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La prolifération actuelle des « biopics » sur des célébrités « homosexuelles » : le foutage de gueule sincère du lobby LGBT

Truman

 

Un nouveau phénomène mondial de la propagande LGBT (Lesbien-Gay-Bisexuel-Trans) apparaît en force depuis 5 ans sur nos écrans de cinéma : la « biopic » d’une personne dite « homosexuelle ».
 

Certains cinéastes gays friendly voire carrément homosexuels, soucieux d’émouvoir tout le monde tout en lui faisant la leçon et en le culpabilisant à grand renfort d’anachronismes grossiers et de références pseudo « historiques » et « réalistes » d’une époque et d’un vécu personnel dont le grand public ne connaît rien, déterrent des « grandes » figures universelles de l’homosexualité pour les présenter à la fois comme des grandes victimes d’homophobie et des Génies incompris qui auraient sauvé l’Humanité. Toute cette instrumentalisation et falsification historique a pour but de justifier des fantasmes amoureux asexués et les revendications politiques actuelles du lobby LGBT hétérosexuel que la plupart de ces « homosexuels historiques », portés aux nues comme étendards rainbow, auraient, de leur vivant, désavoués avec véhémence. C’est ça le pire…

 

La liste des « biopics » LGBT commence à s’allonger : Phillip Morris (« I Love You Phillip Morris » (2009) de Glenn Ficarra), Arthur Rimbaud (« Rimbaud, Verlaine » (1995) d’Agnieszka Holland), J. Edgar Hoover (« J. Edgar » (2012) de Clint Eastwood), Truman Capote (« Truman Capote » (2006) de Bennett Miller), Harvey Milk (« Harvey Milk » (2009) de Gus Van Sant), Allen Ginsberg (« Howl » (2010) de Rob Epstein), Pier Paolo Pasolini (« Pasolini » (2014) d’Abel Ferrara), Jean Sénac (« Le Soleil assassiné » (2003) d’Abdelkrim Bahloul), Yves Saint-Laurent (on en a bouffé matin midi et soir ! : 3 films d’un coup : « L’Amour fou » (2010) de Pierre Thoretton, « Yves Saint-Laurent » (2014) de Jalil Lespert, « Saint Laurent » de Bertrand Bonello), Guillaume Gallienne (« Guillaume et les garçons, à table ! » (2013) de Guillaume Gallienne), les héros si discrets du militantisme « homo » du « passé » (« Philadelphia », « Pride », « Le Secret de Brokeback Mountain », « Dallas Buyers Club », « Love is Strange », « A Single Man », etc.). Et maintenant Alan Turing dans « The Imitation Game » (2014) de Morten Tyldum.

 
Imitation
 

Pour ce dernier, j’ai halluciné. Le mec était un type objectivement exécrable (c’était de notoriété publique), couchait avec des petits jeunes, vivait un désert affectif incroyable, n’avait ni amis ni femme ni amant solide, a nié son homosexualité toute sa vie, a fini par se suicide… mais NON ! Il est transformé en pauvre victime de l’homophobie, en « génie insupportablement génial », en héros international qui, grâce à sa performance intellectuelle, à son intuition divine (et à la castration chimique), aurait carrément fait reculé la Seconde Guerre mondiale de 2 ans, et sauvé 14 millions de personnes. Rien de moins que ça ! Et c’est écrit noir sur blanc dans le générique final. À part ça, vous ne vous foutez pas un peu de notre gueule ?

 

Quand on connaît la vraie vie de ces hommes applaudis comme des dieux (alors qu’ils n’étaient ni des saints, ni des diables… mais qu’en général, ils étaient insupportables à vivre et souvent désaxés en « amour » homo), quand on sait qu’ils n’étaient absolument pas militants « homos » dans l’âme, voire même réfractaires à leurs tendances homo-érotiques, puis homophobes parce qu’ils ne voyaient pas leur homosexualité comme un objet de fierté et encore moins comme un « droit » politique à réclamer, on sort de la salle de cinéma assommé par tant de mensonge sincère, tant de bons sentiments, tant d’indécence, tant de travail de sape de la mémoire (travail qui se présente comme « historique » : un comble !), tant de moralisme. Federico García Lorca et tous les autres doivent se retourner cent fois dans leur tombe ! Et une infime minorité de spectateurs semble réaliser que cette propagande pro-gays les roule dans la farine et n’a quasiment rien de réaliste !

 
Harvey
 

Triste époque que la nôtre, qui se choisit des héros parmi des Hommes qui ont tout des anti-héros, qui n’ont pas exécuté de hauts faits, qui ont méprisé le Réel et leur sexualité, qui ont pour la plupart eu une vie amoureuse et sociale catastrophique. L’héroïsme n’est plus lié à la sainteté, à la volonté, à l’Amour des autres et de la différence des sexes, à la fidélité, à l’engagement, au Réel. Il serait accidentel, misanthrope, il serait dû au fait d’être persécuté, malheureux, torturé, marginal, asocial. Et quasiment tout le monde avale cette couleuvre. Vive la biopiquouse !

 
 
 
 

Rajout du 2 juillet 2015 : Une nouvelle biopic homo arrive sur nos écrans, « Qué viva Eisenstein ! » de Peter Greenaway, sur Sergueï Eisenstein…

Once preguntas sobre la homosexualidad (entrevista por Elisa Murgese, noviembre del 2014)

 
elisa
 

1 – ¿Cuándo descubrió su homosexualidad?
 

La descubrí a los diez años. Durante la pubertad, a través de las revistas y la tele. En aquella época, sufría mucho aislamiento – tenía pocos amigos – y de una relación de gemelos fusional y malsana. No creo en la existencia de « causas de la homosexualidad » ; sólo sé que hay terrenos que favorecen la llegada del deseo homosexual, y que en mi caso, mi tendencia homosexual parece originarse prioritariamente en mi gemelidad… y no, como suele decirse, porque hubiera tenido una madre posesiva o un padre ausente.
 
 

2 – He leído que cuando tenias 29-31 años tu teniò relaciones sexuales con hombres, y luego eligió la castidad. ¿Por qué? Cuando cambió tu vision de la homosexualidad?
 

No sólo elegí la castidad sino que he escogido la continencia para vivir aquella castidad. La continencia, es el único camino que la Iglesia propone a las personas que se sienten durablemente homosexuales para vivir con una tendencia homosexual. Digo esto porque ciertas personas piensan que la castidad no impide la formación de una « pareja ». Yo creo que la unión homosexual no es nunca casta, aunque se viva en la fe y sin ciertas prácticas sexuales. Sólo la amistad desinteresada y la continencia permiten a las personas durablemente homosexuales acoger la diferencia de sexos de la mejor manera posible.
 

Elegí la continencia porque me di cuenta que no podía vivir la sexualidad sin la sexualidad (la diferencia de sexos). Mis relaciones amorosas homosexuales no me colmaban, y adivinaba que el problema no provenía de los chicos muy majos con los cuales salía ni de mí… pero de la ausencia de la diferencia de sexos. Entonces, no valía la pena insistir más. Sé que la verdadera felicidad, no es únicamente « estar bien » con alguien, sino que es vivir lo mejor y lo más justo. La « pareja » homosexual puede satisfacer pero no colma, puede estar bien pero no es lo mejor.
Gracias a la continencia, es como si viviera una liberación instantánea y progresiva. Cuando uno practica los actos homosexuales, compruebo que ya no puede hablar de ello ni ver el sentido de su deseo homosexual en frente. El acto homosexual es – y funciona como – una censura. La palabra se libera y la vergüenza se va en seguida cuando uno renuncia a los sentimientos homosexuales. Igual que para la pornografía. Una vez que paras, descubres que antes, te aislabas, tenías menos humor, menos alegría y menos amigos, hablabas menos porque no querías que tu mentira sea desvelada.

 
 

3 – ¿Tu elección fue conectada al hecho de que la relación homosexual no te gustaba?
 

No, puesto que la relación homosexual, siempre la vivía con hombres sinceros, tiernos, respetuosos. Y me gustó bastante, sobre todo en la cama y con la ternura. Pero la mentira o la desilusión en la « pareja » homosexual se ubica en otra parte : en la confusión entre amistad y amor, y en el rechazo de la diferencia de sexos (la única que asegura el don total de sí). Con mis compañeros, éramos sinceros. Pero no éramos verdaderos. Pensábamos hacer algo bien sin hacerlo verdaderamente. El amor encarnado no se vive sin la diferencia (de sexos). Y esto es verdad también para los célibes consagrados.

 
 

4 – ¿Todavía sigue saliendo con homosexuales? ¿Qué creen de tu elección y opiniones?
 

A partir de la publicación de mis libros, es decir del 2009, ha cambiado totalmente la red de mis relaciones. Perdí a muchos amigos (los « tolerantes » son particularmente intolerantes con los que no piensan como ellos…), pero gané también a muchos y a mejores.
 

Sigo viendo a personas homosexuales, pero esta vez, es una amistad casi inmediata porque saben exactamente lo que pienso y vamos directamente al grano. Antes, escondía mi pensamiento profundo sobre la homosexualidad. Ahora, el tiempo se acelera y encuentro a verdaderos hermanos homosexuales muy fácilmente, sin ambigüedad. En el « ambiente homosexual » y de modo general con las personas homosexuales, sea me odian sea me aman muchísimo… y los que me odian, es porque no me leen y no quieren conocerme.

 
 

5 – Estas haciendo una « batalla » contra la legalización del « matrimonio para todos ». ¿Por qué te opones a los matrimonios gays?
 

Porque defiendo a las personas homosexuales y no quiero que nos instrumentalizen para negar nuestra realidad de « pareja », negar el sufrimiento que es el deseo homosexual, negar la violencia que es la práctica homosexual. Más de 90 amigos homosexuales me han revelado que han sido violados : ¡ no es un detalle ! La sociedad aparentemente quiere nuestro bien, pero « nuestro bien sin nosotros », sin conocernos. El « matrimonio para todos » es una prueba de la indiferencia homófoba de la gente que se cree « hetero gay friendly » pero que no quiere encontrarnos… además de ser una amenaza para la Humanidad. Me explico : Esta ley quita la condición de amor entre los dos padres biológicos (papá y mamá) de un ser humano, cuando bien se sabe que esta condición es imprescindible para el bienestar de cada hombre. Se trata de una ley homófoba y homicida muy grave porque cada hombre necesita que su padre y su madre se amen y que su país proteja este amor.

 
 

6 – En Italia, el debate está abierto, porque en los últimos meses algunos alcaldes están empezando a aprobando los matrimonios gay. ¿Qué consejo daría al Gobierno italiano?
 

Daría dos consejos : 1) dejar hablar a personas homosexuales que denuncian la « ley del matrimonio para todos » y que saben porque no hay que practicar el deseo homosexual (En los debates, los defensores de la ley sólo escuchan a las personas homosexuales) ; 2) denunciar la heterosexualidad, que es la base ideológica sobre la cual se apoyan las leyes pro-gays, y que es una caricatura falsa de la diferencia de sexos. He creado en mayo del 2013 un sitio internet llamado CUCH (Católicos Unidos Contra la Heterosexualidad) para alertar a la población y al Gobierno del peligro que constituye la transformación perniciosa de los Derechos Humanos en los « derechos de los heterosexuales y de los homosexuales », como si fuéramos puros ángeles o puras pulsiones.

 
 

7 – ¿Qué pasará con los niños que crecerán en una familia homosexual?
 

No tengo la respuesta. Sólo sé que la falta de amor entre el padre biológico y la madre biológica siempre es un drama para un niño. Y puede traducirse de distintas maneras, a menudo violentas y dolorosas. Pero a pesar de todo, no hay fatalidad porque, menos mal, la fe y el descubrimiento de Dios nos permiten saber que, aunque nuestros padres terrestres no se amen, nunca seremos huérfanos e ignorantes del amor entre Jesús y María.

 
 

8 – En tu último libro he leido que ser homosexual es una herida de superar y que no se puede aliviar con la práctica sexual. ¿Qué causa esta herida? Esto quiere decir que la homosexualidad es como una « enfermedad »? ¿Puede explicarme tu idea?
 

Un miedo o una herida (a nivel de la identidad, de la amistad, de la familia, etc.) no es una enfermedad. La enfermedad, sólo puede ser una consecuencia de la falta de reconocimiento de esa herida, o de una práctica mala. Muchas personas que se sienten homosexuales han podido superar su herida viendo que ésta no era el fruto de una verdadera libertad o de una plenitud amorosa ; o gracias al descubrimiento de Dios y del tesoro de la diferencia de sexos. Otras siguen sintiendo durablemente un deseo homosexual, y encontrarán la diferencia de sexos de otra manera : a través de la amistad, del servicio a los pobres, de la evangelización, de la acción politico o artística, a través de la santidad. Hay muchas maneras de dar sus heridas a los demás.
 
 

9 – ¿Cómo conciliar la homosexualidad y la religión?
 

Es muy fácil : reconociendo que Jesús nos acoge enteramente, con todo lo que nos constituye, incluso nuestros defectos, nuestros pecados, nuestros límites, nuestras heridas, nuestras vergüenzas, nuestros actos malos y nuestros deseos (incluso homosexual). El Amor de la Iglesia por nosotros es completo. No es parcial. A menudo, solemos pensar que la Iglesia nos quiere cambiar, o que esconde su intolerancia a través de una apertura hipócrita. Pero estamos totalmente equivocados. Ella nos acoge con alegría tales como somos. Nos mira, nos ama, se ríe con nosotros, llora con nosotros, nos escucha. Y luego, nos dice : « Dame de beber. Y si quieres, sígueme y sigue el camino de Verdad que te propongo. »
 
 

10 – Papa Francisco está dando grandes aberturas para el mundo gay. Admitió la presencia del deseo homosexual, por ejemplo. ¿Crees que esto es un paso positivo o negativo?
 

No son tan « grandes » (¡ y menos mal !), estas aperturas. De momento, el Papa no ha propuesto nada. Sólo ha dicho que quería acoger a las personas homosexuales, conocer lo que viven y proponerles un camino de Verdad y de Caridad con arreglo a ello. El conocimiento no es el reconocimiento/la justificación del deseo homosexual, o de una seudo « identidad homosexual », o de un seudo « amor homosexual » (incluso un amor presentado como « casto »). La homosexualidad es un tema muy espinoso. Personalmente, deseo que el Papa Francisco : 1) no sólo defienda la castidad sino también la continencia para las personas que se sienten durablemente homosexuales y que están en camino hacia el matrimonio hombre/mujer o hacia el celibato consagrado pero no sacerdotal ; 2) hable de la violencia y de la gravedad de los actos homosexuales, totalmente ignoradas ; 3) nos proponga un caminito para contener el deseo homosexual pero un camino grande de santidad para utilizar el deseo homosexual como don mundial. A menudo, las propuestas que las personas homosexuales reciben de los hombres de Iglesia son ridículas, irrisorias (como si fuéramos un problema), tristes, miserabilistas, doloristas, poco concretas y poco audaces. Se trata de esconder la homosexualidad, de ponerla de lado, de olvidarla, de cambiarla, de neutralizarla. Yo creo que es un derroche. Si Dios permite que el deseo homosexual exista, es por una razón grande : ¡ la Santidad ! Nosotros, las personas homosexuales, podemos ser evangelizadores de primera categoría (¡ modernos y divertidos, además !) gracias a la combinación de nuestra herida homosexual y sobre todo de la fuerza del Señor que la atraviesa.
 
 

11 – ¿Cuál es el sentido de la palabra homofobia?
 

El sentido etimológico, es el « miedo al mismo » o el « miedo a las personas homosexuales ». Ambas significaciones son importantes. Con el tiempo, la palabra « homofobia » llegó a referirse a todo ataque contra las personas homosexuales, lo que tenemos que tomar en cuenta. Y desgraciadamente, en el sentido social actual, defendido por los promotores de la « identitad homosexual » o del « amor homosexual/universal », ya no se habla de esos ataques : sólo se usa la palabra « homofobia » como un instrumento de censura cada vez que una persona pone en duda la « identidad/el amor » homosexual, que da una imagen negativa de la homosexualidad, o que identifica la relación entre homosexualidad y sufrimiento/violencia. Y, lo más grave, es que esta censura esconde dichos ataques y los alimentan, puesto que la homofobia es actuada únicamente por personas homosexuales, sea porque reprimen su deseo homosexual, sea porque se identifican a ello y lo practican. Por eso concluyo diciendo que la homofobia ES la identidad homosexual y ES la práctica homosexual. No conozco excepciones.

 
 

12 – ¿Cuál es el mensaje para los jóvenes gays ?
 

Al joven que se siente homosexual, le diría : « No temas por tu vida porque el Amor te espera a ti especialmente, como persona con un deseo homosexual (duradero o no) pero sobre todo como ser humano. No tienes que dejarte dictar tu identidad, tu amor y tu sexualidad, por la tele, por la pornografía, por un grupo agresivo, por un partido político, por las caricaturas de feminidad o de masculinidad que ves en la sociedad, por la etiqueta de « gay » o de « lesbiana ». La sexualidad es un camino misterioso y libre : no te cierres puertas caricaturándote como « homosexual » o « heterosexual » o « bisexual ». Lo más importante para construirte, para saber quién eres, para ser libre y para amarte tal como eres, son las amistades con las personas de tu sexo, porque ante todo eres un chico o una chica, ante todo eres un amigo o una amiga, ante todo eres Hijo o Hija de Dios. No tienes que despreciar tu deseo homosexual : si sientes que está profundamente arraígado, en vez de apagarlo o de arrancarlo, utilízalo (sin practicarlo) para acercarte de las personas heridas, para contagiar al mundo con tu originalidad, tu humor, tu vulnerabilidad, tu sensibilidad, tu amistad, para demostrar que la diferencia de sexos y la diferencia Creador/criatura te permiten tener una vida grande y libre.

Mon regard sur le concert Free, The One Woman Funky Show de Shirley Souagnon

Shirley
 

En me rendant hier soir au Sentier des Halles au concert Free, The One Woman Funky Show de Shirley Souagnon, je savais que j’allais y retrouver un certain nombre des codes de mon Dictionnaire (la comédienne a fait son coming out public)… mais pas à ce point-là ! Fascinant :
 
 
Femme et homme en statues de cire

Entre-deux-guerres

Noir

Amour ambigu pour le pauvre

Folie

Attraction pour la foi

Voyage

Drogues

Homme invisible

Vent

Obèses anorexiques

Parricide la bonne soupe

Matricide

Inceste (père et fils gays)

Tante-objet ou Mère-objet

« FAP la fille à pédé(s) »

Orphelins

Pygmalion

Musique comme instrument de torture

Blasphème

Don Juan

Artiste raté

Voleurs

Petits Morveux

Substitut d’identité

Se prendre pour le diable

Personnage homosexuel empêchant l’union femme-homme

Symboles phalliques

Liaisons dangereuses

Je suis un Blanc-Noir

Ennemi de la Nature

Différences physiques

Viol (peur d’être objet)

Scatologie

Mère Teresa

Fan de feuilletons

Hitler gay

Homosexualité noire et glorieuse

Fresques historiques

Trio

Homosexualité, Vérité télévisuelle ?

Doubles schizophréniques

Voyeur vu

Amant diabolique

Éternelle jeunesse

Conteur homo

Chat

Solitude

Eau

Humour-poignard

Bergère

Regard féminin

 
 

Mon avis sur le concert : Sur le moment, il fascine la majorité du public parce qu’il est dynamique, sympathique, techniquement réussi. Mais pendant et après, on est frappé de voir qu’il est, comme beaucoup de spectacles de notre époque libertaire et déprimée, imprégné de l’idéologie transhumaniste LGBT.

 

Ce spectacle est malsain pour plusieurs raisons : par son absence de sens (un message presqu’uniquement libertaire – « C’est bon d’être libre » -, qui ne va donc pas chercher bien loin) ; par sa tonalité (le public est constamment rabaissé, fliqué et méprisé par la chanteuse) ; par les idées qui y sont développées (l’homosexualité est promue alors que la mention des drames et des violences qu’elle génère/illustre ponctuent le discours de la comédienne ; d’ailleurs, l’opposition au « mariage gay » est tournée en dérision, et visiblement, Shirley Souagnon n’a toujours pas compris la gravité de cette loi) ; par la faiblesse du public (des gens issus de l’immigration, des jeunes adultes influençables et tentés de signer à l’homosexualité parce que celle-ci recouvre, pendant une heure, un visage sympathique, décomplexé, cool, funky) ; par son (il faut le reconnaître) efficacité du moment (en tant que spectateur, on est forcément touché par le talent vocal de la chanteuse, son auto-dérision, son bagout, son franc-parler, ses provocations, son identité de femme marginale). Mais c’est un feu de paille : falsification historique + Immoralité de l’ensemble + violence des propos et des vannes + absence de sens et de douceur. Voilà mon bilan. Peut-être que je serais le seul à avoir interprété ce concert ainsi. Mais j’assume.
 

Et j’ai envie de demander à Shirley Souagnon quand est-ce qu’elle compte s’aimer un peu plus elle-même, aimer un peu plus les autres, quand est-ce qu’elle compte arrêter de raconter des futilités (même si cette futilité a sa drôlerie, sa signifiante, sa convivialité), se prendre un peu plus au sérieux mais aussi en douceur et en profondeur ?

L’homosexualité, pourquoi ça pose problème, et pourquoi ça pose problème d’en parler en Vérité, calmement ?

 

1 – L’homosexualité, pourquoi est-ce si grave ? et pourquoi l’Église catholique insiste tellement pour ne pas la justifier, ni sous forme d’identité ni sous forme d’amour/de couple, et va jusqu’à la qualifier, au niveau des actes, d’« intrinsèquement désordonnée » et de « dépravation grave » ?

 

 

– Parce que les différences, c’est fondamental pour aimer, s’ouvrir et recevoir/se donner pleinement, transmettre la vie. Ça paraît une évidence de le redire, mais nos contemporains ont la mémoire courte. Sans la différence (et surtout la différence des sexes, celle qui nous a tous fait naître, et que nous portons corporellement), nous n’existons pas, nous n’aimons pas ou nous aimons moins (la force de l’amitié n’est pas comparable au don total de sa personne dans l’Amour). Et le meilleur Amour, le plus comblant, n’est possible que dans l’accueil de la différence des sexes. L’« amour » homosexuel a beau être sincère et comporter certaines fécondités (au fond, attribuables qu’à l’amitié), il n’est pas authentique. Notre (beau) caillou dans la chaussure, c’est que la différence des sexes est un mystère fragile : en soi, elle ne suffit pas pour faire un couple aimant et durable (on le voit facilement autour de nous : il y a des couples qui intègrent la différence des sexes, et sans succès) ; mais si elle est couronnée par l’Amour, elle devient le meilleur. Et ceci est vrai aussi bien pour les couples mariés aimants femme-homme (stériles ou non) que pour les célibataires consacrés. Une portion de levure (= la différence des sexes), toute seule, sans la farine, elle ne peut pas lever grand-chose. Mais une fois intégrée à la pâte humaine, elle devient le meilleur. Il en est de même de la différence des sexes avec l’Amour.

 

– Parce que c’est violent de s’éloigner voire de nier sa sexuation humaine : c’est une haine, un rejet de soi. Et si ce déni est pratiqué à deux, ça s’appelle du viol ou de l’homophobie, y compris si les deux personnes qui le/la pratiquent se disent consentantes et se font du bien en le/la posant. C’est un rejet de l’autre, ni plus ni moins. L’amitié a des règles et des limites à ne pas dépasser ; sinon, elle se mute en cauchemar ennuyeux, frustrant et violent sur la durée.

 

– Parce qu’il est impossible de vivre la sexualité sans la sexualité (= la différence des sexes). Et la pratique homo, en rejetant la sexuation femme-homme et la différence des sexes en amour, rejette la sexualité, donc toute l’Humanité. Elle est homicide en ses desseins. Elle empêche ET aux amitiés de se vivre ET aux amours de se vivre pleinement, simplement, dans tout leur rayonnement de complémentarité. Reconnaître cela n’enlève rien à la dignité (d’homme ou de femme, d’Enfant de Dieu) des personnes homosexuelles, bien entendu, ni au respect que nous leur devons. Mais c’est justement en rappelant la souffrance/la peur qu’est le désir homosexuel, la violence que sont l’identité et la pratique homosexuelles, et la liberté que procure l’expérience de la continence, que l’Église respecte le plus les personnes ressentant une attraction durable pour les personnes de même sexe.

 

Pour résumé, l’Amour humain et divin, c’est l’accueil de la différence, et notamment des deux différences fondatrices de l’Humanité qui nous permettent d’exister et d’aimer pleinement : la différence des sexes et la différence entre nous et Dieu. L’union homosexuelle, en rejetant la différence des sexes hors du cadre amical, vit au mieux des bénéfices de l’amitié (et encore… il s’agit d’une amitié amoureuse ambiguë, compliquée, ennuyeuse, souvent violente, et qui ne comble pas), au pire rejoue la violence du rejet de l’humain. En revanche, la blessure homosexuelle, une fois qu’elle n’est pas pratiquée mais qu’elle est donnée à Dieu et aux autres, devient la fêlure par laquelle la lumière de Dieu et de l’Évangélisation peut passer encore mieux, et parler de manière drôle, originale, décomplexante, aux gens de notre temps. L’homosexualité fait écho à toutes les souffrances humaines. Elle est la vulnérabilité qui peut rapprocher tous les humains.
 
 
MANÈGE désagréable
 

2 – Alors force est de reconnaître que pour défendre ce message ecclésial sur l’homosexualité, c’est le parcours du combattant. Les difficultés pour en parler et être bien reçus sont nombreuses, et nous placent dans la position du petit David contre le grand Goliath, ou du « méchant réac » face au gentil « hétéro gay friendly ». Cela nous oblige à être nous-mêmes au clair et en cohérence avec notre propre rapport à la différence des sexes.

 

 

Voici le listing de quelques obstacles objectifs expliquant notre (juste !) impuissance et le nécessaire fiasco de notre discours:

 

– l’imprécision du terme « homosexualité », un terme hybride et en soi contradictoire puisqu’il mélange le grec (homo signifie « même ») et le latin (sexualité signifie « autre »). Chanter l’altérité en lui préférant l’égalité et la similitude, chanter les différences en minorant la différence des sexes, voilà qui a de quoi perturber l’Humanité toute entière. Ça n’aide pas à clarifier et apaiser les débats sur l’homosexualité !
 

– l’ambiguïté du terme « sexualité », trop réduit actuellement à la « génitalité » ou à l’amour-sentiment acorporel, l’amour-sensations, au détriment de l’amour-engagement et de la reconnaissance de la différence des sexes (sexuation + conjugalité + procréation).
 

– le fait que socialement, la différence des sexes soit confondue avec l’hétérosexualité… alors que l’hétérosexualité, c’est l’altérité des sexes forcée (dans le mot « hétéro-sexuel », il y a deux fois le mot « autre »), c’est aussi toutes les altérités au niveau de la sexualité, à commencer par l’homosexualité… le tout, au détriment de la différence des sexes aimante, en plus !
 

– le fait que la pratique homosexuelle fasse écho à des liens humains parfois très forts et beaux qui peuvent se passer de la différence des sexes ou qui en font une expérience limitée (l’amitié entre deux personnes de même sexe ; les bienfaits de certaines paternités adoptives ; l’existence des couples femme-homme stériles mais qui s’aiment quand même ; la beauté de certains célibats consacrés ; etc.) ; ou le fait que la pratique homosexuelle ne s’oppose pas à la pratique hétérosexuelle (qui, elle, n’est qu’une expérience caricaturale et violente de la différence des sexes, contrairement au mariage entre un homme et une femme qui s’aiment, et qui procréera si ça lui est donné).
 

– le caractère aléatoire et en suspension du désir homosexuel, qui est au fond une bonne nouvelle malgré tout : nous ne sommes pas nos désirs, nous ne sommes pas les personnes qui nous attirent sexuellement ; nous ne connaissons pas le chemin de nos pulsions et de nos fantasmes, et nous sommes libres de ne pas tous les pratiquer. Cela reste quand même un handicap que l’homosexualité ne soit qu’un désir, car elle est difficile à cerner, à appréhender comme une réalité palpable. Son statut de désir nous rend libres mais rajoute de la difficulté à en parler calmement, de manière crédible.
 

– le climat social qui est à la justification de l’homosexualité, autrement dit à la défense banalisante et émotionnelle du désir homosexuel (sous forme d’identité visible/invisible ou d’amour universel qui n’a même pas à se nommer « homosexuel ») ou, inversement, à l’attaque diabolisante (= « les » homos seraient une espèce mauvaise à éradiquer, à soigner, à convertir). Dans de pareilles conditions sensibleristes, il est très difficile de jongler entre ces deux courants d’indifférence à l’homosexualité, de ne pas signer à la glorification cinématographique des sentiments bisexuels. De plus en plus de films, pas du tout réalistes mais très vraisemblables et concrètement touchants, conquièrent les cœurs des indécis, tout en faisant barrage à l’explication apaisée du désir homosexuel, respectueuse des personnes et lucide sur les souffrances/violences qu’elles vivent. Il est très difficile aussi de parler dans un vrai climat d’écoute, dépassionné. Nous souffrons que l’homosexualité soit un sujet aussi mal popularisé : tout le monde (y compris ceux qui ne sont pas en âge de le faire) est dorénavant invité (par le biais des mass médias et d’une propagande à la fois culpabilisante – l’épouvantail de l’homophobie – et déculpabilisante – le sceptre de la solidarité) à prendre position, à « y croire » ou pas, sans savoir véritablement de quoi il s’agit, sans s’intéresser personnellement aux personnes homosexuelles, et sans prise de conscience de l’importance de la différence des sexes et de la différence Créateur/créatures.
 

– le grand écart entre Charité et Vérité, autrement dit le fait d’être accueillant vis à vis des personnes homosexuelles et de prendre au sérieux l’existence de leurs tendances sexuelles, sans pour autant cautionner tous leurs actes et justifier la pratique du désir homo. C’est toute la difficulté de la Miséricorde de Dieu qui prend la mystérieuse forme de l’exigence radicale de la Croix.
 

– la fragilité (psychique, familiale, relationnelle…) des personnes homosexuelles. Nous devons composer avec des individus qui, par excès d’épreuves, par misère sociale, par limite intellectuelle, par fierté, par faiblesse, à cause de la banalisation sociale de l’homosexualité, ne s’identifient pas comme pécheresses ou porteuses d’un signe de péché, nient leurs souffrances, déproblématisent leurs attractions sexuelles, parlent très peu d’elles et de ce qu’elles vivent. Ce n’est pas facile de parier sur des individus aussi fuyants, qui ont si peu confiance en eux et aux autres. Il nous faut donc redoubler d’efforts pour rester dans l’Espérance et la foi que la sainteté se manifeste aussi dans le cadre humain de l’homosexualité.
 

– l’apparence insignifiante de la différence des sexes et de Dieu, qui sont les deux socles de notre existence et de notre Amour, mais qui, par amour justement, ont pris la taille d’un détail, la taille d’une graine de sénevé qui ne montrera son éclat que sur la durée et uniquement quand Elle l’aura décidé (à savoir à la Fin des Temps). Ils sont donc extrêmement difficiles à défendre car leur identité de « meilleurs » apparaît délicatement, par des voies/voix qui ne sont pas qu’humaines.
 

– la force du témoignage personnel, individuel, porté par la personne elle-même, discours qui ne peut pas être remplacé par un discours extérieur sur l’homosexualité. Il est indéniable que dans le climat social actuel, qui n’est ni à la réflexion ni au contrôle des émotions, la présence d’une personne homosexuelle a un poids considérable et vaut tous les arguments face à la superstition populaire autour de l’homosexualité. C’est injuste, ce décalage de légitimités, cet excès d’importance qu’on accorde à une personne qui se dit ouvertement homosexuelle par rapport à une personne qui pourrait avoir un discours tout aussi ajusté sur l’homosexualité mais qui ne sera pas écoutée du fait qu’elle ne ressent pas le désir homosexuel dans sa chair. Mais il faut composer avec, et ne pas sous-estimer, dans les débats sur l’homosexualité, le poids énorme de l’incarnation du message ecclésial sur l’homosexualité par la personne qui les porte.

Le divertissement jeunesse géré actuellement par les bobos

 

 

Ils sont gentils. Ils sont trentenaires. Ils sont pleins de bons sentiments. C’est eux maintenant qui amusent bébé en temps de crise (économique et spirituelle), parce que ses parents ont quitté le bateau, parce qu’eux-mêmes ont parfois des mômes (par accident), ou parce qu’il faut bien gagner la croûte d’éternels intermittents précaires du spectacle vivant (youpi !). Les bobos débarquent comme nouveaux éducateurs sociaux, principaux amuseurs d’ados, animateurs de centre aéré déguisés en Ronald MacDonald version Tim Burton, formateurs et écrivains jeunesse. Et comme ils ont dit « merde » à l’Église, à la foi, à la différence des sexes et à la beauté, ils n’ont pas grand-chose à transmettre… à part leurs farces, leurs cris, leur agressivité, leurs imitations de sales gosses sauvageons asociaux, leur « monde enchanté » désenchanté, leurs facéties vulgaires ou provocatrices, leurs larmes, leurs pirouettes. Aucun message dans leurs pièces ou leurs contes sinon le nihilisme esthétisé (« La vie ne vaut rien et rien ne vaut la vie ») et quelques rares morales nazes de « tolérance » (« L’important, c’est le respect. »), quand ce n’est pas carrément une prise en otage des bambins dans les considérations politiques et sexuelles des adultes (exemple : les livres vantant l’« homoparentalité », le naturisme, l’anti-Sarkozisme, ou bien les spectacles étiquetés « scolaires » mais ne s’adressant pas du tout à un public infantile). Quasiment aucune valeur transmise, aucune promotion de l’amitié, de la fidélité et de l’amour.
 
DIVERTISSEMENT Mistral
 

Le divertissement jeunesse actuel, à cause des bobos trentenaires hédonistes et désabusés, souvent bien sympathiques mais peu nourrissants, a perdu son innocence et sa beauté. Il est devenu moribond et vaguement amusant (« vaguement » car on rit très peu en le voyant ; et franchement, pour éteindre le rire des enfants, particulièrement bon public, il faut le faire !). Il défend des enfants turbulents (joués par des adultes), facétieux, qui pètent, qui rotent (quand ça ne va pas plus loin…), qui désobéissent, qui jouent les femmes fatales « libérées délivrées » de The Voice, ou les p’tits mecs crades et incivilisés.
 

Jack et la mécanique du coeur

Jack et la mécanique du coeur


 

Je n’en doute pas : certains de ces « artistes baby-sitters improvisés » veulent bien faire, jouent techniquement très bien, et donc font ce qu’ils peuvent, les pauvres : au milieu de leur concert cacophonique de la laideur et du cri, ils s’efforcent de rajouter une petite touche de tendresse-chienne à la « Mistral Gagnant » de Renaud, pour masquer in extremis leur déprime, leur manque d’Espérance et d’idéaux, par la nostalgie. Je crois même qu’ils ne se rendent pas compte de la terreur qu’ils ont inspiré aux plus petits, du manque de messages qu’ils leur ont délivré. Ils ont juste oublié d’être doux et profonds. Comme il me tarde que les artistes bobos rencontrent Dieu et sa douceur de Vérité !
 
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J’ai eu la chance d’assister, il n’y a peu, à de vrais spectacles pour enfants, au moment de Noël, à l’église saint Nicolas des Champs (pas du Chardonnet, hein). J’étais épaté de voir comment ces spectacles délivraient à la seconde une quantité impressionnante de messages (de bonté, de beauté, de combat pour la Vérité), sans tomber dans un moralisme desséchant ni au contraire dans la guimauve. Ces petites saynètes avaient le souci de préserver l’innocence des enfants et leur goût du beau, et la sagesse de contourner le bon sentiment cucul, l’éloignement du Réel et des épreuves de la vie, la mièvrerie spirituelle. Comme il est bon que les grands n’entraînent pas trop vite les enfants dans leurs préoccupations d’adultes (adultères), dans leurs propres tourmentes, questionnements qui tournent en rond, ignorances, croyances désabusées. Je n’ai absolument rien contre l’impertinence ou l’insolence, bien au contraire. La preuve : pour moi, le spectacle pour enfants que j’ai le plus aimé – car il mêlait humour d’adultes très moderne et décalé (plein de références télé commerciales et de vannes débiles) et humour d’enfants (avec des gags bon enfant, des mimiques clownesques, une intrigue avec une belle morale où l’on apprend des choses, une défense du vrai, du juste, du beau, du doux, des histoires d’amour, d’amitié et de foi) – c’est le spectacle Le Bossu de Notre-Dame de Thomas Soliveres (joué au Point Virgule à Paris). Tout est une question de dosage. Tout est une question aussi de respect du fonctionnement des enfants. Il faut se mettre à leur hauteur, c’est-à-dire ni les infantiliser (= les tirer vers le bas, leur proposer du trop lisse, du pudibond et du politiquement correct) ni les prendre pour les adultes qu’ils ne sont pas (= les dresser ou les pervertir). C’est tout bête. Il suffit de se mettre à leur service tout en leur proposant des bonnes choses. Les artistes bobos ne leur proposent pas ces bonnes choses, car tout simplement ils ont cessé de croire à ces bonnes choses. Et à la fin de la représentation, ils se mettent à gueuler contre l’enfant de 3 ans du premier rang qui a fait une scène pour rentrer chez lui (et contre sa mère qui n’a pas su le calmer)… sans comprendre que cet enfant, qui a eu peur de leur agressivité réelle, avait entièrement raison.
 
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La création d’une « pastorale spécifique aux personnes homosexuelles », est-ce évangélique ? ou serait-ce un dérapage de l’Église catholique ?

 
PASTORALE Gay church
 

Si, à l’issue du Synode sur la Famille, une pastorale spécifique aux personnes homosexuelles était créée, cela serait-il une grande avancée, ou au contraire un pas en arrière, un scandale plus grave qu’il n’y paraît, un drame, une raison suffisante pour justifier un schisme, voire de l’homophobie masquée sous un aspect d’« ouverture », d’« accueil », de « respect des personnes » et d’« adaptation aux réalités de notre temps » ?

 

Voilà une vraie question, qu’un bon ami, Vincent Rouyer (pédopsychiatre), m’a aidé tout à l’heure à formuler !
 

Post de Vincent Rouyer daté du 15 octobre 2014 sur Facebook

Post de Vincent Rouyer daté du 15 octobre 2014 sur Facebook

 

Une question pas évidente du tout, car elle va plus en profondeur que celle de la simple présomption de justification ecclésiale de l’identité ou de la pratique homo. On a compris (mis à part Frigide Barjot, Têtu, certains membres de David et Jonathan et de Devenir Un En Christ, peut-être même certains évêques ou cardinaux supposés « progressistes ») que le Vatican ne justifierait jamais l’identité homosexuelle, ni la pratique homo, ni l’existence d’un « amour » homosexuel, ni une Union civile, ni les bénédictions des unions homosexuelles. On a compris que l’Église accueillait les personnes homosexuelles et appelaient à ne pas les juger, mais au contraire à les valoriser. Les craintes de bons nombres d’entre nous ne se concentrent plus du tout là, mais ailleurs : sur la possibilité de faire du désir homosexuel un critère de Mission et de pastorale spécifique ; et je dirais même plus : sur la possibilité que la blessure homosexuelle soit un lieu d’où puisse émerger la Sainteté de Dieu. Trop la folie !!! 😉 C’est ÇA, le véritable sujet de nos questionnements intérieurs. Quelle juste place laisser à l’homosexualité dans l’Église ?

 

Derrière le projet de création d’une pastorale spécifique destinées aux personnes attirées sexuellement par les personnes de même sexe se trouve une question pratico-pratique profonde : le désir homosexuel peut-il être considéré comme un critère de classification des êtres humains (y compris s’il est vécu dans la continence, c’est-à-dire dans l’absence de pratique homosexuelle et le refus d’identification de soi à une identité homosexuelle ou à la reconnaissance d’un désir érotique réel et souvent durable en soi !) ; et si oui, mérite-t-il un encadrement spécial (que ce soit une pastorale d’accueil spécialisée, voire même, pour ceux qui voient les choses en grand, la création, pour les personnes homosexuelles continentes, d’un ordre religieux ou d’une consécration spécifique, du même type que la confrérie qu’avait fondée le père Lataste à destination des anciennes femmes prostituées et détenues) ?

 

OUI catégorique, répondent les excités d’une diversité et d’une unité ecclésiale façon Gay Church, les sentimentaleux soucieux d’une intégration express forcée des personnes homosexuelles dans l’Église. Ça part d’un bon sentiment, mais ils oublient que la véritable Charité n’existe pas sans l’exigence de la Vérité sur le désir homosexuel et les actes homosexuels.

 

NON catégorique, répondent ceux qui, à mon avis, mélangent orientation sexuelle et identité, ou désir érotique et pratique de ce désir. « On ne peut pas réduire l’être humain à sa seule sexualité. » avancent-ils, sous couvert d’arguments universalistes. C’est faux. S’il est vrai que l’être humain ne se réduit pas à la génitalité, il se réduit, dans un temps humain terrestre, à sa sexualité (« sexualité » étant entendue comme « différence des sexes », « sexuation », et « rapport au monde et aux autres en tant qu’être sexué »). Les ennemis d’une pastorale à destination des personnes homosexuelles sont les mêmes qui diront que la reconnaissance de l’existence du désir homosexuel donne à ce dernier trop d’importance, le justifierait presque, « stigmatiserait » les personnes qui le ressentent, les « ghettoïserait » en communautarisme (« l’homophobie positive », à l’instar du « racisme positif » et des « discriminations positives »), « s’essentialiserait » sous forme d’espèce (alors qu’ils prétendront par ailleurs lutter contre cette essentialisation et attribueront la personnification du désir homosexuel aux individus qui soit reconnaissent l’existence du désir homo, soit le figent en identité ou en acte/amour, soit bâtissent un « lobby LGBT »). Rien de tout ça, concrètement, dans la création d’une pastorale spécifique ou d’une consécration spécifique.
 
PASTORALE Famille recomposée
 

La question de la « pastorale orientée » mérite un vrai débat, car même dans la sphère associative catholique prônant la continence (je veux parler bien sûr de Courage International, le seul apostolat en direction des personnes à attirances pour le même sexe officiellement soutenu par l’Église catholique), nous ne sommes pas d’accord entre les leaders. La plupart parlent uniquement de l’horizon de la « chasteté », terme beau mais un peu fourre-tout qui dispenserait de parler de « continence », la continence étant considérée comme un Éverest délicat/impossible à proposer publiquement (elle fait peur et ne serait pas très vendeuse), comme un choix accessible seulement à une infime minorité des personnes homosexuelles catholiques désirant être chastes. Je crois que ce n’est pas vrai : la continence est bien plus accessible et bien moins coûteuse que ce qu’on se représente ; elle est également un mot qui aide à vivre la véritable chasteté car elle donne à celle-ci une incarnation et une forme claires ; elle évite les amours platoniques et la douleur des amitiés amoureuses… réalités que le mot « chasteté » mal explicité entretient.

 

À mon sens, pour répondre à l’enjeu d’une pastorale ecclésiale spécifique pour les personnes homosexuelles ou les personnes concernées de près ou de loin par l’homosexualité, nous sommes mis en difficulté par deux zones de flou qui restent à éclaircir:
 

– La première, c’est l’amalgame (encore très persistant, voire naissant, au sein de l’Église) entre chasteté et continence. Or, pour les personnes durablement et terrestrement homosexuelles, il n’est pas proposé n’importe quelle forme de « chasteté » (car la véritable chasteté peut être vécue aussi au sein d’un couple femme-homme aimant n’ayant pas renoncé à vivre la génitalité, au sein d’une amitié femme-homme unique qui glissera vers l’amour, au sein d’une famille) ; il est justement proposé une chasteté bien spécifique, gémellaire de celle qui est demandée aux célibataires consacrés religieux, à savoir l’amitié désintéressée, l’absence totale d’activité génitale et sentimentale, et la continence (une abstinence donnée à Jésus et aux autres, avec la reconnaissance de l’existence du désir homosexuel). Rien ne sert de nous mentir et de se planquer derrière le concept religieusement correct de « chasteté » ou de « charité ». Qu’on le veuille ou non, la chasteté pour les personnes durablement homosexuelles a une forme spécifique (un peu contraignante, il est vrai, car elle est plus réduite et moins variée que pour les personnes attirées sexuellement par le sexe complémentaire) ; et cette forme s’appelle continence.
 

– La seconde zone de flou, c’est de se satisfaire de la continence et d’en faire une vocation d’Église. Or, la continence (tout comme le célibat sans projet de don entier de sa personne à la personne aimée), n’est pas une vocation au même titre que le mariage d’amour entre une femme et un homme ou le célibat consacré religieux et/ou sacerdotal. Elle n’est pas une « troisième voie sacrée » à mettre sur le même plan que les deux autres. Elle n’est pas non plus une voie de garage. Mais si elle veut vraiment demeurer évangélique, elle doit être comprise comme un stade transitoire, un sas vers une des deux vocations officielles de l’Église – le mariage ou le célibat consacré – qui ne se supplantera pas à celles-ci (grande prudence est demandée aux personnes durablement homosexuelles qui font le pas de la « continence vers le mariage femme-homme aimant » ; encore plus grande prudence et discernement sont demandés aux personnes durablement homosexuelles qui font le pas de la « continence vers le célibat consacré et vers le sacerdoce »), un chemin qui ne s’en éloignera pas non plus, et qui même tendra formellement et spirituellement plutôt vers les exigences du célibat consacré. Pour les personnes durablement homosexuelles dans un temps terrestre, je crois en la continence comme une étape (honorant le célibat consacré et le mariage femme-homme aimant) qui mérite une consécration qui ne soit pas considérée de la même hauteur que le célibat consacré sacerdotal ou que le mariage femme-homme aimant, mais qui, à cause de la force relative du désir homosexuel, puisse exister sans encourir le risque de faire de la continence un refuge justificateur du désir homosexuel. Même moi, en tant que personne continente, je ne suis pas habilité à m’installer dans le désir homosexuel sous couvert d’abstinence pour Jésus. Je ne sais pas comment mon désir sexuel évoluera, donc je n’ai pas à décider comment Jésus et les autres me guérissent/me guériront de cette blessure désirante qui habite en moi, je n’ai pas à m’enfermer et à me reposer sur mon témoignage de « personne homosexuelle continente » en me tenant chaud à mon désir homosexuel enrobé de foi et d’abstinence. C’est une tentation qui existe, je le reconnais, de se servir de la continence pour, en toile de fond, de pas chercher à changer, ou pour justifier une peur de la différence des sexes, ou pour s’écarter du mariage ou du sacerdoce et leur faire de l’ombre. Mais en attendant, le désir homosexuel existe, me submerge toujours en ce qui concerne les femmes. Et le désir de me donner pleinement à l’Église avec tout ce que je suis et tout ce que je ressens est bien là également ! Ce n’est pas parce que je ne suis pas (encore) appelé au mariage ni au sacerdoce que je dois rester cloîtré chez moi, que je ne peux pas me donner entièrement à l’Église, et que l’Église ne pourrait rien faire de moi et n’aurait rien à me proposer de grand !

 

Nous nous devons de répondre aux deux questions de la pastorale spécifique et de la consécration spécifique à l’égard des personnes homosexuelles dans l’Église, non pas dans une logique moraliste alarmiste (genre « Il faut qu’on se positionne absolument ! Pour savoir quoi répondre, pour ne pas avoir l’air de cons, pour stopper les erreurs d’interprétations, les excès et les divisions qui peuvent naître dans l’Église à cause du sujet épineux et explosif de l’homosexualité ! Pour avoir un discours clair et exigeant, charitable mais Vrai ! »), mais dans une logique beaucoup plus positive, un élan d’Espérance, d’enthousiasme que je lis déjà dans les 3 points proposés par le Synode, car à la clé, ne perdons pas de vue qu’il y a des personnes ressentant un désir homosexuel qui sont extraordinaires et qui constituent indéniablement une richesse pour l’Église, il y a le Salut de ces personnes qui est en jeu, et puis surtout il y a un enjeu collectif de Sainteté. Une homosexualité vécue dans l’obéissance à l’Église fait de grands saints (c’est un prêtre catholique, je pense homosexuel continent, qui me l’a dit un jour). Pourquoi devons-nous, en tant que catholiques, souligner l’importance de l’homosexualité dans l’Église, sans jamais justifier le désir homo, une pseudo « identité homosexuelle » ni un « amour homosexuel » ? Parce que, dans certains cas, une fois transformé par le Seigneur, le désir homosexuel devient la pierre d’angle jadis rejetée par les bâtisseurs. Parce qu’il est un lieu d’où peut jaillir une force de Vie énorme, originale, drôle, incroyablement efficace. Un peu comme un vaccin qui contient paradoxalement une dose de poison. Comme je l’écrivais il y a peu, non seulement l’homosexualité n’est pas un petit sujet, mais elle est la planque mondiale actuelle du diable. Ça, c’est la face noire du problème. Mais la face éclatante beaucoup plus positive, c’est qu’une fois cette planque dévoilée et expliquée, une fois l’homosexualité vécue dans la continence et donnée à l’Église et aux autres, le désir homosexuel peut devenir l’un des plus puissants moteurs de sainteté par lequel l’Esprit Saint (= l’Essence de Dieu) circule et se diffuse dans le monde entier. Dit autrement, la blessure homosexuelle, en sa qualité de faille, peut, si elle est traversée par l’Esprit Saint, si elle est donnée entièrement à Dieu et à son Église, faire passer énormément de la Lumière du Christ, dans un monde crispé et particulièrement envoûté/travaillé par le mot « homosexualité » et par la pratique sensuelle et génitale BISEXUELLE.
 
PASTORALE Bougie
 

Personnellement, je suis pour le fait que l’existence du désir homosexuel (que je ne justifie pas sous forme d’identité, ni d’amour, ni de pratique, ni même d’identité religieuse continente) soit un critère spécifique de classification des personnes (tout comme pour les divorcés remariés), et donc je suis en faveur de la création d’une pastorale spécifique à l’égard des personnes homosexuelles. Nous ne pouvons pas, du fait que nous ne sommes pas (et à raison) d’accord avec l’existence du désir homosexuel, soutenir pour autant que ce dernier n’existe pas, ni nous valoir du fait que, parce que les personnes homosexuelles sont avant tout homme ou femme ET Enfants de Dieu, elles n’ont pas besoin d’un accompagnement spécifique, ni ne vivent un chemin singulier avec ce brancard désirant. Ce serait faux, et mal connaître le désir homosexuel qui, sans être fondamental, n’en est pas moins parfois profond et durable. Le désir homosexuel est une réalité désirante qui peut conditionner fortement l’identité et les actes des personnes qui le ressentent, quand bien même il ne se substitue pas à l’identité fondamentale des personnes. Il ne peut pas toujours être balayé comme ça… même si, parfois, il est effectivement « balayé comme ça » par l’Esprit Saint, par des libérations spectaculaires, par la rencontre de la personne de l’autre sexe qui saura libérer petit à petit la personne homosexuelle de sa peur de la différence des sexes. Je crois, pour avoir étudié sérieusement l’enracinement du désir homosexuel dans beaucoup de vies humaines, pour avoir croisé aussi un certain nombre de personnes homosexuelles ayant vécu des « sessions agapê » libérantes mais pas totalement transformantes par rapport aux tendances homosexuelles, que le désir homosexuel est souvent (là encore, je dis « souvent » car cela dépend des situations et des degrés d’ancrage du désir homosexuel : le spectre des homosexualités est très vaste !) un dur à cuire. De plus, les personnes catholiques, continentes ou en chemin de continence, existent. C’est une réalité humaine d’Église, certes minoritaire en apparence (je ne demande absolument pas à la grossir, ni à ce qu’elle devienne un obsession ecclésiale, loin s’en faut), mais symboliquement très importante. Il y a derrière ces personnes à attirances pour le même sexe un fort enjeu de sainteté qui nous englobe tous. Et il y a derrière l’homosexualité un fort enjeu de conversion des cœurs d’un grand nombre de personnes non-homosexuelles, qui se présentent de plus en plus comme hétéros gays friendly, qui se coupent de l’Église et de Jésus uniquement à cause de la question homosexuelle et de leur mauvaise compréhension du sujet. L’Église joue donc très très gros avec l’homosexualité. Plutôt que de fuir le sujet (et les sujets vivants homosexuels !) dans la tiédeur et dans la peur, en s’auto-persuadant que ce n’est pas si important, je crois que l’Église doit (et Elle est en bonne voie pour le faire) prendre concrètement les rênes et proposer une pastorale spécifique pour les personnes homosexuelles. Si Elle ne le fait pas, le sujet Lui reviendra constamment dans la figure, Elle passera à côté de nombreuses personnes de qualité et à côté d’un puissant outil d’Évangélisation, d’un super canal de Sainteté = l’homosexualité traversée et transcendée d’Esprit Saint. Et Dieu déteste le gâchis. Lui, il sait faire feu de tout bois humain.

 

Même si, à l’évidence, le critère premier d’une vocation religieuse ou d’un accueil d’une personne humaine, c’est la vocation à suivre et à servir le Christ, il n’empêche absolument pas que se greffe à ce critère premier le contexte spécifique où Jésus appelle tout un chacun. Et il est de notre devoir, au nom de l’Incarnation du Christ dans notre Humanité sexuée et imparfaite, de tenir compte des lieux, des événements, des conditions/conditionnements terrestres, des réalités désirantes, dans lesquels Jésus s’inscrit. Et de répondre aux besoins qu’exigent ces situations. Par une pastorale ou carrément la création d’une consécration spécifique, consécration qui ne se supplante pas à la vocation sacerdotale, qui ne la parodie pas non plus. Et pour éviter cette parodie, la création d’une fraternité religieuse serait idéale. Mais avançons déjà par petits pas en accueillant positivement la nouvelle de la création (qui en fait a déjà été créée sous Benoît XVI) d’une pastorale spécifique à l’égard des personnes homosexuelles. Jusqu’à preuve du contraire, nous, personnes à attraction pour le même sexe, n’avons pas la gale. Et quand bien même nous l’aurions, l’Église, Elle, viendrait quand même vers nous. 😉 Ne la freinez pas.
 
 
 

N.B. : Ce texte a été complété, quelques jours après, de ce petit article concernant l’issue du Synode.

Film « LILTING (ou) LA DÉLICATESSE » de Hong Khaou : de la grosse merde bobo

Ça te barbera, tu ne sais pas pourquoi tu regardes ça…
 

 

La dictature culturelle bobo s’arrange pour virer de la Planète la différence des sexes et la différence Créateur/créatures (les deux différences qui nous font exister et aimer pleinement). C’est à cela qu’on la reconnaît. Mais le pire, c’est qu’elle essaie de faire passer ce rejet pour de la beauté, de l’humilité (pardon… de la « pudeur » et de la « délicatesse »), de l’engagement politique, de la vérité, de l’amour.
 

Alors on danse

Alors on danse


 

C’est ce qui se passe dans le nouveau film « Lilting ou La Délicatesse » de Hong Khaou, sorti en salle aujourd’hui (le 15 octobre 2014 en France), qui dégouline de gnangnantise, et qui pourrait se résumer à un mauvais (et long !) spot publicitaire au message indigent sur l’Amour : « Dites-Le avec des fleurs, avec une danse, avec une chanson rétro, avec un bon plat cuisiné, avec des odeurs, avec des parfums, avec un beau paysage enneigé, avec un fou-rire ou une blagounette, avec le silence, avec une pensée « optimiste » et pleine d’« espoir » (d’ailleurs, Junn, la gentille grand-mère qui joue trop mal, conclut justement le navet cinématographique par une note sur « l’espoir de l’avenir… Pourquoi pas « Fonder demain » ou « Écologie bienveillante » tant qu’on y est ?), dites-Le avec un souvenir, dites-Le avec des larmes, dites-Le avec un drame qui n’a rien à voir avec le désir homosexuel (un accident parachuté, un deuil brutal, la vieillesse, la mort), dites-Le avec des sanglots dans la voix, dites-Le avec un piano et des violons, faites-Le dire par une mamie touchante ou un papy mignon. »

 

Pas cucul (Vann et Richard)

Pas cucul (Vann et Richard)


 

Oui. Je confirme. Le boboïsme n’est ni plus ni moins qu’un matérialisme sentimental, qu’un individualisme narcissique déguisé en jolie carte postale world, qu’humanisme frelaté et inhumain, que de la sensiblerie d’anarchistes déprimés qui se prétendent artistes, néo-religieux et révolutionnaires, que de la censure bien-intentionnée. Tous les messages du film tournent autour du silence, de la fuite du Réel par un bal de sensations, de la déconstruction du temps réel, de messages pseudo Petit Prince complètement appris (du style « On ne voit bien qu’avec le cœur ; pas besoin de la parole et des mots pour communiquer et pour se comprendre ; pas besoin de la différence des sexes pour s’aimer »). Pathétique et surtout homicide : car l’humanisme intégral que « propose » le boboïsme veut le bien de l’Homme sans l’Homme, rêve d’un être humain sans ses origines sexuées et paternelles.
 

Pas niais DU TOUT

Pas niais DU TOUT


 

Le film « Lilting ou La Délicatesse » est tout sauf « délicat », en réalité. Malgré les apparences, c’est un film idéologique hyper moraliste, de la même veine que tous ces films bobos gays friendly vraisemblables fondés sur les sensations « pudiques » et les métaphores poétiques à deux balles (pensons par exemple à « Plan B », « Week-end », « Aime et fais ce que tu veux », « Le Secret de Brokeback Mountain », « Pride », « Tu n’aimeras point », « Au premier regard », « L’Homme de sa vie », « Shortbus », « Beautiful Thing », « Keep The Light On », Tango en bord de mer, etc.), pour justifier en toile de fond l’homosexualité, le mépris des pères et la soi-disant supériorité des femmes sur les hommes. S’y étalent de manière bien grossière et complaisante la guimauve verte-écolo de la bien-pensance hétérosexuelle et bisexuelle, l’hypocrisie puante de la fausse sobriété, saturée de clichés romantiques soi-disant « anti-clichés » (d’ailleurs, dans le film « Lilting », Vann, la traductrice, n’arrête pas de s’extasier à la place du spectateur de la beauté du « romantisme » des scènes qu’elle a en charge de mettre en mots). My God… mais quand va-t-on enfin arrêter de subventionner ces réalisateurs hétéros gays friendly adulescents attardés qui ne savent pas parler d’Amour ?
 

Pas du tout, mais alors pas du tout cucul

Pas du tout, mais alors pas du tout cucul


 
 

Pour accéder au menu du Dictionnaire des Codes homosexuels, cliquer ici.

 

Le film de propagande LGBT « PRIDE » de Matthew Warchus arrive dans des lycées français : bonne ou mauvaise nouvelle ?


 
 

a) Réagir sans sur-réagir :

Je viens d’apprendre à l’instant par une mère de famille que le lycée privé (…de foi) de son fils va rendre obligatoire en classe le visionnage du film « Pride » (2014) de Matthew Warchus (qui vient de sortir au cinéma en France depuis le 17 septembre 2014). Je l’ai vu en avant-première il y a deux semaines. À la base, je ne comptais pas en faire une critique (j’ai juste fait le relevé des codes de mon Dico que j’y identifiais). Mais là, le contexte m’y oblige. On ne peut pas laisser faire ça.

 

(Vous comprenez maintenant à quoi ça sert que j’aille voir mes films de merde ? ;-))

 
pride affiche
 

Alors bien sûr, je vais éviter de faire un article trop long (parce que déjà, je n’ai pas trop le temps ; et puis parce que l’idée, c’est de ne pas vous embrouiller avec trop d’infos). Je vais aussi éviter de la jouer dans l’alarmisme disproportionné à la Civitas quand le film « Tomboy » s’était aussi retrouvé au programme de certaines sorties scolaires (une de mes nièces, en Touraine, avait eu droit à voir « Tomboy » au cinéma : ma sœur et mon beau-frère s’étaient faits, comme tous les autres parents, prendre en otage). Ma mise en garde sera donc concise, pas alarmiste, mais va quand même essayer d’aller droit au but.

 

Tout d’abord, je commencerai par dire que si ces films de propagande LGBT (car c’est vraiment le mot : ce sont des films de propagande, avec une idéologie bien précise qui est diffusée, à savoir « l’ouverture à toutes les différences sauf à la différence des sexes et à la différence Créateur/créatures ») parviennent à franchir le comité de censure d’établissements scolaires même catholiques, c’est – ça tombe sous le sens – que déjà, ils ne sont ni horribles, ni traumatisants, ni choquants à première vue (ce ne sont pas tous des « Vie d’Adèle », avec 4-5 scènes de « pur » sexe dedans…). Pas besoin, par conséquent, de perdre son calme et de se gendarmer outre mesure. L’opposition ferme et argumentée, l’humour et le dialogue, devraient largement suffire à éteindre ces petits incendies que sont ces intrusions cinématographiques dans le milieu scolaire et qui n’en sont pas moins anodines. Si ces films plaisent à une équipe pédagogique ou à un proviseur, c’est évidemment que leurs messages sont pleins de bons sentiments, que les images, la musique et les histoires d’amitié qu’ils racontent sont un minimum belles et travaillées. Même si je ne les conseille absolument pas à un public jeune (sauf s’ils sont accompagnés de la légende qui va avec, ou de l’étiquette « films de propagande LGBT » qu’ils méritent), même si j’en décèle les nombreuses impostures, ça ne m’empêche pas de continuer à les trouver touchants, parfois captivants, et en général très bien faits (il ne faut pas non plus diaboliser les choses, ni prendre les profs pour des cons ou des gens inconséquents : certains, en proposant ces films, veulent bien faire). Un film de propagande ne peut pas être totalement de mauvaise qualité, car il doit au moins user de formes et de bonnes intentions qui font oublier aux spectateurs qu’il est un film de propagande. Ce que je veux dire par là, c’est que même si la démarche pédagogique ne se justifie pas, elle s’explique parfois très bien et a des sincérités que le film LGBT actuel, autrement plus vraisemblable et sensible que « La Cage aux folles », aide objectivement à porter. On ne peut pas le nier.

 

Alors si on cherche bien, qu’est-ce qui peut bien motiver une équipe de profs à amener des élèves voir un film comme « Pride » ? Je doute que ce soit pour en faire une étude critique avec mon Dictionnaire en main, auquel cas la démarche pourrait à la rigueur être géniale ^^ (… car un film pareil, s’il est décrypté correctement, aide au développement du sens critique des élèves et à l’identification des techniques de lavage de cerveaux et de propagande développées par de nombreux systèmes totalitaires d’hier et d’aujourd’hui). Mais à moins d’un miracle ou d’interroger l’initiateur du projet, je ne me fais pas trop d’illusions. Je pense que l’objectif d’un prof qui a trouvé ce film beau et touchant, et qui veut le faire voir à ses élèves de lycée, c’est tout simplement : le souci de faire connaître une page de l’histoire de l’Angleterre des années 1980 sous Margaret Thatcher (« objectif culturel » : gros LOL), le souci de donner aux élèves le goût de l’engagement politique et des actions de solidarité, le souci de proposer un film drôle, bon enfant, original, convivial, un poil « subversif » dans sa thématique, le souci de la transmission de « valeurs » telles que le respect, l’ouverture, la tolérance, l’égalité, la solidarité, l’accueil des différences, la diversité… tous ces concepts humanistes qui sont merveilleux s’ils sont connectés au Réel (c’est-à-dire à la différence des sexes et la différence Créateur/créatures) et qui deviennent de la grosse merde idéologique et même tyrannique de la pensée unique libérale libertaire dès que la différence des sexes et Dieu sont virés des messages… ce qui est exactement le cas du film « Pride » !
 
 

b) Message de fond du film : « La différence des sexes peut être expulsée en identité et en Amour : c’est pas grave »

Voyons voir d’un peu plus près pourquoi « Pride » rentre tout-à-fait dans la catégorie des « œuvres culturelles de propagande ».
 
 

En gros, le message de ce film,
 

1 – c’est de montrer que l’éjection de la différence des sexes (la différence qui nous a fait naître, celle qui nous aide à nous aimer nous-mêmes tels que nous sommes et à aimer vraiment les autres, à nous donner pleinement à eux) est banale et merveilleuse à la fois (ce qui est faux et violent : sans la différence des sexes, nous ne sommes plus humains, nous n’existons pas, et nous aimons moins)
 

2 – c’est de montrer que l’homosexualité et l’hétérosexualité sont de vraies identités (ce qui est également faux et anti-Droits de l’Homme : nous sommes homme ou femme, et Enfants de Dieu, point barre ; nous ne sommes pas que des animaux et nous ne pouvons pas être définis uniquement par notre orientation sexuelle du moment – aussi durable et fixée soit-elle parfois -, par nos pulsions ou nos fantasmes sexuels ou nos sentiments ou les personnes qui nous attirent sexuellement ou notre pratique génitale ; en clair, nous ne sommes pas des bites ni des vagins sur pattes ! Les personnes homosexuelles existent, parfois de manière transitoire, et « les » homos ainsi que « les » hétéros, ça n’existe pas !)
 

3 – c’est de montrer que l’« amour » homosexuel est possible, extraordinaire et équivalent à l’amour entre l’homme et la femme (ce qui est également faux : l’amour vrai, c’est l’accueil de la différence des sexes, qu’on soit marié ou célibataire consacré). Dans le film « Pride », d’ailleurs, quasiment tous les personnages présentés comme « hétéros » finissent par faire leur coming out homo ! Même parmi les papys et les mamies ! C’est vraiment un film pro-homosexualité et pro-hétérosexualité… mais qui en revanche laisse de côté l’amour entre l’homme et la femme… d’où sa gravité).

 
 

Ce message filmique global reposant sur la discrimination de la différence des sexes est objectivement violent. Mais cette violence, diffuse à plein d’endroits dans le film (j’y reviendrai plus en détail tout de suite après), n’est pas flagrante car d’autres différences moins fondatrices que la différence des sexes sont chantées et sont censées la faire oublier : je pense d’une part à la différence des espaces (illustrée dans le film par la rencontre émouvante et exotique du milieu ouvrier et du milieu homo que tout semble opposer, illustrée par le mélange improbable entre le monde citadin londonien et le monde provincial gallois, illustrée par la description de l’engagement politique et associatif des personnages, illustrée par de nombreux actes de solidarité concrets, illustrée par le rappel d’événements dramatiques comme l’arrivée du Sida ou le rejet homophobe des parents, qui forcément touchent notre corde sensible, etc.) ; je pense également à la différence des générations (illustrée dans le film par la vie des familles et les réconciliations/conflits qui s’y vivent, par le melting pot amusant entre les jeunes et les vieux retraités, etc.) ; je pense enfin un peu à la différence des sexes (car même si elle n’est pas célébrée dans la conjugalité femme-homme ni dans le célibat consacré – voire elle est carrément rejetée dans l’homosexualité et partiellement rejetée dans la bisexualité hétérosexuelle -, elle reste quand même un peu défendue par la célébration d’amitiés touchantes tout au long du film). Ceci étant dit, qui s’attaque à la différence des sexes finit aussi par s’attaquer à la différence des espaces et à la différence des générations à un moment ou un autre, vu que les 3 composent le même Réel. Donc nous allons voir maintenant comme ces exclusions des différences fondatrices de l’humain, faites paradoxalement au nom de l’accueil des différences, se traduisent concrètement dans le film « Pride ».
 
 

c) Comment se traduit concrètement l’expulsion de la différence des sexes dans ce film ?

Je souligne pour commencer un détail très important : qu’en dépit des apparences et de ses intentions, « Pride » n’est pas un film sur l’homosexualité, et encore moins sur la vie de couple homo (qu’on ne voit jamais, d’ailleurs). Il est tout au plus un film sur le coming out, c’est-à-dire l’annonce et les débuts de la visibilité sociale de l’étiquette identitaire et amoureuse « l’homosexuel »… et a fortiori ce coming out est à peine filmé, ou alors il est filmé de manière très manichéenne et victimisante. « Pride » n’affronte jamais la problématique de l’homosexualité concrètement, sur la durée et en termes de pratique amoureuse. Il est juste un portrait des soubresauts de l’attrait homo-érotique qui peut exister à l’adolescence, de l’excitation des débuts du militantisme LGBT et de la découverte de l’engagement politique pour une cause qui commence à faire la Une des médias parce qu’elle bénéficie de la compassion mondiale pour le dommageable Sida. C’est important de le garder en tête : « Pride » a totalement aplati, déproblématisé l’homosexualité. Par exemple, les histoires d’« amour » homo dans le film sont zappées (on comprend que Joe, le jeune « Rastignac » de l’histoire, a été dépucelé par un mec le soir du bal, mais on n’en saura pas plus ; on comprend que Mark, le leader de l’asso LGBT, est un coureur de pantalons qui n’arrive pas à construire une relation et qui enchaîne les mecs au point d’attraper le Sida ; on voit que la vie et l’entente de l’unique « couple » homo du film, formé par Geth le libraire et par Jonathan, ne sont pas du tout filmées ; dans ce film, l’amour homo est réduit à une expérience ponctuelle en état d’ébriété, comme on en a l’illustration avec la femme d’Alan qui vire sa cuti avec Stephany, un soir d’ivresse, juste pour « vivre cette expérience sensuelle inédite »). Donc les profs qui voudraient, par le biais du visionnage de ce film, encourager leurs élèves à connaître l’homosexualité, déculpabiliser des jeunes qui se cherchent sexuellement, favoriser des « coming out », une meilleure acceptation des personnes homosexuelles, et permettre une plus grande ouverture d’esprit à leur classe, se fouteraient le doigt dans l’œil bien profond : ce film ne parle absolument pas d’homosexualité. Il extériorise le thème d’une part sur le contexte géopolitique dramatisé de grèves ouvrières des années 1980 (= la fermeture d’une mine de charbon au Pays de Galles), sur fond de lutte des classes et de lutte contre la pauvreté (en filigrane est dénoncée la soi-disant « dictature » anti-pauvres et « homophobe » de Margaret Thatcher, femme politique qui est textuellement traitée de « salope » dans le film) ; d’autre part, il extériorise et travestit le problème de l’homosexualité sur l’amitié (comme si amour et amitié pouvaient être mises exactement sur le même plan…) ou sur la famille (comme si la famille et l’« amour » homo étaient la même chose : il y a énormément d’incestuel dans ce film, même si le réalisateur Matthew Warshus serait estomaqué de l’apprendre).

 

Cette tentative de mélange des genres de relations humaines (amour-amitié, amour-famille, amour-solidarité) n’a pour but que de nous embrouiller l’esprit par un chantage aux sentiments. Ni plus ni moins. Dans la tête du spectateur, il se voit mal dénoncer les incohérences du scénario, ou la violence de l’homosexualité, puisque celle-ci est enrobée de camaraderie, de multiculturalité, de solidarité, de combat contre le « fascisme » thatchérien, de violons, de trompettes, de fous rires, de larmes (face à ce qui nous est présenté comme de « terribles injustices »), de couleurs arc-en-ciel, de rebondissements supposément spectaculaires (les prises de parole des héros homos ou hétéros sont soit totalement catastrophiques, soit d’immenses succès nourris d’applaudissements dithyrambiques : super réaliste, on y croit…),.
 

 

Mais réveillons-nous. « Pride » fait passer les militants homosexuels pour des héros super courageux… alors que concrètement, le milieu homosexuel de cette époque était déjà un baisodrome, et que ces militants ont instrumentalisé la misère des mineurs gallois pour se victimiser eux-mêmes et pour donner à la lutte pour les droits LGBT une teinte révolutionnaire, solidaire, universelle, qui aurait occulté les conséquences de leur propre pratique amoureuse. Tout le film « Pride » repose sur une falsification historique. Je n’ai jamais vu un tel succès et une telle euphorie pour le discours homosexuel dans le monde ouvrier réel, et encore moins dans le monde homosexuel réel. Je n’ai jamais vu une telle camaraderie dans le milieu associatif LGBT (l’amitié a très peu de place dans les cercles relationnels homos puisqu’elle est très vite sclérosée par la drague). Je n’ai jamais vu d’amours solides et joyeuses dans l’homosexualité. Je n’ai jamais vu le milieu ouvrier célébrer l’homosexualité comme dans « Pride » (plutôt le contraire !). Je n’ai jamais vu de bals hétéros-homos ni de Gay Pride finir en triomphe et grandes pompes comme c’est montré dans le film. Et pourtant, croyez-moi, ce n’est pas faute d’avoir assisté à bon nombre de Gay Pride, de m’être engagé dans bon nombre d’associations LGBT. Ce film est un tissu de mensonges, de fantasmes concrétisés uniquement sur pellicule, et de falsifications historiques. La réalité du monde homosexuel, ce n’est pas ça, et c’est même beaucoup moins rose. Il y a, je trouve, une violence, dans ce genre de films, à traiter sur le mode de la légèreté humoristique et de l’esthétisme émotionnel euphorique, des réalités qui non seulement ne sont pas poétiques, mais qui en plus sont révoltantes et violentes (la violence des relations homosexuelles, la souffrance et l’insatisfaction qu’elles font vivre, les vols et les viols et les nombreuses atteintes à l’amitié dans le « milieu homo », la brutalité de la drague, les infidélités très nombreuses entre personnes homos, les actes d’homophobie perpétrés exclusivement entre personnes homosexuelles, la perte de joie dans le mode de vie homosexuel, etc. etc.). L’enfer est pavé de bonnes intentions : on le sait déjà, mais je préfère le répéter plus que jamais pour le film « Pride », au cas où certains oublieraient ce que vivent vraiment les personnes homosexuelles, y compris celles qu’on croit heureuses, stables, en couple et « hors milieu ».

 

Derrière la guimauve dégoulinante et imparable que nous sert « Pride » se trouve en réalité l’idéologie sentimentaliste et anti-naturaliste LGBT qui stipule que le corps sexué n’a que peu d’importance, que tous les hommes-pères sont au pire des cons et des bébés lâches au mieux des homos refoulés, que nous serions tous des anges asexués libres d’aimer qui nous voulons à partir du moment où nous obéirions à nos sentiments et à notre ressenti individuel. À travers ce type de films, on nous laisse croire (à tort) que la débauche de sensations – et de leurs mises en scène – va pallier à l’éjection de la différence des sexes, éjection qui reste pourtant objectivement violente puisque la différence des sexes est le socle de notre existence à tous et, si elle est librement accueillie, le roc qui nous permet d’aimer au mieux, pleinement et durablement, et de respecter les amitiés même entre personnes de même sexe.

 

Comme je l’avais déjà expliqué l’été dernier à propos d’un autre film, « Au premier regard » de Daniel Ribeiro (un film similaire à « Pride » quant à sa force de frappe : très mignon, très bien fait, vraisemblable, traitant du lien entre handicap et homosexualité, un petit bijou de propagande qui pourrait d’ailleurs tout à fait faire l’objet idéal d’une sortie scolaire aux yeux d’une équipe pédagogique un peu « gay friendly »), il y a une forme de malhonnêteté intellectuelle à mêler à l’homosexualité des sujets graves comme la pauvreté. Car même si je suis le premier à dire qu’il y a un lien entre ces thématiques, je me bats pour que ce lien-là ne soit ni causalisé, ni défendu, ni idéalisé, ni utilisé pour justifier l’homosexualité sous forme d’identité ou d’amour, car cela reviendrait à justifier la souffrance et le mal. Et ça, éthiquement, ce n’est pas humain ! Y compris si, par cette tentative de victimisation-essentialisation de l’homosexualité, on prétend vouloir le bien des personnes qu’on victimise/transforme en espèce (« les » homos ; « les » hétéros ; « les » mineurs ; « les » victimes ; etc.).

 

Ce qui est très gênant dans « Pride », parce que l’analogie entre les deux me parait totalement abusive, c’est que l’homosexualité est mise sur le même plan que la pauvreté matérielle et sociale des mineurs. Implicitement, Matthew Warchus laisse entendre que l’amour homosexuel serait aussi fort et légitime que la pauvreté (et les tentatives solidaires pour soi-disant l’éradiquer). C’est totalement méconnaître le point de vue des pauvres réels sur l’homosexualité. C’est totalement méconnaître la misère sexuelle qui sévit au sein du « milieu homo », et qui est le reflet de la misère sexuelle vécue en milieu ouvrier ou pauvre.

 

Projeter sur les personnes prolétaires des fantasmes d’hommes homosexuels petits-bourgeois (et qui plus est, des fantasmes inhumains, car rejeter la différence des sexes qui nous a fait tous naître, relève de l’inhumanité angéliste), c’est malhonnête, c’est mal les connaître ELLES, c’est utiliser leur pauvreté à des fins romantico-individualistes, c’est exploiter la fragilité des plus faibles. Cette jalousie maquillée en « solidarité universelle » est très bien illustrée par les propos de Mark, le jeune chef de l’association LGBT du film « Pride » voyant dans un article de journal relatant les répressions policières que subissent les mineurs gallois du pain béni pour redorer le blason de la cause homosexuelle : « Ils s’en prennent à ces pauv’ gars plutôt qu’à nous ! » ; « On a subi les mêmes épreuves que vous. » ; « Je ne sais pas à quoi ça rime de défendre les droits gays, mais je le fais pour les autres. » ; « On écrit l’Histoire. Gays et hétéros ensemble ! » ; « Solidarité pour toujours ! Solidarité pour toujours ! » (sur l’air de « God Saves The Queen »). Sérieusement : ce « Touche pas à mon ouvrier ! » LGBT, on dirait l’agressif et sincère « Touche pas à mon pote ! » de S.O.S. RACISME, le « Touche pas à mon Sidéen ou à mon Homo ! » de S.O.S. Homophobie et du Refuge, le « Touche pas à mon Pape, touche pas à MON homo, touche pas à mon Chrétien d’Irak ! » de Frigide Barjot, le « Touche pas à mon enfant ! » de la Manif Pour Tous. Personnellement, je trouve cela choquant et honteux. Il n’y a qu’un seul personnage dans le film qui se rend compte de cette instrumentalisation, de ce violent « mélange des genres » et de l’arrivisme de ce groupe de 10 militants LGBT venu du jour au lendemain annexer son village gallois à des fins purement idéologiques : c’est Maureen. Et comme par hasard, ce témoin gênant est filmé comme « LA Méchante hétérosexuelle » de l’histoire, la femme frustrée et rigide, mal mariée. Elle est décrédibilisée et homophobisée puisque sa dénonciation est montrée comme un phénomène totalement isolé, minoritaire et arbitraire (or, je doute que, hors des salles de cinéma, ce soit le cas dans le vrai monde réel des travailleurs ; et je peux vous assurer que non seulement cette gêne n’est pas homophobe mais que de surcroît elle est humaine !).

 

Je comprends bien que l’innocence, la simplicité et la fragilité des mineurs (une réalité apparemment subie : d’ailleurs, dans le film, on nous montre que beaucoup de ces travailleurs n’ont pas eu la chance de faire des études… ni des thèses gays friendly féministes LOL… à l’exception de Sian, la « mère-courage » hétéro-gay-friendly qui intègrera une université à la toute fin de l’intrigue) confère du naturel, de l’empathie, de l’émotion, de la tendresse et du courage à l’homosexualité. Or l’homosexualité, on ne sait pas si elle est subie ou non. On ne sait pas si c’est un fait de nature ou de culture. Comme la pauvreté matérielle et culturelle, elle est bien le signe d’une anomalie (une personne ne fuit pas la différence des sexes sans raisons ; et une personne ne devient pas pauvre s’il n’y a pas eu à l’origine une erreur dans la répartition des richesses au sein de l’Humanité). Mais l’homosexualité touche à l’identité sexuée, à la génitalité et à la sexualité bien plus profondément que la précarité des travailleurs, qui eux ne remettent pas en cause la différence des sexes ni la sexualité. Donc moralement et concrètement, c’est difficile de mettre sur le même plan le monde ouvrier et l’homosexualité. La pauvreté possède une innocence (parce que la plupart du temps elle s’impose à la personne qui le porte) que l’homosexualité n’a pas (certaines homosexualités sont des choix, voire des mauvaises actions). L’homosexualité est tout sauf innocente : le rejet de la différence des sexes qu’elle illustre est signe de souffrances et, si celles-ci ne sont pas identifiées, moteur de violences.
 
PRIDE Victimisation
 

Il y a derrière cette analogie compassionnelle entre homosexualité et lutte des classes une volonté de mettre la pratique homosexuelle à l’abri de la responsabilité, de l’analyse, de la liberté, du jugement, et d’entourer l’homosexualité du doux manteau de la solidarité. Car qui, humainement, peut être contre l’existence des pauvres ou en faveur d’un système politique qui les broie ? À travers cette réalité de la misère matérielle et de la relation d’amitié avec la personne pauvre, Matthew Warchus a la malhonnêteté de nourrir deux amalgames fâcheux : d’une part l’amalgame entre l’amitié et l’amour (qui sont pourtant des réalités relationnelles bien distinctes) ou entre la sexualité et la politique, et d’autre part l’amalgame entre la personne et le désir/l’amour/la pratique homosexuels qu’elle peut vivre (or une personne humaine ne se définit par le désir sexuel qu’elle ressent, ni par l’acte sexuel qu’elle pose, ni par le « couple » homosexuel qu’elle composerait).

 

Il n’est pas juste qu’un film comme « Pride » instrumentalise la pureté des nécessiteux ou des vieux syndicalistes, l’empathie face à la fragilité qu’est la précarité matérielle et intellectuelle, pour justifier d’un amour ambigu (= le « couple » homo) qui, contrairement à la pauvreté, n’est pas un fait physique : il n’existe pas de corps homosexuel (alors qu’il existe un misère concrète). L’homosexualité est prioritairement un fait désirant, bien avant de se manifester par une réalité corporelle.

 

Comme les films de blacksplotation (qui n’hésitent pas à marier le Gay Power au Black Power, l’anti-homophobie à l’anti-racisme, pour servir leurs propres intérêts), on peut constater actuellement que certains réalisateurs pro-gays surfent sur la vague victimiaire de la crise économique actuelle pour donner corps à leurs propres fantasmes amoureux.

 

La juxtaposition cinématographique d’un mal et de l’homosexualité est une recette qui marche de plus en plus car elle repose sur un chantage aux sentiments et des réalités humaines douloureuses qu’il est extrêmement difficile de cautionner. Tout comme le téléfilm « Juste une question d’amour » (2000) de Christian Faure exploitait la difficulté du coming out pour justifier le « couple » homo, tout comme le film « Les Joies de la famille » (2008) d’Ella Lemhagen exploitait le malheur de l’orphelin pour justifier la « beauté » de l’adoption « homoparentale », tout comme le film « Beautiful Thing » (1996) d’Hettie MacDonald exploitait le malheur de la précarité et du chômage pour dépeindre une idylle amoureuse homosexuelle, tout comme le film « My Beautiful Laundrette » (1985) de Stephen Frears exploitait le malheur de la xénophobie pour justifier la force de l’« amour » homo, tout comme le film « Loin du Paradis » (2002) de Todd Haynes exploitait le malheur du racisme pour justifier la « véracité » de l’« identité homosexuelle », tout comme le films « Love ! Valour ! Compassion ! » (1997) de Joe Mantello exploitait sincèrement le malheur du Sida pour justifier les « couples » homos, tout comme le film « Tom Boy » (2011) de Céline Sciamma exploitait le « malheur » de l’adolescence et de sa soi-disant « cruauté » pour justifier la schizophrénie transidentitaire d’une adolescente, tout comme le film « Comme les autres » (2008) de Vincent Garenq exploitait le malheur de la stérilité pour justifier la Gestation Pour Autrui (= les mères porteuses), tout comme le téléfilm « Un Amour à taire » (2005) de Christian Faure exploitait le malheur de la guerre pour justifier la force de l’histoire d’« amour » homo, tout comme le film « Cloudburst » (2011) de Thom Fitzgerald exploitait le malheur de la vieillesse et de la mort pour prouver la beauté du « couple » homo, tout comme le film « Harvey Milk » (2008) de Gus Van Sant exploitait le malheur de l’homicide et de la folie meurtrière pour justifier le courage du militantisme LGBT, tout comme le film « I Love You Phillip Morris » (2009) de Glenn Ficarra exploitait le malheur de la prison pour démontrer la puissance de l’amour entre deux hommes, tout comme le film « Week-end » (2011) d’Andrew Haigh exploitait le désespoir amoureux pour justifier la « beauté » des « plans cul », tout comme le film « Le Secret de Brokeback Mountain » (2005) d’Ang Lee exploitait le malheur de l’homophobie intériorisée pour rappeler l’urgence du coming out, le film « Pride » utilise également la misère du monde ouvrier et les maladresses parfois violentes d’un monde hétéro découvrant l’existence des personnes homosexuelles, pour nous faire signer aveuglément le certificat d’« amour » décerné à la relation entre deux personnes de même sexe. Désolé, mais chez moi, ça ne prend pas.

 

La Méchante Maureen Barry

La Méchante Maureen Barry


 

Clou du spectacle et du chantage aux sentiments : Matthew Warchus a mis en place dans son film une méthode très classique pour redorer le blason de l’homosexualité à peu de frais : la composition de la caricature des « hétéros ». C’est une astuce très répandue actuellement : pour neutraliser les critiques sur l’« amour » homosexuel, beaucoup de réalisateurs homosexuels ou gays friendly extériorisent systématiquement les problèmes des « couples » homos sur cette espèce cinématographique odieuse que composent « les hétérosexuels »… Et nous avons de sacrés spécimens de « beaufs hétéros » dans « Pride ». Deux catégories manichéennes, pourrait-on dire : d’un côté les « hétéros qui resteront homophobes à jamais » (genre Maureen, genre les parents de Joe, genre Jason – le frère de Joe -, genre les bourgeois qui tiennent des pancartes « Brûlez en enfers » à la première Gay Pride du début du film, genre Margaret Thatcher, cette « salope », genre les pavés anonymes et insultants brisant la vitrine du local-librairie LGBT, etc.) ; et puis de l’autre côté les « hétéros homophobes repentis… et ‘ouverts’ (puisqu’ils sont en réalité homosexuels ou au moins convertis à la gay friendly attitude) » : je pense par exemple à Carl (le jeune qui roule les mécaniques et qui finira par tendre la main à ses frères étrangers homosexuels), à Sian (la fille à pédés énergique et boulote, qui défendra bec et ongles la cause homo quand elle intègrera l’Université), à Martin (le syndicaliste brutalement gay friendly), à Dai (le père de famille un peu lettré, grand orateur… de cabaret), à Cliff (le vieil hétéro qui finira par révéler son homosexualité après tant d’années de secret et de refoulement), à Hefina (l’hétérote agressivement gay friendly et qui se révèlera lesbienne à la toute fin du film : elle et Cliff sont d’ailleurs mis en avant sur l’affiche de « Pride », alors que, comme par hasard, ce faux couple hétéro – pléonasme – est en réalité composé d’un gay et d’une lesbienne déguisés en hétéros), la mère de Geth (catholique, « homophobe », et qui « s’ouvrira » in extremis à la fin), la vieille mamie Gwen (qui fait sa crise d’ado et son bain de jouvence à 80 balais, et qui joue la miraculée de Lourdes au contact de ses nouvelles amies lesbiennes : « Vous m’avez ouvert les yeux, les filles. » conclura-t-elle, les yeux pleins de larmes, à la fin de l’histoire), l’un des fils homophobes de Maureen-la-Méchante (qui assistera à la Gay Pride londonienne finale). Grâce à ces monstrueux « hétéros homophobes » (mais « vieux cons » si mignons et si touchants quand ils se convertissent à LEURS idées LGBT…), les cinéastes pro-gays font passer les limites et les fragilités des « couples » homos réels pour un processus purement circonstanciel et extérieur : si les unions homosexuelles n’arrivent pas à perdurer et à satisfaire, ce serait uniquement parce que la société ne les encouragerait pas, et qu’elles seraient empêchées par la cruauté gratuite des Hommes (… et surtout des hommes : les mâââles).

 

Quand nous voyons des films traitant de l’homosexualité et choisissant pour toile de fond des événements terribles venant détruire une romance ou une identité homosexuelle présentée comme idyllique, nous avons tous envie de dire à la fin de la projection que la spectaculaire catastrophe ou l’agression extérieure rendent les unions homosexuelles, sinon idéales, du moins justifiables, même si dans les faits, ces films sont bien éloignés de la réalité quotidienne des « couples » homosexuels de chair et d’os. Qui peut essayer de comprendre avec un certain détachement les mécanismes de l’homophobie, après avoir vu un tel carnage d’« amour » construit sur pellicule ? Qui peut paraître humain de remettre en cause une image d’Épinal de l’« amour » homosexuel contrebalancée par une violence visuelle assurément percutante, mais ô combien exagérée ? Difficile, par exemple, de ne pas avoir le cœur brisé en voyant sur les écrans le désarroi du mari de Cathy Whitaker dans le film « Loin du Paradis » (2002) de Todd Haynes, homme qui n’arrive résolument pas à réprimer ses penchants homosexuels malgré toute la bonne volonté du monde, ou de ressortir du visionnage du « Secret de Brokeback Mountain » (2006) d’Ang Lee en affirmant la bouche en cœur que l’« amour » homosexuel n’est pas réel et merveilleux, même si nous l’avons vu entravé. Qui peut humainement se réjouir de voir dans le film « Pride » de Matthew Warchus la spoliation (pour reprendre les termes de cette chère Arlette Laguillier) des droits des mineurs, la répression policière, la maltraitance des villageois au chômage et crevant de froid en hiver sans chauffage, le rejet d’un adolescent homo par sa famille bourgeoise hétérosexiste ? Personne ! Vraiment personne !

 

Mais, je vous le demande, est-ce que l’Amour ne se manifeste que dans les cas extrêmes où la liberté humaine se rapproche de la nullité ? À travers de tels films, les réalisateurs homosexuels sont plutôt en train d’enfermer l’Amour et l’identité humaine dans un cadre déterministe et fataliste. Ils valident par un regard orienté vers des situations particulièrement dramatiques une vision de l’existence humaine et de l’Amour très négative. Ils énoncent que l’Homme n’est que rarement libre et heureux, et que c’est cela sa vérité d’amour et d’identité. Comment peuvent-ils espérer ensuite que leur défense du désir homosexuel apparaisse aux yeux de la société comme aimante ?

 

Dernière image du film : le délire, les lendemains qui chantent...

Dernière image du film : le délire, les lendemains qui chantent…


 

Il semble paradoxal de prouver l’Amour par son contraire. Face à ce nouveau type de « films choc » (qui, soit dit en passant, dans leur formule, ne s’opposent pas aux comédies sentimentales et enjouées de l’homosexualité), nous sommes pris entre l’extrême compassion et la méfiance de l’émotionnel, si bien travaillé par le cinéma. Au fond, la révolte et l’empathie ne sont que des effets recherchés par ceux qui créent le mythe du couple télégénique homosexuel heureux, ou de l’homosexuel assumé et émancipé post-coming out, pour masquer la réalité d’une union beaucoup moins rose dans les faits. Ils universalisent, en quelque sorte, un méfait opéré sur un personnage télévisuel homosexuel vivant un scénario-catastrophe, pour ensuite justifier leurs utopies personnelles et des revendications concernant la communauté gay très discutables dans la réalité concrète. L’injustice filmée ne laisse pas de marbre, c’est sûr. Mais il y a une sorte de malhonnêteté intellectuelle à traiter de l’homosexualité avec d’autres thèmes qui lui sont liés mais non de manière causale (par exemple la folie meurtrière des camps de concentration, le déferlement incontrôlé de l’homophobie dans certains milieux sociaux culturellement pauvres, une agressivité familiale exacerbée, l’émergence inopinée du Sida, le handicap, etc.). Malhonnêteté rehaussée par sa prétention (hypocrite) au réalisme et à la biographie. C’est particulièrement visible dans le film « Pride » puisque celui-ci se veut « historique », basé sur des événements réels et des personnes ayant réellement existé. En réalité, comme je le disais un peu plus haut, ce film n’est absolument pas réaliste. Il est tellement noyé de poncifs manichéens et d’intentions militantes et sentimentalistes pro-LGBT qu’il régurgite l’hypocrisie de ses nombreux et inconscients anachronismes. La sincérité n’est pas la Vérité. Et ce n’est pas en reconstituant un passé avec des références télévisuelles, des reportages-télé, des coupures de journaux ou des bribes de clins d’œil musicaux « d’époque » (les chanteurs « New Wave » et punk de la légendaire Great Britain Eighties : Sylvester, Bronski Beat, Bananarama, Franckie Goes To Hollywood, etc.) que Matthew Warchus est parvenu à masquer qu’il a projeté sur le passé et aussi sur le présent ses propres fantasmes amoureux et militants, fantasmes pour le coup mégalomaniaques et finalement dépressifs (car OUI, finir son film par des images d’une Marche des Fiertés 1985 triomphante et ensoleillée avec Big Ben en décor, c’est du pur folklore et du pur mensonge ; OUI, finir son film en tressant une couronne de lauriers à Mark Ashton, le jeune et beau leader LGBT mort du Sida à l’âge de 26 ans – comme si l’héroïsme pouvait se résumer à mourir jeune du Sida et pour n’importe quelle cause politique minoritaire -, c’est de la pure dépression). Le pire, c’est que je crois que cette volonté naturaliste du réalisateur est sincère et qu’il ne s’est même pas rendu compte qu’il manipule le Réel et le public par l’émotionnel.
 

Mark se jetant sur les "bads news"

Mark se jetant sur les « bads news »

 

Ne nous laissons donc pas déborder par nos émotions : écoutons la Réalité, qui est bien meilleure conseillère. En effet, comme humainement et éthiquement nous ne pouvons pas cautionner la haine et le mépris, nous sommes encouragés à signer sans réfléchir à des versions idylliques et victimisantes de l’« amour » homosexuel. On se réveille. Le couple homosexuel n’est pas le couple homosexuel cinématographique. La communion fraternelle vécue entre personnes homos (parfois concrète et porteuse d’une chaleur amicale réelle, d’un vrai pouvoir d’actions associatives de solidarité) n’est pas le couple homo. C’est con de le dire mais c’est vrai. Ne confondons pas l’amitié avec l’amour, la solidarité avec l’amour conjugal, la sincérité de nos bonnes intentions avec la Vérité (on peut vouloir le bien sans le faire), les films avec la Réalité, l’euphorie (adulescente) avec la vraie joie.
 

L'homosexualité, c'est "génial". Pourquoi? Parce que ça DOIT être génial.

L’homosexualité, c’est « génial »

 

Pour conclure, je finirai cet article en vous mettant en garde sur la signifiance du titre du film « Pride ». Contrairement au mot « fierté » en français, il recouvre en anglais, exactement comme en espagnol, le double sens de « fierté » et d’« orgueil », double sens qu’on perd en français. Nous pouvons nous appuyer sur cette polysémie anglo-saxonne et hispano pour comprendre que malgré les bonnes intentions, la Fierté homosexuelle est un orgueil déguisé. Et le film « Pride » pue l’orgueil qui nous regarde avec des étoiles et des cœurs rainbow dans les yeux. Un vrai lavage de cerveaux sincère. Alors au nom de nos enfants, au nom du respect que vous nous devez à nous les personnes homosexuelles, s’il vous plaît, n’y succombez pas (même si nous ne savons pas vous le demander).
 
pride
 
brain
 
 

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Pièce « Sugar » de Joëlle Fossier : Le Dressage idéologique LGBT (jamais sans un susucre…)

Un sucre et tais-toi !

 

Synopsis de la pièce : Un jeune homme homosexuel, William, déprime dans la garçonnière de son amant Georges, un homme marié bisexuel et père de famille, avec qui il vit une liaison secrète et en pointillé, et dont il ne supporte plus les nombreuses absences. Il lui fait un chantage au suicide et menace de déménager définitivement de leur luxueux appartement commun (un ouvrier hétérosexuel, Pierre, s’occupe d’ailleurs de ce déménagement) si jamais il ne décide pas de stopper sa double vie et qu’il ne choisit pas de se consacrer entièrement à leur « couple ». Adèle, la sœur de William, sert d’intermédiaire et de médiatrice pour gérer la crise. Pierre a un coup de cœur pour elle… mais il ne sera pas réciproque. Le couple William/Georges va se réunir et décider d’être plus complet dans son engagement.

 
 

SUGAR affiche

 

Une pièce nulle ou bête ne suffit pas, en général, à me faire écrire un article. Je n’ai pas trop de temps à perdre (si je commence à écrire sur toutes les pièces nulles que je vois, je n’ai pas fini). Et puis il est difficile d’en vouloir à l’ignorant et à ses productions pleines de bons sentiments gays friendly. La plupart du temps, je passe mon chemin.

 

SUGAR caricature

 

En revanche – et ce fut le cas pour la pièce des Virilius d’Alessandro Avellis, ou bien encore pour la pièce Sugar de Joëlle Fossier que j’ai vue hier soir –, quand l’ignorant en question se la joue père-la-morale sur scène, donneur de leçons, agresseur menaçant, et que, en plus de nous prendre pour des cons, il devient violent et essaie de nous faire passer pour plus cons que lui, le tout en se victimisant, là, c’est autre chose. Là, on a le devoir de s’énerver, et pas qu’un peu. Personnellement, dans ces cas-là, j’ai comme une grosse envie de régler son compte à l’attitude de petit merdeux (en l’occurrence ici, de petite merdeuse) de l’auteur de la « comédie » dramatique.

 

Car il s’agit bien d’un dressage dont j’ai été témoin hier. Un dressage sur ce qu’il convient de penser ou de ne pas penser. Un dressage s’adressant aux récalcitrants qui n’auraient toujours pas collaboré au domptage du « mariage pour tous » et à ses conséquences sociales (pour le moins ambiguës et graves), aux « réacs » homophobes qui rechigneraient à avaler le morceau de sucre de Maman Taubira (ou ici, de Maman Fossier).

 

Le mot « dressage » n’est pas excessif et me semble particulièrement bien adapté à la pièce Sugar puisque les sanctions dont Joëlle Fossier menace tacitement le public sont annoncées et illustrées sur scène par le procès en « homophobie » que les personnages homosexuels ou gays friendly de la pièce (le beau William et sa sœur fusionnelle Adèle) font encourir aux personnages hétéros comme bisexuels (Georges, l’homme marié et amant secret du jeune William ; puis Pierre, l’ouvrier hétéro), personnages caricaturaux au possible (je dis « caricaturaux » car par exemple, je n’ai jamais vu, dans la réalité, un individu comme le personnage de Pierre passer aussi rapidement d’un discours gay friendly à un discours clairement homophobe ; je n’ai jamais vu non plus un homme marié bisexuel comme le personnage de Georges retourner aussi rapidement sa veste à l’homosexualité en jetant par-dessus bord femme et enfants de sa précédente vie hétérosexuelle).

 

L’ensemble de la pièce de Joëlle Fossier nous susurre à l’oreille : Voilà ce qui va vous arriver si vous ne dites pas que le couple homo est (je cite) « un amour extraordinaire », si vous n’êtes pas d’accord avec le « mariage pour tous », si vous n’applaudissez pas à l’adoption et à la PMA/GPA pour les couples de même sexe et que vous esquisseriez, comme le personnage de Pierre (l’hétéro), l’ombre d’un doute sur la justesse de ces lois/pratiques.

 

T'as un problème ?

T’as un problème ? (Le piège antihomophobie se referme sur Pierre, l’abruti d’hétéro)


 

En gros, la condamnation publique que subit d’abord William, puis finalement Pierre, est la mise en scène de la victoire de l’inceste (féministe, bisexuelle, homosexuelle et matriarcale) sur la paternité et les hommes-mâles en général (cf. je vous renvoie ci-dessous en fin d’article  au décryptage de la pièce à travers le tamis de mon Dictionnaire des Codes homosexuels). Sugar est un parricide symbolique, officiellement par la promotion d’un amour asexué universel (et donc possiblement homosexuel), concrètement par la pratique de l’inceste, du libertinage et du divorce homme-femme.

 

Les deux amants William et Georges

Les deux amants William et Georges (l’« Amour fou »)


 

En voyant hier cette pièce qui, au départ, démarrait bien (les dialogues sont bien écrits, et les comédiens jouent plutôt bien, voire même très bien pour Stéphane Douret) devenir un jugement de personnes et une soupe idéologique à la pensée unique désincarnée et misandre, j’ai peu à peu déchanté.

 

Comment des personnages aussi peu aimants à l’image (le couple William/Georges passe son temps à se déchirer), aussi vulgaire (Adèle ou encore Pierre ne brillent pas par leur classe), aussi intolérants (le personnage d’Adèle défend comme une lionne son frère William en insultant et humiliant Georges), aussi peu innocents (William trompe Georges ; Georges abandonne sa femme et ses enfants ; William et Georges sont prêts à se marier et à obtenir des enfants à n’importe quel prix), aussi brutaux (William et son amant Georges en viennent aux mains ; Pierre, l’hétéro, se fait provoquer, draguer puis gifler par le couple homo William/Georges), aussi incestueux (Adèle est totalement fusionnelle avec son frère homo William et se fait passer pour sa petite copine), aussi déséquilibrés (William fait une grave dépression, est suicidaire et sombre souvent dans l’hystérie), peuvent avoir le culot et la prétention ensuite de jouer les victimes et de se présenter comme les chantres de l’amour, de la fidélité, de l’ouverture d’esprit, de la justice, de l’équilibre, de la famille ? Mais pour qui se prennent ces acteurs et ces metteurs en scène ?? Il faudrait qu’on gobe cette couleuvre en applaudissant des deux mains leur hypocrisie puante ??

 

Le Tribunal des sourcilleux antihomophobie are watching you !

Les antihomophobie are watching you ! (William, Adèle et Georges guettent le dérapage « homophobe » de Pierre l’hétéro)


 

Et encore. S’ils étaient un petit peu humbles, on leur pardonnerait presque leur aveuglement et leurs bonnes intentions gays friendly. Mais avec Sugar, la bêtise se pare de prétention, de manichéisme, de moralisme, joue le grand Seigneur qui rend les copies et va distribuer les bons et les mauvais points (les morceaux de sucre, quoi) à tout le monde : ça finit avec la conversion téléphonée (et improbable) de Georges, l’homophobe recalé et repêché in extremis par « l’amour » et par l’argumentaire-massue homo-identitaire-amoureux ; avec la fessée déculottée de Pierre l’éternel homophobe qui, en plus d’avoir perdu l’amour de sa vie (Adèle), n’a plus qu’à s’en aller en portant le bonnet d’âne honteux de l’hétérosexualité homophobe ; et avec la happy end parachutée, volontairement kitsch, et carrément cynique, du « bonheur retrouvé » entre William et Georges. Rideau sur ce piteux scénario manichéen.

 

Depuis l’approbation de la Loi Taubira, les personnes homosexuelles et leurs suiveurs gays friendly, les socialos déçus qui ont à présent de plus en plus de mal à faire perdurer autour d’eux la présomption d’innocence et d’amour, se donnent parfois le luxe, à travers des pièces moralistes comme Sugar, d’être artistiquement agressifs, râleurs, cyniques, de se venger d’eux-mêmes, de leur propre naïveté et de leur mauvaise gestion de l’amour, sur leurs personnages et sur leur public. Attitude détestable de petits cons donneurs de leçons s’il en est.

 

SUGAR Femme fellinienne

Les Femmes fortes gays friendlys vont parler : Attention ! La Messe !


 

Et le plus triste, c’est que le public du Vingtième Théâtre, censé avoir un peu plus de culture et de jugeote que les Français qui n’ont pas les moyens ni l’initiative de sortir au théâtre, semble gober massivement le morceau de sucre en hurlant « bravo ! encore ! un autre ! » à la fin du spectacle, et en ovationnant massivement ces œuvres de propagande idéologique à deux balles. En France, nos « élites » artistiques et intellectuelles, qui devraient avoir un minimum de sens critique pour comprendre les contradictions de pièces comme Sugar, et ne pas les cautionner, deviennent peu à peu des moutons. À mon insu, j’observe, impuissant, la dégringolade : force est de constater que beaucoup de nos artistes et intellectuels influents sont véritablement en train de démissionner.

 

SUGAR Romero

 

Ça m’a paru flagrant hier. Je suis ressorti de la salle en me disant que nous étions actuellement replongés au « bon vieux temps » du communisme, où la pensée unique règne en maître, et où les intellectuels sont isolés, pointés de « fachos », envoyés parfois dans des goulags encore inconnus, dans l’indifférence gauche-caviar quasi générale. Nos ancêtres avaient pourtant juré, après 1945, qu’on ne les y reprendrait plus. Tu parles. Nous sommes rentrés concrètement dans un pré-contexte national de dictature, construit de toutes pièces par les anti-fascistes d’aujourd’hui. Oui. Sans alarmisme je le dis. La situation de la France est inquiétante. Et la pièce de Joëlle Fossier n’est qu’un morceau de sucre de plus de l’effet-dominos de la chute que nous vivons actuellement. Ni plus, ni moins.

 

 

SUGAR Billet Réduc

 
 
 

Décryptage de la pièce à travers le Dictionnaire des Codes homosexuels :

 

Code « Amant triste » : « Je suis pas triste. Je suis désespéré. » (William, le héros homosexuel vivant une dépression à cause des absences de son amant Georges)

 

Codes « Milieu psychiatrique » + « Emma Bovary ‘J’ai un amant !’ » + « Mort (suicide) » : William, le héros homosexuel, est dépressif, fait des crises de tétanie et d’angoisse depuis qu’il est petit (ça ressemble à des crises d’épilepsie), est fragile psychologiquement et a des tendances suicidaires (parce qu’il ne supporte pas les absences de Georges, son amant négligent) : d’ailleurs, ses chantages amoureux prennent des allures de tragédie grecque.

 

Code « Obèses anorexiques (Poison) » : William, le héros homosexuel, par dépit amoureux, arrête de manger pendant des semaines… et il est pourtant surnommé « Sugar » (« sucre » en anglais) par son amant Georges. Ce dernier est comparé à un poison : « Tu m’empoisonnes. » (William)

 

Codes « Pygmalion (Statues) » + « Peinture » + « Collectionneur (Matérialiste) » : Georges, le héros homo, possède dans son appartement des statuettes, des tableaux de maîtres.

 

Code « Eau » : « Mon poisson rouge, je le garde. » (William, le héros homosexuel)

 

Code « Chat » : William, le héros homo, se fait surnommer « mon p’tit chat » par sa sœur Adèle.

 

Code « Infirmière » : William, le héros homo, surnomme sa sœur Adèle « Blouse blanche ». Et pour cause : cette féministe invétérée exerce le métier d’« infirmière-urgentiste » Bizarrement, elle effraie un peu son frère, qui ne veut pas trop être réifié ni étudié par elle : « Enlève ta blouse. Elle m’intimide. » Et on comprend pourquoi : Adèle n’exerce pas que la médecine. Elle est un peu sorcière et prédit l’avenir dans le tarot. Sa dualité peu scientifique finit même par exciter la colère de l’amant de William, Georges, qui insulte l’infirmière de « baiseuse de mes deux ».

 

Code « Médecines parallèles » : Adèle, la sœur du héros homosexuel, est une « infirmière-urgentiste » dont les méthodes sont quand même bizarres car elle lit dans les tarots et fait appel à la voyance. Son frère s’en étonne : « Comment une personne telle que toi peut croire ce que disent les cartes ? »

 

Code « Voyante extra-lucide » : Adèle, la sœur de William (le héros homosexuel), lit dans les tarots et fait appel à la voyance. « On va voir ce que disent les cartes… […] La nuit entre deux rondes, j’interroge les arcades du futur. » Voyant que ses prédictions se révèlent justes, Georges, l’amant de William, lui propose de se professionnaliser : « Vous n’en ferez jamais un métier, de la voyance ? »

 

Code « Inversion (Carte) » : Adèle, la sœur du héros homosexuel, lit dans les tarots et fait appel à la voyance. « On va voir ce que disent les cartes… » Quand elle tire les cartes à Georges, l’amant de William, elle lui révèle la violence de sa personnalité et de leur amour à lui et William : « C’est drôle… Je ne tombe avec vous que sur du pique et du carreau. »

 

Code « Fleurs » : Adèle offre un bouquet de fleurs à son frère gay William.

 

Code « Sommeil » : « Tout ce que je veux c’est dormir. » (William, le héros homo dépressif)

 

Code « Trio » : Le trio gay friendly William/Georges/Adèle forme une coalition pour mater « l’hétéro » homophobe Pierre qui a eu la cuistrerie de draguer franchement Adèle (Non mais dis donc !).

 

Code « Carmen » : Adèle est la femme en rouge.

 

Code « Moitié » : L’amant homosexuel, Georges, est à la fois invisible (il est toujours absent) et bipartite : « Finalement, elle a trois jambes, cette fiancée ? » (Adèle s’adressant à son frère homo William en feignant d’ignorer le sexe de son amant Georges) William finit par le confondre avec un pyjama à « deux pattes et deux manches en chiffon ».

 

Code « Manège » : La relation entre William et Georges, pourtant présentée comme formidable et authentique, bat de l’aile : « Elle n’était pas vouée à l’échec. » (William) ; « Nous devenons deux êtres médiocres vivant une relation médiocre. Trop forte pour que tu t’en prives. Pas assez forte pour que tu te battes pour elle. » (William s’adressant à Georges) ; « C’est terrible de s’apercevoir qu’on aime si mal la personne qu’on aime. » (Georges)

 

Code « Pygmalion » : « C’est mon monument à moi. » (William parlant de son amant Georges)

 

Code « Drogues » : « Je suis addict. C’est pire qu’une drogue. » (William parlant de son amant Georges)

 

Code « Éternelle jeunesse (Refus de grandir) » : William, le héros homosexuel (le plus jeune du couple homo formé avec Georges), veut rester en enfance : « Pourquoi faut-il grandir, Adèle ? c’est si bon, l’enfance. »

 

Code « Amoureux » : « Tomber amoureux, c’est l’Âge d’Or ! » (Pierre l’hétéro) ; « Chacun fait c’qu’il veut. » (Pierre n’osant pas se positionner sur l’homosexualité, idem). La partie « Tu ne sais pas aimer » : « C’est terrible de s’apercevoir qu’on aime si mal la personne qu’on aime. » (Georges, le héros homosexuel faisant son autocritique, dans sa relation coûteuse avec William)

 

Code « Inceste entre frères » : William, le héros homo, et Adèle sa sœur, ont une relation particulièrement fusionnelle et incestuelle : elle l’appelle « mon p’tit chat », est particulièrement collante. Et William lui a décerné un statut exceptionnel : « C’est la sentinelle de ma vie, ma sœur. Mon pilier. » Georges, l’amant de William, ignore d’abord qu’elle est la sœur de son compagnon. « Vous êtes sa mère, sa nounou, sa petite amie ? » Et Adèle accepte d’être un peu tout, joue à être l’« ex » de son frère. Quand Georges découvre qu’Adèle a pris sa place dans le cœur de William, il s’insurge contre cette « copine » envahissante : « Qu’est-ce que c’est que cette sangsue ? »

 

Code « Doubles schizophréniques » : William, le héros homo, et Adèle sa sœur, ont une relation particulièrement fusionnelle et incestuelle. Ils semblent inséparables et sont même une menace pour l’amant de William, Georges : « Qu’est-ce que c’est que cette sangsue ?? » demande ce dernier pour les déscotcher.

 

Code « Inceste » : William sort avec un homme marié, Georges, qui a le double de son âge.

 

Code « Frère, fils, père, amant, maître, Dieu » : William sort avec un homme marié, Georges, qui a le double de son âge, et qui l’infantilise en l’appelant « Sugar ».

 

Code « Homme invisible » : « Je ne vous imaginais pas. » (Adèle s’adressant à Georges, le compagnon jusque-là inconnu de son frère) ; « On s’est quittés aux aurores sans avoir échangé un mot. Je ne me rappelle plus de sa tête. » (William après son aventure avec un inconnu)

 

Code « Femme fellinienne géante et pantin » : avec Adèle, la femme féministe en rouge, à la poitrine imposante, et défendant la « montée » du pouvoir des femmes.

 

Code « Mère gay friendly (Intuition féminine) » : Adèle, la sœur du héros homosexuel William, est celle qui devine tout (elle est voyante, d’ailleurs) et qui a compris l’homosexualité de son frère avant tout le monde : « Je savais même que tu savais que je savais. » (William) Adèle fait des leçons à Georges, le copain de William, sur le fait qu’il n’assumerait pas totalement son couple avec William. C’est elle à qui revient la tache de débusquer et de mater l’homophobie intériorisée qui traîne chez l’homme marié bisexuel. Et cette inquisitrice gay friendly fait la leçon aux hétéros qui ne la suivraient pas immédiatement dans son grand élan de solidarité pro-gays et qui esquisseraient l’ombre d’un doute sur la véracité de l’amour homosexuel : « Deux hommes ensemble, ça vous dérange ? » menace-t-elle Pierre, l’hétéro pas très assuré ni très expert sur l’homosexualité. La gentillesse écrasante de la Miss France autoritaire, un chouïa gestapo arc-en-ciel.

 

Code « Homosexuel homophobe » : Adèle, la sœur du héros homosexuel William, fait des leçons à Georges, le copain de William sur le fait qu’il n’assumerait pas son couple avec William parce qu’il ne délaisse pas son statut bancal d’homme marié bisexuel. Elle et son frère le maltraitent verbalement et physiquement : « Tu te fous de moi ! Ça fait cinq ans que tu m’abreuves de mensonges ! Marre ! Marre ! Marre ! Marre d’être englouti dans ta double vie ! » (William) Les homosexuels assumés (ou leurs défenseurs gays friendly) font le procès des hommes bourgeois bisexuels, donc de leurs amants secrets.

 

Code « Promotion ‘canapédé’ » : avec Georges, le notaire, marié… et homosexuel planqué.

 

Code « Symboles phalliques » : Adèle soupçonne Georges, le copain de son frère William, d’être impuissant parce qu’il n’assume pas de quitter sa femme pour vivre avec William : « Il est mal loti, mon William, avec un impuissant… »

 

Code « Faux révolutionnaires » : Adèle reproche à Georges, le copain de son frère William, de ne pas vivre pleinement son homosexualité au grand jour avec William. William est l’homosexuel courageux et malheureux à cause de la lâcheté de Georges « l’homme qui n’assume pas l’amour qu’il lui porte ». C’est une pièce où on nous fait la morale, pour nous faire comprendre que la culpabilité de l’homme marié bisexuel qui ne s’assume pas pleinement homo et qui ne reconnaît pas « l’amour véritable » est criminelle. À la fin de l’histoire, Georges, face aux résistances de Pierre l’hétérosexuel (qui s’obstine à être gêné par le « mariage pour tous »), se montre inquiet concernant la montée de « l’homophobie » en France : « Comme quoi, 3 ou 4 décrets, c’est pas suffisant pour assurer notre liberté du jour au lendemain. »

 

Code « Destruction des femmes » : La misogynie de Georges, l’homme marié bisexuel, va s’accroître à mesure qu’il choisit de devenir un homosexuel exclusif : « Les femmes sont de plus en plus insupportables. » Il se met à rêver d’un monde sans femmes, puis s’en excuse à peine : « On ne peut pas s’empêcher d’espérer l’impossible. C’est humain. »

 

Code « Voyage » : Georges est un notaire qui est sans cesse en voyage : William, son copain, ne supporte plus ses absences.

 

Code « Liaisons dangereuses » : William engueule son amant Georges à cause de ses absences : il lui dit qu’il est fou d’amour pour lui, mais avec une agressivité qui laisse entendre le contraire : « Tu te fous de moi ! Ça fait cinq ans que tu m’abreuves de mensonges ! Marre ! Marre ! Marre ! Marre d’être englouti dans ta double vie ! » Il le maltraite verbalement et physiquement.

 

Code « Bonbons » : « Tu ne me confonds pas avec ton dessert préféré ! » (William s’insurgeant contre son amant Georges qui l’affuble du doux nom infantilisant de « Sugar »)

 

Code « Femme vierge se faisant violer un soir de carnaval ou d’été à l’orée des bois (Été) » : Chaque été, c’est le temps du voyage de Georges, de l’absence et de la mort du couple Georges/William.

 

Code « Douceur-poignard » : « C’est drôle… Je ne tombe avec vous que sur du pique et du carreau. » (Adèle, la cartomancienne de bazar, s’adressant de manière piquante à Georges, l’amant de son jeune frère William)

 

Code « Parricide la bonne soupe » : Toute la pièce Sugar est orientée vers le parricide : c’est le père de famille bisexuel (Georges), ou encore le bon « hétéro » pas du tout concerné par l’homosexualité (Pierre) et qui devient comme par « magie » homophobe, qui sont placés sur la sellette. On assiste au procès des pères de famille et des mâles en général. Ils s’en prennent plein la figure et sont sommés de faire leur coming out, leur mea culpa gay friendly, ou alors ils méritent les insultes et les coups. C’est le mariage traditionnel, la paternité et la masculinité passant au crible de la coalition fraternelle (et incestuelle) d’une part (celle de William et sa sœur Adèle), et la coalition homosexuelle (celle des deux amants réconciliés William/Georges, liaison clairement incestuelle aussi) d’autre part. Hallucinant. Les incestueux qui font la morale à la paternité et à la conjugalité. On aura tout vu !

 

Code « Amant diabolique (Anonymat) » : « J’ai l’impression que tu t’es infiltré dans mon esprit. Je suis habité, envahi, possédé, obsédé par toi. » (William s’adressant à son amant Georges) ; « On s’est quittés aux aurores sans avoir échangé un mot. Je ne me rappelle plus de sa tête. » (William après son aventure avec un inconnu, idem)

 

Code « Petits Morveux » : Les enfants sont à la fois méprisés et demandés comme des dus. Par exemple, William menace Pierre « l’hétéro » de parvenir à avoir des enfants avec son copain Georges quand ils le désireront (après leur « mariage »). Et pourtant, il oblige Georges à renoncer à son passé d’homme marié et de père avec enfants, et à abandonner ses enfants pour le garder pour lui tout seul : « Tes enfants ! Ton alibi suprême ! »

 

Code « Haine de la famille » : Le mariage femme-homme est dévalorisé (le couple Georges/Christelle ne tient pas), la paternité et les enfants aussi. William, l’amoureux capricieux, demande à son amant Georges qu’il renonce totalement à son ancienne vie d’homme marié et de père : « Tes enfants ! Ton alibi suprême ! » Il lui fait même du chantage au divorce : « Tant que tu ne seras pas divorcé, notre situation restera bancale. Attention, Maître Blanchet, vous êtes sous serment. » Pierre, l’hétérosexuel qui se rend compte de la destruction de la famille que les deux tourtereaux homosexuels ont planifiée à plus ou moins long terme (en effet, Georges se met à négliger les liens du sang au profit des liens sentimentaux : « Les liens de l’esprit ont parfois plus de valeur que les liens du sang. »), tente de s’insurger – pas très finement – contre leur projet de mariage et d’enfants : « Vous la faites partir en couilles, la famille, avec vos histoires ! »

 

Code « Icare (Chute) » : « Je suis tombé avec toi dans un puits sans fond. » (William s’adressant à son amant Georges)

 

Code « Aube » : « On s’est quittés aux aurores sans avoir échangé un mot. Je ne me rappelle plus de sa tête. » (William après son aventure avec un inconnu)

 

Code « Fusion » : « Moi qui nous croyais soudés… » (Georges s’adressant à son amant William) ; « Je brûle pour toi jusqu’à l’asphyxie. » (William s’adressant à Georges, idem)

 

Code « Homosexuels psychorigides » : Georges est officier ministériel, notaire, obéissant aux règles et aux protocoles.

 

Code « Pédophilie » : Georges, le père de famille homosexuel, est suspecté officieusement par sa femme Christelle de pédophilie : elle l’empêche d’approcher leurs propres enfants.

 

Code « Femme et homme en statue de cire » : Le couple marié formé de l’homosexuel refoulé Georges et de sa femme Christelle est typiquement hétérosexuel. Il se caractérise par deux poupées très bisexuelles et séparées par un mur : « Nous sommes murés tous les deux dans l’incapacité de communiquer. » Par ailleurs, le couple homo William/Georges et le couple hétéro impossible Adèle/Pierre sont à l’image l’un l’autre.

 

Code « Désir désordonné (Désir-roi) » : « Ne jamais rien sacrifier à sa propre cohérence. » (Adèle, la « fille à pédé »)

 

Code « Quatuor » : Le quatuor Adèle/William/Gabriel/Pierre est réuni pour le procès de la bisexualité (autrement dit de l’hétérosexualité).

 

Code « Île » : « Faudrait voir à ne pas vivre dans sa planète à part. » (Pierre, l’hétéro mettant en garde contre la tendance autarcique des couples homos)

 

Code « Méchant pauvre » : « Être homo dans le milieu ouvrier, c’est du rail. » (Pierre, l’ouvrier hétéro, très vite jugé « gaffeur homophobe » par la doxa Adèle/William/Georges)

 

Code « Violeur homosexuel » : Les amants Georges et William tapent sur Pierre l’hétérosexuel, et essaient de l’approcher, de le provoquer physiquement (par rapport à une homosexualité supposée latente chez lui). Georges lui fout une baffe, et ça finit en bagarre que les lamentations théâtrales d’Adèle, la « fille à pédé » pleureuse internationale, viennent miraculeusement éteindre en jetant tout de même toute la faute sur la soi-disant « homophobie » de Pierre.

 

Code « Poids des mots et des regards » : « Et voilà… le regard des autres… » (William, le héros homo, blasé par la soi-disant « homophobie » dont il ferait l’objet)

 

Code « Ennemi de la Nature » : « Les liens de l’esprit ont parfois plus de valeur que les liens du sang. » (Georges, un des héros homosexuels)

 

Code « Milieu homosexuel paradisiaque (Cuculand) » : Georges, après avoir été pourtant absent de son couple avec William, assure vivre « l’amour véritable ». La fin de cette œuvre théâtrale qui restera dans les annales (ou pas) continue de cultiver le mythe : la happy end kistch (avec boule à facettes) et l’annonce de la reformation du couple William/Georges sont totalement forcées dans le cynisme auto-parodique.