire « Star Wars » ou « matchs de foot » de vos camarades de séminaire, ce n’est pas vraiment le vôtre… ça ne veut pas dire que ce soit l’homosexualité qui vous attend au bout du couloir : ça peut signifier beaucoup plus positivement que vous n’êtes ni beaufs ni bobos. Donc tout va pour le mieux pour vous !
152 – Comment un prêtre peut se laisser surprendre par une homosexualité après son ordination ? Il ne pouvait pas s’en rendre compte avant ?
Cette question me fait penser au discours rapide de ceux qui se lamentent des erreurs du passé avec leur soi-disant « distance » du présent, pour mieux juger à la place des autres de ce qu’ils auraient dû faire. Certainement déçus et autrement aveuglés par la réalité noire qui se cache derrière certains sacerdoces, beaucoup de bons catholiques (qui se croient « hétéros ») sont prompts à juger en procès d’« aveuglement », d’« inconséquence », d’« infidélité » et de « haute trahison », les prêtres qu’ils découvrent « homosexuels actifs », alors que ces derniers ont parfois lutté durement, d’autres se sont repentis, voire même évoluent super bien et mènent parfaitement de front ET leur tendance ET leur ministère.
La confluence de l’homosexualité et de la vocation religieuse n’est pas en elle-même désastreuse, inquiétante, ni ne présage d’un échec certain ou d’un manque de clairvoyance. En effet, ce n’est pas toujours une erreur de s’engager dans la prêtrise en connaissance de cause. Tout simplement parce que l’aveuglement en Jésus n’est jamais un aveuglement réel. Le Christ arrive quelquefois à convertir avec le temps les mauvaises raisons pour lesquelles un postulant au sacerdoce est venu vers lui, en bonnes. La place – plus importante que prévue – qu’occupe le désir homosexuel dans le psychisme d’un ministre du Christ peut être revue à la baisse avec la fécondité réelle d’un apostolat, et le dépassement/le rangement/le tassement effectif de la tendance homosexuelle grâce à l’évangélisation. Eh puis c’est bien souvent à cause d’une vraie lumière, d’une vocation réelle, d’une chaleur communautaire qui n’a ni été simulée ni rêvée, d’une Rencontre authentique avec Jésus, d’une ferveur sincère, d’une combattivité volontariste admirable, d’une foi que Dieu et l’Église dépassent les tentations de la chair, que les personnes homosexuelles séminaristes ou prêtres persévèrent quand même dans la voie du sacerdoce. Il faut savoir le reconnaître et s’en réjouir.
De plus, quand on écoute vraiment le parcours des clercs qui se découvrent homosexuels, on voit bien qu’il y a de tout, et qu’on peut difficilement faire de règles sur la seule base d’un ressenti homosexuel. Personnellement, je rencontre des religieux ou des prêtres qui ont très bien « dompter la bête » (même s’ils connaissent parfois des tentations). J’en rencontre d’autres qui ne gèrent pas du tout, ou qui alternent les phases de consolation et celles de désolation, et qui se sont sincèrement fait surprendre par une homosexualité qui leur a sauté à la gueule – presque sans prévenir – au bout de dix ans de sacerdoce, alors que pendant leurs années de séminaire, ou leurs années de vie communautaire, ou leurs premiers pas dans la vie monastique, ils vivaient « sur leur petit nuage », sans avoir à s’inquiéter de l’eau dormante. Certains, en plus, ont servi l’Église depuis leur plus tendre enfance. Ils ne se voient pas prendre un virage à 180° pour les beaux yeux d’une secrète attirance dont ils devinent qu’elle ne les rendra pas heureux, et qu’ils n’ont parfois jamais concrétisée.
Un ami – qui a maintenant quitté les ordres à contre cœur, et à qui j’avais demandé s’il n’avait pas identifié en lui des signes avant-coureurs comme quoi il ne valait mieux pas qu’il s’engage dans une communauté religieuse, m’a avoué un jour ceci : « Au monastère, t’as pas le temps de penser à ça. T’es dans un autre monde, dans ta bulle, dans un autre trip. Tu es comblé par la prière, par la chaleur d’une assemblée, par le Christ. Tes frères ne te parlent jamais de ça. Ta vie est réglée de telle manière que tu laisses ton ressenti d’adolescence au placard. Et tu n’as envie que d’une chose : bénir le Seigneur de t’en avoir délivré. Enfin… tu crois ! » Dans le feu de l’action monastique ou sacerdotale ou communautaire ou paroissiale, c’est parfois bien difficile d’avoir le recul. De surcroît, l’Église, par sa richesse, offre suffisamment d’occupations et de rencontres pour que la personne sacerdotale se trouve des bonnes excuses pour reporter le face-à-face qu’elle se doit à elle-même.
Mais quand ce face-à-face arrive, ça peut faire très mal ! … tout comme ça peut aussi très bien se passer. Je ne suis pas partisan d’une surévaluation de l’homosexualité sacerdotale ou d’une « traque à l’homosexualité » dans les séminaires. Au nom de quoi (mais c’est la même chose pour les hommes mariés) devrions-nous déclarer l’homosexualité Reine d’une existence humaine, Maîtresse d’une vocation sacerdotale, par rapport au combat parfois fructueux que cette âme mène pour s’en sortir grâce à Jésus et à ses sacrements ?? Au nom des dérapages « objectifs » qu’elle connaîtra forcément sur son chemin sacerdotal de célibataire continent ? Au nom du fourvoiement et des chutes de ses collègues homos qui eux n’ont pas su tenir leur engagement ? Vraiment, avant de juger de la déraison des prêtres « homosensibles » ou de remettre en doute la qualité de leur formation/vocation, nous ferions mieux de nous appliquer à valoriser l’homosexualité continente en Église et à admirer les justes raisons (l’Amour du Christ et de l’Église) pour lesquelles les prêtres homosexuels ont senti l’appel à se donner et ont quelquefois manqué de prudence !
153 – Pourquoi certains prêtres de tendance homosexuelle n’arrivent pas à se retenir de passer à la pratique homosexuelle ?
Parce qu’ils s’imaginent qu’en pratiquant l’homosexualité, ils ne la pratiqueront pas et y échapperont. C’est paradoxal, mais c’est ainsi que fonctionne le diable. « Je vais au sauna et vis des plans cul parce que je ne veux surtout rien y mettre, parce que je ne veux surtout pas assumer mon homosexualité au grand jour ni vivre une homosexualité active. Mes chutes vont m’éviter de m’investir sentimentalement, affectivement, corporellement, socialement, vont m’éviter de collaborer avec le mal. » Ils se targuent d’échapper à l’hypocrisie et à la beaufitude d’un coming out et d’un « couple » homo. Et c’est ainsi que petit à petit, par la clandestinité et la double vie, certains curés s’auto-persuadent qu’ils ne pratiquent pas l’homosexualité. Selon leur logique, ce qui ne se voit pas ou ce qu’ils ne veulent pas n’existe pas… donc peut être exceptionnellement pratiqué !
154 – Faut-il carrément virer les prêtres homos de l’Église ?
Non. Ce n’est ni souhaitable (certains prêtres homos, une fois qu’ils sont continents, sont la richesse de l’Église), ni faisable, ni conforme à l’attitude de Jésus avant la Fin des temps (Après la Fin des Temps, je ne dis pas ; mais en tout cas, pas avant).
155 – Et si certains prêtres font des délits à cause de l’homosexualité, les hautes instances cléricales doivent-elles les couvrir pour éviter les scandales et gérer en interne ?
En ayant vent de toutes les hérésies qui souillent sa propre maison, et en particulier le scandale de la pratique homosexuelle de certains prêtres, évêques et cardinaux, tout croyant un tant soit peu attaché à la pureté de l’Église catholique serait tenté de dénoncer les traîtres, de se radicaliser, de se révolter, de faire un grand ménage, de passer le karcher. Mais ça ne se passe pas comme ça dans la Demeure du Christ. Ce fonctionnement interne a choqué les premiers disciples. Pas de raison que ça ne nous choque pas non plus. Par exemple, l’abbé Pierre-Hervé Grosjean qui, en pleine conférence au 9e Pèlerinage du monde des médias le 28 mai 2016 à Paris, traite de « sales types » ses collègues prêtres pédophiles, ce n’est juste pas possible. Aussi nécessaire soit la lutte contre les pratiques pédophiles au sein de l’Église. Aussi affreux soient les actes de pédophilie commis par des curés. Aussi grande soit la souffrance des victimes. Ce qui est « juste » (selon la justice comptable et factuelle des Hommes) ne l’est pas forcément du point de vue de Jésus et de la Justice divine : regardez la conclusion ébouriffante de la parabole du Fils prodigue ou encore de celle des ouvriers de la dernière heure). De même, ce qui est évangélique n’est pas forcément logique.
Concernant l’homosexualité, je comprends que l’indignation et la circonspection soient de mise. Je reprendrais, dans le roman La Maison battue par les vents (1996) de Malachi Martin, les mots de l’abbé Christian Gladstone s’adressant au père Aldo Carnesecca au sujet du non-interventionnisme du Pape Jean-Paul II, « le Pape slave » : « Expliquez-moi pourquoi ce Saint Père n’exclut pas simplement de nos séminaires tous les théologiens qui y enseignent l’hérésie et l’erreur morale. Pourquoi il ne fait rien contre les Messes blasphématoires, contre la pratique de la sorcellerie par les nonnes, contre l’abandon par des nonnes de tout semblant de vie religieuse, contre le concubinage d’évêques avec des femmes, contre l’homosexualité active de certains prêtres qui ont la charge ministérielle de congrégations d’hommes et de femmes homosexuellement actifs, eux aussi, contre la pratique de rites sataniques par des Cardinaux, contre les prétendues annulations de mariage qui ne sont que des paravents pour de vrais divorces, contre l’emploi par des universités prétendument catholiques de professeurs et d’instituteurs athées et anticatholiques. Vous ne pouvez pas nier que tout cela est vrai, Padre. Et vous ne pouvez pas être surpris de mon malaise. » (p. 88) En réponse à l’incompréhension désemparée et légitime de Gladstone, Carnesecca se contente de souligner la liberté et le choix d’Amour caché derrière l’apparente passivité papale : « Si le Pape est prisonnier comme vous le dites, c’est peut-être parce qu’il est tout bonnement consentant depuis le début. C’est peut-être parce qu’il laisse se commettre tous les abus de pouvoir et tout ce qui dévie du devoir apostolique, à Rome aussi bien que dans chaque province de l’Église. » Le Pape est serviteur avant d’être un père jugeant, impitoyable, qui marchanderait la Vérité pour les beaux yeux puristes et « solidaires » des médias. « Six jours avant la Pâque, Jésus vint à Béthanie où habitait Lazare, qu’il avait réveillé d’entre les morts. On donna un repas en l’honneur de Jésus. Marthe faisait le service, Lazare était parmi les convives avec Jésus. Or, Marie avait pris une livre d’un parfum très pur et de très grande valeur ; elle répandit le parfum sur les pieds de Jésus, qu’elle essuya avec ses cheveux ; la maison fut remplie de l’odeur du parfum. Judas Iscariote, l’un de ses disciples, celui qui allait le livrer, dit alors : ‘Pourquoi n’a-t-on pas vendu ce parfum pour trois cents pièces d’argent, que l’on aurait données à des pauvres ?’ Il parla ainsi, non par souci des pauvres, mais parce que c’était un voleur : comme il tenait la bourse commune, il prenait ce que l’on y mettait. Jésus lui dit : ‘Laisse-la observer cet usage en vue du jour de mon ensevelissement ! Des pauvres, vous en aurez toujours avec vous, mais moi, vous ne m’aurez pas toujours.’ » (Jean 12, 1-11)
On peut se demander à juste raison pourquoi cette inertie, ce laisser-faire, ce non-interventionnisme, des directeurs de séminaire, des cardinaux, des papes qui connaissent beaucoup plus que nous ces affaires d’homosexualité ? Le seul qui a osé officiellement mettre de l’ordre à propos justement du désordre homosexuel dans la Curie, c’est le pape Benoît XVI. Ce fut de sa part maladroit mais assez droit au final (cf. la question n°137). Les autres, à leur manière, déploient les efforts qu’ils peuvent, mais ils prennent moins le taureau par les cornes, et sont surtout de moins en moins libres de leurs mouvements (malgré le fait qu’ils soient déjà connus pour avoir la bougeotte !). Pourquoi les autres papes, sans pour autant jeter l’éponge – car cela voudrait dire qu’ils seraient passifs et que leur prière ne serait pas active -, décident de consentir activement à laisser le diable homosexuel pénétrer l’Église ?
Je vois trois raisons principales à cet état de fait : une raison pratique, une raison miséricordieuse (comme je le soulignais au début) et une raison eschatologique. Reprenons-les chacune.
Premièrement, taper du poing sur la table et virer les prêtres homosexuels, c’est pratico-pratiquement impossible. D’une part parce que les prêtres homosexuels exerçant l’homosexualité, aussi minoritaires soient-ils dans l’Église, sont actuellement trop nombreux, trop invisibles et trop haut placés – même dans l’entourage du Pape actuel – pour être délogés et accepter de l’être. Ils jouent d’ailleurs sur le parfum de scandale que la révélation de leurs agissements engendrerait, ainsi que sur la menace – fatale pour l’Église – que ce même scandale entraînerait, pour instaurer leur omerta. En plus, qui peut prouver l’homosexualité ? D’autre part, toutes les homosexualités sacerdotales ne sont pas connues. La frontière entre tendance et pratique est floue ; la frontière entre acte peccamineux et récidive de celui-ci, incertaine ; la frontière entre homosexualité pratiquée et continence quasi parfaite, franchissable ; la frontière entre sphère privée et sphère publique, finement travaillée et – dans le cas homosexuel – souvent insoupçonnable. Les papes sont par conséquent cernés de toutes parts.
Deuxièmement, le flicage intransigeant qui ne laisse pas de place au pardon, ce n’est pas la méthode employée par l’Église. L’Église romaine est un hôpital de campagne qui ouvre sa porte aux criminels et aux pécheurs en priorité. Elle fonctionne comme une famille aimante, fraternelle, qui attend très longtemps avant de se séparer d’un de ses membres et d’en arriver à la colère, à l’exclusion définitive. D’ailleurs, c’est le pécheur qui s’exclut lui-même. À l’instar du Christ, le Pape n’est pas un shérif justicier qui ferait régner la Loi. Il se doit de rejeter le péché mais d’accueillir les pécheurs. « Ce ne sont pas les gens bien portants qui ont besoin du médecin, mais les malades. Allez apprendre ce que signifie : ‘Je veux la miséricorde, non le sacrifice’. En effet, je ne suis pas venu appeler des justes, mais des pécheurs. » (Matthieu 9) L’Église n’est pas une entreprise qui embauche au mérite, qui licencie pour faute grave, qui ne pardonne pas les écarts. Le grand nettoyage se fera à la Fin des fins, quand certains Hommes se seront obstinés volontairement dans leurs péchés, leurs abus et leurs manques d’Amour. L’Église ne fonctionne pas comme une prison humaine, comme un établissement scolaire, comme une entreprise. Ça nous déconcerte, car Elle partage des points communs avec ces mêmes institutions, vu qu’Elle est aussi terrestre, humaine, incarnée. Mais toute une part de sa gestion échappe à la logique rentable, légale, répressive ou punitive d’une corporation purement humaine. C’est Jésus qui jugera l’Église. Pas les Hommes. Dans la réaction du pape François face à l’homosexualité sacerdotale, on pourrait y voir une lâcheté, un manque de paternité et de sens des responsabilités, une absence de clairvoyance, une compromission avec le monde, un aveu qu’il ne serait pas le vrai chef de l’Église. En réalité, le souverain pontife, en bon dernier pape (je crois), ne fait qu’imiter l’Agneau-Jésus qui, avant d’être conduit à l’abattoir et avant sa Passion, ne résiste plus, ne se révolte pas, ne réagit pas en comptable ou en libérateur menaçant qui agite une vengeance ou un terrible avertissement, ne se dérobe pas face à sa mort injuste prochaine. Au contraire, il se tait, aime en silence, permet à Judas de Le trahir, laisse faire, rassemble. C’est le sens mystérieux de la proclamation de la Gloire de Jésus lors de la Sainte Cène, pile au moment où précisément Celui-ci constate que Judas a pris sa décision de Le livrer : « Quand Judas fut sorti, Jésus déclara : ‘Maintenant le Fils de l’homme est glorifié.’ » (Jn, 13) Bien évidemment, il ne s’agit pas d’un éloge victimisant de la trahison ni de la passivité. Mais la Royauté victorieuse du Christ, c’est de consentir à obéir à l’Amour du Père. C’est de ne pas avoir répondu au mal par le mal. En cela, Il est gagnant.
Troisièmement, à la Fin des temps, avant la Parousie (c’est-à-dire l’ultime Retour du Christ en Gloire), l’heure n’est pas tant à la pureté et à la Justice qu’à la Miséricorde et à l’abandon au Père. De même qu’au moment de la cueillette ou de la récolte, on ramasse un peu tout sans trop sélectionner avec précision. Et ce n’est qu’après que le tri se fait plus précis, plus regardant et plus impitoyable. Cette attitude papale et christique (la fameuse « mesure bien pleine, tassée, secouée, débordante » dont parle saint Luc au chapitre 6), elle est écrite et annoncée. Le pape rassemble, invite tous les mendiants sur le chemin et les invités non-officiels (réfugiés, SDF, femmes, personnes homosexuelles, etc.), ne fait plus tellement de sélection sur la qualité et la Vérité, mais plutôt une sélection sur la Charité, en invitant le plus largement possible. Exactement comme dans la Parabole du Festin des noces racontée par Jésus dans Matthieu au chapitre 22 : « Le Royaume des Cieux est semblable à un roi qui fit des noces pour son fils. Il envoya ses serviteurs appeler ceux qui étaient invités aux noces ; mais ils ne voulurent pas venir. Il envoya encore d’autres serviteurs, en disant : ‘Dites aux conviés: Voici, j’ai préparé mon festin ; mes bœufs et mes bêtes grasses sont tués, tout est prêt, venez aux noces.’ Mais, sans s’inquiéter de l’invitation, ils s’en allèrent, celui-ci à son champ, celui-là à son trafic ; et les autres se saisirent des serviteurs, les outragèrent et les tuèrent. Le roi fut irrité ; il envoya ses troupes, fit périr ces meurtriers, et brûla leur ville. Alors il dit à ses serviteurs : ‘Les noces sont prêtes ; mais les conviés n’en étaient pas dignes. Allez donc dans les carrefours, et appelez aux noces tous ceux que vous trouverez.’ Ces serviteurs allèrent dans les chemins, rassemblèrent tous ceux qu’ils trouvèrent, méchants et bons, et la salle des noces fut pleine de convives. Le roi entra pour voir ceux qui étaient à table, et il aperçut là un homme qui n’avait pas revêtu un habit de noces. Il lui dit : ‘Mon ami, comment es-tu entré ici sans avoir un habit de noces ?’ Cet homme eut la bouche fermée. Alors le roi dit aux serviteurs : ‘Liez-lui les pieds et les mains, et jetez-le dans les ténèbres du dehors, où il y aura des pleurs et des grincements de dents. Car il y a beaucoup d’appelés, mais peu d’élus.’ » Si cette ouverture papale nous déconcerte, c’est normal : l’Église amorce sa montée vers Jérusalem et son chemin de Croix vers la Passion du Christ, pour ressusciter avec Lui. Difficile de sauter de joie au plafond. Si cet accueil nous agace, c’est que nous n’avons pas compris comment et pourquoi est mort le Christ (à savoir pour les pécheurs, y compris homosexuels). Si ce silence du pape nous fait grincer des dents, c’est que nous n’avons pas compris que le Père (Dieu) et la Mère (Marie) ne murmurent pas face au mal – alors qu’Ils seraient en droit de le faire ! – et qu’en bons parents aimants qui laissent toujours une dernière chance à leurs enfants, ils ferment les yeux sur nos offenses, font profil bas sur nos impudicités, ne mouchardent pas, mais au contraire prient fort dans le secret pour notre conversion avant le fléau de la Justice qui tombera un jour.
156 – Pourquoi les prêtres ne disent rien sur l’homosexualité ou la pédophilie active de leurs coreligionnaires ?
Le silence fraternel n’est pas que de la peur, de la mauvaise foi, de la lâcheté ni même un aveu de mal et de complicité au mal. Certes, parmi les muets, il y en a qui pratiquent l’homosexualité. Mais beaucoup de prêtres se taisent sur les affaires d’homosexualité parce qu’ils n’ont pas envie de dénoncer ouvertement leurs collègues et préfèrent les aider en priant, en pardonnant et en dialoguant directement avec eux, plutôt qu’en les lynchant en public. En plus, ils aiment leur Église et ne veulent pas que la population généralise à tous les prêtres ni au Christ ce qui n’est pratiqué que par la frange la moins glorieuse et la plus minoritaire de leur beau ministère. Ils se sentent responsables de la chute d’un ami prêtre, bien avant d’extérioriser le problème pour s’en désolidariser dans une indignation médiatique. Là serait la plus grande lâcheté : rester dans le purement factuel, dans un légalisme froid et justicier, qui finalement « se lave les mains » de tout ce qui ne viendrait pas exclusivement de lui. Un prêtre, c’est avant tout un cœur. Il excuse toujours les frères de sa propre famille avant de, parfois, condamner leurs actes. Il a « mal à son Église » quand des faits pareils surgissent au grand jour. Ne lui demandons pas non plus, en plus d’être triste, de devenir hargneux, mouchard et inhumain !
CHAPITRE VII – RESTER FIDÈLEMENT CATHO AVEC CETTE CONDITION HOMOSEXUELLE :
157 – Quel lien existe-t-il entre les personnes durablement homosexuelles et les personnes divorcées remariées ?
De nombreux liens. L’homosexualité et le divorce concernent la violation parodique de la différence des sexes, et les deux publics qui les pratiquent sont appelés par l’Église à vivre la fidélité au sacrement du mariage ou au célibat continent si le cadre de ce même sacrement n’est pas respecté/réalisable. Existentiellement, conditionnellement, religieusement, les personnes durablement homosexuelles et les personnes divorcées remariées sont logées à la même enseigne, unies par un même excommunication (si jamais elles pratiquent le péché auquel les conduit leur condition) ou une mystérieuse promesse de Salut (si jamais elles refusent de s’adonner à leur tendance sexuelle et redeviennent fidèles à leur premier/unique mariage).
En effet, j’ai remarqué qu’il y avait un étonnant écho qui s’opérait entre pratique homosexuelle et divorce. Les deux sont graves et adultères : l’un est donc le reflet voilé de l’autre. Et quand ils ne sont pas pratiqués ou quand ils sont subis, les personnes homosexuelles deviennent le levier de sanctification des personnes divorcées-remariées, et inversement. Le divorce est à l’homosexualité ce que la stérilité est à l’avortement : le jumeau terrible (dans le cas de la pratique de l’homosexualité ou de l’IVG) ou le jumeau salvateur (dans le cas de la non-pratique). D’ailleurs, cette Communion des saints est assez bluffante à observer… Je m’explique. Par exemple, en me rendant aux rassemblements catholiques de soutien aux personnes concernées par l’avortement, j’ai été surpris d’y croiser un certain nombre de couples concernés par la stérilité, l’infécondité biologique, et présents dans l’assistance incognito. Or, si on considère les situations en elles-mêmes, l’interruption volontaire de grossesse n’aurait pas grand-chose à voir avec l’impossibilité involontaire de procréer. Et pourtant, le rapprochement entre avortement et stérilité se fait ! À chaque épreuve particulière à laquelle nous sommes confrontés, Dieu nous assigne des amis précis, des anges-gardiens (néanmoins humains) qui sont là pour refléter nos propres blessures et, dans le meilleur des cas, pour nous annoncer la victoire future de nos combats personnels et malgré tout communs sur celles-ci, grâce à Dieu. C’est beau !
Dans le cas des tables rondes sur l’homosexualité, il arrive la même chose, sauf que cette fois le public caché est celui des personnes divorcées-remariées (et par extension, des personnes vivant un célibat imposé et/ou subi). Lors des sessions catholiques d’accompagnement des personnes homosexuelles, par exemple, plein de femmes et d’hommes quitté(e)s par leur conjoint ou vivant un divorce douloureux, viennent chercher des réponses à leurs propres situations. Ce rapprochement, qui a l’air explosif – et qui l’est quand l’homosexualité pratiquée est défendue (il n’y a qu’à voir l’Association de malfaiteurs qu’a été inconsciemment la Loi Taubira, loi qui a réuni les personnes homosexuelles et les personnes qui se présentaient comme « hétéros gays friendly » pour se venger secrètement de la différence des sexes et de leur mariage raté ; je ne connais pas de personne bien dans son mariage qui ait défendu le « mariage gay ». La défense de l’homosexualité est à elle seule un aveu de désir de divorce) – est en réalité providentiel. La proximité de souffrance, de violence et de rédemption, entre l’homosexualité et le divorce fait que bien souvent, en société comme dans les colloques accueillant les personnes homosexuelles, ce sont les personnes divorcées, adultères, libertines, mal mariées, qu’on retrouve en priorité. Et quand, en plus, l’homosexualité est couronnée par la continence, on peut élargir le public caché de l’homosexualité à toute personne qui expérimente le combat pour la fidélité à Jésus et à son Église catholique : par exemple, l’homme marié qui reste fidèle à sa femme alors qu’il est homo, la personne qui garde un lourd secret, la personne veuve, l’homme marié qui résiste à sa belle secrétaire, la personne malade ou âgée qui résiste au suicide ou à la désespérance, la personne qui surmonte sa peur, la femme qui ne quitte pas son mari après tromperie, etc.
Une fois démontrée la similitude entre les deux sujets, je vois toutefois que, contextuellement, médiatiquement et politiquement, force est de reconnaître qu’il existe quand même une différence symbolique de taille entre homosexualité et divorce. L’homosexualité atteint un cran supérieur sur l’échelle d’importance, de gravité, de priorité de traitement, d’influence, comparé au divorce, parce qu’elle sert d’alibi bien-pensant et mondial n°1 pour l’effacement progressif de la différence des sexes (alors que le divorce, aussi violent et dramatique soit-il, ne remet pas du tout en question la reconnaissance sociale de la réalité humaine de la différence des sexes, même si à l’évidence il maltraite celle-ci).
De plus, le divorce, socialement, ne bénéficie pas d’un capital sympathie/empathie et d’un pouvoir médiatico-politique aussi puissant que l’homosexualité. Les libertins ne poussent pas (encore) le bouchon assez loin pour avoir le culot de nous vendre le divorce comme un bien ou comme de l’amour. En revanche, l’homosexualité, si ! Nous devons donc en tenir compte et la considérer comme un thème majeur, un objectif prioritaire. Ça semble étrange, illogique et disproportionné mais c’est ainsi. Avec l’Union Civile et le « mariage gay », c’est le cœur de l’Humanité, à savoir la différence des sexes, qui a été touché et banalisé mondialement. À l’instar de l’avortement ou du chômage, le divorce n’aurait jamais pu déplacer les foules (cf. les Manifs Pour Tous) comme l’a impulsé l’homosexualité (alors qu’objectivement, que deux hommes passent à la mairie, ça semble bien moins grave que de tuer un bébé par un avortement ou de perdre son boulot ; en plus, les personnes homosexuelles restent démographiquement une minorité de la population mondiale, et devraient donc avoir un poids décisionnel et une influence dérisoire). Pourtant, à cause de l’importance et de l’universalité de la différence des sexes d’une part, et eu égard à l’ignorance collective et au crédit compassionnel dont bénéficient les personnes homosexuelles d’autre part, l’homosexualité occupe dans notre monde d’aujourd’hui une place de premier plan. C’est la grande différence entre l’homosexualité et le divorce.
C’est la raison pour laquelle je crois que l’inflation actuelle des publications des guides catholiques de préparation au mariage, aussi utiles et justes soient-ils, constitue une erreur de vision sur les enjeux mondiaux du moment concernant la sexualité. Les prêtres catholiques médiatiques, en sortant une énième méthode pour « bien réussir son mariage et son couple » dans l’optique de déringardiser la Théologie du Corps de Jean-Paul II ou de costumiser la Théologie de la libération (#engagetoi #lengagementcestbien), se plantent de cible et de priorité.
158 – Peut-on être en couple homosexuel tout en restant chaste ?
Je ne le crois pas. Il y a incompatibilité foncière entre chasteté et « couple » homo car l’inceste (l’inverse de la chasteté) – et la fusion qu’elle induit – est provoquée d’une part par l’absence d’amitié désintéressée, d’autre part par l’absence de différence des sexes en amour et en sexualité, et par conséquent ne permet pas la chasteté effective. C’est pourquoi l’expression « union homo chaste », « couple homo chaste », « couple homosensible spirituel » ou « amour fraternel », est antinomique. En amour (plein), on ne peut pas servir deux maîtres : l’absence de différence des sexes (le « couple » homo) ET l’incarnation même de la différence des sexes (à savoir Jésus et, par atavisme, l’Église catholique). Il faut choisir. Les deux ensemble (homosexualité active et pratique religieuse active ; ou bien homosexualité active et chasteté parfaite) ne collent pas. Ce que je vous dis là, je l’ai expérimenté dans ma propre vie homosexuelle active, et dans les couples homos que je vois (même ceux qui sont présents tous les dimanches sur les bancs de l’église).
Certains prêtres et évêques feintent hypocritement/par ignorance, jouent sur les mots en soulignant que « le couple homosexuel ne serait pas l’acte homo », ou que le couple homosexuel ne contredirait pas l’Église ni l’amour de Dieu partagé entre deux hommes et donnés à deux hommes « en couple », d’autant plus si ce « couple » va à l’Église, s’il vit sous le même toit « en frères », et s’il n’exerce pas la totalité des pratiques génitales et affectives qu’embrasse l’expression « actes homosexuels ». À leur décharge, cette incompatibilité ou impossibilité (entre pratique homo et chasteté) n’est pas dite, même par nos chefs ecclésiaux, parce qu’elle n’est pas de l’ordre de l’évidence, mais également parce que, je crois, elle sort du cadre moralisant du manichéisme bien/mal pour trouver sa maigre justification dans le Mystère d’iniquité qu’est la Croix et dans le silence de Jésus qui nous laisse libres.
Il n’y a pas de chasteté foncière dans le « couple » homo. Néanmoins, il peut y avoir chasteté partielle dans le respect, la distance, la constance, la non-fusion entre les deux amants. Et les actes de charité qu’ils posent ensemble, leur attention mutuelle, leur maison ouverte, ou bien leurs engagements sociaux et ecclésiaux, peuvent être un bon moyen de l’instaurer. Et si de surcroît ce « couple » est catholique en actes et qu’il a conscience des limites de ce qu’il vit et du péché qu’il pose en persistant dans son mode de vie, il peut vivre, je crois, l’humilité paradoxale du pécheur qui se sait bien plus redevable et dépendant de la Grâce de Jésus qu’un homme marié et catholique pharisien qui s’estime bon et parfait sans l’aide de Jésus. Au Ciel, on risque d’avoir bien des surprises. C’est pourquoi je vois dans la prudence du Pape François (« Qui suis-je pour juger ? ») le contraire du pharisaïsme… même si ce n’est pas, pour le coup, très guidant.
159 – Ne vaut-il pas mieux composer avec l’homosexualité en vivant un couple homo avec un partenaire catho, plutôt que de s’imposer un célibat sec, de ne pas aimer du tout et d’être malheureux toute sa vie ?
Alors, et d’une, ce n’est pas parce qu’on n’est pas en couple qu’on n’aime pas et qu’on passe à côté de sa vie.
Deuzio. Ailleurs se trouve toujours pire que ce qu’on vit : ça ne rend pas pour autant ce qu’on vit juste. L’ordre ne vient pas du chaos. Il n’y a pas lieu d’opposer une caricature à une autre caricature, ou une situation peu idéale à une situation supposément plus catastrophique qu’elle, pour justifier la « moins pire », mais au contraire il nous faut viser un meilleur qui les dépasse toutes deux et qui reste réalisable. Rien ne sert non plus d’encenser le « couple homo soi-disant chaste » sous prétexte que la plupart des « couples » homos se comportent encore pire que lui et ne fournissent pas le quart du tiers d’efforts et de fruits qu’il donne.
Gardons-nous aussi de monter au pinacle le terme « chasteté » et sa supposée supériorité morale. Cette supériorité n’est ni évidente, ni clinquante, ni flagrante ni à imposer et à opposer à la chasteté partielle des « couples homos cathos » dont je parlais tout à l’heure. Faire la volonté de Dieu dans le domaine de la pratique homosexuelle est toujours mieux que de ne pas la faire, mais n’apporte pas tellement beaucoup mieux et ne change pas grand-chose a priori. À certains moments, la tentation de céder à la pratique homosexuelle et à la douceur du sentiment amoureux homosexuel est même si forte qu’il n’y a plus qu’au sein du Catéchisme de l’Église catholique et de la prière auquel se vouer pour trouver un sens au renoncement : « Les personnes homosexuelles sont appelées à la chasteté. Par les vertus de maîtrise, éducatrices de la liberté intérieure, quelquefois par le soutien d’une amitié désintéressée, par la prière et la grâce sacramentelle, elles peuvent et doivent se rapprocher, graduellement et résolument, de la perfection chrétienne. » (CEC, n°2359)
Je me sens donc bien petit et bien désarmé pour instaurer une frontière franche entre chasteté et pratique homo, pour dire qu’un « couple » homo pèche d’autant plus s’il joue au catho et qu’il connaît la vérité sur sa désobéissance, ou même pour renoncer définitivement à la pratique homo et donc au « couple » homo. Face à des « couples » homos qui se débrouillent mieux que bien des couples homme-femme, à des couples homos qui sont fidèles, qui sont ouverts aux autres, qui sont charitables et ne vivent pas que pour eux, qui ont même mis Jésus dans leur « binôme », que puis-je dire ? Je suis toujours bien embêté et peu sûr de mes billes. Même si j’ai le devoir d’annoncer la Vérité, d’en vivre, et que le temps, les faits, donnent finalement raison à l’Église.
J’ai beau deviner la Voie Royale, connaître ce que je dois faire en conscience et ce que me dicte l’Église, au moment où je vous parle, je ne sais toujours pas si j’ai pour autant raison de renoncer définitivement au « couple » (pour moi), s’il faut absolument que j’y renonce, si j’aurai toujours la force d’y renoncer, voire même si ce serait si catastrophique de ne pas y renoncer ou en contradiction avec tout ce que j’ai écrit. Toujours pas convaincu. Ma grande souffrance – mais c’est aussi là que se niche mon indestructible liberté et l’amour personnel de Jésus pour moi – réside dans cette incertitude de mon sacrifice et de ma foi. Si j’étais 100% assuré d’être dans le vrai, je ne serais pas libre ni aimé de Dieu ni son collaborateur. Si je me sacrifie dans la continence, c’est mieux ; si je ne me sacrifie pas, je vivrai la tristesse du jeune homme riche de la Bible (Mt 19, 16-30), qui malgré tout ne sera pas forcément voué à la géhenne d’avoir refusé de tout donner, et qui n’est pas un ripou pour autant : c’est même un gars bien, qui a « juste » eu la bassesse de troquer le don de lui-même contre son plaisir, sa raison, son confort. Je n’ai aucune certitude concernant le manque de chasteté, d’amour et de beauté, au sein du « couple » homo qui a décidé de respecter Dieu même s’il ne Lui obéit pas entièrement. Cette impuissance est à la fois mon drame (en plus, ça me donne l’impression d’être soit hyper orgueilleux soit complètement fou dans l’entêtement), à la fois bon signe et nécessaire : elle prouve que Dieu est amour.
Et le pire, c’est que rien n’est véritablement fait dans l’Église catholique pour qu’on renonce au « couple » homo, pour nous servir de pare-feu, pour soulager ce cri d’angoisse quand la tentation amoureuse homosexuelle nous assaille. Quasiment pas d’encouragement. Quasiment pas de compréhension. Quasiment pas de soutien. Quasiment pas de sympathie et de fraternité. Quasiment pas d’explications solides du « pourquoi c’est mal » et « qu’est-ce qu’il y a de mieux ». Sur les réseaux sociaux (mon seul moyen de diffusion de mes idées et de mes écrits), j’ai souvent l’impression de ramer dans le vide, de soliloquer quand j’explique les limites du « couple » homo et la primauté de la continence, quand je défends le commandement de l’Église et du Christ sur l’homosexualité, quand j’explique pourquoi l’« amour » homosexuel n’est pas un amour authentique. On m’écoute – y compris les catholiques – avec circonspection, distance, jalousie, méfiance, absence, intérêt égoïste, froideur, peur, dérision, suspicion. Comme si j’étais un traître, un excessif, un menteur, un honteux, un penseur dont il faut freiner ou sélectionner la pensée. Idem, quand je consulte l’avis des cardinaux, des évêques, des prêtres et même des Papes, à propos du « couple » homo : je sens qu’ils patinent dans la même semoule que moi ou qu’ils se défilent au moment d’expliquer pourquoi il vaut mieux ne pas le vivre, en me renvoyant à mes écrits… parce qu’ils n’ont guère d’autres références que mon travail en matière de réfutation du passage à l’acte homo. C’est à jeter l’éponge, ce désert ! Et cette maigreur de la frontière entre le « correct » et le meilleur, c’est à perdre la foi ! Voilà pourquoi, même si vous êtes en « couple » homo « chaste » (en intentions) et catho pratiquant, je ne vous jugerai jamais d’avoir cédé à la facilité de vivre en concubinage, de choisir le compromis ou le moindre mal, de privilégier le plaisir au don… même si je ne cesserai pas de penser que ce que vous vivez est limité, écartelant, insatisfaisant, en partie faussé, moins authentique que la continence. Je n’en suis moi-même pas sûr. J’ai l’impression, face à certains « couples » homos, de me tromper, d’être injuste envers eux, trop sévère, d’être un briseur de rêves, d’être un avorteur d’amour (un amour certes pas idéal mais pas toujours laid non plus : « Si ça n’est pas vraiment l’amour, ça y ressemble » comme dit la chanson), un disciple arbitraire du Catéchisme. Dieu m’entende et me maintienne toujours dans l’humilité et la maigre supériorité de la continence.
Ménage d’été : Merci Pape François
C’est bien. Les propos du Pape sur l’islam me permettent de faire un nouveau ménage d’été dans ma liste de contacts. #lescathosconssontdesortie 🙂
Certains, au nom de leur « catholicité », tapent sur le Pape, le traitent de tous les noms (en prouvant à leur insu ce que dit le Pape François sur la violence de certains catholiques… mais bon, on n’est plus à un paradoxe près, avec eux!), disent même qu’ils vont changer de crèmerie et aller à la Fraternité Saint Pie X, ont la bêtise d’opposer les persécutions physiques et les persécutions psychologiques/spirituelles (comme si le Pape avait opposé les deux ou avait eu l’inconscience de ne pas rentrer dans ce binarisme manichéen… alors que, en réalité, les persécutions physiques et les persécutions spirituelles se font souvent écho et ne peuvent pas être caricaturalement opposées ni fusionnées…). À tous ces catholiques plus papistes que le Pape, plus catholiques que le Pape, je dis « ciao bye bye » !
Et je rajoute que, même je ne suis pas d’accord avec le Pape quand il dit qu’« il est injuste d’associer l’islam à la violence » (l’islam, c’est exactement comme l’homosexualité : celle-ci ne devient pas violente si elle n’est pas pratiquée ; mais elle le devient dès qu’elle est crue vraie et qu’elle est pratiquée ; et même quand elle n’est pas pratiquée, elle a intrinsèquement de nombreux liens avec la violence ou avec le satanisme, car elle est une blessure, elle est témoin d’une violence réelle), ça ne m’empêche pas de le respecter. On ne tape pas sur le Pape. C’est tout. Il est l’Oint de Dieu. Qui tape sur le Pape tape sur l’Esprit Saint. Ça ne lui sera pas pardonné. Et cela n’empêche que la ceinture de Vérité sera mise autour de Petrus par quelqu’un d’autre que lui.

P.S. : Réflexion pertinente lue sur Facebook : « Dire que les violences de l’islam sont les mêmes que les violences des catholiques. Lorsqu’ils tuent, les musulmans ne font qu’obéir à leur dieu Allah. Lorsque les chrétiens tuent, ils désobéissent au Christ. Peut-être cela vous avait-il échappé. Dire que les deux sont la même chose est une contrevérité. C’est factuel. »
La Grâce de notre époque
On pourrait se plaindre d’être les contemporains d’une époque particulièrement troublée dans laquelle nous allons souffrir et frémir plus que dans les autres. En réalité, peut-être que Dieu nous offre par là le privilège d’en chier moins longtemps que les autres au purgatoire (même si je sais qu’au purgatoire, il n’y a plus de temps). 🙂























